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Tomando conciencia

Hubo un hombre en una época que con el nacimiento de su hijo se le iluminó la vida, encontraba que tenía más sentido el despertar cada mañana y el vivir por y para alguien, para colmo su niño era una estampilla, quería estar donde su padre estuviese e ir donde su padre fuese, éste lo llevaba a todos lados donde pudiera, se había echo costumbre llevarlo en sus hombros e ir cantando los dos por las calles, los años transcurrían colmados de felicidad, cuando el niño contaba con 5 o 6 años el patio de la casa era un batallón de "soldaditos" de plástico de cada lado a tirar con una bolita entre carcajadas, los veranos se metían los dos en una pileta de lona jugando a ver quien aguantaba la respiración más tiempo o simplemente se sentaban en el agua uno al lado del otro a conversar por horas...Los años seguían pasando y padre e hijo tenían cada vez una relación más estrecha donde parecía que la risa y los juegos reflejaban sobremanera la felicidad de ambos, incluso cuando más grande, 11 o 12 años encontraron pasiones en común como la informática, compartiendo todos los medio días después de comer y a la hora que el padre llegaba de trabajar el uso de la computadora con juegos en común o con lo que el padre pudiese despejar dudas sobre la misma...Si hay algo que no se detiene es el tiempo, aquel niño fue creciendo y tomando distintas decisiones y caminos que lo transformarían en hombre, toda aquella felicidad compartida había quedado atrás, era difícil comprender que aquel niño que lo miraba con tanta ternura y admiración necesitaba transitar su propio camino en donde uno podía intentar solo la dirección, pero que el transito debería realizarlo solo.Aún hoy sigo viendo a mi niño con una sonrisa en el rostro producto de algún chiste mio o alguna payasada suya, sueño con sus 5, 8, 12 años, y me despierto llorando por aquello que ya no volveré a tener, anhelando lo imposible...Hoy mi cachorro tiene su propio cachorro y armará su propia historia, trato de aprender día a día que la vida va mutando y si no aprendemos a mutar con ella el sufrimiento es muy grande, trato de ver día a día como encajar en este nuevo esquema donde su felicidad sea la mía sin que mis ojos llenos de lágrimas me impidan ver la posibilidad de seguir disfrutándolo en otras facetas, donde sus hombros se ocuparán con una nueva generación.
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