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Poner una sonrisa, cuando llueve en el alma


Remolinos de colores
en la punta de los dedos
cuando el eco trae sones y danzas.
Pajarillos en la garganta
y alas en los zapatos.

De vez en cuando hay que sacar de entre las cenizas
los escasos rescoldos que quedan
y prender la llama de nuevo.

La mañana se pinta del color que tú traes,
y la noche se viste con las galas que tú le pongas.

Cuando la mueca se cae,
hay que buscar andamios para levantar.

Poner una sonrisa, cuando llueve en el alma.
Carcajadas a media luz, cuando el hipo anida en la garganta.
Zapatos de colores si los pies estas cansados
y bufanda hecha con Diente de León
si la piel esta marchita y triste.

…………a vueltas con sacar lo bueno, cuando la vida se empeña en darte un puntapié.




Hortensia Márquez


Imagen de la película "Amélie"
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Cielo

Puede que el cielo esté lleno de miles de cientos millones de estrellas.
Tal vez el cielo de otra gente, está plagado por infinitos números.
Alguno estará repleto de mil letras creando unos brutales poemas.
Otros serán colores o dibujos extraordinarios y creativos.
Y todos tendrán la esperanza de que sus sueños no sean solo sueños.
Si preguntas por mi cielo, tiene muchas personas maravillosas.
Ellas hacen que todo brille y logran que se ilumine mi sonrisa.
Logran que la nada consiga un valor imposible de calcular.
Gente difícil de encontrar que parece no tener nada en común,
Pero tienen cosas que mostrar y de las que debemos aprender.
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Reminiscencia de invierno (parte I) (B)

Cae la tarde, los vientos gélidos del norte soplan con fuerza sobre la estampa de plomizos y níveos colores del centro de la ciudad. Los pasos de Salvatore se hacen pesados sobre el pavimento glacial mientras libra una batalla épica contra la ventisca que escupe su ráfaga de furiosos copos de nieve. Recién salido del trabajo, se dirige a su estación del metro urbano, a unas pocas cuadras del altísimo edificio de cristal donde trabaja. Hoy no tiene ánimo de pasar a tomar su macchiato bien espeso en la cafetería de moda del centro que le queda en el camino, urge llegar a casa a atizar unos leños en la chimenea y entibiar un poco el espíritu.

A pocos metros de la cafetería, desde el otro lado de la acera, observa sin embargo a los grupos de amigos, parejas e individuos solitarios que beben los cálidos sorbos de sus bebidas a temperatura de ebullición, casi todos con un móvil en la mano y unos pocos con un libro. Y su vista se detiene en una figura en particular; una chica de mirada perdida que sentada en una mesita al lado de la ventana, observa la blancura del ocaso y se extravía en los laberintos espirales de algún fugaz remolino de viento. Sus ojos son de un café tan oscuro como la densidad del espresso en el macchiato que Salvatore suele tomar. Su cabello castaño claro es tan liso que la luz de la lámpara encima de su mesita resbala por su pelo hasta caer al piso. Sus labios carnosos sugieren que su sonrisa debe ser angelical, pero su expresión es más bien de tristeza, pero no de una tristeza llana y simple, más de esas que son complejas, envueltas por el misterio. El corazón de Salvatore, sin embargo, late ahora con una tibieza inesperada, y antes de darse cuenta se encuentra en la puerta de entrada; sus pies lo han llevado hasta allí sin notarlo, como deslizándose o patinando por el pavimento helado.

El lugar está abarrotado, no cabe un alma; el frío invernal obliga a los transeúntes a hacer parada obligatoria y pedir una bebida bien caliente. Pero ya está allí y voltea a ver a la chica de los ojos café profundo, ahora de espaldas hacia él; lleva un abrigo corto de un color tan blanco como la nieve, lo cual realza el rojo escarlata del lapiz labial sobre sus carnosos labios. —Me das un macchiato con leche de soya y un toque de caramelo por favor —le dice al cajero— ¿alto, grande o venti? —le responde el cajero— Mejor un venti. Que me dure un buen rato— y le da un billete de diez dólares. Ya con su café en la mano, da un par de vueltas por las mesas y barra de asientos individuales del lugar, sin encontrar un solo espacio, excepto por una silla disponible en una mesita pequeña donde una anciana de cabellos plateados que está absorta en la lectura de su libro mientras bebe un latte que parece inagotable; y otra silla al lado de un hombre de mediana edad —aunque por su cabeza calva parece mayor— con una abundante barba y cara de pocos amigos, como quien ha tenido un día muy cargado; y por supuesto, la silla libre en la mesita de la chica de los ojos profundos, absorta en el panorama invernal de la calle, con un libro abierto casi por la mitad al que no ha vuelto a mirar en todo el rato que Salvatore lleva observándola. —¿Te molesta si me siento aquí? —ella lo mira con semblante serio, con especial asombro, como quien quiere ver hacia adentro y no solo por encima, pero no dice nada— ¡Es que no hay un solo lugar disponible! Claro, si no soy inoportuno, y si no esperas a nadie —Y ella lo sigue mirando por breves segundos más, pero su boca no se abre, mas con sus labios hace un gesto tan leve, como el de una tímida sonrisa; y de alguna manera parece que asiente a que Salvatore la acompañe. Al menos así lo entiende él, que sin decir más pone su bebida sobre la mesa y jala la silla, inusualmente pesada y sin protectores de hule en las patas, haciendo un ruido particularmente enervante al hacerlo. Ella levanta una ceja, como diciendo: —¿Qué haces? —pero realmente no dice nada— Perdona, no ha sido mi intención— se excusa él.

La mirada de ella se zambulle ahora en la página actual de su libro, como queriendo esquivar la conversación con el chico; aunque en su interior siente, sabe, que debe, que necesita hablar con él. Mientras lee, sus ojos café parecen sumergirse en las páginas y éstas abren un portal que la transporta al mundo de la novela; al mismo tiempo, con su mano derecha y sus uñas semilargas, muy bien cuidadas, sin pintura; hace un sonido sobre la mesa que emula el cabalgar de caballos. —¿Qué lees? —pregunta él con sincera curiosidad. Y ella, en ese instante, es como sacada por un haz de luz del mundo de su novela y transportada en el acto a la mesita, con un par de bebidas calientes, un libro, y claro, un desconocido frente a ella. —No me despiertes del olvido —le responde, sin más— ¿Y de qué trata? —vuelve a preguntar, a lo que ella replica— es un cuento muy largo para contártelo, y aún no me decido si es ciencia ficción, o magia mística egipcia, o una combinación de ambas cosas; es intensamente romántica, eso si te lo puedo asegurar; pero, parece ser un romance que trasciende generaciones, eras, culturas y algo más— suena bastante bien —responde Salvatore— ¡es apasionante, no tienes idea! —concluye ella, y se sumerge de nuevo en su lectura. Mientras tanto él, bebe su macchiato lentamente, como disfrutando cada pequeño sorbo de alegría caliente; no sin notar que la alegría que siente no proviene del macchiato exactamente, sino de la contemplación de la hermosa chica que tiene frente a él. Su mirada se hace penetrante, sus ojos chocan contra el café oscuro de los de ella; por su parte ella, se siente observada, quizás contemplada más bien. Ya no logra concentrarse en el libro, se dedica a tomar su bebida, observarlo de vuelta disimuladamente, para luego envolverse con él en una charla trivial de desconocidos; de esas en las que hablas muy a grosso modo de tus aficiones, de tu trabajo, de que estudiaste, de que te gustaría hacer con tu vida más tarde, de alguna experiencia interesante vivida. Y hablan, y se observan, continuan charlando y se miran, casi como acariciándose con los ojos, hasta que en un instante inesperado, al unisono, ambos tienen una especie de flashback, una reminiscencia; una escena compartida, ambos caminando tomados de la mano, en una tarde de otoño, por una larga avenida de tiendas de moda en Milán. —¿Alguna vez has estado en Italia? —preguntan ambos al mismo tiempo— ¡Qué casualidad! Hacernos la misma pregunta en este instante —dice Salvatore— Nunca he salido de los Estados Unidos, dice ella —yo estuve de viaje en Alemanía hace unos pocos años, pero es el único lugar de Europa en el que he estado —responde él. Ninguno se atreve a mencionar nada de esa reminiscencia absurda que parecen haber tenido, para no atemorizar al otro.

En un abrir y cerrar de ojos, cae la noche con todo el peso de su oscuridad y la temperatura desciende unos cuantos grados más. Han conversado por dos horas y media ya. Ella se excusa, que debe salir corriendo, que tiene que pasar haciendo unas compras antes de irse a casa, que le cierran el supermercado. El quisiera acompañarla, quisiera pasar toda la noche conversando con ella, observando sus bellos ojos y sus carnosos labios que invitan a besarla. Pero no dice nada al respecto. —¿Te volveré a ver? —le pregunta— ¡Quiero creer que sí! —responde ella y le da un post-it de color neón, con algo anotado; se levanta de la mesa, le da un ligero beso en la mejilla y sale de la cafetería antes que Salvatore pueda siquiera decir adiós. La observa desde la ventana mientras se aleja, con sus jeans apretados y sus botas blancas de invierno; la ve caminar pero más bien parece que flota en el viento y se pierde en la oscuridad de la esquina donde dobla, para desaparecer.

Salvatore se queda sentado en la mesa unos minutos más, tratando de asimilar qué ha significado ese encuentro. ¡Qué significa ese flashback! ¿De dónde puede conocer a esta chica que se le hace tan familiar? Abre el post-it: "Alessandra, 493-2345. ¡Despiértame del olvido!". Es lo que ve al leerlo.

(continuará...)


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@AljndroPoetry - 2018-Dic-12

Quise recordar este relato
originalmente escrito a finales del 2017


Puedes leer la 2a parte en:
poemame.com/m/relato/reminiscencia-invierno-parte-ii
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Hasta mi última lágrima

Vas flotando
desastre de una vida
que se oculta
en el vacío de una mentira.

Sin lágrimas,
no brotarán
simplemente no las sientes
se agotaron con la última esperanza.

La desdicha acompaña
terminas por querer dormir,
es mejor soñar que no sueñas a nada
que intentar vivir en la desolación.

A penas te sujeto
en mi propia desasociación,
entre imágenes borrosas
y una vergüenza que se oculta sin importarle ya nada.

Eres terca y predecible
aún así te abandonas,
no te abandonaré
pues me detona la esperanza de sujetar tu dolor.

Llevas incrustado en el cuerpo la nostalgia
poco a poco vas emergiendo
distrayendo con gritos y manotazos
el poco eco de un amor.

No lo gritaré
esta vez lo guardaré
como un minuto de silencio
por mis muertos, por tu abandono.

Por la lágrima que sale
y escurre por el rostro,
es amor sincero
mi última ilusión.

A veces solo necesitamos eso,
esperanza
nacerá, lograrás sobrevivir,
la verdad matará a esa mentira que te quiso partir.

El mute
12/12/2018.
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Botones

Me abotono la camisa
con un cierto desdén de ausencia,
porque prefiero tus dedos
a esta nostalgia de vestirme.
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Me niego

Me niego a que el indómito viento
espolvoree libre mi polen
germinando en tierras lejanas
allí, donde se ciegan mis ojos
negando las caricias de sus pétalos
y la embriaguez en sus fragancias

Me niego a que el verano
se ahogue con las lluvias de otoño
decolorando sus hojas azules
en melancólicos tonos ocres
y no goce la desnudez de mi piel
de sus noches de cálidas lunas

Me niego a que ladrones del tiempo
secuestren sigilosos a mi musa
aquella que llegó por casualidad
cuando el gris coronaba mi testa
y como hada con varita mágica
encendió de colores mis luces
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9comentarios 102 lecturas versolibre karma: 102

Nostalgia

Ahora leo los poemas
que ayer te escribí
donde te decía
que no podía vivir sin ti
Perdóname pues te mentí
tu no estas y yo no morí

Ahora encuentro
mil versos que te escribí
te dije que te amaba
te necesitaba, o eso creí
Y ya me di cuenta que no es así
yo no te amo a ti
Y dime...¿Cómo voy a amarte?
...si no me amo ni a mí
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He...

He vuelto a navegar por la bahía
desplegando la vela
y tomando los remos de mi barca.

He intentado ser yo mismo, nuevamente,
al fundir mis ojos con la inmensidad del cielo
y de las aguas.

He vuelto a ver las olas cantarinas,
vestidas con su blanco inmaculado,
pasar bajo la quilla, al ser cortadas por la proa,
de mi barca.

He intentado sonreír a las gaviotas
y buscar en las estrellas los suspiros
que le mandan, en la noche,
al universo.

He vuelto a escuchar el tic-tac
acelerado de mi pecho,
cuando intenté tomar
estos versos con mis labios.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/11/18
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Hito

Sé de un hito histórico
invadido por un musgo histérico
que amorosamente se aferra
a sus fijas e infinitas magnitudes.


Persevera en el asedio del almanaque
para adelantar los equinoccios,
catorce páginas y llega a él
despeinada y con zapatos de otra época.



Como en trance de gato
ojos abiertos como lunas
furor súbito de veleta temeraria,
no se sabe qué origen tendrá el vendaval.


Monumento a la distancia y a la constancia
conocen atajos entre crípticos sueños
donde son dueños de territorios
sin líneas divisorias y con libidinosos aranceles.


Sé de una pétrea señal que tiene sed
y fotogenia numérica e invernal,
que me va dejando pistas a pie de página
entre las hojas secas de la húmeda imaginación.
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"Canto de sirena" ~ tankaknat ~

un mar de escamas
emerge plateado
es la sirena
beso de sal y espuma
hechizo de nereida
que arrastra en un suspiro
al marinero incauto
lejos del puerto
su brújula no sirve
para volver


•tankaknat, forma de poema japonés en dos tankas unidos.
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Enseguida

Yo enseguida lo entendí,
cuando en aquel teatro
acabándose el acto,
tu te pusiste a aplaudir...

Tus manos como dos mariposas
chocaban con tanta suavidad
ante mis húmedas pupilas,
que yo me empezé, a enamorar.


(Un recuerdo lejano)
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Virginidad perdida

Desnuda en la penumbra,
el lienzo de su cuerpo
del valle a la llanura
revela su misterio.

Instante clandestino
que da forma a la incógnita,
tentando con sigilo
la rosa que desflora.

Oscuro es el deseo,
su libido insondable,
recóndito el secreto,
su sexo indescifrable.

Afloran los estímulos
en ese cuarto oscuro,
temblando el sable frío
sobre el calor profundo.

Hermética es la cripta
de su placer más íntimo,
descífrese el enigma
al dividir el virgo.
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Besos de verdad (para mi paisa Hodelryn)

no existen besos de mentiras

Esto va de cuando me congelaste las palabras
Con besos de verdad
Fue en aquel primer frente frio
Cuando la escharcha se apodero de la distancia
Pero le hicimos barrera con poemas de calor
Nunca fue tan frio y crudo el Invierno
Ni hubo madrugadas más sangrientas
Que aquellas donde me falto tu verso
Y jugando con el humo del café
Nos tomó la aurora por sorpresa
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Entrelazados

Al igual que la vía láctea
giran satélites en mi contorno
y yo a su vez en otra galaxia
eslabones de una misma cadena
pétalos de una misma flor

Vasos sanguíneos comunicantes
circulando por el laberinto de la vida
a la velocidad que marquen las horas
con la distancia que decida el destino

Vestimos con manos entrelazadas
aún a veces mudamos los guantes
y aunque la soledad reclame su brisa
suele ser viento pasajero
es más, cuando crucemos el puente
besáremos la tierra en compañía
ya lo dijo el filósofo
el ser humano, es social por naturaleza
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Azul Cielo

No me importa si llueve
si el cielo se oscurece
si hay tormenta o tornado
o deja de salir el sol
Para mi el cielo esta en tu ojos
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Haiku

Haiku sin kakekotoba y kigo indirecto de primavera.

Tras la tormenta

el sol entre las nubes.

Ciruelo en flor.

Haiku- con Kakekotoba y kigo directo de otoño

Tarde de otoño

llegan las golondrinas.

El mar en calma.
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En la esquina

En la esquina hay un bar que presume de adicciones, donde las monedas compran los indultos a sus penas, que se sienten prisioneras de inconvenientes pasiones.

En la esquina hay un bar que me alentaba pisar, porque guardaba en mi Alma el malestar de un adiós, fue tanto lo que dolió que me costaba olvidar

Y en ese bar dejé mi huella en cada copa, y junto a mi huella la marca de mi boca que de todo lo indebido se dejaba provocar

Con los ojos cerrados la amé, pero a ojos abiertos fue tanto lo que lloré que si una de mi lágrima del cielo callera, convertiría el seco otoño en la más verde primavera

Acompañado del alcohol llegan las tardes, porque en mil historias de amor fuimos cobardes, desamparados infortunios en las sendas más oscuras, con almas desnudas carecientes de ternura

Pero de recuerdos nos llenamos quienes de la rosas recordamos la más filosa de su espina, y las penas desahogamos en este bar de la esquina.
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Su olor de piel: de blancas gardenias

Su olor de piel: de blancas gardenias.

Suspenderme a tu labio eternamente,
y abismarse en tu ser, y en el grato ambiente
de tu alma inmaculada, vivir eternamente.

Su olor me está esperando en la ducha y me hace lluvia con él, porque siempre es tu olor de blancas gardenias que impregnan cada centímetro de tu piel.

Tocó con suavidad monacal tú vértice más íntimo, doblo mis piernas adorando tan sagrado punto de tu cuerpo desnudo.

Vértice de mujer libre, lleno de misterios; como un altar, depósito una ofrenda, pequeñas violetas sobre tu vientre.

Che-Bazán.España. Poema

www.youtube.com/watch?v=wTtg8-bmf-0
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Romance entre el mar y la luna (Soneto Alejandrino con hipálage)

La luna como espejo se refleja serena

en el silente azul de este mar sedentario;

que se deja besar el manto solitario

extasiado en su bella compañera de escena.



Luna y el mar índigo comparten dicha plena,

se miran extasiados, sin tiempo, sin horario,

compartiendo contentos, su regocijo diario;

el mar azul la atrae con su ternura plena.



En refrescante luna, nuestro mar se fascina,

con su guitarra azul le canta sus tonadas;

la luna le responde con sus bellos reflejos.



Un romance clásico de noche se origina,

ambos protagonizan, historias no contadas,

reluciendo el amor en sus claros espejos.



Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos Reservados

Hipalagé:

En el silente azul de este mar sedentario;

(silente es el mar no el azul)

En refrescante luna, nuestro mar se fascina,

(refrescante es el mar no la luna)
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La suerte de tu amor

Si la suerte era mi amiga,
pareció jugar a las escondidas,
porque no fué mas que una esquiva,
cuando le hablé de tu amor.

Día a día ella venía,
pero al llegar tu a mi vida,
ella cruzó de esquina,
y abandonó mi corazón.

Desafortunada suerte la mía,
¿Que le pasó? No lo sabía,
y porque desde es dia,
no me ayudó en el amor.

¿Será que celosa de ti se ponía,
creyendo que al llegar tu a mi vida,
avasallarias la cima,
de lo que ella proyectó?

Sólo se, que aunque mi suerte,
ya no sea mi amiga,
y aunque se haya cruzado de esquina,
tu estarás en mi vida, con la suerte de tu amor.


Autora: Claudia Viviana Molina.
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