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El cuento de la vida

Apenas tienen cinco años cuando se conocen. Es el primer día de colegio y sus madres los dejan en una clase llena de otros niños llamativos, pero menos. Menos niños no, menos llamativos los unos para los otros que como se atraían ellos entre sí.

Su historia empieza en una mesa verde llena de bolas de arcilla que, a diferencia de la plastilina, al quedarse seca se endurece, como la vida. Él moldea un unicornio, ella no sabe qué es. Él le explica que es un caballo mágico y ambos ríen ante aquella ocurrencia. Después da forma a un barco y le asegura que, cuando esté acabado, navegarán a bordo de él por el patio de recreo en los días de lluvia, y vivirán aventuras increíbles surcando lagos malditos, mares lejanos, el mundo entero. Ella sonríe con los ojos brillantes de ilusión.

Pasan los recreos siempre juntos, contándose historias imaginadas, cuentos recién inventados, fábulas en primera persona. Los demás niños los miran con recelo, observándolos a una distancia prudente, como si fuesen bichos raros que no conocieran. Aprenden a escribir juntos, a leer de la mano, a sumar y restar cantando... y cogen la costumbre de contarse el argumento de los libros en primera persona. Se disfrazan de los héroes de sus sueños, crecen dentro de sus mentiras, se abrazan de mentira, y se besan de mentira, como los novios de mentira.

Llega el último verano de colegio y ya no les quedan más septiembres. Se mienten, esta vez sin saberlo. Poco a poco, como planetas en distintas órbitas, se van distanciando irremediablemente. Siguen viéndose de manera casual por el barrio, pero cada vez conversan menos, se miran menos, se sonríen menos... hasta que el saludo se convierte casi en obligación.

Pasan los años de mentira y van conociendo a otros ellos. Llenan sus nuevas vidas de otras mentiras, aunque mucho menos cómplices, más mundanas, menos divertidas. Un día ella entra en una discoteca, ya decepcionada de esa nueva vida, y se lo encuentra. Entre tragos de alcohol recapacita: “de todos los que me han mentido, nadie me ha mentido como él”. Se acerca y le saluda. Al oído le confiesa que está en la discoteca porque el descapotable se le ha averiado, iba de camino a una cena con músicos, actores y gente del mundo de la moda. Él se ríe, se separa con los ojos brillantes, hace una pausa para mirarla. Se acerca a su oído y le miente. Así que ambos, mentidos de arriba abajo, salen a buscar al unicornio de arcilla, que con el tiempo ya está amaestrado, para que los lleve a la fiesta. Se besan y hacen el amor en un portal.

Siguen viéndose de vez en cuando para mentirse. Se mienten incluso sobre sus actuales parejas. Se van contando sus bodas programadas, los hijos que tendrán, sus viajes, sus mascotas... Poco a poco van dejándolo todo para mentirse con más frecuencia, hasta que ya casi se mienten en exclusiva. Y un día deciden irse a vivir juntos, para mentirse ya del todo. Es entonces cuando cada uno descubre todas las verdades del otro.

Salen por la mañana a trabajar a la ciudad, y vuelven corriendo por la tarde a mentirse en su reino recién conquistado, a lomos de su caballo mágico. Pero una noche ella se pone enferma, y acuden a un hospital muy falto de fantasía. Un doctor le diagnostica una enfermedad incurable, y le cuenta que apenas le quedan unas semanas de vida. Ella llora y maldice todas las verdades del mundo.

Él se quita los zapatos y se acurruca en la cama junto a ella, abrazándola con fuerza. Le aparta el pelo de la oreja para alimentarla de una última mentira. Le explica que ellos no existen, que son parte de un cuento, un relato nacido de la fantasía de un pensamiento. Le cuenta que son tan reales como los unicornios, y que al final del cuento no se muere, porque los cuentos no tienen final. Y le promete, sin más mentiras, esta vez ya de verdad, que puede estar segura de que vivirá para siempre en su recuerdo y su corazón.

Juanma
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Puntos Suspensivos

A veces, la vida no es más que
el zumbido de una emisora
en la radio de la madrugada.

...

Entretanto, un recuerdo desfila
por la pasarela de tu cabeza
y los coches maltratan la ciudad
y las polillas se preguntan
por qué demonios viven
enamoradas de las luces.

...

Trepaban en verano
mil caricias por tu espalda.
Julio era el estribillo de la canción
de un vagabundo sonámbulo y triste
con versos
de Jim Morrison
entre resacas de mala muerte.

...

Éramos jóvenes
y risueños
y entusiastas
y salvajes
y poetas a ratos
y libres siempre...
como esas estrellas fugaces
que se burlan y desafían
la quietud del universo.
Como la respiración del océano,
los decibelios de un orgasmo
o el aullido de un lobo solitario.
Fuimos lo que soñamos,
locos y felices y fieros e indómitos
aprendices de lo (im)pensable,
como silencios disfrazados de melodías
o ecos reverberando en el vacío

...

¿La escuchas?
Justo detrás de los puntos suspensivos...
¿No la oyes?
Es la candorosa Vía Láctea susurrando,
intentando acostar a sus estrellas,
dormirlas al vaivén de la cuna de la noche.
Mientras tanto, una tormenta me avisa
"mejor vuelva usted cuando me vaya"
y una luciérnaga brilla en tus ojos
y un secreto se revela
y se acurruca,
con disimulo,
en el lecho de tus pestañas.

Juanma
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Tinieblas

Las tinieblas arrebatan mi reflejo
El aura de mi alma me abandona
En el caer de la noche hacia el espejo
Donde la reina de la sombra se corona.

Veo acercarse una nada cristalina
De recuerdos mancillados sin decoro
De una vida pasajera en mi retina
¡Qué pena que no fuera de otro modo!

Me acurruco en los silencios de la bruma
Me sumerjo en lo caótico del sueño
Agonizante como el vuelo de una pluma
Sentenciado cual espíritu sin dueño.

Juanma
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Knock-Knock-Knocking

¿Recuerdas aquellos veranos
en que no teníamos sueño
ni ningún lugar (mejor) a dónde ir
que el colchón de nuestra cama
y el clímax de nuestros orgasmos
subía en espirales al cielo?

Éramos capaces de vivir tras el tabique
de una canción cualquiera
surfeando la cresta de la ola del insomnio,
como mosquitos esnifándose el bochorno
o chiquillos en el recreo persiguiendo
los bordes mágicos de una pompa de jabón.

El verano se disecaba en nuestra retina
entre versos y acordes de Bob Dylan,
mientras el tiempo era una mentira
de telediario de mediodía
y ya nadie creía en el tic-tac de los relojes
ni llamaba a las puertas del cielo
(knock-knock-knocking)
esperando
una nueva semana sin arcadas de lunes
o un beso de Dylan por la radio.

Agosto nunca era bisiesto
ni podía retocarse con Photoshop,
así que me negaba a dejar escapar
nuestro puñado de sueños,
aquellos que aún nos mantenían con vida
cuando una manada de lobos salvajes
bailaba un twist bajo la cama.

¿Quién leerá la breve historia de cómo
el infierno conquistó
el hemisferio izquierdo de mi cuerpo?
¿Tal vez tú?

Si salíamos de casa había que ir de bares
porque a las bibliotecas sólo iban borrachos
y los poetas se inyectaban bourbon en vena
para que el mundo envejeciese tan sólo
fuera de su cabeza.

No, nunca teníamos sueño,
éramos los mosquitos enamorados de las lámparas
moribundas de nuestros tugurios favoritos,
el verano se disecaba a cámara lenta
y Bob Dylan, metido en su piscina,
se reía de nosotros, ignorantes,
porque amor que se pega a las costillas
se parece demasiado a una fractura
y te deja los huesos llenos de cicatrices
que no se ven a la luz de los neones.

Llegaba septiembre,
hecho un manojo de nervios,
llamando a la puerta
(knock-knock-knocking)
y rescatándonos en el último suspiro.

Sólo había que darle al play.

Juanma
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El lirismo de PI

A Stephen Hawking

Su mente era un enigma para el universo,
una adivinanza de lógica arrebatadora
ordenando el caos del infinito.

Hizo un pacto con el diablo del cosmos
para que la tierra y la luna y sus circunstancias
le hablasen en el mismo idioma imperecedero.

Irradiaba lucidez en las sombras de lo desconocido
con el tesón de esos cerebros generosos
que hacen del tiempo finito la eternidad
y de cualquier reflexión banal, una filosofía.

Evitando el nunca, el jamás y lo imposible
rodeaba de energía cualquier desafío
y de materia la más nimia cotidianidad.

Se vistió de ciencia para desnudarnos las entrañas,
para dotar a los números de música y lirismo
y llenar de galaxias los ruidos y silencios de la noche.

Su sabiduría la inteligencia de saber enseñar
sin dejar de aprender, de admirarse y de soñar
las maravillas y misterios de la existencia.

Un ejemplo de superación, una lección de vida.
Pi lo devolvió al espacio, a fundirse con las estrellas,
regalándonos una silla infinita de conocimiento.

Gracias a él lo desconocido parece fantasía,
los agujeros ya no son tan negros
y la física cuántica rebosa poesía.

Juanma

“El universo no es más que un poema complejo”.
Stephen Hawking
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20comentarios 258 lecturas versolibre karma: 111

Nuestros nombres

¿Qué es la vida?
La eternidad, dicen algunos,
un suspiro, aseguran otros;
mas no puede medirse.
Una incógnita en el horizonte
de nuestra limitada comprensión,
¿quién puede resolverla?
¿Cuántas vidas hay antes del cero
o más allá del infinito?
¿Cuántas nacen cada noche
de un solo beso en nuestros labios?
¿Cuántas caben en un solo latido?

Todas las que soñamos,
reímos o lloramos
se hicieron realidad,
inmunes a la desidia,
inasequibles al desespero,
ajenas a septiembre
y a todos los malditos relojes
del indescifrable tiempo.

¿Y qué hay de las que engendraremos
si debemos renacer de nuevo
en esta u otra dimensión?
Todas las que recordamos
tal vez de otros siglos o universos,
del olvido vinieron
para hacerse palabra.

En un solo latido
fundieron sus esencias,
(efímeras e imperecederas),
abandonaron sus dominios
(perpetuos y fugaces),
y cruzaron la frontera
de los agonizantes silencios,
para recitar de memoria
como en un ungimiento,
todos nuestros nombres.

Juanma
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Alfabetos de Amor

Para aprender ciertos alfabetos ocultos hay que pararse a mirar por la rendija prohibida del pensamiento, sentarse a esperar junto a los manantiales secretos y mirar cómo el agua nace cristalina y risueña de entre los guijarros oníricos de los sueños, acercarse a calmar la sed con la esperanza que sujeta la sombra al precipicio de tu reflejo para hacer de él un jeroglífico, un enigma, un ritual apenas tangible entre la niebla que se evapora. Solo así el idioma del amor se torna legible y pronunciable en los ideogramas de sus imágenes. Y solo entonces puede acompasarse la respiración al universo, permitir que invada los poros del corazón, dejar que la pasión queme y convierta en inimaginables constelaciones de magia esas pequeñas esquirlas de ilusión.

Juanma
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El paisaje de las olas

Perdiéndome en el crepúsculo
voy dejando miguitas de recuerdos tras de mí,
retazos de pasado que las olas del mar barren
y las de la vida, olvidan;
mis pestañas se enredan con disimulo
en los vaivenes del océano,
como queriendo ser ellas mismas
coral, salitre, bruma...
o blanca cresta de su espuma.

Camino por la arena nómada de la orilla
trazando con mis pisadas huellas en el susurro
de su oleaje,
cobijándome a la sombra de una puesta de sol
casi enigmática
mientras el viento revuelve y juega al escondite
con mis cabellos,
con mi esperanza, con mi sonrisa…
igual que tú.

Recortado el sol contra el ocaso,
también el agua, los distantes reflejos
sonríen envueltos en la neblina,
el vuelo de las gaviotas en el cielo,
en contrapunto al canto de las sirenas,
ocultándose entre las rocas,
la inmensa paleta de colores del atardecer,
el confuso azul disfrazado de púrpura,
de malva, de carmesí…
de arco iris pintando las nubes,
vistiéndolas de seda
y a nosotros, de versos de terciopelo.

En el horizonte las horas se esconden
en las grutas de los sueños,
los ruidos se tornan silencios
y, al compás, mis ojos se encuentran con los tuyos;
tus pupilas son adivinanzas
que esconden mil enigmas y relatos…
y nuestros labios se acercan y tiemblan
y avanzan y suspiran y se besan
como si hubieran encontrado el lugar perfecto
donde perderse para siempre,
donde quedarse a descansar
y olvidar el dolor de lo prohibido,
transformado, como magia,
en metáfora de libertad.

Hace una eternidad que anocheció
y, sin embargo, una lluvia de espejismos
y estrellas fugaces ilumina y da color al firmamento;
junto a ti me abrazo a oscuras,
arropados por la geometría de lo insondable,
para atrapar y mecer tu corazón
entre el paisaje de las olas.

Juanma
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10comentarios 172 lecturas versolibre karma: 104

El Poeta

I

Era poeta...
Su nombre nunca se supo jamás,
a nadie le importó su vida,
se dice que no tenía edad,
más que al pasado, presente o futuro
amaba el silencio de su soledad,
en su imaginación creaba universos,
mundos más allá de la gris realidad,
buscaba amor en los bosques,
en las montañas hallaba su hogar,
perseguía sombras en las tinieblas
y soñaba con ser ave y volar,
no dejó escrito ningún libro
pero poetas como él pocos hubo ni habrá,
creó de la nada una bella historia
y de sus versos nació la verdad,
loco le llamaban todos,
pero loco, ¿quién no está?
canciones, mujeres, sueños, gloria,
¿quién no anhela amor o felicidad?
si al final morimos rodeados de sombras
y en los labios mueren besos sin llegar a expirar.

II

Fue poeta...
Su sueño más bello
alcanzar a tocar las estrellas,
de noche la luna no le bastaba
y mandaba encender a su lado unas velas,
su esposa su viva imaginación
y sus hijos, sus bellos poemas,
bohemia y viajera su vida,
ardiente la sangre en sus venas,
el vino su fiel compañero
y su sombra su amiga más tierna,
vivía solo y en cualquier parte
menos en las contaminadas tierras,
allá donde danzaba a su antojo la gente
buscaba siempre él otras sendas,
¿quién dice que perdió el tiempo?
lo pierde aquel que no vuela.

III

Murió...
Y sigue, no obstante, siendo poeta.
No muere del todo un poeta,
sigue vivo a veces,
que quien quiera pregunte a su alma
si el amor o los sueños perecen,
que quien vive y disfruta la vida
gana el pulso a la muerte con creces,
que es difícil luchar por tus sueños
o nadarle de igual a los peces,
y si lo has conseguido, poeta,
ya tienes lo que te mereces,
pues no somos sólo huesos, pellejos y carne,
hay debajo mucho más de lo que parece,
que quisiera ser niño en la cuna otra vez
y tu mano, poeta, la mano que mece.

Juanma

(Un poema que he rescatado del baúl de los recuerdos. Tenía por entonces unos 16 o 17 años. Me ha traído muy gratos recuerdos encontrarlo y releerlo.)
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11comentarios 129 lecturas versolibre karma: 107

Ya es tarde

Vuelo bajo, intentando no perder la perspectiva.
Intento, cual puzle desarmado, recomponer mi vida.
Suplico por mi alma, condenada ya… ya perdida.
Cancelo, para siempre, las citas aún pendientes.
Consigo, otra vez, una retirada a destiempo.
Salto, en paracaídas, de tu piel al infierno.
Subo, sigiloso, la escalera del destino.
Desciendo, a trompicones, el tobogán de tu mirada.
Escalo, con nostalgia, montañas de recuerdos.
Pronuncio, entre sueños, palabras ya extinguidas.
Desdigo, sin hablar, lo nunca dicho.
Vierto, entre sollozos, lágrimas culpables.
Aguanto, a duras penas, el dolor de mis huesos.
Siento, y casi deseo, agrietarse el corazón.
Derramo, sin pudor, este desconsuelo infinito.
Lastimo, sin querer, nuestros anhelos recientes.
Condeno, sin piedad, mis palabras prohibidas,
mis placeres prohibidos, la cobardía de mis alas.
Caigo, con estrépito, hacia simas insondables.
Y cuando muero, cada día que amanece,
ya es tarde para empezar de nuevo.

Juanma
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12comentarios 124 lecturas versolibre karma: 107

Soy

Soy la mano que mece las olas
en los laberintos del océano,
soy la voz que canta y silencia su muerte
en la prisión del vacío,
los ojos que desnudan rosas
para vestirlas de espinas.
Sondeo en las entrañas de los sueños,
les regalo un alfabeto y pronuncio:
"hijo, aquí está tu cuna, tu nombre,
he ahí la primera y última de tus voces,
léela en mis labios, en las palabras que vierto,
antes de perderte en los misterios de lo insondable."

Soy el rocío que se evapora en la mañana,
el adiós, la renuncia, una despedida...
me escondo en la guarida del secreto
y custodio las lágrimas de los muertos
entre los signos, las runas y la niebla.
Vientos de nieve, lugares olvidados,
el génesis y apocalipsis de tus ausencias y presencias,
la aurora, su leyenda, el infierno
donde el mundo muere y tu alma se alimenta,
el dardo de tus pensamientos
atravesando carne y huesos,
desgarrando almas y corazones,
tan profundo que hasta duele cuando sana.

Soy la oscuridad vestida de arco iris,
todos los matices del negro y la sombra de los grises,
un cerezo en flor, pétalos de azahar,
la pulpa de la vida,
la primavera eterna e inmortal;
soy alondra y ruiseñor,
la tristeza en la alegría,
un faro al norte y sur de tu camino,
el dolor de tus pecados,
ceniza y polvo de recuerdos,
la luz de una luciérnaga en tu mirada.

Soy esa página en blanco,
cada palabra sin pronunciar,
las células de tu llanto y de tu risa,
la sangre prohibida y antigua,
una aurora en la noche y un crepúsculo en la mañana…
Aquello que buscas y pierdes,
aquello por lo que esperas y desesperas,
tu propia renuncia, mi olvido,
un volcán, un cuervo, una loba en celo,
el jeroglífico de la magia,
el aquelarre de sus conjuros,
tus labios, tu lengua,
una gota de sudor en tu cuerpo desnudo.

Soy la piedra de cada edificio en ruinas,
el cayado de un anciano y los harapos de un mendigo,
un cuchillo para mis venas, una sierra para tus huesos,
mi memoria olvidada y el regreso de tu amnesia,
la nada y el todo invisibles,
un acantilado y sus abismos,
tus pasos sobre la hierba, tus huellas, tu partida,
el bardo que te sueña y que te canta,
el vientre que lleva a tus hijos hacia la vida.

Juanma
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Estrellas

La rueda del infinito gira en el universo
devorando polvo de estrellas, geometrías,
alfas, omegas, crepúsculos, amaneceres,
contracciones, vibraciones, utopías...

Si fijas la mirada en el horizonte del firmamento
puedes contemplar millares de constelaciones
cubiertas por los átomos de polvo
acumulados desde el tiempo sin principio,
puedes intuir sus dentadas monstruosidades
alrededor y por encima,
en perfecto silencio,
sin agitaciones ni locuras,
puedes sentir como el manantial de lo eterno
destila el conocimiento puro y frío como la nieve
y como los párpados de cristal del cielo.

Se apaga la luz, aunque no anochece,
cantan los árboles, pero no hace viento,
¿quién es capaz de romper las ataduras del mundo
y sentarse a divagar conmigo entre lejanas estrellas?

El cosmos es etéreo, pero profundo,
el silencio un hermoso e infinito ruido,
los planetas son espacio y el espacio una ilusión;
las galaxias de la eternidad se abren y despliegan
ante nuestros mágicos ojos extasiados;
la eternidad está en nuestra mente,
pero ¿qué es la mente?

La mente es otro universo infinito
a punto de despertarse y abrirse por todas partes,
como una inmensa flor sin ángulos ni esquinas
capaz de engullir este inmenso espacio
panorámico de materia,
de arreciar como una turbulenta lluvia lírica,
de expandirse entre esas innumerables
constelaciones humanas llamadas palabras.

¡Oh, enloquecido furor, rabia, vientos de la infinitud,
dementes frenéticos luchando en siniestra lobreguez
contra el ayer olvidado, contra el mañana imprevisto,
contra la neblina de nuestros antepasados!

¿Qué son las estrellas, pues?
Una corona de sueños
para los románticos, los soñadores…
para esos poetas que,
ante las maravillas del universo,
olvidan hasta sus nombres.

Juanma
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Mosaico de Primavera

Alegre mariposa de alas
moteadas de naranja,
aleteando al sol de la mañana
de flor violeta en flor violeta.
La brisa enamorada
te lleva en volandas
al jardín recién nacido
tras el farallón.
Rosas virginales.
Fragante menta.
Salvia del bosque.
Radiantes amapolas carmesí.
Primavera de dulces espinas,
de tallos de nácar y añil.
Arbustos de verde esmeralda,
macizos de margaritas,
narcisos de oro amarillo...
Sobre ti un gusano ha tejido
su último hilo de seda,
puente brillante de luz plateada.

Juanma
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Mientras camino

Mientras camino a oscuras la vereda,
sus recuerdos consiguen, sin pudores,
adornar las palabras con sabores,
pintar en el desierto una arboleda.

Cuando sale la luna desenreda
la bruma del pistilo de las flores,
a ver si entre la noche y sus colores
reluce como el sol su piel de seda.

Se acerca a pasos lentos, indecisa,
pestañea, sonríe, me enamora:
amanece en mis sueños su sonrisa.

Amiga del amor y la deshora,
rebelde del ahora y de la prisa:
son sus ojos el cenit de la aurora.

Juanma
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Silvia

17 de noviembre.
Maldito diario:

Tras varios meses de ausencia
(casi desde el último abril
del que ya solo queda un tenue arco iris
en algunos fotogramas polvorientos),
tengo algo nuevo que contarte.

Esta mañana de ido con Silvia
(sí, con Silvia, has leído bien)
de compras a la Gran Vía,
a una de esas tiendas del centro
donde los maniquíes besan
sin censura a la anorexia.
Después de probarse nueve vestidos
he pensado, con franqueza, que para qué,
si no hay tejido mas hermoso que su piel.
(Pero claro, no he podido decírselo).
Al final se ha decidido por uno de flores
de mil formas y colores,
como si hasta el despiadado noviembre
fuese para ella primavera.
Pero si Silvia se empeña en que es primavera
florecen los cerezos hasta en la Antártida.

Después hemos ido de cañas a La Latina,
a los bares y esquinas de siempre;
ella ahora bebe sin alcohol,
y a mí, como siempre, casi me basta
con mirar sus labios mientras bebe.

Comenta Silvia:
"Enamorarse de la persona equivocada
es desenamorarse de uno mismo."
¡Qué poco se imagina ella cuán cierta
(y puñetera)
es esa afirmación!

Me ha hablado del último libro que ha leído,
del frío criminal que hace en Copenhague
del trabajo en el que acaba de empezar,
de que ya ve la luz al final del túnel...
La luz al final del túnel son tus ojos, he pensado,
verdes como las primaveras de la juventud.

Maldito diario...
¡no imaginas cuánta nostalgia cabe
en un par de palmos de distancia,
cuántos recuerdos revividos
de un lado a otro de una mesa,
cuántas primaveras levantando muros
entre su boca y la mía,
cuánta fantasía a mil años luz
de la puta realidad!

De vuelta a casa de sus padres
hemos regresado también a la infancia:
ya no está ese banco donde nos sentábamos
y tantas veces planeé besarla
cuando todavía no teníamos edad
(ni sitio)
para las tristezas,
tampoco el parque donde su risa
convertía un taciturno columpio
en una vertiginosa montaña rusa,
y un centro comercial ha engullido aquel descampado
donde jugábamos al escondite
y siempre me dejaba coger
(aunque ella no lo sabía)
por el simple placer de oírla gritar mi nombre.

"Nos han cambiado la ciudad,
el presente y hasta el futuro...
pero los recuerdos siguen en su sitio",
le he confesado.

Ella me ha mirado con melancolía
pero ha sonreído.
Hasta ese momento casi he creído
que podía salir ileso
(o con escasas secuelas)
de aquel encuentro
Pero esa sonrisa me ha derrotado...
y ya sabemos que no es posible salir ileso
de un naufragio en alta mar
o de los restos de un terremoto.
La misma sonrisa de entonces,
fascinante como un truco de magia;
la sonrisa de los recreos,
la de los cumpleaños en la calle,
la de las miradas cómplices,
la de tantas tardes en mi casa
compartiendo secretos y música,
un auricular para cada uno,
cuando las canciones eran una aventura
y sus letras himnos insondables.

La misma condenada e irresistible sonrisa
de te quiero, pero como amigo,
la de me voy a estudiar a Dinamarca
la del día de su boda
en esa fotografía con ese otro chico
que nunca fui yo.

Nos hemos despedido hasta la próxima
(quizás pronto, tal vez nunca),
con besos y abrazos tímidos.

Ya solo, sentado en el autobús,
con los ojos empañados
e intentando huir del pasado,
con su perfume y su sonrisa
aún prendidos en mi recuerdo,
he pensado en ese afortunado de la foto que,
en la próxima primavera,
decorará el suelo con los pétalos
de su vestido.

No he podido evitar odiarla,
odiarla con todo mi alma;
a la primavera claro,
porque a Silvia la amaré siempre.

Juanma
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Los patos de Central Park

Algunos sábados por la mañana
mi cuerpo es una gramola desafinada,
un guardián entre el centeno borracho
con una gorra de caza roja en la cabeza
y un revolver en la sien.

En mi mundo las sirenas guardan silencio a gritos
mientras Caperucita decapita al lobo feroz
y vende su cabeza por eBay.
Pero si un cuerpo encuentra a otro cuerpo
cuando van entre el centeno, querida Phoebe,
tal vez la puerta de la jaula por fin se abra
y podamos liberar las cicatrices
en la ciudad de los olvidos.

Algunos sábados por la mañana
mi alma es un patio de colegio,
un escaparate con resaca,
un poema y un cigarro,
el vértigo a los domingos
y a esa lluvia traicionera
que a veces nos diluvia por dentro.

¿Qué quieres ser de mayor?,
me preguntan a todas horas.
¿Qué importancia tiene eso
si a ningún adulto le preocupa
a dónde van en invierno
los patos de Central Park?

(A J.D.Salinger, que nos dejó el 27 de enero de 2010, hoy hace 8 años.
Gracias por Holden. Y también por Phoebe.)


Juanma
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Francotirador de Diccionario

Siempre fui un don nadie sin corbata,
un francotirador de diccionario,
un viajero perdido que rescata
el alma de los días del calendario.

Rimando al compás de la marea,
recito a la noche mi poemario;
es la vida del poeta una odisea,
la vida sin poesía es un calvario.

Recuerdo con nostalgia que hubo un día,
envuelto en una aurora dionisiaca,
en que soñé soñar con la utopía;
engañosa pesadilla demoníaca,
adicto al mester de canallería,
bohemio campeón de la resaca.

Juanma
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Mariposas

Él fue quién lo inventó. El juego mágico de las mariposas. Consistía en atraparlas con las manos, nunca con trucos o redes, y guardarlas en la boca antes de que se aturdieran.

Siempre hacía lo mismo. Tragaba saliva para que no se les mojaran las alas y ahuecaba la lengua. Ya en su interior, las sentía aletear buscando la salida, y casi era capaz de verlas en su mente, polinizando con su polvo de colores las flores del paladar. Notaba cómo le hacían cosquillas en las encías.

Nunca era mucho tiempo, apenas unos segundos de nada; y después abría la boca para dejarlas en libertad, para contemplarlas salir volando y, aún confusas y algo vacilantes, retomar enseguida su hipnótica danza.

Siempre jugaba a solas. Hasta que ella apareció un buen día como surgida de la nada, con su vestido azul de flores y bordados. Como un sueño, vaporosa, casi etérea... traía sus diez años apenas asomados a sus zapatitos blancos. Él apenas reparó en ella, tan concentrado estaba en conquistar y atrapar su próxima cosquilla de colores.

—¿Qué haces? —le preguntó.
—Estoy jugando —contestó él sin apenas inmutarse.
—¿A qué?
—Al juego de las mariposas.

Le enseñó cómo se hacía. Y con toda la caballerosidad de un niño, atrapó una para ella. La niña la cogió con cuidado entre sus manos, la depositó dentro de su boca, la retuvo allí unos segundos... y después la dejó libre.

—¡Ya está! —exclamó ella.
—No lo has hecho mal para ser tu primera vez —le confesó el niño.
—¿Y ahora qué?
—Ahora atrapas otra.
—¿Y después?
—Otra más.
—¡Qué juego más aburrido! —sentenció la chiquilla.

"Niñas, siempre igual; no entienden nunca nada de juegos", pensó él. Y siguió a lo suyo, buscando alas multicolores entre la hierba y las flores, ignorándola por completo.

Pero la niña volvió también al día siguiente, descalza y con unas bonitas trenzas cogidas con cintas blancas. Él la vio desde lejos, pero decidió seguir fingiendo que no le importaba. Acababa de guardar otra mariposa en su boca cuando ella se plantó frente a él, cruzó los brazos sobre el pecho y, resuelta y autoritaria, le dijo:

—Quiero que me la pases.

Y se acercó a un suspiro de su rostro, despacio pero sin miedo, hasta rozar con sus labios los de él. Abrieron sus bocas al mismo tiempo, como si fueran una sola. Dentro de esa galería compartida hubo magia, hubo silencio, hubo fantasía... y voló una mariposa.

Él se apartó un par de pasos, asustado. Ella, inmóvil y feliz, sintió un batir de alas elevarse desde la superficie de su lengua al viento, desde el viento a las nubes... y desde ahí a la libertad. Sonrió. Después salió corriendo y, ya desde lejos, le preguntó a voz en grito:

—¿Cómo te llamas?
—¡Loth! —chilló el niño, poniendo sus manos a ambos lados de la boca a modo de altavoz.
—¡Yo soy Alana! —contestó ella— ¡Y mañana quiero que me pases dos! —Fue lo último que la escuchó decir en la distancia.

Nunca más volvió a pensar que las niñas no entendían nada de juegos. Más que de juegos, sabían de magia. Desde aquel día, las mariposas las sentía en el estómago cada vez que veía acercarse a su amiga.

Juanma
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El fin del camino

En el hueco de un duermevela
te han hallado enredada en telarañas,
de rodillas frente a sombras de niebla y fuego...
Prodigios que se acurrucan en tu regazo
mientras que, con temblores en las pestañas,
les enseñas que las conjugaciones de la vida
tienen estructura de enjambre.

Te rescatan de tu propia ausencia,
de la inocencia impertérrita
oculta tras tu sonrisa,
antes de que la sombra anochezca
o de que las pesadillas te transporten
hacia el origen del principio
del final de tu silencio.

Parpadeas un "felices para nunca"
mientras izas la mano como una bandera
en son de paz;
y sujetas como puedes tus ilusiones
a un mástil inasible
mientras la furiosa tempestad
te lanza oleadas de cuchillos
de dolorosos recuerdos.

Todavía te empeñas en ser el trazo oculto
de las palabras,
en beber de varios labios
a un mismo tiempo,
en aprender a ser agua, a ser fuego,
a ser bosque, nube, néctar, cáliz,
bruma, tiniebla, humo, viento...

Te sientas en la orilla
de un mar extraño y taciturno,
insistiendo en hacerle el amor a las olas...
Porque sabes y recuerdas y no ignoras
que de esa manera inconfesable
el misterio se hace tuyo
y el secreto te envuelve
en un abrazo inenarrable.

Le preguntas a unos ojos que te escrutan
si puede llover sobre los poemas,
o si tal vez algún animal carroñero
podría mancillar los versos y estrofas
de tu esqueleto.

Volviste junto a los hijos y nietos
del exilio y el desamor.
Abrazada a tus rodillas,
frente a un acantilado de rayos y truenos
teñidos de violeta,
tu tristeza llorando un manantial
de lágrimas como puñales...
empeñada en llevarte todo
más allá de ninguna parte.

Te han visto anónima en tu jaula,
sola,
y también danzando en el ocaso.

Agazapada dentro del cuadrilátero
de la nostalgia
has hecho leña de tu pasado,
de tus errores y pecados,
pero también de tus triunfos
y esperanzas...
pues todas las manzanas que comiste
llevaban de premio un gusano.
La poderosa raíz de tus entrañas
se hunde en la tierra,
buscando calor, cobijo,
refugio, amor...

Te han visto lejos, muy lejos,
llegando al final del camino.
Como un suspiro roto.
Como un naufrago en su isla.
Apenas un recuerdo,
liviano como una pluma.

Juanma
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Lágrimas de Sal

Triste, sombrío y callado
llegaba el mar a la orilla,
un niño muerto en la arena…
¡otra luz que ya no brilla!

En las lágrimas de sal
sigue brillando su risa,
ahora está triste el mar...
¡está de luto su brisa!

Mudo el mar y mudo el cielo
están las estrellas más solas,
ya nadie abraza a ese niño...
¡solo lo besan las olas!

La marea de sueños rotos
sube a llorar a su vera,
que lo arrope con su manto…
¡que su recuerdo no muera!

(En memoria de Aylan Kurdi)

Juanma
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