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Electricidad humana (con @JanaRivera)

Bajo mi párpado de luna
despliego una cala azul,
habito un edificio
de horas de piedra,
el suelo lleno de escamas,
mis dientes hablan de hambre,

germina en el paladar
la cebada ahogada,

bandadas brillantes surcan
fachadas de barro,
me cuentan bajito
que lloran los días nubes moradas

aguardan el día en
que la marea se dará la vuelta,
para descansar sus mejillas en la orilla

cada nube en su lugar,
húmedas,
para devolver su deuda en lágrimas

filamentos líquidos, de languidez ingrávida

ruedan y se deslizan entre pómulos de albaricoque,
se depositan en el balcón de la boca y,
ahí, lanzan al viento su sabor amargo,

suenan a cambio,
buscan olivos y menta,
respira las horas con el placer
de quien mastica días,
la noche escucha,

cuando el lenguaje falla
las estrellas hablan,
contiene la respiración,
el cielo un mar de ventanas de luz blanca,

visión de vapor,
aceite para los cabellos descalzos
que planean sobre nosotros,

epidermis de milibares,
se rompe bajo la presión del abrazo,
bajo el hambre de bocas tristes
que necesitan calmarse a base de besos,

almas sedientas de cúmulos y nimbos,
de pétalos marchitos que vuelven a la vida
con la descarga del trueno,
con la verbena del cielo,

cae un día y rompe su forma,
se quiebra lo duro,
lo blando se pliega sobre sí mismo,
la palabra es blanda,
flexible, resiste el viento,
soy un campo moviéndome al decir del viento.

Y entre el anticlinal de mis sueños,
apareces tú, de musgo fresco y párpados húmedos,
de sílabas claras y diéresis de agua,

mi tormenta acaba de empezar…
… aquí llega la luz,

nuestra electricidad.

/

Colaboración eléctrica con Jana, saltando entre nubes moradas,
el cuerpo como sistema ciclónico, el aleteo de una mariposa
puede cambiarlo todo, un placer siempre colaborar contigo!!!
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33comentarios 277 lecturas colaboracion karma: 140

Algoritmos

¿De qué hablan?
¿De qué hablan los otros?
Ella sostiene una taza,
él está demasiado cerca,
el gesto del roce los separa,

el vuelo de las mariposas,
suspiros del aire, quizá
los fragmentos de un país,

de noche el mar esconde su ironía,
las olas, el movimiento,
no tiene voz, lenguaje azul,
mirada: yo soy el canto,
dice ella, yo también, añade él,
soy la sirena, el abismo,

distancia azul entre costas,
las ballenas hoy son algoritmos,
plásticos a la deriva bajo lluvia ajena,
la orilla de los cuerpos no puede medirse,

huyen de un país al que vuelven,
huyen siempre al mismo país,
se han perdido en los bordes del mar,

alguien se ahogó, también el canto,
pero en nuestra orilla, es azul,
somos azules, ya no leemos poemas,
si nos dejaran, los mataríamos,

si nos dejaran,
los ahogaríamos, como a las ballenas,
haríamos del mar un paisaje,
una curva de luz desolada,

sólo nos rendimos culto a nosotros,

si nos dejaran,
nos daríamos miedo.
¿De qué hablan los otros?
¿A quién le importa?


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Texturas de carne

Gravedad,
todo se desmadeja
hacia el principio,

sin certeza de fondo,

la física de los cuerpos,

texturas de carne
se cosen en sudor y silencio,
se palpan transparente,

se oye un trueno,
sobre la cabeza
una tormenta de raíces,
las arquitecturas de otro universo,

son peces en el bosque
ondulado de los libros infinitos,
se oye el primer canto,
constelación de palabras
que fortalece la forma del silencio,

los cuerpos abandonan
las antiguas formas de mi cuerpo,
mudar los tejidos es dulce.


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11comentarios 106 lecturas versolibre karma: 127

Ropa

Otra vez, subir a la terraza,
destender la ropa, mi ropa,
algo tan simple,
causa tanta herida,

ondula la cuerda,
movida por un aire envejecido,

en la nada sólo mi ropa,

quisimos decir mañana
y no,
no llegó,
me acompañan el viento,
su golpe,

respirar y sobrevivir a la fragilidad,

destender la ropa, el recuerdo
una vara en mi vientre,
vuelta hacia mi declive,
el ánimo,
el abandono,
el deseo,
dejar que un temblor
se acomode en la palma de mi mano

la cuerda propagando sueños,

la terraza, el desierto,
una vez más.

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El mundo en su preñez

Y ahora ando
sobre aquello
que en otro tiempo
fuera un bosque,

una superficie de papel,

descalzo sobre el silencio,
de la página en blanco
sobre la que tejer el mundo,

nace de tinta, cada línea
esconde una verdad,
cada punto se sabe exacto,

un agujero,
un abismo,
una vela soplada
y cae la noche,

tendido en la medianoche
abandono la antigua forma de mi cuerpo,

otro cuerpo es posible,

me encaramo al nuevo esqueleto,
la flor del verbo y el nombre
en el bucle temporal de la muerte

arcilla, barro, semillas,

experimento la vida
en su preñez,
siembro y ando
aquello que fue.

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10comentarios 136 lecturas versolibre karma: 133

No caber en el lenguaje

La vida,
una rebelión de lobos
en mi boca,

ladridos lineales,

me peleo tan adentro
hasta echarme de mi mismo,
que me seco pétalo a pétalo,

ser rama quebrada,

caminaría descalzo
sobre mi cuerpo para amarte,
quise hacerte presa del poema,
te alojé en mi boca,

fui yo quien acabó preso,

ya sólo ladra mi boca,
no hay lugar para el lenguaje,

no caber en el lenguaje
es no caber en la vida.

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13comentarios 110 lecturas versolibre karma: 145

El espejo, un cazador

Ayer cacé un rostro en el espejo,
tenía la huella que deja el deseo

la mirada de un reloj que parpadea,
los labios de un trazo negro,
un gesto a punto de desplomarse,

un borrón reflejado,

y las letras ya no se veían,
mudas como una lengua caída,
sin entender el verbo,

habían perdido el eje,
marchitos rebosaban vocablos
de entre los dientes,

mis dientes,

mi horizonte tembló,
no hay tanto donde caer,
hasta el cielo se tropezó,

se hizo noche,
negra,

antes veía estrellas
al raspar el cielo,
ahora,
he dejado de vislumbrar
destellos detrás de todo,

ya no voy al encuentro del milagro.

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22comentarios 180 lecturas versolibre karma: 143

Sed de azul

No todo el mar basta
para cierta sed de azul,

la mía es la del filo de un cuchillo,
un cristal líquido clavado
sangrando un cielo abierto de agua,

siempre bailando al borde

royendo su voz el hueso
blanco, ropa tendida al sol,

alguien lanza una piedra
a la boca del gato, se rompe

el cántaro juega con el canalón de agua

la ciudad contamina los huesos,
perfora el cuerpo e imprime
sus laberintos en mi piel,

esta ciudad es mi celda,
me habita sin que yo la habite,

entre sus calles, ni todo el mar
basta para mi sed azul.

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Nacimos en todas las orillas (con @Isaac_Freire_AM)

En ese momento decenas de voces humanas
Iban cayendo despacio,

acomodando el silencio a la espera,
colectivo de palabras en un velatorio.

¡Una vez más nos mataron!

A tientas buscan el ojo de la cerradura,
empujan puertas enfermas, sin pilares
ni dinteles, tapiadas con fantasmas,

se niegan a que se pudran sus venas,
beben andando sobre la tierra,

una última esquina, un último vistazo,
a los cuerpos inertes, desvanecidos,
aquellos extraños días, aquella
extraña ciudad,

miles han recorrido sus sueños,
definitivamente;

esos cuerpos se quedarán sin su muerte

nacieron sus brazos para abrazar,
hijos, madre, nietos, abuelo, querido,
no para nadar las olas
encrespadas en sus sueños,

les persigue sin sosiego el destino

a la espera, hoy, siempre hoy

soñemos primero y seremos mañana,
no escribimos para defender migajas,
sino por libertad,

porque nacimos para la vida,
ahí, desde todas sus orillas.


--_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_

En colaboración con el maestro Isaac
@Isaac_Freire_AM
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el pasado, saberlo puede costar el futuro

Tú, un ángulo, un punto de vista,
lo desaparecido se proyecta
en la sombra de la fotografía,

es el arte del recuerdo, la luz
que sobrevive al cuerpo,

en esta casa ya no hay alma,
miro tu fotografía, pasos mis dedos
sobre tus cabellos de desfalleciente plata,

me cubre una llovizna seca y silenciosa

no era verdad que habría tiempo,
nunca quise ese final para estos ojos,
tu nombre se ha perdido, lo ha
desmantelado el tiempo a lo indeterminado

todo tiempo es esqueleto, se repite
en lo putrefacto, tu fotografía
está tratando de incendiar mi presente.

¿qué es eso abuelo?

una mariposa dormía sobre el geranio,
la cajita desprendía olor a sándalo,
tenía la tapa tallada, un nudo,

¿qué guardas ahí abuelo?

el pasado, olvídalo, saberlo
puede costar el futuro,


de eso, ha pasado tanto tiempo,
y aún así ninguno sabe nada del otro,

la fotografía nos da un recuerdo no vivido.

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15comentarios 126 lecturas versolibre karma: 120

Cuando quiero llorar pienso en ti

Me cautiva el olor del hayedo,
su mar que es tierra mojada,
aquí, las palabras maduran
como los frutos, mientras caminas
los árboles besan tus pies,
se desnudan, son piel infinita
que llueve sin cesar, entre la bruma
habita una oca, le arranco
una pluma. Escribo: abrazarse. Incinerar

lo que quede de nuestros cuerpos,

el otoño viene desde tan lejos,
nacimos para abrazar, hay cuerpos
que no saben hacer otra cosa:

arder

sin fuerza, sin grito,
solo con la soledad

aullar como un niño de pecho,

cuando quiero llorar
pienso en ti.

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El salitre ha secado sus costillas

Sombra de plumas amarillas
que empolló el otoño,

después de una larga travesía,
encaran –los peces
navegando por los espejos
–,
el paseo de hojarasca,

es un atardecer de lotos,
la luna es tirada por unos remeros,
recogen las redes los marineros,

el salitre ha secado sus costillas,

el cuervo se unta
con los betunes de la noche,
vuela sobre los mercaderes,

campanarios, relojes, antenas

relucen las máscaras, el aire
de distinción al que aspiran
los transeúntes,

visten pieles de serpiente,
observa el cuervo, su boca
es agua, llueve sin cesar

los poemas enmohecen,
se abandonan,
el cielo es una puerta
por donde huyen las estrellas,

ardieron vivas, cayeron
pintarrajearon el cielo,
lo demolieron, clausuraron la noche,
me dejaron sin imágenes

ciego

arrojo el anzuelo,
trato de pescar sirenas.

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14comentarios 115 lecturas versolibre karma: 124

Cada cierto tiempo

Cada cierto tiempo un cuervo me atraviesa
dejando tras de sí un graznido sordo,
su voz ronca, reverbera en la vasija que es mi cuerpo,
hasta instalarse en un quebrado.

La fragilidad me define.
Es sólo cuestión de tiempo, sibila alguien tras mi oreja.
Pero nunca hay nadie.
Solo manchas que bailan ante mis pupilas.
Una llama azul de azufre se consume en la palma de mi mano.
Es sólo cuestión de tiempo,
me susurra el oído, todo tiene su tiempo.
Hasta la muerte tiene el suyo,
sólo que ella no lo sabe.
No hay nada tan mal valorado como la vida.

Se la maldice muchas veces.
Odiamos los lunes,
el mal tiempo,
al vecino,
sus gustos musicales,
las noches solitarias,
los miércoles por su mediocridad…
tantas cosas,
hasta que llegue el momento,
ese infinitesimal instante,
en que toda esta abundancia deje de existir.
Todo desaparecerá.
Incluida la muerte.
Su posibilidad.

A medida que el cuervo se distancia de mí, lo oigo hundiéndose sordamente en mis lejanas aguas. Escucho la caída, el chapoteo de sus plumas. El líquido infiltrándose a través de las barbas hasta el raquis. Lo etéreo transformándose en plomo. Veo el peso de la vida. El desamparo de un desfile solitario. Su ahogo en un cubículo sin dimensiones, donde luz y sombras son fantasmas quietos. En ese interior fracturado vive y muere el silencio buscado. Si diese un grito me rompería por todas partes. Por eso callo. Prisión, libertad. Son las palabras que vienen a mi mente. El ave sigue allí. El plumaje empapado un saco de piedras que tira hacia abajo. Libertad no es lo que deseo, eso todavía no tiene nombre. No ha sido mencionado. Su voz quizás se esconda en un lugar recóndito. La profundidad de las aguas que se llevan al cuervo quizás escondan el vocablo. Moriré de sed antes de beber de ellas. Son aguas ciegas y serenas donde la vista nunca debería adentrarse.
La mirada de los vivos debería estar vetada.
Allí los colores son pesadamente sombríos,
la fragancia morada, el aire amargo.

Sigo respirando.
El cuerpo del animal ha desaparecido.
El mío continua vibrando por el impacto del cuervo.
Por un momento no temo nada, soy feliz.

Quizás.

Mi mente no piensa en palabras,
no tiene pensamientos, sino música.
Sonidos que creía entumecidos me envuelven.
Me atraviesan sus sonidos,
soy su fuente y receptor,
estremeciendo mi cuerpo.
Anulan. Aniquilan mi ser.
Más allá de la libertad,
me deslizan a otra dimensión.
Al momento perfecto donde todo desaparece.
Donde el grito es posible.
Donde es canto.

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Sucesiones convergentes en el infinito

Corría tan rápido como mis piernas me lo permitían hacia el infinito, hacia el objetivo marcado tantos años atrás, tantos que resulta imposible rastrear el origen del mismo. Está allí, es un objeto indefinido y brumoso en perpetua suspensión y punzamiento con el universo que gravita a su alrededor. Avanzo en su dirección pero nunca lo alcanzo, enredado en la paradoja de que al recorrer la mitad del camino, me queda todavía la mitad del camino restante, y que al avanzar la mitad de la mita restante me seguirá quedando la mitad de la mitad, y que así será siempre: mitades de mitades, medios caminos hasta el infinito.

Infinito,
que palabra tan vasta.

La primera visualización del mismo no tuvo lugar frente al mar o un horizonte recortado por numerosas montañas, sino algo mucho más banal. Imaginé un paisaje de dunas inmenso de pipas. Sí, aquella fue la primera vez que me enfrente a tan gran concepto. Tendría por entonces seis o siete años, y mientras mi padre miraba de explicarme aquel nuevo vocablo, yo pensaba como aplicarlo a la diminuta bolsa de pipas saladas que estaba comiendo a la salida del colegio. ¿Sería posible dar cabida al infinito en una de aquellas pequeñas bolsas de duro Churruca? Una que fuese inagotable, donde cada vez que se sumergiese la mano, o se volcase sobre la palma, uno obtuviese una buena cuantía de pipas de girasol. Que alcanzasen para cubrir todo el camino desde la escuela hasta casa.

De haber tardado un par de años más mi padre en definirme el infinito lo hubiese visualizado en forma de kikos, puesto que con el tiempo sustituí las bolsas de pipas por las de maíz tostado. Me gastaba las veinticinco pesetas que me daban, como paga mensual, en el kiosco de la plaza que cruzaba a la salida del colegio. Allí, todos nos abalanzábamos sobre el mostrador para obtener un par de bolsitas de ricos y crujientes granos de maíz inflado y tostado. Entonces los objetivos estaban claros, eran sencillos, realizables. Luego, en algún momento, todo empezó a complicarse, tanto, que al final los objetivos resultaron irreconocibles, lejanos y ausentes de la vida cotidiana, agotados en el limbo del infinito.

Cuando ya me había acomodado a la idea de que era imposible y ridículo perseguir una cosa cuyos límites no estaban bien definidos, que los objetivos eran una quimera sin sentido, y ante lo cual decidí vivir mi vida como un turista de mi mismo, dejándome sorprender por mis erráticos andares, eludiendo cualquier grupo guiado por un paraguas en alto entre las multitudes, descubrí que el infinito era posible. La suma de la mitad de algo más la mitad de la mitad de algo, y así sucesivamente converge en algo completo. Mierda, los objetivos volvían a ser alcanzables. Una fórmula, unos simples y estúpidos juegos aritméticos, me despertaron de mi letargo, de la ruta ociosa y caprichosa en la cual llevaba tiempo inmerso, y que ahora me repelía de nuevo. La felicidad de vivir sin un mañana, plenamente auto-convencido de haberme perdido en la inmensidad de lo inalcanzable, me fue despojada por una ecuación que debería haber sido capaz de resolver muchos años atrás. Así que volví a lo realista, que no por ello real, de perseguir un objetivo. De vivir en pos de un sueño.
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La casa de los huesos

La noche golpea las ventana. Baila una cortina carmesí en la casa de los huesos. En ella, los rostros de hambruna se asoman al exterior a través de los ventanales. Cada parto que tiene lugar entre sus muros trae al mundo gemelos: el humano y sus miedos.

El niño de suave rostro mira la expresión seria y ceniza de la madre. "¿Por qué no puedes tu también ser agua?" le pregunta desde el suelo. Cuando era más pequeño, continua, y jugábamos a encajar las figuras geométricas, respondiste a mi pregunta de qué figura geométrica era yo, diciéndome que era agua. Que podía adoptar las diferentes formas que quisiera. Que no habían obstáculos. Yo sé que tu también eres agua, pero que lo has olvidado, que te acumulas en la forma que te sujeta. Tienes miedo de traspasarla, de liberarte.

En el portal de la casa, sentado un chucho hecho de huesos. Su expresión derrotada cosida directamente sobre la calavera, sus iris más negros que una noche sin luna.

–Visita al hombre que pinta infancias en esta ciudad de hombres de ceniza, y lee sus poemas en voz alta –me recomienda el destartalado jamelgo–. Al hacerlo las palabras serán suyas pero el canto será tuyo. Heredarás su lengua. Escucharás su historia, la de sus carnes que acorazan su alma. Las palabras que quieren con todas sus fuerzas exorcizar al miedo, un miedo convertido en fusil. Una desesperación en soga. Palabras escritas que nacieron para contar esa historia que esconde, que lleva años sin comer, y sin dejar comer a las otras. Debes cantar sus letras para descifrar la historia que enclava sus otras historias. Canta sus letras. No las dejes morir. No pueden morir. ¿Si no quién cantará la esperanza?

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Marea de amapolas

A veces mi sonrisa sangra.

Sangra,
cuando cree haber extraviado por el camino al niño que capturó el sol en sus juegos.
El que colgaba boca abajo de la rama, mimetizándose con las vainas del algarrobo. El que, como zarcillo, se enfilaba a por los higos llegado el verano, y lamia de su cuerpo la sal robada a la mar. A aquel secuestrador de lunas que soñaba con el Océano de las tormentas, o el Mar de la serenidad, en atardeceres sentado junto a los rederos del puerto. Partiendo piñones con una piedra o desmigajando pan seco para placer de las gaviotas. Para gozar del vuelo de sus risas.

[Risas de una mar como tus ojos garzos]

Risas trasmutadas en lágrimas cuando la ruda mano del pescador golpeó y viró la cabeza de un pulpo. Se quebró aquella tarde el corazón sobre el muelle.
Rehilaban los maderos,
tiritaba el corazón,
parpadeaba el sol muriente.
Es entonces, cuando creo haber desatendido aquel corazón flameado, cuando aflora la sangre como oleaje de amapolas en campos sembrados. Con toda su viveza y brutalidad.

Sangra,
cuando en la noche, haces tuya la luz de la luna. Cuando viendo sus fulgores vistiendo tus pechos, percibo los rumores de esta pequeña Babilonia que cimienta mis deseos. Deseos confusos e inteligibles. Deseos que tomándote por la cintura confío en descifrar. Ese siempre querer partir, y nunca querer llegar que me habita.
Ese temor por la vida,
o la muerte,

[que al fin y al cabo son lo mismo, ]

que quedó enmarañado en un muelle a la deriva.
La cabeza del pulpo volteada.
Se cierra el mar al caer tus párpados.
Respiro azul.
Azul que apacigua,
y exhalo cerúleos deseos junto a tu azulina sonrisa nocturna.
Y sangra.
Sangra la mía cuando tus ojos y tus labios se duermen.

Marea de amapolas en mi boca.


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Cielo piel de sirena (con @AljndroPoetry)

Se descama el día,
ve cruzar la luna
y se abraza
antes de abrirse al sueño

cielo piel de sirena,
viento de plata,

la ventana, el río, la sábana,
el vientre está dormido

un silbido,
un croar,
un resuello;
el del día fatigado

un destello,
una flauta,
un violín;
un concierto en el cielo

gira el día,
una moneda lanzada al aire,
se besan los planetas
en el cielo profundo

[lagunas suspendidas]

el tendero cimbrea,
corro cortinas sobre mis ojos,
lo vivido se estremece

y duerme la luna
en su lecho argénteo

y penden los sueños
de los reversos etéreos
de los mundos inversos
de alternos universos
de fantasía y color

y duermo
y muero
despierto a otras vidas

[… y sueño]

gira el tiempo,
estela fugitiva entre soles,
ahí está la belleza,
está lejos
está cerca
está en mi

[sueño]

me hundo
me rescato
nado hasta la orilla
de mí mismo
y vuelvo

... a los confines sin retorno
de un sueño
.

/

Sueño espontáneo de la mano de Poetry y su maravillosa lírica. Una delicia compartir letras para llenar el espacio de sinfonías y sirenas argénteas.

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Drina Krina

El hombre sin rostro se tatúa una expresión, sube al púlpito y predica sus gritos silenciados.
Siembra dentelladas al aire que propagan violencia
edulcorada en palabras que caen como espigas de agosto.

Carmesí fluye el río.
Meandro grana desde el cielo.

Plumas tintadas de bermellón aglutinadas en el suelo.
Picos desgastados en sus orillas, saciados de carcasas.
El Drina, río curvado, serpentea en sus noches.
Teñido. Rostros purpúreos en las orillas.
Corinto el pelaje del perro. Manchado.
Encarnadas las amapolas.

Gemidos que respiran mudos en sueños
compuestos por la cruel materia delicada de las flores.
Con el alba llora pétalos, pétalos blancos como de humo al recordar sus orillas.
El llanto inútil, invisible, bajo sus aguas.
Pétalos blancos de los que se alimenta.
Blanco sobre rojo.
Labios heridos.
Rojo sobre blanco.

Presente y pasado discurren paralelos.
Indisociables.

Dos paralelas que se cruzan.

/

poema escrito años atrás en uno de mis viajes a Bosnia, el primero para ser exactos. Aún estaban ahí las huellas del horror en sus edificios, sus carreteras y en el rostro de la gente. La belleza del paisaje y la amabilidad de sus gentes hacía difícil imaginar que en las orillas de esos ríos, cruzados por puentes tan hermosos, recogieron un día tanto horror. Quería decir que ojalá estas cosas no se repitiesen, pero me da vergüenza sabiendo que lo que pasa en Yemen, Palestina, Siria, Birmania, Somalia o Sudán del Sur, y otros muchos que me dejo. Aún así, mantengo la esperanza de un futuro sin conflictos ni odios.
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Pescados frente al estanque

Los muertos, como los pescados,
son enterrados en periódicos,
página doce cuarta columna,

así nos son ajenos,
aunque los vomiten los mares,

paseamos sensibles entre flores
hasta el banco en el parque,

allí, observamos el vuelo,
la delicadeza de las mariposas,

el periódico al lado,
sobre el banco de madera,

¡qué bellos se ven los patos en el estanque!

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Un mundo de cristales rotos

Tiene la belleza el tiempo
de un caballo desbocado,
la juventud la rompe
como un vaso

de la vida,
hace un mundo de cristales rotos

Ahora, en la edad
en la que la certeza caduca,
miro el mundo perplejo,

la vida se está
llenando de grietas.

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