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Desafío y Resistencia

La escritura surge de un endemoniado sentido del deseo.

Construir inesperadamente un texto sin un deseo interno depende, en cierto punto, de nuestro compromiso con la vida, la literatura ya es otra cosa.


El lenguaje, como instrumento, acompaña a la poesía.

Por mi parte, el lenguaje reside en la voluntad del ser.
Es necesario padecer de una huella-afección -de una muerte- que desencadene un caos interno que nos conduzca a ideas que generen un sentido y que, a través del lenguaje genere intensidades.
[Escribir nos desposee].

Toma cada espacio que ignoramos hasta cierto momento.

Al ruido externo lo comprende;
el dolor y el miedo tiemblan en las calles;
las balas vuelan por los techos;
madres se agitan;
la voz de cuerpos aparecidos reside en las manos de un poeta que se resiste a la esperanza, a la memoria.

Y sobre las cenizas existe en él la única voluntad de hacerlo resonar.
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En el espejo

Anteayer me vi en el espejo
el terror me abrazó
vi unas manos débiles
un cabello cortado
unos labios rotos

Ayer vi una sonrisa
unos labios delineados
unos ojos vivos
gritaban abrazando un sueño

Mañana me vi sola
arrugas en la comisura de los labios
mis ojos raídos
la mano me tembló
me da miedo llorar

Hoy soy un cuerpo de recortes
algo/alguien me escupe a través del espejo
me hala el cabello
no tiene dientes
me veo / se ve desnuda

caí en un sueño que no me pertenecía
me vi al espejo
el terror me abrazó apacible
unos labios rotos me sonreían
entre intimidad y sueño, era yo.
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Espacios desnudos

Soñé un lenguaje eterno
un idioma disfrazado en la planicie humana

Soñé un espacio desnudo
una compañera perdida aullando en las calles

Soñé una violencia futura
cavando en el mar palabras pesadas

Soñé unos ojos rasgados
una niña triste con grito de sirena

Soñé un roce en su cuerpo
una mancha roja todo cubre

Soñé un lenguaje inútil
un monstruo en el aire diciendo su nombre

Soñé un cuerpo flotando
pieles de mármol / vellos despeinados

Soñé una mujer dormida
un amante herido cortando su pelo

Soñé un fin temible
unos senos tristes / un triángulo desgarrado

Soñé objetos enumerados
mandiles blancos / cintas acordonadas

Soñé / máscaras / casas en silencio / sueños cercenados
Me soñé acabada con dedos pálidos en la puerta de mi casa

me soñé descalza y silenciosa
sola entre las vísceras
de un espacio desnudo
que me absorbió
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Mi nacimiento

Me ha parido el día frío, con lluvia
los perros lloran en silencio bajo las maderas tristes
la voz de mi padre se oye como eco y como llanto de leones
manos suaves siento en la cabeza
un bisturí pronostica mi muerte
me asfixio sabiendo que empiezo la eternidad
la placenta me deja y lloro, lloro porque me estoy alejando del túnel.
Soy parte de una pesadilla
muy bajito escucho un susurro al oído
bello, callado, puro
se parece a ti
no, se parece a ti
se parece a mí, dice una voz poderosa
me hiere
quiero volver al útero donde hay silencio.
Nací con una joroba de ansiedad
soy un caracol que se arrastra entre grietas
me desfiguro entre fajas apretadas
mis brazos y mis pies toman formas que no quiero
¡Apriétalo más! ¡Tiene que estar derechito!
soy un acertijo para mí
habito en un cuerpo que no es mío
ya no hay alegría en tragos de placentas
solo queda un llanto seco que me emborracha.
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Telaraña

Existe una oscuridad parcial que llena cada espacio de la figura terrible que se erige ante mí todas las noches
donde la saliva se me seca al tocar la punta de mi lengua con su dedo.
Todo a mi alrededor se torna estático.
Se sube sobre mí arrastrado su cuerpo en mi cuerpo;
sus uñas se enredan en mi cabello,
me sangra el animo y mis ojos son líquidos;
más allá de la violencia de mi cuerpo, aquello no me deja ver la finitud de mi ser;
está en mis pies, en mis manos;
en mis labios se vuelve seda de telaraña que se entreteje entre piedras;
piedras que se rompen con cada estallido que cae sobre mi naturaleza.
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Ojalá no se trencen nuestros nombres en el olvido

Escribo, leo, escribo, pienso, escribo, pienso y siempre estás. Te llevas todo mi cansancio, mi miedo, mi rebeldía, abrigas mi humildad, mi sensatez y mis peores sueños. No estoy sola, eliminaste mi soledad y ahora puedo ir por ahí con los ojos cerrados porque me esperas y porque espero que me esperes. Ya no voy sola, voy riada de ti y de mí, labrando una tierra fértil que nos absorbe como esponjas y nos convierte en carne, en espumas de aloe, sanadores de nosotros mismos; frágiles, vivos, versos, palabras… somos todo aquello que corre por el aire, que nada entre espesuras de nuestros colores favoritos, entre cualquier parte de este mundo que arrincona gente para encontrarse, rozar pieles extrañas, besar amores en esquinas, arruinando vidas bien vividas. Sonreímos lentamente aunque la gente mienta, aunque huyamos de ellas.

Te estoy llamando desde el amor, desde el recuerdo que llevo día a día en mis días llenos de ti, de tu amor y paciencia. Te estoy llamando como al sueño, como a la vida, como a la salud. Sin llantos, porque no hay llantos presentes, gracias a Dios, porque aunque muchos no crean en él, yo pienso con desesperación que él conoce mi sed, mis ahogos y mis esfuerzos (nuestros) que trato de llevarlos en esta tierra agitada. Pájaros gorgojean a nuestros oídos; muchos de ellos hieren otros sanan, nos reímos bajo el aire salado que respira esperanza; bajo la luz de esos pájaros se pide que el duelo se haga fiesta.

Aquí escondida en mi habitación conozco tus gestos al leer este breve recuerdo, siento cómo miras los muebles y admiras estas pocas palabras que no siempre las digo pero que te despedazan de alguna manera como porcelana sobre cemento.
Sabes como yo que las palabras son fantasmas que se quedan en nuestra memoria y aparecen con la invocación.

El lenguaje escrito es mi única manera de llamarte, aunque estés arriba, y siempre me envíes un monosílabo diciendo “voy”, aunque no sepas esa palabra que escribes (entre toda mi larga fila de palabras vacías) para mí es una petición que siempre está ahí cuando llueve porque el ruido del agua me da miedo, parece inacabada, veloz y encendida; es inútil hablar de miedos sentenciosos, pero espero que nunca se cierre la puerta de los volcanes para que el fuego no se haga soplo de ceniza en el viento que nunca aplaca a monstruos del olvido.

Ojalá que troyas, inmensidades, montañas, mares y distancias no trencen nuestros nombres en el olvido, porque eres mi escudo en la espera de todas mis impaciencias que buscan un combate donde no quiero estar, recuerda que la soledad es un lujo que los dioses de las tragedias envidian.
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Pescador

Vive en una tierra de belleza
Que no desea copiar fronteras ajenas;
nace, acaricia la herida del tiempo,
acepta la inclemencia de la soledad.

Bajo el aire salado
respira esperanza;
bajo la luz de los pájaros
pide que el duelo se haga fiesta.

La noche avanza como un poema,
merodea con palabras.

La sombra de huellas
atenta,
desarmada
vive en el fuego,
en el mar
entre los peces
tan exactos sobre el silencio
que continúa
migrando a su propia existencia.

Entre sollozos;
entre cantos de abejas,
entre el río que besa los montes
ahí, entre ladridos de perros,
duerme un hombre
que no se cansa de crecer.
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Desubicada

El poema es imagen, la poesía dice lo que tiene que decir, no hay más.
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También hay Ninfas en las calles

Tiembla de frío en las sucias calles de Guayaquil con un antojo desfavorecido que se inmuta ante la codicia permanente del placer que la rodea. Camina arrastrando una cobija de orgullo, mirando con rencilla la luz hosca de la calle. Desprecia las duras baldosas hasta convertirlas en inocencia y plasma su sonrisa tétrica en cada pensamiento que la abstrae a su mundo, de nuevo cae.

Pasan a su lado diez personas, luego siete, luego nadie. Todos la miran y se alejan porque su cabello huele a ficción y sus manos hurgan la soberbia que se infiltra en cada vena; en la médula que trepida de rabia y en la bilis que quiere brotar de enojo. Sigue caminando y con la mirada destruye todo a su paso; con un gesto circular en el aire precisa poseer todas las virtudes de las mujeres que gritan de hermosura superior a la de ella. Princesa bizantina que no encaja en ninguna canción. Que no palpita en ningún pecho. Que se burla en simetrías con su máscara belicosa de humildad, usando su perfume de poder , ocultando su frente triste y sensitiva como si fuera novela europea.

Para ella todos son tarántulas. Inútiles mortales venenosos que a la danza de cualquiera bailan. Hijos de Pirro bañados con gloria; en la mañana claman por la paz y la justicia, en la noche huyen de los monstruos que vivimos entre ellos, ignorando nuestro canto en las sombras. Nosotros los huéspedes purpuras; locos, dementes, estúpidos, vituperados por los predicadores de cuaresmas y de demonios. Enanos pesados, topos que dañan jardines de la memoria, que se ríen de estas musarañas que se defienden de los depredadores oliendo a inocencia, buscando albergue en la impetuosidad ridícula de los cobardes.

Sigue arrastrando su cobija que se llena de impurezas en contra de su voluntad. Vuelve a su casa dejando atrás el color de sus pensamientos, llevando consigo una luminosidad que ciega a todos. Las tarántulas venenosas hieden de temor ante ella; las baldosas se ensucian de sangre al estallar entre las personas y ese bombazo simpático se convierte en una fábula de Sócrates; en una historia nómada leída por fantasmas, leída por indios. Se vuelve en un diálogo de Apolo con Telfusa para engañar no solo a los hombres, sino a Dios.

Ella se convierte en un silencio inventor, no como el de Cage, ella inventa un silencio especifico, un vacío que la devuelve a las sucias calles de Guayaquil, ese vacío le alivia el dolor de lo lleno; el dolor de un torbellino de palabras que se cortan entre imágenes tontas de ninfas inmortales de primera clase. No necesita atención, sin embargo construye estos vacíos para acoger visiones perfectas que pasen su mirada, por cada palabra, para sentirse como un ángel exterminador a través de una fuga de silencio que se confunde con reinos construidos con naipes. Sin embargo, con tristeza, esta nereida dejará la puerta abierta por si acaso alguien quede lleno y quiera irse; en el caso de que quede vacío, que abucheen al teatro que se abre a su alrededor.
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Diálogo entre artistas

—Si me miras así, no podré concentrarme en lo que estoy escribiendo

—No escribas
Hubo un largo silencio. Al cabo de unos segundos se volvieron a mirar, y antes de que pudiera chistar una que otra palabra ella se sonrió diciéndole:

—Sé que escribes para mí, porque se te nota en los pómulos, en el suave pulsar de tus dedos y en como acaricias el teclado creyendo que es mi cuerpo.

— ¡Me desconcentras Dora!

—No escribas ya, deja de hacerlo, mientras lo haces me atormento con esa combinación sensible e incoherente de sonidos y silencios pausados que haces al descansar y encumbrar tus dedos ahí.
(Dijo “ahí” con un gesto despectivo, señalando el teclado).

—Estoy tratando de descubrir palabras.
En serio trataba de descubrirlas no tenía inspiración desde hace días. Ella volvió a interrumpir, era callada, inteligente y muy orgullosa, sus ojos reflejaban cierta maldad.

—Disculpa, ese conjunto de sonidos exclusivos que suenan cíclicamente uno tras otro y otro, los percibo en una consonancia proporcionada y propia. Mejor dedícate a pintar.

—Esto no tiene nada que ver con pintar. Pintar es pintar y ya, solo lo visualizas no lo piensas.

—Escribir es como pintar, antes de repintar una superficie en blanco, hay que eliminar todo el polvo, lo que se logra con un cepillado vigoroso.

— ¿Y eso que tiene que ver?

—Tienes que eliminar el polvo que carcome tus pensamientos.

—Tienes razón. Creo que tengo unos recuerdos e ilusiones que debo oxigenarlas y diluirlas. Así funciona la mente literaria.
Se quedaron en silencio, Dora no decía nada y George solo empezó a escribir.
Dora vuelve a interrumpir.

—¡Ah!, y perdona que te interrumpa en tu escritura, (George entorna los ojos) pero me parece un discurso melódico y visual percibir el resultado de tus frases construidas con verbos, adjetivos y gramática, es inconfundible, eso me da la impresión de que ya tienes color, ya percibes la luz pero en forma difusa por lo que estás observando internamente.

—Gracias por tu interrupción, ¿puedo seguir escribiendo? Si me dices si, lo hago. Si me dices que no. Igual lo haré.

—Pintaré el tono, la intensidad y la pureza de nuestra pequeña convivencia, esto tendré que plasmarlo para no olvidar la autodestrucción que me infliges.

— ¿Autodestrucción? (Encendió un cigarrillo.)

—Sí, hay algo que me intriga. Y apaga ese cigarrillo, tengo cosas inflamables aquí.

— ¿Puedes decirme qué es?

— ¿Qué cosa?

—Lo que te intriga.

—Hablas de dos personas mientras escribes, y lo haces simultáneamente, a veces tecleas rítmicamente sonriendo y luego, luego lo haces con el ritmo del teclear abatido.
Él tomó uno de los colorantes de ella y se lo lanzó, los dos sonrieron.

—Ya déjame escribir, hablo de ti. De tu histeria.

—No me intereso por saber de quien se habla ahí, al parecer es una armonía de palabras que llevan el ritmo de un corazón regulado.

— ¡Ya basta! Le dijo Georges, poniéndose de pie quitándose el cigarrillo de su boca y dándole un beso a Dora. Hubo compatibilidad, fue como favorecer la mezcla de diferentes pinturas o solventes sin que reaccionen o se separen en forma perjudicial.

El aire se llenó de ausencias físicas; absolutas y relativas. Mientras se besaban se mezclaban diversas experiencias artísticas, eran dos elementos en definición; el arte y la poesía.

Ella con su dedo dibujaba sobre su rostro y él la tocaba con pasión y lujuria.

Con George ella dejó de ser “la mujer que llora”.
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De aquí en adelante, esto se transforma en otra cosa

Estoy sentada.

Siento como si estuviera en la playa tomando el sol en un pote de pócimas macabras que yo misma he creado. Me corto las puntas del cabello porque no quiero tenerlo largo. Me limpio las uñas y sigo tomando sol. Pongo un pie en el piso y mis dedos se hunden en la arena que no es arena, es baldosa de esas carísimas que hay en mi habitación, pero se siguen hundiendo y me entra la ansiedad. Ahora, bebo la pócima macabra nuevamente y mi cuerpo se vuelve larguísimo. Me deslizo de prisa por debajo de la puerta y lo que sea que me pase a estas alturas, lo elijo.

¡Ojo! Me maldice una mujer que está frente a mí, ¡qué tonta! Solo la miraré y la dejaré temblando por las siguientes cinco mil noches. Vomita, me conmueve. Siento algo de gozo, mi latido se acelera y es constante, me voy; la mujer de la otra puerta me estaba mirando, no tenía temor en sus ojos, solo miraba, cierra sus ventanas y de repente la levanto con la mirada y ella parece liviana; se cae al piso, me asusto pero sigo. Esto es un recorrido vicioso, camino en círculos por todo un vecindario que desconozco. Todo es arena. El sol que me da directo en el rostro, me hace sentir fría. Recorro mi piel con mis dedos, todo se fusiona, me exalto.

Camino sobre la arena que no es arena, ahora es asfalto. Me deslizo como un hilo dentro del boquete de la aguja que no siente nada. Siento mis ojos como un cristal que se agujerea por el fuego del sol. Veo a otra mujer, es más segura de sí misma. Me reta. Me encara, pero de pronto no sé por qué está entre mis dientes. La luz del sol se me ha vuelto lejana, camino en un vecindario desierto; el piso ya no es arena ahora es espiga, mi rostro se vuelve opaco y se apaga al oler el mar. Necesito dialogar con el silencio y que este resbale por mi cuerpo que está helado, necesito eso o alcanzar la orilla del mar que aún no veo.

En la playa sigo tomando mi pócima, ahora tengo una armadura de acero que tejí con el terror de mis ojos y mis manos blancas. El silencio me habla aún más hondo y siento que unos clavos torturan mi cabeza, mi cráneo. Mis huesos tiemblan cuando me pisan. Lloro y las lágrimas absorben arena. Las mujeres que vi en el camino se me acercan, una de ellas me escucha y me consuela, siento su voz como un rasgar de la seda; otra grita y su voz es como el ruido de una taza de porcelana que cae sobre el suelo y se deshace en mil pedazos salpicando lo que lleva dentro; la otra solo me mira y la miro directo a los ojos y sus ojos tiemblan, tiemblan terriblemente que me causa miedo. Llora y sus lágrimas son estrellas. Me asusto, me arrodillo con mi cuerpo delgado, pálido y frío.

Estoy en la playa, ahora es de noche y mis ojos ven sirenas, sirenas que juegan con las puntas de mi cabello que he cortado. Abro los ojos para dejar de verlas.

Ahora veo una habitación oscura que está en la nada y de esa nada sale un hombre que se vuelve oscuro y recuerdo que lo soñé. Lo soñé formidable; impetuoso y su lenguaje es del mar. Cuando habla me desborda en la paranoia y hasta ahora es un eterno riego. Lo soñé triste con cuerpo de arena y ojos de cristal, esos ojos me miran brillando y su boca es como una ola que muere en mi boca. Juega conmigo como si fuera una botella desnuda que lleva dentro un papel con un secreto mágico. Me enreda en sus piernas fuertes y trepa por los bordes de mi rodilla, me contamina, me salta al cuello. Desaparece.

Tengo sed. En medio de tanto mar, tengo sed. Quiero volver a caminar en la arena, no quiero la baldosa carísima donde mis pies se pierden. El hilo suave de la aguja recorre mi cuerpo y me estampa en sangre.

Estoy en la playa nuevamente.

Se ha terminado la pócima, no puedo moverme y unos pájaros invaden mi cuerpo; se deleitan con la sangre, el viento se siente fresco y quiero que sigan picoteando, no me resisto.

Una mujer me llama y me dice que es el día en el que debo vestirme, me siento adolorida y de lejos veo un vestido blanco, está hecho con el hervidero del mar. Toco mi cuerpo, no tengo nada, mis brazos encajan en la arena de manera casi perfecta, es un sueño constante. Las costuras del vestido se abren. Me río de tanta deshilacha; mis encías aún están secas, mi boca quiere agua.

Tengo sed, me bebo a mí misma.

Soy veneno en un instante, pócima de mí, inexpresable
enigmática
incomprensible
indecible
indivisible
Me ahogo, nunca sabré qué hizo él en mi cuello, viene de nuevo.

**

Me siento granulada, mis ojos son sólidos, soy del mar. Él me estruja con fuerza en su mano y al abrirla, me deshago entre sus dedos.

Nunca sabré qué bebí.
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Por tanto

Puede ser un portento,
una suma de contradicciones.
Puede ser nada
puede ser todo lo que él quiere.
Y si él no fuera nada,
anímale a comenzar y que sea todo.
**
Déjalo que se encuentre a sí mismo
como se encuentra cualquiera
que aprende el idioma de un lugar.

**
Puede ser que él
está en el silencio
que comienza en nada antes que sea todo
antes que sea la palabra
de sí mismo
antes que esa palabra
construya un mundo rodeado de muros
con piedras del aire.
**

A pesar de ser él mismo
empieza a vivir en nosotros
como si también él
sea devorado por la palabra
aunque no sea suya.

Por tanto puede ser un portento;
habla aunque esa voz no es suya.
habla y todo se vuelve a crear
en tu palma.
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Historia de un peregrino errrante

Existió una vez una luz que poseía manos de arena deslucida que cargaban con el mundo. Esta luz brilló y con ese primer destello formó un ser con espalda de océano indescifrable, que se convirtió en un pasajero flotante de cuerpo firme. Se descubría perdido en un laberinto de piedras que habitan en la memoria. Esclavo de la sangre; inmóvil y rebelde con sonrisa púrpura que ceñía de arrebol sus mejillas, tenía el cuerpo pálido casi transparente que brillaba azulado en la oscuridad.

Fue una vanidad de la creación convertida en historia amarga. Lloraba penoso lleno de fe envuelto en un soplo de abandono. El aire marino palpitaba en las regiones de su conciencia convirtiéndolo en cuerpo, en luz, en fuego. Algo oscuro y bestial con su negra estela de hedor buscaba adueñarse de su existencia, pero él huyó despavorido de ese paraíso lleno de polvo.

Para no perderse sonríe con orgullo sin envidiar a las estrellas y deja que lo arrastren las nubes. Se va rugiendo con furor convirtiéndose en un peregrino errante de cuerpo firme que ahora habita matizado en la memoria.
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Díaloco

– ¿Viajas sin dueño?

– Sí, tengo frío.

– ¡Ya no hurgues los desechos!

– Tengo hambre, y la gente me perturba.

– ¿Quieres venir a casa conmigo?

– Nadie quiere a alguien como yo.

– ¡Vamos, estás en la miseria! ¡Estás verde de frío!

– ¿Dónde duermes? ¿Tú también duermes en el suelo?

– Duermo en una cama de mi casa.

– ¿Tú eres Dios? Dicen que las madres son Dios.

– Si tú quieres, lo puedo ser. Vamos a casa.

– Si eres Dios ¿por qué me habías abandonado?

– La verdad, no lo sé, solo quiero que vengas conmigo a casa. A mi hijo le agradarás.

– Siempre he querido una casa.

– Vamos, está oscureciendo ya no hay gente en este sitio.

– Iré a tu casa, me quedaré con tu hijo. Seguro me necesitará.

– Está bien, toma mi mano.

– ¿Quieres que te cuente un secreto, mujer?

– Sí.

– Los perros no hablamos.
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Autorretrato

Soy la dureza que camina dentro de mí, que camina conmigo. Emerjo completamente de Dios, como un ser único que no se esconde, que al cerrar los ojos puede oler y sentir las veces que fue esclava en la tierra, por el trabajo, por las obligaciones; soy el océano de mis padres, ellos navegan en mí y me muevo por ellos. Los arrastro a mis anhelos, a mis sueños. Soy la tierra que buscan para aplacarse humeantes lleno de orgullo y temor por mí. Si me hundo en lo desconocido ellos me dejan caer para después verme salir triunfal de ese viaje.
Estoy hecha de recuerdos; de alcohol, de gritos, de peleas, de esfuerzos, de enojo, de amor, de odio, de lo complicado de la vida, de las experiencias fructíferas, de los terrores nocturnos, del insomnio, de ojeras, del miedo al fracaso. Estoy hecha completamente de vergüenza, de complejos, de fornicaciones mentales, de sonrisas inocentes, de dos pechos, de una lengua que no se calla. Estoy hecha de poesía, de letras, de historias, de amor, de esperanza, de caídas, de futuro, de sueños. Estoy hecha de lágrimas, de nudos en la garganta, de estrés, de “Isabel, eso no puedes hacer”, de frustraciones que me vuelven seria o arrogante. A veces egocéntrica, a veces pedante, siempre extrovertida y complicadísima.


En las noches me devora la ansiedad, porque tengo afán de un nuevo día. Lectora compulsiva de monstruos que tocan el alma. Solitaria, asustada y nada silenciosa que colecciona palabras para jugar con ellas

Soy una pausa en la vida de alguien. Incesante e intensa, sedienta de conocimientos, hambrienta de memorias. Soy distante pero segura. Siempre con respuestas imprevistas, y preguntas impertinentes, los nervios me matan de risa. Desconfiada, divertida, directa y sarcástica. Suelo enterrarme en mi soledad cuando estoy en mis días porque mis ojos se agrietan, mi cabello me estorba y mi boca no quiere decir ni una sola palabra, solo tomo un café tan negro que lo bebo obsesionada sin sentido, amando sobretodo la noche que se abre a mí como si me invitara a divagar y se queda lo suficiente como para amarla.

Pasos lentos hecho trizas, labios despintados.

Arrugas en el filo de los ojos marcadas por palabras, por versos que me han llenado fieramente de letras voluptuosas.

Mis ojos, pasillos difíciles donde se pierde la verdad. Mirada secreta con ojeras desnudas que quieren habitar bajo las piedras.

Frente amplia y digna de llevarla levantada firmemente porque está llena de memorias.

Cabello escaso por el mal genio.

Sobre mi hombro posan los deseos (un beso, o dos) me perforan los sentidos.

Lo demás, todo me funciona en orden;

mi corazón,

mis oídos,

mi hígado,

mis ovarios,

mis manos y,

mi cerebro.

Es por eso que amo,

sufro,

deseo y

pienso.

A veces quisiera no hacerlo.
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Sin Carretera

Su bandera se mantiene a flote

No sabe a qué hogar pertenece, no sabe si tiene un sitio.

Hay ruinas de lo que fue un pasado del viajero obligado

que se levanta de su lecho para beber una cerveza

que lo amarra a su camino.

Trata de alcanzar un sueño imposible, se vuelve vagabundo en su propia casa.

**

Con la camisa rota y sin su manto de colores

habita territorios en la calle;

hecha raíces, pierde la inocencia,

pierde la memoria.

Habita en un lapso de su tiempo.

Deja huellas en un planeta que se despedaza ante él.

Camina por ahí soñando

mitad cielo, mitad tierra

Aferrándose a la orilla para no irse.

**

Viene de lejos, ni siquiera llega

Lo espera gente que dará frutos.

Vuelve su rostro al mundo que quiere; emigra, vuela.

Pasea por calles de derrota

Solitario murmurando

escuchando el abandono de una ciudad que es mina del tiempo.

Lo araña el odio.

Nadie lo consuela

Es huérfano en busca de destino.
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Sus nombres

La alegría ya no produce Eco en su interior.
SoLlosa como Lorca y su alma triste Pavese aspas de molino.
Unamuno en las Fuentes caen sus suspiros.

Ha perdido su Gracián, ya no tiene Boccaccio para la poesía.
El Ovidio causa gran Pessoa sobre sus hombros,
los Rosales ahora son espinas, las lágrimas son un Musil de dolor.

Hesse Almagro pesar como Hierro caliente en las rodillas Machado de cenizas ya no le da paz.
A Duras penas aparece la risa entre sus labios pendientes de sincera humildad.

Alberti triste y Zola he venido a Verne pequeña Infante.
¡Levántate! hoy es Sabáto y Novalis la pena sufrir por esas naves que se van sin dejar huella.

¡Sartre de esta habitación que tanto daño te ha hecho! Joyce lo mismo,
ahora Brönte tu abrigo Blanco y precipítate hasta el Pozo de la libertad.

¿Sabines que Ibsen todo lo posible por venir a verte? no soy un Adorno más de tu Cruz.
Soy tu Salvador.

¡Sé Valente! ¡Rebelais ante tu opresor que gobierna tus Bárbaras olas!
¡Esquivias las Brandes Torres con Alegría!

Levi como el viento
Icaza el recuerdo más alegre que hayas olvidado,
pinta tus alas en el Umbral y agita el libro en tus manos
Parra saber que estás en Paz.
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Para leer en el baño

Leo «el tercer secreto» de Steve Berry. Al llegar a la parte en donde menciona a la Ciudad del Vaticano; la fe, la Iglesia Católica, cierro con ímpetu el libro y lo guardo. Me frustro por mi falta de interés en ese tema. ¡Denme la vida no la fe!

Creo que no tengo la capacidad de tejer pensamientos. En este momento mi estado mental está seducido por imágenes instantáneas y reflexiones desubicadas. Palabras que van y vienen y no logro apresarlas. Quisiera tener un poco de coherencia pero estoy tan encadenada a ti y a mí.

Hoy desperté cansada, descorazonada y fría, un poco más que los últimos días. Mi vida se debate entre escudriñarme; hallarme, saber qué quiero y libros y más libros. Muchas veces desaparece el placer de leer y me escudriño intelectualmente y me siento vacía -comparada con otras personas-, sentimentalmente soy un asco y emocionalmente ni se diga; soy una mezcla de ansiedad y desesperación interrumpida por las tareas diarias y los mensajes que no quiero leer. De repente me encuentro vacilando entre las hojas de papel y me pregunto si vale la pena que sean leídas por un ojo humano.

Continúo leyendo y mi alma recepta cada minuto, cada cúmulo de nebulosa abstraída de los libros; es algo que me eleva y me desconecta de todos ustedes.

Esta tarde está lloviendo, teclas y una hoja en blanco son mi consuelo. Se viene a mi mente tu pelo y tu rostro de estudiante torturado [sic]. Cerré los ojos un momento y vi mujeres cavando fosas en un jardín; luego las matan caen dentro de esas fosas y sus maridos se ahorran de comprar flores. -Diosmío ¿por qué?-

Escucho a Miles Davis y su tema Kind of Blue. «Sigue así», el sonido de las cucharas en los platos; los perros ladrando, la música de fondo, vuelvo a escuchar… «Sigue así». Proust dijo: «nunca se sabe de dónde vienen los ruidos» pero yo lo sé y así sigue, así sigue lo que me dice un ruido en mi cabeza que me envía a la deriva, pero no me caigo y marco una letra en la hoja en blanco y la miro como mirando un vacío, y pienso en ti.

Capturo lo gris en el altibajo de la trompeta de Kind of blue y recuerdo a Juliette Greco, la musa de los existencialistas franceses, con un cigarrillo en la comisura de sus labios; sus ojos delineados, el flequillo en su frente que la hacían eróticamente-artística y lo que expresa Sartre de ella: «Tiene millones de poemas en su garganta que nunca han sido escritos» empiezo a recrear en mi mente lo que significaba querer algo distinto a la música como lo decía Miles Davis: «la música era toda mi vida hasta que conocí a Juliette»; y pienso en ti, pienso en que nada me era más sentimentalmente atrayente que lo oscuro de tu forma de ser, y hay cosas que no te digo, que no puedo decir.

En fin, todo esto lo digo para que cuando leas algún poema que yo haya escrito, sea dicho como: «tenía millones de poemas que se aglutinan en su garganta, queda sin decir nada» o también como: «poemas para leer en el baño»
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Te rindes cuando sabes que no puedes seguir

Vive deserta, innominada.
Extrañamente hermética junto a los abandonados desperdicios;
los vagos silencios que invaden una casa a las dos de la mañana haciéndola rodar,
caer,
volar,
hasta que se convierte en nube de insomnio.

Ya no volverá al mismo juego,
Esta vez siente que ya ha ganado la partida (en realidad: se ha rendido),
la ha ganado con errores o con trampas
y
puede seguir
en la intemperie
hambrienta de palabras;
de besos transparentes
de...»
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Los dos ya no

Antes / después
entre / fuera
horas / segundos
sombras / luces
feroces / suaves
solos / juntos
tiernos / apáticos
entre la noche / a pleno día
entre sábanas / entre gente
entre mis brazos / entre los de ella
entre tus brazos / entre ustedes.
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