Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

• efímero sesenta y ocho •

Así que ahora que no puedo verte o hablarte porque estar en el lado opuesto de las vías no me lo permite,
te veo en la bondad incondicional de mi madre,
en la lealtad de mi mejor amiga,
en la sensación de paz que ofrece el sol cuando atardece,
en las olas del mar que tranquilizan pero llevan remolinos ocultos que solo se revelan al valiente que se atreve a adentrarse en ellas.
Te veo en cada uno de los tres cuando hablan,
sea en aquella isla este verano,
en el concierto de hace dos semanas,
en la azotea hace dos noches.
Cuando sale esa canción que tarareamos juntos en el aleatorio,
cuando escucho a mi padre hablar del valor de las cosas y la importancia de las señales.
Te veo en mi hermano cuando esconde su luz detrás de su apariencia oscura,
en la seriedad que provoca el vacío que solo uno siente, de mi abuelo.

Y sobre todo, te veo y te siento cuando me encuentro sola frente a la vida y siento esa tristeza inmensa y agónica,
cuando lloro desconsolada encerrada en el cuarto,
cuando me asomo a la ventana y hace frío pero entonces miro hacia el cielo y una estrella fugaz cae y de repente el invierno interno desaparece.
Te veo y te siento cuando me miro en el espejo y mis ojos café gritan todo lo que mi boca calla,
cuando analizo los gestos inconscientes de mi rostro al recordarte y la verdad se me revela, silenciosa.

Así que ahora que no puedo verte o hablarte porque estar en el lado opuesto de las vías no me lo permite,
es cuando me doy cuenta de que me diste el mayor regalo que podrías haberme ofrecido aparte de aparecer en mi vida...
el regalo de cogerme por detrás de los hombros y llevarme a una sala llena de mis propios reflejos, donde me enseñaste uno por uno a los demonios que me habitan y me demostraste que, cada uno de ellos, debía ser liberado y aceptado y amado porque eran parte de mí. Que los demonios no eran más que heridas que no quise asumir porque pensaba que nunca se curarían.
Jamás pensé que serías una de ellas. Jamás habría pensado que precisamente tú me diste las herramientas para superar lo que ahora debo tras tu ida.
Y es que eres la herida que tu corazón enseñó a mi cerebro a amar.

etiquetas: corazón, cerebro, amar, superar, heridas, recuerdos
8
2comentarios 50 lecturas prosapoetica karma: 77
#1   Muy bello estilo y texto.
votos: 1    karma: 21
#2   #1 ¡Muchas gracias!
votos: 0    karma: 8