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Luna

Luna soñaba con conocer el mar. Por eso después de un apretado año de trabajo lleno de privaciones y de sueños, no dudó un instante en sacar sus ahorros para cristalizar su fantasía. Con el entusiasmo de una joven emprendedora que no aparenta ser una coqueta incorregible ni una cabeza hueca para alcanzar sus ideales, alistó maletas, se despidió del Señor caído de Monserrate y partió hacia el corralito de piedras.

Atrás dejaba la tierna frigidez de la meseta y poco a poco iba sintiendo el ardiente y alegre calor de la costa. En el extenso y extenuante, pero agradable recorrido, guardaba en la memoria la atractiva diversidad de su paisaje. Y al llegar, caminó hacia su destino y se encontró con el especioso mar que la esperaba con los brazos abiertos, cruzaron sus miradas y quedaron hechizados.

La noche se extendía con la blanca luz del plenilunio, las ondinas le abrían las puertas de su lecho cristalino tapizado con las perlas del mar. El viento besaba sus oídos con su murmullo de amor. Con paso sensual, sus pies descalzos dejaban huellas de luz sobre el polvo marino... respiró el aroma festivo del mar y quedó subyugada; extasiada se lanzó a sus brazos, las perlas saltaron para tocar su belleza… y el mar se la tragó.

© Eder Navarro Márquez

etiquetas: cuento, corto, luna, mar
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2comentarios 51 lecturas relato karma: 97
#1   Me gustó
votos: 0    karma: 17
#2   Buen relato! :hug:
votos: 1    karma: 24