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Serafina

Me dicen que ella duerme
y se aferra a los abismos del paraíso
como árbol que niega el tiempo.
¡Oh mujer! En ti mi corazón alimentó
el dulce néctar del romance
que añora las horas del estudiante
junto al vuelo inocente de los ángeles.

Tus palabras aún tiñen de colores
los versos del campanario andino
y labran el eco que abraza los faroles
para respirar el aroma de las flores
e impregnar la copa de vino
con el amor furtivo del destino.

Escucha en la voz del anochecer
el canto del viento que lleva
la vitalidad del amor al nacer.
Mira el niño como en el vientre llora
e ilumina el rostro de la noche negra
bajo el abrigo radiante de la luna llena.

La despedida llegó con la hora eterna
para cerrar los ojos de la novia bella
y buscar en el altar del cielo
la paz que descansa en el padre bueno.
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1comentarios 80 lecturas versolibre karma: 89
#1   Muy hermoso. Saludos cordiales.
votos: 0    karma: 20