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Cuchillas (IV)

Cogí a aquella muñeca,
pasado desesperado en soledad.
Ella tampoco era capaz de controlar sus recuerdos
y me dijo que le gustaba cortarse la piel.
Empezamos el ritual,
los santos lloraban excrementos
y yo acariciaba su cara con aquella cuchilla.
Sabía que Dios no me pondría límites
si conseguía destruir algo tan hermoso.
Entonces, lo tuve claro,
bebí su sangre y nos besamos,
hicimos el amor
hasta que nos explotaron las venas.
Entonces despertaste
y te convenciste a ti mismo
de que nada más había sido un sueño.

etiquetas: destructor, de, entrañas
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2comentarios 39 lecturas versolibre karma: 39
#1   Cruel pesadilla, Senén.
Imagino que después de ella no habrás podido dormir en varios días.
Saludos
votos: 0    karma: 20
#2   Bueno, nunca he dormido muy bien...
votos: 0    karma: 13