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Ritual de Fuego Dominical

El Cabernet Sauvignon,
No siempre sabe igual.
Su sabor cambia,
De acuerdo a la compañía, y al lugar.

Para un paria, todos los días tienen el mismo perfume
Un domingo es similar a diez mil lunes.

Toda desdicha pasa una etapa de flagrancia
Hasta entender:
Que no hay ausencia sin distancia.

La ignominia siempre hallará
Quien la consagre
Imposible hacer la guerra,
Sin tomar sorbos de sangre.

Quisiera ser una entidad optimista
Más —mi realidad —está a la vista.

Un hombre vivo que pierde todo sin jugar,
Ganar: fue un verbo que nunca pudo conjugar.

No existe una real cohesión entre: la razón y la cordura.
Debieron ser muy cuerdos los pagadores de judas.

Los fabricantes de armas,
Han de tener conflictos de Dialéctica
De lo contrario, venderían armas anestésicas.

Cada domingo en la tarde hay un ritual:
Quemar las ilusiones;
Que en siete días, no logramos realizar.


Ilustración: Quema de los ídolos y documentos Mayas. mural de: Fernando Castro Pacheco (Mexico)
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Galimatias Cosmopolitas

Atraído por los destellos nocturnales de las luces citadinas, el sujeto se internó calle adentro buscando sumirse en los románticos efectos, patentados por el mágico universo de plasma y cristal liquido.
A su paso iba descubriendo — sin ganas de aprender—, estropajos psicosociales edificados en parcelas mentales libres de impuesto a la renta capital, que su vez, se esclavizaban a infra pasiones infinitas.
Intuyó, que el brillo de un puñal bien afilado, salía más barato que las luces que acompañan a los hombres que se embriagan de moral, que los precios eran producto del rencor que se expresa en los manuales impresos en las academias de economía, aprendió, rompiendo botas, que las calles no están hecha solo de hormigón y pavimento, también se forjan con sangre derramada por puñaladas en la carne y coagulada por la hambruna equinoccial de los inviernos. Así, se iba abriendo paso en un cosmos propenso a la apostasía, en un mundo delimitado por la confrontación, donde los metales solo se valoraban por su capacidad de producir dolor con sus aristas, fue rodeándose de gente con la mirada obcecada en hábitos alucinógenos, incursionó en el mercadeo de caricias y fue legitimando los besos como medio de pago por amortiguar los acosos de ciertos apetitos.
Fue creciendo en su altar de bases escatológicas, a la vez que compraba inmensas porciones de protección espiritual y purificación esotérica que lo hicieran invulnerable a los supuestos daños que viajan en la mirada de los envidiosos. En ese trayecto, las etiquetas exhibidas en lo que fueron sus harapos, atrajeron monstruos, monstruos terrestres de aire y de mar, fornidos cornudos y corpulentos, emitiendo ruidos infernales e inmolando la miseria aparente con llamaradas verdosas cuyos efectos después de su extinción, perduraron por años en los parpadeos del sujeto.
Se creyó inmune a toda especie de prisión y la honestidad la causaba severos estados de alergia, sus amistades tenían un precio variable de acuerdo al nivel de lealtad, concibió que una bala, fuera el mecanismo más eficaz de romper una amenaza. Se hizo fanático de los sistemas más emblemáticos de destrucción, y llegó a adorarlos más, cuando comprendió que podía corromperlos más allá de su concepción primaria.
En su reinado ignorante de coherencia, no fue capaz de vislumbrar la fugacidad perenne en toda madrugada ni la rapidez con que se evapora el dulce artificial que tiene el dolo, intoxicado por su propio veneno interior, el sujeto y su séquito de monstruos flameantes amplificaron sus vicios, exponencialmente aumentaron su codicia y exageraron su confianza en los gurúes que dan al crimen carácter de redención social.
En un arrebato de cotidianidad y fascinado por la insustituible sensación que esta produce, como emulando el estribillo de una canción urbana: “por última vez entró a la tienda del barrio”, quizás por cigarrillos, quizás por caña; nunca por condones. Al salir, la costosa chaqueta que algún modista renombrado diseñara con tanto esmero, era perforada por una lluvia horizontal de plomo lacerante. Eran los ruidos de los monstruos que se ocultaban en las ciudades, aquéllos que las banderas nunca dejan ver, pero que se oyen con frecuencia, diluyendo toda presunción de sanidad en la psiquis colectiva, demostrando que los abrigos caros no protegen del frio abismal de la muerte, confirmando la fragilidad de los reinados cuando la amalgama fundamental de sus columnas es el excremento, ratificando el instinto biológico que tienen las poblaciones de autoprofilaxia, aunque el brazo ejecutor, conforme el mismo circulo ya viciado propiciado por la supervivencia.

Ilustración: Jan Van Eyck; El Juicio Final (detalle)
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Sueños Melómanos (los consentidos de Ruben)

...Con cariño para Lidianny, por echarle candela a los dragones salseros que habitan en mi pecho.

Entre aromático humo de tabaco
Miraba tus ojos, centelleantes en el aire,
Notaba la complicidad y el desacato
Entre la música que escuchas, y mi baile.
Propulsiones que se tornan instintivas
Amalgaman mis pasiones y tus vicios
Una taza de café, bien compartida
Simboliza mi desvelo y tú somnífero.

En el bullicio de tambores, ya te has ido,
Balanceándose graciosa tú figura en el andén
Siento tu voz en mi inconsciente y en mi oído
Susurrando jubilosa las canciones de Rubén.
Solo me queda el remordimiento del olvido
Soberbio accionar del azar en la baraja
No recuerdo si fue soñando contigo…
O Juan Pachanga… Paula C… o Pedro Navaja.

Un domingo de febrero, si no falla la memoria.
Unos versos prodigiosos en la página encontré
Titulados con acierto: Rubén, tabaco y café.
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Liturgia al Ritmo de Tambores

Membrana de cuero animal orlado
De influjos míticos y herencia africana.
Emitiendo ritmos vibrantes de manos
Invocando ruinas de danza profana.
Se escuchan tambores sonar en la noche
Llorar en lamentos de la esclavitud,
Canto religioso coreado en las voces
Por negras gargantas de origen bantú.
Golpe abierto De los Carnavales,
Tono ahogado; Impugna la estética
Golpe seco Floreando en clave,
Liturgia blasfema en corte sincrética.
Quien no haya hablado el idioma tambor:
¡Que Toque!...o baile para siempre.
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Carpe Diem: Fructifica

Toma del día todo Cuanto necesites para ser feliz
La felicidad,
Tiene broncas terribles con la eternidad en su directriz,
Concurren momentos de espontaneidad,
¡Muy breves!
La felicidad es ahora; o no será.
—Puedes elegirla.
Las penas ya están predeterminadas
Al nacer.
El porvenir no es digno de fiar;
A todos nos aguarda con un epitafio.

Abraza una idea,
Vislumbra un sueño
Constrúyelo, amalo.
Ser feliz dignifica.
Superas las teas
No inmoles tu vuelo,
Intúyelo, diagrámalo.
Pero…
Sobre todo: Fructifica.
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La Turbonada

LA TURBONADA
El viento insomne que viaja de madrugada, de modo impertinente entra por mi ventana, emitiendo con rigor el susurro pedestre del pavor. Afanado en apegarse a conspicuos teoremas que tratan la mecánica de los fluidos invisibles, manifiesta sus travesuras en agresivos remolinos que dejan una estela de hollín y polvo sobre los objetos que bruscamente acaricia, luego, sale del cuarto con axiomático enfado y desciende las escaleras cual infante malcriado; Silva, ruge y espanta. Abusa de la levedad de cuanto objeto capaz de romperse encuentra en su trayectoria.

Encolerizado, gira alrededor de las sombras que enmudecen el salón donde está el piano, doblega las bisagras haciéndolas gemir en la gama de frecuencia atractiva a espíritus que yacen en el limbo, los convoca a exponer sus cadavéricas efigies en los espacios tomados por el miedo, infames calaveras aceptan la invitación eólica y se hacen espectadores de esta tenebrosa pesadilla; con entusiasmo, aplauden una pirueta magistral de compleja representación meteorológica, cuyo resultado exponencialmente, sitúa la masa de aire sobre el vértice de un cuadro de la serie “niños llorones” ; —siempre he sido un hombre de ciencia. Mi asombro no encuentra atenuantes. La turbonada puso la imagen contra la pared, la mortecina lumbre en el lúgubre espacio me permite leer al dorso del cuadro: Bruno Amadio, 1920.

Cua, 4 septiembre 2017. Extraído del ludicoognimodblogspot.com el 2/2!2018
Ilustración: Bruno Amadio #2, procedente de Ecu Red.
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Circular—Isotrópico—Cronologico (Oferta 3x1)

«Yo suelo regresar eternamente» Jorge Luis Borges.

El pasado es un arco orbital, suspendido
Sobre el ángulo alfa de su propio seno.
El presente; es una escala en el averno
Un segmento diametral y anodino.
El futuro: es la adyacente en el camino
Ataviado en la noción, retorno eterno.
Lo pretérito: es perpetuo;
¡No lo podemos cambiar!
El presente: es efecto:
Del ayer; —lo conjeturo;
Viaja el tiempo circular
En la innegable incertidumbre del futuro.

Explosiones, estacionarias, inflaciones
Oscilantes.
Retales de la creación, en rígidos axiomas.
Establecen conexión de algún rizoma,
En los márgenes del tiempo vinculante.
Secular, cual gravidez, el vértigo se forma
Multiplicado en universos distantes,
Creando un laberinto hipnótico
Senderos paralelos disemina
Y en la franja temporal se determina
La vigencia de un tiempo isotrópico.

¡Ah!.
¿Y la visión del dios de las edades?
Amurallado en las galimatías
A diferencia de la cosmogonía,
Nos da ilusión de cíclicos mortales
Donde,
La materia se nos presta de finita
En cada átomo de cosa
En plano físico letalmente biológico
Hay cierta presunción luctuosa.
En relación con el espacio que gravita.
Dentro de un breve tiempo cronológico

Provincia de Buenos Aires 08/02/2019
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Ruido Disperso

Me propuse divagar, con la excusa premeditada de que hay demasiado ruido a mí alrededor para hilar una historia, o para intentar describir un suceso que jamás ha ocurrido, o en su legítimo defecto, exagerar los acontecimientos ya pasados hasta el límite de lo apoteósico.
No es síntoma de agotamiento en ninguna de sus fases — lo juro, — no estoy cansado, solo que a mis sentidos llegan voces clamorosas de cosas que la mezquindad perfila imposibles. Tengo algunas ideas licuándose en mi cabeza que interfieren con esta lánguida vocación de holgazán. Pero es grande el escándalo de las escaramuzas por espacios, por fronteras, por trivialidades terrenales, por brazos de poder que me he negado, a presumir de unas técnicas que desconozco, y de conocerlas, seguro no las dominaría ni tendría interés alguno en lograrlo. Prefiero mendigarle a unas musas; (en las que no creo) una metáfora que despunte en su finura o alguna obesa rima sin el pasaje lujurioso del deseo. Navegar por esos mares sin rumbo, donde el pensamiento se hace libre de primigenias ataduras, sin conceder compromisos, prescindiendo de plazos y tarifas, entregar la desnudez de mis entrañas a las pluriformes expresiones de albedrío.
Los pretextos siempre tienen validez cuando se trata de eludir algún deber, pero mi laxitud no precisa de uno, va por pequeños mundos, oculta en el horror de los crímenes que se expenden en las pantallas de los televisores del gran mundo, del mundo mayor, ese que a todos nos domina y que se encuentra en las avenidas , en las callejuelas que no tienen salida, o en los caminos anchos y abiertos donde copiosos arboles, aptos para el albergue de los pájaros ofrecen sus frutos en la misma rama, donde, se ahorcara un desdichado jovenzuelo presa de la depresión.
Sin anexión alguna al estilo o al rigor de la norma, transito por precarias construcciones despojadas de el arquetipo artístico, prosigo sin intenciones de profanar lo proscrito (ni mi talento ni valentía alcanzan a tanto) sería incapaz de articular el mas inerme insulto a los idiotas que promulgaron la monogamia.
Ecos dolorosos producidos por la acción de punzantes dardos, sin piedad, distraen todas mis atenciones, subrayando la inexistencia de una crítica supuestamente constructiva, cuyo objetivo no es otro que: destruir patrones fijados en la mente de quien los admite. Toda escritura por excelsa que sea su magnitud y mágico su contenido, no es otra cosa que un cuestionamiento de las visiones vulgares que banalizan el entorno. Es una crítica a un orden elemental instaurado por la verdad, la ficción o la omisión, es una manera secular de burlar los sentimientos ajenos yuxtapuestos a los propios. Por ende, hemos de convivir con el rumor generado por la crítica y asumir sus consecuencias como una condolencia; ergo, siempre producirá mas lagrimas que sosiego.
A diferencia de la crítica; los sonidos y los ruidos pueden asumir a su vez características constructivas o destructivas, sin vínculo alguno con sus cualidades clásicas.
Es absolutamente objetable, siempre estará sujeto, a por lo menos, dos puntos de vista diferentes dentro de un mismo universos, su definición, será consecuencia inmediata de un estado anímico, asociado a la realidad cósmica en que viaje el espectro de frecuencias sonoras hasta su receptor.
A mi inoportuna e inexacta divagación, le dio por dividirlo en sonidos naturales y artificiales. Los naturales pueden ser máseres de elementos poéticos, exacerbando la prosa para crear conjeturas onomatopéyicas, subyacentes en el ceremonioso don o defecto de la especulación, pero aun así, podrían tornarse terriblemente destructivos: huracanes, terremotos, riadas, tormentas y nevadas tienen una sonoridad tan peculiar, capaz de exasperar todos los miedos adormecidos en los seres con percepción auditiva, creando serios disturbios en sus laberintos orgánicos, incluido aquel donde se guarda el código secreto de los esfínteres.
Hay sonidos naturales que evocan placer, disfrute, goce, a reencuentros místicos con los dioses negados por las pretensiones profanas. Ruidos macerados y madurados que experimentan, admirables procesos de evolución para convertirse en música y extasiar; al extremo de instar a la locura. Una expresión “Paolo Terciana” enunciaba que: «en ausencia de vacío todo sonido es posible y por ende inevitable» Algunos ruidos son tan estruendosos y persistentes que son susceptibles de tomar formas visibles, esas pudieran ser las cortadas atómicas esperadas por fantasmas y demás almas errantes para emerger de las oscuridades a que han sido confinadas por el decreto de la muerte.
Otros ruidos naturales son tan sagaces, que no se dejan oír sino hasta lograr invadir las estructuras óseas en su totalidad evidenciando su presencia en un arrítmico castañeo dental, seguido de temblores corporales, me refiero al gélido sonido de los inviernos.
Si en algo ha sido efectiva la ingeniería y la ciencia en general, es en la manipulación de ruidos, algunos fantásticos, otros fabulosos, insuperables en ocasiones. Se ha alcanzado gran destreza en la discriminación y clasificación de los sonidos. Incluso se ha magnificado hasta el grado de hacerlo inmensamente frecuente sin posibilidades de percepción humana, como el ultra sonido, al tiempo que se impone en un contexto prodigioso, como la aplicación de la resonancia para adquirir mapas de los tejidos humanos y posponer actos ineludibles como: la muerte.
Otras expresiones de un orden similar, pero con un fin reverso, emiten sus fragmentos de abominación, por medio de la destrucción masiva. Son los sonidos que en algunos oídos conducen a los postigos gloriosos engendrados en los cantos de victoria del experto piloto, a bordo del bombardero supersónico investido de un apócrifo heroísmo , cuando deja caer sobre culpables e inocentes su mortal carga explosiva.


Publicado originalmente en la revista digital: Experto en Arte fd; Buenos Aires 2018
Fotografia: Autor anónimo posiblemente sujeto a derechos de autor.
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Sinfonia Para un Tepuy Sagrado

Vierte tangible
Un acorde de sus ansiadas manos.
Inmutable, melodía tras el silencio construye
Hiperbólicas tonadas desgrana un noble piano
En la meseta arenisca,
Donde emergen los tepuyes.
Madre de todas las aguas, a la cascada fluye
A interrumpir el preludio sobre la siesta de un fauno.
(Debussy)

La cuerda: La… un trino eyecta.
Cifrada va la armonía.
precámbricas energías.
La gran sabana proyecta...
Sincopadas,
Invaden la serranía.
La expedita musa de la orquesta
Se adueña de los bemoles, en afinación perfecta.

Color.
vetusto Orinoco, fina madera fusionada
Alcanza la línea envuelta
en mixtura.
Entre la roca inmersa, de oro veteada
Silbando en la noche febril tesitura.
Buscando razones de verse entrañada
En el Olimpo de una partitura.

Foto:Sistema Nacional De Orquestas y coros Infantiles y Juveniles de Venezuela, Nucleo Estado Amazonas, Cortesía de Augusto Gelves.
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Intersección Demorada en Eje Negativo

Tarde es: cuando el trueno del adiós, resuena en tus oídos.
Y, yace póstuma, la ceniza, construida en el destello.
Asíncronos,transitan, la luz y el sonido.
Cual dolor, viajero, desfasado en los recuerdos.

Tarde se declara el horizonte de: fumígeno.
Tarde es, para intentar seguir huellas en la senda
Tarde hallaremos quien comprenda,
Que el vacío; es algo más que la falta del oxigeno

Tarde afloran las pasiones por erráticas.
Tarde coincidió, este punto interceptivo.
A empellones por rigor de matemática,
A encontrarnos sobre un eje… negativo.

Febrero 2,2018—Chascomus, provincia de Buenos Aires
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Huéspedes de Criptas

Desperdiciaba algunas horas de sueño persiguiendo una cadena infinita de números propuesta por un tal Euler,la cual, algunos manuales sin intención de confundirnos, nos la expresaba como un valor irracional, siendo este real; inexacto y aperiódico. La vida: una fracción o parte de un todo, sintetizable en números enteros. Más allá de la vida, aguardan sendos puntos suspensivos.
Esa pertinaz obsesión por los números, solo era contenida eventualmente, por un frívolo juego de pleonasmos que tomaba el mismo carácter infinito y en extremo presuntuoso, para los otros concurrentes a la peña; cuya tendencia, era muy folklórica y centrada, al punto de ahogarse exclusivamente en el tema ideológico. Mi distanciamiento no fue voluntario.
Ocurrió cuando noté, los deliberados comportamientos esquivos de parte de mis contertulios, a consecuencia de mi presencia en las calles del pueblo, vestido con el uniforme de la tropa a la cual me había alistado. Muchos años pasaron.
Las cabezas y sus experiencias se oxidaron en un color teñido de envejecimiento. Se fue, en una creciente decepción el verde oliva, tan fugaz como estigmático del odio y la traición a una causa, a la que yo, no pertenecía. El aprecio, la admiración y el respeto se diluyeron en el mismo lugar donde la efervescencia de una condena, cercenó las ramas al perdón. Amores vinieron y así mismo sucumbieron ante el incontenible influjo de los tiempos. En la complejidad de las ecuaciones, no se hallaron signos positivos precediendo la redención del concilio.
La muerte: en su curso inexorable hizo lo propio, hoy, desde mi cripta, les doy a todos la más cálida bienvenida al purgatorio, donde moraremos. Con análoga infinitud al número de Euler.

Chascomus Provincia de Buenos Aires enero 29 /2019
Foto: Calavera II antigua ermita de San Jose, Cartagena por: Antonio Jesus Mendez Mendez enero 25/2014.
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Ad libitum: resumen lineal de cinco décadas y media

Soy un producto de las pociones que ingerí de mi madre; de su mano, de su vientre y su mente.

He llegado aquí, siguiendo los pasos a un viejo carbonero ermitaño amante de gallos y perros.

Formo un cumulo de lánguidos recuerdos, desvanecidos en la marcha de una infancia subyacente.

Soy la cuerda atada al ancla sumergida en lo profundo del amor, herraje y bote: vinculo perpetuo.

Contribuyo con la savia armónica y poliglota que circula por las venas de la inquieta juventud.

He dibujado: los círculos viciosos emanados al vibrar de los tambores en la virtud de sus cultores.

Arrastro el carro de cañones construido por mis enemigos, hasta el puerto de mi propia ingratitud.

Sembré esperanzas en veloces naves a la inversa dirección de las pequeñas nubes de mi corazón.

Vencí los puños hirientes, estrujados sobre mi sien ensangrentada por truhanes sin vocación.

Fui un respingo tirado de una multitud, sierva de leyes aun no creadas sucumbida en decepción.

Me place, me conmueve y compromete el nexo fundamental sin interés naciente de la amistad.

Me alimenta la agreste expresión animal y vegetal, que pese al homo, se empeña en coexistir.

He vivido más de lo que amo,
Y he amado más de lo que vivo,
Sí vivir,y amar son necesarios
Lograré sobrevivir a este naufragio.

Habito hoy, frente a tres grandes álamos; su sombra, inhibe mi libertad: religión, justicia y patria.

Mis sueños son permeables al recuerdo de mis muertos, se valen de la oscuridad para invadirme.

Un soldado y la muerte son la misma conjunción; la esclavitud es la forma más consiente de morir.

Todo asesino armado debe abrazar un pequeño gato, así, nadie moriría cuando acaricien el gatillo.

Todos somos una promesa incumplida en la ansiedad de algún remoto ser inconexo con el deber.

En respeto a su deber, mis maestros me cubrieron de riquezas, me perturba no poder pagarles.

Hermanos y primos me enseñaron sentimientos afines y comunes, nunca aprendí a limitarlos.

Enero21/01/2018 ad libitum.
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Séptima I

Sombras disueltas, del finito conticinio
Desparecen con la cardinal simpleza.
Perpetuando entre ciénagas inciertas
Peregrinajes de noctambula tristeza.
Alucinando, en días planos, voy inmerso.
Sin sobresaltos, abrigando con certeza
La sensación de morirme en este verso.
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Mi Calle

Esta será mí calle:
Donde pugna el polvo
Con las tenues luces.

Donde el perro ladre
A sujetos corvos
Que el alcohol produce.

Donde el cuerpo pague
El precio del morbo
Que el sexo traduce.

Esta será mí calle.
Anclaré mis sueños
A los sueños tuyos.

Pospondré mí viaje
Para ser tu dueño,
Mientras restituyo

El poco bagaje
Perdido en desdeño
Por cuenta de orgullo.

Esta será mí calle,
Mis nuevos amigos
Tocarán mi puerta,

Trayendo en la tarde
Sustancias de olvido
Con pena revuelta.

Infaustos mensaje
Albergan consigo
Amistades muertas.

Esta será mí calle,
De fiesta y de luto;
De risas y llantos;

De honra y de ultraje;
De amor absoluto
De miedo y espanto.

De hambre y coraje,
Del pan diminuto
Que en ella comparto.

Esta será mi calle,
Cubierta de granza
En invierno impío

Siluetas al aire
Inician la danza
Bajo un viento frío

Vienen anunciarme
Trazos de esperanza
Que van al vacío

Esta será mi calle,
En ella me pierdo
Por la madrugada

Recuerdo a mi madre
Sufro mi destierro
Sumido en la nada

Me sumo al paisaje
Cubriendo a mi perro
Con una frazada.

Esta será mí calle
Porque... no tengo
Más a donde ir

Cuan miserable,
Hoy lo comprendo.
Tendré que fingir.

Ella no sabe
Cuánto he
Llorado.

Diciembre 12/2018: foto anónima (posiblemente sujeta a derechos de autor)
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Obra del tiempo

El tiempo que todo lo cambia

Trocó mi hoz en un motor

Que gira al contacto de un botón.

Sin misterios, sin enigmas y sin magia

Vario mi voz con el fragor,

En el delirio de la sórdida invención,

De aparatos doblegados por la rabia.

También así, cedió el fervor

Expresado, en lóbrega comunión,

En la ruta insustancial de la plegaria.
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Epítome de Ruina

Vierte la luz su torrente de energía sobre mi huerto, la ilusoria quietud verdosa en proceso fotosintético abre su generoso universo nutritivo a una oleada de simpáticos bichejos. El mágico intercambio transcurre mientras mi enfado toma la ruta inquisidora inmediata — ¿quién será el truhán responsable de estropear el follaje hermoso de mi plantación? desde luego, en toda ecuación esbozada por la vida, habrá una constante de muerte. El transgresor recibirá su castigo, en nombre de la siembra, en su defensa, en pro de su prosperidad (de la que sea) la sentencia es definitiva. El aire ofrece su transparencia a las imágenes que conforman el paisaje, un aleteo desesperado anuncia la presencia del peligro, de la destrucción inminente, materializada en el homo economicus, el todo poderoso modificador de atmósferas a su favor en el corto plazo, el eterno usurpador que se pasea exhibiendo su mal construida impunidad.
Dejan mis huellas en cada paso, sobre la pureza del áspero pastizal, tienen mis manos en cada surco labrado sobre la madre tierra, muestra mí frente a sol y cielo…el símbolo más terrible de la muerte.
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Indagar

Gravita, en hurgar lo que más temo
Y más me daña.
Sugiere, flagelar en grado extremo
En las entrañas.
De las mismas fibras del dolor
Supremo.
Es el curso trágico de un aliciente
Que demora.
La voracidad fatal de un incidente
Cuando aflora.
El ardid que hay en mi mente.
Bajo el tono triste de un ocaso
Ha de perecer,
El remordimiento de un fracaso
En mi ser
Sobre el andar impelido de mis pasos
Tras un nombre indebido
…de mujer.
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invasión

Vengo de la tierra.
Soy invasor a sueldo de planetas negados a la extrema voluntad de creer,
Busco Exegetas.
Es perentorio traducir los códigos secretos que rigen la sumisión y el acuerdo.
¡Toquen trompetas!
Formaremos un ejército de armas, desalmadas en el oficio inquisitorio del fusil.
¡Qué Sirvan la mesa!
Entre excesos en banquetes, agasajos y lisonjas firmaremos los empréstitos.
Quién tergiverse
La misiva de esta franca alocución, será deportado en el expreso de la muerte.
Al término de este edicto,
Todo viso racional habrá prescrito.
Vengo de la tierra, a promulgar el reino de la corrupción.
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Actos de Sangre

Este amanecer se presentó arcano, silente.
Con el aroma de los sueños trenzados en racimos,
No escudriñé, los rigores del ambiente.
Para olvidar el entorno brutal en que nacimos.

En la penumbra de esta cuestionada libertad.
Voy sin espada, burlando infames celadores.
Cuyas manos, construyen los favores,
De los tiranos, a los que guardan lealtad.

La entrañable lucidez de algún mañana.
Perturbada en una atmósfera agresiva.
En la desgracia del deseo tarambana,
De administrarse en las prácticas lascivas.

El porvenir, quizás me incite, o me aliente
O me queme, o me embride aun más a estas cadenas,
Quizás la frustración me haga valiente.
Y enrumbe la ilusión en tierra ajena.

No fui criado susceptible a edulcores
De los que embriagan al hombre con la dádiva.
Tengo el orgullo añejado en los licores
Que mantienen mi mente fresca y ávida.

Cuando el raudo sol, resplandezca allá, en mi cielo.
Y el viento vigoroso, arrase el hambre,
El torrente generoso de la lluvia en nuestro suelo
Apagará el clamor lacrimoso de la madre.
Y si el valor de la palabra esta disuelto
En la presencia traicionera del palangre,
Antes que lloréis, el reposo de tus muertos.
Los veréis acometer: actos de sangre.

Diciembre, 3/2017- Venezuela.
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Informe Técnico

En el centro del taller había una mesa larga y angosta, donde se habilitó un banco de pruebas, con todo el aparataje necesario para hacer el análisis cuántico a los compresores. Debió haber fallado algún dispositivo de seguridad, debió existir alguna gran obstrucción o un severo defecto de fabricación. No hubo tiempo de mirar los instrumentos de medición; uno…dos…tres segundos…cuatro y cinco… y — ¡paaff!—se vino la explosión.
Aturdido, en medio de un huracán de sorpresa, sin tiempo de reacción, eche marcha atrás, descoordinadamente trastabillé, con la misma indefensible actitud de un boxeador después de recibir el puñetazo que define el “knock-out”, un roció de aceite nafténico me obligó a cerrar los ojos, me desplomé de cara al cielo envuelto en una nebulosa de gas freón. Al cabo de un rato, (segundos, minutos, no le sé) me desperté en medio de un ambiente caótico, escuchaba gritos y maldiciones atenuadas, Como la segunda voz, de un coro cacofónico modulado electrónicamente, al fondo, muy lejana, la trágica sinfonía de anunciar incendios hacía volar sus vibraciones de pánico. La visión obnubilada, imaginé, que por acción del gas y humo dispersos en el aire, un olor intenso a tetrafluoroetano (aun “noqueado” fui capaz de distinguirlo) impregnaba todo el ambiente, junto con la angustia de las intenciones de auxilio de los compañeros que me rodeaban. En la caída, me golpee el codo derecho y el hueso occipital, debió ser esa la causa de un oscilante mareo. En este punto del cuento, no sentía dolor, o no estaba consciente de él, tan solo un agudo ardor en la frente y la molestia del aceite nafténico en las pupilas.
Sin precisar de ayuda me puse de pie, —o eso creí— sentí arder mi frente y me pasé la mano, mis dedos se encontraron con una emulsión viscosa (sangre-gas-aceite) que por escrúpulos, no quise mirar. A mis espaldas, los socorristas, conminaban a que abrieran paso los trabajadores que se arremolinaban en derredor de un cuerpo inmóvil yacente en el suelo, al cual mis ganas, irresponsablemente no tenían el menor interés de ver. Caminé sin sentir el rustico piso de hormigón bajo mis pies, era como si flotara con anuencia de la misma fuerza de gravedad, que hace unos instantes atrás, había coadyuvado en mi estrepitosa caída. Opté por dirigirme a los baños, necesitaba un poco de aseo, antes de dedicarme, a complacer a los burócratas de las diversas tipologías de seguridad ocupacional, mediante la redacción del informe técnico respectivo. No perturbaba en nada, en lo mínimo absoluto, el hecho de estar herido, era una secundaria sensación de incomodidad, sin mayores demandas que una lavada con agua fría para aclarar la vista. Crucé el taller de soldadura, donde ya se había extinguido el penetrante olor a tetrafluoroetano en al aire, las voces, alarmas y otros ruidos, tomaron una diafonía más leve, bajita, casi como la tonalidad de una oración. El siempre iluminado espacio de la sala de baños, tomó un color de nocturnidad. Entré al recinto con la normalidad de costumbre y busqué infructuosamente mi rostro en los enigmáticos espejos fijados a la pared, un asfixiante escalofrío me invadió ante la inexistencia de carácter reflexivo. No podía verme: fue entonces que percaté la inmensurable fragilidad de mi cuerpo ya muerto.
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