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Arde

Me enseñaste cómo ardían nuestras pieles
al entrar en contacto una con la otra.
Eran tiempos felices;
venías,
nos pasábamos el fin de semana encerrados en casa.
Después dejabas tu olor en mi cama
para recordarte hasta la siguiente ocasión.

Años después,
descubrí que ese olor nunca se va
por mucho que laves las sábanas.

Pero no es ésa la historia que voy a contar ahora.
Ahora quiero hablar de los abrazos en el balcón,
de llegar al atardecer besándonos
en un banco de piedra de un parque olvidado
y de cuando me quitabas los gusanitos
porque a ti te gustaba comértelos de uno en uno
y a mí a puñados.

Quizá fue aquel mi problema:
yo quería que aquella intensidad
se quedara para siempre.
Y por eso hoy no puedo hacer otra cosa
que recoger de mi armario mi vieja máquina de escribir
para contarte, una y otra vez,
como soy también capaz de arder sin ti.

Tac, tac, tac, tac,
tecla a tecla,
pasan las horas
en esta habitación.

A veces soy yo el que escribe,
el mismo que te odia.
El mismo que el otro
al que le toca estar enamorado
y echar de menos tu piel,
mojada y suave,
de perfume penetrante.

Soy quien no sale de esta habitación
e imagina millones de vidas alternas;
todos los lugares que nos quedaron por visitar.
Somos el que va de sobrado
y el que se siente inseguro.
El que te echa de menos
y también se niega a hacerlo.
El que escribiría hasta el final de los tiempos
y el que sólo está cogiendo carrerilla.
El que se levantará un día sobre todas estar ruinas
y saldrá a comerse el mundo.

A veces soy yo el que escribe,
el mismo que te odia,
quien te echa la culpa
de que se hayan terminado
las agradables tardes soleadas
de nuestra primavera.

etiquetas: amor, desamor
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1comentarios 59 lecturas versolibre karma: 39
#1   Precioso poema. Saludos :-)
votos: 0    karma: 20