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V. Estado mental inconcluso y desolado. Semillanto

Ya hace que se suicidaron los divanes
de los psiquiatras
atormentados por el busto de Venus.

Se arrastraron por la vileza
de las palabras
la aurora y los horizontes.

Por la vileza de las traiciones
se perdieron los ojos
y quedaron huecas las cuencas.


Ya hace
que se repartieron los infiernos
carnes glorias y celestiales huesos.

Volvieron a morirse los mares muertos
y se secaron los ríos que vivían sin vida.


Hoy.

Desfallecen las ilusiones
y se amontonan las desganas.

Sopla el abrego liviano en sienes oscuras
acarreadas de pesadas coronas
refrescando los sudores de eternidades pasadas
y de presentes sin forma.

Siguen la corriente los eruditos
al descontar de los días.

Y cuentan los minutos los infieles
para recibir su pena.

Los mares se esconden
tras enjambres de puntos suspensivos.

La Luna se baja de su trono
y se arrodilla.

Los viejos libros rezuman puses
en los estantes.

Los nuevos están petrificados.

El amor quedó varado.


Solo tienen vida propia los te quieros
grabados en el barro de algún
desierto
donde en el Ayer llovió
suave y trémulo

en corazones encadenados

y en labios

hambrientos de labios.


J. Robles
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Las hojas amarillas. (Cartas para ti)

De donde diablos caen
estas hojas amarillas,
si ya no existen árboles,
ni mar,
ni polvo en el viento.

Si no volvió el otoño.

Si ya no canta el río.

De donde diablos nacen
estos pétalos blancos,
si de las nubes grises
se secó el agua de mayo.

Si huyeron los pájaros
de la rama del almendro.

Si de triste se consumió
la primavera.

De donde diablos sale
este brillo de la Luna,
si de negra
se borró la noche.

Si de frías
se apagaron las estrellas.

Si de roto
se cayó el firmamento.

De donde diablos
saca fuerza mi esperanza,
si solo me queda
el recuerdo de tu sonrisa.

De donde diablos respiro,
si tu no estas.

Si ya no hay aire,

ni tierra ni cielo.

Si ya no hay luz.

Si vivo sin vida.
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IV. Estado mental inconcluso y nostálgico

Un solo paquebote navega gris
sin norte ni rumbo
las fieras olas del destino.

Un solo cortejo de almas anónimas
cubiertas de santo luto
cruzan el paisaje a mi alrededor,
bajo el viejo olmo.
Arrastrando, esclavas del abismo,
las insípidas cruces y los gallardetes del averno.

Plaga de ortigas y látigos divinos
se blanden en los resquebrajados altares
de los templos.

Tiempo por tiempo.


No queda lamento

que no increpe los aberrantes delirios
de un dios fatuo y libertino.

Seguirán sin vida, la vereda embarrada
y los cañaverales que se sintieron arder.

Los ríos de hielo rojo, y las amapolas
que abrazaron el pudrirse.


No queda llanto

que no riegue de lágrimas
la burlona sonrisa del pasado.

Seguirá sin vida el viejo árbol cortado
que sigue esparciendo su maravillosa sombra
por el amor que cobijó
y por las almas agradecidas que no lo olvidaron.

Seguirá sepultado
el viejo columpio de la cuerda rota que
se cuela en desveladas madrugadas
mostrándome el pelo rojo del ángel.


No queda suspiro

que pueda aliviar
el laberinto de achicharrados instantes
en que arden la razón y los poemas.

Seguirán sin vida las siete de la tarde,
nublada y lluviosa,
la hierba mojada,

el aroma de la piel.

Seguirán perdidos
los domingos de sol
que abrían de par en par los corazones.

Y las caricias suaves.


No queda sangre.

Transmutada en sulfuro y orín.

Seguirá sin vida el calor del abrazo.

Y las piedras mojadas donde
solíamos sentarnos
bajo el viejo puente de piedra.


No queda alma.

Entregada al fuego poderoso.
A la destrucción del día
y los entierros de la noche
que esconde las margaritas secas
y olvidadas.


No queda recuerdo

que no evoque tiernos huracanes
huidos,
de besos lapislázuli

enterrados en lúgubres umbrales
de la época de los verdes valles.

En el ahora

valle muerto.


J. Robles
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III. Estado mental inconcluso, séptico y aullante. (Siete piedras).

Génesis. Seven Stones.

www.youtube.com/watch?v=Ubb__W5JMXA

Todos.

Los hijos de las campanas,
que borbotean majestuosidades
por naciones de cristal
y por inmensas arenosas llanuras
de cabello de ángel y piel de sapo.

Donde por sus pardos rizos vuela
una dulce mariposilla, salvaje y pelirroja
buscando una inexistente flor
en la que posarse.

La dama pomposa que pasea
entre muselinas y alabastros
rozando apenas, grácil,
los marmóreos pasamanos
y barandales palaciegos.

Los esperpentos que relinchan
en corazones volcán de furia
colgados de estrellas multicolores
y fantasías románticas.

Los leviatanes rojos de ira,
que escupen pudrimentos,
y pasan lista en los purgatorios.

Los desalientos de ojuelos pequeños,
incautos y retraídos
que adoran un dios pagano
invalido y terrenal.

Todos

pordiosean un rayito de aire
o una burbuja de luz.

***

En los negros campos, del surco del arado
tirado por bueyes castrados,
surgen autodestructivos,
infinitud de delirios esponjiformes
y obsolescencias intangibles.

Origami

Pétreo

Nauseabundo

Absurdo chirrido astral del mundo.

Sinrazona alcohólico el tribuno
con mano abierta.

Cubierta de viejas platas.

Y marcos antiguos y rococós
de cuadros que no se ven a si mismos.

Todos.

En los acaramelados cenotafios
se duermen expectantes.

Los perros ladrantes

las cruces palpitantes

los habitantes.

Enemigos triunfantes

los galantes

los siete infantes

los sabios edificantes.

Los aberrantes, los circundantes y los liantes.

Los amantes

y los malhablantes.

Los que llegaron después
y los que se fueron antes.

Todos

pordiosean un rayito de aire
o una burbuja de luz.

***

Y mientras yo bailaba, estúpido,
con el diablo
y el mundo giraba desenfrenado,
algún tiempo, asesino sin escrúpulos
aplastó con su paso poderoso
a mi dulce mariposilla, salvaje y pelirroja,
que nunca encontró una flor.

Y yo la sueño.

Cada minuto la sueño.

Se posa en mi alma,
llorosa y triste.

Y pide perdón
por haber existido.

Por haber ocupado durante siempre
un irreal y mágico
espacio azul.

...Y pide perdón...

¡Y clama el cielo!

¡Y las veredas gritan de dolor!

¡Y el río grita de impotencia!

¡Y el viejo árbol se retuerce de sufrimiento!

Y yo grito

y mi alma grita

y mi corazón arde

y me retuerzo en lo oscuro

y grito...

y pordioseo

un mísero rayito de aire


o una patética

burbuja de luz.


J. Robles
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II. Estado mental inconcluso y séptico

Hoy.
Se abrazan los brazos arácnidos
en desencantos y advenimientos.
En rutilantes vivas formas de muerte.

Crápulas poemas indigentes
se esconden en mares de vaguedades
donde las alimañas de fuego y cieno
escalan ruinas de obscenos versos
en tugurios de curvilíneas
y hermosas mentiras obcecadas
y verdades autistas.

Se empachan y tienen retortijones
los dioses
de risas lancinantes, mientras los ausentes
claman presencias.

Hoy.
Mandamases de lejanos imperios
descubrieron las maravillosas eclípticas
de cualquier vulgar templo nihilista
en donde se alcen fulgurantes barbacoas
para la carne semipodrida.

Se enmartan los jueves y se enjuevan
los martes,
y siguen tradiciones.
Y descansan los domingos
domingueando, incendiando museos
negruzcos y heréticos. E hieráticos.

Se mean los sudarios
en huraños orinales de aurum.

Se encarnecen los brillantes muñones
de pensamientos cortados con hacha,
y se entumecen las grietas de la carne.

Hoy.
Se pavonean las túnicas y los enmascarados
por entre los arbotantes del Duomo.

Se cierran los puticlubs y los mentideros.

Se reparte gratis cianuro y naftalina.

Se vanaglorian las leproserías.

Se queman las catedrales.

Hoy.

Se ríen de si mismos los cadáveres.


Está claro que también hoy

es festivo.


J. Robles.

Imagen: Fotografía de John Dykstra.
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Estado mental inconcluso I

Sueñan con la candidez de los versos
ellos difuntos, y ellas, hespérides.

Yo sueño
salones de baile repletos
de gatos muertos
que deambulan por soledades
soslayadas e inermes,
en corazones planos
y mundos cúbicos.

Sueñan con lo humano y lo divino
los abismos y las hecatombes.

Yo sueño
salmos satánicos flotando
en los burdeles del espíritu.

Sueño
arcángeles del diablo
que cabalgan los crepúsculos
amasando con sus largos brazos
informes orugas ensilladas,
espinosas y crudas, crueles,
que crecen en encéfalos y glías
venidos a más
o vendidos por menos.

Sueño
pudrideros de conciencias.

Envoltorios plásticos para espíritus tetrapléjicos.

Aciagos rincones revueltos
entre costillas.

Entre versículos sedientos de sed
y enfisemas espurios.

Sueño el canto del dragón.

Sueño el vil garrote vil.

Sueño el ladrido de la culebra.

Hoy es fiesta en el Edén,
y solo Adán me ha oído mentir.

Adón no me cree,
y Odín se ríe a hurtadillas.

Solo el agujero en la tierra
escuchó mi verdad.

Solo Colombina me abraza y me besa,
y me reconoce por mi verdadero nombre.

Solo un dios extraño y respingon
me dice lo que está mal.

y yo me digo
lo que está bien.

Viven los vivos con la muerte
y sueñan los muertos con la vida.

Solo los sueños
son capaces de decirme
si estoy vivo.

O no-vivo.

J. Robles.
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Nefelibata

Quizá nadie se percata.
¡Todos le aman!
El flautista sonámbulo es muy cuco.
Pero yo sé muy bien cuales son sus
verdaderas intenciones.

El flautista sonámbulo
sopla sin pausa
su endiablada flauta.

La de la bien amada sensatez.

Por los campos de heno

divergentes.

Artemisas y Ateneas aplauden entusiasmadas
su buen hacer.

El buceador que busca perlas
en un cuadro de Dalí
descubre los rostros escatológicos
de los peces - vida
y me lo cuenta al oído.

Los cuchicheos de los diablillos
me relatan como los bandidos
han asaltado las torres de Babel
y robaron todos los poemas.

Dicen que existe un espejo
en el que solo ves tu parte buena.
Pero creo que me miro en el
espejo contrario.

El flautista sonámbulo
toca sin descanso
la flauta delante de mi puerta,
provocándome.
Pretendiendo obligarme a despertar.

Tendré que asesinarle.

No consentiré que nadie,
ni siquiera el insigne flautista
interrumpa

mis putos sueños.

J. Robles
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Del pasado

¡Puto pasado de mierda!
Que mordisqueas con colmillos de acero
en mi memoria.
Solo vienes a joderme el presente
a romperme por dentro,
a pudrir
mi raída existencia.

A dejarme escrito un sórdido futuro.

Aléjate de mí, jodido pasado
como yo te dejé un día tirado
como trapo sucio.
Por botella te troqué,
en una esquina cualquiera.

No me persigas más.
No me atormentes.
¡Olvídate ya de mí, asqueroso pasado!
¡Piérdete!

¡Cantinero!
¡llena!

J. Robles
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Nada

Cuan fangoso e intrépido puede llegar a ser
el príncipe de buhoneros y bufones
que gusta de atrapar sombras
por entre las viejas paredes.

Cuerpos ignotos
con la inmortal forma de los siglos
pasean por la cara con acné del tiempo
sobre las lápidas rotas.

Los pecios hundidos en el recuerdo
han sembrado un azul
de almas solitarias
y llantos eternos.

Abominables
pensamientos desgranados
en rojo sangre
malviven en postreros
y apoteósicos nudos gordianos
que un mago desconocido
sembró en algún basural.

Repugnantes
vivencias duermen
suspendidas en barrizales
apestosos de la conciencia.

La triste y afanosa conciencia
de los días - muerte.

Hoy
caen de los techos de las catedrales
cerebros abiertos
y crecen en el asfalto caliente
vientres húmedos
y cálidas prisiones de rejas de cera negra.

Hoy veo desfilar montones de ataúdes sin tapa
escapados de sus tumbas,
con sus feos inquilinos dentro
por calles yermas.

Hoy veo lobos endiablados
arrancar las caras adustas
de mis ancestros
y mis fantasmas.

Hoy veo volar por encima
de tejados negros
historias envenenadas.

Hoy veo como se rompió la esperanza,
como se volvió tránsfuga el amor.
Como se hizo viejo el ahora.

Hoy veo como alguien arrugó el paisaje
y lo tiró sin miramientos
en cualquier papelera.

Hoy veo como explota el mundo,
se disuelve,
y todo se reduce a la nada.


¡Nada!

¡Justamente!

Nada.

Esa era la palabra.


J. Robles
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SI PUDIERA. (Cartas para ti)

Si pudiera hablar
de todas las rosas marchitas
en los recovecos de mi alma.

Si pudiera escribir
de todos los campos de amapolas
muertos en mi corazón.

Si pudiera explicar
de todas las lunas llenas
ahogadas en las olas del mar.

Si pudiera contar
de todas las noches oscuras
huérfanas de estrellas.

Si pudiera decir
de todas las lluvias de primavera
de fango y de hiel.

Si pudiera sentir
todos los besos que perdí.

Si pudiera dar
todos los abrazos que no dí.

Si pudiera dejar de sufrir.

Si pudiera volver.

Si pudiera ir.

Si pudiera correr.

Si pudiera llorar...

¡si pudiera gritar!

Si pudiera...
tenerte otra vez.


Si pudiera...
el día que me llegue la hora...

Si pudiera...

morir, cerca de ti.


J. Robles
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Los gemidos del alba

Música. Bachianas brasileiras. Joan Baez.

www.youtube.com/watch?v=TZNCWb5ZBYY

Son tantos
los gritos que queman los sueños,
del antes, heredados.

Pretéritos llorados.
Silencios milenarios
que se esconden en las vaguadas
y en los nichos vacíos.

Son tantos los recuerdos
disueltos en el barro
que fenecieron en los himnos
y los barrancales.

Es tanta
la sangre que se agolpa
despertada por pesadillas
en las sienes y las plegarias.

Son tantas
las leyendas que acuden en la noche
vestidas con su mejor mortaja.

Es tanta.

La vergüenza que se desnuda.

Los espejos que se parten.

Las nostalgias que revientan.

Las veredas que se envenenan.

Las turbaciones que se vuelven idólatras.

Son tantos los llantos que doblegan la inocencia.

Son tantos
los latidos perdidos

escondidos tras el mortificante
rojo crepúsculo
en que rechinan sus dientes
las sombras.

Son tantos los presentes que nunca fueron.

Son tantos los gritos que queman los sueños.

Son tantos los gemidos del alba.


Son tantas las miserias de los años...

y las llagas del olvido.


J. Robles
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Perfect Lover I

1.
La amante perfecta.

Regordita y socarrona, de miradas maliciosas
y sonrisas burlescas.
Construida con recortes de escaparates de moda.
O con retales de fantasías trasnochadas,
en la que me recuesto.
Me amamanta con chorritos
de fuego candente,
cuando no, con hilos de cicuta
dulcísima, de color verde jardín.

No me gusta el olor a antibiótico que desprende,
caducado, pasado de fecha.

Pero no me queda mas remedio que amarla
profundamente para poder seguir jugando
en el juego de blackjack para cadáveres.

Mientras espero aburrido
en este aciago andén de mi vida,
mirando sin ojos las vías muertas.

Mientras llega mi tren.


2.
La amante perfecta.

Me asalta la idea
de que solo pueda ser uno de tantos espejismos,
sueños, o pesadillas que me invaden.
Obtusas y confusas paranoias,
y semirealidades imaginadas
para una existencia mediocre.

O tal vez mi despecho.

Puede ser, pero a mi me da igual.
Me ha dado su palabra
de que no me traicionará nunca.
Y yo la creo.
Y es de agradecer.

Ella mejor que nadie
sabe llenar mis vacíos,
curar mis heridas,
acariciar mis sienes
o abrazar mis lujurias.

Mejor que nadie
sabe hacerme reír, soñar,
y amortiguar los tristes miedos
que me ahogan.

3.
Solo necesitaba una mirada.
De Venus.
Para guardar esperanzas.

Pero se diluyeron en el viento
todas las venus ciegas que me besaron
y que no pudieron mirarme.

A día de hoy son simplemente
diminutos granos de arena de alguna playa.
Allí las calienta el sol.
Ellas no temen quemarse.

Y yo sigo como siempre.
Oteando sin pestañear el jodido horizonte
por si decides aparecer de improviso
y puedo atraparte aunque solo sea
un encanijado segundo, en algún rojizo ocaso,
o en una rima de amaneceres huérfanos.

Entre tanto,
continuo bailando mi tétrico vals diario
con la amante perfecta.
Ella nunca me abandonará.
Es una gran compañera de baile.

En noches de luna rebusco
en mi propia playa desierta.
Por si descubro una venus perdida
que me anime a garabatear
algún otro poema.

Puede que esta noche haya suerte.


4.
La amante perfecta, regordita ella,
agotó todo su fuego
y se durmió al calor de una vela encendida.

Y yo quedo tranquilo.

Puedo dedicarme exclusivamente
a beberme los recuerdos.
A intentar matarlos
ahogándolos en el rojo sangre
del fondo de una copa de coñac.

Pero ellos se resisten a morir.


Por supuesto que te olvidé.
Que me olvidé.

Todas las mañanas te olvido...

Y me olvido.



J. Robles

El sueño. Pablo Picasso.
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Trinchera ilusión

Trinchera ilusión
de cascanueces desventurados
desencaja nuestra vieja juventud
descolgada por muro de madreselva.

Al borde de mi alma estepa
el cubilete tiempo
retorcido.

Origami de plegadas memorias.
Sendero de hojas caídas,
fantasías caducas
entre ramas quemadas
de árboles podridos.

Oro y pardo,
nuestros otoños sin tregua.
Humedad de monte
en selva desvencijada.
Se pierde el trueno
tras rayo que brama
en tierra de nadie.

Te busqué.
Sin llegar.

Desfogué el llanto negro
en dobladillo cualquiera
y puse al destino
santo y seña.

Ronco tronar en la noche
mares de sargazos
y perfidia en los días.

De azúcar, las fieras
nacidas en tus infiernos ojos

difuntas esperanzas de salvación.

Renaceré en ti.
No vuelvo a estar muerto.

Ni tampoco vivo.

Cenagoso limbo
A media escala
entre sombra y penumbra

Vida que corre hacia adelante
y tiempo desvocado hacia atrás.

Todo arde.

¡O debería arder!

Trinchera ilusión
embadurnada
en cohortes espantos.

¡Riámonos fuerte!

¡A carcajadas!

¡Brindemos copa en alto!

Por lo que se fue
o por lo que queda

ya da igual...


Hasta que la parca me mire
con malos ojos...

y me bese...

te estaré esperando.


J. Robles

Oblivion. Astor Piazzolla.

www.youtube.com/watch?v=dF-IMQzd_Jo
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Demoniorum. (Letras para una música. Genesis ~ 'Duke's Sabbatical')

En mi presente...

Lucifer merienda solo
mientras observa el mundo
por la ventana semiabierta,
y azuza el fuego en que arderé.

Monstruosidades encerradas en gritos aterradores
rompen cadenas y escapan a la luz
del sol abrasador de lujuriosos desiertos
perpetuos, en semillas de trigo que no nacerán,
y títeres discordias.

Oleajes de honestidades perdidas
asaltan los muros
de rincones furibundos
y hacen que resuenen atormentantes
los chirridos de la orquesta,
abriéndose los techos de los liceos.

Los coleccionistas de granjas de seres muertos
conectan sin piedad a los vivos
a tenebrosas máquinas de extraer vida.

Se adentran las legiones
en las maternidades
y secuestran sin compasión
las incubadoras.

La gran pupila dilatada, incrustada
en el ojo gigante, escudriña
todos los secretos de alcoba,
en la génesis del bien y del mal.

Los falsos ciegos berrean y piden veneno.

Se me enfrenta, en toda su desverguenza
Baal, señor de las moscas,
tomando helado.

Belladonas y rododendros se ensalzan
en culebreante ponzoña...

Y adoro a Asmodeo,
con cantos sádicos y fláutas shakuhachi.



Perforan mis oidos los allegros sinfónicos
de los dias dorados,
entrelazados en girones de locura,
cuando las distancias se corrompen entre tu piel
y mi esperanza.

Las mariposillas revoloteavan incautas
en las frescas y verdes acequias,
mientras la mujer con pañuelo
en la cabeza aventaba la palva.

Yo era mas feliz por ese tiempo
si podía alargar mi mano
y tocarte.

Aún me hurgan los días
en que las gotas de lluvia eran libres
y nos mojaban la cara.

Y aún...
me pellizca el tiempo en que el bosque
cantaba para nosotros,
y el sol nos hacía un guiño al atardecer,
antes de irse a dormir.


Ahora...

En las cuartas tres horas
Dios me deja jugar con Leviatán.

Azazel me enjuga el sudor del rostro.

Y Balaam reparte las cartas.


No necesito pedirles favores...

Solo te necesito a tí,
desde siempre.


Pero son ellos los que me acompañan.


J. Robles


El jardin de las delicias. El Bosco.
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Dos abracadabra para Vanesa. (Cartas para ti)

Vives donde la estela del colibrí,
allá por mayo,
ya me susurraron los espejos mágicos.

Vuelas por mi sórdido destino
cada segundo desangrado
si puedo dormir una sola noche
en el vacío con cielo de velas.

¿Quizá fue Errol Flynn?*

¡Abracadabra!

¿Recuerdas?

Ya no espero nada
porque tiré al barro envenenado
la pata de conejo.

Dice el diario
que llueve en Filadelfia,
pero que importancia puede tener
si aquella canción nos atormenta aún.

Hasta donde podré seguirte
por la pasarela de los sonidos blancos
en botellas de plástico
perdiendome bajo una lluvia de tinta verde
y no sale mi sangre helada
cuando me pincho con la espina
de la rosa.

¿Me oyes?

Solo me dejas abrocharme el abrigo
y chapotear los charcos
al arpegio de Hackett*
al cruzar un puente en San Francisco,
en la húmeda y fría noche
de los letargos.

Del tiempo de las misas negras
y los aquelarres.

¿Aún sigues tras la niebla?
O posiblemente en la otra cara del papel.
Puede que también pienses en mi
cuando suena la campana.

"Una pizca de vino y un vaso de cerveza (fría) cariño.
¿Que hora es?" *

Yo si recuerdo...

Fueron. Así fueron
de felices los tiempos que sobrevivían
inundados de caricias
en la flor del amargo.

Otoños de pelo largo
y tienda de campaña,
ocultaban dos limbos revoltosos
y musarañas erguidas.

Eran los días a trescientas horas
de revolcarnos por la hierba húmeda
y fueron los crepúsculos de mordernos el alma
y estrujarnos como naranjas
con furia inmisericorde.

Tus dedos mojados de rocío
pintaban dibujitos en mi frente.
Tu pecho se apretaba en mi pecho
y Batman y Tarzán nos contaban
como es Venecia en primavera,
a las nueve y cinco.*

Como me haces recordar
a la anciana madre gansa*
mientras aspiro el humo-cáncer
del cigarro, que dibuja calaveras y tormentos
en el aire sin oxigeno de este cuarto pálido
enterrado en hielo.

Y ya van por 23* pregonaba sin consuelo
nuestro Phil.

Me enseñas que el cine es para comernos...

y la cinta de casette está gastada
y el viejo piano destila
mil pentagramas de notas tibias
por la ventana abierta

y volamos hasta el nido de la cigüeña
y jugamos al despiste con las luces y las sombras...

y nos besamos hasta morirnos.

Nos alegrábamos si
Helena de Troya hallaba por fin un nuevo rostro.*

y no nos importaba morirnos besándonos.

Pero si! Ay de mi!

Estoy pisando la tumba de aquel tiempo
y sigo escuchando el arpegio de Hackett*,
y sueño un poco mas, dejando que las lágrimas
ahoguen las torpes letras que te escribo.

Ya no son cintas de casette...

Ya no se oye tan mal...

Son otros tiempos, princesa.


Me araña la madrugada en mi cama fría,
y el alba con dolor de alma
vuelve a preguntarme
con sangre en las palabras
porqué nos perdimos esta vida si no tenemos otra.

No consigo encontrar una respuesta a tiempo
antes del suicidio de las tardes locas
en el alfeizar de aquella ventana
donde la yedra y la enredadera
tambien murieron de angustia.

Aunque tus ojos vean naufragos
tu no estás mojada*

¿No te quedarias* princesa?

¡Abracadabra!

¿Lo recuerdas?

Yo si recuerdo...

Solo me permites seguir viendo
día tras día,
en mis sueños congelados
en témpanos de desvelo,
unos ojos de mañana azul
y unas pecas traviesas.

Y noche tras noche...

con luna o sin luna
con lluvia o sin lluvia...

seguir sentado
en el frio filo de la guadaña...

¿Lo inició Errol Flynn?*

y sentirte cerca...

...y llorar mi pena.


*Pasajes del tema "Blood on the Rooftops" de Génesis.


J. Robles



Helena de Troya
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A posteriori

Se ahogan en su propia sangre
todas las leyendas que trataron de esconderte.

De podridas las uvas de la vida
y de tu amor muerto
envenenados, fulminados
los pájaros verdes que caen.

Se cierra el día.
Crónica se hace la oscuridad,
y la noche se desparrama
en destellos rojos de la luna apuñalada,
que se clavan en indefensas almas prisioneras.

Sigues viajando igual que antes
por mi tiempo perdido
y por los laberintos de mi imaginación enferma
desde los cielos posibles de Aldebarán.

Sigo buscando el cruce de caminos
que pueda llevarme a tu estrella.

Sigues amordazando mi yo cansado.

Sigo intentando engañar al desengaño
y sigo durmiendo con esperanzas desveladas,
guardadas en el oscuro cajón de la mesita.

Sigo guardando las trágicas apariencias.


No soy valiente, no soy fuerte
no soy un héroe.

Pero hubiera conquistado Troya,
si tu me lo hubieses pedido.


J. Robles
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¿Y si...? (Cartas para ti)

¿Y si siempre
nos hicieron creer
que el mundo era gris?

¿Y si los desiertos solo existieran
en las mentes de otros?

¿Y si se fueron
los vientos desolados?

¿Y si siguieras vistiendo
mi alma de primavera?

¿Y si siempre estuvo abierta
a tus ojos mi ventana?

¿Y si aún viviera
nuestro campo de amapolas?

¿Y si no pintaron de gris
tu casa?

¿Y si no cortaron el viejo árbol?

¿Y si las nubes de otoño
no lloraran?

¿Y si no se borró el tiempo?

¿Y si nunca se rompieron
los corazones?

¿Y si no envejecimos?

¿Y si nos quedara un reguero
de buenos recuerdos?

¿Y si no pudimos olvidarnos?

¿Y si todo hubiese sido
un mal sueño?

¿Y si pudiéramos aprovechar
el tiempo que nos queda?

¿Y si nos cruzáramos de nuevo
en la vereda del río?

¿Y si volviéramos a fundirnos
en una mirada?

¿Y si...

¿Y si...nos volviésemos a amar?


Poema para sonidos del paraíso: "Kalimba". Inti Illimani.


J. Robles
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Mi mejor amiga, madame Calabaza y sus cosas

1.
Nadie oye los terribles lamentos
del submundo invisible.

Solo Madame Calabaza
los escucha.

Madame Calabaza corretea
insana y anerviosada
de un lado para otro
tapándose sus oídos de calabaza
para no escuchar
los ecos rasgados
de estertores patéticos.

Los llantos secretos
que estrangulan a veces
el corazón
y el sentido común.

Los que nadie osa oír.


La reja que rodea el espíritu
es fuerte de narices
y Madame Calabaza
no puede arrancarla.

La reja que rodea mi mundo...

La reja que me rodea...


Hechizos en la noche del lobo.

Bailotea alcohólica la luna
mas llena o menos vacía
en húmedas soledades,
en su larga estela marina.

Embrujo en los ojos de la sirena.

Siniestros saltimbanquis sin rostro
me amenazan
cada vez que te pienso.



Me gustaría poder llorar...

De como se perdieron tus huellas
en la seca tierra de aquel campo verde,
tapadas sin pudor ni esmero
por el polvo viejo de eriales nuevos.

Y de como te sueño en luz,
por mas que intento
recordarte en blanco,
o en azul
o en rojo
o en arco iris.

Arco iris de todos los caminos
que nos llevaron al río.
Arco iris de todas las miradas
del deseo.

Arcos sin iris de rastros perdidos
que hoy llevan a ninguna parte.

"Bonito" lugar: Ninguna parte.


A estas alturas no quiero conocerme.
No me merezco. No me siento.
Ni tan siquiera quisiera descubrirme.
Y estoy convencido de que me traicioné
al atreverme a nacer.

Simplemente, así son las cosas.


2.
¿Mas tranquila, Madame Calabaza?

Todo pasa...

(Se pierde tu rastro
en la seca tierra de aquel campo verde...)

¿Que piensa, Madame Calabaza?

"A pesar de tanto tiempo
puedo ver unos ojos profundos
a través de los tuyos".

¿Solo eso, Madame Calabaza?

"Lo sé, es imposible olvidar,
y el recuerdo se hace fango,
y el fango se vuelve dolor."

Si, pero...

dígame la verdad, Madame Calabaza.

"¿La verdad? cual de ellas"

Bueno...a ser posible, la única verdad
Madame Calabaza.

"¡Cuantas únicas verdades!"

"Un consejo quizá...
No despiertes nunca.

No pierdas el tren de los sueños.

No te queda mucho más.

Sigue
como niño descubriendo tu propia sombra".

Si, tiene razón Madame Calabaza,
puede que sea lo mejor.

No podría dejar de recordar,
de soñar...

de intentar desnudar el tiempo.

Solo...mi querida Madame Calabaza

que creo que es la sombra...

la que intenta descubrir al niño.




J. Robles
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Licantropía

("Hay niñas azules de todos los tamaños.
Algunas son sabias y otras no tanto.
Ellas tienen pequeños ojos azules.
En una hora un hombre puede cambiar.
En una hora su cara puede parecer extraña..."


Ripples. Génesis)

Se cierran las puertas,
y abiertos los grandes ojos
del centro de lo negro.

Me observan.


La ciudad muerta
en la tenue luz del neón,
y la noche intenta alisar mis arrugas.

Caen furiosas, lluvias de marzo
que empapan de rojo fuerte
los yo, las tristezas
y los pálidos semblantes perpetuos
de todos mis fantasmas.


El gato cómplice se me acerca
con el rabo levantado
y se acaricia en mi pierna
sin pedir autorización.

Simplemente dice "miau".

No alcanzo a entenderle,
pero está claro
que la soledad no es mi monopolio.


Al cruzar la calle,
las sombras me miran fijamente
con cara de pocos amigos,
y las papeleras no me responden
cuando amablemente las saludo.

"Farmacia 24 horas"
"Gasóleo a 1.23 Euros"
"Supermarket"
"Pizzería italiana"

El borrachito apoyado en una esquina
me dice que no lo entiende
y continua vomitando.

¡Je!
¿Acaso yo si?

Últimamente entiendo demasiadas pocas cosas.

No estoy seguro de que los licántropos vivan de noche.

No encontré ninguno.

Decepcionado, me vuelvo a casa,
voy a cenar.

Me está esperando un delicioso diccionario
de francés a la plancha.
("Dictionnaire grillé" que dirían en Pavillon Ledoyen,

...supongo).

Después escribiré,
si es que llega a inspirarme
la telaraña de la esquina de la habitación.
O dejaré que algo que ya escribí
me haga daño.

¡Je!
Diría que me estoy volviendo
masoquista.

Que remedio...

Quedan tan lejos las estrellas...


Por cierto,
me he llevado al gatito a casa.

Nada mas llegar, ha bebido agua,
y después se ha sentado tranquilamente
en mi sillón.
Está escribiendo algo...

creo que son sus memorias.

Me quedo un rato mirándole,
y tengo la sensación
de que las estrellas están un poco mas cerca.


Esta noche soñaré con niñas azules...
o con el gato...
o con la pizzería italiana...
o con el borrachito...
o con los licántropos...

o con todos mis fantasmas.

Igual ni siquiera sueño...

que para eso hoy es domingo.

Quiero recordar que hoy tengo que plantar un globo.

No creo que eso me haga mas feliz.

Pero al menos me olvidaré por un tiempo
de que en este mundo,
las papeleras nunca saludan,
y que los licántropos viven de día,
aunque quieran convencerme de lo contrario.

Soy yo el que vive en una noche infinita
viendo caer impertérrito las furiosas lluvias rojas de marzo.

A pesar de todo...

sigue sin gustarme
como me miran las sombras.

Me duermo pensando...

¿Habrá sombras en las estrellas?


J. Robles
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La pregunta

1.
Crecen
las ruinas de los adioses
desde inacabables sueños alquilados,
y desde las profundas cavernas
de los besos de los Judas.
Atraviesan mundos oblicuos
y penetran en heridas gigantes
que como ríos, sangran en los amaneceres.

Quiero recordar que me hice la pregunta
hace mucho tiempo
pero nunca encontré la respuesta...

No puedo descubrir los significados
de todos los vestigios
porque los libros sabios duermen
en su sagrado camposanto.

Aunque muerto, sigo vivo.
A expensas de la venganza de la memoria.
Apestosa inquisidora,
nubladora de días y de vidas.

Sigo encerrado en el eterno caleidoscopio amorfo
donde reina el eunuco que asesinó al rey
de las mentes cuerdas, que yacen abandonadas
en finos hilos de luz oscura e infinita.

El homúnculo que vende misterios por el ventanuco
no llega. Es demasiado pequeño.
Pero se niegan a darle un taburete
por pura venganza. Creo que tiene alguna deuda pendiente.
Y yo tengo que hacer un exagerado esfuerzo mental
para explicarme a mi mismo que es lo que quiero.

Para intentar recordar la pregunta,
y hacérsela entender.

En un susurro me confiesa al oído
que él es el rey asesinado,
pero me pide que le guarde el secreto.

La verdad, no me sorprende.
Cosas peores se han visto.

Quiero lanzarme a cortar la garganta de mi enemigo
y caigo en la cuenta de que ya no tengo ninguno.
A no ser yo mismo.
Hace mucho tiempo que los encerré a todos
en mi minúscula cajita de música
y los torturo a diario obligándoles a escuchar
en todo momento Para Elisa.

Por ahora...
El miedo al miedo, se alimenta de todas las causas perdidas.

La hojarasca esconde escombreras de vidas vacías.

El tiempo pesa.

2.
Pasos silenciosos y ancianos
doblan indecisos la esquina de una estrecha acera
y en la cutre taberna
su canoso dueño mira sin ver
la transparencia nítida del licor dulce.

Sienes plateadas,
arrugas arrugadas,
lágrima furtiva.

Cuánto tiempo...

Cuántas palabras sin escuchar.

Cuántas quedaron sin decir.

Cuántas respuestas posibles...

para una sola pregunta.

El canoso dueño de los pasos silenciosos
revuelve cajones de mohosas historias sin terminar,
recuerdos incoloros de pasados muertos en el abandono,
viejos fotogramas arañados de una película
que nadie rodó.
Y revive una a una todas las respuestas...

pero ya no recuerda cual era la pregunta.

("Y las cabezas están rodando
porque el conquistador está de camino
y el día de la justicia está llegando
pues el conquistador está de camino."

The conqueror. Génesis)


Resuena en el éter Para Elisa, de la cajita de música...

Está bueno el licor dulce,
mientras el cuerpo aguante.

Páramo perdido inunda la pupila.

...Ya no recuerda cual era la pregunta.

Y yo tampoco.


J. Robles
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