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Impunes

Amparados en la impunidad de cien mil puestas solares. Anochece cada vez que cerramos los ojos para no tocar el aire con los párpados perdidos.

Tangentes y secantes. Somos la confluencia de puntos de fuga. Presos de Alcatraz sin billetes de tren.

Polizones del fogonazo.

Ladrones de sueños.

Cuentagotas de elixires, inciensos funambulistas en el aire puro y limpio.

Un ángulo de cuarenta y cinco grados al sur de mi espalda espera ser alcanzado por la descarga eléctrica del tiempo.

El viento.

Almendras rodando irregulares por los hombros. Besos fluorescentes entre los labios de acuarelas.

Cruces -no siempre- indemnes de los cinco segundos de vida.

Sacudidas.

Aún me espera la luz, apurando las noches de puntillas.
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Pequeño garabato mágico

Buscaba tapices de hojas y puntos de equinoccio tranquilo.

Pero te encontré a ti.

Calma y vendaval en la misma barca.
Cordeles sin nudos y pétalos entre las ramas blancas.
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13comentarios 119 lecturas versolibre karma: 94

Cartas al Mar Muerto

Empapados los lomos de los libros, aquellos que se apilan en estantes del cerebro.

Vueltas de tuerca en escaleras de caracol, se retuercen las huellas.

Esquinas dobladas cien veces, marcas en ladrillos desgastados por el tiempo y separados en lascas rojas.

Hojas de hiedra taladran muros impertérritos, sombras de acacias en las ventanas.

Huele a limpio. Blanco roto.

Y bailo.

Danzo con los grillos, con los jilgueros y tórtolas cineastas.

Hibiscos entre cortezas, escarabajos al sol del mediodía.

Vermú en lenguas fantasmas, susurran acuerdos con la luna, cómplice de almohadas escapistas.

Danzo con el día, recopilación de ramos de amapolas, sobres cerrados de cartas al Mar Muerto.

Danzo.

Y desaparezco.
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4comentarios 40 lecturas versolibre karma: 64

Primavera tatuada

Llueve. Abierto está el lagrimal de mis nubes.

Pestañas retorcidas entre velos de colores.

Néctar incesante que arranca carcajadas a la tormenta, da igual que soplen vendavales.

Sigo erguida.

Primavera tatuada.

Tierra húmeda en las sienes. Puñados de barro entre las uñas.

Verde en las alas.
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15comentarios 115 lecturas versolibre karma: 96

Tregua

No sabía que las balas dejan metralla invisible. Cicatrices incandescentes bajo los pliegues el alma. Cosidas entre pespuntes que abrasan, que matan a pesar de mantener la sangre circulando por las venas.

No sabía que jugar con fuego nunca tuvo reglas, nunca hay un primero, porque aquí todos pierden.

Dejó un pañuelo atado en los márgenes del río, entre juncos flexibles e inmutables. Por si la tregua permitía sacar bandera blanca.

Armisticio vital.

El cielo sin trincheras.
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Rápido... lento

¡Corre! Que la calma ha llegado.

¡Bucea! Que el mar duerme sereno.

¡Escala! Que la cumbre ha robado las fuerzas.

Roza esas manos en los geranios reventones, en los fucsias de abril, en los paseos entre golondrinas y vencejos rasantes.

Detén tu latido en los bancos astillados por el sol y el hielo. En esas tardes tibias empapadas de yemas verdosas entre árboles sedientos y nidos con pequeños inquilinos.

Chocolate en la lengua, horas dilatadas y fotones rejuvenecidos sin manecillas del reloj.

El tiempo es el que quieras que sea. Un sprint de quince metros y una vuelta plácida a la quietud de la mirada limpia.

Vivimos como el astronauta que no termina de pisar en el suelo. Damos saltos gigantes, volamos y perdemos el oxígeno.

Y de nuevo entre el césped mojado y los pies descalzos.

Hebras de amor entre las piernas.

Segundos plenos en un parpadeo. Fotogramas eternos.

Vidas fantásticas.

Sin guión.

Sin frenos.
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19comentarios 123 lecturas versolibre karma: 95

Biomimetismo

Repostando el depósito. Desde la gasolinera observo cómo el equinoccio viste con miles de monedas vegetales los cuerpos rugosos de los olmos.

Se multiplican las oportunidades de tocar el sol con cada hoja, acomodada en proporción sin llegar a solaparse. Todas quieren su porción de vida.

Arranca el coche y desprende viento tibio. Esperan cerezos en flor, resurrección de almas anegadas, drenajes de lagrimales (ahora) fecundos.

Vísteme, primavera, con puños de robles. Surca mi espalda con aire mojado, helechos en la mirada, ramas y garzas.

Desnúdame, primavera, que me pesan los labios y me sueñan las manos.

Huellas acolchadas entre tierra suelta, polvo vivo de historias nuevas...

Víveme, primavera, que se asustan los miedos y se crecen las ganas.
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Ven. Voy

Y a veces nos quemamos los párpados y los bordes del cerebro con espantapájaros tóxicos. Con hologramas de almas que sólo tienen humo gris.

Nos dejamos abrasar las mejillas con lágrimas de lava, cocidas de tanto darle vueltas al amor manoseado.

Acaban nuestras clavículas partidas en el suelo, porque ya no quedan plumas que eleven al aire seguro cada poro de la piel.

Y entre tanto, tan cegados y tan obtusos, tenemos tiritando entre ventiscas de nieve a aquellas almas que son regalos. Cometas que surcan las noches apagadas sólo una vez.

Entonces es cuando se nos desgajan fragmentos del plástico quemado y derretido que asfixiaba nuestras bocas. Nuestros pechos, cautivos de lo dañino durante mucho tiempo.

Caen los trapos sucios con los que uno pensaba estar vestido. Sólo eran harapos. Jirones verbales de picaflores crecidos.

Entre tanta agitación aplastamos la fragilidad de esas personas cristalinas. Bellas por dentro. Delicadas al tacto de la mente; cálidas entre el pecho.

Y deseamos no haber herido. Chillamos cuando las heridas han sido a uno mismo.

Y de repente las tormentas acaban. Dejan ver.

Muy lejos.

Hasta el infinito (y más allá).

Y ahí. Precisamente ahí, es donde queremos ir de la mano, del vientre, de la columna, del cerebro, de los ojos y los labios de ese amor verdadero. Puro. Delicado.

Igual es tarde. Igual se han borrado las baldosas. Sólo una oportunidad.

Una.

Ven.

Voy.
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19comentarios 137 lecturas prosapoetica karma: 112

Metamorfosis

Esquirlas metálicas en los vanos del diafragma. Punzantes, plateadas.

Tosía flores transformadas, respiraba fuego callado. Brotaba arroz en las venas.

Quiso ser laurel, contra viento y marea volteó la leyenda y dejó rozarse por sus huellas dactilares, espías curvos de las manos.

Sus senos se tornaron cortezas, vainas de vainilla sus oídos, lejos del susurro falso.

La mirada capturó fotones y regaló un envés de clorofila, sin facturas del alma.

Se resistió al mármol. Siempre quiso ser libre y diluirse entre acuarelas efímeras. En postales de olvido.
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En una cáscara de nuez

Cuatro vallas sin saltar, trece puertas sin derribar.

Entró la luz del día como una pompa entre el éter, como un tapiz de seda entre el filo del cuchillo.

Giró la mente, ardieron los jirones de faldas y blusas desabotonadas. Se descorcharon las botellas mentales, los telones del escenario y los broches para cabellos inquietos.

Una masa boscosa rajaba las ramas de sus ojos, cansados de sucumbir al fuego de pirómanos del alma. De asesinos de sístoles y diástoles.

Danzó en el abismo sin redes de seguridad, sólo con sus pestañas mojadas.

Atravesó crestas de hielo entre inmutables bloques de granito. Voló lejos, desnuda.
Con el soplo del agua hecha vapor, cautiva de nubarrones añiles y atardeceres que arrancaban el color a las caléndulas.

La boca salada, calada.

Sellada.

Quedaría en el recuerdo cada pluma desfigurada por los vaivenes de lijas, de escoplos que retiraron un poco más de su pecho, hasta dejarlo al descubierto.

Sin más pertenencias que su esencia, aún tiritando en una cáscara de nuez.

Desapareció para siempre.

Deja ya de buscarla.

Deja que sea libre.

Sopla al horizonte. Quizá vibre su latido.

Quizá sean sólo olas.
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23comentarios 129 lecturas versolibre karma: 99

Un limón y medio limón... (colaboración con @horten67)

(Como siempre, os invitamos a saltar y empaparos de vida, del jugo de la sonrisa, de la acidez que genera buen humor, porque siempre va edulcorada con la amistad. Como la que me une con nuestra querida Horten)

Medio limón rueda por la escalera.
Sombras de pipas color de lima, entre el musgo y las yemas de huevo.

Tintinea botando de escalón a escalón, de abismo en abismo. El vuelo ácido del sol bajo una cáscara curva.

Diminutas gotas ácidas se desprenden de la carne amarilla y jugosa, saltando cual pulgas en un circo con trapecios y sin payasos.

Todas juntas, forman charquitos, donde microorganismos celebran fiestas de playa sin arena.

Salpican ojos alegres, sonrisas con azúcar, envuelven palabras con menta y amarula.

¡Ay, los limones!

Amarillos por dentro y del color del sol naciente en sus arrugadas fundas.

Cítricos constantes entre perros y gatos, entre tigres salvajes y monos de selva. Llevan chispa en sus poros, vida en las venas.

Explosivos cilindros deformes, de piel arrugada, cual sapos en un charca repleta de nenúfares.

Gajitos, acostados al borde de paellas en mañanas de domingo playero, en las comidas en casa de la abuela y junto a los pescados fritos.

¡Ay , los limoneros repletos de limones!

Regalos para la vista y el olfato. Pinturas vivas en los huertos y el campo. Brocha de amarillos sobre fondo de verdes.

Tracas de infarto, pólvora entre los dientes. Fundas de pulpas, pájaros de plumas silvestres.

Collares de escamas y mejillas al alba, duendes transparentes, abejas aladas.

¡Amarillo, que te quiero radiante!

¡Amarillo, que tiñes la lengua de flores sutiles!

¡Amarillo, corazón de vainilla y labios ardientes!
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38comentarios 237 lecturas colaboracion karma: 108

Sobre las ondas

Acarician las vibraciones las últimas células epiteliales, secretos contados al oído de los dedos, de las sienes, de los mismos sesos prendidos en humo.

Vasos de cartón reciclado y roces de cinco segundos en escaleras geométricas empapadas de arte. De prisas. De sabores lentos.

Vítores en silencio entre pecho y espalda, en el hueco que deja un corazón errante, mudo, aventurero.

Salieron a navegar las carcajadas en barquitos de papel y mares de vino blanco y dulce.

Burbujas.

Flores de almendro en automóviles sin freno, libres.

Gotas de cafeína en peldaños curiosos.

Adrenalina.

Persianas de cabellos superpuestos, mechones salvajes y párpados noctámbulos, los búhos de los besos más huidizos, mentones carentes de pesadumbres.

Y seguimos caminando sobre alambres, sobre ondas, sobre sonrisas ligeras.

Somos golosinas anónimas.
Globos aerostáticos al filo de lo imposible.
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16comentarios 104 lecturas versolibre karma: 109

Huevos azules

Entre dientes murmuraba haciendo recuento de las cáscaras de huevo que habían roto delante de sus narices.

Proyectos en estado embrionario que no llegaron a eclosionar.

Pequeños trozos azulados, finos y temblorosos, propios de un colibrí taquicárdico.

Habiéndolos recogido con los dedos, trataba de recomponer deseos diseminados entre el humus y la hojarasca.

Zumbidos de abeja, melodías amarillas en los días bañados de sol y de diminutos dientes de león al viento.

Acabó diseñando un brazalete con la mitad del arcoíris, añiles y violetas, cascarones de petirrojo formaban sus cuentas.

Dicen que vive entre las piedras y juncos, en la orilla del río. Sueña con corazones transparentes, entre versos de garzas, sin heridas abiertas.
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16comentarios 139 lecturas versolibre karma: 91

Océanos aéreos

Se cuartearon los vientos ahumados.
Arrugas en las bocacalles.
Tierra en los ojos.

No hay tregua para las medias verdades,
Cuelgan arrepentimientos entre ristras de hortalizas secas.

Paredes blancas, abrazadas a la cal.
Surcos en la tierra, dormita en descanso mientras se olvida de las malas hierbas.

Unas gafas de piedra pómez pulen
los defectos del pasado.
Esparto para la boca, sosa para la mente.

Y de nuevo se abre en canal
el barbecho cansado, y devuelve risas,
cantos y cuentos (en los que uno está a salvo).

Entre las grietas brotan llenos de sangre verde los tallos irremediables.

Los que agarran con fuerza, los que se unen con imperdibles de plata, con canciones y pentagramas.

Y asciende el vapor de agua con los rayos tibios del sol que se alarga.

Velos acuosos, brumas doradas.

Y respiramos mares de tinta, olas que calan.

Hasta el alma.

Emprendemos un trayecto sin curvas, sin pleamares caprichosas, sin lastres ni vendas.

Desplegamos las velas, nos desabrigamos la piel de corteza amarga, de ébano sin firmar.

Y, de pronto, llevamos el rumbo en océanos aéreos, lejos de frentes dudosas. Lejos de almas forajidas.

Cerca del alba.

Tocados por la espuma.

Empapados de vida.
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23comentarios 130 lecturas versolibre karma: 93

Rocas

Se precipitan como cántaros repletos
de añoranzas en un acantilado.

Parten la fiebre de mentes inquietas,
almohadas de duendes con ojos cansados.

Son percusiones del tiempo, timbales de horas pasadas, tambores de viento y ovillos nublados.

Cuentas del collar de gigantes, lágrimas de poemas sin dueños ni guantes.

Pañuelos ligeros que huelen a limón.

Cadenas rotas de eslabones amnésicos, cuentos sin fines e inicios revueltos.

Me cuelo entre sombras de nubes dobladas, cabalgo alambres de cobre en hormigas aladas.

Reboto entre aristas de escarcha, copos de nieve en cajitas doradas.

Y subo y preparo mi vientre para vidas futuras. Germen del cambio, horquillas que atan las manos.

Campos de lavanda.

Apareces subido a las risas de guitarras, arropado con tacto de avellanas.

Giras mi mundo y paras el viento, me soplas quedito en todos mis sueños.

Huele a tierra mojada.

A medio milímetro ya nos cala en los huesos. Blancos, enteros.

Mis manos. Tus ojos. Mi yo. Tanto. Tan nuestro.
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23comentarios 147 lecturas versolibre karma: 94

Seres refulgentes

Y a veces se doblan las patas del taburete, y el mundo se vuelve blando, tiene el truco de Dalí.

Caemos en bucle hacia el centro de la Tierra, nos quemamos por dentro y por fuera.

Huimos.

Agitamos las alas de Pegaso y elevamos briosos las extremidades, invencibles, atravesados por el Sol incesante.

No miramos atrás. La piel se vuelve arisca y resiste el hielo airoso, narcisista. Tan sólo sucumbe al calor del aliento futuro, a la tibia sangre que circula entre la carcasa del cuerpo agitado por las ganas.

Trucos para engañar el hambre de días y la apetencia de horas. Corremos hacia el punto de fuga, allí donde parecemos pequeños al resto, pero grandes a nuestros propios ojos.

Rozamos la piel, erizamos el vello. Susurramos despacio. Gritamos al eco.

Al eco...

Y trepamos por racimos de uvas, pero las que no llevan ira. Y aunque todo alrededor se vuelva gris y de la tonalidad de la propia descomposición, nos enfundamos de nuevo la camisa del pintor y salpicamos el lienzo diario con fluorescencias y halos del color de la manzana ácida.


Cada día duerme y refulge nuestra boca.
Cada respiración vuela por la ventana.
Somos fascinantes, ave Fénix al alza.
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Tijeretazos en los labios

Chocaron tantas veces sus labios
que no encontraron otra forma de existir más que en el caos más rojizo.

Tectónica de placas entre su pecho y su espalda, sus silencios y mil palabras.

Lapiaces en la garganta, de tantos surcos y grietas por las que se cuela la esperanza.

Paladar roto en cien pedazos, auxilio mudo en las lenguas afortunadas.

Puntos suspensivos en el fondo del azúcar, disuelto en la vorágine incesante de una taza.

Tris-tras... las tijeras hacen su agosto recortando el firmamento, forman tapices con las risas y lamentos.

Tris-tras

Tristes bocas sin sus vidas, sepultadas por recuerdos.
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17comentarios 104 lecturas versolibre karma: 109

Descuartiza las hojas

Helio entre los labios y rescoldos sobre la espalda.

Perdía la temperatura cuando la escarcha jugaba con un candil enganchado a la flama.

Dejó aquel metal frío y vacío para besar las horas de fanales ardiendo y los secretos de almadraba.

Y se enredó cada noche en rododendros flotantes, en conversaciones eternas y tuercas sin roscas.

Entre ganzúas de puertas ya abiertas, persianas de ventanas cansadas.

Trotó y trotó entre papel de aluminio, sacudida por escalofríos del río grisáceo y pliegues acuosos.

De nuevo el frío en el cuello y el candor de la espalda.

Des
Cen
Dien
Do


Serpentea entre vértebras hasta deshacer el glaciar... reventarlo en ebullición.

Ignición.

Descuartiza las hojas que arranca con la boca. Las de palabras tachadas.

Las del todo y la nada.

Agita sedienta la garganta de cisne. Lanza los ecos a cometas perdidos, a galaxias pintadas.
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17comentarios 109 lecturas versolibre karma: 100

Polvo

Turbantes de arena entre ecos perdidos. Allí, lejos, la rosa del desierto daba volteretas a sus promesas, dispersas en una inmensidad de mundo desmenuzado y fino polvo.

Entre espinas que luchan por conservar un resquicio de agua, hidratación de labios sumergida en fuego abrasador.

Ruedan ladera abajo en las dunas los cánticos atávicos de amor para siempre, como el que firman un lobo y el nómada para viajar a los confines del camino a ninguna parte.

Oscurece el cielo y se arropan los ojos con mantas oscuras, tupidas, sembradas de puntos brillantes aquí y allá.

Serpentean los escarabajos, haciendo esfuerzos por no sucumbir al alud de arena sin tantos grados. Ha perdido su calidez, sólo son cristales helados al microscopio.

Polvo.

Nada.
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22comentarios 160 lecturas versolibre karma: 96

Antídoto

Ábreme las manos,
se llevaron las ganas cien grajos magos.
Cúrame los ojos,
las mentiras excavaron llagas.
Bésame el alma,
la metralla horadó sus bordes.
Arrópame la mente,
que sufrir me pintó las noches blancas.
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10comentarios 83 lecturas versolibre karma: 95