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Noches y Olvido

I

Cae la noche
sobre los rostros que el sol
había tatuado en tus ojos,
baña la tierra
el manto frío que habita el cielo,
goza la hierba
y el matorral que todo lo admite,
el silencio también acaba cubierto de oscuridad,
las piedras ocultan
su color
el hombre acerca sus manos al fuego
y aprende a aceptar
su suerte.

II

Los minutos son bocados
de tiempo
sobre tu cuello blanco
y brilla tu rostro mientras
tu alegría se refugia
en un rincón desolado
a la espera del sol, de la música de un barco,
de la sal que el mar
le regala al viento,
la muerte no existe en este mundo
salado,
la luz de tus manos
gana la eternidad y la sombra de tu cuerpo
es ya un extraño
que habita en ti
cuando acaba el día,
el brillo de tus ojos
atraviesa el espejo al que se rinde tu rostro,
así todas las noches de lluvia, cada domingo
encharcado de ausencias,
la harina que el tiempo
vierte en tu cuerpo
acaba entre los dientes de todos los seres
que ocupan para siempre
tu imaginación.

III

Toda la sal que habita en tu piel
son residuos de madrugadas rotas y amores
perdidos.

IV

La noche es una mujer
desconocida en el tiempo,
con su oscuridad nos anuncia el fin,
el minúsculo adiós, el ocaso que a todos
nos espera,
será una noche, una solitaria sin la mirada azul
de la luna, nos abrazará en silencio,
lentamente hasta presentarnos
al último frío.

V

Sé que ya han comenzado a enfriarse
las paredes
de mi nuevo destino, allí
comenzaré a desvestir
lo que hasta hoy me empeñé
en ocultar,
todos los vicios que hacían mal
ya no son nada,
todo el temor al dolor
y a vivir en soledad
es ya una broma,
ahora
el frío final está cada día más cerca,
ese abrazo fraternal que tanto añoré
ya no puede con esta furia, con la
templanza y seguridad que da
el saberse perdido
al perder el miedo a abrazar
de cuerpo entero
el olvido.
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