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Violetas: Fragancias Vespertinas

De nostalgia se envuelve la tarde,
Me seduce su perfume de violetas
Ya que en mí, es rutina la tristeza,
La sonrisa no es motiva que me farde.
—Rio poco—
Como dije: estar triste es mi costumbre,
Nací triste; y he vivido triste.
En algún tiempo breve… fui feliz.
Esta ingente pena no sucumbe
En el fervor de una plegaria Baladí.
Ahoga mi alegría Circunspecta
La presencia persistente, de un recuerdo.
Cada tarde, cuando en mi memoria absuelvo
Las fragancias vespertinas de violetas.



Ilustración Edouard Manet (1832 -1883) Oleo sobre lienzo( impresionista) ; Ramo de Violetas—1872.
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Versos Mudos

Miradle a la cara.
Contempla inquietudes en sus ojos.
Escudríñale,
Algo Más allá de la mirada
Espera connivencia,
Empatía,
Interrógale,
¡Azotadle si es preciso!
Hazte su verdugo…
Pero…
Sedle franco
Se compasivo, misericorde.
Muéstrate al desnudo.
…y si aun así, ese verso no te habla.
Menos le va expresar a quien lo aborde.
Estas: ante un verso mudo.
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Bola Ocho (versión verso libre)¹

Me agobia el humo del cigarrillo encendido
—De bola—
Apagados no echan humo.
Sin embargo, en esta hora presumo,
A jugar otro partido.
Bola blanca, al ápice del triangulo
El ocho en la bola negra
A su impacto desintegra
Y El vértice busca ángulo.

¡Bola blanca y bola negra!
Yin yang en explosión
El tiempo en el billar no pasa
Y el deber foráneo no pesa
Lo que aquí se debe, aquí se paga.

¿Quién sería yo si me rindiera?
¿Un eructo en la espuma de cerveza?
Yo no maldigo ni en la misa,
Menos lo voy a hacer en esta mesa
Pongámosle al taco… más tiza.
Algo estúpido me está ocurriendo
No logro acertar con la buchaca.

Un tipo en mesa uno me está viendo
Desde hace rato le vengo vigilando
Como el águila.

Me escanea con mirada de buitre
No es policía, sus modales lo delatan
No tiene actitudes de mafioso
Debe ser poeta, lo adivino por su porte
Un tanto amanerado y zapatos lustrosos.
Mi contendiente va por la bola ocho
Los sicarios son macarras mal olientes
Y este tipo perfumado y bien peinado
…quizás quiera jugar conmigo.
¿Y si esta armado?
¿Y si lleva un revolver escondido?
¿Bajo la chaqueta de cuero sintético?
Pues —yo también estoy armado—
De valor y de calle, y de estupor,
Estoy curado en fragores sincréticos
Él podrá ser muy malo pero yo tengo
La calle y una navaja a mi favor
Manejada con destreza podría tomarlo
Por sorpresa.

Héctor no colabora: en su pletórico son
Dice que aquí matan a cualquiera
Y pide a la señora que agarre bien su cartera
Y «calle luna calle sol»
Sigo errando tiros, con un ojo
Puesto en la mesa uno y otro
En atención a un sospechoso
Mientras Héctor insiste en recordar
«Que no existe eternidad»
La bola ocho entró en la buchaca,
No fui yo quien la metió precisamente.
La voz de Héctor invita: «mi gente,
Lo más grande de este mundo»
El tipo de mesa uno se aproxima
¿Que mas puedo perder además de otra partida?




¹ Existe un cuento corto homónimo del mismo autor.
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Demoliendo

Entre el vaivén de la mandarria,
Hay un silencio;
Epítome de todos los sonidos.
A su término, sentencio:
El Fragor de causas plenipotenciarias,
Disueltas en el letargo de un suspiro.

Mientras va y viene la mandarria,
—Un pensamiento—
Crepita en la cabeza del cincel.
El golpe, estremece los cimientos
De la férrea estructura a demoler;
Caduca edificación innecesaria.

Sobre la tenacidad del pavimento
¡Ruge mi taladro!
Con tal ferocidad, que aberra
La casmodia edentada de los trasgos
Quebrantados en su confinamiento.
¿Y después?: hará sangrar la madre tierra.

Soy un ente anónimo sin nombre.
Llamado por todos,
Bajo el apelativo de albañil
Pretendiendo, a su modo
En su mundo construir.
Donde un punto de pasión escombre.

Amalgamando soluciones de polvillos
Adheridas a la piel.
En una nebulosa de cemento
Amarrada al compromiso y al deber.
Cristaliza el rígido universo de ladrillos
Donde convergen, realidad y sufrimiento.

El céfiro en la tarde, libertad anuncia
—Late el callo—
En la mano agreste y bagual.
La tarde viste su velado sayo
Mientras en el ocaso, el sol renuncia
Por breve tiempo a su reino sideral.

Fin de la vorágine, cesa el aluvión.
Duermen los martillos.
Descansan las palas.
Callaron los ruidos.
Y la vida acaba
En mi suave almohada, de duro hormigón.

Provincia de Buenos Aires/culminado a los diecisiete primeros días del mes de mayo, 2019
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Algo Supremo

Algo supremo; majestosamente irrefutable, terriblemente omnipotente y de una ubicuidad inmarcesible ha de tener la física como ramal de ciencia en sus designios, ya que las leyes y dios la confrontan, pero no pueden eludirla. Sobre la faz de los libros en todas las páginas de historia que cubren la esfera terrestre, por intrincado y recóndito que sea el laberinto universal siempre su efecto será determinante. La ley misma en su inquebrantable naturaleza responde a un código netamente físico como es: la propiedad que tiene todo cuerpo de cambiar de forma cuando sobre él, se aplica una fuerza exterior «Ley de flexibilidad ».
En el caso concerniente a dios, o a una multitud de ellos, —para mantener intacta la base utópica de la blasfemia, — digamos que Poseidón, luego de dimitir su reinado sobre caballos y otras bestias se entrona sobre los mares y el control de sus ciertamente poderosas olas; pero aun así, se muestra en apariencia complaciente con navíos y otras embarcaciones que usurpan sus aguas desafiándolas sin mayor tributo que una justa relación de densidad entre materia y volumen. Cuestión de un equilibrio benefactor en la sabiduría de Arquímedes discernido entre lógica y fe.
La lluvia, las tormentas con sus rayos y centellas en los agrisados cielos Aztecas pudieron merecer un gran número de ofrendas a Tláloc —dios dominador de rayos—y estas no fueron suficientes para contener la ionización de nitritos y nitratos hidrogenados en los bolas de fuego celestiales que más tarde el léxico científico llamaría rayos globulares.
Desde la oscuridad que suele teñir de luto mi pusilánime aptitud pensante, surge la negación de atribuirles a los dioses facultades demoledoras, en cierto modo carente del sentido conciliador y edificante como corresponde a la solemnidad de un dios; sería como asentir que hay algo de perversión en su conducta o una especie de patología propia de mortales. Acepto la propiedad de ínfima partícula predecible y mortal que me atañe dentro del vasto universo, en la extensión de esa vaga idea, no seré yo quien dictamine porqué caen los puentes. Tengo la sospecha de que no es porque dios quiere, sino por insuficiencia física.
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Cuerda de Birimbao

Me andaba buscando, yo lo sabía, con una filosa navaja se acicalaba las uñas a la salida del callejón —parecía la imagen de perfil de EstebanPerezSán— a mi corta edad, el miedo había silbado tantas veces en mis oídos que sus desafíos no causaban las típicas alteraciones que suceden en los esfínteres.
Simulando una imagen comprada en alguna película de vaqueros de bajo presupuesto, me salió al paso, la navaja en su mano, reflejaba la luz de un destartalado farol incandescente que guindaba de dos cables, donde un enjambre de moscas, pernoctaba la última noche de su fugaz existencia. Ese barrio era tan peligroso que ni la luna le entraba, no podía reflejar otra cosa aquella incisiva cuchilla.
—Tenemos una cuenta pendiente, dijo con densa cólera.
—No peleo por mujeres… Intenté responder, pero fui interrumpido por el furor de su voz acalambrada por la furia.
—Pero yo si… dijo como como un trueno, mientras apretaba los dientes.
(Pensé; no lo dije)—cuidado y te muerdes la lengua, maricón, porque me manchas mi camisa de la suerte— solo lo pensé, no lo dije por no avivar mas las llamas de aquel dragón que se abalanzaba sobre mi tirando navajazos como hélice de helicóptero. Yo reculaba esquivando las puñaladas y buscando el balance con las dos manos, bailaba una danza mortal marcada al ritmo elíptico formado en el aire en cada navajazo. —Por no aprender capoeira— me recriminaba el sub consciente cuando mi combado y esquivo abdomen emulaban la cuerda única del birimbao. El sempiterno charco de agua putrefacta consecuente en todo callejón marginal, me salvó de las heridas —dudo que ese pendenciero tan inexperto y torpe pudiera matarme— el tipo resbaló y se desplomó de espaldas sobre el hormigón que lo esperaba sin efectos de amortiguación, vi como la pulida navaja se desprendía de su mano y giraba en círculos por el aire, confirmando su extravió en la oscuridad con el célebre trik, trik, trak, —ya no la consigues mas —
El viejo farol dio lumbre suficiente para ver la palidez en aquel rostro boca al cielo, privado por el porrazo y a falta de voz, con los ojos pidiendo clemencia. No lo toqué, —lo puedo jurar— De ese suceso no quedó ningún testigo que registrara los hechos en su memoria, el barrio a esa hora dormía, el callejón estaba tan solo como la cuerda del birimbao.
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Aleteos: en Sinergia Con @Saltamontes; Dos Visiones De Un Común Estado De Insomnio

«Agradecimiento profundo a Pedro Calzada el popular Saltamontes (Gran Maestro de este arte ) por acudir a mi convocatoria, mi admiración eterna y mis respetos»

Lástima que no es verano,
Y no pueda conciliar el sueño,
Lástima que a este pensamiento
Indómito,
Le plazca volar de incógnito
A la tierra donde nací.

Lástima que esté el invierno próximo
Y la frialdad no deja deslastrarme
De este insomnio
Causante de dolores en mí carne,
Pues mis pensamientos,
Insisten en volar a donde tú estás.
Lástima que no es verano,
Para salir a la terraza.
Y meter el aire, todo, en mis pulmones.
Para que el pensamiento pare de aletear
Buscando alzar el vuelo
A las oscuras callejuelas de mi pueblo.

Lástima que este frío me condena
Al encierro: que provoca dolores en los huesos.
Lástima que el pensamiento
Siga pegado a estos aleteos.
Si sobrevivo a este frío invierno
Echaré los huesos que me duelen,
De comer a Timoteo.

Sí, sobreviviré al invierno
Y renovados mis huesos
Cesarán los dolores de mi carne
Lástima será relegada al foso de los lamentos
Porque todo lo que tiene un comienzo
Irremediablemente se encamina a su final
Ya no de incógnito volarán mis pensamientos
Con nuevos aires sus firmes alas
Planearan en descendencia y emocionado
Besaré la tierra que me vio nacer.

No importaran las estaciones
Sea primavera verano otoño… o invierno
Ninguna impedirá a mis pensamientos
Ni a mi viajar a dónde estás

En mi terraza o en cualquier rincón
De nuestra madre tierra
Revitalizados en mí los dos pulmones
Aspiraré en mi pecho el aire puro
Para soltarlo al gritar a los cuatro vientos
Diciendo a mi pensamiento — ¡Vuela!



Foto: el imponente Timoteo.
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Séptima Y Segunda

En aquella hora iluminada por los rayos que partían el firmamento y la oscuridad, un experto tallador volcaba su pericia sobre las betas de un fragmento de denso ébano, perseguía la proximidad cernida en los límites de un acabado acendrado; al punto de la obsesión.
Ocurrió el séptimo día, a la segunda hora de la madrugada, en un año incrustado en la cronología de un siglo que no fue registrado por la historia. Más, advertimos por intuición, su posteridad a la edad de los metales. La efigie cobró la forma que la imaginación del hábil artesano, a su vez, había intuido como perfecta —valga decir que la intuición a veces se aleja de la razón— agotado por la fatiga de aquel dedicado esfuerzo, de su mano, de su intelecto, de su pasión, devino en buscar una utilidad para aquella obra, su orgullo la consideraba una autentica beldad. La plantó a merced de la intemperie, donde su negritud, absorbiera los lánguidos destellos de las escasas estrellas de turno. El sueño lo venció sin antes de definir un destino practico a su proyecto. Durmió esa séptima noche, las horas necesarias para restituir el gasto de las células conductoras del vigor.
Al despertar, la sorpresa rebasaba las fronteras de su propia ingenuidad: flores, frutos, hermosas hojas del follaje, cantaros con leche y miel adornaban la inerme estatuilla — su creación— ahora presa de la adoración, había abandonado la fugacidad impresa en el olvido de los humanos, había superado la brevedad de sus propias existencias, hombres y mujeres, le atribuían omnipotencia y harta sapiencia en curación, buscaban una pisca de conveniencia basada solo en la intuición.


27-4-2019
Ilustración: Mujer Africana tallada en ébano, tomado del archivo digital de Dreamstime
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Soneto del Miedo

Contrario a tu estéril voluntad
Me sumo al ominoso juego,
Hasta que traspase el ruego
El muro que circunda la ciudad.

Blandieron la hoz de la equidad
Sobre calaveras hartas de fuego.
Tú promesa, hipnosis de los lerdos
Afrenta nuestra frágil libertad

No basta el miedo para asentir.
A la infame horda de tus huestes
Dame Una sola razón a dimitir

A la gloria inmensa que merece
La tierra en que soñamos construir
La verdad, ahogada entre tus fauces.


Año 2009.
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Espacios Finitos

Los espacios que dividen un reloj, siempre estarán ocupados por citas, algunas con seres, otras con eventos y miles con inventos; inventos que aceleran los latidos del corazón y que nos conducen a mundos infinitamente desconocidos, al menos esto sucede durante los primeros años de vida, luego, la experiencia marchita ciertas emociones y convierte lo especial en cotidiano, en un punto de nuestra existencia nada parece inmutarnos, o sorprendernos, es el precio que se paga por saber, esa sabiduría tan anhelada y perseguida produce un letargo emocional que suele transformarse en hastío; por eso exploramos, reinventamos y afrontamos miedos y enigmas como si quisiéramos alcanzar de nuevo esa inconformidad que proporciona la juventud, pero ocurre que ya no se siente lo mismo que otrora, las palpitaciones ya no tienen el mismo eco, los sabores alcanzan un termino medio, ni tan dulce ni tan amargo los sonidos dejan su carácter ancestral para tornarse ubicuos. Todo parece ser común, incluso la desaparición de los espacios que dividen un reloj.



Junio 2015


Ilustración: Tienda la azucena , la casa comercial mas antigua de Cua, Estado Miranda, Venezuela. foto de autor anónimo.
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La Resurrección Ocurrió un Domingo

En mi mano pende una botella
De envasado popular, cincuenta pesos (blend) Borgoña
Para consagrar.
La estupenda moña
Que el domingo de resurrección me voy a dar.
Así pasan mis horas.
A veces, renegando de la fe de los terceros
Y bebiendo.
Otras veces, en la paz de sinfonías
Oyendo
Mahler, Shubert, Dvorak
O el lado opuesto…
Un sabroso guaguancó…
Palmieri, Oquendo, Mon Carrillo.
Y el timbal le da, y yo me entono.
Y al ritmo del tambor.
Convulsiono.
—Asuntos que los negros entenderemos—
La cintura de las negras me apasiona
Como mueve “mami mueve tu cinturita.”
Estremera, Chamaco, Larry Francia
Los tres con apariencia malandra
(Señores en la brutal realidad)
Con una misión común:
Compartir mi trozo de alegría,
Aquella que me permite la vida
Cuando se le ocurre borrar
Las penurias del exilio.
Cuando un palo pá rumba
Me recuerda que “la amistad cuando se da no se devuelve”
El sol salió más claro el día de resurrección:
Lo mismo pasa el quince de octubre
Día de mi patrona; la virgen del Rosario.
Esto es para los poetas que no tienen fe.
—Como quien suscribe—
Debussy era un genio reprimido,
Cristo nos embarcó en una cruzada inconquistable,
Zamora odiaba a sus propias vacas… y a los blancos
Y Oquendo fue el mejor percusionista que tocó
En la banda de Palmieri.
El mundo gira…y el borgoña surte efecto indetenido
Yo seguiré reconstruyendo aquello que soñé
Como en los cuarenta y dos kilómetros
A paso lento pero sostenido.
Resucitaré un domingo cualquiera,
Cuando regrese de mi progresiva
E infausta muerte.
Abriré las puertas de mis fábricas
No me refiero a las tomadas por
Codicia de revolución
Sino a las que llevo en mi mente, en mis manos
Y en el centro de mi corazón.
La resurrección puede ser una utopía
Pero para mí será…
El combustible que brinda la energía.



Ilustracion: Talla en madera policromada de Pascual de Ipas que podía verse hasta el año 1975 en el museo Diosesano desde 1879.
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Amarillo y Purpura

Estarán floreciendo en mi pueblo los mangos,
Araguaneyes y apamates. Afanados porfiaran
En vestir de purpura y amarillo al decrepito follaje,
Y la tierra seca y ocre las chicharras anidando,
Para llenar con su opereta el silencio del paisaje.

Mi perra, a la media noche aullará a la soledad
Extrañaran su presencia los gatos de la cuadra
—Ya no sale a perseguir mi trote por las calles—
No se sabe si es llanto lo que emite cuando ladra,
¡Echa de menos mi llegada cada tarde!

La herrumbre habrá oxidado los candados
Del galpón, donde echaba andar mis máquinas
Para dar Sustento diario a solícitos brazos
Subrogantes en latir de esencias mágicas
Compartidas entre los trémulos ocasos.

Mi huerta: será solo un terrenal baldío.
En su ficha catastral y otros asuntos
El comité de tierra dispondrá su uso.
Y la maleza crecerá al libre albedrío
En las tumbas donde moran mis difuntos.


A estas horas mis amigos
Pagarán promesa al nazareno;
Me refiero a los que quedan vivos
A los que la lluvia del invierno
Traerá aires de fecundidad.

No a los que quedan en el recuerdo
Con trazas de afecto pendientes
Como cuentas aun por honrar
En el débito de los acuerdos
Que no se libran con la muerte.

Purpura y amarillo
De todos mis abriles
De todos mis afectos
¿Cómo pude dejarte?
¿Cómo puedo pedirle
A esta nostalgia que me deje quieto?
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Poco Menos Que Un Algoritmo

Con el crepúsculo del alba, en cada amanecer
Se disuelven viejas rúbricas borrosas en tinta orgánica,
Ante la invalidez padecida por el honroso valor de la palabra
Irrumpe un laberinto universal de vigilancia en fibras y cables.
Nos volvemos código binario cifrado en redes cibernéticas.
Al meridiano, no seremos más que un haz de claves secretas
Y al atardecer, una seña trazada a la fuerza como huella biométrica
Encriptada en una enciclopedia digital de libros sagrados.
La incipiente noche, en transfusiones de sangre sintética
Regará los bosques conformados por antenas electromagnéticas
Decretando la asunción de un moderno ser, profundamente automatizado.
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«Sonear»

Tal vez, remotamente exista una conexión extra sensorial, quizá unida por una fibra acústica que implica un punto de partida común, por encima de alguna posible pretensión espiritual, un elemento donde convergen todas las vertientes rítmicas y armónicas para impregnar de carácter universal y redentor el lenguaje más popular del planeta: la música.
Por eso tocábamos, cada vez que las obligaciones daban una pausa —tocábamos— sonaba una cuerda, un cuero o un metal, con dos propósitos bien definidos: sonar y soñar. La afinación de la voz era una menudencia absoluta, era más ponderado el entorno, la sombra de la Acacia floreciente, alfombrando de rojo con exquisito aroma. El tres y la guitarra, el bongó y el cencerro y por supuesto, las volubles figuras femeniles, derrochando juventud y una gracia excelsa en una danza espontánea, fresca con algo de irreverencia. Verso, ritmo, poesía y melodía daban rienda suelta a esa propiedad intima de sonar y soñar que acierta en su capricho de volar sobre el azar y sus consecuencias; sonar y soñar, vaya placida manera de conjugar dos verbos en uno solo inexistente, cual la presencia de un afable fantasma: “sonear.”


Fotografía. Calle de nueva York 1977 de autor anónimo, mostrando la juventud de Franki Vasquez y Louis Matos. (los dos que logro reconocer)
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Orgánico

Me están matando las hambrunas.
No las manifiestas en los órganos,
Sino las inherentes al pensamiento
Un hombre hambriento y con ideas
Estructura su bitácora de alimentos
Es capaz de sobrevivir, aquel lugar
Donde los hartos lerdos, blasfeman
Graznidos culpando por su miseria
A otros miserables que han sufrido
Y muerto en defensa de su guarida,
O asesinando en otras tierras fieles
Al legado memorable dado por Caín.

Me matan las infames hambrunas,
Las negadas por los impíos tiranos,
Aquellas erigidas por la ambición
Sustentadas en promesas vacías
A nombre de revoluciones fatuas
Las que rinden culto a las estatuas
Más, que al famélico infante muerto
De hambre por impúdica arrogancia
Las que ahogan de sed y de miedo,
Las que expresan odio en metralla
Y no en palabras, ni en la letra fiel
Que rigen los tratados y convenios.

He muerto a causa de la hambruna.
No el producto tácito de la inanición.
Sino aquella que nace en cobardía
O en provecho de capital compartido
Por lo común apostado en corrupción.
Es la hambruna letal más destructiva
La que yace en el símbolo de libertad
Condicionada por los todo poderosos
Que asumen tener la verdad de cada
Cosa y razón de cada causa y efecto.
Lo que mata no es el hambre orgánica:
Es el hambre del alimento fundamental
De la sagrada libertad.
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El Cristo Azul

Al este del malecón de Choroní , montaron un enorme Cristo en lo más alto de un cerro cuya vista se extiende hacia el mar, se ha dicho, que en algunos días muy soleados y secos de los meses de febrero, marzo y octubre este suele irradiar un haz de luz de una profundísima intensidad de azul, la cual posee efectos curativos y milagrosos, pero solo puede recibir sus beneficios quien logre colocarse bajo su alcance, el radio de acción de dicho efecto luminoso, es sumamente inconstante y por ende, difícil de determinar una posición aproximada en la inmensidad del mar; de allí que muy pocos lugareños hayan podido apreciar tal fenómeno, y es menor aun el número de personas que han recibido sus favores.
Una de las leyendas cuenta que unos pescadores que regresaban de una pésima jornada, fueron alcanzados accidentalmente por los efectos azules del Cristo, segundos después, cardúmenes inmensos de peces rodeaban la barca.
También se tiene referencia de un niño bizco que pudo enderezar su mirada tan solo con ver el índigo haz emitido por el Cristo.
Jean Paolo Terso, quien en su haber posee una vasta experiencia como marino, muy experimentado, y de grandes habilidades en el campo matemático, asegura conocer un lugar en el mar no muy lejos de la playa desde, donde se puede percibir aquel fenómeno tan inusual en dos, tres, (tal vez cuatro) veces al año con un margen de error de metros escasos, y en fechas distintas e inconsecuentes; sin embargo, no daba garantías de las bondades sobrenaturales de tal efecto. Se tomó la molestia de explicarnos el evento desde el punto de vista trigonométrico desarrollando las ecuaciones en un pedazo de papel marrón residuo de una bolsa de las usadas por los panaderos para envolver el pan, así también, sobre el mismo papel, mostró la hipotética ubicación del área —dibujó un maltrecho mapa— y también disertó sobre el origen de la luz y su misteriosa tonalidad; argumentando que todo era producto de microprismas de nácar que se volatilizaban por contrapresiones sobre el volumen de agua marina y que las mismas tenían su origen en la erupción de diminutas piezas de Aragonita que acumularon gases tóxicos en su interior durante su proceso de formación, entonces, dichos gases debían ser expulsado del fondo del mar por autoasepsia. De modo que estos microprismas actuaban como amplificadores sinoidales sobre las desviaciones sufridas por la luz solar por la interrupción de la imponente imagen bajo cierto gradiente en la temperatura y humedad especifica.
Toda esta cátedra se llevó a cabo en una acera de la calle Miranda de Choroni con palabras aderezadas y acentuadas con tragos de una güarapita local.
Enio Vandermosth: quien de por vida siempre fue en extremo escéptico minutos después, destronó una a una, todas las teorías expuestas por Jean Paolo Terso, —siempre con un tono conciliador y una seguridad inapelable— reconstruyó cada función trigonométrica con un trocito de bloque de arcilla escribiendo sobre el hormigón. Y al final, con voz solemne concluyo qué: sí Jean Paolo Terso era un ser imaginario, entonces en consecuencia, esta historia también debió ser imaginaria.



Ilustración: El cristo de Choroní; visto desde el malecón de Puerto Colombia, tomada por Carlos E. Perez, dciembre, 10-2017 Choroní Estado Aragua Venezuela
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Poeta No Tumba Puentes

Los construye, no desde la óptica pragmática de la ciencia numérica, sino desde otro universo indescifrable y laberíntico donde la huella genética se entrevera con el entorno. Un verso es una entidad magnificada en una contundencia pasiva, que no intenta avasallar, sino convocar a la confraternidad sin militancia, aunque milite, no pretende someter sino convencer, no procura confrontar sino disuadir por medio del sentimiento.
En el vasto y atribulado devenir contemporáneo, ya tenemos enormes y poderosas flotas de centros de destrucción, no solo de puentes, sino de todo cuanto la naturaleza y el hombre mismo han sido capaces de edificar e imaginar.
La palabra, puede corroer y puede sanar, todo aquel que la usa, debe ser consciente de su efecto, desde luego, que no es una actividad con severa propensión al peligro como guiar aviones, trenes y tanques de guerra u operar metralletas, pero un mínimo de responsabilidad atañe a su modulador.
Yo, desde el insignificante y diminuto umbral donde yago a espera de mí última fracción de tiempo de respiración, me propongo usarla para construir.
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Gabelas De Sombra

Fragmentos de viejas tristezas, cargadas al hombro,
Como andan los santos, sobre los devotos,
Amorfas imágenes vagando en trasnochos
En borrosos paisajes de ensueños ignotos.

Penas tan grandes,
Capaz de proyectarse en la sombra.
Masa sin peso ni volumen hundiéndose,
En medio del mar
Como bala de cañón,
—Sí, bala fría— sin huella ni onda.
Cuyo mustio recuerdo, abriga residuos
De un pasado letal.

Velero fantasma a la deriva,
Sin rumbo cierto
Sus estropeadas velas,
No sirven al navegar
Son velas prendidas que alumbran a muertos.
Como yo, que sin morir,
he perdido la vida.

Marzo 29,2019
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Cierro Los Ojos Para Oír Mejor

La noche preñó de sonidos el espacio con una irreverencia inusual, alrededor de una improvisada tarima, cuerpos volubles se agitan al compás de una música sorda y descarriada, con un tinte propio, ajena a toda estética danzas y sonidos forman un espectáculo visual amable, complaciente y placentero. —Como en la fiesta de Serrat— por esta noche todos estarán vinculados por las disonantes notas que desflora el arrabal, el aire toma un raro aroma de sudor alcoholizado, atrás, quedaron los putrefactos vahos de las excretas humanas sobre el pavimento, el hambre y la sed son recuerdos pasajeros tras el trago de cerveza caliente. Por lo pronto, solo importan dos cosas: la música y el baile. Las miserias internas no saltan a la vista, las externas, son mucho más tangibles el entorno no los puede detener ni por un segundo, la cacofonía adquiere niveles sublimes en aquel orificio indefinido del cuerpo humano que llaman alma, el baile lía al ritmo de un tambor deliciosas caderas sensuales en un vaivén impúdico, los rostros emulsionan en un torrente de gozo donde nadie tiene edad propia sino el promedio determinado por la edad del ritmo que se deja oír en todas las oscuridades, en todos los silencios. Como un hada madrina la madrugada llega con su manto de fría realidad, el cansancio hace su exorcismo en aquellos cuerpos que al fin y al cabo no son mas que de carne y hueso, que llevan en su pecho y sus cabezas inmensos pesos de pasiones y tormentos, gentes cuyo reducto torpe y miserable adquiere formas felices con las sobras que otros arrojaron al mismo espacio donde el ruido se hace música. El hambre retorna a sus fueros aniquila los visos de alegría que puede brindar una noche de cualquier carnaval urbano, el rey peligro, vuelve a su trono cobrando impuesto de sangre en las esquinas, prevalece el mas ruin y felón de los sentimientos en las despiadadas manos con extensiones de acero, a lo lejos, una sirena que se aproxima sin garantías de llegar a tiempo, perturba el hondo eco que dejaron los tambores en mi mente, apoyo la mejilla sobre el hormigón de la acera mientras mi sangre se mezcla con el orín que viaja con agua negra por la cuneta— el bajo aun resuena— aprieto los puños y cierro los ojos para oír mejor.


Ilustración: (c) Enu/ Dreamstime
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Fruto de La Madrugada

La fría lluvia de la madrugada nos obligó a buscar protección bajo el precario techo de la parada del bus. La luz de los relámpagos me dejaba ver que era bella. siempre encontré misterioso el evento fundamental de la lluvia y me gusta oír caer las gotas sobre los techos, sobre el follaje y el ruido del agua cuando impacta con las piedras. Ella no paraba de hablar, así que para obtener el preciado silencio, con gran ternura, besé sus labios; cesó la lluvia, se fue la madrugada, ha salido el sol y aun continúo besándola.



20 enero 2015
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