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Un dulce sueño

Un sueño dulce
(Cuento)

Marita contempla en silencio una bella mariposa posada sobre una flor, la mariposa levanta su vuelo para luego descansar sobre la cabeza de la niña; ella con delicadeza la toma en sus manos, y le dice con inocencia, ¡Que bella eres! pero te voy a dejar en el jardín para que sigas tu camino; no me gustaría dañar la naturaleza, la mariposa abre sus alas, le habla con voz delicada ¡Llévame a las nubes! quiero traspasar el delicado cuerpo de agua y sentirlo sobre mí.
Si lo haces te regalaré un verso dulce sobre gotas de arco iris. ¡No se como llevarte hasta las nubes! no tengo alas como tú, dijo la chica. Una abeja también se acercó para decirle: Yo quiero ir al sol, ¡Llévanos por favor! si lo haces te daré un beso de miel.
La chica se alejó de allí con el corazón roto, ¡Quisiera ayudar a cumplir sus sueños! Dijo, pero ni yo misma sabría cómo llegar al sol - Fue a encerrarse en su cuarto pensando en lo que le había pasado.
Recordó que tenía tareas para el día siguiente, se apresuró a sacar los cuadernos de su morral, sobre la mesa estaban varias hojas blancas y muchos colores. Por un momento se olvidó de sus tareas; empezó a trazar algunas líneas en una de las hojas dando vida a un hermoso paisaje, coincidencia o no ella ha dibujado exactamente lo que ocurrió hace un rato en el patio de su casa.
Un sol radiante calentaba a una pequeña abeja que chupaba el néctar de las flores, y una mariposa azul besaba las blancas nubes que inmediatamente dejaban caer sus gotas de agua sobre la ventana de la niña; estas gotas eran gigantes y dentro llevaban un arco iris hermoso que brillaba con los rayos del sol formando letras que decían: este verso es para ti niña bella por haberme concedido mi sueño. “Marita la niña que concede sueños tendrá por siempre un alma noble, y será siempre feliz”
Al otro lado de la ventana un capullo en forma de beso dejaba caer hilos muy finos que soltaban un aroma delicioso, La pequeña salió curiosa a ver qué era eso y que estaba pasando; con asombro observaba que esos hilos no eran otra cosa que miel fresca y suave, el sol había dado el color y el sabor a ese exquisito manjar.
La voz de la madre despertó a Marita que se había quedado dormida sobre su dibujo.
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