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Una furia enrojecida

...

UN ROSTRO GRITA
DENTRO DE TODA ESTA DISTANCIA

Una lengua. Una boca
Tu llamado intermitente de lejos,

una solución caída
que se va desde mis manos,
como flores estériles
es casi tu nombre acá
tomándome donde un adolescente
se desnuda dormido.

Soy yo,
como un dardo dentro de una paloma
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Tengo algo que decir

...

Tengo algo que decir.

Bajo la noche de los cerezos estábamos
siluetas de humo y carne,
la calle se despedazaba con sonidos
y yo, y tú, en candiles sábanas
nos desvestíamos.

Llegamos.

Nuestra sombra se esparcía por el cuarto
y dentro figuras rosadas inundadas de aliento,
con mi razón, apenas con mis dedos susurraba
me adentraba en el largo camino de un nomeolvides
y se me cantaba el aire con tréboles lentos,
el luto ya no anidaba en mí.

Amargo fue el esperarte,
era un racimo de humedad mi cuerpo.

Sentado en esa atmósfera de luto
observaba algunas bocas verdes y dulces.
Caía en la sombra de mí mismo,
en medio de destruidas cosas internas.
Recuerdo nieve y estaños,
aullidos de carros inconclusos y una ligera película
empezaba su declive.

Llegaste.
Sonó el cantar de un bosque
y me devolvía a la vida entre madera cortada y dulce.

Tierna persona, ¡cuántas alas necesitas para volar!
Niño cítrico, mi rosa de pétalos fúnebres
por esas alas de ceniza subo y subo y me detengo
mis aroma cansado como una onza de harina,
llego y me arrodillo, pido un atrio de silencio.
Me acaricio cerca de tus labios como un alma dormida.

Poetas, vientres, cubos de estambre
cubren tu pecho monzón. Dulzura hacia dentro.
Seres llenos de silencio y velas
veo morir en mi boca,
varias caricias desde el centro del mundo
a poblar el valle de ángeles y flechas,
círculos pegados a mi boca
flotaban desde tus piernas a mi alma espesa;
humo y pulpa desde tu vientre
llantos y llamas de un aroma inundado
en un cuerpo cíclico naciente como el mío

postes, llanuras, citas desprendidas al día siguiente
gritos potentes de frío,
seres que no se creían posibles nacieron,
pulpas de incienso regadas en los balcones,
salientes niños sin almas,
flechas pegadas a tus manos, a tu alma caída.

Dulce polvo esperabas
tras una puerta que enciende los bosques
y donde apagabas mi sueño interrumpido;
¿ceniza que no se dio?, fuego lento y corto,
espero que solo hay sido tu espíritu espeso
en busca de un lingote de placer y agonía,


mientras mis hojas adentro sembraban árboles
y de ellos flores pálidas y blancas y armoniosas y dulces.

Ven a mí, soñemos con el cuerpo encendido
y el agua casi rota al filo de un maíz
cae en mi cuerpo, riega esa feliz caricia dormida
que la noche empieza y cae y cae y cae
como de un trompo una sustancia feliz.

Era la sed y el hambre ese día.
La dura fría hora en las que surcó tu alma a la mía.

En la noche que se ciñó tu boca a la mía
y donde emigraron pájaros de sexo a mi vientre
y nació la poesía.
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Extranjero

...

Soy un paisaje vencido.
Traigo el color de un atardecer de una pintura acabada,
al parecer, he nacido...

¿He nacido?

No lo sé, escribo, sueño y pienso, quizá si,
aunque eso no significa nada, quizá solo existo.

Eso es. Existo. Pero no vivo

Esa otra gente también.

En un solo rincón voy
dilucidado,
sentado frente al horizonte,
frente a los sucesos vago por los lugares mas lúgubres de mi mente, eso supone
que estoy vivo,

o quizá solo esté abandonado
en un rincón

E X I S T I E N D O

casi siempre pienso en no volver,
en detenerme
frente a los campanarios cíclopes
y gritar,
atornillar un espejo a cielo

la distancia solo está en mi mano izquierda,
ahí hay un sentimiento
de probabilidad

hoy si volveré.
Mañana no, seguro que mañana no.

Suspiro en todo.
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Ella era viento y volaba

DEDICATORIA

...

Ella era – lo es –
furia y penas
contrariada así, como
un artefacto que
no se desenreda la
memoria,
es un onza de estampidos
y cantos
como un pájaro
en vuelo
naciendo de la boca
del viento.

Su fachalineo
es replica de un soneto:
carne viva, nácar
y explosión;
arena y hierba,
tiene una forma de morder
el llanto,
es casi como una jarra
de vidrio con amapolas
dentro,
tiene el olor
de un trébol en lluvia.

Cuando danza
la lluvia amenaza y empiezan
los caminos,
tiene el don
de mover las cenizas
y a los cuerpos,
tiene casi el color del humo
y el sonido se va, como ella,
por la tarde de las colinas…
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Desprendido

...

Hiere tanto que no estés
y que te vayas por el envés de la luz

Si estuvieras acá, junto
y no donde no hay huéspedes
en líneas australes verdes
en el sueño
a mitad de la noche
entre risas
y mares revoloteados,
allá en la densa niebla
que cubre el
pecho de los pájaros.

Porque en el sinnúmero de casas estás
como un material profético

Desprendido,
como un lirio giratorio
que nace de una hoja
en movimiento,
triste crisálida
dulce miel quemada y esparcida,
a cierta edad
en lo azul
se desprende – un sí –
mi sombra
ya se mueve fuera de mí.

Aislado, así. Humano

otro día que no estás

Ante la idea de despedida
te ruego me cobijes

No finjas querer ser,
finge tu culpa,
la pequeña cicatriz de adolescente
en la ribera del día,
otro día al fin
que se acaba, se ve morir
el viento
en la boca de todas las aves,
se ve morir
el deseo de recogerte
por la luz
y por la luz irnos

Esa vez, esta vez

iré a tu encuentro
Aun con todas las posibilidades
de lluvia,

Atento estoy de recoger tu cielo,

atento de mirarte,
atento de recoger mis pájaros negros

atento de ir con mi pecho inundado
de flechas

atento de guardarme en tus piernas
como un sudor frío.


Ausencias nada más
aquí y allá
un ala cantora
me lleva
me llama, iremos
(¿iremos?)
fugaz,
veo la tímida
golondrina
nacerme desde
dentro




Mi pasión así desciende, se le ve bajar
con olor a ciprés, casi las seis
la brisa de los días
en su aquí y allá,
la sombra que gira y gira, y llueve sobre mí.
Y ahora mi pasión te llama
desciende sobre el helecho de tus pies
y en tu corazón de flor pálida
mi coraza azota,
se desprende de mí
una larga hilera de esquinas rotas
y chimeneas en pasajes largos
y en la esquina,
y en la calle
y ahí, al lado izquierdo de tu nombre
un caballo sopla

es mi pasión que desciende
cuando despiertan las farolas.
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Arte Poética

...

Manejé mis palabras, dulces versos de otoño
anclados al mar y a las olas de arena, al capitán del desierto.

Até mi boca a un mirlo salvaje y a un pájaro joven
la enfrenté con dudas y con tantos astros desnudos
y vi nacer tu nombre con tantas alhajas por entre las murallas.

Expuse tu palabra en mi cuerpo desierto
en una noche tan aletargada de insomnio
y retornó a mi en forma de carnero, de piedra, de silueta:
vestida de un inmenso manto de cortezas,
de tantas alas manchadas de suspiros.

Expuse tu palabra al vacío de mi cuerpo
y le adorné de tantos ropajes y alambres
de donde nacía la ropa sucia en los callejones tristes:
la cubrí de desiertos, de acantilados
de flores y de lana
le ordené visitarte, visitarme, desvestirte y desvestirnos;
intenté que se clave como una estaca en un corazón,
intenté ofrecerla como pan a las golondrinas
como vida a un estanque tan abatido por la soledad,
pero no, tu palabra regresaba
entre tumultos
disfrazada de gente
acolchada de vino
y recogiendo pieles de viento y mármol.


Tu palabra adornaba mi cuerpo,
y venia por entre las sombras
disfrazada de lechuza y me hacía fuego;
me hacía eterno en la dura noche de mi existencia.
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15comentarios 177 lecturas versolibre karma: 129

Re Inundado

...

Ausencias nada más
aquí y allá
un ala cantora
me lleva
me llama, iremos
(¿iremos?)
fugaz,
veo la tímida
golondrina
nacerme desde
dentro

Hiere tanto que no estés
y que te vayas por el envés de la luz

Si estuvieras acá, junto
y no donde no hay huéspedes
en líneas australes verdes
en el sueño
a mitad de la noche
entre risas
y mares revoloteados,
allá en la densa niebla
que cubre el
pecho de los pájaros.

Porque en el sinnúmero de casas estás
como un material profético

Despredida,
como un lirio giratorio
que nace de una hoja
en movimiento,
triste crisálida
dulce miel quemada y esparcida,
a cierta edad
en lo azul
se desprende – un sí –
mi sombra
ya se mueve fuera de mí.

Aislado, así. Humano

otro día que no estás

Ante la idea de despedida
te ruego me cobijes

No finjas querer ser,
finge tu culpa,
la pequeña cicatriz de adolescente
en la ribera del día,
otro día al fin
que se acaba, se ve morir
el viento
en la boca de todas las aves,
se ve morir
el deseo de recogerte
por la luz
y por la luz irnos

esa vez, esta vez

iré a tu encuentro
aun con todas las posibilidades
de lluvia,

atento estoy de recoger tu cielo,



atento de mirarte,
atento de recoger mis pájaros negros

atento de ir con mi pecho inundado
de flechas

atento de guardarme en tus piernas
como un sudor frío.
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Desquiciado

...

Mi nueva poesía se merece a alguien desnudo,
quizá un giro de te verde,
o ya en mi desesperación una larga hilera
de ojos en un espejo,
quizá un arma y una pintura azul,
quizá unos objetos salvados fácilmente del amor.

Qué si, que mi poesía se merece a alguien desnudo.
Alguien que con sus días
mate toda mi venganza y me devuelva al mundo
adornado de formas.

Una poesía que se ajuste a mi cuerpo
y que vaya tomando tu forma
una semana de lluvia donde solo se despierte la nieve
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el quéayer de los insomnios

...


Ya mi voz no busca, ni llama, ni se asoma
con su silueta y tono y campana triste
como la boca de una estepa
y el cuerpo de arena enrojecida y alegre.

Ya mi voz no recibe respuesta
ni gritos de los marinos tímidos.


Mi cuerpo ahora, fino aroma del día,
una delia suave como tono de muchacha,
como braille de un poema, como un suspiro izquierdo
como brillo de agua, se busca y se toca.
Oh, mi voz como te encuentra
sin sollozos, sin ternuras, sin heridos en todas partes.
Oh, mi voz como te busca como ola desordenada,
como párpado cantor,
como lirio fúnebre. Como lirio fúnebre.

Tú envuelves el aroma floral de la hierba,
y lo devuelves en finos templos,
en las astillas de toda la madera, hostales,
en habitaciones donde se confunde el llanto
y se ve y se oye y se toca un ángel verde,
donde la ira es presa del silencio.

Tú eres mi propio secreto,
como una isla de mí mismo, un papel guardado,
invisible de si mismo: llanto nocturnario,
la ribera inspirando un suspiro, poblándolo
siendo deseo en la carne y murmullo en los huesos,
cantando en el alma de las playas
en la infancia enterrada en los jardines;
como cuándo voy a ti cantando
como cuándo vienes a mí abierto.

Mi voz es un lirio que se ama solo,
un almendro florido
y unas hojas de nopal nevando…
mi voz es el resumen del invierno,
el quéayer de los insomnios
y el tiempo que golpea…
como vientre nutrido, como la tarde muerta
mi voz como ceniza palpitante,
cuando se abre la puerta…
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10comentarios 157 lecturas versolibre karma: 134

Es la noche la que se me extingue

...

atento estoy, amor
atento del alba y de las cinturas
por si de ellas, un gramo del origen
o nacimiento se deprende,
atento estoy, amor

del origen de tu nombre.
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4comentarios 97 lecturas versolibre karma: 105

Has ganado la batalla desde siempre

...

A tu nacimiento

¿Y del capitán que surca el este, quien ha sido nominado?

Su voluntad bastó para ser firme;
para posar y nombrar todas las cosas.

De esa pasión se nutre
lo bravío de algunas noches. Tus noches.

Sobre el mundo pasas rodando.
Háblale. Háblame.

Con las manos zurcidas al espacio terrestre
postrados los arcos, sedientos.
¿Dime, a quién ha acusado la noche?

Siendo la jaula amarrada al pájaro,
confía,
nadie se parecerá a ti, ni al viento ni el lenguaje nos servirá,
boca que doma los animales muertos.

No hay quién de ti, por ti, se haya muerto.
Hay quién de ti, por ti, se haya vivido.

¿No oyes el grito, la boca del céfiro arrugar tu pecho cuál niño silente?

Has ganado la batalla desde siempre.
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8comentarios 108 lecturas versolibre karma: 106

I am

...


Nunca había estado tan cerca de tu oído.


Nunca me habían devuelto las medallas
de mi infancia,
nunca una rivera se arrimó a mi boca.
Los fantasmas y la soledad encarcelada
piden un turno,
se asoman a la soledad, a ese día
que tiembla al verse terminar.

Nunca había esperado a alguien
entre ventanas extranjeras
bajo la mirada
de una blanca paloma blanca.

Nunca.

Las hojas y el otoño
arden en mi propia
dirección.
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10comentarios 84 lecturas versolibre karma: 125

Mi poesía

...

Como a goterones solos, como a música hirviendo
empieza el descenso de tu mano hacia mi boca
se abren así las puertas del corazón, a zarpazos
y el epitafio del vino se me vierte en el pecho
y de tantas alas rojas se abre la razón.

Mis manos cargadas de lluvia y pinzones
van volando sobre las tejas y la humedad,
recorren los dientes frescos y fríos, tremendamente blancos
y al filo de la costa se deja caer el vuelo.

Me dirías que la razón del poeta está
y que no sale al filo del día y no grita, no muere
que se arrima a los adoquines y se esconde en terrazas
busca un grito potente entre los muros
y se deja caer en todas las estaciones,
sube por la sangre
una música espesa y una flor de armaduras duras.

Mis ropas sucias colgadas de alambres izados al sol
me muevo entre ventiscas y sueños
entre ventanas extranjeras, lejanas
y te miro en un espejo
y me miro en un espejo, absorto, casi derrumbado
reconozco y así admiro mi palabra.

Y entonces
y entonces nacen las mujeres y hombres del poeta
vestidas y vestidos de astros y galaxias redondas
con sombreros solos y amarillos, como paredes decisivas
y de todos y de mí
traen cuerpos de olvido, de ojazos de luto
de bocas muertas y roncas.
Unas campanas tuertas nos saludan
cantando e inventando una pieza ronca.

Una pieza ronca de. MI POESÍA
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Cuando tú no estés (Colaboración)

Hola amigos poemantes, les comento que ha sido un verdadero placer
formar parte de esta colaboración con algunos de nuestros escritores más relevantes
He aquí el resultado.

Acá todos sus colaboradores: @AljndroPoetry @Jose_Luis_Regojo @Malulita_@AljndroPoetry @mariaprieto @Ocho_impar

...

Acuéstate tranquila, duerme
acuéstate tranquila, túmbate tranquila sobre la noche
ella perdurará lo que la canción entre años difuntos, eternamente.

Acuéstate en los tibios brazos de la noche
que apaga su luna
en la habitación del infinito.

Reposa tu melena de luceros
sobre mi hombro de cometas.

Déjame olvidar
que ayer no fuiste mía,
que hoy quizá lo seas;
y que mañana,
cuando el alba despunte,
seremos como dos constelaciones;
Sagitario, divisando a lo lejos
la belleza deslumbrante
de su imposible Casiopea.

Déjame olvidar
Déjate olvidar, túmbate tranquila por sobre el mundo
que todo nos tosa y se confunda,
que se desaparezca todo
menos tu perfume
por sobre las cosas, por sobre mí, tu perfume;
soy yo, el inquieto llanto, adictivo.

Mientras, contemplo a la luz del fuego
tu perfil dormido,
sombra cimbreante.

En la vigilia de tu éxodo
en pos de una nueva vida
o muerte.

Tu sombra,
compañera de viaje,
también me abandonará.
Exhalar dolor
hasta tatuar nuestros nombres
en el olvido,
acuéstate tranquila
sobre este lecho de ausencia,
llorar distancias
hasta garabatear el ayer
en el lienzo de mi hiel.

Con un tizón,
trazo el contorno de tu sombra
que me abrazará
cuando tú no estés,
en silencio.
Y yo te velaré en la fugaz estancia
de estas horas de deseo insatisfecho,
donde la paz solo sea
un punto lejano al otro extremo del universo.
Duerme,
en esta noche honda
y que tu espíritu deambule
entre los sueños inconexos del destino.

Me recuesto en tus brazos ¡amada mía!
mi rostro reclino sobre tu pecho,
en él escucho los sonidos de vida
del infinito universo.

mientras la noche con su manto
envuelve nuestros cuerpos,
en la lejanía la luna se refleja
en ellos su blancura,

me miró en tu ojos
en ellos veo vida futura.
No pienses ni un segundo
amada mía en la muerte.

que la suerte
con su halo nos ha tocado,
muerte y vida, una sin la otra no existieran
y yo vivo y muero entre tus brazos.

No mueras, duerme…
Duerme.
¡Que la muerte nos olvide para siempre!
Acuéstate tranquila
Duerme tranquila. Déjate olvidar.
Déjame olvidar todas las noches menos esta.

Están intercalados los versos para que el poema cobre mayor realce.
2019. Colaboración Poemantes
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La breve idea de la muerte

...

Mi soledad se esfuma,
ya no me pertenece,
se cae,
se amuralla, se enraíza en el mundo, terca y torpe.


Nunca me cansaré de visitar esa estancia melódica
y ceñida a las notas blancas y negras.
De tus cabellos, tus senos, tus lunares
desde mis hombros enfrento la angustia del compás.

Entre ruidos y conductos a mis orejas.
Entre maizales izados al sol.
Entre bandolines de madera y agua, de leña quemada.

Los sonidos caminan,
se hacen perfil,
se ven nacer y morir.
Sin gritarme, ellos están en mis órganos y en mis ciudades.
Sin gritar, sin rozar, sin hacer ruido se van adentrando en mi aliento
y yo ya me devuelvo a la vida.

Ahora camino hacia el largo letargo del sueño.
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Aunque no te hayas ido

...

Nido de rosas, nido de plumas blancas:
sonríes.
Cuna de astros, llanto de los caballos:
sonríes.
Tu boca espesa: el agua dormida; amapolas de aire:
sonríes.


Todo es claro, todo es espacio;
danza la humedad en los dientes.
Un grito desnudo vuela en tu interior, amenaza las olas.

Nada soy yo.
Nada es mi cuerpo,
cuerpo inerte, cicatriz en el desierto.
Mar sin olas y sin plata.
Cuerpo sin alegrías y sin compás.
Todo es tu sonrisa: claradulce:
canto de pájaro, viento.
El aura siempre es la sonrisa, semilla de la tierra
y en la tierra se hace carne y toma tu forma
y tomando tu forma voy escribiendo
y así escribiendo, empieza el viaje.

Aún hay tiempo de ser, de viajar en el lomo del día..

Antes de morir, seamos.
Hoy recuerdo al primer amor y una puerta de madera
no hay olvido para ello.
Aunque no se haya ido,
aunque se esconda en los árboles gigantescos,
aunque el daño se haya consumado,
aunque no se dio ya almas, ni óleos,
ni cuadros, ni estacas pintadas, ni conventos.
no hay olvido para ello;
pero escucho, de repente, el fulgor de un suspiro…
es un fuego artificial
que me llama, y me necesita, me añora.

Es un nuevo recuerdo, es un nuevo pétalo de clavel…
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Fino cantor

...

A los 6 meses y a las 6 lunas

...
QUERIDA PERSONA MÍA, DEDICATORIA


Ya mi voz no busca, ni llama, ni se asoma
con su silueta y tono y campana triste
como la boca de una estepa
y el cuerpo de arena enrojecida y alegre.

Ya mi voz no recibe respuesta
ni gritos de los marinos tímidos.

Mi cuerpo ahora, fino aroma del día,
una delia suave como tono de muchacha,
como braille de un poema, como un suspiro izquierdo
como brillo de agua, se busca y se toca.
Oh, mi voz como te encuentra
sin sollozos, sin ternuras, sin heridos en todas partes.
Oh, mi voz como te busca como ola desordenada,
como párpado cantor,
como lirio fúnebre. Como lirio fúnebre.

Tú envuelves el aroma floral de la hierba,
y lo devuelves en finos templos,
en las astillas de toda la madera, hostales,
en habitaciones donde se confunde el llanto
y se ve y se oye y se toca un ángel verde,
donde la ira es presa del silencio.

Tú eres mi propio secreto,
como una isla de mí mismo, un papel guardado,
invisible de si mismo: llanto nocturnario,
la ribera inspirando un suspiro, poblándolo
siendo deseo en la carne y murmullo en los huesos,
cantando en el alma de las playas
en la infancia enterrada en los jardines;
como cuándo voy a ti cantando
como cuándo vienes a mí abierto.

Mi voz es un lirio que se ama solo,
un almendro florido
y unas hojas de nopal nevando…
mi voz es el resumen del invierno,
el quéayer de los insomnios
y el tiempo que golpea…
mi voz como ceniza palpitante,
como vientre nutrido, como la tarde muerta
cuando se abre la puerta…

Te apreciaría por mi ternura ahora si
abierta y desenterrada
cúspide, como el sueño herido, como un espejo
cantor;
mi sueño herido con una fina tristeza
encuentra tu llanto y tu cuerpo accesible,
porque mi voz te toca y
es esa fruta cantora mía la que es cercana
y ahora el llamado es ya cerca de tu boca.
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Cantos generales

...

Cantos Generales
I

Ahora
que la ciudad sabe de sus muertos
y de sus tantos bosques perfumados.
Ahora
que del cielo se escapan ángeles de madera y río
y en su búsqueda
los disfraces del silencio.

Ahora,
me muestro desnudo, compañero,
mi piel es de lana y trigo, eterna e irreparable.
Un perfil que solo tú pudiste fluir
azotando hasta mi propia fragilidad.

II

Tengo miedo de nombrar a todo
y que todo nazca
y que con sus alas
lastimen nuevamente mi herida.

III

He venido desde la orilla exterior de mi cuerpo,
no sabía que existía,
no sabía que me mataría.
Me invade el olor a rosas del campanario
¡Qué voces!
Hasta ahora solo mi sangre palpita
y me hunde más y más.
Solo plumas y hambre.

Ha llegado mi herida,
contenta y
sonriente, me invade.
La soledad más grande y mejor formada.
Todo huele a llanto,
a memoria,
a paisaje,
a amarillo.

Tú alientas mi desdicha:
me das de comer lo que ya no se utiliza
y lanzas las grietas
para que mi hondo ser no salga de ellas.

Amo esa violencia.

Hijos de la lira y
del viento.
Me llaman. Me gritan.
Todo artista protesta en mí
y hasta el incendio recorre mi estancia.
Un cisne de humo
sale del centro del mundo
y con sus alas golpea mi cráneo
y mi isla.

Qué fuertes golpes. Qué infancia perdida.
Y ahora solo el viento cruza por estas llanuras de la nada.

Tú.
Doblemente alarido de un animal muerto.
Doblemente ruido de una canción ensangrentada.
Rica noche. Llévame a lo dulce.

Yo lloro por ti,
por abrir tu cuerpo hasta con lágrimas
y tiritar de frío y sed.

Eres en donde existo.


IV

Vienes a mí, posado de sueño.
Hebra de oriente y occidente.
Perfume del norte y del austro.

Cuerpo minúsculo, redondo,
extendido hasta la constelación del sur y
de las islas de mares profundos
y lutos en la distancia, vestidos de día.
Estás sobre el cuerpo de la hierba
y besas a las hormigas.

Siento fuerte tu pecho hervido,
de frutas doradas en la estufa.
Hoy, hoy
transitas sobre mi sueño
y yo me espero, sobre el mundo,
ser adornado de polvo.

A veces tu cuerpo ascendía sobre el mío,
entre licores y espuma,
ascendías como la edad a los lirios,
como la vejez a la tarde,
y allí, de pie, con tu sexo de horas,
destruíase el mundo
en un movimiento final
sobre mi boca y mi cintura.

Qué destino asciende hoy a la memoria.


continuará...
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Si tan solo existieras

...

Compañero, como un grito azul de nieve,
como un sonido y crujir de huesos e insomnios,
la primera planta naciente del cementerio
y ese tristísimo sonido del corazón
se ve sin duda, solo, abandonado al borde de las flores.

Ahora te veo en las hileras verdes de una soldadura
y en las astillas de madera crudísima que se oye cantar
y ese fuego del inicio
vuelve al jardín, a los pies de la hierba mojada
a ese pedacito de tristeza andante que me replica
y que abre el suelo a mis manos
al sembrío y así a la par a la cosecha.


como en la historia, como en las campanas extranjeras
se extiende el mar y se iza el viento cortando olas
y asumiendo la idea solitaria
de un mar asustado, de una mar que posee naufragios.


En el páramo, en los pajonales donde el viento se anida
ahí aparecen las mayúsculas y las
ideas de un camino en formación, de las alas inmensas
que se echan a andar con unos pasos de ceniza.
Mi piel se esconde como un roedor asustado,
una piel agria de vencimiento de tres días, el derretido
invierno se lamenta y comienza la sangre;
como una onza de ola se aparece ante mí tu pelo
y aquella sombra a veces ya me cobija;
a veces me devuelve una paloma con llamas y una palabra
que sale desde la ventana y se ve parar en tu mano izquierda.

Estoy rodeado. Cuál capitán sin especies
recostado sobre mi sombra que a veces se empaña.
Ahora estoy como un muerto, mi voz
como triste instrumento que se ve nacer desde el fondo
de tu compañía. No desestimes a mi llanto.

Si existieras, si tu forma fuera de cuerpo presente
y por mi costado brotaras,
así rodeado por una costa de cinturas y sexos:
un día fulgurante,
y me dijeras, de pronto, ¿estoy aquí?
Pues adelantaría mi muerte y por mis lados
se extendería mis sílabas
y me llenaría de tantos ábacos para adornarme
y de sonajas dulces
que con su solo movimiento
me llevarían en medio de la espuma y de la sangre.

Si tan solo existieras
y me ubicarías a mí, en medio de la plaza
en la mitad de las rayuelas y los cirios; ahí
con tus cabellos en formación
y tu idea solitaria de un avión en una farmacia.
Así, si existieras
y desde mí me respiras, mi sombra cubriría tus ojos abiertos
y la cúpulas de las iglesias reposando en tu vientre:
preparando el llanto,
llamando a las iglesias y templos, a las
islas negras y verdes, llenas de armaduras, y en torno a ti
me aferraría con clavos, dinteles y garras
y volaría.
   VOLARÍA
sobre el sol de los pájaros.

Si existieras
y me buscas en medio de la edad de los árboles y arbustos
como un soplo solitario,
cerca del mar, cerca del olvido,
cerca de todas las cosas llenas de polvo y humedad.
Si tan solo me llamaras
con tu campana cíclope, con tu cantar de aguja
y tu voz de herido.
Si tan solo me viera desnudo y solo
¿Alguien vendría acaso?
desde la plaza de las raíces, desde el color amarillo
desde los días domingos.

Si tan solo existieras
y si tan solo me buscaras
¿Alguien vendría acaso?

Si tan solo existieras,
esa sonrisa de barco roto, de tesoro manejado con cuidado
del lamento de las brisas
y del cuidado de los parques,
vendrías a mí como sonoridad, como caricia de aureola
como un cuidado de un ángel con un lápiz caído
Sonando. Existiendo.

Si tan solo existieras
el pedazo de mar terrestre, de cal profunda de las olas,
del grito más potente de azar,
como la sombra que gira y gira y muere.
Como los pájaros sin sonidos, mudos y sin alas, callados.
Como huyendo de los barrotes.
Como levantados e izados al borde, como orillas.

Si tan solo existieras
Yo me haría archipiélago y mar
y de esos lúgubres lugares de mi mente te sacaría y soplaría.
No huyas.
Mi sonido está preparado para tu espera.

Si tan solo existieras
Si tan solo existieras
y si tan solo me buscaras
¿Alguien vendría acaso?
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Canto a mi palabra

...

Desde esa extensión, al sur, al sur
donde se cría esa lluvia peregrina, como un canto sin ala
y un viñedo sin tragos,
como un sonido sin vientos, como el sonar de campanas
el corazón se da paso entre ventiscas,
como una casa sola.

La noche, sin duda, aparece en el campo
de repente y así se ve partir mi alma a la costa sola
y su única sílaba me cae en la sien
y el naufragio empieza por encontrar una hoja poblada
poblada de todo mi amor enrojecido.
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