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Las formas en las sombras

Tus ojos vidriosos no alcanzaron a ver,
tus pestañas claras como el agua.
Tu cabello ondulado y sinuoso,
aquel espantoso color brillante en la mañana.

Somos formas en las sombras,
arrinconando a los incautos.
En las callejuelas oscuras y húmedas,
del gótico Londres revolucionario.

Lejos están los soles y días azules,
las gaviotas y alondras rubias,
aves maravillosas encerradas,
en las jaulas de este opaco mundo.

Somos formas fantasmales,
crueles asesinos de las esperanzas y deseos.
Somos sufrimiento en el anhelo matinal,
de una luz clara y vigorosa.

Ah! si, así es como debe sentirse,
el orgásmico placer del amor humano.
El pecho prometedor de una joven,
con un corazón lleno de inocencia.
Lo engulliremos en la imponencia,
de las mas oscuras sombras.
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Syntesis

Esa partícula radiante
entró en mis pulmones.
Respiró el aire saturado,
comprimida en el vacío.

Helado vacío, enfría mi corazón.
Termodinámica de la síntesis,
genética degradada del origen,
de un ente desordenado.

Involucrado con todo el dolor,
que implica un nacimiento,
en una era en la que ya nada nace,
y todo perece por la radiación.

Ha! Es tan hermoso, y tan horrible.
Despreciable entropía de la síntesis,
donde toda la materia se desintegra,
y deforma el aspecto imprescindible,
de todas las cosas.

Mundos oscuros que ya no brillan,
estrellas marrones congeladas.
Vestigios de una especie eclipsada,
por la oscuridad del abismo.

Les deseo profundamente!
Partículas radioactivas de gamma.
Unidades pérfidas por un cosmos,
que yace al borde del colapso.

Es un absoluto deseo, inimaginable.
Involucrado con el sufrimiento,
de un nacimiento antinatural.
Suscitado a la desgracia del universo.

Quiéreme por siempre,
hija del vacío.
Partícula radioactiva,
en la síntesis del infinito.
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La mañana de la despedida

Fuiste, como un campo de flores en otoño.
Puedo llorar ahora, y romper mi promesa?

El tiempo lo roba todo,
el dolor, la alegría,
lo bueno y malo se disipa,
en su ordinaria estela.

Aquella pradera es el lugar donde enterré mis recuerdos.
No quiero alejarlos de su calidez ni su letargo.

Algún día te olvidaré,
como deshojan los robles,
igual se congela el agua,
algún día.

Aquel lugar donde viví contigo una vida entera.
Así fue, el sentido de todo el amor que me pertenecía.

Y sin embargo, duele,
duele tanto que quema,
el final de todo,
llega inevitablemente.

Esa penuria la sufre el mundo, mi mundo tan pequeño.
Un mundo donde éramos tu y yo en la aurora.

Ahora el crepúsculo,
da paso a mi primer día,
una nueva vida sola,
regresando eternamente.

Prometí que no lloraría, pero lo siento, romperé mi promesa.
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El faro

La tormenta tocó tierra,
una tempestad inédita.
A las costas heladas del pacífico,
solo un tenue faro iluminaba.

Cuando dejamos el barco,
la costa vibraba, un temblor.
El viento sacudía los estandartes,
no habían luces en rededor.

Dejamos de lamentarnos,
nuestra nave encallada.
El temor nos invadió de pronto,
con el rugir de la bestia sumergida.

Emergió cual titán, en la oscuridad tempestuosa.
Y se tragó nuestro barco con tal brutalidad.

Corrimos a lo profundo de la isla,
buscando desesperadamente el faro.
Los pocos aún vivos nos refugiamos,
aún nos refugiamos en el faro.

A quien llegue este mensaje,
no es una llamada de auxilio.
El faro es una carnada,
creemos que la bestia lo había encendido.

Ahora solo quedamos unos pocos,
y después de días la tormenta sigue.
Las provisiones se acaban,
y las fuerzas escasean.
Afuera se escucha la pesada presencia,
de una monstruosidad majestuosa.
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Astronauta errante

Sinergia del crisol arcano,
gobernante de los límites cósmicos.

Divaga al borde del mundo,
astronauta enviado a redimirse.

Encontrando una esfera,
de cobalto y superficie cimarrón.

Brilla su aurora e ilumina,
el perfil de la decadencia.

Una especie deficiente,
en la curvatura final de su historia.

Un mortero siego a la nada,
la suerte es llamada, y su bondad.

Ha encontrado una esfera,
flotando en la oscuridad.
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La hora mas profunda

Ella estaba durmiendo, en un sueño profundo.
Aquella anécdota, quedó en su retina,
grabada como un recelo oculto.

Las horas pasaban y aún dormía,
suspendida en la bohemia del ocultismo.
El humo de incienso y la luz de veladas,
entrecruzándose en el abismo.

Helada la noche se perfila, y desciende,
continuamente a la hora mas profunda.
Determinada yace ella, en la cama.

Atada a la cintura es violada y maltratada.
Herida fugazmente y eternamente,
por una sinfonía esforzada, de su odio y dolor.
Cantando en las sombras, con marcas de sangre.

Pobre de ella, y pobre de sus hijos.
Perdida en una somnolienta ascendencia,
que desciende a lo profundo del olvido.

No hay reglas en un mundo sin sentido.

Aquella anécdota fue para siempre su canción,
sus ojos manchados y húmedos de aquella visión.
Todo en el mundo se ha marchitado,

y a perdido el motivo.
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Añil grisáceo

Las ranas duermen, el viento calla,
el silencio abruma,
desde lo profundo de la insana espesura,
emerge la niebla silvestre,
que, en su oscilante camino,
oscurece lentamente, la tenue luz del horizonte.

Aquella insensata devoción,
flameando en las devoradas premuras,
de noches oscuras y siniestras,
me trajo a este paraje olvidado,
perdido en su propia bruma.

Ella canto para mí una canción,
resonando fuertemente en una tonada oscura,
y su voz resonó atravesando el ancho océano,
llegó a las islas más lejanas,
a los rincones más recónditos de este gris mundo.

Y su canción me guio en la niebla,
en los espesos matorrales donde anidan,
las visiones hermanas de los desahuciados,
las criaturas de sueños perdidos,
como un pirata busqué aquel tesoro,
escondido en la niebla grisácea.

Aquel cofre añil, el deseo que más añoro,
fundido con la multiplicidad herbácea,
escondido en las cumbres asfixiantes,
del más profundo deseo.

Lo llamó amor, lo invocó en silencio,
con sus peticiones,
y sus ojos inmensos,
de color rubí brillante,
despejó la medianoche,
con una luz natural radiante.

Para iluminar mi corazón,
añil grisáceo.
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Elysium

De seda las nubes, eternamente disipadas,
floridas y resplandecientes nubes de seda flotante.

De cilicio y potasio las carnadas,
grandes presas radioactivas en extensas praderas.

Volcanes de helado nitrógeno,
vertiendo fulminadas esquirlas al firmamento.

El oro fundido en esmeraldas trenzadas,
en rededor de troncos de diamante y obsidiana.

Las parejas de venados eco sintéticos,
pastando la hierva de aserrín y carbono metil.

Los arrecifes de meteoros y asteroides,
foráneos escondites para mutantes de marfil

Las crestas de montañas topacias,
resaltando junto a praderas crisoelefantinas

El amanecer de Elysium,
es de su propia luz radiante

Una aurora resaltada en el destello voraz,
de la oscuridad circundante.

Las lunas que viven por su cálida llamada,
la gravidez de su estela parpadeante.

Allá donde convergen el orden y el caos,
la vida es información en moléculas artificiales.

Los árboles crecen con brazos y piernas,
los hombres se fragmentan como enredaderas.

Las flores de un mismo tallo nacen distintas,
y se funden en un común reducto de neón.

Y tal es la asimilación de las anomalías,
que del reducto viajan al espacio exterior.

Y donde impactan deforman lentamente,
la materia en rededor.

Un extranjero ve a Elysium como una estrella,
mas yo lo veo como un mundo,
igual me veo a mi mismo reflejado,
desconcertado ante mi propia imagen.
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Mirada encrucijada

Existe un misterio detrás de tu mirada,
oculto profundo en la oscuridad.
Una raíz enredada en tus sueños,
una dádiva en su extrema subjetividad.

Brillando en un hueco de sombras,
opacada por cristales volátiles y sirvientes.
Una dádiva misteriosa que susurra,
sin palabras sus deseos mas ardientes.

Hay en tus ojos una pregunta sin respuesta,
una profunda hondonada insatisfecha.
Te has sabido abrir paso, hacia mis pensamientos,
incluso usando ese valle como escalada.

En tus ojos, detrás de cristales volátiles,
existe una profunda mirada.
Es lo que vi en las palabras, y besé en sueños,
lo que sentí al cerrar mis párpados,
en aquella encrucijada.
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Eidos

Oh! Luz del heraldo, el templado sentido del ave rapaz!
Luz del anochecer en una rosa.
Este del polo, sur de la fría oscuridad,
rosando las plumas de un etéreo y volátil,
corazón.

Oh! Luz de la aurora, el espacio infinito del vacío!
Iluminada y oscurecida, emigrando al dolor.
De todas las penas la mas pura,
de todas las desgracias, la mas solemne,
tu pasión.

Sincero y humilde se alza el amanecer.
Plagando las estepas de serpientes de oro,
fijando una tundra de esquirlas heladas,
que se funden en el tiempo indefinido,
del calor de tu rayo sanador.

Gnosis confusa, plaga de mi dolor,
la rosa mas pura,
el sufrimiento mas tardío,
de un etéreo y flagelado corazón.
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El puño de Bersellhorum (V)

La tierra planicie de una arboleda en el trasmundo,
el bosque hasta donde se disipa la mirada humana.
Mas no la élfica destinada a las extensiones de la niebla,
mas allá, la necrópolis donde residen los esbirros de Alghol.

Transcurren dos días y dos noches, cuando llegan a la puerta,
la ciudadela se alza imponente e impenetrable,
pero los elfos, cruzan fácilmente sus murallas,
los acueductos de sangre que fluyen desde el interior.

"Si Bersellhorum aún existe, debe ser en el núcleo.
El núcleo es una gran formación rocosa que arde continuamente,
es lo que viste bajo tus pies al entrar al palacio del rey demonio.
De ella emanan estas aguas, repletas de ácido y azufre.

En la antigüedad, estas aguas eran claras como las del mundo.
Creemos que es una manera mas de aislarnos."
"Por qué los demonios les temerían a los elfos?" pregunta el sin nombre.
Hecarina deja una pausa mientras se agazapa con su escuadra detrás.

"Los elfos matamos demonios con la misma facilidad,
con la que ellos nos matan a nosotros, somos sus contendientes.
Los humanos también podrían hacerlo, existían, cazadores.
Los cazadores de demonios... Empero, jamás enfrentaron a ninguno,
dentro del trasmundo.

En otras palabras, los elfos somos sus únicos enemigos,
en este lado. Y ahora tú te incluyes entre ellos."

Aquel día, en que el sin nombre perdió a su familia,
y a su pueblo en la escaramuza de Alghol,
se había dado por muerto, herido y desdichado,
profundamente contemplando su retorno al inframundo.

Cuándo aquello parecía un hecho, y las pesadillas se mezclaban,
con sueños apacibles y serenos de un más allá, con su esposa e hija,
se despertó en una cama desconocida, con el golpe de acero contra acero.
Sin lugar a dudas reconoció aquel sonido como el labor de un herrero.

Había agua y pan junto a jamón cocido a un lado.
Pero en el estómago del sin nombre habían remolinos.
Solo alcanzó a salir para hincarse y vomitar su náusea.
Y a un lado estaba la fragua y el herrero, forjando una espada.

"Parece que la vida no te abandonó como pretendías.
Soy Merín Logfuard, herrero de la décimo octava generación,
del reino de Orojhin. Te salvé la vida por una profecía,
que se ha pasado por generaciones en mi familia.

Mi madre antes de morir me dijo que yo sería quien te encontrase.
Ella era una vidente muy hábil, y no desperdició palabras."
El sin nombre se incorpora, alzando su cara barbuda.
"Una profecía? Me dices que mi desdicha ya estaba escrita?"

"Si te dijera que sí, intentarías matarme con la espada que forjo.
Ese es tu pensamiento? El acero aún está al rojo vivo.
Sin embargo, en tu estado actual sería un suicidio,
eso, si yo no creyera que eres vital para el futuro de este mundo.

Escucha con atención:

Hace miles de años, los primeros hombres, los Elohim,
convivían con los dioses, ellos habían llegado a este mundo,
desde otros mundos.

Cuándo los dioses compartieron su sabiduría,
con los Elohim, creímos que eran amigos de la humanidad.
Nos habíamos equivocado.

Construimos pirámides y monumentos a su imagen.
Se alargaron nuestra vida y comodidades, permitiendo,
que se poblara la tierra.

(La forja de la hoja de un metal meteórico,
con la mano de un herrero de cabellos cenicientos.)

Cuando los humanos eran miles, millones,
los dioses revelaron su verdadera cara:
Alghol, no era el ser hermoso, de los bustos y estatuas.

Empezaron a comer humanos, con voracidad.
Tal, que no se contenían frente a nada: los océanos,
fluían con sangre humana.

Habían filas de miles de personas condenadas,
que caminaban voluntariamente por el camino,
hacia la pirámide del sacrificio.

Lo hacían para ser devorados de una vez,
en lugar de vivir una vida de tormento y tortura,
la tierra era el infierno.

Alghol tomaba sus cuerpos idos de conciencia,
y los engullía. Así, la humanidad llegó al borde,
de la gran primera extinción.

En ese momento, los demonios se detuvieron.
Y se fueron de este mundo, de nuevo al suyo,
dejando a la vida diezmada.

(La hoja que brilla en la noche tal cual una luna,
reside en las tinieblas, y aparece etérea, en el sueño,
febril sueño de la miseria humana mas profunda.)

Ósease, los demonios pretendían alimentarse del hombre,
como si fuera carne en cautiverio, cómo nos enseñaron,
la ganadería y agricultura, valla ironía.

Y así, cada mil años Alghol venía con un ejército,
demonios famélicos a purgar a la especie.
Pero, el rey demonio, nos subestimó.

Al amanecer del primer día de lo que sería la cuarta extinción,
el reino de Orojhin, organizó al ejército mas grande de la historia.
Diez millones de almas humanas armadas hasta los dientes.

Y los demonios fueron recibidos con una contienda que perduró,
dos años, hasta que solo quedaba Alghol en el campo,
de la batalla mas sangrienta jamás luchada.

Fue entonces, cuándo una forma inconexa,
con cualquier cosa antes vista, surgió del cielo,
en llamas cayendo como una estrella fugaz.

Aquella cosa, impactó a Alghol y lo derribó,
herido el demonio abrió un portal y huyó.
El cuarto rey de la décima era, Valhanor, tomó el arma.

Una pequeña perla, que murmuró en su oído:
Bersellhorum."

El herrero, tomó aire en sus pulmones y enfrió la hoja,
el vapor emanó de la fuente, con un fulgor azur.
"Mira hijo, la piedra en el puño de Valhanor,
es la misma de la empuñadura de esta espada.

Es Bersellhorum."
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Alegoría abstracta

Con un manto de ébano, que cae,
la monotonía helada del invierno,
y las danzas de heraldos somnolientos.
Así se abre camino al interior,
la noche, la fría noche.

Una sombra en espirales de luz,
una adivinanza a los cielos oscuros,
sublime esperanza de un antiguo deseo.
Así se ciernen los espíritus,
en torno a la penumbra.

La lluvia cae desalineada, imprudente,
oblicua y aparentemente inocua,
pero dulce y sedienta al mismo tiempo.
De esa manera moja levemente,
el caldero de la locura.

Los ojos circundan y se posan tácitamente,
en la tersura de las primeras estrellas,
mesura de un ávido astrónomo.
Es la imprudencia de un explorador,
la desidia de un aventurero.

Los pétalos de una rosa tardía,
caen inevitablemente a un arrollo helado.

Las sitas entre pájaros cualquiera,
y golondrinas en los largos veranos.

Acurrucado en un rincón de aquí y allá,
dormitando suavemente su elocuencia,
no hay mas que un sabio enano.
Es él un cojitranco en apariencia,
mas, un embustero con su palabra.

Y un puente que está tendido sobre el vacío,
y es débil y quebradizo, poco confiable,
muy endeble y entrañable, madera de pino.
El roble se reserva para los ataúdes,
de aquellos que cruzaron y cayeron.

Las figuras de piedra no son lápidas,
son de humanos viejos y atormentados,
pues murieron de miedo y terror.
En las remembranzas de su desnudez,
en su vergüenza y pasión.

Ahora, las nubes no son de éter,
son del polvo de huesos y piel,
el sacrificio de un mundo entero.
Qué al final pudo ver en pleno invierno,
su hoguera ferviente, arder.

Arder hasta el infierno.
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Transmogrificación

Litio y pedernal, de cuerpo desmesurado.
Venas de cristal, sangre vaporizada.

Una gema fundida en el calor nuclear,
una apertura sideral al sentido y la razón.

Antes, anfibios y reptiles, ahora, flores y enredaderas.
Antes, nubes de escarlata, ahora, aves de polvo.

De las costas emergió, un huracán de vidrio y plata.
De las marismas nació, un pico erosionado de esmeralda.

Habló, con un dialecto e intelecto inéditos.
Murmuró sus susurros de cían y azur.

Mesopotamia y Atlantis, cenizas y escombros,
se levantaron como gigantes y titánes.

La tierra era fuego y el agua era sol.
Y el sol fue frío nitrito fulminado de carbón.

Las polyphyllas tenían huesos y caminaban.
Los hombres llevaban madera por esqueleto.

Antes, cuajaban el ácido y las lluvias copiosas.
Ahora, llueve ácido y el agua funde y pule el metal.

Una forma sin sentido y el caos vanaglorioso,
un camino despejado en la rivera de la transformación.

Donde colapsan estrellas en un núcleo adverso y macizo,
es donde descansa la definición del hombre:

Amorfo y multiforme.
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Las piezas condenadas

Y corrí, corrí por el bosque.
Tenía mis manos ensangrentadas.
Y en mi estómago las entrañas,
de aquella criatura inocente.

Las cabras me esperaban.
En los claros, en altares,
que dedicaban a su dios.
Donde la luna brillaba.

Corrí llevando nardos y enredaderas,
espinas venenosas y sangre.
Se había extendido retorcida mi herida,
a lo largo y ancho de mi espalda.

Un espejo de agua helada,
reveló el símbolo en su superficie.
Lo vi en mi piel, tan claro,
y tan superfluo como lo esperaba.

Y con su filo tramé mi encrucijada,
bebí de su regalo, y escuché sus trazos.

Presencié una melodía,
y saboreé su textura, con los dedos.

Corrí mas tarde, lo hice, para alejarme.
Creí, que era perseguida,
algo me seguía sin dar paso alguno.
Cerrándose la noche, corrí.

Aún tengo su llanto en mis labios.
El sabor de sus piezas,
tan amargas y ácidas.
Nublando mi mente en orgasmos.

En espasmos de dolor y dulzura,
cuán ínfima a de ser la libertad,
fuera de la atadura de ese sufrimiento,
fuera del mundo que me ha condenado.
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Reactividad

En un sendero de neón,
suspendido en las estrellas.
Transitas semidormida,
llevando en tus manos el calor,
del fuego fulgurante.

En tus pupilas: galaxias.
Dos hermanas siniestras,
una danza al son del caos,
una gira en torno a la otra.

Dime abriendo el vacío sin forma,
dime y replica mis sentidos.
Sapiencia retorcida y oculta,
de las sombras y amalgamas.

Reactiva tu corazón dormido.
El latir de un sueño es tal y como se deseaba.
Es un mundo que circunda la locura,
y desasosiego del sin sentido.
Reactívalo bajo tus pestañas.

En el pasado todos te buscaban.
Una línea de luz al infinito.
El camino aparente e incierto,
a lo que yace en el silencio y la sombra.

El mundo era retorcido,
si pero era nuestro y existía.
Consumido en una alegoría,
donde se mataban ellos,
para en su lugar levantar aquello.

Tú lo conoces, le diste vida.
Esa misma era la agonía de todos.
Y ahora se te pide, que vuelva a ser,
esta vez, bajo tus pestañas.

Dos galaxias, déjame revivir en una.
Dame la oportunidad de redimirme.

Reactívalo en tus ojos entre abiertos.
Las pupilas giran en torno a tal destino.
Una reacción en cadena,
guiada por tus deseos.
Reactiva tu corazón helado.

Mas allá de tus pasos se ocultan,
las lunas devotas al dolor.
Deseando el regreso a sus mundos,
rotando a tal devoción.

Reactiva el ciclo de día y noche.
Donde ahora no conoces tal visión,
donde te reservas tu creación superflua,
y desconoces su maldad.
Reactívalo y regresa.

Pues sin luz no hay oscuridad.
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El puño de Bersellhorum (IV)

El nombre. Un enemigo invisible. La sangre de inocentes.

Durante el día, el trasmundo revela su cara mas monótona.
Las runas de caminos ocultos a los noctámbulos se revelan.
"Aún queda un día al menos para llegar a nuestro destino,
esta noche no nos someteremos a otra emboscada."

Hecarina guía al sin nombre y a su escuadra con la ayuda de las runas.
Y antes de llegar al sitio de su origen los toma la noche.
El silencio es un arma de doble filo, se percibe su tensión.
La respiración densa y las pisadas son tan claras como la amenaza.

Los bosques que rodean las grandes aglomeraciones de demonios.
Árboles despojados de vida alguna se elevan en la fría noche.
Dan lugar a toda criatura despiadada de leyendas e historias.
Se refugian en las sombras, y traman en el hedor a carne fresca.

La noche del trasmundo es mas larga que cualquiera, y mas sombría.
La luna se tiñe de un color rojizo y amenazante.
Cualquiera dispuesto a atravesar tales parajes,
debe estar listo para interminables escaramuzas y sangre.

Pero los elfos conocen el terreno y sus secretos, incluso de noche.
Hay una cueva oculta en la niebla, ignominiosa, un refugio rúnico.
Allí la partida de elfos descansa, esperando a que se disipe la penumbra.
Pero el sin nombre no puede dormir, el sueño no le asalta, cómo a los otros.

Despojado de interés en ver los cuerpos de sus camaradas, deambula.
Se interna en la cueva, a una profunda zona oscura, sin saber porqué.
De un momento a otro una luz aparece, brillante fulgor azur.
Un cristal que brilla en las paredes húmedas de la caverna.

De aquel material se forjarían las runas que ocultan el lugar.
Una voz muy tímida susurra desde el otro lado de la pared.

"Cómo caímos en su trampa? Fueron tramadas telarañas.
Un nido de mentiras ocultas en la belleza y legitimidad de su apariencia"
Una voz femenina que apenas llega a distinguirse.
"Lo dices cómo si hablaras de una obra de arte.
De todos modos ya no importa, estamos muertos"
Una voz masculina que resuena levemente en la caverna.

"Hay dos trazados por donde circunda un destino incierto.
Uno es el individual y otro el de una especie.
Tú y yo nos condenamos en nombre de nuestra arrogancia,
y en el proceso condenamos a toda la raza humana!"

"No teníamos opción, nos engañó, desde el principio.
Fue su plan, y nosotros simplemente fuimos débiles."
La voz del hombre se detuvo y fué seguida por silencio.
Desconcertado el sin nombre salió de aquel pasaje cavernoso.

Hecarina lo encaró frente a frente, con la mirada fija en él.
"Parece que viste un fantasma, pero solo era un reflejo."
"Reflejo?"
"En estas cavernas se formas piedras de alma,
es un mineral del trasmundo.

Cuándo alguien muere cerca de ellas, atrapan sus últimos momentos.
Verás, en el trasmundo el tiempo es relativo.
Cuándo entras aquí, se sufre un desface con el mundo,
si pudieras salir, quizá regreses al mundo en una época distinta,
pero tu nunca saldrás de aquí, ni yo, estamos condenados.
Moriremos en este lugar, y tú pagarás un precio aún mayor.

Así, supongo que las piedras de alma no son magia,
sino algún tipo de fenómeno relacionado con el tiempo.
Esas mismas rocas también se usaban para almacenar energía,
Hace milenios se usaban para replicar la luz solar de noche."

"Escuché las voces de personas, una mujer y hombre.
Hablaron de una traición y de la condena de la especie."
Hecarina se queda en silencio observando con sorpresa.
Ella entonces se da la vuelta y se esconde en su manto.

"Sería mejor dormir, mañana será una larga jornada"

La luz del sol entra tenuemente en la cueva.
En la mañana el silencio es abrumador, desolado.
Solo pensar en las mañanas del mundo,
y las del trasmundo parecen su muerte y soledad.

Alguien, un sabio, una vez se refirió al trasmundo de tal manera:
-Será un sitio incierto, donde la ciencia fracasa.
El reino del hombre tiene fe en sus descubrimientos,
pero en el trasmundo, hay que descubrirlo todo.

Muchos creen que es un lugar miserable y horrible.
Pero lo creen por suponerlo el reposo de todos los males.
No se cuestionan qué pasaría en una forma intuitiva.
Solo se refieren a situaciónes pragmáticas y probables.

Pues yo les diré: el trasmundo es un sitio hermoso.
De ser poblado por hadas y ángeles sería el mundo perfecto.
Pués en tal lugar las distorsiones no permiten el fracaso.
No hay tormentas ni tempestades, no existe el azar.

Estoy plenamente seguro de que más allá si existe el destino.
La providencia y el sentido de la existencia.
Seguro, estoy, mas no de mi incapacidad subjetiva,
sino de la seguridad objetiva de vivir en un mundo adverso.

La belleza siempre es el resultado de la adversidad.
Solo el mayor sufrimiento forja la belleza: tal es esa verdad,
que de alguna forma, poco y nada es realmente bello,
pues este mundo se ha vuelto reservado y pacífico.

El trasmundo empero, esta fulminado de desgracias humanas,
y entre ellas, seguro coexiste la madre de todas.
Entonces, ¿quién dice que no pueda verse del otro lado,
y experimentar el verdadero aspecto de la perfección?

Se le puede ver y sospechar, más no investigar y experimentar.
Ergo, quién dice que no sea el mundo del qué hablan las historias?
Aquellas historias sobre dioses y odiseas, dragones y maravillas.
Quizá sea un lugar creado por los demonios,
o quizás, el reservorio de aquello que mas valor preserva!-
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El puño de Bersellhorum (3)

Amor mío, mi princesa, es niña, ella es una hermosa niña"
Helena le carga en brazos, su recién nacida hija, su retoño.
Albert, su esposo, comparte la alegría en el lecho del parto.
"Marisa, crecerás como una princesa, y serás una."
El reino festeja el nacimiento de la princesa.

Aquella noche, fuera del palacio, se enciende una catástrofe.
Las pasarelas secretas del castillo son un escape para la familia real.
"Corre, lleva a tus damas de confianza, mi guardia los escoltará.
Debo bajar y luchar en la plaza, por favor, no se detengan."
El llanto y desesperación embargan a Helena.

Gritos casi inhumanos, ecos de explosiones e impactos brutales.
La recién nacida princesa y la reina huyen, junto a la prole.
Solo ella mira atrás, no siente miedo, la reina es guerrera también.
Sin embargo la prole es lacayuna y arrastrada, llenos de terror.

Llenos de terror, sea lo que sea que ataca, no es de este mundo.
Entonces, al salir del pasadizo mas allá del puente y el río,
una colosal forma de fuego y sombras opaca la luz lunar.
Mide tres metros, y sus alas tienen una envergadura de al menos ocho.
Lleva cuatro brazos, con cuatro garras como media lunas.
Y un esqueleto deformado con púas fusiformes para destripar.

Sus zarpazos descuartizan a los guardias y a la prole.
Helena corre, pero una garra corta uno de sus tendones de Aquiles.
Cae a la grama, justo al lado del río, el río Hecarina.
Y su hija es arrebatada de sus brazos, con delicadeza.

La criatura le mira fijamente, posando las cuencas vacías en ella.
Helena ruega por piedad, inundada en llantos, pide por su hija.
Reza a todo dios, elevando sus dedos desesperados.
El monstruo deja formarse una mueca de satisfacción.

Abre sus fauces, y deja caer el cuerpo diminuto en ellas.
Cierra su hocico, y puede escucharse el tronar de los débiles huesos.
Helena cae en shock. La luna ilumina su rostro pálido he inerte.
El río crece, y se lleva su cuerpo, corriente abajo, a las tierras nórdicas.

Hecarina tiene un rumbo curioso, sobre todo en la primavera.
Cómo una serpiente, zigzaguea entre los bosques de tamarindos.
Y bifurca dos veces, hasta llegar al delta del conejo.
Ahí, desemboca en el mar sereno, donde habitan los druidas.

Helena llega como una especie de ofrenda del río a la tierra.
Ella no emite palabra alguna, pero si ayuda en las tareas druidas.
Ofrenda su corazón de alguna manera, para no desaparecer.
Arde en su interior, le fulmina intensamente en monotonía.

Ella aprende de su cultura, y sus historias. Sobre los demonios.
Se dice que los demonios forjaron el mundo para alimentarse.
Y que cada mil años se deleitan masacrando pueblos y ciudades.
Hasta que escucha una mas curiosa aún: los elfos.

Los elfos son las únicas criaturas que pueden elegir cruzar.
Una vez, en la vida de un elfo, éste puede decidir si ir al trasmundo.
Y los que nacen en el trasmundo pueden optar por ser unghesch,
y llegar al mundo. Es así cómo los druidas conocen Elfinito.

Elfinito es un pueblo élfico, escondido en la espesura del bosque.
Helena decide peregrinar hasta él, aún a costa de los peligros.
Pide ser armada con escudo y lanza. En el reino ella aprendió tal arte.
El falange era una pieza fundamental del ejército, su principal legión.

En el camino ella lucha con panteras y cocodrilos, es implacable.
Acampa en la intemperie, durante diez noches, hasta dar con Elfinito.

Por primera vez en un año, Helena vuelve a pronunciar palabra:
"Les ruego a los elfos, que me permitan ir al trasmundo.
A costa de lo que sea necesario" las voces del bosque nocturno.
Un búho le mira fijamente, como corte marcial de los dominios élficos.

Dos días en ayuna, y una luna menguante, cuando aparece un vocero.
"Si tanto deseáis ir al trasmundo debéis renunciar a vuestra humanidad.
Convertiros en un elfo, y renegar de toda herencia o legado de este mundo."
"Acepto" dijo Helena sin pestañear.
"Un elfo se llama como un elemento de la naturaleza, decid vuestro nombre."
"Hecarina."

"Pasamos los ídolos de Salomón. La ciudad está a treinta mil pies"
Hecarina camina codo a codo con el manco, portando su escudo.
La partida de elfos acompaña al manco en su campaña.
Los peligros del trasmundo doblan a cualquier extranjero.
Deformidades se ocultan en las sombras, se arrastran.
Maleficios del caos: efigies, quimeras y wyvernos.

Solo monstruos pueden convivir con demonios, o esconderse de ellos.
Algunos elfos optaron ese camino, y también aguardan en la oscuridad.
Elfos oscuros les llaman, y se alimentan del miedo de forasteros.
Es por eso que están famélicos, y atacan sin mesura.

Traban combate con la cuadrilla, Hecarina enseñó el arte de su tierra.
Se propone una fiera batalla, los elfos oscuros portan hoz, hechas de hueso.
El manco es apartado y rodeado por un grupo de trasgos babeantes.
Esos elfos alcanzaron el punto de no retorno, idos de si mismos.

Su ataques son al unísono, pero el manco se defiende bien.
La técnica usada le cubre desde todo ángulo, con un solo brazo.
Y además sus garras proveen de gran impacto, desgarrando y cortando.
Desgarrando y cortando...
Una reminiscencia impacta al desdichado. Se siente demonio.
Vomita sobre los cadáveres. Y no tardan en aparecer más.

"Debes aprender de la paciencia de los elfos, cómo en la naturaleza,
la paciencia puede ser un arma frente al caos" Él recuerda tales palabras.
Se levanta, erguido baja la cabeza. Detrás de él y delante, elfos oscuros.
El ataque ocurre, y él se desploma al suelo. Se matan los unos a los otros.

La faena acaba al amanecer. Deja atrás de sí cadáveres de ambos bandos.
La masacre cubre de tensión el ambiente.

"Dijiste que Bersellhorum se desataba en este mundo,
entonces, quien la creó?. " el desdichado entabla con Hecarina.
"Un elfo una vez me habló de tal suerte:
*los humanos tienden a creer en la creación en lugar de conocer la génesis.
Eso es porque ellos viven en el mundo del orden.
A donde tú vas, es el mundo del caos, y te enseñará el sin sentido de la vida.*

No precisamente Bersellhorum fue creada, quizá, solo surgió."
El desdichado se llena de duda, una frase no cuajó.
"El mundo al qué tú vas? A qué se refería con eso?
De donde vienes tú, Hecarina?" le cuestionó.

"De hecho, hasta ahora no te he preguntado tu nombre.
Cómo te llamas humano extranjero?"

"... No lo recuerdo..."
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El puño de Bersellhorum (2)

Un año en el trasmundo tendréis, luego de eso, pereceréis.
Sin importar lo que hagáis, o a quien matéis, ese es el precio.
Y os lo advierto: de todas las muertes posibles esta es la peor.
Morir en el vacío es preferible a morir en el trasmundo."

Las palabras de la bruja resonaban en la cabeza del desdichado.
Para cuando el juicio había recobrado y las ideas ordenado,
se encontró frente a frente con la verdad: un brazo había perdido,
y su preciada espada, Bersellhorum había caído en un infierno.

Pero lo peor fue lo que le dijo aquella elfo frente a él:
"Has pasado un mes inconsciente, ni aquí ni allá, al borde.
Mi nombre es Hecarina, yo y mi tribu te salvamos, y te sanamos,
ahora por el código de los elfos, tú nos debes la vida.

Empero, no creas que eso constituye algún reclamo de mi parte.
La tarea que te propusiste es, quizá casualmente, quizá por el destino,
aquella que mi especie ha intentando llevar a cabo desde eónes.
Destruir a Alghol es la única razón por la cual existimos."

El desdichado se incorporó incrédulo de aquel brazo artificial.
Era una tecnología que no había visto nunca, pero el brazo respondía.
Y lo hacia como si fuese su carne y huesos, de manera intuitiva.
Se sentía como su cuerpo y se movía con la misma habilidad.

"Has dicho que estuve un mes inconsciente, ¿cómo aún estoy vivo?"
Pronuncia con sus labios secos y pálidos, el manco.
" Hiciste un pacto con tu alma, la sacrificaste para llegar aquí,
nada podrá matarte hasta que se cumpla el trato.

Entonces morirás, pero tu alma será encadenada a la eternidad,
una y otra vez sirviendo a los propósitos de otros."
En aquel momento el manco no comprendió las palabras de la elfo,
pero cualquiera fuera el significado, no le importaba.

"Debo salir de este lugar, debo encontrar a Alghol y matarlo.
Perdí un mes de tiempo, no perderé un segundo más."
"Si te vas de manera precipitada, volverás a caer, y fracasarás.
La próxima vez que hagas tamaña imprudencia, no te ayudaremos.

Si aceptas nuestra ayuda y consejo te juro por todos los elfos:
que cumplirás tu cometido antes de que tu alma caiga al limbo.
Los elfos somos unghesch, nos abstenemos del miedo y dolor,
pero no siempre fue así, podemos ser tus enemigos..."

"Si me amenazas, también te exterminaré a ti, no tengo nada que perder"
"En serio? Y dime, cómo lo harás sin un brazo ni un arma?
Por lo que se, llevabas a Bersellhorum, como el desafío.
Acaso creiste que un desafío iba a sacarle provecho a Bersellhorum?"

"Tus palabras no tienen sentido para mi, lenguaje sucio del trasmundo."
"Debería. Para cruzar el umbral se necesita mas que el sacrificio.
Necesitas portar un desafío, ya que al trasmundo solo se puede entrar,
si posees un símbolo de conflicto, en tu caso: una espada.

Pero una espada de tu mundo no podría jamás exprimir a Bersellhorum.
Su poder se despliega en el trasmundo y solo puede combinar con él.
Solo acero negro, forjado en el trasmundo, explota a Bersellhorum."
El manco razonaba las palabras del elfo, pero no encontraba sentido.

"Pareces confundido. Crees que te estoy engañando?"
"Bersellhorum ya es historia, esa espada se fundió en el infierno"
La elfo se fija con sus ojos plateados en el manco, y sonríe.
"Bersellhorum no es una espada, es la gema de la empuñadura que llevabas.

Y no se fundirá ni destruirá por ninguna cosa, ya que es energía pura.
Si la recuperamos y engarzamos a tu brazo protésico,
entonces tendrás una oportunidad de desterrar para siempre a Alghol."
El manco muestra los dientes y con furia vocifera:
"Desterrar dices?! He venido a matarlo, a matarlo!"

La elfo suspira y frunce el ceño, en una mueca burlesca.
"Alghol está muerto desde hace millones de años.
No se puede matar al mal, y eso es Alghol, el mal puro.
Tan puro que tiene su forma física, multiforme y amorfa.

Alghol es una cosa, tu aspiración ha de ser romperlo y condenarlo.
Llevarlo a un lugar desde el cual padezca eternamente hambre.
Un sitio desde el cual no pueda acceder más a tu mundo.
Y predar el miedo y el dolor de los de tu especie."

El manco siente el embargo de la satisfacción en su corazón.
Una eternidad de padecimiento suena mejor que la mera muerte.
Con nuevas energías, se dispone a entrenar su brazo.
Con la ayuda de Hecarina, aprende a manipular su fuerza y enfocarla.

"El espíritu humano es una cosa formidable, despierta en la oscuridad,
se espabila en las sombras, donde la luz es un mero lujo."
Las palabras de la elfo no inciden en su constante sed de venganza.
Transcurre una semana completa en aquellas cuevas.

"Cómo se supone que recuperaremos a Bersellhorum?"
La elfo escudriña en las intenciones del humano, su impaciencia.
"Los elfos te ayudaremos a encontrarla, pero no será difícil,
ya que ella te responde a ti, lo difícil será lo siguiente.

Y para lo que viene deberás preparar tu espíritu, inquieto.
La primera vez fuiste con esa misma sed de venganza y caíste.
Tu impulso solo te llevó a impactarte sin posibilidades de golpearlo.
Cómo dije antes, si vuelves a cometer ese error, no tendrás otra oportunidad.

Debes controlar la fuerza que te impulsa, dominarla.
Aprender de la paciencia de los elfos y la naturaleza.
Todos tenemos razones para nuestra venganza, y sed de ella.
Ahora tú eres nuestra esperanza, y tienes que llevarlo a cabo"

En los rincones mas lejanos del trasmundo.
Escondidos de los secuaces de Alghol, se esconde un pueblo.

El caos del mas allá es la naturaleza en este plano.
Y en él se encierra la inconsistencia del tiempo.

En el trasmundo, el pasado, el presente, y el futuro,
se entre mezclan...
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El puño de Bersellhorum (1)

No recuerdo cuál fue la pesadilla.
Y fui golpeado por algo invisible.

Alghol, me resulta un nombre impronunciable.
Del trasmundo abrió un portal y cruzó el vacío.
Es un ente predador de miedo y dolor.
Y no conoce mejores presas que humanos de carne y hueso.

Llegó a mi pueblo una noche, desde los bosques.
Los árboles ardieron y las campanas sonaron.
Creímos por un momento que era un ataque teutón.
Nada mas lejos de aquello, tan inhumano.

Monstruosidad del averno, trajo su imagen horrible.
Tres metros de un delgado esqueleto deformado.
Repleto de púas y su cabeza alargada de dos mandíbulas.
Dos pares de brazos y un par de alas enrojecidas.

Masacró inmisericorde, sin ningún rastro de piedad.
Mató y desmembró a mis hombres, pobremente armados.
Valientes, con escudos, espadas y hachas, inservibles.
Se fundían al mero contacto con la criatura.

El acero incandescente caía sobre las manos y brazos.
En su rostro, los gritos de mis guerreros provocaban su risa.
Primero fueron ellos, luego las mujeres, los ancianos, y los niños.
Mi familia, mi esposa y mi hija, corrían hacia la espesura.

Pero el miedo en sus corazones provocó su persecución.
Impotente, abatido en la graba, pude ver...

Pude ver. Y ahora la única cosa que me mantiene aquí..."
La bruja alzó su mano y le miró a los ojos.
"Deteneos, vuestra venganza no es asunto mío.
Quereís que os habrá un portal al trasmundo.
¿Teneís acaso idea del costo de semejante cosa?

Por colmo, traeís la espada de Bersellhorum.
Debeís saber que no a de importar lo legendario de vuestro acero.
No hay material en este mundo que mate a Alghol.
Pues, en primer lugar esa criatura ni está viva, ni muerta.

No hay filo que le corte, ni flecha que le atraviese.
Haceros la idea de que lo que me pedís es imposible."
El desdichado se encogió de hombros, y frunció el ceño.
Su mirada se inyectó en salvajismo y amenaza.

"Bruja insolente, por años mi pueblo te dio su gracia.
Te amparó del reino que te hubiera quemado en la hoguera.
Yo pagaré el precio, abre el portal, yo tengo que atravesarlo.
He de llegar al otro lado y acabar con todo"

"El precio es la muerte, y si os abro el paso...
Indefectiblemente de vuestro éxito o fracaso, perecereís."

No es necesario decir que el portal fue abierto.
Y al cruzarlo, el desdichado dejó atrás para siempre este mundo.
Por otra parte, la bruja perdió cien años de vida.
Pero también ella tiene motivos, para tal sacrificio.

Ya del otro lado. El trasmundo es un reflejo distorsionado.
Es el mundo, pero en perpetuo caos, y oscuridad.
Los mismos reinos, pero reinados por demonios.
El desdichado encontró de inmediato su primera batalla.

Los gemelos Ghuamesh, que luchan y matan como uno.
"Humano insolente y taciturno, ha pasado ya su apogeo"
Termina el segundo.
"Trae a Bersellhorum, no has de considerarte digno? Verdad?"
Termina el primero.

El desdichado no media palabra alguna, cuando traba combate.
La hoja de Bersellhorum corta el denso aire e impacta a un Ghuamesh.
El demonio se burla al pararla en seco con su cráneo y dientes.
Pues, sus dientes reposaban en donde se supone, está el cerebro.

En aquel momento el desdichado dobla la hoja, con tal fuerza sobrehumana,
que fractura tres dientes del demonio, provocando sus alaridos y caída.
El segundo, enfurecido, ataca desaforado con sus garras, a la espada.
La cual corta sus alargados dedos como mantequilla.

“Es imposible. Este débil humano, empuña Bersellhorum, y ella le obedece?”
En aquel momento, aparece Kiromesh, fiero monstruo dueño de los gemelos.
“Criaturas despreciables, os enviaré de vuelta a los rincones del Ades!
Osáis llamaros mis bellacos, y no sois mas que pútrida bilis!”

“Tu, vil criatura espantosa, llévame a la morada de Alghol o te destripo, ¡Aquí mismo!”
Amenazante vocifera el que empuña Bersellhorum.
“Ja, ja, jajajajaja.” Suelta Kiromesh una carcajada de su mal oliente hocico.
“Tu, viscosa bolsa de carne y excrementos, crees que me vas a ordenar, ¿a mi?”

La espada de acero brillante y detallado adorno, cruza el espacio en un parpadeo.
Lo que sería la garganta del alargado cuello de Kiromesh es rosada por el filo.
El monstruo se toma con ambas garras y regurgita la sangre espesa.
“El próximo corte será transversal a lo largo de tu cuello, asqueroso parásito.”

Kiromesh lleva al guerrero de Bersellhorum, por las sombras y rincones.
Otros abisales y retorcidos demonios le ven con vista sanguinaria.
“Ha de ser que el masoquista de Kiromesh ahora es otro unghesch?”
Refiriéndose a los transmundanos que no comen humanos, murmuran.

Finalmente llegan al alto dominio de Alghol. Un castillo pretoriano.
De altas columnas corintias, ornamentadas con la muerte de Hércules.
Fulminado en su frontón, con un fuego rojo ígneo, como un sol.
Y rodeado de los adeptos a Alghol, condenados, listos y penitentes.

La furia en el corazón del guerrero eleva el poder de Bersellhorum.
La espada lo levanta a cien metros y de un salto herculino entra en la fortaleza.
La hoja amortigua el golpe al suelo, apoyándose primero y doblándose.
Y el guerrero ve, a su alrededor: está sobre un puente tendido sobre fuego.

El trecho va desde la entrada hasta una plataforma esférica y enorme.
A su alrededor, los acólitos de Alghol, con sus capuchas negras y vacíos rostros,
Con sus manos entrelazadas, como si esperaran la llegada de su rey, ante el desafío.
“Alghol! Alghol! Alghol!” Vocifera con voz gutural y resonante el guerrero.

Desde las sombras la forma horripilante de Alghol aparece en la plataforma.
Con sus cuatro brazos en apertura, como esperando el abatir del desafiante.
Y entre ellos cae una cortina etérea que parece fluir de cuerpos famélicos.
El guerrero cree por un instante ver en ella los rostros de su mujer y su hija.

Entonces todo el odio y la sed de muerte se apoderan de su cuerpo.
Empuña Bersellhorum con ambas manos y la espada parece responderle.
Le impulsa con una fuerza colosal al embate lleno de ira y dolor.
Solo para impactar en las garras de Alghol y ser detenido en seco, en pleno vuelo.

El monstruo acerca al guerrero a sus esqueléticas fauces, y le dice,
Con un sonido tan profundo y deforme que casi no comprende:
“Tus mujeres son mis rameras, y las violo cada noche en el trasmundo”
Acto seguido le arranca el brazo derecho desde el hombro, y lo mastica.

Bersellhorum cae a las profundidades del fuego debajo.
Y el desdichado es lanzado por los aires y sale despedido de la fortaleza.
Impacta en las callejuelas fuera dejando un enorme charco de sangre.
Y es rodeado por Kiromesh, y los gemelos, junto a otros demonios,
que se burlan a carcajadas de su destino.

Empero llega a distinguir a un grupo de aparentemente humanas.
Con orejas alargadas y lanzas, largos cabellos y piernas, que lo miran con tristeza.

Entre fiebre y dolor, en cortos lapsos el guerrero ve su suerte.
Sus pesadillas son infiernos donde cae infinitamente, alejándose,
de todo lo que alguna vez amó.

Se ve a si mismo rodeado por aquellas mujeres de largas orejas.
En cuevas oscuras, acostado mientras una de ellas trabaja en su herida.

Pasa un mes, en el trasmundo, son diez años en el mundo.
El guerrero recobra el conocimiento.

Su lado izquierdo lleva una prótesis metálica de lo que parece un brazo,
pero inhumano, con garras y alargado.

Y frente a él, una elfo le observa fijamente…
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Fractura

Llueve el llanto frío de estrellas muertas
inertes e inmóviles,
sin emitir sonido alguno al fracturarse,
y caer a la ciénaga de un oscuro abismo.
Al tocar el vacío,
tornarse del color de la incertidumbre
es en efecto, un acontecimiento,
sin sentido, carente de razón,
o motivo alguno.

El vástago y antiguo, poder plenario,
el saciado de su asfixia,
él, un sujeto sin forma definida,
se dio a conocer como un delirio, en las sombras.

Arden las llamas de la esperanza
en la agonía y la fatiga,
arden hasta volverse cenizas y extinguirse,
y dar paso a los aludes de polvo y miasma.
Mortificados e insaciables,
se estrellan y magnifican tamaña desgracia,
per se tardía e incierta,
finita y escueta.
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