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Día

Llueve en la calle.
La vida se inicia.
La rutina.
En el metro
siguen las mismas miradas
ausentes.
En el vagón
Nadie repara en nadie.
Las miradas chocan en las paredes
nadie se encuentra ni un segundo.
Nadie hace nada
que nos acerque.
Todos como autómatas
poseídos por un vértigo de carrera
seguimos la escalera
a revolver los mismos problemas
y a destruirnos con otros nuevos.
El autobús lleno de seres
enmudecidos me deja
otra vez en mi casa.
Un niño
me lanza una balón
con una sonrisa.
Le devuelvo la pelota.
Y le doy las gracias
a ese pequeño
por regalarme
la mejor palabra del dia.
Gracias
por dar sentido
a un día
que iba a ser otro
día vacío.
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