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El brindis

— ¡No puedo creerlo!
— ¡Yo tampoco! No me abraces así…, me dejas sin aire, Bebo.
—Perdona. Es la emoción, Clarita. ¡Veinte años! Y no has cambiado. Los mismos azabaches de mirada retozona. Mulata… ¿cuántas veces no peinaron mis dedos ese lindo pelo?
—Exageras. Lo ves negro por el tinte. Y la presbicia…, no leo como antes. ¡Todo cambia! Mírate a ti con esa barriga y calvo… ji jajajajaja
— ¡Qué mala eres! Je jejejeje. ¿Estás hospedada aquí?
—No, vine a un evento sobre El Libro y la Lectura. ¿Y tú?
—Tampoco. Soy taxista. Traje un pasajero del aeropuerto. ¡Qué calor! Coppelia está al frente… ¿Me aceptas un helado?
—Está bien, pero despacio… ¿Qué es de tu vida?
—Normal, Clarita. Dos hijos gemelos,…que pudieran haber sido tuyos, Estudian Ingeniería. ¿Nos sentamos allí? Junto al árbol es más fresco… Me divorcié hace dos años. Siéntate.
—Gracias. Hay menos resplandor aquí. El trinar de los pájaros es agradable… Y ese que se escucha… ¿Es sinsonte o ruiseñor?
—Sinsonte.
—Me lo figuraba. ¡Qué lindo canta! Mi hija cumplirá quince primaveras, es adorable y la razón de mi existencia. Quiere estudiar medicina.
—Buenas tardes. ¿Decidieron que pedir?
—Para mí, “Tres Gracias”, de vainilla, almendra y chocolate.
— ¿Y usted, señor?
—Una “Canoa”, de chocolate.
—Como te decía…. Quiere estudiar medicina. Es inteligente como su padre.
—Si hubiera sido mía…
—Nunca fuiste bruto.
— ¡Qué alegría rencontrarme contigo! ¿Será que el destino…?
—La casualidad, querrás decir. No es lo mismo. Me hace feliz verte. …Ya traen los helados.
— ¡Que les aproveche!
—Gracias, Señorita. ¿Agua, Clary?
— ¡Vaya! Me has dicho como “entonces”
— ¡Como “entonces” quisiera fuera todo en adelante!
—Nada será como antes, Bebito. Estoy enamorada. Mi esposo se desvive por mí y yo por él. Te invito a los quince de mi hija el venidero 6 de junio.
— ¡Qué lástima!
— ¿Que sea yo feliz?
—NO. Que no sea yo el padre de tu hija.
—Te sacaron del país… y echaste mujer afuera
—Pero regresé años más tarde. Sin encontrarte.
—Me casé con Víctor y de Santiago vinimos para la Habana.
— ¿Qué Víctor? Lo conozco.
—No. Mira esas nubes. No demorará en llover. Debo marcharme.
—Te llevo.
—Ok. ¡Vámonos!
—Vives ahí.
— No hablaste en todo el camino. Sí. Entra. Te hago un café...
— ¿Y…, Víctor?
—Está en Venezuela. ¿Café o un trago de coñac?
— ¿Y… tu hija?
—Semana de receso escolar. Está en Santiago.
—Mejor un Coñac.
— ¡Brindemos!
—… Chin, chin…
—Chin, chin… ¿Pero…?...
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1comentarios 31 lecturas relato karma: 46
#1   Pero que? Jajajajajaja me has dejado en ascuas.
votos: 0    karma: 20