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Mi pequeña mariposa ya sabe volar

Hay días en que me despierto y noto tu ausencia, dejaste el nido vacío, siempre te gustó volar. Pasaste de ser una larva a mariposa inquieta e inquietante, llena de libertad. Y ahora bates tus alas en otro lugar. Tus ojos curiosos, me traían paz y hecho tanto de menos el aleteo que me acompañaba, que no lo puedo soportar. En tus viajes, a veces entras por mi ventana, pues te gusta curiosear. Y siento que tu voz me acompaña y siempre me acompañará. Pues estuviste en mis entrañas y eso nadie lo va ha cambiar. Mariposa errante, que volaste lejos de mi hogar y formaste el tuyo, aún sin tener edad. Yo te deseo que en este día, sientas mucha paz, pues tu madre estará siempre a tu lado, para lo que puedas necesitar. Un abrazo fuerte, una carica, o un poema que te hará llorar de felicidad.
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Sin nada en los bolsillos

Guardo en mi mochila,
el olor a lluvia mojando la tierra,
días de lluvia brava,
de las primeras tormentas de primavera.
Guardo flores secas,
entre mis libros de poemas
y una brizna de sueños usados,
que poco a poco me envenena.
Guardo dentro de botellas,
arena, piedras y agua,
de todas las playa que he pisado,
cuando mi mente estaba serena.
Y viajo así por el mundo,
cargada con el peso de los recuerdos
y mis pasos van dejando huella,
entre los escritos de mis versos.
También guardo en mis bolsillos,
besos recogidos de tu boca,
palabras arrastradas por el viento
y que una vez me volvieron loca.
Y ahora quiero desprenderme,
de ese peso que me agota,
lanzándolo río abajo
y mirando como flota.
Son recuerdos del pasado,
que adormecen mis sentidos
y por fin me siento libre,
sin nada en los bolsillos.
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Me perteneces

Me perteneces porque te he soñado,
podrás pensar lo que quieras,
pero eres mío.
Me perteneces aunque no estés a mi lado
y entre tú y yo,
haya un abismo.
Tuya es mi sonrisa
y mis inviernos fríos,
tuyas las caricias,
de este corazón mío.
Me perteneces...
aunque la duda llene tu infierno,
tu piel es parte de la mía
y sabes que yo la gobierno.
Soy la dueña de tus emociones,
soy el resplandor de tu sueño,
soy el espejo de tu alma,
donde reflejas todo lo bello.
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Libre para amar

Vi el amanecer a través de la ventana,
asomando el Sol aún dormido,
las nubes blancas eran las sábanas,
que sujetaban los rayos encendidos.
Y tus ojos aún cerrados,
quizás soñando conmigo,
las sábanas cubrían tu cuerpo,
por debajo del ombligo.
Tu piel blanca y serena ocupaba,
el lugar donde yo había dormido,
mezclándose los aromas,
de tu cuerpo junto al mío.
Y es que amaneceres como este,
nunca los había tenido,
hasta que apareciste en mi cama
y me di cuenta de que no había vivido.
Y ahora quiero cuidarte
y que tú hagas lo mismo,
porque así quiero amarte,
más allá del abismo.
No quiero desenterrar tus raíces,
antes de que crezcan tus alas,
para que puedas volar a mi lado
y sentirte la más amada.
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Dime qué no tengo razón

Dime porque lloras,
ahora que me he ido,
si tú nunca has sido,
quién dio más en este amor.
Dime si te duele,
sentir que no soy tuya,
viéndome reír,
llena de ilusión.
Dime qué no mueres,
cuando me ves con otro,
dime qué es mentira,
que no tengo razón.
Dime qué en tus sueños,
ya no eres mi dueño,
que dejaste de amarme,
díselo a tu corazón.
Porque el mío no te cree,
aunque tus lágrimas quieran pedir perdón,
aunque te rías cada vez que te miro,
aunque me diga que no tengo razón.
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Si yo te contara

Si yo te contara...
a qué huelen mis pétalos.
Si te contara...
el porqué de mi danza al viento.
Dulce movimiento,
que el aire da la vida.
Si yo te contara,
porque sigo arraigada a la tierra.
Tierra que me alimenta
y me hace sentir viva.
Si yo te contara,
porque soy feliz con la lluvia.
Si yo te contara...
que nací flor en primavera.
Que fui capullo verde intenso,
entre un verde campo de trigo.
Y ahora soy amapola roja,
que baila, suspira y derrama su polen,
resistiéndose a la cosecha.
Si yo te contara,
que volveré cada año a colorear el prado,
como esas golondrinas que vuelven cada año.
Si yo te contara...
cuanto amor sentirías,
por este campo de trigo,
donde sin sueño yo dormiría.
Si yo te contara,
que eres espiga de trigo
y que bailamos juntos al viento.
Que sentirías si yo te cuento,
que eres vecino del Sol
y qué eres mi tormento.
Que eres quien me acaricia cada tarde
y sin darte cuenta rozas mis pétalos.
Si yo te contara,
quizás me verías
y te darías cuenta...
si yo te contara...
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Poemas encerrados

Apenas te das cuenta de que el ruido de las calles se ha ido. Que la vista se pierde sin hallar a nadie y que las noches de fiesta son el silencio. Ya no hay contacto físico, los besos se dan al aire. Los abrazos se quedaron ocultos en ninguna parte. Ya nada es como antes. Hasta los animales extrañados pasean por nuestras calles. Y es que el miedo ha hecho mella, sobre todo en la gente grande. Sales al balcón a ver lo que se comparte, canciones, risas y aplausos,
que llegan de todas partes. Porque se necesita el aire fresco, en estos terribles instantes. Donde este confinamiento, te hace sentir como en una cárcel. Y ahora escribo poemas, para acompañar mi arte, en estos tristes días, que sin tenerte, quiero amarte.
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Extasiado

Me vendó los ojos con la liga negra de blonda y comenzó a desnudarse. Mi ojos parecían salirse entre la suave tela, deseosos de devorar cada rincón que aparecía ante mí. Se quitó las pequeñas braguitas que cubrían su sexo y me las lanzó sobre la cara. Un aroma sensual me atrapó como a un insecto en una tela de araña.
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Mi lucha, nuestra guerra

Yo nunca he vivido una guerra. Pero mi madre sí y me contaba tantas historias. Tantos momentos donde escaseaban comida y juegos. Historias vividas desde una niñez apresurada. Donde se aprendía a ser mayor con apenas siete años. Donde si se jugaba, era en el campo de batalla. Se luchaba por poseer el mandato de un pueblo. Y por defender sus derechos. Pero esta guerra es diferente. Se lucha por la vida, contra un enemigo invisible. Capaz de segarlas, sin apenas hacer ruido. No deja mutilaciones, ni cicatrices, solo cadáveres. No permite que te acerques a tus seres queridos, muriendo alejados de ti. Se alimenta de los mayores y de las personas con problemas de salud. No distingue entre razas, ni etnias. Te encierra entre cuatro paredes, aislandote del mundo, privandote de trabajos y de tantas cosas... Cuídate de este enemigo, porque si logras salir, habrás vencido.
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Levántate

La mañana despertó con lágrimas en los ojos.
Apenas asomó el sol tras la colina,
cuando pareció ponerse en marcha el nuevo día.
La niebla cubría los campos primaverales,
de rocío con sabor a miel.
Y tú aún dormida,
vencida por la pasión,
de una luna ya escondida.
Despierta ya mi amada,
que el Sol lleva rato preguntando,
si estás mala.
Pues el resplandor del nuevo día,
no asoma si estás dormida.
Levántate, peina tu cabello
y ponte ese perfume,
que enamora al alba.
Pinta tus labios de rojo profundo
y cálzate esos zapatos,
o mejor no te pongas nada.
Pero levántate,
que ya me embriagué de verte dormida.
Y ahora quiero que me enamores como cada día,
con esa sonrisa tuya,
que me da la vida.
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Dime quién lo escribió.

Se me eriza la piel con las caricias del viento
y no sé en qué momento,
pero tu nombre se perdió.
Voló, como hoja movida sin aliento,
entre las cenizas de mi corazón.
Y ya no supe más de ti,
hasta este momento,
donde creo morir de amor.
Tu nombre...
ese hombre lo destruyó,
con falsas mentiras,
hasta que me poseyó.
Y ahora que vuelve tu recuerdo,
dime...
que puedo hacer yo,
si mi vida es una mentira que alguien escribió.
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Se detiene el tiempo

SE DETIENE EL TIEMPO.

Se detiene el tiempo,
en el umbral de la noche
y la cúpula plata y negra,
dibuja el cielo limpio, sin nubes.
El mar riza las olas
y su sonido acuna al viento
y es en ese momento,
cuando tus ojos grises,
gritan... A la llamada del tiempo.
Tienes miedo,
de que mis manos te hablen,
de que mis labios te digan,
de que mis sueños te atrapen...
Y el tiempo se detiene,
a pesar de tu ira
y yo sembrando de besos,
todas tus heridas.
Todos tus rincones,
como cada dia,
hasta que llega la noche
y te hago mía.
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Saciar mi sed de ti

Esta noche...
dejaré mi ventana abierta,
por si acaso decides venir.
He llorado en sueños tu lejanía,
he soñado despierta día tras día.
He añorado tu cuerpo,
tus labios... Tus manos...
Tus melodías.
Mi cama está fría,
mis sábanas lloran tu ausencia.
Y así va pasando la vida,
refugiada en la inocencia.
Mi cuerpo se cubre de deseo
y no me queda otra cosa que dormir.
Esperando que entres por mi ventana,
para saciar mi sed de ti.
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Tremenda soledad

Inmersa en un glaciar de emociones,
donde el sonido de tus canciones,
me hacen volar.
Siento el frío,
de un invierno oscuro,
tejiendo el refejo de la tempestad.
Tu nombre...
suena con fuerza en mi mente
y de repente, deja paso a la soledad.
No estás a mi lado
y si alguna vez lo estuviste,
fueron momentos para recordar.
Aquel búnker donde nos amamos,
con tanta fragilidad,
dime ahora donde están tus manos,
que te necesito abrazar.
Arrancar este frio intenso,
que necesito respirar,
el aliento perdido del Cierzo,
que nunca más volverá.
Te he estado buscando en mi nido
y entre las plumas hallé un glaciar,
telarañas en barro urdido,
sedimentos, por secar.
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Tu pena es la mía

Hoy te veo triste,
lleno de melancolía
y debo estar a tu lado,
para traerte alegría.
Reforzar tus emociones,
al igual que tú las mías,
somos dos gotas de agua,
con la misma forma y caída.
Eres el reflejo de mi alma,
solitarios en demasía,
faltos de un corazón al lado,
que te acompañe noche y día.
Eres mi pecado
y al infierno yo iría,
si te tuviera a mi lado,
como yo desearía
Dejar de amarnos en las sombras
y poder hacerlo de día,
a la vista de cualquiera,
provocandoles envidia.
Así que no estés triste mi vida,
que estas siempre en mi pensamiento,
llenando de amor mis días,
y quitándome a mí el tormento.
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Cuando aprendas a amarme

Cuando aprendas a amarme,
ya será tarde,
cuando sin querer te des cuenta,
que mis gritos en el silencio,
son de cobarde.
Que si te dije que sí en algún momento,
fue por no dañarte
y ahora que me he dado cuenta,
de que mis sueños van de vuelta,
ya he dejado de amarte.
Ya no es posible domar mi estima,
ya no voy llorando por las esquinas,
porque mi corazón ya tuvo bastante.
Y ahora estoy mejor sola que en tú compañía.
Ya no trates de arreglar nada,
porque el solo gesto de tu mirada,
ha dejado un espacio abierto,
frente a una puerta cerrada.
Ahora ni el viento mueve mi camino,
las piedras han dejado un espacio infinito,
entre tú cuerpo y el mío
y ya no siento nada.
Mi corazón ha muerto,
fue abandonado en una esquina,
sin saber si fue culpa tuya o mía.
Y ahora que te das cuenta,
del valor que yo tenía,
solo queda la duda,
de si de veras me querías.
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La verdad mal usada

Me encuentro...
en ese océano de pensamientos,
que me ahoga
y no es el agua que tengo en mi garganta,
si no todo ese amor que aún siento
y me arrastra en la venganza.
Me ahoga la mentira,
la insidia premeditada,
las palabras obsoletas,
que pronuncias cuando me hablas.
Y pierdo la inocencia,
de niña mal criada,
cuánto escucho tu nombre,
en boca desnudada.
Siento la rabia de un gesto,
de una letra mal usada,
cuando dices que me quieres
y no sabes de que hablas.
Solo quieres el desierto,
de unas manos anudadas,
con obscenas intenciones,
en un lado de tu cama.
Y quemas las ganas de mí cuerpo,
con cuatro frases mal sonadas,
buscando tu placer etéreo,
para decir luego que me amas.
Y mis miedos dicen que es mentira,
que te entregas a otras alas,
con la misma intensidad,
que describe tu mirada.
Y ahora ya no me confunde
y me hace ser despiadada,
cada vez que buscas algo
y no te entrego nada.
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Recuerdos

Quizás no lo recuerdes...
o tus recuerdos sean diferentes a los míos,
los dos cruzamos bajo el puente
y mis pies se mojaron en el río.
Me diste la mano para ayudarme
y yo valiente no la agarré,
paseamos juntos por el llano
y desayunamos amor y placer.
Tu boca era tierna,
lo recuerdo...
tus ojos cerrados, pude ver,
tus manos ansiosas devorando,
cada milímetro de mi piel.
Yo vi a dos enamorados,
entregándose al placer
los minutos eran años
los segundos eran de miel.
Y así lo recuerdo...
y siempre lo recordaré,
no fue un amor de verano,
fue un amor infiel.
Que perdura en los años
madurando sin saber,
si algún día serás un extraño,
o serás el aroma de mi piel.
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Deseo mojado

Cae la lluvia fina sobre la tierra,
las gotas se mezclan formando barro,
los olores flotan en el aire,
acariciando los sentidos en los años.
Y llueve...
empapando todo tu cuerpo,
tus pechos turgentes,
tus labios mojados,
tus ojos cerrados,
mirando al cielo.
Las manos alzadas,
llamando al deseo,
cubiertas de barro,
que limpiarás luego.
Tu cuerpo me pide,
que vaya a secarlo,
tus labios me dicen,
que ya no es pecado.
Que ahora eres mía,
muñeca de barro,
sedienta de amor,
que yo voy calmando.
Cae la lluvia fina sobre la tierra
y ahora los dos nos mojamos,
tu cuerpo en el mío pidiendo guerra,
mis labios en los tuyos, acariciándonos.
Agua y fuego,
fuego y barro,
amor sentido,
sentir amando.
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Y después...

Y después de tantos días,
solo el recuerdo de tu nombre rompe mi rutina,
las agujas del reloj siguen mudas
y no dejo de soñar.
Duerme... Y espera a que todo pase,
vive del antojo de los sueños,
del recuerdo,
de los enojos.
De las vivencias vencidas,
en la ira de tus días,
de los versos escritos,
en las noches frías.
Pero vive...
que lo nuestro puede esperar,
aunque la virulencia de tu ausencia me quiera destrozar.
Yo puedo amarte en la distancia,
entre el abismo del siniestro motivo,
que separa...
nuestro despertar.
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