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La Alegría

Sentimiento, consentido del alma que no camina errante por la
vida, sino que tiene maneras que reafirman el equilibrio
interior o exterior de síntesis efusiva, de amor, ilusión, cariño,
anhelo… que sólo así se explica, como es posible hallar
almas sin su existencia, que a medida que crece ese plano
en un área básica donde descansa, se desarrolla, se inicia… el
destino, el camino a recorrer, los mundos cercanos, los planos
paralelos o cruzados… dejando su impronta, carisma,
efusividad, emoción… para que no se apague esa llama
que encendida tiene su habitad que sostiene la vida y que
contiene lo esencial y básico para que en plenitud se
tenga esa cita diaria con la alegría, que debe ser continua,
constante, motivadora, simpática, emocionante… a lo largo
de la senda por donde se transita, que los obstáculos
convertidos en sentimientos que viven junto a ella, la
marchitan como son la preocupación, la tensión, la desgana,
lo apagado, la desilusión, el enfado, lo existencial,
el miedo, el refugio, las querencias… de encuentros de ambas
realidades desde ese plano particular que el poeta la describe
como “que existen ambos espacios en el alma, y que si no
se produce la suficiente energía positiva que contrarreste
la negativa en nuestro mundo interior y en nuestro alrededor,
no se enciende la chispa que pone en marcha el brillo en
los ojos, la sonrisa, la emoción, la efusividad, el agrado, el
aprecio, lo amado… todos motivos de alegría, pues la vertiente de
la desilusión se encuentra en continua y distinta fase evolutiva
interior o incluso exterior, que se expresa por querer ocupar
cualquier resquicio que deja la dulce melodía de la alegría,
y si se produce la captación de estos espacios en un momento
determinado, debemos contrarrestarlo poniendo en valor
todo nuestro carisma, fortaleza, valentía… y cuando nos
demos cuenta debemos de reaccionar para poner a salvo
nuestra apasionada alegría, y para que ello no pase, que cuando
está la vertiente de la desilusión ella camina sola, a su ritmo,
frecuencia, cadencia… y todo lo ocupa este ambiente distinto,
alterado, perecedero, desolado, triste, incluso a veces lúgubre,
que para desterrar de nuestro interior esa desdicha, debemos de
valernos de nuestra capacidad innata o reforzada, de discernir
que es la paz emotiva, la humildad creativa, el sosiego que
medita, la calma así descrita, la tranquilidad que transita, y
como meta que nos motiva, y para recuperar los pasos
o pisadas entregados o perdidos en esa meta disfrazada de
cordero que nos debilita, y que no está en nuestra órbita o
se ha salido, perdido, extraviado… con la desilusión descrita,
se precisa que no tenga vigencia, que no se transite por
esos terrenos abonados que necesitan confluir con otras almas
donde tienen su calado, su naturaleza que está escrita, que se
contiene en el continente de nuestro cuerpo, provocando
intranquilidad, que efímera es su dicha, pues tener la alegría
de nuestro lado es a la vida un comienzo sustancial, vivo, con
buena belleza, con ríos de tinta que describen su fina apertura
al mundo interno donde habita, con sabia madurez de los
cuerpos, que en edades mayores se sabe descifrar si se tiene o
se necesita, pues en etapas juveniles todo es al mundo creativo
de la alegría su eterna melodía, que está tangencial a la falta
de obligaciones, que la amplifica, extiende, clarifica, muestra…
y la inocencia que una vez perdida no se recobra, a no ser que
volvamos en los recuerdos atrás en el tiempo ya vivido en la
vida, para descifrar él porque antes si y ahora ya no nos habita,
que según el poeta “la alegría es a nuestro ser permanente y
permanece hasta que perdida la inocencia, se debilita, se
aminora, se contrae, se deforma… y todo toma otro color
más apagado, tenue, desalentador, insano… Y a no
ser que esté en relación nuestra mente, con el corazón, el alma
y el espíritu, si se encuentran lastimados, heridos, debilitados,
desanimados… casi siempre por desamor, desilusión, desánimo,
desgana, desamparo… y todos estos efectos aumentan o disminuyen
según nuestro estado o grado, que la alegría depende en gran medida
de la esfera interna e íntima, pero igualmente de lo que nos rodea
en mayor o menor medida, se podría decir que es volátil o efímera,
aunque se puede alcanzar el estado de eterna alegría, por tener un
mundo interno equilibrado, donde cada objeto toma su perspectiva".
La Redondela 25/06/2019 19:57 h.
Fdo.- Juan Carlos González Rodríguez. Libre Pensador y Poeta.

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etiquetas: categoría prosa poética, género lírico
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6comentarios 105 lecturas prosapoetica karma: 83
#1   La alegría, ese sentimiento que apaga la tristeza y enciende las ganas de vivir plenamente. Muy buenas reflexiones. Saludos poéticos.
votos: 1    karma: 40
#3   #1 Buenas tardes Sinmi, siempre es un honor recibir tus comentarios y apreciaciones a mis letras, gracias y un fuerte abrazo.
votos: 0    karma: 20
#2   Maravilloso escrito Juan
votos: 1    karma: 39
#4   #2 Buenas tardes Nitsuga, gracias por tus comentarios de aprecio a mis letras, un fuerte abrazo.
votos: 1    karma: 39
#5   Maravilloso sabes lo mucho que me gusta leerte un abrazo rompe costillas D.T.B.S
votos: 1    karma: 39
LER LER
#6   #5 Buenas noches LER, me alegro que te guste es una bendición, leerte igualmente. Un fuerte abrazo rompe costillas D.T.B.S.
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