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Carencia de oxígeno

Cielo que devora,
que exige tormenta
ofreciendo tregua.
Oasis que regala respuestas,
esperanza donde solo había sucia tierra.

El telón baja,
el actor suspira.
Cómo decirle a la serpiente
que el león ha renacido.
No hay mayor veneno
que el amor al que se es sometido.

Muerte anunciada,
nostalgia inútil.
Mentir y decir que todo está bajo control,
tsunamis en sus ojos destrozando los esquemas.

Hallar belleza donde antes había "algo". O donde ni siquiera supimos que algo ahí estaba.
Sentir desgarre al mínimo arañazo,
dolor de alma con dolor físico expresado.

Certezas que la razón rechaza,
ilusiones con más fuerza de la imaginada.
El corazón ver poco sabe
cuando mitad y mitad se reconocen y se abrazan.

Si me preguntan cómo comencé a amarte,
diré con una sonrisa que jamás lo hice.
Que simplemente un día desperté a tu lado y
mientras aún dormías,
sentí el susurro del frío en mi piel:
piel de gallina nombrándome "valiente",
por correr con el pecho abierto
hacia la orilla...
Mirarte a los ojos
fue como adentrarme en el mar:
cuando advertí las consecuencias
ya me faltaba el oxígeno.
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Soledad agónica precedida por una ausencia

Cuánto se fue contigo es algo que no podré medir en esta vida. De todas formas, cuando me reúna contigo en la eterna nada, ni siquiera importará.

Lo único que logro sentir es este dolor que me desgarra por dentro el alma que había jurado que no tenía hasta entonces. Pero cómo no voy a tener alma si escuché aquella tarde cómo se rompía.

Experimenté por primera vez la verdadera soledad. Teñida de silencio, tuve que admitir que
la ausencia de palabras respondía sin duda a la herida más profunda. Cuando no encuentra manera de desahogarse quien escribe, la pena a una la desborda y lo único que queda del tsunami son este montón de escritos sin sentido.

Hoy te he vuelto a ver en un segundo, y mi corazón... lo cierto es que he tenido que decirme "no es él" para intentar apaciguar la inevitable taquicardia. Ésa que únicamente...
Hay días, como hoy, donde ni siquiera puedo acabar una frase con alguna de las verdades que me retumban en la mente desde aquel enero. Ojalá fuera por cobardía, ojalá por ser débil. Ojalá no fuera porque he asumido a golpes que nada de esto cambiará lo que pasó.

Cuántas noches preguntándole a los dioses en los que juré antaño que no creía, por qué él cuando tenía que haber sido yo. Por qué él cuando alguien como yo sigue creyendo que tiene esperanza, pues sigo aquí ¿para redimirme?
No merezco la oportunidad que me brinda el oxígeno que aspiro, ya tan solo me concibo como algo químico que no cesa y por ello sigue este simple bombeo de un cuerpo mecánico que se mueve por inercia, en lugar de un don otorgado.

¡Soledad agónica! precedida por una ausencia. Me veo reflejada en esta imagen como ya no soy capaz de hacerlo en las fotos en las que aún no te habías ido. ¡Cuánto he cambiado! ¡Cuánto todo! Y sin embargo, pareciera que me hallo encadenada frente a la obra de teatro estrella: la ironía cruel que me muestra cómo, de todas formas, todo supuestamente a mi alrededor sigue.
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REFLEJOS, "fénix veintidós"

La mujer intenta huir del reino utópico fingiendo ser mortal y se coloca, sentada con una pierna flexionada bajo la otra, a leer mientras coge un ramillete de flores que adornan el paisaje casi onírico en el que se encuentra. Se obliga a sentirse mal, o a sentir algo en absoluto, pero las huele y su sonrisa es despreocupada.

Mete una elegante mano en la cesta de mimbre que dejó con cuidado al lado del manuscrito, y saca una cereza color rojo sangre. La saborea entre sus labios mientras sigue leyendo y mientras las flores se mecen con el, para ella, imperceptible viento.

Su pelo color negro descansa sobre sus hombros haciéndole cosquillas en las clavículas desnudas de tez pálida. Suspira forzosamente cuando llega al capítulo que lleva demasiados siglos releyendo. ¿Cuánto hacía desde aquel entonces? Desde que el mundo se tiñó de oscuridad, egoísmo y vacíos.
Sus ojos, cansados pero brillantes, pasan de la hoja al horizonte con mucha facilidad, intentando sentir alguna de las emociones que está leyendo. Se coloca la congelada mano esta vez en el pecho, mientras traga la última cereza, y apenas si puede imaginar que algo late ahí dentro.

Al instante recuerda que ella no tiene por qué sentir, al fin y al cabo nada de ello le concierne. Que mientras siga en ese valle puede obviar la destrucción que acontece ahí abajo.

Al instante se le olvida ese agónico anhelo de sentirse humana.

Sigue leyendo: "¿Quién está más muerto? ¿El ser humano cruel; o el ser humano cobarde, que finge vivir en un mundo utópico para no asimilar o tener que luchar contra el otro bando?" [ Al fin y al cabo ni los dioses se atreven a intervenir por miedo a contaminarse de esa sed oscura que caracteriza al ser humano... ¿O quizá porque son el reflejo de ellos mismos? ]

Así que la mujer sonríe con indiferencia, mientras las flores del reino se marchitan y los cerezos se rompen y mientras otro humano con humanidad se desespera ante la crueldad que sigue en la Tierra creciendo y al parecer nadie tiene luz, altruísmo o amor con el que vaya esto a detenerlo.
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¿SOY?, "fénix treinta"

Soy libro incognoscible.
Lluvia que no hace reflexionar.
Domingo innecesario,
nada nuevo que adorar.

Soy ciudad en ruinas.
Muy fácil de olvidar.
Si crees que me amas,
pronto me despreciarás.

Soy chispa helada.
Invierno que no cala.
Café insípido,
no contesto si me llamas.

Soy niña cobarde.
Pintura inacabada.
No encuentro camino,
ni utilidad a estas alas.

Soy manta que no arropa.
Un león que no caza.
Si exiges que me explique
no encontraré palabras.

Soy muerte que no hace llorar.
La espina que no está afilada.
Únicamente lo que duele
me ciega y me atrapa.

Soy cariño no pedido.
Miradas que confunden, perforadas.
Si solo sabes de mí lo que digo
es que no sabes nada.

Y de todo lo que he dicho,
haciendo una lista llamada "soy bestia sin corazón: indicios",
no hay verdad que asimilar.
O quizá hay demasiada certeza
en cada espejo que me he obligado a no mirar.
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Viaje cruel y sin sentido, "fénix veinticinco".

He vuelto a soñar que esto tan solo era una mentira y que la realidad estaba en lo que soñaba.
¿Es esto un viaje que presumo no tiene final? Si miro a mi alrededor, todos los asientos están vacíos. Quizá este mundo es solo una obra de teatro sádica más.

Hace frío pero el sol está dando vida en la venta de enfrente. ¿Este interno invierno será permanente?
Siento que estás a mi lado en cada paso que doy aun sin estar andando, aun estando estancada en lo que pudimos ser y ya no va a suceder.

Mañana, el año pasado, fue el día más triste de toda mi vida. Como en esa escena de la película que más te ha marcado donde ocurre aquello tan inesperado y la música cesa. Un silencio aterrador sobrecoge la sala, nadie osa a pestañear. Y el silencio precede al "bum" de un trueno ensordecedor que nadie pone en tela de juicio. Acaba de ocurrir algo tan triste y traumático, que lo cambia todo, y que a nadie le sale llorar.

Te llevaste la mejor versión de mí y a veces me cuesta recobrar la conciencia. A veces me cuesta horrores reconocerme en el espejo, o detener las mareas contaminadas que siguen aporreando la puerta de mi corazón cada vez más débil. ¿Ganará la oscuridad, león? ¿Era esto lo que decías que escondía y tú tanto admirabas? Quizá estabas ciego. O quizá di la imagen equivocada.
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Melifluo destroce; "fénix veinticuatro"

Me siento como quien llega a un lugar desconocido y no sabe muy bien qué camino escoger. Joder, parece que para este laberinto no hay salida de emergencia.

Sigo sin comprender ni la mitad de lo que siento, y cada vez hay más silencio en lo que pienso. Unos lo llamarán paz, yo lo llamo vacío. A veces me reconozco en aquellos juguetes rotos que aunque te hacen sonreír porque te hicieron feliz en su momento, ahora son inservibles. Y esa es la cruda realidad, aunque finjamos que con esa sonrisa es suficiente. No quiero ser el recuerdo de lo que fui. No quiero ser el fantasma del alma que un día tuve.

Sin embargo, me hallo en medio de una calle repleta de gente y estoy más sola que nunca. A veces ni despliego el paraguas cuando llueve porque quizá si se me calan los huesos, mi corazón deje de palpitar por inercia y se espabile.

Me siento como el pájaro que envidian por su libertad pero que jamás lo recuerdan cuando preguntan por un animal. Como ese libro que he empezado tantas veces que he desgastado, únicamente, la primera página.

Al final sí voy a ser todo de lo que un día huí. A decir verdad, ha sido una escapada pero al revés, ¿entonces sobre qué demonios estoy escribiendo? Los míos se han convertido en esto... Pero, para ser del todo sincera, estoy en ese momento en el que el caminante, cansado, se plantea por un segundo volver atrás. Pero no lo hace. Porque ya está demasiado lejos y la vuelta sería más larga que llegar al final, sea cual sea éste.

Sigo a veces sin comprender cómo he llegado hasta aquí, a esta ataraxia confundida con soledad. Al final el encontrarse con uno mismo no es tan serendipia como creía. Quizá he estado tan pendiente de sujetar lo roto, que no me he preocupado por cuidar lo que seguía intacto. Y se ha roto también.
Y por eso en lugar de agacharme y que la vida se creyera que me arrodillaba ante ella, he levantado la cabeza, altiva, y he dado media vuelta mientras me decía a mí misma: ¿cómo crees ahora qué vas a reconstruirte desde cero?
Pero increíblemente aquí estoy. En este melifluo alzar de fénix.
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RESPUESTAS, "fénix veinte"

Me paso la yema de los dedos índice y corazón por el labio inferior y suspiro. ¿Cuándo algo de esto cobrará sentido?

Me siento en el borde de la cama y me fijo en los rayos tenues de sol que le quedan al atardecer, precediendo la penumbra y fingida paz, a través de una ventana sucia que tiene vistas a lo que parece ser ninguna parte.

Miro hacia arriba como pidiendo explicaciones, ¿pero qué respuestas me va a dar un techo color blanco?
Suena un teléfono a lo lejos y vuelvo a suspirar. Tengo los pies descalzos y las emociones a flor de piel.
Empieza a llover. El sonido de las gotitas pidiendo permiso para aparecer en esta tragicomedia golpeando el cristal hacen que mire hacia allí. Me levanto y, como a quien le pesa el cuerpo por llevar una pena con la que tiene que limitarse a sobrevivir, me acerco.
Coloco mis dedos índice y corazón donde antes estaban en mis labios, en la ventana. Al parecer la lluvia ha limpiado la arena de la anterior tormenta. ¿Es acaso eso la vida? Al final, tal vez, sí le estaban dando respuestas esas cuatro paredes casi insoportables.

La cama está deshecha; la estantería, vacía. Nunca unos datos tan absurdos como estos habían resumido tan bien todo esto.

La lluvia cesa. Vuelvo a suspirar. Hace frío pero no como para sentir que se me hielan los pies. Camino hacia atrás alejándome del ventanal cuando el vecino de enfrente enciende la luz de su cuarto. Sin embargo, no puedo apartar la mirada: es una niña pequeña.
La veo sentarse en el borde de la cama bien hecha tras coger uno de los muchos libros que adornan su estantería. Abre la boca y los ojos con sorpresa por lo que acaba de leer y mira hacia arriba, hacia su techo color rosa, y sigue leyendo, habiendo asimilado lo que antes la había sorprendido, con una sonrisa.
Mi teléfono suena, pero nadie tiene mi número. Increíblemente, veo a la niña de enfrente acercarse a su ventana, colocando dedos índice y corazón sobre ella. Y me mira. ¿Acaso acabo de encontrar...?
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ME HALLO EN SILENCIOS, "fénix veinte".

Me hallo en el constante silencio que sobrecoge al anciano ya preparado para marcharse. El silencio que, sin embargo, precede a una tormenta que más que destruir, limpia las calles y las almas que las habitan, aun sin saberlo.
El silencio que llenó nuestros corazones en aquel altar, sabiendo que el ángel que acababa de pasar, no estaba de paso en absoluto: te quedas.

Me hallo en el silencio aterrador que acongoja al amante que observa desde lejos cómo un pedazo de su alma se desvanece cuanto más se aleja de su otra mitad. Quizá soy demasiado romántica, quizá es exactamente ese rasgo lo que me hizo, en su día, comenzar a escribir.

Me hallo en el inefable silencio que no duele, sino que intenta ofrecer un poco de paz tras los miles de pensamientos ruidosos que me asolan en la cabeza sin cesar. Mirando por la ventana, intento que no me caiga una lágrima, porque estoy siendo paciente, te prometo que lo estoy intentando. Estoy siendo paciente y estoy intentando convencer a la esperanza que me queda, que conmigo se quede.

Me hallo en el silencio que atormenta a quienes no saben lo que es mirarse al espejo y, aguantando la congoja afónica, se dicen a sí mismos para intentar que no le flaqueen las rodillas y rendirse: "Yo puedo, maldita sea. Yo puedo sacar algo bueno... de esta pena que me ahoga.". Porque las personas que no se han mirado al espejo intentando encontrar en él a la persona que deben forzarse a ser para sobreponerse al desastre, no van a entender ninguno de mis escritos.

Porque me hallo en el casi irónico silencio de quien ha amado y ha perdido. A quien le ha sido dado el don de la intensidad, y no le avisaron que sería en todos los sentidos.
Así que me hallo sentada, sola, aquí frente a este invierno ya casi sempiterno, intentando hacerme ver que lo que me hace estar tan terriblemente desgastada y casi desesperanzada con la vida, es lo que contradictoriamente me demuestra que estoy viva: la vida aún no ha conseguido arrebatarme lo mejor y peor de mí, que mientras tenga amor para ofrecer y pérdidas que me destrocen, estaré ganando esta batalla.
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ATARAXIA BLANCA, "fénix doce".

No sé hacia dónde voy
y a veces no recuerdo de dónde vengo.
Me siento cada vez más silencio y menos corazón abierto. Los años pesan sobre mis pestañas y me hacen entrecerrar los ojos, cansada, cuando alguien llega de la nada y cree que puede romper mis esquemas.
No, querido. Ya no soy esa niña frágil.

Ha sido el año en el que menos felicitaciones me han llegado y en el que menos he felicitado. Supongo que es la prueba irrefutable de que el 2018 fue el año en el que saqué la escoba y quité cada persona que ensuciara más que aportara luz al hogar que me he construído.

Estoy tan orgullosa. Y tan callada, expectante, mirando como siempre por las ventanas; y recuerdo las palabras de mi padre cuando le digo que veo estrellas fugaces a menudo: "quizá es que miras demasiado el cielo". Y tiene toda la razón.

Me acerco el vaso a los labios sin beber, como cuando miro fotos viejas pero no dejo que las lágrimas caigan. Ya no hay por qué llorar. Ya no hay que mirar atrás si no es para emprender el vuelo, alzo la voz para declararme por fin indestructible porque he reclamado lo que nunca debieron robarme: mi verdadero yo.

Sé que los años son invención nuestra. Sé que realmente no termina ni empieza nada en absoluto. Sin embargo, a mí me ayuda cómo interpreto ese cierre imaginario. Cierro un libro que no puede reescribirse y lo tiro por la borda.
Cojo el boli y abro el nuevo libro, este sí, en blanco. Y estoy emocionada por lo que puedo llegar a escribir. Por lo que voy a vivir.

Bienvenidos seamos este año y yo.

Seguiré mirando hacia arriba como si estuviera esperando que el firmamento me diera una pista para entender este circo, seguiré ardiendo de pena pero cada vez más resiliente y seguiré buscando(me), inconforme, cómo mejorarme. Y sobre todo, seguiré amando(me), que es lo que me ha mantenido a flote en este maremoto de vida que ha sido el año que, por fin, ha acabado.
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COBARDES, "fénix diecinueve"

Aún cuento nuestra historia y me siguen preguntando: ¿y por qué fuisteis tan cobardes?
Y yo me callo. Me callo porque es lo único que supe hacer con lo nuestro. Porque nunca fui valiente contigo.

El vértigo que me provocaba ir de tu mano me hacía sentir más viva de lo que me gustaría admitir. Y a ti el corazón se te sigue parando cuando nuestras miradas se cruzan.

Es impresionante cómo bajo las escaleras hacia ese lugar tan agrio y, entre un montón de gente, mi mirada se encuentra con la tuya. Como si nuestras almas siguieran bailando la canción que nuestra razón nos obligó a dejar de escuchar.

A veces no puedo evitar pensar en ti y soñar contigo y no sabes el desgarre que me sobrecoge cuando imagino que puedes estar solo, o sufriendo, o que te pueda pasar algo. Es una sensación de agonía indescriptible. Y sé que por mucho que pase, eres la persona que me hizo odiarme, porque eres la que me hizo verme. Fuiste un reflejo donde se proyectó mi podrido interior y la culpa que aún me acongoja te aseguro: será sempiterna.

Pudimos serlo todo, y lo único que hicimos fue rompernos cada vez más. Casi me creo tu sonrisa cuando me dices que no pasa nada. Y casi parece que tú interpretas mis silencios como si estuviera con esto conforme.

Nos vamos a ver por la calle dentro de muchos años y tus mejillas que no mienten y tus ojos que no tienen tiempo de ponerse corazas, van a demostrarme que sí. Sí. Sabes el qué. Ambos. Sin embargo, decidimos esto: alejarnos. ¿Sientes cómo cada vez eres menos tú cuanto más te alejas de mí?

Algún día tendrás mi libro entre tus manos y temblarás, porque aquel día me cogiste la mano poniéndola en tu pecho. "Porque solo tú provocas esto". Y me arropaste bajo el frío ese diecisiete por la madrugada. "Sé que siempre voy a volver a ti". Cobardes. Hemos sido eso, unos cobardes.

Aún me preguntan por nuestra historia y me siguen preguntando: ¿y por qué seguís fingiendo no ver lo que el corazón ha elegido?
Y yo me callo. Me callo porque es lo único que supe hacer con lo nuestro. Porque nunca fui valiente contigo.
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ESTA VEZ MIRÁNDOME A LOS OJOS, "fénix diecisiete".

Soy tan solo un reflejo irónico
de lo que una vez fui: grito, y ahora susurro afónico.

Me cuesta a veces recordar
que no puedo con música estudiar,
porque donde una vez fui tristeza bajo un disfraz
ahora cualquier melodía me inspira y me obliga a dejarlo todo, ponerme a escribir y a mi interior con letras dibujar.

Soy tan solo el resultado inevitable
de haber llegado al punto donde cada ser humano despierta:
ese instante
donde con una tragedia inesperada y brutal,
la verdadera cara de la vida se nos presenta.

Me cuesta a veces asimilar
que he conseguido sacarle partido a mis sombras,
que les he pintado alas y nada ni nadie me ha impedido convertirme
en este fénix que aunque de tristezas vive
ya no se miente:
con la verdad interna sobrevivir consigue.

Y aunque tan solo soy retazos
de lo que una vez fui y me hizo desaparecer la vida a zarpazos,
ya no agonizo cuando no logro ser lo que era:
¿cómo querer volver a ser
sonrisa llena de pena?

Ahora mi verdadera fuerza
reside en coger todo este estropicio
y hacerlo mío, gritar desde el precipicio,
que si en el siguiente golpe van a acabar por fin conmigo,
lo harán viendo a mi verdadera yo,
sin avergonzarme de ser tristeza crónica, ¡si esta vez quieren matarme del todo!:
que se atreva la vida a querer de nuevo asesinarme,
que esta vez lo tendrá que hacer mirándome de frente, mirándome a los ojos.
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NUNCA. PERO HOY SÍ, "fénix dieciséis"

Nunca he sido de admirar algo durante mucho tiempo. Quien me ha amado mal sabe que cuando cierro la puerta no miro atrás.

Sin embargo, nunca he sido de rendirme o conformarme rápidamente. Quien me conoce sabe que lo que verdaderamente me apasiona lo llevo en silencio, y que todo lo que suelto por la boca es mera verborrea dirigida a entretener pero jamás a decir verdades profundas. Ésas las oculto bien y a veces parezco fría o indiferente o mala o banal o simple o tonta. Solo quien no me conoce se queda en esos "a veces".

Nunca he sido de canciones lentas porque necesitaba ruido que acallase a cada demonio desesperado que me golpeaba la conciencia... ahora si mi interior se pudiera escuchar sería country o indie, ataraxia que no lucha contra mis infiernos: como si fueran cantos de sirena, los calman y el fuego se convierte en el cielo donde vuelan resilientes mis fénix.

Sin embargo, nunca he sido de café a medianoche o de huir de los problemas. Más bien al revés, solía enamorarme de las causas perdidas y de todo lo que me provocara dolor: a la tragedia me acostumbré. Quien me conoce sabe que llenaba los silencios con tristezas ajenas porque ayudarles me hacía apartar las mías por un segundo. Quizá he sido la persona más altruista y la más egoísta a la vez.

Y aunque nunca he sido de abrazar la belleza porque no la merezco, que quien me conoce sabe que huía del amor porque me convencí de que eso no existía..., y sin embargo aquí me tienes.
Aquí me tienes que cualquier poema que no es triste y cualquier pintura que me hace sentir algo me recuerda que una vez estuve viva, que luego estuve muerta, y que lo siguiente que son... tus ojos, ayudándome a entender de qué pupila hablaba Bécquer, obligándome a dejar de ser la que podía escribir los versos más tristes esta noche.

Nunca he sido de admitir que amo. Quien me conoce sabe que no puedo evitar no amarme. Sin embargo aquí me tienes, luchando contra los demonios de mi pasado que a veces siguen provocándome agonía cuando todo va bien, porque aunque nunca he sido nada de lo que hoy soy: he encontrado lo que amo y me ama, y voy a dejar que me mate.
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2comentarios 45 lecturas relato karma: 62

desafiando a la vida, "fénix nueve".

Se han roto mis esquemas y ahora solo queda una pizarra vacía donde no sé muy bien qué escribir, y creo que eso lo resume todo.

Actúo y pienso y siento teniendo como banda sonora este desgarrador silencio que desde fuera parece que ahoga pero a mí me da el oxígeno para sobrevivir a este amargo ahora. Y es que ya no necesito tapar huecos para sentirme cómoda, porque intentar decir algo en voz alta cuando no es realmente necesario provoca un eco en este alma rota que ahora tengo que me recuerda que mi mente no funciona si no es en silencio porque demasiado ruido tiene ya ahí dentro.

Hablar ahora de lo que tengo dentro me causa un terror impresionante, y es que ya no se me da bien expresar lo que pienso o siento porque ni yo sé muy bien ordenar todo este caos interno. ¿Puede, por favor, la tormenta ofrecerme un poco de tregua?
No me quejo del frío, apenas me tiemblan las manos cuando finjo estar sosteniéndome el pecho como si pudiera dolerme algo más de lo que ha dolido esto.
No me quejo de estar calándome los huesos, como si le quedaran fuerzas o ganas a mis piernas de sostener todo este peso.
Y desde luego, tampoco me quejo del estruendo de los truenos que provocarían escalofríos a los sordos, cuando mi mente no ha cesado en su afán de volverme loca con su vaivén de pensamientos chocando contra mi conciencia y llenándome de culpa y remordimientos y ganas de retroceder en el tiempo.

Y aunque no me quejo de esta lluviosa escena en la que me encuentro sin paraguas ni hogar a donde ir corriendo a refugiarme, muchas veces logro escuchar el sonido de los árboles bailando con el viento y la sensación de paz que tiene un fénix de felicidad hambriento.
Y no puedo evitar, al saber que un atardecer destructivo precede a la calma esperada, advertir que cada vez soy más fuerte y tengo mas garra, y cuando un desconocido se atreve a mirarme de frente cuando me ha llamado débil a las espaldas y yo levanto la cabeza por tanto tiempo agachada consumida en la desesperanza, le dedico una sonrisa que le obliga a él y a cualquiera a reconocer que no me he rendido, que desafiando a la vida sigo.
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JAQUE MATE, "fénix trece".

Ha sido el año en el que he temido a los espejos. Y a quedarme sola. Y al ruido.

Antes buscaba reflejarme, adoraba la no compañía, y odiaba el silencio.

Ha sido el año en el que he descolgado la ilusión de las paredes, y no me ha dado miedo tragar humo y perderme una y otra vez en el desierto de los vacíos.

Antes detestaba la adulta elegancia porque no concordaba con la inocencia que me caracterizaba, me alejaba de ambientes contaminados y prefería ahogarme en lágrimas a buscar oasis donde solo había callejones de arena sin salida.

Ha sido el año donde no me ha despertado nada cualquier cosa, he sido selectiva y exigente al máximo y no he conectado con nada ni nadie lo suficiente.

Antes la iridiscencia interior comenzaba con cualquier chispa, no escogía nada -me conformaba-, y era la persona que mantenía a flote cualquier barco lleno de gente aunque no tuvieran nada en común.

Ha sido un año donde perdí a alguien, para con los meses perderme a mí misma también. Una doble pérdida que no pude ni quise evitar. Me dejé llevar por el luto y me llené el alma de barro porque solo así podía superar el trágico aprendizaje forzoso que me golpeó el pasado enero. Y el pasado verano.
Dos estaciones de donde no quise despegar/escapar y donde aguanté las tormentas aunque éstas me calaran los huesos. Porque solo así éstos podrían volver a formarse, rehacerse más fuertes.
Y lo han hecho.

Fénix no es solo una etapa. Es una declaración de intenciones que le escupe a la vida y, con una sonrisa, le restriega, desafiante: no has podido conmigo.

Este miedo, silencio. Esta elegancia, exigencia. Este luto y este reencuentro resiliente. Todo, querida, solo ha servido para acercarme aún más a mi verdadero yo, ganando esta batalla. Jaque mate.
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• efímero setenta y cuatro •

Estoy en el lugar donde me forzaron a ser lo que no era, donde cuando se me presentó la oportunidad de tomar lo que llevaba años deseando, la rechacé. Donde he llorado hasta dormirme y donde tengo libros intentando decorar una habitación que cada vez está más vacía.
Camino por las calles que me atrofiaron los músculos, por donde no parecía haber final del camino y el frío cada vez te calaba más los huesos y el corazón. Calles por las que antes paseaba con la música intentando apagar mis pensamientos destructivos y fingiendo que el aire me estaba despejando.
Son tantos los recuerdos que golpean a mi puerta con apariencia indefensa, pero no les dejo entrar ni aunque me prometan que no van a doler.
Ya solo doy rienda suelta a lo que me desgarra si lo que lo hace merece o merecía en su momento la pena. Y de esos, hay pocos.

He cambiado mucho y no he cambiado nada. Siento que la vida es un círculo y ahora estoy en la segunda vuelta. De nuevo a los principios, a mi yo de antes, a la que era sin tantas cicatrices, a la que fui cuando solo era una pared en blanco. Aún con todos los caminos disponibles y ningún peso a mis espaldas, ya tenía una esencia indiscutible. Mi inconformismo, mi afán por romantizar y mi pasión por todo lo que me rodeaba.
Ahí es donde he vuelto, en silencio. Me paro como se para un aficionado al arte frente a un cuadro que no entiende pero que siente que lo conoce de algo, y se queda ahí, parado, callado, expectante, intentando exprimir al máximo todas las sensaciones que le está provocando la obra sin saber muy bien por qué.
Ahí es donde he vuelto, a la calidez del sol a las cuatro de la tarde, a la paz indescriptible que ofrece desinteresadamente el sonido del viento al hacer bailar a los árboles, al olor de libro nuevo aunque ya lo haya releído mil veces, a la sensación de estar en parada temporal esperando el próximo tren, descansando en el banco sin necesidad de mirar la hora con impaciencia porque he aprendido que cuando llegue sabré diferenciar cuál es el mío y subirme a tiempo.
El invierno pasará y volverá a florecer el rojo que me da vida, porque al fin y al cabo, ya he pasado por esto antes.
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•• fénix uno ••

Conozco el camino por el que ando,
pero no a dónde llega.
Siento el vacío
corrompiendo mis venas.
Miro alrededor y siento el frío:
debería dejar de revestirme
con la culpa y la pena.

Tiembla mi alma
y suspirando
le digo: ni consiguiendo la calma
tendría lo que ansío.

Es difícil bailar sobre el fuego,
imposible hacerlo sobre las cenizas que,
aunque sople el viento queriendo hacer desaparecer el duelo,
aquí estoy sin vida
sin amor
sin velo: he despertado
en el único momento
en el que habría preferido estar durmiendo.

Ven, león, mírame ahora
mírame ahora que el reloj se ha roto
y las agujas me ahogan.
Guíame para poder respirar
en este tsunami interno que noto,
¿seré capaz de olvidar?
¿Podría, aunque cobarde y si eso te trajera de vuelta,
volver a cerrar los ojos? ¿Es este fénix que siento
un espejismo? ¿Me miento?
¿Es esta sensación de volver a volar
la que va a hacerme caer y firmar
mi sentencia de muerte y llegar
a donde el camino por el que sé que ando me llevará?
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miedo y amor, "fénix ocho".

Tengo la manía de gritar lo que no siento
y revelar las verdades en silencio.

Soy incapaz muchas veces de ser valiente
ante este sentimiento
que crece, que me miras y mis tristezas se desvanecen,
que por ti
el arriesgarme vence.

Te miro y no puedo mentirme:
convencerme en soledad
de que aún puedo de ti escapar
es lo más cobarde que he hecho nunca.
Porque te miro y la realidad es simple:
no puedo no sentir esto que me acongoja, dime:
¿qué estás haciendo conmigo
que hasta mis vacíos se sonrojan?

Amarte es el acto de valentía
que no merezco que me reconozcan en absoluto.
Porque cuando te vas el miedo me asola
e invento mil razones por las que huir de tu azul y sus olas.

¿Puedes, por favor, ser paciente?
¿Soportarás mi cobardía y mi afán de escapar ardientes
aun cuando no tengas razones
y te castañeen de amor y dolor los dientes?

Esto es lo más egoísta que jamás me he atrevido a pedirle a nadie.
Pero te prometo que con el tiempo,
convenceré a mi corazón de abrirse
y aceptar todo lo bueno que irradies.
Que todo por lo que hoy me miento,
tendrá sentido cuando acabe este interno invierno.

No me hace falta nada cuando te tengo
y cuando no te tengo me sobran los miedos.

Pero
nos miramos de una forma
que soy incapaz de obviar,
que tengo rotas las alas,
pero contigo logro volar.
Nos tratamos de una forma
que soy incapaz de describir
y por ti me arriesgaría
de nuevo a amar y morir.
Nos queremos de una forma
que me aterroriza asimilar,
que soy la chica que calla y llora,
y por ti me levanto y me pongo a, con la vida, bailar.

Consigues tanto con tan poco,
que te me pones delante y te toco
y siento cada trozo de mi ser temblando:
te he encontrado y no lo merezco, no razono.

Te beso y los terrores se apagan
en ese silencio de alma con alma
logras una paz y una tregua esperadas
que le han devuelto a este corazón destrozado
la luz, la esperanza.
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•• fénix cinco ••, "Despertar amargo"

Hace tres inviernos que comenzamos mis amigos y yo a hacer el "amigo invisible" por Navidad, y yo era la típica del grupo que pedía mil cosas.
Hoy, al saber quién nos había tocado para este año y ponerme a hacer mi lista, he tenido que ponerme a pensar. Mucho.

Quizá veo profundidad donde solo hay superficie hueca, pero en ese suceso se me ha revelado la verdad sobre mi cambio...
Ya no necesito nada. Ya no quiero nada lo suficiente como para pedirlo.
Y lo que ansío, es inalcanzable.

Me quedo sentada en mi cama mientras los últimos rayos de sol se cuelan por mi persiana creando sombras en la pared blanca
y mi niña interior quiere levantar la mano y hacer formas con los dedos y que se proyecten.
La que soy hoy se limita a mirar
expectante
a la pared. Y a la ventana. Y a mi mano.
Y les pregunta a los tres y a sí misma y a todo lo de su alrededor
por qué existe y existen.
Qué sentido tiene todo.

Expectante. Callada. Observadora.
Me gustaría seguir siendo deseo
y no tristeza conforme.
Ser estrella fugaz
y no tierra firme.

He aprendido
en tan solo unos meses
cuánto puede ofrecer y cuánto puede arrebatar la vida
en un segundo.
Así que ya no soy capaz de querer algo con fiereza,
porque siento que he asumido a la fuerza
que nada permanece demasiado
como para dejar que me importe tanto.

No se es feliz de manera sempiterna.
Tampoco llueve eternamente.

Es lo único que saco en claro del hecho de haberme costado escribir qué deseo en una lista.
Lo único que he aprehendido y no podrá negarme nadie...
Que una vez la vida te quita algo esencial
o te da un golpe tan fuerte que te despierta,
nada de lo que se pueda ir a partir de ahí va a doler tanto
ni a partir de ahí se cerrarán los ojos de la misma forma.
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• efímero setenta y ocho •

Siento que he estado toda la vida escondiéndome de la única persona que debería mirar de frente. Así que ahora he sido sorprendida cometiendo el peor error de todos: acostumbrarme a la herida. ¿O ha sido la mejor decisión?

He estado mis veinte años huyendo del duelo, sin permitirme estar triste por lo que iba perdiendo por el camino.
Nunca me había permitido detenerme por un segundo y aceptar en voz alta que necesitaba mi tiempo de luto por cada trozo de mí que iba muriendo. Me creía fuerte porque había conseguido un control emocional impresionante y lo que estaba haciendo era ser cobarde: ser la indiferente e indestructible no está mal, pero también necesitaba gestionar la tristeza. Quizá nada de esto habría dolido tanto si lo hubiera hecho.

Es cierto que gracias a todas las barreras y gracias a obligarme a no sentir nada, pude sobrevivir a cada batalla. Pero eran eso: simples batallas. La vida no te prepara para el comienzo de la verdadera guerra. No. Ahí dan igual cuántos escudos o de qué están hechos: se disipan y como polvo se escapan entre mis dedos frente al verdadero monstruo. Todo lo demás habían sido pruebas nimias, ahora la vida sí está retándome para que demuestre si puedo seguir. Ahora sí. Y sin escudos que valgan. Ya no hay barrera infranqueable. Ya no hay donde esconderme.
Y no puedo ganar esta guerra sin mirarle a los ojos a la única persona que va a ayudarme a ganar: yo misma. Mi verdadera yo. Sin caretas, sin indiferencias forzadas. Si este duelo tiene que durar meses cuando antes duraba cinco minutos, dejaré que mis ojos lloren lo que necesiten llorar el tiempo que lo pidan. Si esta lucha, la verdadera, la tengo que ganar desnuda, con el corazón al descubierto aunque eso me haga vulnerable y débil, voy a hacerlo.

Aquí me tienes, vida. No pienso rendirme. No vas a hacerme dar un paso atrás. Ya no. No voy a mirar hacia otro lado cuando mi verdadera yo me grite desesperada. Aquí nos tienes. La luchadora y la que se arrodilla. La sonriente y la que agoniza. No voy a negar a ninguna. Yo soy todo. La que me obligué a ser y la que asumo que soy.
Jaque mate.
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•• fénix siete ••, "inmarcesible"

La vida me había enseñado
a superar rupturas,
traiciones,
carencias afectivas y ayunos injustos,
pero lo cierto es
que nunca me había preparado
para enfrentarme a un luto.

Nunca me ha enseñado qué gritarle a la muerte
cuando la tengo cara a cara y empezamos a discutir,
fingiendo echarlo a suertes.
No me salen las palabras cuando se ríe de mí la vida
al verme impotente y callada y débil
porque no hay nada que pueda hacer para ganarle.

Muchas veces no logro ver más allá
de este vacío constante en el pecho.
De este sinsentido que ya sabía que era la vida,
pero que se me confirmó el pasado enero.
Muchas veces no logro ver más allá
cuando me miro en el espejo
de una cría que pensaba que
por fin...
por fin lo había conseguido,
y fue entonces cuando el destino
soltó una sonora carcajada.

Sin embargo sigo siendo capaz
de recordar las flores que por mucho que me quiera la vida arrebatar
son inmarcesibles y de mí no se van a marchar.

Porque lo que la muerte se ha llevado ante mí
sin que yo haya podido hacer más
que clavar mis rodillas en el suelo y pedir
explicaciones mientras lo intentaba asimilar sin morir
o romperme o llorar...
¡Lo que la muerte me ha quitado
sin que tenga yo el derecho de reclamar
ni de llevarla a juicio porque mi única baza es mi pesar
y su sentencia es irreversible en este mundo mortal...! :
Lo que ni la vida y su muerte jamás lograrán
aunque sus crueles reglas me hayan obligado a aceptar,
es a no buscar felicidad
en todo aquello que aún me quede en el plano terrenal,
porque la vida y su muerte me han desgarrado con su actuar,
pero en mí permanecerán el amor y los recuerdos de esa persona de la que me han querido
inútilmente
apartar.
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