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Mi Diario: El Telar de los Recuerdos

*

La luz del plenilunio, testigo mudo de mi tierna infancia.

No fue ajeno al intelecto de aquellos días, ni a mis inquietas manos, el ramillete de luceros que florecieron en mi sendero. La luna plateada de inigualables rayos que del firmamento bañó la tierra, y el aire tibio y sereno.

La fuente cristalina con olor a hierbabuena, que inmisericorde reflejaba la conmiseración humana. El velo traslúcido traspasado por hermosas mariposas, y los caballitos de mar de un azul intenso, que en extraño zigzag, ondeaban de la tierra al cielo y del cielo a la tierra.

En aquél mundo mágico y fascinante, jamás faltó Micifuz, el hermoso gato blanco y su cascabel de cristal, la Mirla encantada, revoloteando airosa, llena de luz de luna, de amor fraterno, Rosendo, el caracol mágico y diminuto, y por supuesto, Filipo, el osito gris, que en aras de conjurar contrariedades y sufrimientos, musitaba a mi oído, la hora de regreso,

Estado del alma tierno y mágico que aún permanece incólume. La sombra de recuerdos difusos y trastocados por el lento transcurrir de las horas, no han hecho mella en el sagrado telar de mis recuerdos.

En las noches de plenilunio, aun veo descender del hilo fluorescente de las estrellas, la preciosa Mirla encantada, y oigo cerca de mi ventana, su hermoso y melodioso canto.



¡Catarsis del alma!
¡Efluvio de vida!



Merodeando en círculos extraños y ascendentes, levanta su vuelo a la magna belleza del sempiterno, dejando sobre mis pechos, perfumados lirios.

La luna rosa que incursiona en mis aposentos en la mitad de la noche, reflejándose en el espejo cóncavo de mi alma ignota, observa taciturna y silenciosa gratificante panorama.


Y sin más, tomando del tintero del escritorio mi mágico pincel, pinta de rojo intenso el azul de sus labios pálidos, y entorcha uno a uno sus largos y delicados cabellos.



Tierra de mi alma
Que de aromas se hizo verso

¡Sed del corazón!
¡Pócima divina!

Déjame tocar
El cielo

Déjame palpar
Su sombra



*Imagen: Créditos a su autor.
Luz Marina Méndez Carrillo/24062020/ Derechos de autor reservados.
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Mi Diario: Crisol del Alma

*



Llegó a mí de repente la primavera, y tú, arriba de los cielos, en el sempiterno, cerquita de Dios. Una ola de recuerdos sacude mi cuerpo y un manto de aleluyas mis labios. La gota de rocío se desliza presurosa por las mejillas y el lino de mi blanca túnica ondea pronunciando tu nombre.

Me amaste, te amé, más nunca tocaste mi cuerpo ni mis labios los tuyos. Mis colinas ardientes jamás invadieron tus trópicos sedientos, pues un abismo, más allá de todo abismo, separó para siempre la fuente inagotable de nuestros destinos.


Y mi sangre se hizo un poema
Y mis pupilas un río inalcanzable



Te miré partir sin detenerte, pues en la sapiencia de mi triste vida, me até con gruesas cadenas. Envuelta en extraño maremágnum y la mirada fija en el resplandor de las estrellas, cierro mi boca al escuchar tu nombre.


Y el aire en mí se hizo remolino
Efluvio ignoto de mis ansias



Fue suave y efímera la delicia de tus manos en mis largos cabellos y el perfume de tu piel cerquita de mis caderas. Estremecida, deshabitada y sin memoria


El corazón diluyó
En el fragmento liviano de mis lamentos
La pluma se hizo espesa
Y el pergamino arrugó su piel.



*Imagen tomada del muro de Islam Gamal.
Luz Marina Méndez Carrillo/13062020/ Derechos de autor reservados.
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Reminiscencia

*


Al compás del aletear de los recuerdos, que inquietos se zambullen en lo profundo del corazón, veo la vida como un juego. Un juego intenso como intenso es el fuego de los amantes.


Detenida entre mi cuerpo y tú. Entre mi alma y tu palabra. Entre el presente y tu pasado. Te miro languidecer, cual languidece el crepúsculo a la intensidad del oscuro de la noche.


Cadena interminable de evocación, que se ata al engranaje de desprecios y olvidos, que una vez hicieron mella en el borde del verde cristalino de mis pupilas.


¡Tatuados quedaron esos instantes, en el mapa retrospectivo de mi hermosa vida!



¡Oh! Noche fraterna


Furia celestial
Fuego del alma


Aparta de mí la llama intensa
De la desesperación eterna




*Imagen tomada del muro de Islam Gamal.

Luz Marina Méndez Carrillo/08062020/ Derechos de autor reservados.
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Mi Diario: El Aula

*


El chico que me atraía en primer semestre de mi carrera universitaria, era Juancho. Me encantaba su belleza, inteligencia y educación. Su don de gente. Obviamente, nunca pensé invadir una circunferencia prohibida.

Recuerdo bien aquellos tiempos. ¡Nada escapa hoy a la lupa de mi buena memoria!

Tímida, inteligente y muy centrada, pero incapaz de exponer mis ideas en público. El miedo se anteponía a cualquier asomo de valentía. ¡Enhorabuena!

¡Enhorabuena! sí. Pues distinta sería mi vida, si hubiese explotado en lluvia de ideas en un campo estéril. Si hubiese puesto grilletes y cadenas a la libertad y rebeldía de mi espíritu.

Cuando se promovía en el aula materna trabajo en equipo, me invadía inmediatamente una ola de manifiesto nerviosismo. El temor a ser rechazada salía a flote. ¡Me sentía relegada, me sentía maniatada!


¡Mi alma frágil e inquieta, quedaba suspendida en el hilo invisible de la decepción!



Viví un sinfín de experiencias buenas, no tan buenas, malas y desagradables. Distinguí bastante gente, pero nadie que tuviera el talante y gallardía para caminar al lado de un alma libre, ansiosa de ingresar en el mundo mágico de las ideas y tomar sin más, la pluma mágica de la magia iridiscente y bella y el fino pincel del alma. Alguien capaz de estremecerse al contemplar las estrellas, de sacudir su espíritu con la luz del crepúsculo y llenar su alma de regocijo bajo el amparo de la luna llena, luna azul, luna negra, luna de plata, roja o luna de sangre. Alguien que escuche los sonidos de una noche plagada de luceros, y a la vez, observe sin musitar palabra, el vuelo imperceptible del ave misteriosa que expande sus alas más allá del firmamento.


¡Desde edad muy temprana, mi alma inquieta removió su cascarón!

Quería salir y sacudir sin más mi noble existencia. De hecho, escribí mis primeros peldaños literarios y rasgos de arte, a la edad de escasos siete años, guardando celosamente cada línea en lo profundo del corazón y en el misterioso socavón del alma.

Quise tocar las estrellas, bañarme en el lago interminable de la inspiración. Quise amarme más allá de todo límite, para extender a través de mis letras, la gracia en mí de la benevolencia divina.

¡Enhorabuena! Nada ni nadie, desvío la línea de mis sacros sueños.


*Imagen tomada del muro de Islam gamal.
Luz Marina Méndez Carrillo/31052020/ Derechos de autor reservados.
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La Avenida La Esperanza

*


Amor, amor puro y cristalino que de las manos se escapa
Gota de rocío que otrora tiñó de vida las pálidas esperanzas




La juventud se le fue de tienda en tienda los fines de semana, gastando los billeticos que recogía vendiendo hierbas aromáticas en las afueras de la plaza. Dos pibes del matrimonio quedaron, cuando la doña agarro maleta e hizo caber en ella, chiros y zapatos rotos. Un espejo quebrado y un labial rojo intenso a punto de terminar, que ponía en sus labios asemejándose a una prostituta barata. Su marido reía a carcajadas cada vez que la veía con ese intenso rubí, gritando a viva voz: “Quite ese esperpento de la boca que parece puta” Ella fruncía los hombros y torcía la cara.


Igual, hizo hueco en lo profundo de la maleta, para arrastrar junto con ella, sueños e ilusiones, los que entregó aquel día que vestida de blanco, vociferó frente al altar: ¡Te acepto como mi esposo y que la muerte nos separe!


Y dijo bien, pues la mísera realidad, hizo estrellar contra los vidrios de la ventana del cuartucho donde habitaban, todos sus sueños e ilusiones, quedando sobre la cama extendido en forma de equis, cual cadáver maloliente y herido de muerte, el amor, el gran amor que sentía por Roberto, su amado marido.


Y así se le vio perderse en la avenida la esperanza, aquel día y aquella hora. Poco o nada le importó la mirada triste de sus nenes, quienes lánguidamente y con lágrimas en los ojos, la vieron evaporarse de sus tristes y cortas vidas bajo la luz de sus pupilas.


El hombre en su crudo machismo los dejaba solos, para que, según sus palabras, ¡aprendieran a ser hombres!


En la mustia soledad de sus angustias, los pibes aguantaron hambre, suciedad y dolor, hasta que un día, hastiados de su corta vida, e igual que su madre, se perdieron en la absorta soledad de la avenida la esperanza, de aquel lejano y solitario poblado, que no ofrecía más oportunidad, que lánguidos y eternos lamentos.


Beodo y sin más ilusiones que sus amargas decepciones, Roberto, secó por fin de sus ajados labios, la última gota de licor, pudiendo observar con meridiana claridad, la realidad de su existencia. De su hermosa mujer, quedó una media velada que apretaba contra su pecho, y de sus nenes, el aire fresco de un recuerdo en el intelecto.


Este panorama sombrío atravesó su corazón, y armándose de valor, dirigió sus pasos al cruce del ferrocarril, y viéndolo muy cerca, cerró sus párpados para nunca regresar.


No sé cuánto tiempo pasó, hasta que un día, Camila, hizo estremecer de nuevo el polvo de los caminos, abriéndose pasos entre abrojos y espinas, trayendo junto consigo, una pesada maleta nueva y su adorable perrita Fifi.


Imagen: Desconozco la fuente
Luz Marina Méndez Carrillo/13022020/ Derechos de autor reservados.
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La Tierra

*


La tierra tiene sed

Sed de la bondad del alma,
Del efluvio del corazón


Y

Del fuego de un poema


Del renacer de la conciencia
Del misterio de la muerte
De un cálido amanecer


La tierra tiene sed…
Y el ánfora vacía


Las hojas se agitan en extraño sortilegio
Y de sus aleros el aire no exhala


El manto del atardecer se extiende
Y el crepúsculo declina.


La tierra tiene sed
Y el hombre se zambulle
Entre blasfemias y rosarios



· Imagen: Desconozco la fuente
· Luz Marina Méndez Carrillo/25052020/ Derechos de autor reservados.

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Don Olegario "un señor de bien" : El Enlace

*
Las azotainas que me ha dado la vida, en lugar de llenar de resentimiento mi existencia, fueron diluyéndose lentamente, dando génesis al sentido de lo justo y equitativo.


Todo acto aleve del cual fui testigo, en forma directa o indirecta, sacudió y sacude las fibras íntegras de mi ser.


Lo he sostenido. No se trata de ignorancia, se trata de maldad. La maldad de las almas mustias, que arrastran crueles cadenas forjadas en existencias anteriores, y que hoy, pretenden imputar a otros.


El péndulo de nuestra existencia gira en círculo, y un día, las rosas o espinas en el camino, nos obligarán a mirar atrás o dar gracias por lo acontecido.



¡El fruto de la vid fue puesto en los labios para ser saboreado!



Fue una mañana soleada, como aquellas, donde se palpa a cabalidad, la genialidad del pincel de la eternidad.


Subí las escaleras que parecían interminables, hasta que al fin, llegue a la cima, a la cima de aquel peldaño de cemento. Me acerque lentamente al interruptor de la puerta de entrada de aquel edificio, siendo dirigida ipso facto al piso sexto del mismo. El olor a canela que se respiraba en los pasillos, me hizo imaginar, que manos diligentes y necesitadas, maquillan a diario con su sudor, cada línea, cada centímetro, hasta convertirlos en espejos. Espejos que reflejan sin lugar a dudas, las injusticias que se ocultan, más allá de sillones, escritorios y salas de juntas.


En espera a ser atendida, un hombre de estatura baja, en actitud amable, pidió esperar. Justo al frente, una gran sala de juntas finamente decorada, permitía vislumbrar, la importancia de los personajes que ventilaban sus ideas, concretando al unísono, grandes negocios en ese recinto.


De pronto, las puertas del ascensor se abrieron, apareciendo ante mis ojos, un hombre alto, de 1.90 de estatura, con una sonrisa de oreja a oreja. Saludó efusivamente, dirigiéndose sin más a su oficina, la que cerró a su espalda de forma hermética.


Mi mente daba vueltas en círculo, pues a este caballero, un mes antes, lo había visto a la entrada del Edificio Hernando Morales Molina. Llamó mi atención, en aquel entonces, su jovialidad y don de gente.



Los hilos enigmáticos del destino, tejen y entretejen, a su querer y acomodo nuestro sendero.



¡Quise mirar la estela de mi existencia!
¡Quise medir distancias!
¡Quise acallar sonidos!


¡Y solo atiné, a mirar las palmas de mis manos!



Veía correr a todos de forma desesperada, sin entender la razón. Mi jefe cómodamente sentado en su mullido sillón, se daba el lujo de leer libros de historia, mientras el tiempo escapaba silencioso, perdiéndose más allá de un horizonte fallido.


Sigue…



Imagen tomada del muro de Islam Gamal.
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La Miel del Alma

*


Debajo de la luz
Brilló la oscuridad
Y el manto de la pupila
Diluyó




Poco a poco fueron floreciendo los tulipanes. El cielo se hizo azul, más azul que de costumbre. La luna apretó contra su pecho, el verde esmeralda de sus pupilas, y el sol silencioso y taciturno la espiaba


Así transcurría la noche, entre un claro y espeso, un espeso y claro. Los perros aullaban al compás del silencio, y el pensamiento, cual vértigo de fuego traspasó los cielos. El oído se tornó vigilante y el alma ensanchó sus esperanzas.


Ahora recuerdo la primavera de mis días. El corazón latía dentro de mí como un vaso efervescente, y la fuerza de las venas bullía y bullía. No caminaba, danzaba al compás de la alegría de mi alma ignota. Mis pies no tocaban el piso, como hoja al viento, volaba sobre el aire inquieto y la seca hojarasca.


La magia iridiscente y bella envolvía mis cabellos, dibujando con ellos, cadena de innumerables y delicados versos.


Ahí estaba la miel del alma, marcando el camino, señalándome el paso.



Imagen: Desconozco la fuente
Luz Marina Méndez Carrillo/18052020/ Derechos de autor reservados.
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Don Olegario "un señor de bien"

*


PREÁMBULO




Como mandada por el diablo o por Dios, qué sé yo. Ahí estaba, con su pelo chuto, la gallardía que traspasaba los hombros, la piel morena, propia de la gente de su región, ubicada lejos, muy lejos de la tierra donde escribo.


Era un día cualquiera, la miré pasar, ondeando sus caderas y ventilando la blusa, en su mano derecha, una bandeja de plata y en la izquierda, una jarra con agua, directo a la sala de juntas. A veces demoraba en salir, otras no.


El día de la entrevista la vi sonriendo, como a muchos y muchas a quienes la vida ofrece nueva oportunidad. ¿Imagina acaso la travesía que le espera? Elucubración que ipso facto llegó a mi intelecto.


Innumerables lunas contadas en años, caminé en dirección a dichas oficinas. Guarda mi mente un bagaje de recuerdos impresionantes, deliciosos y denigrantes, soportados por muchos en ese lugar, a consecuencia de la necesidad o masoquismo. Igual, el karma colgado a la espalda, que bendice o maldice el destino de su autor.


Albergaba mi mente, la imagen de lo que hoy llamamos y ponemos entre comillas “gente de bien”. Eran ellos, eso creí, la mejor representación de educación, cultura, hermandad y solidaridad propia de su clase. La cual esperé, extendiera a quienes en su andar, hallarán en el camino. ¡Esperé en vano!


Con el transcurrir del tiempo, dicha imagen, fue rodando de mi mente al piso, hasta hacerse añicos, más allá de un área de cemento y lodo.



Y la luz que perlaba mi firmamento se hizo pedazos
Sembrando un hilo de desesperanza que traspasó mi cielo




Imagen tomada del muro de آلعآبث آلآخير.
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Y La Luna

*


Y la luna, espejo cóncavo del alma humana. Su luz iridiscente y bella, marcó los eslabones de las estrellas, dejando a su paso, estela de blancos alelíes y delicioso sabor a canela.

La miré pasar, bajo el embrujo del plenilunio, guiñó sus pestañas y sacudió sus cabellos, ventilando mi blanca túnica y delicados pechos.


* Imagen de Tarigna.
Luz Marina Méndez Carrillo/03052020/ Derechos de autor reservados
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Y Ellas

*

Y quién si no tú,
Oculto lector de mis poemas
Sombra oscura,
Vástago del tiempo.





Tengo por testigo la nada. Mejor, lo imperceptible a la mirada. Las noches de luz diamantina y fuerza inusitada. Están ahí, Micifuz, mi hermoso gato blanco, la Mirla encantada, y Rosendo, el pequeño caracol, que por diminuto, se ha hecho imperceptible y eterno.




El viento, alcahuete de mis angustias, golpea el vidrio de la ventana, envolviendo mi blanca túnica, dejando en extraño vaivén, mi cabellera ondulada y kimono de satén.




Rebosante de versos y diademas, y a su extraño ritmo, escribo y escribo, sobre el sol, la luna y los luceros, el Divino Hacedor, el hambre, el llanto de los niños, la soledad del hombre, y por supuesto, el dolor… El dolor silencioso, de ese ser maravilloso y tierno, cuya alma conecta con las estrellas.


MUJER


Pálida e impasible se le mira pasar. A veces, el color de sus mejillas se ha hecho distinto, pues el llanto y dolor de la noche le han apaciguado. Silenciosa y taciturna sufre, como si fuese un alma cuya existencia ha sido condenada.


Arrastra en sus tobillos letales cadenas, y en su vientre, la vid que da la vida. Amamantan sus pechos, la fuerza del orbe, y sin ella, desequilibra el universo entero.



Madre, hija, compañera, novia, amante, igual da, es la belleza en sí resplandeciente, es el manojo de rosas, es la fuente seca que fermenta la árida tierra.



*Imagen tomada del muro de آلعآبث آلآخير.
Luz Marina Méndez Carrillo/05052020/ Derechos de autor reservados.
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En Pedazos

*

Es noche, y la luz se hizo luz

Y las hojas como espinas quebrantaron

La fe de los caminos



La distancia acortó sus límites

Y el don de la palabra cristalizó en la mirada



No sé, si eres vida

O la muerte misma



Yerma la soledad

En lo profundo de mi ser



¡Yerma la vida!



· Imagen tomada de Cheia Luaprin.

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La Mansión de los Espejos: ¡Danza Macabra!

*


Del espejo cóncavo, brotaban chispas de plata iluminando todo. Quiso huir de ese escenario inquietante, pero fuerza misteriosa lo lanzó al centro de la habitación, cerrando la puerta a su espalda con furia inusitada.

Llegó a su mente, la necesidad de tener sobre el cuello, la cruz bendita, y a su alcance, incienso y objetos consagrados. Celosamente los había guardado en la maleta de mano la noche anterior. La cual se miraba lejos.

Sintió que algo lo hacía girar sobre sismo, arrastrándolo a gran velocidad, a una habitación oscura y horrible. Se vio reflejado en los espejos de esta habitación, con aspecto siniestro, los cuales giraban en círculo sin parar. Igual, veía en los mismos, el rostro desfigurado y siniestro de su amada Carlota y la joven Josefina, ambas fallecidas en hechos extraños, meses anteriores en la Mansión, los cuales danzaban al mismo vaivén.

Agarrado de su fe y del recuerdo de las causas justas y humanitarias que hizo a lo largo de su vida, invocó la presencia de Miguel Arcángel, en el preciso momento, que mano harapienta y huesuda emergía de uno de los espejos, queriendo sumergirlo dentro del mismo. Ipso facto, el cuarto donde se encontraba, se fue desdibujando ante sus ojos, y la fealdad del ambiente parecía diluirse. De pronto, un viento extraño lo retrocedió en el tiempo, ubicándolo nuevamente en un sillón de la habitación de la Mansión.


Quiso incorporarse y sus piernas no respondieron. Sintió ganas de regurgitar. ¡Sudaba a chorros!
-¿Dios, que es esto? Se preguntó- tomando entre sus manos un pañuelo blanco.

Respiró profundo, haciendo ejercicios de inhalación y exhalación, ventilando al unísono su camisa sudorosa. Al instante, fijó su mirada en un cuadro de Aleister Crowley colgado en la pared, a la entrada de la habitación, el cual parecía acariciar con su mano derecha la mejilla, y con la mirada, repudiar el mundo circundante. El sudor intensificó, pues jamás había visto que este siniestro personaje estuviese en su cuarto. Comprendió ipso facto, que estaba siendo sometido a una prueba enorme de su fe, su amor por sí mismo, valores y creencias.


Y después de todo, hundió la plenitud de sus sueños
En el eslabón de sus cadenas
En lo profundo de sus ansias
Más allá de sus angustias


*
Lejos de ahí, Dylan enteraba a Wesley Danilo, de los hechos extraños sucedidos en el parqueadero, el maletín de pruebas y lo acontecido en su apartamento, los cuales, revisado los videos, no se vislumbraba novedad alguna, y menos, el menor indicio o hecho indicador de lo vivido el día anterior.

¡Mala pasada le jugó la imaginación! Pensó para sí Wesley Danilo.

En su Despacho, reviso las copias de las pruebas que reposaban en el maletín, guardando absoluto silencio de su contenido. Esperaría sin lugar a dudas, el fallo del ente investigador, y el paso siguiente, el cual bien sabía, marcaría el fin de esta escena.



* Imagen tomada del muro de Islam Gamal
Luz Marina Méndez Carrillo/28042020/Derechos de autor reservados.
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Y del Silencio

*


Luego de haber saboreado un tiempo indefinible, las horas y minutos se hacen eternos. Las calles vacías asemejan una ciudad fantasma y el aire se mira espeso. El taconeo de quienes deambulaban de prisa se ha detenido y el pavimento reposa.

El alma del hombre soltó la soga, y el verde frondoso con su proyección y colorido animal, ha florecido.



Y el viento…
¡Y el viento gira sobre sí mismo en extraño vaivén!



En medio de esta explosión, de virus, terror y muerte. Vivifica el arte, carisma del alma humana. No estaremos a la intemperie, no. Pues, cual ave sedienta, echaremos mano del pincel o la pluma, del instrumento o la palabra. ¡Gemido del alma, grito de libertad!


Y el silencio…
Y el silencio taladra el oído y ensancha el alma



Otrora, lo añore en esta sociedad enferma, pero hoy, que lo miro cristalizado entre mis manos sedientas, tiemblo. No es este el silencio añorado.


Del alma humana nada sabe el hombre
De los sueños, el gemido del corazón
Y el latir del intelecto, menos

Estamos solos, con las manos atadas
Bajo el alero de una maldad siniestra

Cruza la muerte con su letal guadaña
Gimen los estómagos
La mano se extiende
Y la lágrima aflora


Como pesa la luz
En la oscuridad flagrante

Y la voz…
En un mundo sin lamentos



· Imagen tomada del muro de روز لطفي
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Y el Hombre

*

Y la tierra inhala
Y la tierra exhala

Y el aire gime
Y el aire fluye

El mar agita
Y la vida habita


Y la luz…

Y la luz cambió su diafanidad por una estela tenue y grisácea. El polvo anidó en aleros y taponó los caminos.

El fuego traspasó los cielos, creando huellas, pintando señales.

Y el hombre…

Y el hombre se hizo ciego a su destino, sembrando abrojos y soledades.

¡Labios de bronce!
¡Pies de barro!

¡Canto desterrado!
¡Oído sellado!

Y después de todo, hundió las manos en la cavidad de sus propios sueños

¡Manos ávidas!
¡Manos de arena!



* Imagen tomada del muro de Islam Gamal
Luz Marina Méndez Carrillo/09042020/Derechos de autor, reservados.
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¡Divino Escultor!

Trazó sobre la tierra un poema
Con signos indescifrables

Fijo sobre la simiente del alma
Verdad inalienable

Pintó sobre el cuerpo humano
Belleza incomparable

Y extendió sobre el universo

Si…

¡Delirio de estrellas!
¡Constelación de amores!
¡Fuego del alma!


Luz Marina Méndez Carrillo/01042020/Derechos de autor, reservados.
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Mi Diario: La Madre

*

Lágrimas de dolor se miraba correr por sus mejillas, hasta el punto de, con ellas, germinar la tierra.

Hincada, al Cristo de la misericordia, pedía cambiar su suerte. Su cuerpo negaba el llanto frente a los hijos, pero el dolor del corazón se fue haciendo inmenso.

¡Padecía, sin duda! Y del sangrante crucifijo, no brotaba respuesta alguna.


El hermoso color de los días, el cual pintaba en el firmamento radiante belleza, en el iris de sus pupilas se hizo tenue, diluyéndose más allá de un horizonte estéril.

Me negaba a comprender su llanto. A mi corta edad, la vida florecía iridiscente y la magnitud del orbe se extendía en el horizonte

Admiré su valentía, que por lunas jamás feneció. No obstante, el yugo maldito del machismo, que desde el tálamo cercenaba su garganta.


El tiempo pasó, mi alma se hizo grande y pude entender. Que las lágrimas de una madre nunca brotan, las absorbe el alma, formando con ellas diadema de brillantes colores, quedando incrustadas por siempre, en el iris de sus pequeños.

Recordarla, hace que mi corazón se achique.

Bajo la luz penetrante de la luna roja, luna de sangre, la miré sentada sobre una piedra en el jardín encantado. Estaba ahí, observando el firmamento. ¡Como aquellos días, como aquellas horas! A su lado, mi hermoso gato blanco y revoloteando en círculos, un tanto inquieta, la Mirla y su enigmático plumaje.

El pañolón terciado en su garganta, cubría igual, su blanco cabello y parte del rostro. La falda larga rozaba la hojarasca y de su blusa amarilla, brotaban diminutas mariposas.

¡El intelecto engaña la razón, pero el alma jamás el corazón!


La soñaba lejos, muy lejos, más allá de la refulgente estrella. Pero no, está aquí, cerca del terruño, cerca del alma. Donde sembró su historia, donde derramó su sangre.



* Imagen: Desconozco la fuente.
Luz Marina Méndez Carrillo/02022020/ Derechos de autor, reservados.
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La Parca y Yo

*


La muerte solemne y soberbia, un día tocó a mi ventana. ¡Detente! Le dije.


Y entonces, la luz tomó la opacidad del aire, la garganta se hizo angosta, y la fuerza de mis cabellos decayó sobre la espalda. La túnica blanca que cubría mi cuerpo bifurcó en pedazos y el ímpetu del alma ventiló en el orbe.


La luna de sangre bañaba la tierra, y en el firmamento se miraban ríos de tristeza inmensa. Del pecho germinó un latido, atravesando espinas, opacando sueños.





¡Heme aquí!


¡Tierra y fuego!
¡Fuego y tierra!


¡No me toques!
¡No me mires!


Lejos de mí
Su fatal guadaña


Mitad ángel
Mitad demonio


Mis labios carnosos
Al cielo claman
Y al unísono, carne imploran



¡Hielo y fuego!
¡Ansia y muerte!



¡Sed de mis pupilas!
¡Vid de amor eterno!


Quema las entrañas
Cúbreme de cenizas


Que al fenecer la noche
Y sus constelaciones


De la furia del alma
Renacerá mi pluma.




* Imagen: Desconozco la fuente

Luz Marina Méndez Carrillo/29022020/Derechos de autor, reservados.
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Mi Diario: Alas al Destino

*

Sobre la cima de la flor de Jade, veo el palpitar de los luceros y la antorcha roja de la esperanza.


Te mire pasar, como el silencio a la palabra, como el aliento a la vida. Quise seguirte, pero que va. Tu camino de espinas se halla gravado y mar de decepciones cargas a la espalda.


Toqué de soslayo tu blanca túnica y gota de rocío deposite en el ánfora vacía. ¡No te percataste! La pena que arrastra tu corazón a la barbarie, ha obnubilado la luz de la existencia.


Micifuz, haló el cordón de mi sandalia, haciendo que la mirada de mi alma esquiva, quebrara el hilo conductor del desvarío.



Ni el aire, ni el mar
Ni las estrellas


Ni el viento
Ni la noche blanca
Ni el Astro rey


Ni el refulgente satélite
Menos la tierra


Tienen que ver


Soy yo

Poniendo alas al destino
Quebrando las brechas del camino.



· Imagen tomada del muro de Islam Gamal.

Luz Marina Méndez Carrillo/11032020/Derechos de autor, reservados.
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¡Suave Brisa!

*


Se alzaron mis manos al ámbito celestial, esperando contemplar las estrellas.

Después, vino un viento suave y tierno que invadió mi corazón de fuego, mis labios de un rosa pálido y el cabello de azules mariposas.

Mi túnica blanca se vistió de versos, y en mis manos, adherida quedó una pluma.

¡Yo quiero morir! ¡Grito silencioso de mi alma ignota!

¡Oh, no puedes! Dijo el viento. ¡Vivirás! Contesto la vida.

Y de la fuerza de mi espalda brotaron alas.

¡Canto sublime!
¡Luz del alma mía!



* Imagen tomada del muro de Ana Demon.
Luz Marina Méndez Carrillo/07032020/ Derechos de autor, reservados.
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