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Y el Rayo de Sol

*


Ha vuelto la soledad, y el rayo de sol que cae sobre mi rostro, abre en mí caminos de esperanza.

Las ansias, el deseo y desprecio, secuestran el corazón, lo hacen inmóvil, lo tornan estéril. Le atan las manos y su pensamiento, hasta el punto que desangra. Entonces, todo gira en círculo, nada fructifica. Hay retroceso.

¡En la absurdez de la mustia soledad, he hallado libertad! Me fascina, me encanta. ¡Detesto las ataduras!

¡El alma siente la pesadez de la carga que la arrastra, que la amilana!

El amor que ansío no mora en esta tierra. Mis pupilas atraviesan la forma del orbe, y no lo hallan, se ha perdido, en el lago lúgubre del desencanto.

EL que conozco no es amor, son cadenas.

Y entonces, no existo, no sollozo, no ansío. El deseo se evapora de mi cuerpo, y el amor, yace lejos del corazón


*


No vayáis a decir
¡Oh, qué triste!

¡En absoluto!

La alegría desborda
Del carmesí de mis labios
Del vaivén de mis pechos
Y la furia de mi sangre

He amado con el alma
Y más allá del límite

He pintado con el ímpetu de las olas
Del mar

Mi pluma ha estampado en los corazones
Que a mi han llegado, perlas de vida, amor
Y esperanza.

Y he derramado a la vez,
En blancos papeles y delicados pañuelos, gotas, si
Gotas de sangre de mi corazón ajado


Más
Ni un ápice de arrepentimiento
Los lamentos, a otros corresponden.


¡Luz en la mirada!
¡Paz en el corazón!
¡Fructificación a la vida!
¡E impetuosidad a mi pluma!


¡Y el universo se extiende ante el verde cristalino de mis grandes ojos!



* Imagen tomada del muro de Sandy Cardenas.
Luz Marina Méndez Carrillo/10082019/ Derechos de autor reservados.
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La Daga en la Espalda

*

Y a veces, con la punta filosa de la espada en mi espalda, vuelvo la mirada al firmamento.



¡Dulce sabor del alma!
¡Aire cristalino de las pupilas!
¡Vid de la existencia humana!



Me atestiguo en la luz que florece sobre mi cuerpo y vivifico en sus palabras, cúal suave vaivén, danzan sobre la inquieta hojarasca.

El alma oprime al corazón y viceversa y las manos ansiosas buscan la pluma.


¡Se siente la magia incorpórea que divaga inquieta!


Y de pronto, florecen los versos, que en forma de lamentos abandonan el cuerpo, dejando un corazón hecho tormento.

Y retornan los sueños que creí inservibles, y la sombra oscura se torna cristalina, y la luz florece desde el socavón de mis pupilas.

Y se comprende...


Que los ángeles no son aves que vuelan
Que la luz de la mirada es el reflejo del alma
Y el llanto que desencaja el rostro, no es más
Que la daga clavada en la espalda



* Imagen tomada del muro de Islam Gamal.

Luz Marina Méndez Carrillo/12102019/Derechos de autor reservados.
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¡Con los Labios Sellados!

*


Era un día cualquiera, a una hora cualquiera. Iba en un medio de transporte masivo, en la Ciudad de Bogotá, por la carrera décima, rumbo al sur de la Ciudad.

Cómodamente sentada, veía por la ventana, el carnaval de la vida, que ofrece a nuestras miradas, un abanico de situaciones, que muchas veces, resultan impredecibles y poco creíbles.

A lo lejos, una mujer de unos cuarenta años, vestida de negro y una pañoleta del mismo color, que cubría su cabello y parte del rostro, hizo señas al conductor. Al cruzar la registradora, vi con meridiana claridad, la palidez en su rostro. Imaginé, que estuvo o estaba enferma. Se acomodó a mi lado. Llevaba varios paquetes en bolsas plásticas blancas.

El intelecto abrió en mí, una aureola de inquietud. ¿Porque tan cerca, estando el autobús casi desocupado? Sentí un leve frío que subía y bajaba por mi cuerpo y alma, de manera paulatina.

Diez minutos después, el semáforo marco rojo, y el vehículo se detuvo. En este lapso de tiempo, que fue solo un instante, ingresaron a la fuerza, cinco individuos, saltando la registradora, intimidando al chofer y a todos los pasajeros.

La dama, que minutos antes, se había sentado cerca, vociferó en voz baja, casi que a mi oído


“Tranquila”


Cuchillos afilados apuntaban a la gente. Sentí miedo. Las demás mujeres, a excepción de ésta dama, fueron presa del pánico. Lo curioso, en ese momento, me inspiro seguridad.




¡El mundo, que minutos antes se miraba como un carnaval, se convirtió, en esfera candente que apretaba mi garganta!




Un individuo de tez blanca, pelo chuto, alto de estatura, con la camisa desabrochada, y un escapulario blanco colgando de su garganta, puso a la espalda del chofer, un cuchillo carnicero. Los demás, se dirigieron a lado y lado del vehículo, amenazando con sus armas blancas. Uno de ellos, la puso muy cerca de mi corazón, gritando enloquecido: “reloj, anillos, dinero y el bolso” Mis manos temblaban. Quise sacarlos, pero, la dama de negro sentada a mi lado, levantó un tanto su mano izquierda, pidiendo calma y no hacer nada, sin que el individuo se percatara.

La dama de protección como le llamo, se hizo invisible a sus miradas y maldad. En ella nadie reparó. No obstante, que llevaba varios paquetes.

Fijaron la mirada, en un tipo con una chaqueta de cuero negro. Este individuo, mayor ya, de forma feroz, se interpuso al asalto; uno de ellos, clavó en su espalda, sin misericordia, el arma blanca, en varias oportunidades. Un hilo rojo espeso, no se hizo esperar. Bajo por su espalda directo al piso haciendo un charco. Una mujer joven, de unos quince años, gritó desesperada, metiendo entre sus manos, su hermoso rostro. Le siguieron en gritería, las demás. Yo me hice de piedra.

¡La dama permanecía incólume, con sus labios sellados! ¡Absorbiendo, minuto a minuto, lo acontecido, con el iris de sus profundas y negras pupilas!


Ante lo dantesco, y viéndose casi que descubiertos, abandonaron apresurados el vehículo, con sus bolsas llenas. ¡De mis dedos, no salió un anillo!


De forma rápida, mire al rostro de la dama. Se veía ¡cadavérico y sin una gota de sangre!


Siguiendo sus pasos, se bajó tras ellos.


¡Un manto de tranquilidad y dolor se extendió en el aire! El chofer aceleró en dirección a la clínica. ¡Una víctima clamaba misericordia!



* Imagen tomada de la página Shutterstock.
Luz Marina Méndez Carrillo/04102019/Derechos de autor reservados.
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El Tiempo

*



Esta noche me he sentido incompleta. He degustado en la vid del corazón, la pócima de la sed, y en lo recóndito del alma, el vacío que la aniquila.

Miro transcurrir el tiempo sin lograr detenerlo. ¡No lo deseo! Delicia ver como escapa de mis manos y se desliza lentamente, cual gota de aceite, cual huella latente.


¡El nacer y morir de las horas, minutos y segundos, es un pentagrama de filosofía eterna e inigualable!


A veces quisiera, y de hecho lo hice. No mover un ápice al entendimiento. Simple y llanamente, observar y observar. Detenerme un instante en el velo translúcido del momento, escuchar el sonido de la lluvia al caer sobre mi ventana, y con ella, el soplo inagotable del aire en los pulmones.

Ver, en su completitud, el paño extendido que deja a su paso dicho transcurrir, y una vez percibido, saborearlo en el borde de mis labios sedientos e ímpetu de mis delgados dedos


*

Hilo imperceptible del tiempo
Efímero y perenne


Yaces
Quieto y mudo
En la memoria

¡Dulce advenimiento!

Cómo volver

Y en lugar de sellar
Descorrer el velo



آلعآبث آلآخير* Imagen tomada del muro de*
Luz Marina Méndez Carrillo/01102019/Derechos de autor reservados.
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La Mansión de los Espejos: La Habitación Veintidós

*


Dylan, experto en criminalística, revisó y analizó en forma detallada, las pruebas que reposan sobre su escritorio, entre ellas, la epicrisis de la joven fallecida. De pronto, algo llamó poderosamente su atención. Un sobre sin remitente, casi que oculto entre estas. Adherido a dicho sobre, con cinta aislante, una hoja carta blanca, en la que a simple vista se lee:


“Bienvenida a la fiesta en la casona. Nos veremos en el salón de los espejos”


Acto seguido, entabló comunicación con WESLEY DANILO. Él se mostró extrañado e indignado. No tenía conocimiento de reunión alguna en la Mansión. Menos, con lo acontecido a su madre. Marcó de inmediato al mayordomo.

- Don Arcadio buena tarde. ¿Cuéntame por favor sobre la fiesta en la casona?
- Contestó de inmediato: Desconozco de qué habla, señor
- Cómo es posible que no esté enterado, que en la Mansión se iba a celebrar una fiesta. Refunfuño Wesley Danilo.
- No sé nada, señor- replicó el mayordomo.


Don Arcadio, retiró el teléfono de su oído inmediatamente, pues al otro lado, se escuchó como si el aparato hubiese sido golpeado contra el escritorio. No hubo despedida. Nada. Solo el estruendo. Y luego… silencio total. Supo enseguida, que si no daba resultados pronto, su situación laboral cambiaría de forma drástica.

Reunió presuroso al personal de la Mansión, para indagar sobre la dichosa invitación. Pero nadie dio razón.

En consecuencia, se dijo: Tarea para don Arcadio.


Revisó cámaras de vigilancia, mensajes en los celulares, correspondencia y demás, que pudiera dar luz de la inquietante invitación. Sin hallar un ápice. Repaso la lista de huéspedes varias veces.

En últimas, optó por tomarse un café, pasándose la mano una y otra vez sobre su cabello canoso, como si quisiese peinarlo con la mano, en dirección contraria a su rostro. Se acomodó el diminuto bolígrafo sobre la parte izquierda del corazón, e inició, casi sin darse cuenta, una ronda de vueltas en círculo alrededor de sí mismo.

De pronto, colocando su dedo en la punta de la nariz, inhaló y expulsó varias veces aire por la boca. Y sin mediar palabra, salió presuroso y silencioso de su habitación. Dejándola herméticamente cerrada. Subió la escalera en dirección a la habitación treinta y tres. Carlota le inspiraba confianza.

Al pasar por la habitación veintidós, vio con extrañeza, que la puerta estaba entreabierta. Frunció el entrecejo. Pues esa habitación, se suponía, estaba sellada, desde el hecho infortunado del asesinado del joven alquimista. Y él era el único poseedor de la llave de ese cuarto. A excepción de la señora Liliana Santacruz, dueña de la Mansión.

No obstante, antes de entrar, golpeó varias veces, nadie respondió. Empujó la puerta e ingreso. Lo que sus ojos vieron, nunca lo olvidaría. ¡Quedó de piedra!

De las paredes, colgaban cuadros viejos y desvencijados de Aleister Crowley, el ocultista, alquimista, mago, poeta y escritor inglés, conocido por algunos, como Mago negro. Y del Austriaco, Guido Von List, fundador y máximo representante de la Logia Oculta.

Sobre una mesa, que nunca había visto en la mansión, una serie de pócimas de diversos colores y tamaños, en frascos de vidrio. Y un libro con extraños jeroglíficos y pictogramas, abierto a la mitad, y un cristo en bronce boca abajo sobre el mismo.

Se expandía en la habitación un olor raro.

Quería correr y no pudo, quedarse e indagar, y menos; el temor lo invadió. En toda su vida había visto cosa semejante. Del afán que sintió por hablar con Carlota, no quedó un ápice. Olvidando su urgencia. Optó por recurrir a Airmar, el clérigo. El daría luz a semejante espectáculo.

Reponiendose, salió de la habitación, y en retrospectiva, el pasillo que hace unos segundos estaba caluroso y agradable, lo miró largo e interminable, y la imagen que reflejaban los espejos a su paso, daba la impresión, no respondía a la realidad circundante. En un santiamén, el área se había vuelta tenebrosa.


*

Las delicadas manos de Aimar, repasan una y otra vez, el salmo 55 del libro sagrado, mientras, entrelaza entre sus dedos la Divina Cruz del Nazareno.

Alzando la mirada al firmamento exclama:

“ Escucha, oh. Dios mi oración,
No te ocultes a mi súplica,
Atiéndeme dame respuesta;
Me agito en mi lamento
Me turbo ante la voz del enemigo,
Bajo el acoso del malo,
Pues acumulan sobre mi desgracias,
Y con rabia me persiguen. “


Se deja caer sobre la silla casi que exhausto. Cierra los ojos y con las manos en posición de súplica, se cubre el rostro. Algo atormenta su corazón. Algo que a ésta tierra no corresponde.

Un suave aroma a rosas invade el aire, y el silencio se apodera del momento. Todo se mira relajante.

*

Mientras, Hakim, en el cuarto contiguo a la habitación veintidós, sonríe socarronamente, empacando en las maletas sus pertenencias.


Y un poco más allá, en la habitación treinta y tres, la joven escritora, se aferra al Cristo de los dolores, en plegaria a su magnánimo dolor.



* Imagen tomada del muro de Islam Gamal.
Luz Marina Méndez Carrillo/29092019/Derechos de autor reservados.
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Más allá de Lamentos y Tristezas

*

Cuando para hallarte tiendo los brazos
La furia del corazón
Y el lamento del alma


Y a lo lejos...


En la penumbra de la noche te diviso
Separando nieblas, quebrantando olvidos


Bajo la luz que bifurcó la sombra
Aún pernoctas, con la lámpara encendida

Más allá de lamentos y tristezas
Y a la orilla del camino

En mustia soledad y magnánimo silencio
Desgajando, uno a uno, de tus labios
La última gota que depositó en los míos
Y el aliento que reposó en mi pecho


Ni a la sombra, ni al silencio
Ni a la lluvia, ni a la muerte
Ni al día, ni a la noche
Ni a la suerte, ni a la amante

Se ha conferido poder para rasgar
La hebra imperceptible
Que fraguó nuestra existencia

E hizo mella en tu pupila
En el as de mi corazón
Y la fuerza de tu sangre

Que agita
Revive
Cuantifica
Y tiembla

Con mis latidos
Tu aliento
Mis gemidos

¡Oh, silenciosas pisadas!

A la orilla de mi alcoba
En el cenit de tu cuerpo
En el nadir de mi alma

¡Oh, noche!
Quién si no tú

Testigo mudo, y además
Vivificante.




* Imagen tomada del muro de Islam Gamal.
Luz Marina Méndez Carrillo/25092019/Derechos de autor reservados.
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Mi Diario: ¡La Vid de Nuestros Encantos!

¡La vida, cofradía de sonrisas!
¡La muerte, constelación de lágrimas!



Ante éste mar de incertidumbre, escapamos, lejos de este maremágnum, en aras de crear ese algo, ese pedazo de cielo, donde tú y yo, decantar al divino hacedor y al firmamento en su completitud, por la gratificación recibida, y al unísono, construir, el tálamo que vivifique este amor que llevamos dentro, cual cántaro bendito, cual gota de vida.

Calcé mis sandalias doradas, la túnica blanca adherida a mi cintura y el sujetador de blancas estrellas. Alcé mi cabello en broche translúcido y ceñí sobre mi frente, diadema de hermosos luceros.

Antes de partir, Micifuz, mi hermoso gato blanco y la Mirla de mi jardín encantado, contemplamos, en un instante, en un piélago de vida, los sonidos de la noche silente.

Se oye el lánguido aullido de un perro a lo lejos, el aire inquieto se pavonea, el maleante vigila y las almas buenas reposan en su agonía. Se escucha el lamento de seres atormentados, y cae a la tierra en su infertilidad, una lágrima. Y a su vez, vuela al firmamento, una plegaria.

Ascendimos por la escalera misteriosa, cuya iridiscencia y luminosidad, la prodigan inquietas libélulas, llegando al fin, a la cima de la bella flor de jade.

Allí, en posición de loto, y luego de un retazo de letargo, construimos, la vid de nuestros encantos.


He visto tu nombre
En delineados trazos

He mirado tu rostro
Y palpado tu sonrisa

He bebido de tu noche
Manantial de vida

He tocado tus labios
¡Sed del alma mía!

¡Ángulo de mi sonrisa
Pupila de mis sueños!

Ven a mis brazos
Aliviana mi agonía


* Imagen tomada de la página de Piruja.

Luz Marina Méndez Carrillo/29082019/Derechos de autor reservados.
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Y de Aquellas Almas

¡Háblame corazón! ¡Cruje en mi frente!
¡Toca mi alma! ¡Quiebra la desolación!


Garras y cuchillos
Maldad y depravación
Pululan el planeta, sin el mínimo control


Balas que en zigzag perforan la ilusión
Cambiando vida y sueños por amarga situación


Armas que enarbolan
Bandera fratricida
Quiebran sin medida
La vida en su agonía


Almas arrastradas
Almas infelices

Almas desgraciadas
Almas maldecidas

¡Viento venenoso, que les ha dado aliento!
¡Atales el alma! ¡Quiebrales el cuerpo!

Pues no merecieron un instante muerto



* Imagen tomada de Café poetas.
Autora: Luz Marina Méndez Carrillo/22022010/Derechos de autor reservados.
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Bajo el Resplandor de la Luna LLena

*


Bajo el fulgor de la luna llena, me gusta pisar mi sombra. Desenredar mi cabello ensortijado y buscar en los aleros, el rocío nocturnal de los luceros.

Mirar a través del espejo, el rostro inquieto de la luna, el fulgor de la mirada y la magia de mis manos.

Percibir y saborear, la brisa de la noche loca, que en suspiros, desgaja sobre el alma inquieta, ramilletes de versos y letras.

Ver, aunque no lo crean, los ojos transfigurados de Micifuz, la mirla en su quietud, en mi jardín encantado, y la escalera que conecta con las arterias del manto sagrado.

Y así, lentamente y de soslayo

Auscultar en el socavón del momento, las cartas de amor que nunca se enviaron, en las que aún late, en cofre dorado, la vid que me encadena

A ese corazón celeste, que cuelga en las estrellas, y desde allá, conecta con el ímpetu de mi alma bella.

Y en delicioso espiral, y de forma melodiosa,

Expandir con la lira, la magia nocturnal de mis delicados pechos, bajando por mi cintura y hasta la punta de los dedos de los pies, en arandela de lirios, luces y diademas.




* Imagen tomada del muro de Carlos Miguel Perez
Luz Marina Méndez Carrillo/23092019/Derechos de autor reservados.
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Y Ellas

* Homenaje a mi querida amiga Mónica, y en ella, a todas las mujeres




El viento va midiendo las horas
Minutos y segundos

La órbita silenciosa gira
La hoja cae

El recuerdo yace en la memoria
Y la palabra encierra su mutismo



A la vera del sendero las miras pasar, las contemplas, hasta perderlas en la distancia. Al vaivén de sus pasos, las piedras recobran vida, dejando huellas en la tierra candente. En el iris de la mirada, tatuadas quedan, cual recuerdo floreciente.

Mujer, mujeres lindas e inteligentes, en cuya mirada la libertad explaya su atarraya. ¡Y el faro del tiempo permanece incólume!

Y la diosa del silencio en su eterno transcurrir
Se detiene a contemplarlas


¡Mujeres, mujeres lindas e inteligentes!


En la arandela de sus dedos, toman a sus anchas el candil de la existencia, y con agilidad asombrosa, detienen el movimiento de la rueca.

No es la vida que las lleva. Ellas llevan a la vida. Zarandean el destino a su manera. Hacen de su universo celestial belleza.



* Imagen corresponde a Monica Chiarabelli. Tomada de su muro.
Luz Marina Méndez Carrillo/21092019/Derechos de autor reservados.
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Más Allá

Más, cuando se acerca el fin, el hilo misterioso de la magia ardiente y delirante, que ata mi corazón a la poesía, literatura, al arte en su conjunto, sale en férrea defensa.

Y de sus formas delineadas, transcribe los sueños, el amor, la vida, la muerte, la tristeza, y por supuesto, el innegable dolor.

Fue así, que en noches de luna llena, y siguiendo el hilo delgado y misterioso que unió tu vida a la mía y viceversa, deambule tras tu corazón.

Con la esperanza de permanecer incólume, ungí tus labios del néctar sagrado.

Pedí, no retirar la hebra invisible que unió nuestros senderos.

Mas, desoyendo este pedido, lo tornaste indescifrable. ¡Ciego estabas!

Ansiando que durmiera la noche y abrigando el alma con el frío y lluvia tenue del momento, camine silenciosa y meditabunda por el débil sendero de la vida, y a punto de colapsar.


Me detuve un instante, observando a plenitud el firmamento

.
¡La agonía del alma bebía de la vid sagrada que mora en el sempiterno!



Y fue así, como se templó mi alma, el corazón se hizo grande, las manos que pintan y delinean se extendieron en el aire, y arandelas de diademas y colores florearon en el universo, más allá de la cumbre del dolor, la envidia, el desprecio y demás, actitudes de la miseria humana.


¡Quema tiempo entre mis blancas manos!

¡Arde, arde sin miramiento!

¡Mira mis pupilas
Vid de tu alimento!

Siembra en hoja seca
Funde en hierro candente

Pesa, pesa
Como fuego en el aire

Como látigo al alma
Como voz al viento.



* Imagen tomada del muro de Engèlbèrt Jàrvinià
Luz Marina Méndez Carrillo/17092019/Derechos de autor reservados.
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Hubo un Tiempo

Hubo un tiempo, que el aire faltaba a los pulmones
La vida en las venas no fluía
Y la vid… la vid de los labios decaía


El cabello rizado declinó
Y las puntas…las puntas se ajaron.

El verano ardiente quemaba las plantas de los pies
Y la sed en la piel se hizo latente


La soledad, dueña de horas, días
Y minutos, enseñó sus dientes


Y


El mundo, el mundo en agonía
Sin norte alguno deambuló


Hubo un tiempo, sí
Que las nubes en el cielo no fluían
Y la brisa que ondeaba la arandela de los sueños
Guareció



La sangre rodaba sin control en avenidas
Campos, sembrados y hospitales

El llanto de los niños el fusil silencio
Y la voz de las madres la daga acalló

La juventud, as de gloria y esperanza
en fuente seca declinó

Y

La bandera que enarboló el grito de paz
Su corazón se traspasó

Y el lamento, el lamento en el alma por siempre feneció

Hubo un tiempo, si.
Y es este momento
Este tormento.



* Imagen tomada del muro de Islam Gamal.
Luz Marina Méndez Carrillo/19092019/derechos de autor reservados.
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Mi Diario: ¡Ingratitud, Veneno del Alma!

Ciñendo corona ensangrentada, el príncipe de la luz descendió a la tierra, colocando en el cenit de las almas cuya existencia la habitan, una corona bordada de perfumados lirios.

Dice: ¡La Vid de la esperanza espiritual! ¡La Gota de sed que sacia y saciará la vertiente del alma humana!

“Poned la otra mejilla” eje fundamental del sendero sagrado. Al mal, no responder con mal. Así de simple.

Así mismo, la maldad que sale por la boca y viene del corazón del hombre, le contamina, e indudablemente, daña a los demás.



El alma del hombre se ha revestido de desprecio, desmigajando en cada acto, la hiel de éste veneno. No porque sea inherente a su esencia, sino porque lo ha plegado a su existencia.



En el paso por el sendero de la vida, no se ha de olvidar, la gratitud, cual diadema que adornará nuestra existencia y pondrá el espíritu en la senda lineal de la esperanza espiritual.


Siendo ésta ramificación arraigada en el socavón del alma cuyo génesis hemos fraguado, no hay opción distinta que sacudirla, o caer en el abismo ardiente.


*


¡Siento el fuego
Que no es fuego
Que no es sombra!


¡Siento el aire
Que no es aire
Que no es agua!


¡Eres tú!
¡Distancia entre mi cuerpo
Y tu memoria!


¡Mírame, aunque no me veas!
¡Tócame, aunque no me halles!


Habla silencioso a mis oídos
¡Sacude el eslabón de la cripta ardiente!


Deja escapar el hálito de vida
Testigo fiel de este pasado


Ni el tiempo cuya aurora la noche borra
Secará de las pupilas la mancha oscura
De tu desprecio.



* Imagen tomada de Flor lirio de los Valles(Convallaria majalis)-Pinterest.es.

Luz Marina Méndez Carrillo/02092019/Derechos de autor reservados.
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La Mansión de los Espejos: El Crucifijo

El cansancio lo arrastró de forma inmisericorde al más profundo letargo, violentado por el ruido del crucifijo al dar contra el piso. No entendía cómo, la hermosa cruz en oro de veinticuatro quilates con siete esmeraldas, que pendía de su cuello, se había hecho trizas.


Se incorporó en un santiamén, buscando desesperado los pedazos, sin hallar nada. En su angustia, puso rápidamente la mano sobre su pecho, y ahí se hallaba, el Cristo de los dolores; absolutamente incólume, resplandeciente y puro, con la mirada impecable, beatificante y cristalina, navegando en el lago de piedad y conmiseración hacia la humanidad.

Se indagó inquieto ¿qué era aquello, que lo arrastró al más profundo delirio?

Sentado sobre la cama y aún con el hábito puesto, tomó de la mesita de noche un paño húmedo, secando ipso facto su rostro bañado en sudor y lágrimas, pálido además, por el mal sueño. Todo daba vueltas en su cabeza. No atinaba a distinguir que era real y qué del mundo onírico.

Cerró los párpados un instante, tratando de acomodar las piezas de ajedrez que en extraño tejemaneje daban vueltas en su cerebro.

Cuando creyó hallar claridad, vio sobre la mesa de noche una nota de una caligrafía delicada, que a su tenor literal dice:

"Ansiaba hablar contigo, pero dormías. Te cuento: Josefina ha fallecido. Cuidate. Abrazos"


Se llevó la mano a la frente y contestó al mutismo de su pregunta. ¡Estuvo aquí! E inmediatamente se indagó:



¿Porque su presencia se introdujo de esa forma en mis sueños? ¿Qué significa la destrucción del Cristo del amor que pendía de mi cuello? ¿Qué pasó entre Carlota y yo? ¿Qué interferencia puede tener este sentimiento con aquel que nace del alma humana y conecta con las más sagradas esferas? ¿No puedo acaso dar a mi vida, dirección diferente, sin que se quiebre uno solo de los hilos del amor, que nace en mí, por el Cristo del dolor?



*


WESLEY DANILO SANTACRUZ, reponiendose del impacto de la muerte de su amada, llamó de forma inmediata a Dylan, para que, personalmente, se hiciera cargo de la investigación de los hechos, y demás, que llevaron a la muerte a la hermosa joven, Josefina, y prosiguiera a la vez, con la investigación en la desaparición tormentosa de su señora madre, Liliana Santacruz.


*


Carlota, por su parte, se hallaba en su habitación, presa de desasosiego e impaciencia. No comprendía ¿Por qué la vida le había puesto en ese lugar donde conocería a un personaje, que por su condición, y a la luz de las creencias religiosas mundanas, le era casi que vedado?


Al ingresar al cuarto del clérigo y verlo dormido, pudo contemplar a sus anchas y sin el mínimo obstáculo, la belleza de ese hombre, que día tras día, la arrastraba a un océano de desesperación. A esas alturas, no sabía qué hacer ya, ni cómo actuar frente a él.

Al verlo ahí, doblegado por las circunstancias, a sus ansias y merced, deseo poseerlo de una buena vez. Quería y no. En últimas, se atrevió única y exclusivamente, a estampar sobre los labios de Aimar, un beso, un delicado beso, del que jamás ese hombre se enteraría, pasando sus dedos, por sus labios inermes.

Acomodándose tantico, tomó un lapicero de mina negra y un papel en blanco, lo dobló en forma de corazón, y a fuego y sangre, escribió los siguientes versos, que ocultó sigilosa en el hábito del clérigo:


Y después de todo, te has hundido en mis sueños
En mi sangre.


Has viajado sin tocarme por la arena de mis versos
Prohibidos

Has bebido de mi cáliz bendito

Y

Has puesto sobre mis labios carmesí
La vid de tus encantos.


No obstante, permaneces en tu realidad,
Impasible y puro

¡Diáfana verdad, has lapidado mis entrañas!

¿Porque si escuchaba la furia de tus latidos
No es mío su ímpetu?

¿Porque si te has cruzado en mi camino
La copa de mis ansias yace rota?

¿Porque la luz que irradia de tus pupilas
Vivifica y asesina a la vez?

No creas... sin que lo sepas

He bebido de la miel de tus labios
Y del rocío de tus latidos.

Y moras en mí y dentro de mí
Cual ángel bendito




Y una lágrima cayó de sus mejillas sobre el blanco papel, tornandolo translúcido.



* Imagen tomada del muro de آلعآبث آلآخير.
Luz Marina Méndez Carrillo/15092019/Derechos de autor reservados.
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La Luna de Anoche

La luna de anoche, tocó mi alma de tal manera,
que agudizó mi oído y agitó mi sangre,
encaminando mis latidos a la senda de tus sentidos





Así quisiera, no puedo sustraerme al embrujo de una luna, como la de anoche. En agonía el crepúsculo nocturnal, el hermoso satélite, con su luz iridiscente, estampó sobre mi almohada, las arandelas de tu corazón y los poemas que jamás me escribiste.

Insatisfecha y antes de partir, delineó con su fino pincel, paso a paso y lentamente, un ¡te quiero! y un ¡no te olvido! sobre las blancas sábanas de mi deliciosa y mullida cama.

La luna, embrujo de mis anhelos, me cuenta tus dulces sueños. ¡No creas que no! La escucho en lo alto del firmamento, y la veo sacudir su manto, que explaya en arandelas de hermosos luceros sobre la madre tierra.

Una luna como la de anoche, ¡sacude el socavón secreto del alma humana y remueve a la vez, su luz beatificante!



* Imagen tomada del muro de Camilo Xr.
Luz Marina Méndez Carrillo/05/09/2019/Derechos de autor reservados.
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¡Extraña Mujer!

¿Quién es la extraña mujer
Que abre las puertas del corazón, las puertas del alma?



Aquella que sabe de letras, rosas, tildes y diademas.

La que conoce de poemas cuya génesis regurgita la profundidad del alma


La que posee el don de contemplar el firmamento
Con el ímpetu sacro de un alma herida


La que sabe de la fuerza inusitada que desborda la luna rosa, luna negra
Luna roja, luna de sangre

La que ha desgajado en letras, en noches de desolación,
El elixir que vivifica el piélago del amor


La extraña mujer capaz de contemplar las estrellas y hacer de ellas un poema


Aquella que en la absorta soledad de su aposento
Desgaja uno a uno su innumerable tormento

Aquella mujer...

Es

Aquella mujer





* Imagen tomada del muro de Islam Gamal.

Luz Marina Méndez Carrillo/13092019/Derechos de autor reservados.
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Mi Diario: El Pétalo de Miel

No fue la luna creciente, causante de mis desvelos, ¡fuiste tú!

A la hora del elixir, llegaste con tu pasión intensa y tus deliciosos versos, depositando en mis labios, el pétalo de miel, que haría girar mi mundo en órbitas desconocidas y misteriosas.

Sentí muy cerca de mi cuerpo, el latir de tu corazón y el agite de tu piel, Hasta el punto de, hacer que mis delicados pechos florearan

Retirando la manta algodonada de mi cama y el kimono de satén de mi cuerpo, descorrí el velo misterioso de la magia ardiente y delirante, que a la noche, fluye a torrentes dentro de mí.

¡Dulce amor!


¡Eres fuego, aliento de vida!
¡Ánfora de mi insaciable sed!

¡Lumbre de mi noche oscura!




Busque con la inquietud de mis pupilas, tus huellas, tu perfume embriagador, tu aura celeste.


¡La brisa inquieta de la noche me hablo de ti, de tu impaciencia!


Caminé en Círculo bajo la circunferencia lunar que me embriagaba con su luz iridiscente.

El viento ondeaba mis cabellos entonando a la vez, un cántico de aleluya por la vida, por las almas enamoradas.

La magia del momento, arrastró de forma inmisericorde mis horas, mi tiempo, gratificando a cambio, con perfumada rosa sobre mi lecho.



Y la noche blanca
Se hizo cristalina

Y

Tu corazón
Vivifico en mi sangre



*Imagen tomada de Thumb3
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El Rey de Persia

¿Qué hace el rey de Persia que me visita en sueños?

¿Por qué hála mi túnica y desprende mi sujetador, arrastrándome inmisericorde, al piélago prohibido de su amor?

Dicho soberano, pinta mis labios de un intenso rubí y traza sobre mis pechos el escudo de su reino.

Estampa sobre mi espalda extraños jeroglíficos y sobre mis caderas ciñe una cinta de aleluyas

Recoge mis largos cabellos en trenza florecida y calza en mis pies, sandalias doradas


Tiende tapete a mi paso...


Y


Ata a mi muñeca izquierda, manilla de diminutas mariposas, y en el dedo anular de su mano derecha, enlaza en círculo mágico, su corazón al mío.

¿Qué hace el rey de Persia que me visita en sueños?



* Imagen tomada de Fantasía_de_color la página de los niños.
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¡Bajo el Manto de la Noche!

La noche, panacea de ansias locas, poéticas y delirantes, lo es, igual, de los más recónditos misterios, y a la vez, caldo de cultivo para aquellos en cuya alma la maldad anida y florece.


Dicho flagelo, extiende sus garras a lo ancho y largo de la periferia terrenal, que dormita bajo el manto de la noche silente, o la luz solar beatificante.

Vencido el crepúsculo del atardecer, y al paso inclemente y agigantado del tiempo, se escucha a lo lejos, el aullido de los animales que avisan del peligro eventual. El maleante que creyéndose invisible o con derecho, arrebata lo que no es suyo, y quienes aún más allá, arrancan de forma inmisericorde, dolorosa e inhumana y desvergonzada, la vida del otro, como si fuese su propiedad, o estuviese a su disposición y arraigo. Ni aun así, pues nadie tiene potestad sobre su vida, y menos, la de los demás.

La vida es un don preciado y sagrado y debe respetarse. Quien violente ésta ley natural que orbita en el aura universal, cuelga a su cuello y espalda, pesada piedra, que no podrá ser retirada, hasta tanto el daño sea reparado.

¡Vaya! ¿¡Cómo reparar el quitar de la vid de la existencia una vida!?

Asesino es, quien arranca de un tajo la vida de otro, y quien lentamente y de mil maneras, merma la paz y sosiego de sus semejantes, hasta hacerles sucumbir.

¡Que no se crea hacedor y preservador de vida, quien desde el inframundo trae al orbe, cizaña, miseria dolor y muerte!

La noche, en su magnánimo misterio, abriga igual, a seres cuya maldad veda el telón del mundo onírico y relajante. EL fruto de sus actos, empaña desde su génesis, la existencia de sus almas.


*


¡El lento transcurrir de la noche
Aviva el silencio y suplicio de la sangre!


Ahoga el lamento y ahonda la tristeza

Y

Pone en el pómulo de la inocencia
La gota de rocío en decadencia




* Imagen tomada del muro de :Engèlbèrt Jàrvinià
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La Mansión de los Espejos: La Noticia

Josefina, la hermosa detective, sin aliento de vida, muere en una clínica cercana a la Mansión.

*

Wesley Danilo Santacruz, husmeando la correspondencia, descubre una carta extraña, con un logo que no había visto. Siente un poco de temor, pero a la vez, gratificación, pues contiene el sabor y aliento del perfume de su amada. Sueña con tenerla de vuelta, pronto.

Abre el sobre y salta a la vista: una agenda, dos fajos de dólares americanos, seis billetes de cincuenta marcos alemanes, varios euros, una usd y un cd.

Frunce el entrecejo, pues no atina un ápice, lo que significa.

Tocan a la puerta y presuroso guarda el sobre en un cajón bajo el escritorio. Violeta, su secretaria, le informa de una llamada con señal de urgencia.

En un santiamén, su rostro luce desmejorado y parece no tener una gota de sangre. Afloja la corbata y se deja caer sobre el mullido sillón. En su mano izquierda, vibra silencioso el celular, el cual, segundos después, cae sin misericordia sobre la alfombra, al igual, que el pergamino de los versos que ella recitaba en horas de letargo:




¡Nada te ha hecho más feliz
Que mi recuerdo!

¡El néctar de mis labios!
¡La fuente de mis pechos!

¡El agite de mi cuerpo en éxtasis
Ardiente y sediento!

¡Nadie te he hecho más feliz, que
Yo!




Toma la hoja de pergamino y con su corazón arrugado, la estruja contra su pecho, en el más doloroso de los momentos. Pone entre las manos su rostro, sucumbiendo en un mar de llanto.


*

Aimar, abre nuevamente el libro sagrado. Ansiando distraer su mente, lo hojea, pero ni una gota de las letras impresas cala en su intelecto. Se incomoda. Toma el pañuelo, seca su hermoso rostro. Camina en círculo varias veces, hasta que, cansado, se tumba sobre la cama.

Sus hermosos ojos azules, se sumergen en un mundo de sueños, en los que ansía, la magia del amor y el perdón del altísimo.

El eterno filosofar consigo mismo, se ve interrumpido por golpes casi que silenciosos en la puerta. Sin levantarse y aún con el hábito puesto, contesta: Puede seguir.

En un instante y frente a sus ojos, la linda mujer, por quien su corazón empezaba a cambiar de dirección y lo sumergía en el velo onírico de la vigilia.

Quiso levantarse, pero ella se acomodó muy cerca, poniendo sobre sus labios el dedo índice y anular; susurrando a su oído, le pidió, se quedase, como lo había visto al entrar.

Intercambiando sentimientos a través de la mirada, dejan caer sobre sus corazones, el ímpetu y necesidad de satisfacer el amor que entre ellos, fluye a torrentes.

Carlota acerca sus labios a los del clérigo y éste permanece estático con la mirada fija en ella. En esos arrebatos del corazón y el alma, en los que a veces no se tiene control, responde al fuego ardiente cuya llama aviva sin la mínima clemencia.

En ese tejemaneje de sentimientos, la Divina Cruz del Nazareno, que momentos antes, pendía en el pecho de Aimar, da contra el piso, haciéndose trizas.



* Imagen tomada de Rossas.net

Luz Marina Méndez Carrillo/06092019/Derechos de autor reservados.
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