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La soledad

La soledad

Ese silencio que asesina almas. Lluvia mansa que desgasta la vida. La enfermedad del tiempo. La anciana que envuelve a sus víctimas con ropajes de sombras. Un otoño que seca el espíritu, inundándolo de nostalgia. La anciana que despacio doblega, aja.

Conspira mientras se huye de ella. Reina del tormento, arrastra a la locura. Coge paisajes verdes, primaverales, y solo deja ruinas. Elimina cualquier vestigio de vida.

Silencio, lo baña todo con la sombra del silencio. Oscurece pensamientos, envenena la sangre y convierte al alma en sus aposentos. Queremos alejarnos de sus gritos de silencio, escapar de su somnolencia maldita, no perecer en las pestilentes arenas donde hasta el tiempo muere.

Que ingenuos los que buscan aliarse con la anciana, buscar la sabiduría en su regazo, encontrar la paz entre sus brazos. Almas envueltas en tinieblas, la luz las molesta, la existencia las quema. Esas estrellas negras, esos soles apagados, esos vagabundos de la vida, esas almas que se echan a un lado del camino…esas son sus presas favoritas. Mala madre amamantándolas con el autoengaño y acariciándolas con el olvido.

Silenciosa soledad. Quebradora de voluntades. Mentirosa. Aduladora. A veces engañosamente acogedora. Mala consejera perfumada con fragancias sedantes que vuelven invisibles a sus presas. Apenas motas de polvo en la inmensidad del cielo. Victimas que terminan por creer que el viento no sopla para ellas, que la lluvia cae con indiferencia, que los pájaros callan a su paso. Les duele cada latido por culpa de un corazón petrificado. Esclavos sumisos azotados por el látigo de la indiferencia.

En el atardecer de la vida su sombra se alarga. Escasas fuerzas para luchar contra su tiranía. Las fatigas atenazan y la soledad las atrapa.

Dulce y amarga la soledad. Dulce si se la doblega y domada camina perdida sin poder tocar. Amarga si se la convierte en amante. Ahí reside la victoria. Que en el final, en ese último aliento, la soledad solo pueda contemplarnos desde la distancia. Saberse fracasada. Que nunca fue suya esa alma.

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etiquetas: soledad, vida, victoria
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