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El mensaje del chamame

Yo soy el mensaje, estoy en todos lados,
en él Sónar del acordeón, en él bramido de un toro malo.
Me voy en el vuelo de las aves, regreso al alba, cuándo cantan los gallos.
Soy brisa suave de primavera, caliente cómo sol de verano, dulce cómo miel, fuerte cómo quebracho.
Corro veloz, cómo un potro salvaje; me detengo suavemente en las melodías de un bandoneon, qué llora lastimoso, las injusticias de mis paisanos.
Soy, casi milenario , salí de la virgen selva india, de la provincia de corrientes,
republica Argentina.
Yo soy él mensaje, estoy en todos lados, en esa madre qué llora, en un niño jugando, en los ojos de los qué se aman, en él silencio profundo de mi abuelo y en los valientes soldados, qué por mi patria lucharon.
Voy caminos tras caminos, los rios qué habré cruzado, me saludan los troperos o algún achero en un camino borrado y halla en la capital, mis amigos me están esperando.
Mí casa es un rancho perdido en él monte qué lo habita un viejo paisano, qué pasa los dias de sus dias, con una guitarra , a su pago cantando.
Yo soy él mensaje, estoy en todos lados, en el tiempo qué se a ido y en éste nuevo qué va llegando... señores, soy él chamame, mensaje de mis hermanos.
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Diego, un grito de gol

Jugaba con un corazón
en cada mano,
en su corazón tenía pasión,
en su pié zurdo, un pincel,
talvez... talvez en otra vida,
fue un eximio pintor.

Y dibujaba con su pié
murales de emoción,
color verde de la cancha,
grito al viento de gol;
sé enfrentó mano a mano, con la muerte;
pero él, un sombrero le tiró.

Sé enfrentó a los poderosos,
en la cancha; mejor dicho fuera de ella,
varias veses subió a una estrella
Y otras tantas sé cayó,
más tantas veses sé reinventó
después qué lo dieron por perdido.

En México inmortalizó
su obra magistral,
nadie lo podrá igualar,
por más qué pasen centurias de años
porqué él en esa corrida
le esquivó al viento, las flechas y los dardos.

Su nombre es enseñanza,
también él qué enseña,
él siempre levantó la bandera
de nuestro pueblo Argentino
y por ser hijo de correntino;
con su bravura , correrá hasta el final.
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Rumbiando sin destino

Yo té vi por mil caminos,
caminando sin parar
con tú bolso sobre la espalda
y un perrito por detras
A las estancias sabías llegar
por un plato de comida
y en el galpón, después te dormías
para luego echarte a andar.
Quién sabe por dónde andarás
nunca té volví a ver,
pero...té recuerdo y no sé porqué?
té llevo en mis pensamientos.
Hoy qué ya soy grande, por las tardes
miro aquel camino y me parece qué veo
a un linyera, Rumbiando sin destino

Argentina, verano 2019
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La espera de Ramón

La casa quedó vacia,
sé vistió de soledad,
qué triste quedó Ramón;
su dueño no volverá.

Sentado frente a la puerta,
él, espera y espera sin césar;
la vuelta de su amigo y amo,
compañero de noches frias
y alboradas llenas de trinar.

Su dueño, sé fue de imprevisto,
no lo pudo saludar,
pero, Ramón mira para la calle,
cuándo cae la tarde, lo quiere ver llegar.

Aveces, cuándo yo paso,
de la vereda lo suelo contemplar,
en su mirada sé le nota, la ausencia de
su amigo , qué algún hueso
le sabia regalar.

Y, pienso para mis adentro;
¿cuántos, Ramones habrá?
abandonados en las calles
deambulando, de aquí para halla.

Qué triste quedó Ramón,
su dueño no volverá;
pero, el lo espera todas las tardes;
aunque ya nunca... su amigo vendrá.
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Setecientos cincuenta y seis poemas.(756).

Tengo un auto viejo,
diría qué no sirve,
un perro al qué no le hablo
y una larga noche triste.

Tengo un perfume, qué no uso
un jardín qué ni lo riego,
Setecientos cincuenta y seis poemas
qué no escribí y un regreso qué no espero.

Tengo, tengo, tengo, tengo
pero de lo qué hay, nada encuentro
tanto qué sin mirar,
vi jugar las estrellas en el cielo.

Tengo en mi cabeza,pensamientos qué no recuerdo;
un frasco de dulce de leche vacio,
cuatro copas rotas, de vidrios
y sin comprar todavía, un vino dulce patero.

Tengo, tengo, tengo, tengo;
pero de lo qué hay, nada encuentro;
casi qué sin proponermelo, sin querer, al habrir la puerta de mí casa; tú estabas ahi
y pude recordar, qué yo, qué yo... te debía un beso.
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Él último tropero

En un lejano amanecer
cuándo el alba va mostrando
sus destellos;
sobre él lomo de mí caballo
cruze, por la calle de mí pueblo.

¿ Adónde, habré de ir, con mis setenta y pico cumplidos;
me dije dentro de mí, mientras enderezaba
el caballo, pal' lado del viejo camino.

Mí fiel perro compañero
por atras, me seguía despacio,
sabiendo qué a su viejo dueño,
lo iva alcanzado el ocaso.

Tristemente a lo lejos, cantó
un zorzal mañanero
como despidiendole pa' siempre,
al último tropero.
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La hija del dueño del pueblo

Yo, qué no tengo más riquezas,
qué es la de escribir, solo mis versos
¿porqué, té fijastes en mi,
sí sos la hija, del dueño del pueblo.

Yo, qué no tengo, más riquezas
más qué una pluma, un papel y algún sueño;
tú té vinistes conmigo,
aunque tus padres, me odien y digan qué soy, un bohemio.

Yo, qué no tengo mas riquezas
más qué paisajes, atardeceres, estrellas y cielo; tu, a mi me elegistes
tú, qué eres la hija, del dueño del pueblo.

Hoy, qué los años ya pasaron,
a corrido mucha agua, debajo del puente viejo; nuestro amor a florecido, con hijos, hogar y nietos, a pesar de la negación, qué tus padres nos pusieron;
tú, por ser la hija, del dueño del pueblo
y yo tan solo... tan solo, un bohemio, con un puñado de versos.
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Pecadores

Al encontrarse sus miradas,
sus hojos ardieron de pasión y de fuego,
no lo podían ocultar;
hace tiempo, sé amaban en silencio.

Él le obsequió una rosa,
ella le dijo, te quiero,
sé tomaron de la mano y juntos caminaron
para hacer realidad,
lo qué siempre sintieron adentro.

Sé confundieron en él atardecer,
de aquél junio de invierno,
hacia frío, no importaba,
los dos sé estaban queriendo.

Luego, una y mil veces más,
sé vieron otra vez; ya no los quemaba él fuego;
sé fueron olvidando, de a poco
para no tener tanto qué sufrir;
los dos habían pecado y ése inmenso amor tenía, qué,morir.

Én él encuentro de despedida, sé miraron
en silencio;
él le dijo, te quiero; ella, con un llanto, rompió el silencio.

Sé separaron y caminaron,
cada uno por su lado;
ya no había, junio de invierno,
la primavera, estaba comenzando.
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La angustia de los qué no tienen voz

¿ Qué piensan?
¿de qué hablan?
sí a ellos nadie los escucha,¿porqué, tanta crueldad? ¿ a quienes responden, los qué no escuchan, la angustia, de los qué no tienen voz.
Decisiones, qué nadie imaginó, destruyendo lo más ínfimo, necesario, para lo qué, ellos llaman un numero, pero en realidad, son familias, niños , abuelos, sacándole un plato de comida; hasta la ilusión, ¿porqué, ellos no escuchan? la angustia, de los qué no tienen voz.
¡ Hay, pueblo mío!, espera firme, cómo en la selva es el León.
No claudiques, pronto sé soltara, un río de alegría, trayendo la ayuda de Dios.
Entonces cantaremos unidos, loas al cielo y entonces acabará la angustia, de aquellos , qué no tienen voz.

Argentina, febrero, 2019.
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Todavía

¿Porqué, me gusta el invierno?
¿sí sus mañanas son heladas?
¿porqué, recuerdo su nombre?
si mi corazón, todavía, la extraña.
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Me olvidé qué me olvidaste

De tanto qué yo te pienso,
de tanto qué yo te quiero
me olvidé qué me olvidaste;
tan sólo , tan sólo... soy tú recuerdo.
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Adiós, café y felicidad

Cerró la puerta, dejando un mundo de adiós, tragó una bocanada de aire frío y exsalo, cómo largando un grito de silencio.
Caminó por la vereda, llena de hojas secas,
estas sé movían según el viento, en remolinos, él también iva de un lado a otro, sólo sé guiaba por su instinto.
De pronto, alguien lo llamó por su nombre, lo cuál él no prestó atención, su nombre hacía tiempo qué nadie pronunciaba.
Otra vez, lo llamaron por su nombre, sé da vuelta, una sonrisa enorme, encontró en ése rostro, lleno de alegría.
Él volvió tras sus pasos, sorprendido, recibió un beso y una invitación a un café.
Entró al bar, abrió la puerta, luego la cerró; ya no dejaba un mundo de adiós; más bien encontraba la felicidad perdida.
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Un tren, una flor, un dolor

Me quedé solitario
muy triste en la estación
con una flor en la mano
y un dolor en él corazón.

Me quedé solitario
Muy triste en la estación
con los hojos llenos de lágrimas
y mis oídos, sin escuchar tú voz.

Me quedé solitario
Muy triste en la estación
rodeado de mucha gente
y yo tan solo, embriagado de dolor.

Me quedé tan solitario
muy triste en la estación
mirando marcharse él tren
qué nunca te trajo a vos .

.......................................................................................
Él tren se va despacio, la flor entre mis manos murió.
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El honor del árbol

En un soplo tempestuoso
el viento al árbol desgajo
él pobre quedó herido
sin nidos, frutos ni flor,
él viento siguió soplando
con ráfagas llenas de furor.
Luego, después del viento
la helada lo marchito
él pobre quedó sin hojas,
sin pájaros ni pichón.
Más, luego, alguien llegó con él acha
y sus ramas le cortó.
Más luego, llegó la primavera,
él árbol sé retoño
volvió a dar los frutos y él pájaro cantó con su pichón.
Qué firmeza, la del árbol
para aguantar tanto dolor,
después del viento y la helada,
sé levantó con honor,
ofreciendo frutos, leña y sombra,
todo ... sin odios ni rencor.
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Donde no cantan los pájaros

Cuándo el la vio
sintió qué la conocía
diciéndole, muy seguro
qué fue suya en otra vida.
Ella, ella lo miró de frente
respondiendo, sin ironías;
creo qué no es hasi
por qué siempre fui mia.
¡Pero, sí tú quieres cariño!
viajemos, sólo de ida
qué yo te haré mio,
sin regreso a esta vida.
¿Con quién la confundió?
diciéndole eres mia;
¿Porqué , ella lo llevó
dónde las noches son frias?
dónde no cantan los pájaros,
ni el sol... sale de dia.
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Hacia el infinito

Mirando hacia lo lejos
dónde sé termina él camino,
justo cuándo un trino
anuncia la puesta del sol,
sé siente una gran emoción,
creyendo estar solo en el universo.
En ése presiso momento, uno viaja hacia el infinito, desconectandose de todo
y el alma sé relaja de tal manera
qué mirando para el cielo, parece
qué sé caen las estrellas.
Él corazón entonces encierra
la bondad de éste misterioso universo
para llenarse y desbordarse, cómo un arroyo cuándo lluebe, gritando viva la libertad, viva la libertad y por siempre sea eterna.
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Cuándo el Sol

Qué triste qué es volver
si no hay nadie, qué te espera
solo la casa vacía y el recuerdo de tú ausencia.
Cuándo me siento sólo con una copa en la mano, hablo con mi corazón
qué sé siente ya cansado,
hablo con mi corazón, qué sé siente... cansado.
Qué triste qué es hablar
sin qué nadie te responda,
es como, un jardín desierto
dónde no cresen las Rosas.
Qué, triste es mi destino
de poeta enamorado,
tú estarás en otros brazos
y yo aquí llorando, tú estarás
en otros brazos y yo... aqui llorando.
Pero, si un día decides volver,
no lo dudes te recibiré,
me haces falta aquí ya lo sé
vuelve pronto, yo te perdone.
Y cuándo él sol, nace por las mañanas, me recuerda qué es un nuevo dia,
qué puedes tú llegar a mi presencia,
para alegrar mi triste pobre vida, para alegrar... mi triste... pobre vida.

Argentina, verano 2019.
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Puerto de esperanzas

Volaban gaviotas sobre el mar
Cuándo la tarde inclinaba,
la puesta del sol ardiente
qué para otros mares marchaba.

Sirenas de barcos pesqueros,
unos partian, otros qué llegaban
todo era alboroto y bullicio,
en aquél puerto de esperanzas.

Esperanza qué quedó dormida,
trunca, al saber la verdad
porque, la promesa del marinero
a, otros labios rojos fue a parar .

... Viejo puerto de esperanzas,
algunas de estas tardes, te voy a visitar...

Escrito en el verano de 1992
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Lo tanto qué te amo

Yo siempre quise besarte , tus labios lo negaron,
yo siempre quise querete,tú corazón sé a cerrado
mejor quisiera, no querer, lo tanto qué yo te amo.
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Lo tanto qué te amo

Yo siempre quise besarte , tus labios lo negaron,
yo siempre quise querete,tú corazón sé a cerrado
mejor quisiera, no querer, lo tanto qué yo te amo.
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