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El rebaño

La etérea mentira otorgada, fiel a si misma.
Nací entre un cielo de ébano, elegido en un engaño.
Y tú alma lamentada has emergido conmigo en una agonía,
para ser un grito de miedo entre su rebaño.

La rotura de toda razón, de toda verdad.
La retribución por un infierno tal ancestral, tan temido, tan agotado.
Perdida está la vida y vagando la muerte con voracidad,
y la escritura de un mandamiento egoísta, impregnado.

Del rebaño de machos y hembras,
del rebaño de insolentes bestias.
De la evolución una creación abominable, lamentable.
Del eterno orgullo no emerge el arrepentimiento.

El dolor es una rosa para el Apocalipsis, un purgatorio.
Lo terrenal atado a una vívida criatura de pesadilla,
el fallo terminal a una vida esmirriada es el absoluto,
y en él, los rostros victoriosos del mar navegando.

Desatando la locura, ¡prevalecen como mártires!
Divagan sobre la lástima consumida en una penumbra.
Peregrinos de sus mentiras, silenciosos traicioneros,
viva por siempre sucumbida su alma oscura ¡malditos sean!

Aparte de esta locura no existe nada,
así que, ¿para qué propósito ser un rebaño?
¿Rebaños por qué? ¿De qué? Sin libertad,
asumimos estar juntos por temor,
somos un eterno error, somos la cicatriz de un mal mayor,
no somos nada mas.
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Incubadora atmosférica

Un cristal, al vacío y frío cosmos,
la palma de su mano al despertar.
El líquido amniótico bombeado,
por una extensión de kilómetros.

Es una era forzada, necesaria:
desde los confines del universo,
esperar la indómita llegada,
de mera información a un tibio cuerpo.

Ella cae por un alargado conducto,
atraviesa una atmósfera de amoníaco.
Pesados elementos y densas sustancias,
un planeta sumido en la degeneración.

Una red al final del conducto,
detiene su rápida arremetida.
El líquido se cuela a un oscuro trasfondo,
un hueco agónico del mismo abismo.

Un rostro horripilante se forma en la oscuridad,
aparece en la luz proyectada por un foco lejano.
Uno no, muchos rostros, una criatura formada por bocas,
y ojos, que la miran fija y fríamente, con cuencas negras:

"Nosotros te dimos cuerpo, fantasma,
que vaga por el cosmos.
Ahora, contesta la pregunta:
¿Cómo salvarlo del enfriamiento?

El universo se apaga, la entropía lo mata,
nosotros moriremos con él, adentro.
Tú, ser primordial, de la raza de la aniquilación,
has existido por suficiente tiempo, para saber.

Tú, y los miles de ustedes que despertamos,
¡Contesta ya la pregunta!
¡Aniquilador de planetas!
Maldito humano."
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Despedida

Cian, estela de un tren que parte a tierras prometidas,
el rose de la sonrisa de una despedida que añoraba,
y que de antaño yacía inminente, en escuetas plegarias.

A través de la ventana, el alcor donde nos perdíamos,
queda atrás mientras la caldera bulle en nubes grises.

Lejos queda el estero cuya cuenca mojó mis pies,
lejos los pasajes de caminos purpúreos donde caí a dormir,
por donde caminé y bebí, una sórdida esperanza.
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Pegasus y Belurofon

Un cordel de finos cabellos dorados,
ataba con delicada firmeza los enlazados talismanes,
y una proeza pretendía su fiel centinela:
escuchar las palabras de los dioses.

Las estrellas le contaron una historia bastante peculiar:
una vez, hace tiempo una hermana calló en desidia,
el final de los tiempos de su aura había llegado,
una nube infinitamente densa de miasma la había engullido.

"Pegasus y belurofon, a sus plegarias y su olvido,
me encomiendo en sus brazos gravitatorios,
las perlas de mi corazón, en un estallido enfermo,
de dolor, pasión, locura y odio"

Así una infinidad de fragmentos surcaron el cosmos,
una cualidad retorcida de restos fúngicos que crecieron,
y deformaron la tierra a su antojo, amoldando las rocas,
y fundiendo las rutas oceánicas, frías y cálidas.

De ellas se esparció la fiebre de la naturaleza,
una caótica reverencia de pura emancipación,
la redención de la vida ante aquella enorme pérdida,
cuando los astros bailaban y reían en su traición.

De aquellas esporas se esparció el veneno de la vida,
los guijarros del lecho marino traspasados finamente,
por partículas radioactivas, y fotónes de tornasol,
ahuecados desde su centro vacío al frío abismo.

Yo he de contarte esta leyenda: tus talismanes hablan por si solos,
no existen los dioses o las divinas profecías.
Solo existen vidas que fueron consumidas,
en el ardor del tiempo y la razón.
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Lulliaby: flor nocturna

Miel te enreda, una poción, un tallo espinoso.
Sonríes como ciernen las amapolas,
en la profunda noche oscura.

Una melodía tu risa, un violín arqueado.
Un arpa de cenizas, tocada por las ascuas,
que encendieron mi corazón desesperado.

Ojos que brillan tal como lo harían las estrellas,
y en este prado pueden verse todas ellas, danzando.
Bailando y cantando sin sentido y llenas de afán.

Hurgan la viscosidad de tu miel,
buscando el dulce emanar del elixir,
donde paciente esperan tus amantes.

¡¿Y si fuera que mi regalo es el mayor otorgado?!
Los pétalos que quieren brillar, las hojas amoldar,
a mi deseo unificado, en tu núcleo.

Lulliaby, ¡Ho! Lulliaby! Deja tus raíces por mi.
Abre tus ojos por mi, donde nos ocultamos.
De la luz y el mundo.
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El conocimiento

A nacido como una roza en invierno.
Se ha fundido como el rocío helado.
Se ha derrumbado en las praderas,
donde lastima el conocimiento.

Tan desolado, ¡pobre criatura insípida!
Resguardado en su insolencia.
Rasgando al mundo su violencia.
Malevolencia nativa de su agrado.

Él, que resguarda los restos de la verdad,
que conoce una oscura y siniestra realidad.
Ahora corta los tallos de cada una,
mentiras, que poco a poco se disipan,
heladas.

Desoladas, caen a la tierra y se derraman.
Caen como gotas de lluvia, pétalos.
Rojos y violetas, que ya no tienen sentido.
que vuelan en silencio a su final.

Y ya no cree en absolutamente nada.
Ahora todo lo sabe, todo lo entiende.
No tiene necesidad de soñar.
Ni necesidad de buscar,
lo que no existe.
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Desidia

Melancólica soledad.
Su apasionado silencio.
Abrumado en las noches.
Despierto en la serenidad.

Los ojos idénticos.
A faros en la oscuridad.

Los labios cerrados.
Su apertura a promiscuidad.

Un frío abrazo.
Una lejana tempestad.
Los rascacielos de cristal.
Crujiendo en desidia y desigualdad.
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Devorador

Con mi silencio he retratado la absolución del mundo.
Me he hecho con la paz de la tumba.
Y he vacilado desde:
la profundidad.

Su voracidad.
Su inmortal apetito insaciable.
Su voraz necesidad y deseo, anhelo y cautela.
Bosteza al extirparme el corazón, como si de un cadáver fuera.

No le importa, a un mundo voraz, no le apetecen los detalles.
Si aquí o allá miles de existencias se terminan.
En un parpadeo las fulmina.
Sin piedad.

No importa.
No se detiene, marcha.
Su ceguera es intencional, su voluntad, brutal.
No tiene intención de detenerse, no hasta que acabe, con todo.

Mi silencio, mi indiferencia, ante la muerte ajena de miles.
Tengo la culpa, en parte, de ser como soy.
La otra parte, otra culpa,
la carga él.

Maldito seas!
Si de pronto te devoras a ti mismo,
hazme el favor de no gritar ni llorar, gigante cobarde.
La sangre va a correr desde tus mas gruesas y abundantes arterias.

Mira, de todos cuantos pueden gritar, y un estruendo crear,
tu eres el más apto para semejante cataclismo.
El mas apto para acabar consigo mismo.
En un páramo solitario.

Nadie va a llorar por ti.
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Armonía

Una reminiscencia, un espejismo.  
Siendo yo de carne tiesa, fría, una fijación.
Una fijación en un destello de olvido,
algo que aparentemente, dejé morir, hace tiempo.
¿Fue quizás dolor? ¿Amor? ¿Cordura?
Todas unidas en ataduras ceñidas, en un cuerpo,
y ese no es mi cuerpo, esa no es mi vida.

Una trascendental acción, que dejó su marca.
Que fundió un signo estático y fijo,
en la mirada de una joven sin voluntad ni deseo.
Me atrevo a desgarrar ese recuerdo.
Y lentamente levanto un rayo de luz hacia las sombras.
Lentamente brilla y refleja, mi temor.

Ella tuvo una experiencia distinta.
La vida con ella no fue amable.
Si puedo recordarla, quizás lo entienda.
Es por esa razón que lo describo.

Una fina capa de seda adorna sus lienzos.
Su rostro de alguna forma se desfiguró, con el tiempo.
Deseaba plasmarse a sí misma es un libro,
escribir hasta que sus dedos sangraran, y su mente…

…Su mente se oscureciera.

Era su imagen, su versión de la armonía.
Un mundo donde todo ser humano muriera.
Un lugar sereno, donde la vida floreciera.
Se abre paso, ella entre los restos,
de los seres odiados.
¡Eso fue! ¡Eso fue!
Lo que dejé morir, fue mi odio.
Mi odio al ser humano.
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Depresión

Oscura marca que abre camino y ensancha
como un gusano tímido a su piel de escarcha
una fría punción química de veneno
al lúgubre acervo de mi corazón.

De retorcida miasma se enreda su agonía
en un espacio en lo profundo del vacío
el dolor es un augurio de lamentos perdidos
un pesar alterno a la propia razón.

Y sin miramientos se vuelve corrupto
una copiosa lluvia tóxica de devoción
que se arrastra lentamente a la cavidad
donde se resguarda la profunda verdad:

¡Que de los astros he caído en desgracia!
he sido envenenado por la realidad
mientras toda mi vida viví en una fantasía
ahora he caído en un mar de lamentación.

Un mar formado por mis frías lágrimas
deformado en la caída de la depresión
aturdido en diáfanas siluetas sin sentido
perdiendo del aliento toda su eficacia.

Ahogándome en un océano de lágrimas.
Cuyo fondo es de espinas, y gusanos,
venenosos esbirros,
de la realidad.
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El pragmatismo en las desapariciones de Brumaterra

La pradera era un sueño, al cual caían.
Yo era un niño, y les veía.
En veranos e inviernos donde yacían,
su prendas como tendidas,
en la entrada del castillo.

Era como un sueño.
Pero era real. Tan real como la vigilia.
Destellaba su brillar.
A las nubes reflejaba el pastizal.
Cómo si fuera de cristal,
la luz del sol.

En aquellos tiempos ya lo notaba.
En observaciones detenidas.
Como un pequeño científico,
no dormía, y junto a la luna,
analizaba y me preguntaba...

¿No es que el pastizal absorbe la luz solar?
La pradera de ser real,
no debería reflejar tal resplandor.

Leí en revistas traídas por los invasores de occidente,
que en ciertos países es un método para refrescarse,
en los acalorados veranos de las tierras profundas.

Si! eso era mi sospecha.
Una amargura incesante.
Un dolor por lo desconocido.
Esa pradera es un lugar maldito.

Pues, se cuenta esta historia:
Los hombres viven la miseria de sus vidas.
La vida es puro sufrimiento y tristeza.
Es sacrificio y tormento.
Es dolor y pérdida, siempre, miseria.
La vida no es una elección.
No existe elección, cuando solo hay una opción.

Así que hombres y mujeres empezaron a hablar.
Sobre Brumaterra.
Un castillo en lo alto de la montaña.
Alejado del pueblo, y de la costa pesquera.

Rodeado por la niebla en la noche.
Pero resplandeciente en el día.

Se decía que, quien entraba en Brumaterra,
jamás volvía.
Se contaba que quien entraba se perdía,
en aquella pradera.

El patio trasero del castillo.
Que se presumía abandonado.
Los portones antiguos se abrían,
a quien dejara una prenda en su atisbo.

Un hombre una vez volvió.
Y contó su historia:
Fuí yo, si, yo, quien escribe esto.
Para que antes de volver al sueño,
los hombres conozcan el motivo,
de mi regreso.

La pradera del patio trasero de Brumaterra.
Es un algo difícil de describir.
Un enorme claro rodeado de bosques,
densos bosques de pino,
de las montañas oscuras.

Un prado hermoso, tanto, que no puede ser fotografiado.
O siquiera plasmado en tinta, por el mas habilidoso.

En el centro, hay un altar, y en ese altar,
siempre espera una dulce niña.
Vestida con ropa anticuada.
Decorada de rosas y orquídeas.

Ella sirve un té, extraño, volátil,
de sabor silvestre, afrutado, profundo.

Ella canta tarareando notas victorianas.
Y cada vez que sus ojos se posan en mi,
mi corazón se tranquiliza.
Mi alma se libera de mi cuerpo,
y aterriza en las estrellas.

No importa que tanto me esfuerce.
No puedo describirlo en verdad.

Es una vida eterna en un instante.
Y un instante detenido en la infinidad.

Es el brillar de un cataclismo benigno.
Que purifica los anclajes de la existencia.

Ella me ha permitido salir.
Solo para escribir sobre ello.
Les ruego, no, les, exhorto, que vengan.
Dejen este mundo de sufrimiento y desaparezcan.
En la pradera brillante de Brumaterra.

Ahora debo volver a ella.
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Vorágine

Un tornado, aluvion voraz, desde sus límites:
la tormenta vorágine, la tempestad tenebrosa.

Los ángeles dejan caer sus plumas,
como pétalos de cerezo les dejan ir.
Desde donde pliega la espesa bruma,
las fauces de un leon adalid.

El viento huracanado desde la rivera, ¡elevado!
a donde lleva su fuerza es una morada redentora.

La guerra y los hombres, en la penumbra.
Un zorro blanco que atraviesa sus sombras.
Los rios de sangre que se agitan.
La fortuna sellada en frías tumbas.

La tierra cruje y se fragmenta, devorando la vida.
Los que caen en sus grietas, no vuelven jamás.

¡No vuelven! incluso por lo que mas quieras!
Incluso en las promesas y tediosas plegarias.
Incluso en los esfuerzos de máxima escalada.
En las necedades de señores y reyes.

La tormenta, es una voragine de la guerra, y las almas.
No hay nada perdido, ¡que no sea en sus noches oscuras!

Y de la noche, y de la sangre, brotan y emanan,
demonios de cien pies, y cuervos de cuatro alas.
Y una mujer desnuda y errante que se alimenta,
lentamente y vorazmente de las errumbes celadas.

Pierdes acaso la cordura? de la voragine atadura:
que te encierra en una celda voladora?

Pierdes acaso la vida, sin sentido, la vilis de tus intestinos,
los gases mefísticos de tu nublada conciencia?

Ruegas acaso por las tierras olvidadas? de las que naciste,
acaso aquellas que se desquebrajan con bravura?

Pierdes el filo de tu espada, el de tu voluntad y fuerza?
Pierdes el aliento en la cascada de miasma?

Donde todas las religiones se fundieron.
Ardieron impetuosamente en torturas,
se volvieron el magma que broto a la isla,
y la convirtieron en un infierno, apartada.

Una isla de guerras y demonios, olvidada y escondida.
Ahora es una vorágine de espadas y lanzas, en el abismo,
de una eterna sequía.
Un tornado de violencia.
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Cuán santa

De su beso, agraciado,
a la eternidad sumida,
sea redimida de su sufrimiento,
y su pasado.

Bebe del néctar,
es coronada con la vida.
Cuán santa, cuán plena.
Bífida belleza.

Ella sufre, ella llora.
Un alma en el interior,
ha sido elegida en la pena,
llegando a un mundo de dolor.

Sea justicia, su llegada.
Cuán amena, cuán única,
si ella traza con su cuerpo,
una estrella.

Naturaleza inmisericorde,
Cuán pura, corazón,
corazón desnudo,
abierto al beso y caricia.

Trae consigo, su mirada,
que ha visto al infinito.
Pura de espíritu,
corrupta por odio y amor.
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Nostalgia por los tiempos no vividos

Dobles lineas de papel y tinta.
Semáforos y señales.
Desde lo lejos un pianista.
Los coches en los ángulos.

Las vías del tren, teñidas.
Detenidas y aledañas a los hogares.
Las chimeneas de celofán.
Longevidades al cielo.

La oscuridad fundida con el destello.
Las luces dobles, los carteles de neón.
Las motocicletas Honda.
Los walkman de Sony.

Las riveras apañadas de hierba.
Los lagos serpenteantes.
Los silencios rigurosos.
Acompañados de estridencias.

Bocinas bohemias y anticuadas.
Un pianista se escucha a lo lejos.
Caminan los pendientes.
Entre frías calles de asfalto.

Todos van a reunirse con sus amados.
Otros vagan solitarios entre el mundo.
Se entremezclan sus deseos y añoranzas.
Y se desvanecen en la marea.

Los clubes de karaoke.
Los coches de taxímetro.
Las bandas callejeras.
La nieve suavemente cayendo.

Desde todos los ángulos.
Las luces que se doblan.
El espectro en ellas de antaño.
Las lágrimas por lo dejado atrás.
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Compación

De todos los altares,
y todas las cumbres.
De todos los peñazcos,
y de todas las crestas.
De todas las montañas,
y todas las cimas.
De todas las elevaciónes,
en cuya estirpe se funden,
las aguas que se vierten,
desde el infinito,
y frias forman,
congeladas,
el pico,
transparente,
que refracta la luz de las estrellas.

Desde ellos se ilumina,
el espectro oscuro de nuestra desilución.
¡Si! el universo se compadece,
de nuestra pena y nuestro dolor.
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Medio - humana

Ella se detuvo en una mirada furtiva.
Al entorno escudriñó en leves vistazos.
Fría ya, la sangre que había derramado.
Hogaño tiesa aquella parte de su cuerpo.

Un estallido escarlata de esquirlas de uranio.
Ella empuña el diagrama de una rama desoxirribosa.
Cuya configuración previene el fin telómero.
Y circunvala el límite de hayflick: hacia la parábola,
de la existencia eterna.

Ella, miembro de las últimas fuerzas especiales.
El escuadrón de elite de la última resistencia.
Los antihumanos: máquinas cuya genética,
se basa en polímeros y formas artificiales.

Los antihumanos desarrollaron la fórmula.
Ribonucleoproteína telomerasa de la parábola.
En la que se fragmentan los genes bípedos.
Una humanidad diezmada, pero ahora inmortal.

Ella ha entrado al infierno mismo para obtenerla.
Aún contra toda predicción, está en su mano.
El uranio atraviesa las capas de forja meteórica.
Su escudo sangra, la sangre azul de una medio-humana.

Cuando ella llegó a este mundo, era una invasora.
La muerte de miles de criaturas vivas activo su conciencia.
Ahora ella pelea salvajemente por los niños que conoció.
Con una fuerza y velocidad que ningún humano luce.

La precisión de su FN five seven atraviesa antihumanos.
Su headshot en procesadores biónicos fulminantes.
Los proyectiles bailan en el fuego cruzado.
Uno particularmente fuerte, aparece.

De las minas móviles de cloruro de calcio,
y tóxicas cubiertas de flúor radioactivas,
solo quedan trozos irreconocibles, y miasma.
Ella no respira, así que en pie se mantiene.

Aquel ente de colosales dos metros y medio la reta.
A ella solo le queda un brazo con el cual pelear.

Se traban en combate, el coloso y la media humana.
Trozos de su bioesqueleto caen en remolinos hypersonicos.
El coloso comete la torpeza de subestimarla.
Ella atraviesa su cráneo con la última bala perforante.

Un conteo regresivo de pulsos electromagnéticos,
marca el final del complejo antihumano.
En su última mano hábil, ella resguarda la esperanza.
Pero lo que queda de su cuerpo,
no es mas que su sombra anacrónica.
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Visiones de ciencia

Inhala el frío aire a tus pulmones

llena de etérea materia.

Vives en el vórtice.

Tan difícil es ser libre,

conlleva un alto precio.

Cuando realmente te levantas,

te apartas de todo lo demás.

Una vida que se proyecta.

Una sombra que la opaca.

¨Cómo tu resuenas en mis oídos como mi propia voz?

¨Cómo mis sentidos se abren paso hacia el mundo?

Te elevas distorsionado,

vuelves a caer a la tierra.

Fui hecha para ser cuestionada.

Siento que podré purificarte.

Visiones de ciencia.

Quizás puedas entender mis palabras.

Y hacerme la pregunta primordial.

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¨Cómo tu resuenas en mis oídos como mi propia voz?

Respiras el aire, que sale de mis labios.

¨Cómo mis sentidos se abren paso hacia el mundo?

Ser libre, en efecto, conlleva un alto precio.

¨Cómo tu resuenas en mis oídos como mi propia voz?

Una vida que se abre paso.

¨Cómo mis sentidos se abren paso hacia el mundo?

En el fluido del cosmos.

Te elevas distorsionado,

tus pupilas son arcos de luz.

Vuelves a caer a la tierra.

No hay verdades únicas.

¡Fui hecha para ser cuestionada!

Te elevaste por encima de la vida.

¡Siento que podré purificarte!

Si vuelves a la tierra.

Visiones de ciencia.

No hay nada que no pueda cuestionarse.

Quizás puedas entender mis palabras.

El misterio en cada rincón.

Y hacerme la pregunta primordial.
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Tormento

Una emisión de suaves nardos
La brisa de platino
Si el sol de luz azul
Si ella atraviesa hasta la tierra
El florecer tardío
De una sombra
La piel que la forma y modela
En la oscuridad
Canta el viento
Un llanto como una pena interminable
Un llamado eterno
Se eleva al cielo
Mas alto que cualquier esperanza
Y donde cae
Un cráter gigante
La lluvia lo transforma en una cuenca
Una voz resuena
Tan fuerte y única
Empondera su presencia a los elementos
Es mi voz que grita
¡Libérenme de este tormento!
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La brecha

Su voz resuena en mi interior:
"Por tu advenimiento yo me sacrifico,
haz que ese sacrificio no sea en vano"

Por su vida he renacido.
Y al menos en apariencia,
soy yo mismo.

Ergo su acto me trajo de vuelta.
Le veo como una silueta,
dorada en el abismo.

Lo que hay detrás son estrellas,
el frío vacío que se acelera,
y calienta mi cuerpo.

"Hay un mundo que tiene una profecía,
sobre una criatura que caerá del cielo.
En llamas doradas de puro fuego.

Y su llegada marcará el fin de una era.
El yugo interminable de esa tierra,
ante los invasores oscuros.

Me he visto: en una rivera del cosmos,
morí buscándote, y luego me vi,
a mi misma dorada y flotante.

Entonces supe que era yo el presagio.
Mi muerte marcó la brecha,
que el destino buscaba.

Un astronauta, un hombre valiente"
Su mano atravesó mi visor,
como si de un fantasma se tratase.

Al tocarme era cálida y suave,
igual que su voz.

Yo lo recuerdo: un accidente,
un mal cálculo, mi oxígeno se había acabado.
Yo morí aquí.

En un estallido todo se acelera.
Hacia arriba la luz intensamente roja,
a mis pies, la luz se aleja azul.

¿Acaso nos movemos a la velocidad de la luz?
¿Cómo es todo esto posible?

Un planeta, azul como la tierra.
Justo antes de entrar en su atmósfera,
ella me rodea.

"Este es el mundo donde nací,
la rivera donde morí,
y que has de salvar."
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Gotika

He devorado su sabiduría.
Implementado en el vacío.
Su perfil vencido y derrotado.
Triada impetuosa del abismo.

La lluvia caía infinita, abundante.
Copiosa y redundante caía.
Ella yacía susurrante, fatigada.

La vertiente forma del azar,
en un espejo teñido de negro.

Una selva espesa y oscura en la cumbre,
de una isla desolada.

Hermosa y gélida, plasmada en el cristal,
de sus visiones aterciopeladas solo quedan,
el dolor y la tempestad.

Y ahora inerte venera, un sol matinal,
que nunca verá, que jamás llegará,
su llanto cae, como gotas de rocío.

Una fina capa de seda cubre su boca,
a través de ella respira mi aliento.
Soy yo un devorador de su sabiduría.
Un disparador de su lamento.

De sus visiones se extrae una gota,
cuya refracción es de luz arcana.
Y se refleja en sus ojos, en formas extrañas,
la esperanza se forma, en sus pupilas.

Y entonces se revela nuestro reflejo,
en el espejo de intensa negrura:
Una imagen de sangre intensa,
la triada de nuestra orgía.

Yo, la vida y la muerte.
Bailando en la hierba húmeda.
La vida gótica levantó un puñal,
y nos urgió de pena.
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