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Postal Del Silencio

En la palabra agosto,
hay unas manos vacías
que corren al invierno.
Un golpe de lluvia,
le devuelve a tu amor
un charco de olvido
grabado a fuego.

Perdón.

Si te fijas bien,
yo no soy quién tú crees.
Por cada sonrisa despojada
tengo una espina guardada.

Perdón.

Una noche lenta dijo
que comprenderlo todo
no es ser complaciente,
sino tolerarlo todo.

Perdón.

Hay una ciudad rota
dentro de una ciudad,
las tardes encubren el miedo,
las noches tienen un color amargo
y el aire que respiro
es un seco veneno.

Perdón.

Y que sí,
que yo suelo empeñar el alma
en canciones desconocidas,
pero tú estás llena de ellas
y que me des la bienvenida
es otra manera de saber quién soy.

Perdón.

He de hacer algo,
tú prefieres ver caer
el mar desde el cielo
y yo, por orgullo,
no encuentro palabras
para decirte
que te echo de menos.


©Alejandro P. Morales (2019).
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Mensaje A La Felicidad

Tengo mi propio concepto de la noche.
Antiguamente, busqué abrigo
en el frío más abrasador,
pero ése ya no soy yo.

Te he echado de menos.
La última canción la bailaremos juntos,
no importa lo turbio que esté el presente.



©Alejandro P. Morales (2019).
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Dentro (Está Anocheciendo)

Ya no puedo verte.
Te has ido
igual que anillos de agua
entre mis dedos…
pero sigues dentro...

Ya no puedo verte.
Te has ido
igual que el parpadeo
de un viento con surcos negros…
pero sigues dentro...

Por eso, me abro paso
entre mi piel agrietada,
y aparto músculos y entrañas
para encontrarte
en un corazón en llamas…
porque estás dentro…

No invento. Alguna vez
me mantendré en pie,
pondré las heridas
en otro lugar
y te diré la verdad:

que la peor de las soledades
es la que no se elige,
que el roto de tu amor
no tiene nombre,
que a un poco de alegría
le aguarda un gran dolor…

y que lo mismo que tus besos
siembran espinas,
cierro los ojos y oigo correr
la sombra honda de un contragolpe...


©Alejandro P. Morales (2019).
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Preámbulo Para El Silencio

Quiero que sepas
que siempre serás bien recibida,
que nunca te cerraré la puerta,
que ocuparás un lugar en mi vida,
que me acordaré de ti
cuando la ciudad quede desierta.

Quiero que sepas
que no te daré la espalda,
que hundirme en tu boca
quedará grabado en mi memoria
como el mejor verano
de mi vida.

Quiero que sepas
que nunca dejaré de retirarte
el flequillo de los ojos,
que no diré nada
que manche tu nombre,
que siempre estarás presente,

pero quiero que entiendas
que
he
dejado
de
quererte.


©Alejandro P. Morales (2019).
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Blue Note

Tuve dudas,
me cubrí
la espalda,
no hice nada
porque no quería
querer en falso.

Tuve recelo,
alcé una pared,
di un paso
atrás
porque me hacía falta
ver para creer.

Ahora que estás clavada
en mi costado izquierdo,
quiero esquivar
las aceras mojadas,
el tedio incrustado,
la oscuridad fulgurante,
los sábados derrotados.

Ahora que te llamo
por tu nombre
y la lluvia dejó de existir
para siempre,
quiero ocupar la madrugada,
pasear por todas las ciudades,
invocar tu lengua incendiada.

Te escribo
para que no olvides
que contigo he aprendido
a respirar,
y que tu amor llegó a mí
como los acordes salvavidas
de “Sultans Of Swing”.

No sé cómo explicártelo.



www.youtube.com/watch?v=h0ffIJ7ZO4U

©Alejandro P. Morales (2019).
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Las Canciones Y Tú

En este tiempo me han hablado de ti.
Todos decían que las canciones son historias
que acaban pero duran para siempre,
que pocas veces los amores son correspondidos,
y que los ríos de las ciudades
siempre llevan “Lágrimas Negras”.

Pudo haber sido cualquiera,
pero fue “Pedro Navaja”
quien supo enseñarme
que, aunque el mundo gire “Desafinado”,
la vida te da sorpresas.

Tal vez por eso, aún guardo la tarde
en que fuiste “La Chica De Ipanema”,
y me clavaste tus huellas en los ojos
y prometimos llevarnos a todas partes
“Por El Bulevar De Los Sueños Rotos”.

Me dijiste que un amor de un día
puede no acabar nunca,
que puede inundarnos las manos de “Nostalgias”
detrás de un cristal mojado,
lo mismo que un fuego que prende pero no arde
en las ruinas de “Un Mundo Raro”.

Quiero pensar que las huidas no son más
que un impulso para “Volver”,
y a pesar de que por mis venas
corre sangre de “Luz De Luna”,
hay momentos en que el silencio
murmura “No Me Quitte Pas”.
(“No Me Abandones”).

En este tiempo me han hablado de ti.
Todos decían lo que yo no me atrevía a decir
“Ni En Defensa Propia”,
quizás por eso, la erótica del jazz
se confundió con la melancolía del fado
y nadie supo que nos desgastamos los labios
“Caminito” al “Hotel California”.


©Alejandro P. Morales (2019).
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Café De Verano Con Sabor A Primavera

Ya no necesito quemar la madrugada
para experimentarlo todo,
aunque siempre guardo una noche dorada
debajo de la almohada,
por si las gotas de agua fría
incendian esta casa abandonada
y no puedo quitarme la nieve
de los párpados.

Tenía que decírtelo.

Llegado a este punto,
la soledad puede que sea
unos ojos apagados que huyen del invierno,
un temblor asfixiante en la garganta,
un ruido silencioso enterrado en el fondo
de los fondos.

En el mar de la ansiedad
hay una sombra que no se termina de ir,
pero sé que mi caída pronto dejará
de tener nombre de olvido
y recordará que quiero despertar en otro sitio.

Cuando todas las ventanas estaban sucias,
cuando todas las puertas estaban cerradas…
tú me salvaste de mí,
del fuego húmedo de la luna,
del viento negro de las calles vacías...

Aprendí a disecar la lluvia,
a borrar mis pisadas
por el camino que lleva hasta tu voz,
y la melodía de tu amor llegó
como las noches que no acaban
cuando sale el sol.

Tenías que saberlo.


©Alejandro P. Morales (2019).
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Deseo De Noches Que Nunca Llegan

Una noche que no sea ocaso, sino vértigo.

Una noche que cierre de golpe la ansiedad,
que descanse sobre la herida,
una noche que hable el lenguaje de la luz.

Una noche que eche anclas en las tabernas del mar,
una noche que lleve tu nombre.

Una noche que convierta la soledad
en un aguacero de besos,
que cubra el hueco
de mis manos,
que calme la sed,
que salte de Lisboa
hasta La Habana,
con la certeza de que las ciudades
también mudan de piel.

Una noche que el silencio
tenga algo que decir,
y nos deje, al fin,
sobrevolar las hogueras
para ver hervir la vida.

Una noche que esquive el miedo,
que apague las sombras,
que entierre el frío,
esa noche que refleje aquello
de lo que siempre huimos.


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Ecos De Sombras

Tú buscabas un beso
que te sacara de ti,
yo uno que hiciera revivir
mis labios resecos.

Ahora que vivo
anclado en los muros
agrietados del recuerdo
y espero que el día de hoy
sea sólo hoy,

para arrancarme
estos ecos de sombras
-que no conocen palabras-,
con la luz de la noche me voy.


©Alejandro P. Morales (2019).
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Cosas Olvidadas

Era un día cualquiera
y un fuego exacto
derretía las aceras,
y llovió un verano del cielo,
y por fin hacía un poco
de calor,
y te volviste hacia mí,
y me di cuenta
de que no sabía dónde ir
porque estaba donde quería estar.

En tu mirada
se podía calcular el deseo,
igual que la madrugada
que al medir el eco de un beso
entre una niebla sinuosa
de luces y música,
deduce la firme estructura
de un amor pasajero.

Una noche,
justo agarrando mi mano,
me dijiste que no hacía falta
estar enamorado
para sentirse bien,
y con la respiración
entrecortada reiteraste
"no te creas aquello
que te han enseñado".

Tienes que acordarte,
y recordar que pusiste el caos
necesario a mi orden.

Hoy todo es claro,
tienes que saber
que lo que es verdad
no siembra arena en los ojos,
y tú eres una sombra herida
al borde de un invierno en llamas,
y yo, que te hubiera querido toda la vida,
una isla en tu cama.



©Alejandro P. Morales (2019)
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Palabras Para Un Recuerdo

Sé que no leerás nada de esto,
pero necesito hablar contigo
ahora que no hay otra manera
de contener el bulto
que me ahoga en la garganta.

Perdón por no saber reparar
lo que ya estaba roto,
perdón por dejar que el orgullo
creciera como agua envenenada,
perdón por cubrir el dolor
con más dolor.

Por supuesto,
igual que en un desorden perfecto,
también cometí más errores,
y me callé cuando tenía
un grito desanudado
en la puerta de la boca.

Te hablo con la voz turbia
de la noche que represento.
Pensé que el peso
de una lluvia oscura
se alojaría en mis ojos,
pero no pasó nada de eso
cuando dejé de pronunciar
tu nombre.

No te culpo,
es importante que lo sepas.

Insisto,
te hablo con el desapego
que da tener cerradas las heridas,
el tiempo no siempre va
en contra nuestra
pero he dejado de creer
en lo que antes creía.


©Alejandro P. Morales (2019)
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Spoiler

Ahora
que estaba nuevamente
desvestido de las tabernas
silentes del mar,
de las luces inquietantes
de neón,
de los pasos perdidos
de la noche…

Resulta
que todas aquellas nubes
pasajeras y astilladas,
eran una forma desesperada
de dormir abrigado.

Pero aunque me haya llevado
tiempo darme cuenta
que no me llegaba el aire
a los pulmones,
que no me arrancaba el frío
de las costillas,
no me arrepiento.

Valió la pena,
y ahora me basta
mirarte una vez,
a través de tus huidas,
para saber que estás llena
de sombras encendidas.

Por eso,
como si lloviera
hacia arriba,
cuando vayas en busca
de la vida
que nunca has tenido,
con la oscuridad
a tus espaldas
me encontrarás
en todo aquello
que no pude llamar mío.



©Alejandro P. Morales (2019).
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No Entiendo La Vida

No entiendo la vida
sin el mar dormido
junto al océano.

No entiendo la vida
sin la cercanía,
de las palabras
deseo, libertad
y alegría.

No entiendo la vida
sin la espuma
de la madrugada,
que me recuerda
lo que fue ser joven
escoltado por el ángel
turbio de la noche...

Verás,
me duele nombrarte.
No lo oculto,
el mundo es otro
y tengo clavada en los huesos
una bruma de nostalgia.

Ahora la vida
es una jaula plateada
que alberga las luces
negras de tu amor.
Tus ojos vigilantes
aplastan mi pecho,
y te odio
con el mismo rencor
que te quiero.

Podría dejarme llevar
por el paso lento
de los días,
pero este frío intenso
que incendia el recuerdo
tiene sed de olvidarte.

Y como dicen los versos
de un bolero antiguo
que nadie conoce,
“uno siempre vuelve
a los viejos sitios
donde amó la vida”.


©Alejandro P. Morales (2019).
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Te Volviste Olvido

Todo se acaba alguna vez,
me dijiste una noche
cuando empezaba
a pestañear la luna.

Yo no quería escuchar tu reflejo.
Que la vida avanza implacable
ya lo sabían mis palabras
trazadas por el silencio.

Pero ninguna noche
se parece a la siguiente,
y no todas tienen un punzón
de hielo oscuro.

Han pasado cinco años
de otoños hundidos,
y vive en ti una soledad
que embellece el olvido.

A mí me gusta ver
la luz de tus ojos,
me dijiste una noche
cuando me arrancaba
un naufragio de la garganta.

A mí también,
esto es,
a mí tampoco,
te dije
por enterrar tu amor
de algún modo.



©Alejandro P. Morales (2019).
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Nada De Aquello

Pasaron dos veranos.
Entró por la ventana
un huracán de sensaciones
descontroladas,
la sal se impregnó en los labios,
y una flor incendiada,
-tu amor-,
cubrió la madrugada
de canciones desconocidas.

De repente,
emigró la tristeza.
El corazón galopaba
como una mañana deslumbrante,
la ciudad dejó de acumular
ruidos secos y charcos negros,
y era dulce imaginar
como todas las calles
tenían un minuto para un beso.

Tú no lo sabes,
pero yo siempre esperé,
(a escondidas),
a aquellos veranos
de lentos atardeceres
y noches curando todas las heridas.

Pero después de ti
pensé que, tal vez,
no pasó nada de aquello, amor,
que de tanta sed de amor
mi amor quedó vencido,
y que en el amor
no se trata de llegar, amor,
sino de ir marcando el camino.


©Alejandro P. Morales (2019).
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Perspectiva

Te recuerdo distante,
en un callejón sin nadie,
como si nunca
te hubiera conocido.

Te recuerdo gélida,
sin otra forma de decirme nada,
como una isla encallada
en un mar caído.

Te recuerdo deshabitada,
con ceniza sobre el futuro,
sumergida en un río
vacío y desaparecido.

Te recuerdo enquistada
en una lluvia salada
dentro de los ojos,
susurrándome silencios al oído.

Te recuerdo de muchas maneras,
lo mismo que un accidente
de bello nombre,
pero ninguna como tú hubieras querido.


©Alejandro P. Morales (2019).
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Presagio Onírico

Te llamé sin palabras
bajo un impulso de amor áspero,
bajo un aliento de rencor cálido,
bajo un empuje de deseo extraño…

Busco la manera de decirte esto…
Sólo encajo en las cosas perdidas,
la tarde que se petrificó la noche
en mis ojos,
me fundí en la boca
de un mar en ruinas.

Tenías una lluvia en las manos
y una flor en la espalda.
Por momentos,
parecía que me hablabas
para no verme.

En un andén sin lumbre
con vistas a una ciudad vacía,
me decías que si abría
la puerta de la incertidumbre,
tal vez, el amor dure toda una vida.

Al final,
todo era un mal sueño.

La realidad
es que, entre estas cuatro paredes
empañadas,
Chet Baker toca para mí
rompiendo un silencio encogido,
como incitando al amor,
como anunciando el olvido.


©Alejandro P. Morales. (2019)
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La Noche, La Ciudad, La Alegría

Tú no lo sabes,
pero yo atravesé la noche
con un fuego acumulado
en los labios.

Y me quedé
al margen izquierdo
del frío.

Tú no lo sabes,
pero yo atravesé la ciudad
con el brillo de unos ojos
acariciando mis manos.

Y me quedé
retenido en un invierno
arrugado.

Tú no lo sabes,
pero yo atravesé la alegría
con un mar sumergido
en un cielo prohibido.

Y me quedé
en el sonido entreverado
de la tristeza más profunda.

Ahora que todo lo que perdí
lleva mi adverso nombre…

-Deshabita la penumbra
como la tormenta borra
las pisadas-,
me dicen todas las cosas
a las que intenté
atravesar el alma.


©Alejandro P. Morales. (2019)
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Ordenando Heridas

Una noche,
expuesto a todos
los desastres,
incendiaré las palabras,
me alejaré de ti,
de tu jaula
y de todas las cosas baldías
una por una.

Después,
vendrá una catástrofe
con vistas al mar,
un cúmulo de melodías huecas
golpearán en la puerta,
y crecerá un abismo astillado
bajo mis pies.

Mi deseo
de verte,
de tocarte,
de besarte,
se teñirá de una luz ahogada
lo mismo que en un naufragio
y, en algún momento,
tu recuerdo buscará asilo
en un olvido
alevoso y tranquilo.

Al alba,
tú me enviarás mensajes
en una botella,
y yo, bajo un cielo
de nubes caídas,
no sabré explicarte
que es mejor estar perdido
que estar anclado
en un dique -tu amor-
ordenando heridas.


©Alejandro P. Morales (2019).
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Cal Y Arena (Falsaria)

Dime que me quieres,
dime que no entiendes nada
sin el fuego de mis labios,
dime que soy lo mejor
que te ha pasado.

Pero antes de que las gotas blancas
de la lluvia abrasen las luces rojas
de la noche…

Ven a llenarme el pecho
de corceles negros,
ven a clavarme en la memoria
un dolor escarpado,
ven a devorarme la alegría
que tengo estancada en mi quebranto.

No temas…

Dime que te regalo el aire,
dime que te anuncio el rocío
de la mañana,
dime que te lleno el camino
de primaveras.

Pero antes de que un rencor apretado
venga a darle nombre
a una soledad desconocida…

Ven a hundirme en un cielo
agraviado y tenebroso,
ven a sembrarme en los ojos
una humedad galopante,
ven a enredarme en la garganta
una sombra de grietas apiñadas.

Vuelve a repetirlo…

Dime que sólo vives en la noche
que habita en mí,
dime que te recuerdo a una música
pura y cristalina,
dime que este latido de amor
es tu tesoro más preciado.

Pero antes de que un silencio irrespirable
hable lo mismo que un pozo
sin fondo…

Ven a entregarme los gritos callados
de un mar ahogado,
ven a acariciarme la espalda
con tus manos como espuelas pulidas,
ven a ponerle voz vencida
a lo que siempre he odiado.


©Alejandro P. Morales (2019).
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