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III. Estado mental inconcluso, séptico y aullante. (Siete piedras).

Génesis. Seven Stones.

www.youtube.com/watch?v=Ubb__W5JMXA

Todos.

Los hijos de las campanas,
que borbotean majestuosidades
por naciones de cristal
y por inmensas arenosas llanuras
de cabello de ángel y piel de sapo.

Donde por sus pardos rizos vuela
una dulce mariposilla, salvaje y pelirroja
buscando una inexistente flor
en la que posarse.

La dama pomposa que pasea
entre muselinas y alabastros
rozando apenas, grácil,
los marmóreos pasamanos
y barandales palaciegos.

Los esperpentos que relinchan
en corazones volcán de furia
colgados de estrellas multicolores
y fantasías románticas.

Los leviatanes rojos de ira,
que escupen pudrimentos,
y pasan lista en los purgatorios.

Los desalientos de ojuelos pequeños,
incautos y retraídos
que adoran un dios pagano
invalido y terrenal.

Todos

pordiosean un rayito de aire
o una burbuja de luz.

***

En los negros campos, del surco del arado
tirado por bueyes castrados,
surgen autodestructivos,
infinitud de delirios esponjiformes
y obsolescencias intangibles.

Origami

Pétreo

Nauseabundo

Absurdo chirrido astral del mundo.

Sinrazona alcohólico el tribuno
con mano abierta.

Cubierta de viejas platas.

Y marcos antiguos y rococós
de cuadros que no se ven a si mismos.

Todos.

En los acaramelados cenotafios
se duermen expectantes.

Los perros ladrantes

las cruces palpitantes

los habitantes.

Enemigos triunfantes

los galantes

los siete infantes

los sabios edificantes.

Los aberrantes, los circundantes y los liantes.

Los amantes

y los malhablantes.

Los que llegaron después
y los que se fueron antes.

Todos

pordiosean un rayito de aire
o una burbuja de luz.

***

Y mientras yo bailaba, estúpido,
con el diablo
y el mundo giraba desenfrenado,
algún tiempo, asesino sin escrúpulos
aplastó con su paso poderoso
a mi dulce mariposilla, salvaje y pelirroja,
que nunca encontró una flor.

Y yo la sueño.

Cada minuto la sueño.

Se posa en mi alma,
llorosa y triste.

Y pide perdón
por haber existido.

Por haber ocupado durante siempre
un irreal y mágico
espacio azul.

...Y pide perdón...

¡Y clama el cielo!

¡Y las veredas gritan de dolor!

¡Y el río grita de impotencia!

¡Y el viejo árbol se retuerce de sufrimiento!

Y yo grito

y mi alma grita

y mi corazón arde

y me retuerzo en lo oscuro

y grito...

y pordioseo

un mísero rayito de aire


o una patética

burbuja de luz.


J. Robles
9
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