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Ocaso de los ochenta

El ocaso y el mar, escenario de un otoño eterno.
Caminaban por la playa tomados de la mano del tiempo,
(aproximadamente, a los 80 años de edad, menos seis)
mientras la memoria desdibujaba la furia de un mar platino.
Ella, soltaba sus cabellos largos de promesas incumplidas;
él, un pantalón blanco, con el ruedo recogido.

Los trapecistas de un sueño realizaban
malabares en los malos bares y mares.
Allí, entre las líneas imaginarias del meridiano cero,
el uso horario empezaba desde (a)cero y desde uno
y dado el calor de la luna a medianoche,
las ondas marinas se alisaron todas
y del resultado uno menos uno o más uno: daba igual.
Un año, tal vez bisiesto, sucesivo e inesperado,
juntos, frente el ocaso de las cinco (05) de la tarde.

Se fue oxidando las cuerdas de un violonchelo.
Recreaban versos y los te amos arados en el ayer,
emergían a la superficie, los bordaba con dedal,
para evitar los pinchazos de los erizos traviesos.
Se escuchaba el susurro de los delfines enamorados.
El mar devolvió lo que el viento llevó.

Acaecía la noche.
El sol se iba arrastrando horizonte abajo.
El mar, otorgaba menos olas y más "holitas" saludables.
El viento ya no jugaba al escondite;
porque nadie intentaría encontrarlo nunca más,
ya no importaba si salía por el este
o desapareciera por el oeste
o si salía del confesionario del sacerdote.

¡Cómo brillaba el anillo de compromiso
del planeta Júpiter al conocer su propuesta!
Dejaron de huir con el disfraz vampirizo dentro del saco
y de ver películas francesas en blanco y negro.
En lo oscuro pintaban; en lo claro,
releían aquellas misivas lúgubres.
Nunca se versaron, bajo la sombra de las palmeras.
Jamás escribieron su nombre
en la corteza del áloe vera en primavera.

Dado el canto soprano de una sirena,
el reloj de arena había explotado
y nació una orilla a su mar rocoso.
Con telescopios de bambúes y sin aumentos
podían divisar la felicidad de un ocaso inquieto.
El mar aparentaba estar menos molesto.
Las piedras estrenaban sus faldas verdes.
El mar se volvió tópico, naranja y estrellado,
parecía que el cielo se estaba cortando las venas
con el filo de alguna nube y la lluvia como agua oxigenada,
desinfectaba las heridas del mar abierto y burbujeaban.

Disfrutaban de ese cielo rojizo e inquebrantable
y los alucinógenos para concebir el sueño,
fueron lanzados al mar y el bastón en flor no hacía falta.
Caminaban y saltaban de una caracola a otra.
La silla de colgar la ropa se divisaba desde lejos,
la piedra de los varios tropiezos encontró su pieza y
sin reprochar nada, cada uno sabía hasta dónde nadar.

¡Era su ocaso de las cinco (05) de la tarde, único e intransferible!
Fue un flash, un disparo oportuno que la cámara del destino
accionó ante la insuficiencia de luz.
Era su playa, jarrón de flores ancladas.
Amor ahogado y resucitado al único día
y subieron al cuarto del mismísimo infierno
y revivieron el ocaso sobre las (es)camas.
Un vía crucis exento de semáforos recorrieron,
un diadema de blandas espinas de peces muertos,
en el pensamiento lucieron.

Fue su tarde, la tarde, cuando dormidos se vieron despiertos,
cuando las estrellas, el deseo juvenil desempolvaban,
ya no importaba el tamaño del alma
ni las dimensiones del cuerpo ni qué comía la luna.
Fue la repetición de los ochenta, cuando se conocieron.
Ese término fijo llegaba, un lapso infinito detenido en el cielo.
Fue su ocaso breve y súbito.
El ocaso de latitud oeste, donde todo latía por última vez.
El amor solo dormía, bajo las profundidades del agua,
de la arena y en la puesta del sol.
Luego compartirán el amanecer crepuscular y así...


23 de abril de 2017
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12comentarios 122 lecturas relato karma: 102
#1   Saludos cordiales y gracias por brindar amable sus buenas letras con reflexiones, excelente desarrollo y claridad expositiva. Un gusto de lectura. Gracias por continuar publicando sus interesantes y bellas obras.
votos: 1    karma: 33
#2   Gracias por su tan apreciado criterio. Saludos
votos: 0    karma: 13
#3   El amor solo dormía, bajo las profundidades del agua,
de la arena y en la puesta del sol.
Luego compartirán el amanecer crepuscular y así...


Hermoso, para reflexionar, ¡un cierre magistral!
votos: 1    karma: 38
#4   #3 Gracias, poeta...Besos.
votos: 0    karma: 18
#5   Estupendo y evocador poema. Saludos
votos: 1    karma: 27
#6   #5 Saludos. Encantada de tu lectura.
votos: 0    karma: 18
#7   No solo es un relato atrapante sino que está muy bien elaborado, hay grandes frases que producen impactos. Felicitaciones por tu trabajo.

la lluvia como agua oxigenada,
desinfectaba las heridas del mar abierto y burbujeaban.

Aplausos.
votos: 1    karma: 37
#8   Muy agradecida por su maravilloso parecer. Saludos.
votos: 0    karma: 18
 *   Xhuvia922 Xhuvia922
#9   simplemente hermoso y muy elaborado.
¡Me Encantó!
votos: 1    karma: 27
#10   #9 Me satisface que te haya gustado...Feliz noche .
votos: 0    karma: 19
 *   Xhuvia922 Xhuvia922
#11   Hermoso
votos: 1    karma: 36
#12   Gracias...me alegra que te guste.
votos: 0    karma: 17