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Ébano, la hipérbole de mi oscuridad

Vengo a hablaros de dolor y venganza.
De cuando disfrutamos con ello,
culpando a los demás
de la existencia de esa oscuridad
que hay en nuestro interior.

Vengo a hablaros de errores que me rompen en mil pedazos
de personas inocentes que me sacan de quicio,
que hace aflorar lo peor que hay en mí.

De que por mucho que les quiera
no puedo evitar echarles la culpa
de haber perdido los nervios y haber metido la pata.

Vengo a hablaros desde mi deseo hundido
de ser la persona que me imaginaba que era.
Desde la culpa y las excusas
con las que trato de convencerme
de que no son tan graves mis pecados.

De todas esas imágenes que hay en mi mente,
de irme a por tabaco,
de dejarlo todo atrás,
escapar,
estar solo,
no querer a nadie.
No tener a nadie a quien hacer daño.

Y, en mis noches silenciosas,
ya os lo dije,
me consumo igual que el cigarrillo entre mis dedos.
Valorando todo lo que he hecho mal,
pensando por qué esta vez he vuelto a fallar
cuando creía que lo tenía controlado.
Y bebo,
bebo demasiado alcohol para tratar de apagarme
y sólo quema mis entrañas
y me hace dormir.
Acabando de paso con mis neuronas,
una a una,
para no tener que darme cuenta
de que me he convertido en un despojo,
en un monstruo,
quizá en la pesadilla de un niño
que sólo me perdone por el miedo al abandono.

Y camino hacia la noche,
y cuando cierro los ojos todo da vueltas,
y sólo pienso en desaparecer en aquella espiral
junto a todo el odio que llevo dentro.

Señor, dame fuerzas para asumir todo lo que no puedo cambiar.
Señor, dame fuerzas para creer en ti,
Y no pensar que,
como todos los demás,
sólo eres otra excusa
sobre la que descargar la culpa
de todos mis pecados.

etiquetas: culpabilidad, paternidad, adicciones
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