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Misterios del amor

Subliminales mensajes en las miradas,
incultas del amor, suaves, simples,
mancilladas solo por el aroma del silencio,
se sonríen con pasión legendaria.
Esos ecos que invitaban
los adivinos del corazón,
gentes de pociones rosas;
somos nosotros el ingrediente que falta.
Como cuando dicen ¡Viva España!,
así me siento en tus brazos,
únicas veces en que soy tú,
y descubro una nueva Atlántida.
Todo queda en pocas palabras
por los besos, caricias, pieles
que cruzan lo prohibido…
El amor después se hace miscelánea.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Astrolabio

Del collar de perlas del cielo
se desprende esa lágrima
a la que llaman cometa;
lejano deseo del tiempo.
Desde lo llano del universo,
el numen no tiene origen,
se desprende de un llanto
que dio vida al ruego.
Es ese estigma que favorece lo nuevo,
lo desconocido, lo esencial,
misterioso y prohibido;
eso que llaman un beso.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Me haces sentir

Me haces sentir enamorado, en el mar,
contigo en un rascacielos, lejos,
maravillado, tan entregado,
lleno de vida y poderosamente estelar.
Me creo más que un titán,
fuerte por los dos, mágico,
encadenado solo a ti:
mi única paz.
Me haces sentir firme, también especial,
que si caigo en las malas garras
tu sonrisa siempre me vigila;
la luz entre las tinieblas, ahí ella está.
Me haces sentir como un roble imperial,
señor de todos los bosques,
líder de la fauna de este mundo,
extraterrestre y fuera de lo normal.
Así me tienes cada día, igual que la libertad;
ahí vivo cuando me amas,
soy tu anillo, tu dedo infantil,
el que me señala cuando me quieres besar.
Soy ese al que siempre piensas amar,
desnudas sin preocupaciones,
le cantas en cada sueño;
me haces sentir que soy tu eternidad.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Miradas

Eres como la luz de esos astros
que resplandecen de lejos,
desde lo más hondo de los universos,
como el polvo de la chistera de los magos.

Eres esa energía que fluye magna,
imperial en mi tímida sonrisa,
suave como la fresca brisa,
feliz como una madre y su nana.

Así te ves en el poniente, horizonte hermoso,
azul del cielo de un mundo perdido
donde tú eres mi laberinto preferido,
donde me hago tu poema, lo más dichoso.

Así te encuentro en cada alimento,
dulce como la playa de la mañana,
salada como una noche ajetreada,
sabrosa por cada vez que te siento.

Sí, eres para mí un libro abierto
donde llorar una historia trágica,
fantasear con una vida mágica,
o escribirte mi beso más perfecto.

Sí, así seas siempre que te eternizo,
ídolo para los dioses que nos han abandonado,
envidia para el mañana que me habrá arrugado,
contigo siempre, mi musa a la que poetizo.
© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Desde otro mundo

Las estrellas de mi hogar, el tiempo
las borra como un niño las borra
por haberse equivocado tantas veces,
y lo pinta de nuevo de color universo.
Conquista y derrumba un imperio
como montaña de granos de arena
se derrumban de mi reloj
por tener un tímido hueco.
Se deshacen esas estrellas, en un sueño,
como comida para los canes,
sobras para los mendigos,
y la última cena para el muerto.
Y el tiempo borra mi cielo,
a donde quiero reunirme
con los ojos que me ven,
me ven desde tantos milenios…

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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El amor es un momento

Ese dulce aroma que azota el viento,
la sed que adolece la ira,
esa cosa que es tan placentera
a la que llamamos amor, cierto.
A veces como arrullo perfecto,
otras, como el azote de una hormiga,
el sigilo de un lobo
que desliza su garra a través del silencio.
¿A qué huele el amor? A cielo,
al mismísimo Edén cuando el cuerpo muere
y el alma fuera agua, saliva del cosmos,
terminara en manos del ser más bello.
Así atraca un barco en el muelle del Infierno,
mismo beso para un moribundo,
mismo destino para una flor marchita;
así es el amor de un muerto.
Y cuando florece del más profundo riachuelo,
es como la magna fuerza de un coloso,
todo lo puede, nada lo impone;
sí, así es el amor de un hombre sin tiempo.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Olvídame

Cuando mires al cielo y no veas estrellas,
sabrás que mi vida llegó a su fin,
que el viento ya no lo sopla mi suspiro,
ni mis letras son tan dulces como eras.
Cuando ya no oigas la mente en tu cabeza,
sabrás que la he abandonado para siempre,
que tu sonrisa me la han robado,
que tus brazos ya no estarán a mi puerta.
Cuando bebas del agua de esta tierra,
sabrás que mis besos no fluirán
por las corrientes de antaño,
que siempre nos hicieron felices, ahora viejas.
Cuando llores por mi permanente ausencia,
sabrás que mi corazón ya no tendrá poder
para dar el último suspiro,
ese que mueva el viento, hacia la pena.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Estrella

Anuncia mi desvelo una estrella,
un deseo se cierne sobre mi corazón,
la conquista de un reino, la mujer,
y la paz sobre la guerra: ella.
Que de mis besos nazca una fiera
en busca de su ansia, goce infinito,
provoque su sed, esencia del destino,
y en su cuerpo, dedicarle una nueva era.
Que los poemas viajen en botella
a través del océano, aventura pirata,
cada ola te sepa a cielo,
y de ese cielo, tú seas esa misma estrella.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
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Mía

Sabed que en su nombre escribiré,
en su origen la hice mía,
en su nacimiento me poetizó,
de ella me enamoré.
Eterno es este sello, la hechicé
como una sirena a su mar,
o la envidia a la bondad,
en ella me dormiré.
Del abrazo irrompible, así es,
del camino a su cuerpo hay un poema,
y hacia su alma, lo prohibido,
todos los días la conquistaré.
De todo universo añil o del ayer,
en costumbres falsas, tradiciones místicas,
ha tocado mi mano lo sagrado,
y con ella y un beso, te eternizaré.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Su nombre

Me encanta tratarla de usted,
su belleza se vuelve intocable:
elegante en vestidos de noche,
epicúrea en alimento y sed.
Ahí está ella, ved,
que su movimiento es un juego
con el aire, espectador inquieto,
como la idolatría de una araña a su red.
Sonrisa de castillos, una reina es,
de esas modernas, de las que no hay,
y sólo existen en la mente de un poeta,
con mi corazón en su boca, yo lo sé.
Su imperio mayor está en sus pies,
desearía ser tierra debajo de ella,
losas de mármol, oro para sus dedos,
y aceite para lavarlos, como Dios a su fe.
Ni contando hasta diez,
no soportaría mi vida con su ausencia,
un ángel la hizo perfecta,
y así es como la trataré a… usted.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Alegre

Expresa mi miedo el temor de perderte,
el riego sanguíneo se me fosiliza, muero,
mi corazón se pierde en un laberinto,
y mi alma olvidas, con tal de no quererme.
Insecto me vuelvo, ave Fénix silente,
sentido único para este cosmos, vil,
frágil a mis ojos, fuerte para mi esperanza,
y único para mi ser tan diferente.
Existe un mundo llamado mío, extraterrestre,
perfecto y donde te hago mi dulce de fresa,
y ya no tengo miedo de que te vayas;
con este verso, te he vuelto a hacer alegre.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Ruego

Para qué engañarme, para qué,
si desde el primer comienzo del universo,
ya te amaba, ya te ansiaba, te soñaba,
como el día en que te dije “te quiero".
Aunque las ventanas rompa,
las paredes queden sordas por mi destierro
de las blasfemias de una mala boca,
no dejo de susurrar tu nombre al viento.
Necesito saberte, como un espía
que aprendió a hacerlo sin un maestro;
necesito olerte, el perfume de mi vida,
el que Dios me dio desde otro tiempo.
Y por las noches te tomo
sumida en las lágrimas de mi ruego:
“ven, ven", y yo voy a tu amor,
con tan solo sonreírme tu beso.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Llevanza

LLEVANZA

Dale al viento lo que es del viento,
dale lo que un día te entregó,
y a voz de pronto, te lo arrebató,
dejó al corazón en silencio.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno)
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Aquel

Aquel lugar donde estarás,
aquel sitio donde te debería de encontrar,
aquellas lágrimas tan desoladas,
esos instantes de imperio nocturno
por el que el mar se aburre
con su mismo movimiento:
lloros y nada más.
¿Dónde estarás? Pregunta mi credo,
eso que ya perdí, mísera ayuda,
ni auxilio presta cuando mueres por nada;
¿y para qué vivir? Solo por poeta se vive
en este mundo lleno de plagas.
¿Dónde estarás? Cuestiona mi alma
el débil quejido de sus vísceras,
ya convertidas en carcomidas cartas,
viejas, sin destinatario, perdidas
y sin corazón al que dirigir,
su último aliento de amor y magia.
¿Dónde estarás? Eso que buscamos
como manadas enloquecidas en hallazgo
de una vaga respuesta, o una daga
que escribe nuestro dolor,
en vez de nuestras lágrimas.
Y me pregunta mi musa:
¿dónde estará lo que amas?
Yo no lo sé, si vive en esta vida
o en eso que de espinas y espadas hablan;
yo no lo sé cómo se diga,
si tuve en este mundo lo mejor,
o una temible desgracia;
yo no lo sé, preferir que me olviden,
u olvidarme de cada alma.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Deshumanizado

Al cruce nuevo, viaje inesperado,
el mundo manda en mis pies,
el eco de la vida me susurra:
el nuevo destino es agraciado.
Es un paraíso, lo llevo marcado,
a mi pálida piel durmió,
de mi pálida piel se enamoró,
llovió de su alma el llanto legendario.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
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Artemisas

Como el primer latido del inicio del mundo,
querer con ese amor legendario
es saber amar de principio a fin,
estando por separado y en uno.
Cómo ver con ojos de ninguno
de dónde nacen las venas
por las que esa sangre apasionada,
ruge de fuego tan profundo.
Y esa ráfaga del primer minuto,
quién la deslizó de su aliento
al pronunciar tanto silencio,
para dar comienzo al abrazo oculto.
Si Dios existiera con cada puño,
no habría maldad en el planeta,
los humanos serían polluelos
de padres intentando un vuelo absurdo.
Si la naturaleza dijera su discurso,
acabaría con el fin de sus días,
con cada historia de sus hijos,
y las grietas de tan mal orgullo.
Si un pájaro supiera hacer un dibujo,
plasmaría sus arcanos más espías
que de sus alas ha visitado
desde su nido, hasta terminar mudo.
Como el propio viento, siempre adulto,
el mejor juez por quien castiga
con los sirocos del primer latido;
el mismo que matará este mundo.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Supremacía

Flores, cantad para mi amor,
aborreced a quien os teme,
os destruya y os queme,
pues sois más que yo.
Haced de la naturaleza un dios,
bailad para todos los seres,
gentiles animales, y pobres dementes,
sed más que el titán de mi corazón.
Flores, escribid el mundo con color,
vestid mis condolencias con poderes,
dadme conocimiento, otros saberes,
para en esta vida, prestar más atención.
Dejad que os ilumine el sol,
rosas, margaritas, orquídeas, claveles...
esencias para la mujer, más de mil veces,
y para el hombre: un ramo lleno de dolor.
Os examino cual viejo doctor,
joven entusiasta, siempre hago mis deberes,
con todas vosotras, con vuesas mercedes,
señoras mías, gobernantas de mi pequeño rincón.
Flores, os escribo como propio autor
de protesta por el árbol, anciano ente,
murciélago y tigre, vigía entre la gente,
sois padre de todo, mi hermano mayor.
Semilla gigante, coloso de madera, mi señor,
controláis la primavera, mi amo inerte,
guardián del mundo, paladín valiente,
os adoro como otra rosa, lejos de otra flor.
Flores, ahí está mi ídolo, mi lord,
el Gran Inmune, el hombre fuerte,
ese que llaman árbol, un bosque viviente,
un amigo que nunca tiene reloj.
Rocín majestuoso, no tiene domador,
fuerza de mil hombres, caballo sin jinete,
el cielo alcanzas, con humildad inteligente;
quiero ser tú, y no orgullo por error.
Flores, mirad mi condición,
anhelo ser ese planeta, madera sin pieles,
poderosa criatura, tótem omnipotente,
cuidador de vosotras, flores, sin razón.
Mirad aquel que es mi profesor,
que a los humanos juzga por siempre,
y lo talan con reproches, esos crueles,
lo rechazan por ser mejor.
Mirad aquel que es mi interior,
mustio ahora, arrugas por toda su frente,
justo a su final, a su lozana muerte...
Flores, llorad por mi amor.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
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Corinto

Rojo amanecer, lluvia de amor,
esperanzado se siente
el albo palomo que viaja
como fénix saliendo del sol.
Tras esa discusión,
romper ventanas, tirar jarrones,
y el aliento huele a besos
cuando arrepentido sale de su voz.
Yo no sabría decir, mi Señor,
que de la vida nace el yugo,
ahorca al joven humano,
y siendo mono, con más razón.
Yo no sabría decir de mi corazón
que lo late el destino,
lo vigila el miedo, la sed,
y al morir, se lo lleva algo superior.
¿A quién adorar con honor?,
si la vejez del alma no llega,
pero tose cuando la dañan
como aire al cerrar la habitación.
Nos hace tanto color
el pintar una mañana, tostadas
de queso, chocolate caliente
y un sorbo de tu café: la tentación.
Por el mundo hay tanta información
que ni en una piedra cabría
tantas coces de los tercos,
y hacer una saga con cada opinión.
Nos dejamos en una pluma el reloj,
el tiempo en una historia:
crema para el sabio,
y olor a santo para Dios.
Y la ancianidad, arrugas y dolor,
los huesos se quiebran
tras el último poema,
y me postro ante la muerte: mi lord.
Rojo amanecer, lluvia de amor,
esperanzado se siente
cuando el arcoíris es un quetzal:
el Paraíso en una sola flor.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
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Amoria

La lógica no tiene sentido
cuando el amor pierde
eso que conocemos como razón;
todo ya no es lo mismo.
Es como haber parido un hijo,
el tenerte en los brazos,
acariciarte lo que me has esperado,
tan pronto, en un visto y no visto.
Ya nos lo habían predicho:
nuestra historia iba a ser especial,
en una pequeña estantería,
está nuestro mágico libro.
De varios, un solo camino
hemos tenido que cruzar
para volver a tenernos,
y nadie nunca nos lo había mentido.
Las veces que te contemplo en mi sino,
las pocas ocasiones que debo
decirte lo que tan fuerte quiero;
eso seguro que no está escrito.
Todo lo que nos vino
por este poco mundo,
tan lógico de su realidad;
ilógico es lo que me has querido.
Por tanto tiempo en este hilo
de seda gris que enhebra nuestra vida,
siempre estaré sellado a ti,
por mil centurias, cien leyendas, y un mito.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Trance II

TRANCE II

Derrotaremos la vianda
que viaja por nuestro cuerpo,
mal adquirida, maleducada
cada vez que caemos al suelo.
Levanta, ¡levanta!, un pie tras otro,
deberás volver a ser maestro,
alumno intranquilo, joven pensador,
bautiza al mundo con tu criterio.
No des la mano a la mentira,
que no tome de tu copa el miedo;
ten siempre esa fuerza
para eludir al aquejado, al muerto.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
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