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Mi Diario: Crisol del Alma

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Llegó a mí de repente la primavera, y tú, arriba de los cielos, en el sempiterno, cerquita de Dios. Una ola de recuerdos sacude mi cuerpo y un manto de aleluyas mis labios. La gota de rocío se desliza presurosa por las mejillas y el lino de mi blanca túnica ondea pronunciando tu nombre.

Me amaste, te amé, más nunca tocaste mi cuerpo ni mis labios los tuyos. Mis colinas ardientes jamás invadieron tus trópicos sedientos, pues un abismo, más allá de todo abismo, separó para siempre la fuente inagotable de nuestros destinos.


Y mi sangre se hizo un poema
Y mis pupilas un río inalcanzable



Te miré partir sin detenerte, pues en la sapiencia de mi triste vida, me até con gruesas cadenas. Envuelta en extraño maremágnum y la mirada fija en el resplandor de las estrellas, cierro mi boca al escuchar tu nombre.


Y el aire en mí se hizo remolino
Efluvio ignoto de mis ansias



Fue suave y efímera la delicia de tus manos en mis largos cabellos y el perfume de tu piel cerquita de mis caderas. Estremecida, deshabitada y sin memoria


El corazón diluyó
En el fragmento liviano de mis lamentos
La pluma se hizo espesa
Y el pergamino arrugó su piel.



*Imagen tomada del muro de Islam Gamal.
Luz Marina Méndez Carrillo/13062020/ Derechos de autor reservados.

etiquetas: dolor
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2comentarios 21 lecturas prosapoetica karma: 17
#1   Pero, tu recuerdo aún lo siento como ayer.
Excelente, como la brisa.
votos: 0    karma: 12
#2   #1 Arthur, muchas gracias por llegar y comentar. Saludos.
votos: 0    karma: 10