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Háblame de paz

Vía de ginebra entrelazada
con rocíos púrpuras
cal comiendo salmada
una cúspide de mejilla de herraduras:
el vacío de una noche de paz.

Temblorosas manos
en puños una utopía ,
¿Dime si vez el desgaste de labios
en la nube donde emergía ?

Háblame de paz...
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Un negro palomar

Sin piel que pervierta
rodillas cuenta de testimonia
un negro palomar en puerta
con la más salada lágrima de Antonia.

¡Dile si lo amas!
para caminar sin paños
¡Dile si lo clamas!
para dormir el resto de los años:
con la más salada lágrima de Antonia.
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Retratos

En la salida del sol,
bajo la oscuridad
un manojito de retratos
para despertar en tu necesidad...
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En el lago de Deieu(Capitulo XI,Conclusión)

Capitulo XI
Las llaves


No recuerdo a qué horas se retiró pues dormía a fuego lento sin prisas ni aliento como de costumbre cuando un nuevo día aparece con una taza de café y una marcada cruda, en un momento pensé que era una alucinación por aquella fiebre de deseo por entrevistarla, al paso del trago de café en una bajar de mi mirada volví a encontrar el libro y dándome cuenta que las llaves de las puertas de la casa habían desaparecido con ello concluía que en cualquier espacio de la vida podía regresar a dejarme lo que nunca tuvo: el final de la historia.

Conclusión

Deieu pone a flor de piel frente al lago la misma naturaleza humana en sus características inherentes, su sentir y pensar, sin duda alguna habrá implicaciones desde la ética hasta las mejores formas de vivir, tengamos en cuenta que la esencia nos hace propios e irrepetibles y en la jugosa libertad del hielo una sonrisa basta para comprender en algún instante un poco de identificación en lo vivido y se pondrá a ver caer la lluvia en las calles con la misma lucidez del páncreas que forma parte del cuerpo humano, somos universales y despertamos donde la noche nos ha dejado descansar.
No hay arte sin manos pero aún mas no hay arte si no hay que nos inspire, navegar sin velero bajo esas aguas no impide conocer los demonios y virtudes de Deieu, he quedado encantado como los navegantes de la Odisea en el canto de las Sirenas, sin duda alguna quien descubra el Lago sabrá de lo que hablo.
Y a ti Deieu puedes seguir rondando esa naturaleza y haciendo caso al miedo observa tu reflejo en esas aguas sin culpa alguna sin golpes en el pecho puesto que la luna siempre será tu mejor compañía a pesar de seguir llorando al castillo del Dragón congelado. Seguirás siendo inteligente pero deja de correr al pasado y carbonizar el presente pues la luna tiene más experiencia no por luna sino por vieja, como el viento cambiante de dirección pero hasta en ello las hojas de los arboles piden permiso a lo desconocido para caer a pesar de dicha dirección.
En el lago de Deieu no importa si sabes lo que quieres sino saber verte en tu propio reflejo.

JetSat
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Al faro

En la costumbre de lo oscuro
un viejo velero anuncia
el humo de las sombras del puro
al ancho mar de tus besos en renuncia.

No se cómo gritar con los ojos
que ven la partida
de aquel bello rostro sonrojo
en el ocaso de la muerte en vida.

Ya no espero, pues la luna
me ha llevado
al faro de la sauna
entre ramos y en vid bañado…

Es así el génesis de una finita caricia
entre el ayer y hoy: Así fue...
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Amar: un arte infinito… Segunda Parte

“La vida es como el jazz…
mejor si es improvisada.”

George Gershwin
(1898-1937)


La vida es como el jazz…
en paso a paso al amar
sin prisa pero en paz
de un beso hasta un altar.

Dormir en la loca
sin beber ni fumar
la mancha glaciar
del amor de Don Quijote por esa boca…

Su casa de la amada
con llanos en la tina
un terco mulato de lada
cobija el carmín en Lina.

De arte
mejor si es improvisa
la ternura de amarte
sin fronteras ni visa…

Hagamos la escultura
de mármol en el vientre
hagamos fauces dormida
húmedas caricias que desconcentre.


El arte infinito
tocando en locura
las bóvedas de San Benito
con vinos de cura.

La vida es como el jazz…
Amar hasta la obra maestra
mejor si es improvisada…con paz
y una fe en alma de vuestra.
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Deseo...

Una curva mirada de deseo
un deseo en una curva mirada:
remando en el mar como reo
brincando tú grada…
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En el lago de Deieu(Capítulos X)

Capítulo X
Frente a Deieu


Abandonamos el lago antes de que la aurora nos encuentre alquilando el manto nocturno.
Me detienes y me pides cerrar los ojos, acató lo dicho, sentí frío en cuello y me dices: abre tus ojos lentamente...
Era increíble saber que estábamos frente al brasero, no lo podía asimilar y para probar la realidad del hecho tome rumbo a la bóveda por otra botella de tinto, la limpie y en el sello estaba parada una catarina llena de colores pero marcando un zumbido como si la noche no quiera retirarse.
Al regresar ante su presencia la misma catarina estaba sobre tu mejilla rosada y en parpadeo tú la deleitabas. Deje la botella al lado del sofá y alcance el rumbo hacia el baño. Me despide de mi ropa puesta y abrí llave para ducharme, cerré mis ojos con miedo a salir de nuevo de este paraíso, con mis dedos tape mis oídos y comencé a sentir y escuchar el agua que caía sobre mi rostro y cabeza, abrí mis ojos y seguía hay sin cambiar de lugar, pensé si aquel lago existía o si aquello vivido fue real, algo confuso relajo mi respiración y de nuevo siento frío en mi cuello, era Deieu plasmando su aliento en mi cuello, y me pronuncia: ¿ Aún sabes quién soy o bien quieres preguntarme algo ?, sin más preámbulo te digo : nunca he duda quien eres y sólo he preguntado lo que tú quieres decirme...parece que el agua masajea los hombros, cae sin destino absoluto como la aurora que pronto llegará.
Expresas una sonrisa y sales del agua tomando una toalla secando tú cabello y encuentro en ello un aroma familiarizado con algo vivido: es ese perfume que la luna derrama sobre el lago...
Descubro que si estuvimos hay, sonrió y cierro la llave, salimos y en medio del sofá un libro con pastas de madera plasmaba una leyenda que decía: en el lago de Deieu...
No era posible aquello, lo tomo y antes abrirlo me dices: gracias por creer en mí y muestra de agradecimiento aquí está escrito quien soy.
Trate de no mostrar mi gesto de sorpresa, decidí no abrirlo y lo bajo a un lado del sofá, tomo la cobija y empecé a contarlas barbas, te sientas tú también y nos cobijamos...
La aurora había llegado y sin saberlo había estado frente a Deieu.
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En el lago de Deieu(Capítulos III, IV, V)

Capítulo III
El Vaho del aliento

Nos recogemos a la presencia del brasero,
tomamos de la botella un sorgo grande de vino tinto y tomas delantera en el paso hacia el baño.
Me quedo de pie esperando que termines de bañarte.
La lluvia sigue contando historias gota a gota, hora a hora, tengo algo de frío pero se escucha el rechinido de la puerta anunciando que ha terminado de ducharte.
Te me quedas viendo y exclamas:
¿Aparte del vino tienes ungüento para suavizar el rizo relieve de mi espalda?.
De prisa voy al segundo piso por dicho ungüento, al regresar estabas tirada boca abajo en la alfombra diciendo:
¡Joder! esto es para hoy...
Unto suavemente en la espalda el calor sin ritma alguna, y en la presencia del calor liso la rigidez de la piel.
Pasado el tiempo escucho tu respiración profunda confirmando que estabas dormida.
Optó por cubrirte con la cobija de barbas y sin preámbulo pongo otra madera en el brasero.
Sentado en el sofá quedó dormido al par de horas despierto en un brinco y descubro el anuncio del silencio pues había terminado de llover, me asomo a la puerta y observó que la luna iluminaba la noche sin cólera ni hostiga.

Capítulo IV
Sin respiración

Haz despertado y levantado tu cuerpo, te sientas en el sofá, tomas la cobija y comienzas a contar las barbas.
Curiosamente analizas mi mirada al quedar perpetro ante majestuosa luminaria noche, me pierdo varios segundo y al paso siento tu presencia cerca, descubro que sólo la cobija cubría tu cuerpo pues debajo de ello yacías desnuda. Me pides que te deje pasar y emprendes el caminar hacia la iluminada noche.
Entre árboles y velo de luna te sigo, al llegar al llano te sientas bajo la conífera de madroño y pronuncias:
¿Qué me vas a preguntar que no sepa la misma luna de mí?
Y respondo:
¿Cómo has llegado a ella?
Me miras y te levantas diciendo:
Desnuda para no entorpecer su claridad.
Y en ese momento dejas caer la cobija quedando a viva imagen de Eva.
Sonrió y hago génesis en tus pechos tratando de alimentar el vaho del aliento, tomas mi cabello y otorgas al frasco la esencial del ahora. Sólo tu respiración se cantaba y al par de gestos suelto la vid de tus cántaros pechos.
Recoges la cobija y sigues andando. La luna aumentaba su brillo y en las huellas que ibas dejando por tu andar descubro la cría de la noche llamada: Deieu...

Capítulo V
El puente

Seguía caminando detrás de ti pero con la satisfacción que sus huellas iban dejando parte de ella.
Al horizonte fijaba mi mirada al alto total que habías hecho, al acercarme me topo que estás arriba de un puente, en silencio tu atención estaba hacia el otro lado del mismo.
En mi inquietud me acerco a ella y quedó maravillado de lo que había descubierto sin que ella misma se diera cuenta pues lo encontrado era la conexión entre este lado del puente y lo que tu atención secuestraba: un lago...
Transitado por completo el puente una neblina invadía el presente y se opacaba la visibilidad de aquel lago. Te palmo el hombro y me anuncias lo siguiente:
La luna sólo sabe de este espacio pero descansa un poco porque hemos llegado a donde podrás minimizar las dudas que has visto en mis huella y te mostraré lo inimaginable.
Estaba invadido de un soplo de viento crucial y perpetuo de silencio, sabía que algo estaba por llegar sin duda alguna pues sentía esa inquietud por ya ver pasar la neblina y descubrir ese lago...
Ambos sentados descansando bajamos el cuerpo quedando relajados por los sonidos de grillos y en un solo movimiento sacó la botella de tinto de entre el pantalón y la cintura, otro gran sorgo invadió nuestro paladar disfrutando aún más y ya hay esperamos que se despejara la neblina, decidí no preguntarte hacia dónde íbamos realmente y que dudas iban a descansar.
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En el lago de Deieu(Capítulos VI,VII,VIII y IX)

Capítulo VI
El Edén


Al fondo escucho murmullo, no puedo despertarme, entra en mí un escape de desesperación y en un salto imprudentemente caigo sobre una roca, tan chusco pero me di cuenta que no estaba Deieu. Respiro lentamente, acostumbrado a las ausencias sorpresas la luna sigue proyectando su presencia. Andando sin dirección y ya sin neblina observo al horizonte unos puntos brillantes y paso del caminar un mundo de árboles agrupados están, el viento jugando sobre sus ramas y vaya locura: un lago…
No entendía porque había llegado a tan misterioso lugar pues pareciera que ya me estaban esperando hace tiempo.

Capitulo VII
En misterio


Decido quitarme los huaraches y comienzo a sentir la cúspide en mis pies de arenas, temperaturas y sensaciones de terciopelo en un paraíso medieval.
Perdido en la cuesta de aquel paisaje que la luna y el lago donado ante natural existencia veo a Deieu llena de silencio a la orilla, respeto su espacio, sigo trotando y al pasar al lado de ella me dice: Dame más vino tinto y ve hacia esa lado por un par de frutos secos rojos.
Me dirijo a dichos frutos y tomo un puñado, me regreso y se los entrego en sus manos.
Su expresión radiante llena de color rojo en mejillas y una sonrisa de caducidad palpita al viento y al silencio local, comienza a comer y beber compartiendo de ello una pizca de fe.


Capitulo VIII
Decorosos frutos


Me percato que había llorado, sigue sonriendo y exclama: sabrosos y decorosos frutos, sangre en venas en vino tinto y bella visita de la soledad, la verdad aun sabe de la tinta para escribir en cortezas de lima y hojas invernales.
Un mangar en las palabras hechas por ella y sin duda alguna sabía que empezaba a ser ella.
Me invita a sentarme y cruzado los dedos de las manos le digo:
Naturaleza pura es tu nombre, ¿Porque te ausentas, que no sabes que desconozco estas brechas?,
después de un trago me alientas diciendo: Ya conocías las brechas, los árboles y el silencio y muestra de eso es el color del vino porque desde el brasero el blanco lo cambiaste sin dudarlo.
Quede impactado porque en tus palabras la razón se asomaba en firme delicadez.
Descubres nuevamente tu desnudez, la cobija de barbas ocupa un lugar en la orilla del lago, tomas mis manos y me pides que tome tus relieves, temblorosas ellas lo hago, besos tus pezones ,tatuó la locura levantando el frio de la noche.

Capitulo IX
En locura las hojas de otoño


Aparase una lente hecha cámara fotográfica, con la mirada traduces al lenguaje el capturar fotos de que va sucediendo, ahora acaricio la espalda y lentamente suavizo hasta tocar los bellos de la entrada al durazno. Una captura sin flash hago. Le platicas a mis manos, y me bajo a beber los jugos de tus labios vaginales, él otoño nos visita con las hojas de los árboles, los frutos aparecen junto con el vino tinto en medio de las piernas como regalo de Zeus.
Acaricio el salvaje misterio del redentor camino de lunares que marcan punto por punto de la sabana de tu cuerpo, los cuento y descubro: la puerta escondida al universo. Otra captura sin flash marco, se desliza vino tinto en el abdomen y tus bellos forman el color purpura: me lo bebo…
Iba tomar otra foto pero me dices: Mejor grábalo en tus manos para que en el amanecer lo leas con orégano y aceite de olivo.
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Sin el otoño

Y si nos besamos
y mordemos el nido...
o ¿ Sólo nos helamos
y acariciamos el terciopelo del durazno en desnudo?...
Las ultimas hojas...y ya sin el otoño.
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En el lago de Deieu

Prefacio

Calcular una distancia requiere de instrumentos fríamente matemáticos, tallados en perfeccionismo pero, en un lago serían volúmenes y dimensiones inestables.
Arquímedes lo decía: ¨dame una polea y te moveré el mundo...¨
Por lo cual dame un lago y hablaré de la luna y Deieu.
Más allá de dimensiones y distancias, de volúmenes y arrogancias, una luna asomándose en la cúspide del convexo reflejo del lago y hay donde nadie puede ver con ojos terrenales, exactamente hay charlaremos con Deieu.

Capítulo I
Génesis

Diosa de la luna un comienzo algorítmico entre historia de griegos hasta romanos, de poder a belleza, y de armaduras hasta lazos de ceda, sin duda alguna naturaleza pura.
Pongamos un ábaco en mesa y de pasada una botella de vino blanco,
de acomodar el relieve de la almohada en el sofá y más leña al brasero para fulminar la tarde de hoy.

El viento susurra a mi oído y comprendo que alguien me mira, llamado reflejo en rayos de luna.
Bien, tomada la botella invito a Deieu a probar el silencio de la Copa y sentados ambos frente al brasero hagamos del invierno un infinito conteo de hojas de otoño.
Deieu aclama dos cosas antes de fijarse en su espejo:
1.- no busques asombrarme porque ya estoy curada de espanto.
2.- preguntas sobre inteligencia sólo sería hablar de lo que se y por ello mejor preguntas que alimenten el abismo de lo incierto.

Capítulo II
Las cenizas

Colocaba otro pedazo de madera en el brasero, las cenizas abultaban, nos servíamos la segunda copa y en el chiflido del viento entre las ranuras empecé a escuchar las caricias de la noche sobre los árboles y comenzamos a platicar.
Deieu sin más preámbulos comienza a contar las barbas de la cobija y en un susurro dice:
Desconozco porque el viento se comporta así si la noche sólo quiere cubrir el vaho del silencio.
Vino a mi mente que está atenta a cada detalle como si sus sentidos no durmieran.
Al cabo de unos minutos volvió a comentar:
Las hojas pasan deprisa por el empuje del viento sobre la ventana y al final se atoran en las rocas de aquella llanura.
Había silencio pero sin que ella me viera desviaba mi mirada en su mirada perdida sin percatarse que mis ojos la alcanzaban.
De repente da un salto y exclama:
A comenzado a llover no sé si la lluvia viene con la tristeza o el aroma a tierra mojada dará más gusto al viento que no ha parado de entorpecer el silencio de la noche.

La lluvia aceleró su caída que al asomarme a la ventana sólo venía las gotas en niebla jugar a ganarle a la ley de la gravedad.
Deieu volvió a empezar a contar las barbas de la cobija y en un suspiro su mirada se detiene en el fuego del brasero. Suspiro tras suspiro sabía que el alma y el cuerpo tenían una lucha que ni los soldados romanos eran suficientes para detener el derrame de sangre que corría entre la línea mínima del alma.

Adquirí un nuevo trago de vino y sin aviso tome sus labios, los mordí y le pregunté:
¿Qué dice esa sangre que se derrama en ti?
Tu muy sorprendida vuelves a tomar mis labios y reiteras:
Entre mi mente y el silencio opacado por la lluvia y la noche sé que puedo salir de esto, la razón siempre me rescata de lo caminado.
La cobije y pensé en el color del vino: blanco.
Me levanto y voy a la bóveda por una botella de vino tinto. Al regresar a la presencia de ella vi que dormía pues su respiración era lenta y suave. Regreso a la bóveda a destapar la botella para no hacer ruido y llegando al brasero de vuelta por la ventana veo que Deieu bailaba bajo la lluvia. Me quedé perplejo pero sin dudarlo salí a seguirle.
No pasábamos de reír pero pensaba que era eso que se venía en tu rostro si una sonrisa de alegría o de tristeza. Trate de preguntarle y sin drama ella me dice:
Tenías razón no más mártires del amor...
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Por ello...

El escritor es el veneno que contamina la esencia con instantes a olvidar
en dedo en llaga las vuelve atormentar
dándoles vida eterna en letras de alta mar
y muestra de ello es lo que traigo en este puño:

Entre las manos capturando el agua de la lluvia
el alma se manifiesta y en aurora de gota en gota
deja regada en el tren vos permitió bajar
a la estación en convexa agonía esparciendo en vino por la piel.
No hablemos más de la falta de relámpagos
porque aún era de día y el sol lo sabía.

El veneno pasa por la faringe desgarrándole en trozos de metal
carcomiendo la nube del tabaco
el estigma dorsal,
y las venas en golpes de olas tripudiando a cada barco.

La esencia está estancada en el charco de la azotea
y un náufrago vigila el portal
de dos locuras invertidas
para en cada noche leer las huellas muertas.

El escritor es el veneno que contamina la esencia con instantes a olvidar
en dedo en llaga las vuelve atormentar
dándoles vida eterna en letras de alta mar
y muestra de ello es lo que traigo en este puño:

El universo me recoge a su abismo
por ello me despido
sin antes no dejar la esencia en cada instante
y plantar en el espacio una tarde sin aliento.
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Amar: un arte infinito

¨ Ella tenía razón. Nunca se veía bonita.
se venía como si fuera arte, y el arte no tiene que verse bonito;
tiene que hacerte sentir algo. ¨


Rainbow Rowell, Eleanor &Park

Sentarse a contemplar el perfil de la luna y la elegante mirada que nos entrega
es tomarse una taza de café con la mezcla perfecta entre azúcar y sal.

Hacia una presencia
que se derrama por la ventana de una sonrisa
sentarse a observar la esencia
de una inquietante brisa:
nos hace ver la necesidad de explicar el arte.

Ella tenía razón…el arte
tiene que hacerte sentir algo…
el algo que conlleva a plasmar
con el ojo de Dios
en una plataforma en blanco
la existencia del cálido mensaje
que sus ojos penetran en la frágil arena del alma…

Basta ver caer la lluvia en las calles
de la ciudad para respirar el espíritu
que en su pasado fueron intensos valles.

En voces silenciosas del mito
de aquella tormenta
las letras en conjunto con la música de la noche
permiten hacer arte más que belleza.

Que si ella tiene razón,
claro que la tenía
pues la belleza anestesia la mirada
pero el arte desmalla el lago del verso.

Rezando una tras otra,
el camino andando
conecta a las huellas
en la fragancia de arenas
para como guerrero andante
vigilar el algo para no perder el arte.

Vaya manera de decir: tenías razón…
el arte no tiene que verse bonito;
tiene que hacerte sentir algo…
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La Soledad

Parte II

“…Pero una vez que aprendes a querer la soledad se vuelve algo inmarcesible que forma parte de ti, de tu personalidad pero que a la vez te hace interesante...”
M. S.



A petición de ella…
La más fiel y bella:
La Soledad…

Sentada
frente a la tarde de lluvia,
sentida y amada
oculta en agua turbia…
un sol la despierta
como cada mañana.

En calles se asoma
cantando la velada
de loma en loma
su sombra la tiene atada…
al llanto del conde.

Un llanto de tinta púrpura
en cada canto
un alma pura
como de santo
la consuela en su manto.

Su espejo…
Ella lo sabe:
Nos mata.

Esa agonía recorre la noche
y sentados entre los nobles
la veo pasar con ese broche
de lunas y robles.
Un perfume la delata
entre flores
y colores,
ella vestida de alpargata.

La aurora se inquieta
y me busca por la ventana,
el alma entre la sabana
caminando por la banqueta
tomamos su mirada.

Una copa de su tinto vino
embriagaba a la pálida amargura,
un sello de lino
marcaba la armadura.
Por la puerta ella se asoma
pero solo el viento sopla con su sombra.

Una nota me deja en la alcoba…
latiente su brisa
atrapa mi sonrisa.

Ella solo me dice:
Amado mío
solo existo cuando vos lo permita
ha llegado la mejor alegría:
La compañía…
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En Cronos y albea

Sentada bajo la historia inmaculada del zacate, en nubes y polvos mezclados en el ciel,
tu mirada teniente observa el reloj, no era sencilla la espera más sin embargo la ciudad opto por mostrarle los detalles. Pasado el convenio de aquel libro que robo mi atención deprisa me acercaba a ti y sin darme cuenta el tiempo y el silencio se encapsulan para darme una gran sorpresa: estabas esperando el encuentro.
Comenzamos a caminar al son de la tarde rumbo a la estancia de los griegos donde el cabello no dejaba de jugar con el viento y con la incógnita del rostro.

Llegamos al destino indefinido y en una selección de vino de casa en copas el ocaso hacía del reloj un escape perfecto para una charla de utopías y prefacios, de locuras en sistemas y párrafos de viejos sabios. Estaba en mis manos un manojo de versos como aves en jaula y en un respiro los lanzo al silencio:

En la cúpula de tu piel yace el vino oporto
en dosis de invierno se pasea
por el cielo por el sol te exhorto
aquello endulzado en tiempo y albea.

Era inevitable poder robar la esencia que se asomaba entre tus cejas y el cuello,
una meseta figuraba en tus pechos y un chiste convexo asigna a al zipper cerrarlos
no con la intensión de ocultarlos sino para que la noche no hiciera de la luna una copa de incienso.

Mi alma en carreta se iba desplazando en cada vena y en mi discreción la sigo para ver guardar el otoño en el invierno de tu cuerpo. No era frío el paseo pero descubrí la ruta del vino tinto dejando en su paso como río en creciente la muestra de algo tan exquisito y bello: el bálsamo de tu piel.
Para no salir del recorrido tome una revancha de tinto fue de esa manera como alcance la atención de tu sonrisa, hacíamos el amor sin tocarnos ni darnos cuenta.
No había nada que cuestionar solo el permiso de aquellas manecillas de Cronos para seguir describiendo aquello vivido…



Octubre 2018
Av. Hidalgo,Zacatecas,Zac.
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Tu cielo

En la paciencia de tu cielo
dos lunas en soledad
vagan al pie de velo
de tu tierna verdad.

Tu cielo vaga en invierno
para que las plumas
de nieve toquen tu huella de que estas viviendo…
solo habitantes en las garras de los misteriosos pumas:
Una nueva antología
decían los griegos de mi loca filosofía.

Dos lunas en soledad
tus ojos parecen ser
tu cielo rueda en una página de serenidad
para poder entender tú critico ver…
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Labios de Niña

Fue un suave rozar de labios
sobre sedosos cabellos
fue una tarde de sabios
que miran y contemplan.

Besos auditos
el silencio implora
labios tintos
que el viento explora.

Y tú beso dulcísimo
cual flor, tiene aroma;
el perfume del cáliz
con que embriaga la rosa,
y las almas seduces
al besar de tu boca.

Suaves y luminosos destellan
un deseo de viña
ellos solo miran...
Me detengo y concluyo:
esos labios son de niña...
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Del viejo mar...

Entre cúspide y nexo una luna en cumbre
se derrama como aceite de olivo en pastas
como cera en la eterna certidumbre,
una presente nocturna deja infinitas charlas castas.

Sabia hoja anuncia su llegada en verso
dos sombras tintan en salsas
dan entrada de aquello llamado universo
sin duda alguna nos cubría las almas.

Un pan con ajonjolí en grano
nos viste el paladar
una mirada con geometría del viejo mar
nos honra el lunar en mano.

El viento dado
a favor del vino tinto
nos ha acompañado
en mínimos placeres de lo distinto.

Como no creer en el paraíso
si los olores y aromas
nos cantan al oído
con cítaras y arpas.


Mykonos
12 Octubre 2018
21:10 horas.
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Una mirada: Un concepto leído en sus ojos...

Observaba su mirada con atrevimiento

se contaban los minutos dados al viento

y sin saber porque pensaba en ello

llegue a la conclusión de que la lectura de sus ojos

formaban pilares en viejas ciudades…



Seguía la ley de la gravedad ocultando el paisaje

de los pensamientos escritos en memoria de su inspiración;

no se puede explicar el lenguaje de aquella mirada

pues la realidad no abrazaba el presente instante,

hecho con palabras llenas de aroma de incienso

y bellas pulsaciones de tinta griega…

El tierno paso de sus pies crecía sin saber de ello…



Su duende nombre brilla al son del sol,

como un lobo va a paso a paso

su huella ha seguido

y ha encontrado el labio eterno de su voz…



Unas líneas bastan para expresar el canto del alma

en una admiración instantánea la belleza

colma mi pupila

pues como ojo de Dios repito: es bella su sonrisa.



Creyendo no equivocarme al escribir mis locos pensares

me entrego a la opinión para darle sencillez

a mi sincero lenguaje,

aurora de siete noches

es el nombre de su mirada

y yo encantado de verla

recuerdo el sabor de sus mares…



Me falta un poco el aire,

la tarde se aleja

y ese reloj mira el carmín

del perfume expuesto en su piel,

se oculta el sol y la luna

escribo versos en sinceras palabras

para un claro lente puesto en la pradera…



Se que es una excusa el invierno

pero más creyente es

el libro abierto de mis poemas,

mis reflexiones,

mis cantares…

al atrevimiento de esta ligera melodía…



Gustosa seria su paladar se probara

el sabor de la lectura,

sedienta seria el agua del respeto

y verdadera la mirada que clava

a este poeta anónimo…



Oh su mirada no la olvido

parece que fue hace un segundo,

es brillante y cercana

pero solo de lejos

la he contemplado,

es una dicha escribir en virtud de su mirada…


…Oh su mirada no la olvido

Parece que fue hace un segundo…
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