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07:07 am

Para L.

Ann se desvanece como El Gato de Cheshire.
Soy un peón en el tablero de ajedrez de La Reina Roja:
ordena que me decapiten
para jugar al cricket con mi cabeza.
Mi cuerpo corre tras El Conejo Blanco,
el tiempo no se esconde,
nos recuerda nuestros límites.
Dejo de ser Tweedledum y Tweedledee,
me transformo en Oruga y pienso:
“Nada existe, Todo es una representación material,
un rompecabezas onírico, un reloj musical”.

El Sombrerero deja mi cabeza frente a mi cuerpo,
me invita una taza de té de canela y dice:
“Ann es real, humana, libertad,
aquello que aprecias y que jamás poseerás para nunca
aunque te devuelva a El País de las Maravillas;
perfección, música, por eso te perturba y vulnera
con una sola palabra,
hace que el silencio nocturno cante
y que las sombras bailen”.

Estoy mareado, ruedo debajo de la mesa, me apago:
puedo desear y tenerte,
siempre con prudencia y elegancia, lejos de los sueños.

De Cadáveres en el armario, 2015

etiquetas: sueño, fantasía, libertad, música, deseo
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