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Desierto

Yo nací desierto.
Se fue llenando poco a poco mi acuarela
de paisajes y penumbras,
de lebreles, dagas, y lotos en flor.
Se erigió entre ciudades y escombros
una tiniebla y una luz,
un pilar de arena y piedra.

Después de nacer tan remoto
me hice silencio entre el ruido,
fui un madero tallado en lo humano,
y día con día continúo naciendo
aún cuando muero y aún cuando vivo,
cuando voy en otras voces
y me evocan otros recuerdos.

Yo nací desierto
me hice fugitivo de las penas,
fui transparente en la tristeza
reduje mi sombra y deliberadas distancias,
compartí el pan inesperado de la alegría,
y se pobló de paz mi lecho entre escombros
y se pobló de agua infinita
el más estéril y calcinante desierto.
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Un asiento vacío

Mi alma te esperaba y yo no lo sabía
tu mirada como las nubes
guardaba claridad y vida azul,
era yo el molino sin viento
el estanque sin lluvias, ni rocío.
Las batalla del silencio
en el fondo de un círculo decisivo,
y sin embargo te aguardaba
y no lo sabía, sin embargo.

Áridos ocasos me encontraban
eras entonces lejana en tus vientos,
en tu sombra nacía una luna
y los hilos de mi alma se entrecortaban
en la noche repentina.

Pero pronto llegaste
sincera y llana frente a mi páramo,
entera cornisa de ti llena,
en las vidas de tus pasos viajeros.
Verte para sentirte
en lo baldío y lo que nace
esperar y encontrarte,
llenando el silencio con tu verbo
con tu cancion liberada al viento.

Ojos eternos y alma constante
del amor habitado y no extinguido.
Ojos fecundos y viento en tu pelo
oleajes eternos
de un tiempo sincero.
Ojos no fugaces del amor venidero
una luz te acaricia
y el amor se hace nuevo.
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Tranvía nocturno

Cuántos poetas
vivieron sobre el mismo papel,
construyendo la casa
de la radiante rima,
y la prosa perfumada.

Cuántas manos dibujaron
el nuevo pensamiento,
siento que mi sangre
siempre estuvo con ellos.

Aquí están mis amigos
más desconocidos,
eternos y leales.
Los guías de mi errante corazón
aún perdidos en el corazón más distante.

Francisco en una prisión injusta
Federico asesinado en su eterna alegría,
Pablo exiliado y dispersamente eterno,
Miguel entre el frío y la sombra,
y tantos más aún palpitando desde sus cenizas.

Hermanos míos;
sólo tengo un corazón,
sólo tengo sus huellas
sus huellas y aquel sufrir,
aquel mirar
de claridad y de paso errante,
de quien sostiene al mundo desigual
en la deliberada vasija del destino.
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Pinos sobre cerros

Pinos sobre cerros,
bajo la lluvia, en ti iniciada.
Bajo la lluvia entera y una voz vacía.
Arboles y piedras,
esperanza y melancolía.

Entrecortada, continua, efímera,
la hiel en ti establecida
y desde ti en su latido creciente.
Labrada por pérdidas y partidas.
Se prolonga
mi manto gris en las tardes
y se desprende, en lo alto, la luna fría.
Ninguna luz nos guía, ningún latido,
ningún cimiento nos sostiene.

Pero amor mío;
aquí aún estoy
buscando,buscándote
de lugar en lugar,
de marea en marea.
En las opuestas discordias y lazos
de lo cercano y la incertidumbre.

Pero amor mío
tú incierto paso
aún así gira en mi alma,
de revés en revés
de mirada en mirada,
en lo gris o brillante,
en la ciega o en la clara imagen
del prófugo y tirante anhelo.
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Evocación

No dejes que te olvide
cuando vaya sin ti
bajo la lluvia torrencial,
persiguiendo mis pasos.

Cuando pregunten y callen mis palabras
y me invadan inviernos y verdades.
Cuando vea en otros ojos
la entereza del brillo
que un día estuvo en los tuyos.

No dejes que te olvide
cuando deje que el denso recuerdo
se pierda entre el abismo cruel
de un espejismo inesperado.
Tocando sólo nuestras almas
tocando sólo batallas perdidas.
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Poema 34

Chiquillo de manos vacías
y pies desnudos,
hecho con el pobre sol de la inocencia,
aún están tus huellas en el barro
esperando tu llegada,
aún eres fruto de tu propia alegría.

Chiquillo. Alegre perseguidor
de agua y frutas alegres como tú,
en los campos de sol
y el bajo el manto del verano.

Debes llenar de destellos tu alma
frente al espejo sombrío del mundo,
cuando lleguen el rumbo desigual
y la arrolladora tristeza;
aferra tu aliento a tu bondad.

Chiquillo, prolonga tu esfuerzo,
acércate y abraza dorados sueños.
Tus ojos y tu silencio son los míos.
Fui el que tú eres,
de tus dolores y alegrías fui hecho.

Pierde el sombrío sueño
cuando llegues a mis pasos,
cuando a mí llegues
y a la virtud, y al azul inmenso.
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Las pequeñas esperanzas

Desde la isla de mi alma
escribo a ti,
en el remolino impredecible
del pensamiento.
No soy azul y no eres triste lluvia.
Tal vez tus ojos guardaron
la mirada oculta del cielo.

No fui Romeo buscándote
en un continente ,
no eres Julieta en el borde de un abismo desafiante.
No escribo los versos más tristes esta noche
porque la noche de hoy no es triste.
No te quiero verde ni en dudas
pero te quiero cerca aunque lejos.

No eres misterio ni manía
porque las palabras no son más del aire
ni las lágrimas son del mar,
porque mi playa dibuja estrellas con tu nombre, cuando te pienso.
Porque no te quiero verde
pero sí cerca aunque lejos.
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Oda al infinito amor

Dicen que te quiero,
yo digo que no.
Nadie sospechó del beso
y ya me diste dos:
uno con tu alma
y otro con tu espera.

Este encuentro
no es encuentro,
es común y transparente
no imaginado,
sin desencanto,
sin desencuentro.
Se detiene inquieto el reloj
y la muerte recoge cerezos
en ningún huerto.

Todo es remoto hasta las paredes.
Pero vamos ávidos y alegres
bajo la primavera,
desconfiados
bajo la piel de la noche,
dos pasajeros inmóviles de la dicha
para ser más insólitos
y clandestinos que cualquiera,
para ser
más infinitos que vulnerables.
Amigos: este cielo escrito es el nuestro
lleno de imperfecciones y complicidad.

Y si decían antes que no te quiero
ahora es cuando canto que sí.
Desde las trágicas y satíricas nieblas,
desde el rumor de las mentiras y las verdades.
Esta flor es un ave de papel,
la realidad somos nosotros,
el corazón es un lugar
con pequeños cataclismos.
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Nocturnidad

Aún en la cúspide más vertiginosa,
aún en los peldaños
más llenos de olvido.
En ataduras casi imprecisas,
y navegando
en noches iracundas,
creo descubrir tu rezago.

Y verte a ti,
a tu voz pronunciando mi deseo
a descubrir la entereza de tu gesto,
a tu imagen, hecha toda
bajo los astros certeros y en fuga.

Nada eres tú, y sin embargo
te irradias hacia todo.
Hacia el deseo,
hacia lo que nace de pronto,
hacia la plateada
y tormentosa lluvia.

Y aún entre ataduras imprecisas
sólo queda todo,
quedas tú,
en eco y ceniza,
en lo que no muere y acecha.

Sin embargo
creo descubrirte,
encontrarme en tu lenguaje.
Te sienten mis ciegos sentidos
y no lo creo:
eres tú
tiritando,
persistiendo y no.
Transcurriendo en tu ternura
como un río,
ahogando horas amargas,
libertando rachas iracundas.
Eres tú,
tú que persistes y no,
aún en cada cúspide
y aún en cada peldaño.
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Bolero de los dos amantes

Yo toqué los tórridos muros de la ira,
sumergí mi alma
a lo más alto de un lamento,
y recogí, y contuve
la guarida cortante de los cristales.
Pero el tiempo
menguó toda oquedad indefinida,
menguó la claridad,
y menguó el otoño:
no pude evitar nuestro encuentro
no pude evitar esa hora
sino sólo aceptar el nardo y la espina.

Mi amiga :
hay algo quizás en tu voz que me nombra
algo en tu cabellera de nocturna miel,
y en el fuego de tu sangre,
aquel fuego descubridor
de anhelos y desdichas.
Algo va en ti, en los errabundos deseos,
y vuelve en el adviento de tus besos,
a la fecundidad
de las medias luces.

Algo que aguardó
en la espera de hallarnos,
tal vez como un reloj o el vuelo de un ave,
y se detuvo en tu piel
y en el calor de tu vientre,
en esta hora de glorias y penas,
en esta hora derramada de esperanzas.
Pero sin treguas
ni quebrantos
cuando todo yace
y emerge desde ti, amor mío.
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Poema taciturno

Las palabras
son la mitad del pensamiento,
la otra mitad aguarda en unos labios.
La mitad de un deseo pertenece al viento,
el viento lo lleva por caminos contrarios.
La mitad de lo eterno
duerme en el tiempo
y lo eterno de un beso está en unos labios.

Las verdades
nacen en mitades de nada y todo,
todo tiene una mitad
de soledad y lejanía,
la libertad se esfuma al dejarlo todo
la soledad está hecha
de silencio y melodías.
A veces las promesas valen todo,
y los recuerdos son promesas
de una eterna alegría.

La mitad de mi existencia
siempre está contigo,
la otra mitad
es testigo en un lugar del alma,
el viento
deshoja las multitudes de la calma.
Somos las mitades
de un sueño
habitando un par de almas.
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Enumeraciones

Han caído tardes
en las paredes
y ocasos en un viejo cristal .
Ha venido un día sin nombre
con proezas diferentes
al diamante terrenal,
en las germinaciones
del tiempo inerte.

Todos viven bajo el mismo día.
Las calles respiran
con pulmones de asfalto y piedra
entre bullicio y semáforos,
bajo los alfileres de la lluvia,
y entre ocasos consumados.

Yo voy por mundos desiguales
con ojos de infante en la simpleza.
Consternado y sosegado,
buscándome y encontrándome
en el astro inverosímil,
en la perpetuidad terminada.
Voy por ciudades y calles recortadas
con venas de laberintos y murallas,
encontrándome y perdiéndome.

Voy entre las gentes
entre los tejidos y huesos que me edifican.
Y madura como un ágil fruto
un día sin neblinas,
coronado de vida y muerte ,
con los ojos del sur y del ser.
Y es de nuevo una ciudad pequeña,
y despierta de nuevo la pequeña ciudad.
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El tormento y el río

Fiebre de ti, así nacida
y terminada en mi sien.
Del coral sin espinas
en que me halla el perdido recuerdo
y en mi lecho se hace vasto.
No soy más de mí.
Soy quien enferma
de libertad dolida,
quien sucumbe y guarda
tu mirar claro y débil de furias,
de fiebre tendida sobre sí misma.
Y sólo permanece allí, esperando
mi muda caída en su senda
en su arco temerario de frío y fuego
del fuego hecho río
del río hecho aire.
Y lo invaden las hojas marchitas
y dos manos tocan las manos
que contuvieron antes,
como el aire se hace respiro,
una voz gobierna la melancolía
y cae incesante y sucesiva,
como un matorral
en las últimas sombras
ocultando las hogueras, la dicha.
Ocultando el nardo y la yedra,
quebrantando eslabones.
Y menguando, taciturno, en el beso.
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Arte

Arte no es venerarte
sino poder estar juntos.
Arte no es dibujarte el mundo
pero quizá, sí sea extrañarte.
Perseguir aquello
de apariencia imposible
para darte acuarelas infinitas.
Fundir el fin y el inicio
para encontrarte,
y nuestras vidas
no sean paralelas.

Amarte no es arte fugaz,
es llevarte en un lugar aparte.
No es desvelar un poco de tristeza.
Arte, es entregarte el pensamiento.
Las derrotas y heridas aliviarte,
descubrir nuestras almas sin dilemas.

Arte es encontrarte
en la simpleza de un día,
y predecir una forma de amarte.
Es olvidar la lejanía
que traigo conmigo.
Es no saber de años y horas
y dejar al viento un eco
que siempre vaya contigo.
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Mayo

Estoy frente al mar.
El frío del invierno rueda ya lejos.
Las aves cuelgan sus siluetas en el ocaso.
Van y vienen las olas y las vidas.
Nada se extingue
en su elemento persistente.

Estoy frente al mar.
Interrogando a mi sombra,
contemplando el murmullo oceánico.
Los vestigios y las preguntas
se alargan en silencio.
Un navío esparce
lentamente sus trayectos,
y algún canto olvidado
en el viento se esparce.

Estoy aquí.
Frente al inmenso espejo marino.
La noche desborda su velo
sobre la tarde que agoniza.
Y se apaga, incesante, el ocaso.
Todo se hace distante
frente al azul y violeta inmensos.
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Si mis manos fuesen

Si mis manos fuesen cadenas
y el metal indiferente no fuera tal,
si hallarte ahora posible fuera
quisiera llegar poco a poco
hacia donde tú estuvieras.

Hecho de tu amor dolorido
hecho de mis dolores perseguidos,
y hecho del tiempo no herido.

Si el silencio fuera una condena
y una estrella fugaz no fuera tal,
si conocer el final posible fuera
quisiera hallarte poco a poco,
y llegar a donde tú estuvieras.

Como cada objeto en el olvido
como cada ser encontrado,
como el sueño dividido
de un mundo atroz y sosegado.
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Soledad de lo infinito

Vengo desde ningún lugar.
Voy hacia otros parajes,
o quizás vienen
hacia mi marcha inmóvil,
hacia decisivas y triviales partidas.

Y ya de otros caminos
y ya de otros errores,
de rápidas proezas.
Del error inequívoco,
de proezas huérfanas de vuelo.
Palabras que olvidaron el habla
y tal vez mañana germinen
como ávidos árboles .

Al final la eternidad no es tormento
al final la soledad es desafío
y el humano es innumerable,
un eco sin puerto ni guarida.

Y cada paso se reduce a huella
como a silencio se reduce cada sonido.
Oh! frígida y altiva infinidad,
en tu funda plateada
el universo es arena solitaria...
Y mis manos mortales son ceniza,
y en otros caminos
cuánta luna será sol nuevamente.

Vengo desde ningún lugar
voy hacia lo gris y no encontrado,
y entre la arena insistente
se esfuman
sin muerte las palabras.
Entre la arena de la infinidad
desaparecen y nacen sin tregua
eternas y efímeras,
sin huellas y sin olvido.
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La página perdida

Sería suficiente
no guardar memorias
y no desistir
mientras olvidamos,
abandonar los antiguos sonidos
que antes fueron amados.

Sería suficiente
este día de lluvia inexorable
y no buscar razones
para cada pregunta,
suficiente sería ser del aire frío
y tal vez
existir sólo contemplando,
pedir al infinito
no eternizar lo peculiar.

Sería suficiente
no guardar memoria
de lo vivido,
pero que baste
todo aquello y nada a la vez,
conservar la huella
de lo que antes era
y que luego no pudo ser.

Sería suficiente lo imposible
y amilanar
un poco el orgullo,
no decir adiós al partir
y no evitar la nostalgia,
conservar
la fortuna
de haber conocido
lo inolvidable.
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En el fondo de ti

En el fondo de ti
nacen todas las palabras
y todos los silencios
confluyen, irradiados,
por el astro viajero de tu sangre.

En el fondo
significas más que destellos
de intimidante belleza,
en el fondo significas más
que darte las gracias.
Eres tú la osadía y el traspié,
todo cuanto buscabas
y todo cuanto dejaste partir.
Todo vive en el brillo
de un prisma eterno y multicolor,
germinado,en el vientre del planeta.

En el fondo
eres tan sencilla
como indescifrable.
En el fondo de tu cielo
duermen las estrellas sumergidas
y caen crecientes líneas de luz
cuando eres regazo y eres bandera.
Y la marcha de una herida se pierde
cuando floreces inocente,
esa hora en que confluyen en ti
la duda y el odio.

En el fondo eres infinita
cuando eres humana
y cuando eres tristeza,
en el fondo de ti,
en el ser que tú eres
y en el aire que envuelves.
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Oda a la flor de cristal

Una flor de cristal se propaga
perdida entre sueños,
gota de rocío constante,
elevada en el eco
entre maderos y partidas.
Perdiendo olvido
en sus compaces,
en su pura transparencia,
en el delirio, silente y cauto.

Flor, de todas las vidas,
eres la indómita respuesta,
la coraza
de transparente poderío,
cuando surge serena, una llama
en el frío del sol.

Y como dos caminos,
tus brazos y piernas,
certeros y confundidos
hicieron una sola forma,
un solo fruto
y un sólo instante.
Elevándose
la vida en aquel reflejo,
y el universo se conjugó
en tu hálito constante,
como inocente alegría
en manos de una niña
que te llevó a su pecho.
Y en la concavidad del mundo
floreció la luz
del astro en claridad.

Ha llorado el día quejumbroso
sus pequeñas y delgadas lágrimas,
en los muros y la tierra del hombre,
así, en ellos madura
sin semilla la inercia,
y derraman
su presencia rápida y gris.
Pero tú, clara flor sublime,
nunca apresuraste el tiempo,
no te consumes ni renaces,
te esparces como lluvia de río.
Viajas, desapareces y reapareces.
Y de nuevo eres inicio
sin sueño ni final.
De nada es distante tu reflejo,
no hay sequía que marchite
tu sangre plena y tu equidad de sol.
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