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Cantos generales

...

Cantos Generales
I

Ahora
que la ciudad sabe de sus muertos
y de sus tantos bosques perfumados.
Ahora
que del cielo se escapan ángeles de madera y río
y en su búsqueda
los disfraces del silencio.

Ahora,
me muestro desnudo, compañero,
mi piel es de lana y trigo, eterna e irreparable.
Un perfil que solo tú pudiste fluir
azotando hasta mi propia fragilidad.

II

Tengo miedo de nombrar a todo
y que todo nazca
y que con sus alas
lastimen nuevamente mi herida.

III

He venido desde la orilla exterior de mi cuerpo,
no sabía que existía,
no sabía que me mataría.
Me invade el olor a rosas del campanario
¡Qué voces!
Hasta ahora solo mi sangre palpita
y me hunde más y más.
Solo plumas y hambre.

Ha llegado mi herida,
contenta y
sonriente, me invade.
La soledad más grande y mejor formada.
Todo huele a llanto,
a memoria,
a paisaje,
a amarillo.

Tú alientas mi desdicha:
me das de comer lo que ya no se utiliza
y lanzas las grietas
para que mi hondo ser no salga de ellas.

Amo esa violencia.

Hijos de la lira y
del viento.
Me llaman. Me gritan.
Todo artista protesta en mí
y hasta el incendio recorre mi estancia.
Un cisne de humo
sale del centro del mundo
y con sus alas golpea mi cráneo
y mi isla.

Qué fuertes golpes. Qué infancia perdida.
Y ahora solo el viento cruza por estas llanuras de la nada.

Tú.
Doblemente alarido de un animal muerto.
Doblemente ruido de una canción ensangrentada.
Rica noche. Llévame a lo dulce.

Yo lloro por ti,
por abrir tu cuerpo hasta con lágrimas
y tiritar de frío y sed.

Eres en donde existo.


IV

Vienes a mí, posado de sueño.
Hebra de oriente y occidente.
Perfume del norte y del austro.

Cuerpo minúsculo, redondo,
extendido hasta la constelación del sur y
de las islas de mares profundos
y lutos en la distancia, vestidos de día.
Estás sobre el cuerpo de la hierba
y besas a las hormigas.

Siento fuerte tu pecho hervido,
de frutas doradas en la estufa.
Hoy, hoy
transitas sobre mi sueño
y yo me espero, sobre el mundo,
ser adornado de polvo.

A veces tu cuerpo ascendía sobre el mío,
entre licores y espuma,
ascendías como la edad a los lirios,
como la vejez a la tarde,
y allí, de pie, con tu sexo de horas,
destruíase el mundo
en un movimiento final
sobre mi boca y mi cintura.

Qué destino asciende hoy a la memoria.


continuará...
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Si tan solo existieras

...

Compañero, como un grito azul de nieve,
como un sonido y crujir de huesos e insomnios,
la primera planta naciente del cementerio
y ese tristísimo sonido del corazón
se ve sin duda, solo, abandonado al borde de las flores.

Ahora te veo en las hileras verdes de una soldadura
y en las astillas de madera crudísima que se oye cantar
y ese fuego del inicio
vuelve al jardín, a los pies de la hierba mojada
a ese pedacito de tristeza andante que me replica
y que abre el suelo a mis manos
al sembrío y así a la par a la cosecha.


como en la historia, como en las campanas extranjeras
se extiende el mar y se iza el viento cortando olas
y asumiendo la idea solitaria
de un mar asustado, de una mar que posee naufragios.


En el páramo, en los pajonales donde el viento se anida
ahí aparecen las mayúsculas y las
ideas de un camino en formación, de las alas inmensas
que se echan a andar con unos pasos de ceniza.
Mi piel se esconde como un roedor asustado,
una piel agria de vencimiento de tres días, el derretido
invierno se lamenta y comienza la sangre;
como una onza de ola se aparece ante mí tu pelo
y aquella sombra a veces ya me cobija;
a veces me devuelve una paloma con llamas y una palabra
que sale desde la ventana y se ve parar en tu mano izquierda.

Estoy rodeado. Cuál capitán sin especies
recostado sobre mi sombra que a veces se empaña.
Ahora estoy como un muerto, mi voz
como triste instrumento que se ve nacer desde el fondo
de tu compañía. No desestimes a mi llanto.

Si existieras, si tu forma fuera de cuerpo presente
y por mi costado brotaras,
así rodeado por una costa de cinturas y sexos:
un día fulgurante,
y me dijeras, de pronto, ¿estoy aquí?
Pues adelantaría mi muerte y por mis lados
se extendería mis sílabas
y me llenaría de tantos ábacos para adornarme
y de sonajas dulces
que con su solo movimiento
me llevarían en medio de la espuma y de la sangre.

Si tan solo existieras
y me ubicarías a mí, en medio de la plaza
en la mitad de las rayuelas y los cirios; ahí
con tus cabellos en formación
y tu idea solitaria de un avión en una farmacia.
Así, si existieras
y desde mí me respiras, mi sombra cubriría tus ojos abiertos
y la cúpulas de las iglesias reposando en tu vientre:
preparando el llanto,
llamando a las iglesias y templos, a las
islas negras y verdes, llenas de armaduras, y en torno a ti
me aferraría con clavos, dinteles y garras
y volaría.
   VOLARÍA
sobre el sol de los pájaros.

Si existieras
y me buscas en medio de la edad de los árboles y arbustos
como un soplo solitario,
cerca del mar, cerca del olvido,
cerca de todas las cosas llenas de polvo y humedad.
Si tan solo me llamaras
con tu campana cíclope, con tu cantar de aguja
y tu voz de herido.
Si tan solo me viera desnudo y solo
¿Alguien vendría acaso?
desde la plaza de las raíces, desde el color amarillo
desde los días domingos.

Si tan solo existieras
y si tan solo me buscaras
¿Alguien vendría acaso?

Si tan solo existieras,
esa sonrisa de barco roto, de tesoro manejado con cuidado
del lamento de las brisas
y del cuidado de los parques,
vendrías a mí como sonoridad, como caricia de aureola
como un cuidado de un ángel con un lápiz caído
Sonando. Existiendo.

Si tan solo existieras
el pedazo de mar terrestre, de cal profunda de las olas,
del grito más potente de azar,
como la sombra que gira y gira y muere.
Como los pájaros sin sonidos, mudos y sin alas, callados.
Como huyendo de los barrotes.
Como levantados e izados al borde, como orillas.

Si tan solo existieras
Yo me haría archipiélago y mar
y de esos lúgubres lugares de mi mente te sacaría y soplaría.
No huyas.
Mi sonido está preparado para tu espera.

Si tan solo existieras
Si tan solo existieras
y si tan solo me buscaras
¿Alguien vendría acaso?
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Canto a mi palabra

...

Desde esa extensión, al sur, al sur
donde se cría esa lluvia peregrina, como un canto sin ala
y un viñedo sin tragos,
como un sonido sin vientos, como el sonar de campanas
el corazón se da paso entre ventiscas,
como una casa sola.

La noche, sin duda, aparece en el campo
de repente y así se ve partir mi alma a la costa sola
y su única sílaba me cae en la sien
y el naufragio empieza por encontrar una hoja poblada
poblada de todo mi amor enrojecido.
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Grito de guerra

a propósito de la situación actual del Ecuador

...

Esta manía de levantarme cuando el poder me dice “no”.
Esta manía de no tener edad,
de llorar con amapolas por las muertes caídas
de que mis huesos vaguen y lloren
...
se limpian, se regeneran y luchan
de que mi voz (casi apagada) no me vea solo,
de que me he puesto el día al hombro y
he salido con mi fuego, y mis piedras,
he salido con plumas en otoño, he salido
con los llantos de mi madre por ver ese sueño horrible.

Tengo ya el recuerdo de unas muertes en mis pupilas
y en el corazón cae agua salada, como una prosa...
una prosa de dientes dispuestos a matar;
como hoy, vengo a luchar, a vestirme de claridad
de refugio, de indígena, de represión…

moriré es cierto, pero detrás de mí un aguacero
me espera,
escogí el día, ya llora mi memoria,
ya se desenreda el pelo y ya se viste de luto.

conservo esa manía de saberme lúcido
de no saber en qué vida me atrapara la muerte
ni con qué ropa me atrapará la muerte
ni con qué hambre me atrapará la muerte
ni con qué vestido
ni con qué personas
ni con qué saludos, ni despedidas
no sé como vivirme, pero sé luchar y gritar.
Por mis manos corre sangre y polvo, uñas ensangrentadas
y dientes tan altivos
que todo nombre que salga de esta boca muere;
no tengas amigo piedad por mi nombre
lucha conmigo y lloremos,
vaguemos,
gritemos
porque no sabemos cómo nos atrapara la muerte.

¿Será hoy, mañana, el martes quizá?

Ahora poseo un miedo enorme, algo pesado
algo con fuego,
algo con un suave desliz púrpura
algo que no sabe sonreír, algo llamado policía:
un siniestro delirio incalculable,
un aparato triste y un cuerpo sin barriga y sin hambre.

¿Cómo me atrapará la muerte? quizá vendrá sin sombra
como un dulce, o una llaga
o una saliva espumosa,
pero
seré fuerte,
fluiré entre las manos de mis compañeros,
ahora sabré de mi muerte, pero
de entre la espuma de las calderas hirviendo va mi sangre
y mi sonrisa,
estoy atento a los disturbios y peleas.
Acá en este país salimos con cuchillos y hambre
a devastar la esperanza,
a reclamar por los testigos, por los niños.

Hoy he muerto,
me pegaron, me golpearon
todos.
Yo solo era el que reclamaba del porqué de las alas
tan altas y caras que se ven en las instituciones públicas.
Me mataron, a palos, con espuelas y anillos
con sogas e hilos.
Los días están cansados, están húmedos,
pero

sigamos...

a pesar de la soledad, a pesar de los no caminos
a pesar de las mordeduras y la sal
a pesar del veneno…

sigamos...

¡Gritemos¡
porque no sabemos con qué vida nos atrapará la muerte,
pero si es hoy, o mañana,
que nos atrape gritando y manifestando
que nos atrape en la idea del sueño y la protesta

si hoy nos atrapa la muerte
que sea en las calles y con la fuerza enjaulada y con las almas estalladas.

Señor, hoy mi muerte
cabalga al otro lado de la noche y al reverso del día.


foto: mujer indígena en las protestas de Ecuador.
Octubre 2019 / 11
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Dos minutos antes



Me enseñas a recoger mis espejos
para yo no ver la bruma en ellos; debería
estar atrapado en la idea del sueño.
Me dijiste que los claveles estaban llenos de campanas
y que los sonidos eran de la tierra;
dejé mi camisa sobre el mantel
y mis manos sobre las espesas miradas de un reloj,
resultó que: casi el temblor de dejarme y dejarte solo
era mi caricia
en un día de duelo y de tímpanos.

Ahora comprendo que esa caricia
es la mano de un niño o niña o su viento,
y que su alma está dividida y entrelazada con tu pelo
y forma;
tus ojos cerrados miran el firmamento
y las estrellas,
y del temblor de aquella primera salida
hoy el fuego es el que se extiende sobre las texturas.

Mi mano tan alzada a las brumas y
sobre los astros celestes no se ha visto envejecer,
soy ahora un prospecto de hombre de un solo hilo, una estación.
Dentro de mis uñas hay piel y musgo,
casi una palabra de crisantemo
y de mi carne humana, importa más lo que me ciñe a tu cintura;
me enseñaste a mírame en tus mejillas
y donde no había polvo, ahora hay
formas y siluetas.
Tras esas camisas oblicuas y sin forma
hay un armador y un aparato agónico, casi sin música.



Todo importa.
Ahora ya tengo mi retrato y silueta y los espejos y
además
ya el peso de las onzas sobre mis hombros está diluida
y confundida
entre los pasos de aquel hombre que me mira y escribe.

que me mira y escribe…
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Antes de las seis

...

Sombra mía. Ámame.

Sé un rosario de madera fría
sin tiempo, ni distancia, casi una piedad…
sé mi vida y el testigo del inicio del fuego,
un clavel de lujos,
un nota grave desenredada en una guitarra.
Voy a tu lado, de frente
golpeando el sudor
que tengo entre las piernas, al alba;
voy como una sombra desconocida,
casi como un inmenso aparato
volador.

/ Me das la paz necesaria.
/ Me das el pan y la memoria.
/ Me das el color y las alergias de
estar desnudo y con un par de lunares…

el que vive
la fruta seca, disecada, acompañada
de un frasco de murmullos
y una lengua cubierta de saliva,

el suspiro de la última mano,
el caminar con un infinito terror
y morder, así de repente, un beso espontáneo…
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Me negaré olvidarte

...

Quiero abandonarme al signo del agua,
llorar con mis manos
y depositar mis dientes en la tierra,
quiero, entre otras cosas,
salir andando de esta vida como un abanico roto
y seducirme a ojos cerrados a una flor desnuda.

Ya a esta edad
el silencio nos es presa de un letargo somnoliento
y cada vez nos acaricia la idea del viaje solo,
de la tan aparecida palabra suicidio:
un tremendo latido corriendo sobre los peces;
con un corazón desterrado y el alma en pena.
Con toda la ilusión del tiempo de las campanas
y la enorme quietud que tu tocas y gastas.

Quiero sobre una triste tumba de cal y hierro
ser sometido a la voluntad de las lápidas y
estar atrapado en la idea minuciosa del sueño.

Ahí está
el desesperado hombre de la muralla,
el polvo agónico de un cráter en formación
y el silencio eterno de huesos
y el trozo de pájaro sin el viento
y la mañana sin una mano
y el triste ropaje sin un botón
y el rostro con mordeduras
y el hierro sin el calor corporal
y el aparato triste y la cosa agónica.

La palabra invencible y agotada en mi boca.
El material de la muerte.
El ojo incompleto.
El cuerpo sin armonía.
La desgastada mirada.
El cuerpo cíclope.
Y las uñas cubiertas de cirios.
La luz que roba cráneo.
y el viento que no cruza mi isla.

El aumento de la violencia en mi pobreza.
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Mujer de mi diluvio

...

Si tú no estás: todo se desordena
Aquí, niño de pequeñas letras y nudos,
hubiera sido tu esclavo, tu sinrazón por mandar al cielo
por beber de ti y ser en ti: manantial de mermelada y sexos.
Si se me acusa de mirarte
de partirme el alma en medio de la edad de las frutas
y sobre los árboles y sus capas;
estoy agonizando por tenerte y peleando con el mundo
y mis padres por su voz de aguja y mirra.
Por sentirte en mis huesos como un limón,
por verte como se ve a Dios en el agua
y quererte, amigo, como un pedazo de sonido en una campana.

porque yo soy de huesos y de hojas
y de caricias casi muertas, pecho enaltecido de dolores
y pasaría al lado tuyo sin huella ni ojos,
porque tu espera, tu silencio
no son para mí, no son de este mundo; a ti llega
la guerra y ganas por puntos
y yo me abandono en el espacio azazido.

¡como te amaría ahora!
ahora que no estás y que sé que no estás,
amarte teniendo consciencia del amor, amarte
en el vientre de la sal, amarte
escondido, pintando cejas en el sueño.
Morir y amarte,
amarte aún más si te amo
y amarte aún más si no lo hago.
Amarte, amarte aún más,
aún cuando no tenga conciencia de ello,
amarte más, amarte más.

Amarte, amarte aún más cuando del corazón cae
agua espesa y no hay otra mujer para sostener mi diluvio.
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Grietas necesarias

...

Qué bueno fue ser sencillo,
casi despistado.
Por ti
hasta los corceles me llevan de la mano.

Hoy te escribo desde todos los rincones,
desde todas las horas,

¿Sabes? ya has entrado en mi silencio.
¡Qué grata compañía, qué alto rango, qué manos pasan por mis manos!

El lado derecho de mi cuerpo
siempre acabado, siempre con cicatrices
siempre hermoso,
tengo precisamente, en ese lado del cuerpo,
el sabor del vino,
las grietas del corazón llevaderas,
y la tendencia mía a escribir.
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La hora de la CENIZA

...

pues, aquí
mañana, el martes quizá
recordaré mi cuerpo embalsamado con caricias
en una habitación densa,
al final de las horas tu cuerpo me reclama y me llama;
tu risa,
tus mejillas
   de oro
de acantilados,
de gargantas y de lana;
tus manos largas hilvanadas
por esos antiguos colores;
tu voz, tus ojos
  tu puerto embarcado
ahí donde se sostiene mis palabras
y esa tristeza de sándalo y de mandarina
que hace más posible que se queme mi corazón:

comenzó la hora de la ceniza.
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Mirando sin mirar

..

hay muchas grietas en la madera y en los colores,
hay tantos espasmos de dolor en las gentes
y en las tiendas,
en los cines
en los páramos
y en los océanos
y en los otros poetas. 

 Pobres y minúsculos cuerpos rotos

Tienes una forma de verme,
de morder mi llanto,
de morder mis espacios y mis agujeros.
Tienes una forma sutil de adornar mis hombros.
Tú ves el mundo, los claveles
las rosas,
los suspiros quemados
los paneles de azúcar
y las botellas de preguntas.
Yo no veo nada; sino las piedras
y los acantilados:
la fiesta de las flores
y el rompimiento de huesos
en las murallas
y los pájaros enraizados
en las jaulas.

Te veo en todas partes.
Siento que estás en todas las cosas y de ellas quiero tomar su forma.
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Frenético



Mi voz enfurecida hace tanto ruido
como un sonar de cadenas en un campanario,
suplica y se ve más allá del musgo de la selva
como la garganta del mar en la arena incrustada,
como el agónico tiritar del viento mientras
cruza a un niño o una paloma.

Tímidos gritos salen de mi boca húmeda
como un ruido de huesos,
como un silencio en una bodega
como una muchacha secuestrada
como un ladrón de pie en el vaticano…

¡Oh voz mía! qué potente es el frío
en el alma dividida y con cestos…

Amapola fúnebre, sube a mi cielo y
de mi boca un suspiro silábico
repitiendo dos mil veces más
tu nombre anclado a una equis…

¡Oh, voz de animal muerto
sin galope¡ ¡animal frenético!

soy una luz tan desordenada,
soy un cesto de bocas ardientes…

Tú iniciaste el canto primero, ¡grito de guerra!
y en lo alto de los astros y de las dunas
te veía el cuerpo en abandono,
las manos vacías de mil hombres,
las bocas de las mujeres llenas de deseo
y una estrella de papel incendiada cada noche…

El cuerpo en el lodo y la carne viva ¡exquisita!
la corriente del río abajo, el alma de las rocas
y de los peces…
amor sujeto a las constelaciones
al ruido del agua
a la fiesta y murmullo de las hortalizas
ese es mi secreto:
caminar desnudo con insomnios en mis hombros.

Mi voz es el resumen de los caballos cantando,
de las grietas de la ventana muertas de llanto
de los hombres y mujeres en vela y en anís…

Mi voz es la carne viva y la gladiola al cielo
¡El veneno de dios en su ceniza palpitante!

Ahora mi ternura está encerrada en bodegas
al sur, muy al sur…
lloraría por el fino beso aguardiente y la espesa
finura de un río. Estoy abierto para siempre:
fino cuerpo de matas y de corrales,
fina voz de anís y de claveles
de ley al mundo que no se oculte nada, que todo crezca,
que mi alma se haga par y se cultive…

como un frasco de miel regado…
como una perla abandonada…
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Niño de cuatro letras

...

Niño de cuatro letras, ¿me has abandonado?
Estoy tan solo ahora que hasta mi tristeza ha sido perezosa.
Mi cuerpo ahora se abre como un muerto
que lleva, de pronto, una piedra dentro o una lluvia.
Ahora lo sé: la tristeza tiene el color gris

Muerdo ahora las alfombras y siento que en mí,
los cereales crecerán y se harán espiga y flor,
pero ya amor, sin tu corazón de agua y sin esas palabras
densas,
¿Qué silencio me espera en el patio de las flores abandonadas?

La herida surge y surge, hasta ahora cabe en un sueño.
Tengo un ojo calcinado y el otro despierto
¿Qué lluvia se posó en los laureles?
¿Por qué ahora no puedo verte?
Niño de cuatro letras, ¿porque la equis sigue en tu nombre?

Tengo una luz degollada en la garganta y un pedazo de
carne viva, viva entre las piernas,
no me dejes pequeño y moribundo.
Hoy mi alma me muerde y me reprocha el no estar contigo
¿Puedo adornar mi cintura con tus manos?

Hay en mí un silencio que grita, un desesperado animal perfumado.
Me queda la boca tan manchada de girasoles y estupores.
En mí, no hay un surco por donde anidará la semilla.
Está amaneciendo y por ese cielo se van mis aves calcinadas.
¡Qué cuerpo inútil el que ahora escribe!

Estoy escribiendo con una mano rota y una estrella perdida
entre las bodegas del sur, de las ciudades de piedra.
Voy ciego y mi piel ya se ha hervido con la sal de la mañana,
con el potente llanto que nacía en mis cabellos.
Niño de cuatro letras, ahora ahora surge la herida.

Una palabra de madera y un soplo azul me dejas.
Estoy fuera del mundo,
no nazco,
me duele el camino.
Estoy yendo con mis ojazos de almendra y fruto
por los túneles de alguna bodega que llora y llora
llora y llora por sus estantes tan vacíos: llora y llora.

Un deseo me separa de la vida y me abrasa la idea del salto:
¡Qué sed tengo!

pues pregúntame, acribilla mis manos;
una duda me sale de la garganta y se posa en tus ojos.
Niño de cuatro letras, ya no hay tregua ni salidas, vengo a morir.
Solo deja que me abrace al recuerdo
y que en tu nombre pueda navegar y dormir.
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El origen de las preguntas

...

¿No sabes mis deseos más profundos y mis ganas hacia el sur?

Me deshago como un cúmulo de azúcar en el café.
Estoy hirviendo de dolor y de manos y dientes colgados desde
el centro de las matas de los pájaros.

Mis huesos están ardiendo y con ganas de hacerse polvo,
estoy en un estado originario de placer, sudor, y sentimientos.
Quiero con mis dedos adornar un planeta de saliva en tu cuerpo
y anclar mi territorio a tus pies.

Quiero lanzarme a los acantilados con agua y sal.
Quiero que el océano te mire y te devuelva así desnudo,
desnuda, tiritante de deseo y explotación austral,
murmurando a las regiones de tierra que nos amamos
y que la humareda del fuego inicial la comenzamos nosotros.

Que los ligeros goles y temblores que azotan a la tierra
sean hojas ardientes de nuestros cuerpos quemándose.


¿A dónde vas con tu cuerpo que ahora es mío?

Niño o
niña flotando
en el deseo,
dame el cuarto menguante
de la luna;
permíteme ser
una boca húmeda
en tu centro,
permite que
mi cuerpo
como fina hierba
quede mojada con
el rocío
de tus manos
y tu sexo.
Permite que sea una flor desnuda

¿Qué clase de amor desnudo y desnudante es este?
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El trabajo hermoso de los años

A ti Wendy, mi persona querida. Mi warmigu.

..

El gran rumor de agua, de escarcha
que asesina de un tajo a los geranios ancianos;
ellos, allá afuera, no se ven morir, están sobre
las rocas vivas, sobre los acantilados de los números.
Ese gran rumor cubrió la piel de los vencedores,
se adelgazó en las pupilas y en torno a ellas
cubrió a las calles de granizo y de céfiros.
Oh amiga mía ¿qué ruinas has hecho?
Porque ahora padeces de tantos lunares,
de tantos lugares tremendamente blancos.

Eres tú, geranio del patio de mi casa,
geranio anciano, piel del viento y boca de semilla,
taciturna
elevada al cielo
de tu carne tan blanca, tan blanca,
tan de ceniza y lana,
tu piel anclada a las migajas, al pan molido,
tu carne de nácar nacida en la arena
  junto al río
ahora te sueño como en el principio de los tiempos,
estoy con una margarita que se chorrea desde mi costado,
me sueña,
me grita,
me saca del vientre materno y me
da medallas, me da espasmos de oro y
sueño; ya sueño de nuevo con tus dientes,
  tu boca húmeda,
  tu boca de oca.
Geranio anciano, del patio de mi casa
me retrato en la vida y a ella le devuelvo
mi esqueleto.

Consigo ahora que tu lengua y tus órganos
floten alrededor mío, me cubran, me vistan,
sean ángeles de madera; pedacitos cortantes
de un asesino que mata con el frío y la ilusión.

Compañera mía,
ya hicimos ese viaje mágico, cabalgamos
por sobre la madera y las auroras,
despertamos al alba en camas diferentes
pero con la mitad de nuestras almas colgadas al sol.
  ¡Bridemos por fin!
Se alegran los maíces y las tachuelas por vernos libres.

Las voces de mariposa,
los cuerpos de arullo,
el crujir de semilla
y ese rumor de huesos gritan ¡aleluya!
Hoy por fin, hemos despertado de la vida
somos danzantes que se adelgazan con la soledad y,
en nuestros cuerpos jamás entra la espuma,
somos un cúmulo de arupos,
tenemos nuestra manía de hacernos daño, de pintar…
de ser corceles en el sueño,
de apagar la luz eléctrica en las velas perfumadas.
He sentido, ¡no sabes cuánto!, el deseo de abrazarte
de acogerte con mis misas y campanarios,
de hacerte dormir con mi voz de aguja y bebé,
de dormitar en alguna colina por entre tus besos
  / tu ruido de besos /

Abrazarte compañera hasta hacernos arte,
ese arte dormido, absuelto, amarillo.

Qué hermosa te vez ahí adornada de escritura y de sal,
con tu alma purificada como el agua,
con tu cuerpo de minerales,
con tu chalina que genera envidia al sol.

Compañera mía, ¡compañera mía!
las piedras nos lanzan sus manos en dirección al horizonte,
el silencio crece en nosotros y nos da su galope,
nazcamos en el vientre del potro y de la noche,
seamos la crin del viento
y el suave andar de un caracol a su roca luego de la tormenta;
compañera, la sal nos mira,
nos hace seres de cuerpos profundos y un tanto muertos.

Te invito a descubrir la vida
debajo de los poetas.

Hoy un ronco cerezo cuenta nuestras lágrimas y
las medallas se apresuran a envolvernos en el fuego seco,
seamos hoy, por los siglos de los siglos
la fiesta de las flores y
el terrible palpitar de las sillas al verse solas, destruidas
sin personas que se atrevan a sentarse en ellas.

Seamos las tardes de trigo:
algo oscuras, pero con un legado del humo.

Nuestra piel ahora está llena de túneles por donde
siempre, siempre vamos a transitar, al menos yo
viajaré con mi palabra
hasta la orilla de tu cuerpo, hasta la orilla de tu boca.

Permíteme compañera
reconocer mis venas de pájaro y anidar por siempre
entre tus cabellos desnudos.

Permíteme solo ser un pétalo en tu piel de uva.
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Realidad

..

Aquí, es el mundo.
Aquí es el país de las desgracias.
Aquí es el país de los falsos poetas y de la rabia acumulada
Aquí es el país de las venganzas, de la política.
Aquí es el país de los desnudos, de su vergüenza.
Aquí es el país de los perros sucios y la carne podrida.
Aquí es el país de la “asamblea” tan desabrida y maloliente.
Aquí es el país de las imperfecciones y de los suicidios.
Aquí es el país de las carreras “honorables”.
Aquí es el país de los “contratos”, de los “amigos”.
Aquí es el país de la pobreza y de la miseria.
Aquí es el país de los hijueputas y malcriados.
Aquí es el país de las deshonras y de los presidentes “honestos”.
Aquí es el país de las mentiras y los lobos.
Aquí es el país de los sexos rotos y de los vientres vacíos.
Aquí es el país de la sangre y de los plagios.
Aquí es el país de los órganos de lana y las bocas con mierda.
Aquí es el país de los burócratas asesinos.
Aquí es el país de la sombra y de la muerte.
Aquí es el país de las malditas horas y de los azares.
Aquí es el país de los pájaros y del pus.
Aquí es el país de las púas y los hocicos de las instituciones públicas.
Aquí es el país de los “medios” sucios y la lepra.
Aquí es el país de las olas agotadas y de los números en reversa.
Aquí es el país de los tartamudos y de las onzas de sesos.
Aquí es el país de las pinturas podridas y de la cabeza de estiércol.
Aquí es el país de las aguas amargas.
Aquí es el país de puro “rico” pero su sangre de harina.
Este es el país de las ladillas.
Este es el país de las violaciones y el oro enterrado.
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Poema X

...

Cada palmo, cada irresistiblemente lugar blanco,
cada astro de leche escondido debajo de tus muslos,
cada lunar de fuego los marcaré en los ríos óvalos de tu cuerpo.
Mi boca es un hueso de pájaro que teme verse volar en ti.

Todo es tú. Cuerpo en una jarra de agua.
Te amaré por sobre el barro y la fiesta de los tallos.

Historias de murmullos a los pies de las dádivas.
Niño triste y con miedo, no estés triste.
Un ciprés crece en mi espalda con tu apellido y forma.
Todo cobra sentimiento, todo madura, todo me grita.

Yo caminé desde la constelación del sur hasta
venir a tu encuentro. Te amo.
La soledad crispa los cristales y me atrapa en sus
hojas de sal y de tiempo. Silencio.
Ayer cuando no me hablaste. Cuerpo roto quebrándose.
Mi alma partida y perdida entre el mar y la tristeza.

Estaba callado, tiritante, enjaulado entre dos islas de silencio
y esperma.
Angustiado. Herido, entre dos corceles pintados en el sueño.
Entre las mitades del día, algo va muriendo.
Ese algo lleno de agonías, de palabras parecidas al suicidio,
como cuerpo de agua, como alma de una naranja.
Amigo mío, apenas hay lluvia para beberla,
sin embargo algo canta en ese fuego que no envejece.
Algo canta y sube animosamente a mi boca,
algo me dice que hay un puñado de tierra en mis ojos.
Algo tan cercano a la palabra alegría.

Ahora sonrío. Aquí vivió el tiempo. Aquí hay una línea de campanas.
Soy tan desordenado como un loco con claveles y agujas.
¿Triste ternura mía, que hago aquí?
¿Porque te vas tan de repente?
Yo llego al centro del día, al vientre de las mujeres y grito de frío.

Mi corazón ahora palpita como una flor nacida.
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A la brevedad de la leña

...

Era el espacio lucido,
las huellas y los espejos,
el movimiento no reposaba, danzaba.
La tranquilidad de tu sonrisa,
la tranquilidad del día,
el no morir;
el vivir con las frutas maduras.
El cielo limpio y
sin astros densos caminando,
la luz quieta nos inmovilizaba,
detenía nuestra mirada.

Los danzantes de las piedras
se escondían entre los ponchos,
entre las sonajas sin sonar,
bajo esa luz, todos éramos eternos,
el tiempo se consumía lento
como un trago amargo
y gallego.

Un llanto – una melodía –
consumía el día, un pájaro cantó.

Vibraron las paredes y
los espejos de agua.
Temblamos nosotros, ahora
todos nosotros llenos de ese canto,
de ese cielo
que surca el ave,
de ese cielo
que quema el ave.

Despertamos.
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Historia del amarillo

...

2 / 06 / 2019

Cuándo el sol me anunciaba las 10 del día
yo ya estaba en medio de la plaza
con el montón de castillos de mermelada en mis manos
y un trozo de hielo en mi boca
por no verte.

Llegué al centro del mundo
y en mí, como en las amapolas:
el sol quema hasta las cicatrices.
Iba y venía con el viento
resucitándole con cada palmo.
Llegaste y la vida se me hacía lenta
y yo ya me adentraba a golpear las paredes
con un puñado de arroz.

Me adentraba en el silencio y transitaba
por las finas hebras de tu saco amarillo.

Veía las puertas de las plantas vacías y yo
me preparaba a vivir en tu alma.

Tengo derecho a ser un héroe si eres tú a quien salvo.
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Desvaríos / uno / 1/3

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Canto al aire, grito de desesperación,
miro a los mirlos, su vuelo
su gigantesco vuelo.
Miro el vaivén de las hojas,
esas hojas de cristal cargadas de dientes
y espuelas,
de sonrisas como tú.

Cantan las rosas
están atrapadas en las grietas de la ventana,
danzan con perlas,
se aferran al aire.

Gotas, gotas de sol
se derraman en la calzada,
algas desnudas tiritan de frío
y besan el césped.


Tú sonríes,
todas las colinas flotan dormidas.
Tú sonríes
todos los campos son de aire.
Tú sonríes
el espacio gime con fuerza.



Se levanta el silencio y en su sepulcro
nace el barro,
el barro de la voz ronca,
de la voz nutrida,
de los tallos en formación,
de la vida en sintonía,
de sus ojos llenos de lágrimas,
de tus finos hilos sonrientes,
de tu boca de maní, de tu boca de cerezo.
de tu boca llena de vino
como un potente grito caído.
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