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Realidad

..

Aquí, es el mundo.
Aquí es el país de las desgracias.
Aquí es el país de los falsos poetas y de la rabia acumulada
Aquí es el país de las venganzas, de la política.
Aquí es el país de los desnudos, de su vergüenza.
Aquí es el país de los perros sucios y la carne podrida.
Aquí es el país de la “asamblea” tan desabrida y maloliente.
Aquí es el país de las imperfecciones y de los suicidios.
Aquí es el país de las carreras “honorables”.
Aquí es el país de los “contratos”, de los “amigos”.
Aquí es el país de la pobreza y de la miseria.
Aquí es el país de los hijueputas y malcriados.
Aquí es el país de las deshonras y de los presidentes “honestos”.
Aquí es el país de las mentiras y los lobos.
Aquí es el país de los sexos rotos y de los vientres vacíos.
Aquí es el país de la sangre y de los plagios.
Aquí es el país de los órganos de lana y las bocas con mierda.
Aquí es el país de los burócratas asesinos.
Aquí es el país de la sombra y de la muerte.
Aquí es el país de las malditas horas y de los azares.
Aquí es el país de los pájaros y del pus.
Aquí es el país de las púas y los hocicos de las instituciones públicas.
Aquí es el país de los “medios” sucios y la lepra.
Aquí es el país de las olas agotadas y de los números en reversa.
Aquí es el país de los tartamudos y de las onzas de sesos.
Aquí es el país de las pinturas podridas y de la cabeza de estiércol.
Aquí es el país de las aguas amargas.
Aquí es el país de puro “rico” pero su sangre de harina.
Este es el país de las ladillas.
Este es el país de las violaciones y el oro enterrado.
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Poema X

...

Cada palmo, cada irresistiblemente lugar blanco,
cada astro de leche escondido debajo de tus muslos,
cada lunar de fuego los marcaré en los ríos óvalos de tu cuerpo.
Mi boca es un hueso de pájaro que teme verse volar en ti.

Todo es tú. Cuerpo en una jarra de agua.
Te amaré por sobre el barro y la fiesta de los tallos.

Historias de murmullos a los pies de las dádivas.
Niño triste y con miedo, no estés triste.
Un ciprés crece en mi espalda con tu apellido y forma.
Todo cobra sentimiento, todo madura, todo me grita.

Yo caminé desde la constelación del sur hasta
venir a tu encuentro. Te amo.
La soledad crispa los cristales y me atrapa en sus
hojas de sal y de tiempo. Silencio.
Ayer cuando no me hablaste. Cuerpo roto quebrándose.
Mi alma partida y perdida entre el mar y la tristeza.

Estaba callado, tiritante, enjaulado entre dos islas de silencio
y esperma.
Angustiado. Herido, entre dos corceles pintados en el sueño.
Entre las mitades del día, algo va muriendo.
Ese algo lleno de agonías, de palabras parecidas al suicidio,
como cuerpo de agua, como alma de una naranja.
Amigo mío, apenas hay lluvia para beberla,
sin embargo algo canta en ese fuego que no envejece.
Algo canta y sube animosamente a mi boca,
algo me dice que hay un puñado de tierra en mis ojos.
Algo tan cercano a la palabra alegría.

Ahora sonrío. Aquí vivió el tiempo. Aquí hay una línea de campanas.
Soy tan desordenado como un loco con claveles y agujas.
¿Triste ternura mía, que hago aquí?
¿Porque te vas tan de repente?
Yo llego al centro del día, al vientre de las mujeres y grito de frío.

Mi corazón ahora palpita como una flor nacida.
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A la brevedad de la leña

...

Era el espacio lucido,
las huellas y los espejos,
el movimiento no reposaba, danzaba.
La tranquilidad de tu sonrisa,
la tranquilidad del día,
el no morir;
el vivir con las frutas maduras.
El cielo limpio y
sin astros densos caminando,
la luz quieta nos inmovilizaba,
detenía nuestra mirada.

Los danzantes de las piedras
se escondían entre los ponchos,
entre las sonajas sin sonar,
bajo esa luz, todos éramos eternos,
el tiempo se consumía lento
como un trago amargo
y gallego.

Un llanto – una melodía –
consumía el día, un pájaro cantó.

Vibraron las paredes y
los espejos de agua.
Temblamos nosotros, ahora
todos nosotros llenos de ese canto,
de ese cielo
que surca el ave,
de ese cielo
que quema el ave.

Despertamos.
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Historia del amarillo

...

2 / 06 / 2019

Cuándo el sol me anunciaba las 10 del día
yo ya estaba en medio de la plaza
con el montón de castillos de mermelada en mis manos
y un trozo de hielo en mi boca
por no verte.

Llegué al centro del mundo
y en mí, como en las amapolas:
el sol quema hasta las cicatrices.
Iba y venía con el viento
resucitándole con cada palmo.
Llegaste y la vida se me hacía lenta
y yo ya me adentraba a golpear las paredes
con un puñado de arroz.

Me adentraba en el silencio y transitaba
por las finas hebras de tu saco amarillo.

Veía las puertas de las plantas vacías y yo
me preparaba a vivir en tu alma.

Tengo derecho a ser un héroe si eres tú a quien salvo.
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Desvaríos / uno / 1/3

...

Canto al aire, grito de desesperación,
miro a los mirlos, su vuelo
su gigantesco vuelo.
Miro el vaivén de las hojas,
esas hojas de cristal cargadas de dientes
y espuelas,
de sonrisas como tú.

Cantan las rosas
están atrapadas en las grietas de la ventana,
danzan con perlas,
se aferran al aire.

Gotas, gotas de sol
se derraman en la calzada,
algas desnudas tiritan de frío
y besan el césped.


Tú sonríes,
todas las colinas flotan dormidas.
Tú sonríes
todos los campos son de aire.
Tú sonríes
el espacio gime con fuerza.



Se levanta el silencio y en su sepulcro
nace el barro,
el barro de la voz ronca,
de la voz nutrida,
de los tallos en formación,
de la vida en sintonía,
de sus ojos llenos de lágrimas,
de tus finos hilos sonrientes,
de tu boca de maní, de tu boca de cerezo.
de tu boca llena de vino
como un potente grito caído.
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Nacimiento

...

Pido tus ojos
esos con que miras de lejos el arrimar de los
árboles al viento
y el susurro del día en un colibrí.

Pido tus oídos
esos que se hacen agua al amanecer y en sus pasos
se escucha el rumor del río.
Esos que arden con cada palabra “amor”

Pido tus manos
suaves dedos de cartón y lino con los que hasta
los pájaros cantan
con los que acaricias las piedras y el vino
y devuelves la humedad a mi boca.

Pido tu olfato
ese que inunda la hierba y es más fuerte que la
tierra mojada y que un libro nuevo,
ese que me da de comer vaciando al mundo
de la idea de un cuerpo feliz.

Pido tu boca
esa que arrastra toda ilusión de verse comidas las frutas
y esa que está en mí, se alimenta de mí
y yo ya me veo morir en ella.

Pido tu paladar y tu lengua
para sintetizar el movimiento del mundo
y ver nacer todos los amores en una gota de agua
y almíbar.

Pido tu cuerpo para dejarme morir
por las aventura de todas las frutas.

Pido tu sexo
para abandonare a la humareda de la chimenea.
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Así te recuerdo

...

Compañero mío,
lluvia efímera y un ligero
río por entre los pequeños continentes;
el suave andar de un caracol
luego de la tormenta
retornando a su roca,
descanso, descanso y lluvia.

Compañero mío,
madera de balsa en tus manos
y dos hojitas verdes en tus pies,
incesante, continuo,
pajarito de alambre
danzando en plié.

Compañero mío,
el ligero andar de
un cuerpo minúsculo por la pared,
la sonrisa cicatrizada
en el muro.
Mi corazón emanado hacia tu pecho.

Compañero mío,
de andanzas, de horizontes
del vuelo gigantesco del cóndor
del brevísimo latir de una abeja.
De aquí y de allá.
De los mares y ríos.
De lana y de corcel.

Compañero mío,
en ti todo es espejo y bruma.
Lunares hechos oro
y tu boca vasija de barro
en ella solo vino y aguardiente.

Compañero mío,
tu pelo enredado en la luna
y un mar de cal
posando suave
creando un nido
por el que habitan los astros.

Compañero mío,
el dulce cantar de una campana
en domingo.
La luz inerte colgada de tu pecho
y un devoto muerto en la acera.

Así te recuerdo.
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Sourire Rolando

...

Como amenazaba tu sonrisa
con destruir un grado de saciedad mío
di la vuelta y miré a la ventana y al espejo.
Yo tiritaba como una flor nacida.

Con tu mirada me atrevía solo
a danzar en silencio,
a mirar en el espejo
tu silueta,
te veía desnudo.
Qué días tan alegres
y rojos.
Medité en silencio y volví a la danza.

Con que ojos te miraré
si ya me has descubierto.

Te miré. Me miraste.
Sonrisas pálidas cargadas de lluvia
en los campos desiertos. Eso éramos. Eso somos.
Nos juramos sonreír eternos
cruzar miradas,
chocar manos,
desvariar en las noches.

Ahora gritamos y conversamos
despacio
para no despertar a los bailarines despiertos.
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A mamá, por los siglos de los siglos

...

Nadie soy yo.
Ni lo que escribo.
Ni las inmensas rocas que deciden ir
a la constante de los días y mueren y se hacen poesía.
Y les recito poesía.
Nadie es huella, ni caricia,
ni instinto en contra de los vientos del mar
y de sus olas y de sus bocas y de sus fulgores.

Lo único del tiempo eres tú, madre.

Lo que se juega en el destino,
las corrientes griegas de sus Dioses,
el número perfecto y aural.

Poesía eres tú. La desidia de una rosa,
el muro y las murallas, el instante creador.
Poesía eres tú. La compañera del alma en mitades.
El cuerpo minúsculo más triste,
la sonaja de hierro y el abanico de hojas,
las horas y versos más tristes, casi diminutos a la orilla del tiempo.
Nadie se compara: las estrellas y
su canto, el vino y la madera, los golpes de polvo
y el llanto perfumado de los cielos cautivos;
las calles nacidas de las amapolas y
los miles de vidrios rompiéndose.
Nadie es sino tú, poesía.
Pura y maternal, adornada de joyas y noches
de auroras boreales, noches con oídos de campana.
Poesía eres tú. El contacto anciano con los tallos.
La vida en dunas celestes y
campanarios y leña: el cuerpo de antes.

Nadie es sino tú.
Ni Neruda, ni Whitman, ni De La Rockha
usaron sus verbos vivos contra ti,
nadie es. Nadie describió la esencia perfumada.

Eres poesía del sur.
Eres poema que viene danzando.
Eres un pedazo amargo de un eterno ser, combinas a las unidades.
Eres un golpe vacío y seco de alimentos.
Eres el filo del amanecer.
Jamás te vas. Te quedas para siempre.
Eres el suave incienso de carne.

Cabe la pregunta:
¿Podríamos existir sin ti?
Hace frío y todo es redondo.
Hay certeza de que somos un montón de huesos
ordenados y puestos al viento,
construidos de tu aliento y manos.
Eres solo tuya, casi infinita.


Y en el comienzo del mundo, tu mirada y vientre.
Y las bocas que vuelven a disparar sintonías y nombres.
Y cada vez más cerca el Universo impuesto y desgraciado.
Y cada hora la raíz de tu nombre: Enith.
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Azul Runa

PRIMERA DECLARACIÓN

...

Desde tus manos,
desde la historia del tiempo;
allá lejos,
en el canto de los pájaros sin nombre;
allá lejos,
en el césped huérfano del día;
allá lejos,
se oye la flecha en voces, lejanas, lejanas
de unas gargantas que arden
y se ven morir en unas cuántas páginas
lejanas, lejanas…

¿Quieres pertenecer a mi vida
y de los dos caminos avanzar hacia uno solo,
siendo fusiles y disparos?


Las palabras están aquí, nacidas
y mi cuerpo hinchado, lleno
de crisálidas andando se va elevando;
de repente,
me veo en otro contexto. Soy yo
diciéndote que sí.

No hay negación a la pregunta.
Ahora se me impone la lluvia, extensa, extensa
y un golpe de oro cruza el cielo
y se empalma y se abniega y se duerme, extensa, extensa.

¡La palabra sí es tan profunda y llena!

Se me impone en el alma un decreto:
Quererte, quererte tras el diluvio y ver
llegar el ruido de nosotros. Bocas de ansiedad.

¡Así el amor nos llega,
golpe seco lleno de bases y consecuencias!

Mientras continúe la paz y se descarrile por los senderos,
así continuará la vida.
Tú serás la letra emergida del vientre
y la danza sobre páginas escrita, escrita.
Ahora que el mundo es ya distancia
y que somos uno solo,
acariciemos nuestra alma escrita, escrita.
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Mis ropas sucias

...

¿Porqué seguimos aferrados a la vida
a las trenzas despeinadas del día?

¿Porque no lanzarnos desde los astros
a las fauces tremendas de la muerte?
Porque no ir con todas las flores arrancadas
a la mitad del día y de ahí llamar a la sombra.
Porque no alabar mi despedida,
si tan tierna me llama y me cobija y me da suaves besos.

La muerte no sabe de apuros, ni labores.
Ven a mí hoy, y juega con mis niños.

Atrápame adornado de llaves y quejas,
se hincha mi pecho y yo estoy ya llamando
a todas las bocas.
Me seduce la posibilidad de saltar,
de ser polvo, de ser un llanto muerto y pesado.

Quiero estar en la búsqueda de mis días finales
y contarle a la vida de ti.
¡OH DE TI!
Quiero hoy, apresurarme a la eternidad
y ver entre las cabezas de algún lirio mi nombre,
mi nombre sucio
escrito hasta con sangre y velas.

Hoy me abandonaré a la vida:
no tengo techos;
llegaron los pájaros
y las medallas. Me llaman.
Iré a la muerte cabalgando con mis ropas sucias.
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Soy impulsivo

...

Soy impulsivo.
Tengo todo el desorden en mis manos.
Nacen pájaros de monte en direcciones opuestas;
camino arrastrando cuchillos de papel para verse morir de frío.

Soy exactamente la maldita letra anclada al suelo,
cortada con machetes oxidados por la memoria
y tan pendiente de algún río para verme morir en él.
Soy el silencio estrecho. Un cuerpo tremendamente seco.

Soy una duda que gime y se extravía aleteando
a la luz opaca de una verdad a medias;
soy un hombre cortado y arrimado a la muralla.

No tengo paisajes y la lluvia amenaza con verme morir.

Soy un caudaloso remanso de perspicacias
que no encuentran nido, no se ven nacer, ni morir.
Ruedo cabizbajo por las siluetas de todos los paisajes
y se oye mi voz tan distante, como de muerto.

No quiero dar gracias a la vida por nada,
si nada me ha traído, se ha enfurecido conmigo.
Tengo hasta la espuma de mar que cuelga de mi pecho.

Flotan las niñas y los niños y yo floto con ellos.

¿Mis tumbas encendidas con granizo y lana
me están llamando?
Esperen, aquí estoy, el muerto de los muertos.
El que ha sido herido por la vida con claveles
y hasta con sonidos salvajes.
El que no tiene dinero para comprar águilas
y no anida en defensas, ni camina, ni corre, solo muere.

Vuela sobre mí la melancolía,
la tan alegre palabra melancolía;
la palabra tan turbia y dulce, la palabra profunda
que enciende las hojas y mis tímpanos.

¡Melancolía!
¡Qué dulce caricia de agua y aceite¡
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Dedicatoria - a tu sonrisa - (1/2)

...

He aceptado tu invitación a mirarte,
por entre los espejos y la carne;
a viajar en tu sonrisa
con las hebras del tiempo corriendo, corriendo.

Musitas en mi oído
las doce campanadas de la iglesia:
esa música sacra crece en los tallos de las flores.

Atravieso tu rostro de izquierda a derecha
zigzagueando entre tus lunares,
apenas descanso para inventar un escrito
o una fecha.
El día nos sabe estático, quieto, dormido.
¡Cantemos en azul!
Conversemos de la vida, de las mujeres, de nosotros
en este follaje de la carretera muerta.

Levantemos un campamento a la orilla
de un acantilado,
miremos la sombra de las aves pasar.
Me acerco a un estanque, tan vacío e inhóspito:
un nenúfar florece,
sus tristes días se parecen a los nuestros.

¡Qué grato es estar en tu compañía!
¡Cuántos días he soñado con esto!

------------------------------------
dedicado a las nuevas ilusiones y nuevos amores
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Dedicatoria - a tu sonrisa - (2/2)

...

Como amenazaba tu sonrisa
con destruir un grado de saciedad mío,
di la vuelta y miré a la ventana y al espejo.
Yo tiritaba de como una flor nacida.

Con tu mirada me atrevía solo
a danzar en silencio,
a mirar en el espejo
tu silueta,
te veía desnudo.
¡Qué días tan alegres
y rojos!.
Medité en silencio y volví a la danza.

Con que ojos te miraré
si ya me has descubierto.

Te miré. Me miraste.
Sonrisas pálidas cargadas de lluvia
en los campos desiertos. Eso éramos. Eso somos
Nos juramos sonreír eternos
cruzar miradas,
chocar manos,
desvariar en las noches.

Ahora gritamos y conversamos
despacio
para no despertar a los bailarines despiertos.
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10comentarios 84 lecturas versolibre karma: 105

Simulacro

...

¿Los espejos están buenos?
¿Nos miran?



Sonrisa de arcos y flechas, siempre regocijante,
la palabra se desnuda en tu paladar,
ahora tienes el sabor del limón y de todas las frutas.
Yo diría que voy a tu encuentro adornado del tiempo,
de lágrimas de aquel que ha llorado demasiado.
Pues las lágrimas forman sendas lagunas en la garganta de un escritor.

Tu voz nunca me traiciona, no conoce el mal,
vas escribiendo antologías con la pluma de un ave en pleno vuelo.
Conozco la razón de la amistad, ¿pero del amor?
Todas las razones son agonía, se parecen a la palabra tristeza
- palabra adornada de estanques y ropa sucia –
hazme llanto de un adolescente, respira, muere, pero nunca vive.

Ya viene la noche, amárrame a tus labios,
dame el suspiro de la agonía, ya viene el suicidio, decidamos ir o no.
Corta las manos de ese poeta y grítale “amor”
de seguro morirá o escribirá.
Hay un susurro agónico allá en la esquina, verle morir es mi pasión,
es un herido de hierro y aserrín. Qué soledad más alegre hasta la muerte.

¿Iremos a ayudarle?
Haremos el intento. No hay que prometer lo que no se va a cumplir,
ahora sigamos. Escribamos. ¡Escribamos!
Que se nos va la muerte por entre el muchacho.
Hay una batalla que jamás se gana y esa es la del amor, pues
allá vamos, pero de allá jamás regresamos. Ahora
en un segundo haremos el simulacro de ir en su ayuda.



Tres días después, la muerte le llegó al corazón.
Tenía las lágrimas llenas de violencia y vino.
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Agua sexual

...

Las horas vacías, inmensas
como tarros llenos de suspiros y jadeos.
Cerramos la ventana
y nuestro cuerpo lleno de mermelada y dientes,
lleno de respiraciones solas,
desveladas,
nutridas.
Nuestros cuerpos quebrándose
como las plantas,
como las gotas,
como las dudas,
como las colinas,
como un demoledor frío de ceniza,
como un saco lleno de orgías y maleza.
El agua salía de nosotros.
Cuerpos pegados, costuras de sal y vidrio.

El alma enaltecida gemía de placer
poblando todo lo oscuro, nombrando todas las cosas,
soñando con las uñas.
De tu boca un soplo cósmico como si fuera de vientre,
como si fuera de cristal,
como miles de tazas de amapola rompiéndose,
como miles de vírgenes amándose,
como tú y yo
gritando,
llenando las grietas del día, llenando los panales de abeja
de sexo y almíbar.

Espesa agua cae del centro de la tierra
a poblar el césped,
a poblar los dientes de león,
a domar los océanos,
a nacer desde los pozos, a morir contenta.

Veo a través de tus ojos. Mis ojos
nacen en todo el seno,
nacen en toda la gloria.
Nacen habitaciones sin nombre,
y ciudades sin espadas.
Cuerpos tejidos. Almas blandas
soñando con el corazón en los puños,
blandiendo cada pupila con la noche
y amando siendo sombra.

Veo a la pequeña muerte
rondando con sus cabezas bajo nuestros pies;
veo camisas de hombre,
llantos de cerveza y
un río de erizos muriendo de par en par.
Veo de reojo órganos saliendo;
hoteles disfrazados de dioses
y camas pálidas de leches espesas.

Estoy agitado,
estoy viendo nacer mis jadeos sigilosos.
Estoy en constantes alucinaciones de dolor.
A la fuerza,
tu cuerpo es sonido.
A la fuerza,
mi cuerpo es vientre de una guitarra.

En esta tarde hay espigas altísimas;
sobre tus piernas corolas descalzas y
arpas como carne viva desnuda.
Escucho ese sonido desde tu sexo y me apresto
a nacer.
El disparo de un jinete se une en mi boca y desde mi boca
un hueso de pájaro.

Estoy juntando los atardeceres y los astros.
Estoy con mis manos llenas de mullos rojos,
con la mitad del día nacido
y la mitad del día muriendo
y con esas mitades, el cuerpo del hombre.
No me permito el no mirar;
estoy amarrado a tu espalda,
estoy con el corazón en una aguja,
estoy anidando mi llanto, llanto de sufrimiento.
Veo correr una palabra descalza
por entre la calle de esperma.

Gotas de leche y sudor mezcladas.
Golpes duros y tibios.
Espejos ruborizados.
Tinas de baño y jabón alimentadas con jadeos.
Roces de cuerpo. Carne viva.
Tinas de baño redondas como un pato
con dos cuerpos muertos dentro.
Tinas de baño gritando desnudas.
Tinas de baño hechas de piel cerámica.

Nosotros llenos de licor y espuma
Agua sexual.
Noche fuerte.

Nosotros llenos de licor y espuma.
Agua sexual.
Día fuerte.

Nosotros llenos de licor y espuma
Agua sexual.
Infancia de rosas.

Nosotros llenos de licor y espuma
Andamos vestidos de muerte.
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El vino me llama

...


En el páramo Andino
sobre la naturaleza inhóspita de las emergencias
entre grietas de vino y mármol
estás tú
y estoy yo.
Un viento infinito, amplios campos ebrios al mediodía.
Hijos del viento, hijas de la lira.
¡Qué escalones me llevan al cielo!
¡Qué luto" es el sol que nos mira arrebolado
y una espiga me llama
con dulces sonidos de sirena, mientras
el agua continua su lento caminar por las rocas.

Sé que lo diré siempre, claras estrellas;
Un pedazo de tela blanca entre cejas, sol naciente.
Tu nombre, raíz del silencio de todas las cosas,
explotan en mí, los muchachos del dolor.

Los pequeños continentes, ríos de óvalos
abarcan mi sueño profundo y en las torres
enormes
- torres abandonadas al sol -
se encuentran todas mis esquinas y reflejos.
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Así te amo

...

Te amo, como cuando los astros cruzan el cielo
y mis manos, ¡oh mis manos! tan cerca de ellos.
Te amo como cuándo el viento cruza
por la mitad de un niño, y se parte, ¡oh se parte!

Te amo, porque así el éter me ha nombrado:
embajador de la tierra y de las almas negras.
Espiga dorada de pan y de almíbar
Un chorrito de néctar en tu lengua. Así te amo.

Te amo porque el aliento de la semilla
aún está en el suelo, aún no se hace sueño.
Te amo porque cualquier tribunal se despedaza
en su juicio contra un pájaro herido. Yo herido.

Te amo, porque en el centro del valle, en los pistilos
de todas las flores
yo puedo juzgar a todas las bocas, hacerme verdugo.
Te amo, porque a nadie hablé de lo que he llorado.

Te amo, porque aquello es de esa manera y no de otra.
Te amo, porque a ninguna mujer he visto y he visto todo.
Te amo, porque en el vientre de la guitarra sigo preso
Te amo, porque la cortesía así lo amerita. Te amo.

Te amo, porque esa palabra se hace flecha cuando la escribo.
y en mí, toda palabra me grita distancia.
Te amo, porque aún no he nacido
Te amo, porque estoy triste. ¡Te amo porque estoy¡
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Aullando así, a la vida

...

Se escucha en mí a las amapolas cortadas
para una fila hebra del volar ciego,
y en ti, todos los santos se suicidan.
Y en mí, las batallas arden con alas doradas.

Entre rimas y desesperación,
entre encuentros y esquinas,
entre los rumores blancos de noches abandonadas
y un sueño del mar despierto.
Así, forjando mis huesos, vacilo.

Mi condición es ver murmurar al cielo
y ver en su lastre, a sus barcos sucios
llorando y gimiendo por el frío
aullando como un perro muerto, así a la vida.

Estoy atado a las espinas y a los claveles,
soy religión de un día y de una noche.
Estoy atornillado al panal de los sauces,
y en mí, todos los santos repiten mi nombre.

Tengo olor a sangre fina y a estancia en un bosque,
al danzar de los alambres blancos con púas,
soy un desierto lleno de polvo y muertos
y un compás ardiente sin dientes de acero.

Se escucha en mí a las amapolas cortadas
Para una fila hebra del volar ciego,
Y en ti, todos los santos se suicidan.
Y en mí, las batallas arden con alas doradas.
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Serás, pues, amor mío

...

El amor ya está acá, en la puerta y en instantes
va a cruzar el río, sobre el puente.
Ve y corta sus alas o las alas del puente
y míralo morir.

No permitas que me lleve
bajo sus brazos o sus piernas. Dile que yo me quedaré
en esa inmensidad oscura,
en esta bóveda celeste,
en este inútil cuarto vacío contigo
contigo, amor, que es lo que me queda.

Dile al amor, que tú eres amor.

Serás, pues, amor mío
el vaivén del fuego, la roca que suave se desliza hasta el acantilado.

La mora dulce dulce que espera una garganta para verse morir.
Serás, pues, amor mío
el golpe seco de la leña y su duro cantar cuando es quemada.

La suave hoja de eucalipto pintada por el tiempo
y el dudoso caminar de una piel sin cobijo.

Serás, pues, amor mío.
la corteza desnuda del árbol de lima
y la pereza de la araña que sube hasta el último andar
de la última mirada; de la última caricia; de la ultima hora.
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8comentarios 105 lecturas versolibre karma: 108