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Lo mismo que a usted

A mi me ocurre
lo mismo que a usted,
me siento herido
lo mismo que usted,
desde la ventana
contemplo la nada,
lo mismo que usted.

A mi me ocurre
lo mismo que a usted,
me habla el recuerdo
lo mismo que a usted,
paso el día entre sombras
con el cuerpo sin forma,
lo mismo que usted.

Cuando llega la noche,
me espera el olvido
lo mismo que a usted,
abrazo el vacío
y me siento perdido
lo mismo que usted.

A mi me ocurre
lo mismo que a usted,
me consumo por dentro
pero no hay tiempo
para hablar con usted,
porque el orgullo
me inunda el pecho
lo mismo que a usted.



©Alejandro P. Morales (2020).
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33comentarios 121 lecturas versolibre karma: 100

Dime

Dime cosas bonitas,
de esas que te gustan tanto.

Por ejemplo,
que echas de menos el olor cercano
de la arena mojada,
que las viejas canciones
tienen acordes nuevos,
que sonríes más a la gente
que a las pantallas.

Dime cosas bonitas,
que la belleza desaparece
cuando la dejas de decir.

Por ejemplo,
que los días no acaban
a las doce de la noche,
que el murmullo del mar
te recuerda mi nombre,
que la buena suerte no mide más
que una madrugada a tu lado.

Dime cosas bonitas,
aunque no sean reales.
También me valen
las impostadas,
las extravagantes,
las desordenadas,
las impuntuales…
de esas que te gustan tanto.

No temas… Yo te diría
que una tarde cambió el calendario,
que tu silencio no enturbia mi alegría,
que la vida es más amable y pesa menos
ahora que ni siquiera eres mi amiga.



©Alejandro P. Morales.
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23comentarios 131 lecturas versolibre karma: 86

Preguntas Sin Respuesta

¿Qué gano con tenerte?
¿Un cúmulo de frases repetidas?
¿Una niebla que todo oscurece?
¿Una cascada hirviente de heridas?
¿Confirmar que nada es para siempre?
¿Ir al encuentro de alguien que no viene?

¿Qué pierdo en tu ausencia?
¿Los tragos más amargos?
¿Un cálido y lento veneno?
¿El dolor de tener clavado
en la carne un negro invierno?
¿Comprobar que no duele
estar fuera del amor?

¿Cómo perdonar si no puedo culparte?
¿Cómo desmontar tu nombre si aún
se esconde en mi memoria?
¿Cómo demoler los recuerdos para olvidarte?
¿Cómo hacer para invocar la melodía
drenante de la soledad?

¿Por qué he dejado de buscarte?
¿Por qué están cerradas todas las puertas
que abrían la madrugada?
¿Por qué tu risa se ha convertido
en un sonido desconocido?
¿Por qué están invertidas todas las calles
que anduve contigo?

Como Atahualpa,
tú que puedes, vuélvete…
He olvidado algunas preguntas sin respuesta
buscando una voz que ya no te nombra
de la misma manera.
De nada sirve negarlo.

He limpiado con polvo
el rencor callado de los huesos.

¿Sabes lo que es tener petrificado
un incendio que me consume por dentro?

Pues eso.


©Alejandro P. Morales (2020).
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La Búsqueda

Nadie lo ha entendido.
Eran mañanas que siempre eran de noche,
estancado junto al puerto
de los días que no fueron,
y yo te buscaba para soportar
la congoja y la lluvia de mis ojos.

Un tiempo después,
agotado,
aprendí a vivir en invierno;
me dediqué a observar catervas de nieve
atravesando mi cama,
y yo te buscaba para comprender
el resquicio y el frío de mis manos.

Recuerdo la penumbra
y el silencio parado en la ventana;
la vida era un tren descarrilado
abierto a la agonía,
y yo te buscaba para reparar
la alegría y la luz de mis días.

El cielo se rompía
en las ventanas blancas de las casas grises;
reflejaban imágenes de un mar
desconcertado,
y yo te buscaba para arrancarme
la sequedad y el polvo de los labios.

Nadie lo ha entendido.
La felicidad de siempre se convirtió
en la arquitectura de la tristeza;
un viento oscuro arrastró
la madrugada como hojarasca,
y yo te buscaba para olvidar
el ahogo y el nudo en la garganta.


©Alejandro p. Morales (2020).
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34comentarios 171 lecturas versolibre karma: 105

Isla


Es realmente incomprensible la actitud incívica de determinadas personas que, pese a la gravedad de la situación actual, infringen indolentemente las medidas impuestas por las autoridades para evitar la propagación de una enfermedad con unos números atroces de mortalidad. Desconcierta y sorprende aún más que incluso gobernantes de talla mundial terminen minimizando o, más bien, negando e infravalorando el problema, presumiblemente, por cuestiones económicas.





Mañana me convertiré en isla,
me acompañará la soledad,
me vestiré de silencio
y, lo mismo que la música
que nadie escucha,
no lo proclamaré a los cuatro vientos.

Poco a poco,
me quitaré la ceniza del pecho,
las uñas de los ojos,
las astillas clavadas de la espalda
y este incendio que llevo dentro.

Te aviso sin prisa,
pero con una furia
apretada en los labios
y un llanto almacenado
en la memoria.

Me abrazaré a la erosión
de las piedras negras como suelen
hacer las islas,
me inundaré de olvido
para recordar las playas de la noche,
y me apartaré de un mundo
que envenena igual que la escoria.

No hay vuelta atrás,
no hay cura ni alivio.
De poder elegir,
hubiera escogido
los besos en las tabernas
de la madrugada,
pero tengo que estar sin hacer ruido,
sin causar peligro,
inmóvil, casi desierto,
esperando el aciago golpe de mar
con los brazos abiertos.



©Alejandro P. Morales (2020).
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Contra Lo Árido

Te escribo desde un paraje abandonado,
acostumbrado al frío, lejano,
casi desmemoriado,
pero quiero que sepas
que otra noche vendrá a iluminarme,
que no defenderé tus grietas,
que tu tristeza no manchará
mi alegría.

Es verdad,
sé que me amarás con un odio
que podría durar toda una vida.

Tienes razón,
ahora estoy en el fondo
de un pozo oscuro
al lado del ruido silencioso
de una pregunta sin respuesta,
de una decepción afilada,
de un abrazo perdido,
de una cálida herida,
y un cúmulo de huesos, -hecho añicos-,
que necesitan ser ellos mismos.

Por eso,
voy a prenderte fuego,
como el agua que anuncia
el cielo azul de otros lugares
más brillantes y apacibles,
y porque el olvido es mejor
que aquello que no quiero decirte.



©Alejandro P. Morales (2020).
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El Rescate Final

Sé que no soy más que esto:
ceniza que el viento sopla hacia el suelo.

Un viejo naufragio,
una botella vacía,
una verdad negada.

Pero luego irrumpiste
como un golpe de claridad,
y recuperé la luz de mi mundo roto.
Una voz dijo:
“yo miro con tus ojos”.

Y me he alegrado
como se alegra un pájaro en libertad
tras estas rejas que esconde mi sonrisa,
y he pensado en esas noches
que, sin el brillo
de tu hoguera,
nunca hubiera podido imaginar.



©Alejandro P. Morales (2020).
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Mañana Siempre Es Hoy

Mientras me engulle la noche,
escucho la voz oscura de Nina Simone.
‘Summertime’, es una melodía rota
llena de esperanza y lágrimas negras.

Te pienso junto a la quietud
de esta casa.

Me he dado cuenta de que la vida
sucede pero nada acontece,
como si la viviera dos veces.

Al final,
estoy poblado de días repetidos.

Alguna noche se doblarán estos barrotes
y, con todas las promesas caídas
que guardo en las manos,
espero curarme todas las heridas.

Pero hasta que eso ocurra,
quisiera que supieras
que no escucho canciones para escapar
sino para encontrar la vida.



©Alejandro P. Morales (2020)
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Predicciones

Me dicen que para hoy
habrá un día extraño,
que un cielo apagado
se acerca sin demora.

El mar estará furioso
rompiendo entre las rocas,
y un viento inacabado
empujará las hojas rotas.

Mientras,
yo me ahogo
y me atormento a solas,
pensando cómo vivir
en una ciudad de sombras.

No importa que llueva,
que el agua empañe mis ojos
si tú estás cerca.

Las heridas no curaron,
la esperanza no me alcanza,
los amigos ya pasaron,
y auguran que para hoy
se nublará la confianza.
No habrá cielo despejado
ni aire que respirar,
sólo un ruido afilado,
una nada de olor castaño
y rayos en la oscuridad.

No importa que llueva,
que el frío cale mis huesos
si tú estás cerca.

Lo mismo que una estatua
con dos alas negras,
se enquistará
la humedad en la acera,
mientras yo me desangro
ordenando la tristeza.

Pero no importa que llueva,
que el miedo arañe mis manos
si tú estás cerca.



©Alejandro P. Morales
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Cascada De Desastres Y Deseos

(Palabras Para Una Pandemia)


Cuando decidas irte
hazlo con ruido,
cierra de golpe la ventana,
apaga la casa de un portazo,
anula mis pasos,
pisa mis recuerdos,
entierra mis instintos
más primarios,
dilapida mi esperanza,
tira al suelo todas
mis pertenencias,
silencia la música,
arrincona mi alegría,
arrástrame con rabia,
llévate lo que más quiero,
empújame a la muerte,
desáhuciame en el olvido,
anúdame a la nada,
acopia noches de ausencias,
derrama días sin sentido…

Hazlo como quieras
pero cae,
desmorónate,
desaparece,
ahógate en tus cenizas,
.
.
.
márchate.


©Alejandro P. Morales.
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22comentarios 228 lecturas versolibre karma: 94

A Lo Lejos

Imagina querer y no poder
porque no está claro
dónde ir ni cómo buscarte,

atrapado en una jaula vacía
donde la luz de la ventana
es una soledad
que me descose la espalda,

donde una quietud anuncia
incansablemente
la venida de un mundo
desconocido,
y mi único despertar
es cruzar este dolor
para recuperar
lo perdido.

Ya ves,
este silencio que otros llaman
oportunidad,
me quema como un negro frío,
esta distancia que otros llaman
enseñanza,
me oscurece como un cielo hundido.

Un muro invisible, no otra cosa,
es lo que nos separa de un dulce anhelo,
de la noche fulgurante,
de un abrazo,
de una caricia,
de un beso…

Sin nada que me sirva ni me alivie,
la madrugada tiembla de recuerdos.


©Alejandro P. Morales (2020).
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En Consecuencia

Los ojos que miran a ninguna parte,
las luces nocturnas que no alumbran,
los pasos estancados en las hojas,
las manos descolgadas de los brazos,

los días que pudieron haber sido,
el ruido de un miedo acuartelado
las noches entre astillas y cenizas,

las calles que hoy no cruzamos,
los besos que mañana seguirán enterrados,

la vida sin vida,
palpitante y confinada
al mismo tiempo,
aunque tenga un precio
no
vale
nada.


©Alejandro P. Morales (2020).
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Hastío

De repente,
las calles encharcadas
de una aviesa alegría
se vaciaron y
se llenaron de desdicha,

y se encajó en mi espalda
el puñal negro del miedo.

Y
ahí
sigue.

Y no sé
adónde
va.



©Alejandro P. Morales (2020).
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Travesía Enjaulada

Estoy hundiéndome en las cenizas,
pero yo podría ir donde me esperas.

El jueves en la mañana,
el viernes a media tarde,
el sábado por la noche…

Pero si una presencia inquietante
se opone,
yo no puedo
hacerlo a sus espaldas.

Por eso, busco refugio
en una absurda alegría
que me sirva de escudo,
y me ayude a soportar
este peso en la garganta
que me impide respirar.

No me ahoga que las paredes
y las persianas oscuras
estén todas caídas y entornadas.

Es, simplemente,
la quietud,
el silencio,
la vida agrietada,
el lastre de estar anclado
a una casa incendiada.



©Alejandro P. Morales (2020).
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Confinamiento

Llega la edad de la añoranza,
el tiempo de apreciar
cómo va entrando
la noche de los días
por las calles vacías.

Vida, ¿dónde estás?

Yo te busco en las estancias
de la distancia,
de la memoria,
en el peso inerte de las horas,
una y mil veces…

Tú insistes en detener
un horizonte inmóvil,
en devastar la nada
que hay entre nosotros…

y sólo encuentro puertas
y ventanas entornadas.

Tú no lo sabes,
pero yo vivo
para recuperarte.

Soy una isla dentro de una isla.
Las voces retroceden
y se estancan en una quietud
que engulle como un mar enfurecido.

Después de este oscuro abismo,
el único destino que espero
es el de reencontrarme
con aquello que hoy está perdido.



©Alejandro P. Morales (2020).
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Balada Silenciosa (en colaboración con @AljndroPoetry)

Me desperté en mitad de la noche.
Al trasluz, se podía contemplar
un ancla traslúcida suspendida
en el cielo,
y un cúmulo lánguido de luces aplastadas.

No sé si la oscuridad cegaba mis ojos
o si la negrura de esta mustia ausencia
oprimía y nublaba la tenue luz
de las esperanzas dormidas.
No sé si soñaba o vivía mi real pesadilla.

Era invierno. Y llovía.
Y la mañana tenía una angustia reluciente,
y en mi cama habitaban los charcos
de la lluvia,
del color negro de una ciudad hundida.

Por dentro, no amainaba la tempestad.
Y en un diluvio de sábanas se empantanaba
el tiempo que al ralentizarse,
me lanza al callejón sin salida que me lleva,
siempre, al centro de mi mismo.

Soñaba con tener tiempo para muchas cosas
pero la vida transcurría arrinconándome,
y sólo tenía un cristal que reflejaba a la vez
mi deseo y mi hastío de verte y no verte.

Y la clepsidra que destila cada gota
de mi vida,
hurta mis instantes, uno tras otro,
mientras deshojo la margarita
que me dirá si finalmente, te he de ver,
alguna vez, otra vez.
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Fragmentos De Un Incendio

Hubo un error de cálculo.
Se quebró una puerta,
o tal vez se cerraron varias:
la del amor,
la del cariño,
la del compañerismo.

Se rasgaron para siempre,
se astillaron igual que mis pasos
en medio de las calles desoladas.

Dentro,
quedaron suspendidos los recuerdos,
las auroras de tu intrépida boca,
los sueños de las noches espumosas,
las canciones tatuadas en el alma,
las promesas del amor de una vida.

Y fuera,
están las negras sombras.
Irreparablemente,
el eco del silencio,
la melodía del olvido,
el vacío acariciándome las heridas.



©Alejandro P. Morales (2020).
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Alrededor De Las Luces Rojas De Los Cines

Suerte quien ame
esa melodía
de las simples cosas,
y tenga una amiga
con los ojos
sembrados de alegría,
para guardar juntos
sus piezas
al final de la vida.

No te miento si te confieso
que esa tarde me devoró
una lluvia por dentro.
Miré atrás
y te perdí de vista,
la ciudad era un cúmulo
de nubes negras
iluminadas por una tormenta,
y la tristeza se extendió
en mi pecho.

Desde entonces,
tu recuerdo viene y va
como las luces rojas
de los cines.

Suerte quien ame
esa melodía
de las simples cosas,
y tenga una amiga
con los ojos
sembrados de alegría,
para guardar juntos
sus piezas
al final de la vida.


©Alejandro P. Morales (2020)
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Razón vs. Emoción

Tanto frío es ya dolor.
Junto a las grietas de las paredes
el silencio ya es música,
está ahí, palpitante,
bien ceñido a las heridas
que decoran mi espalda,
bien trenzado en el hueco
de mis manos vacías.

Te extraño, es la verdad,
pero tengo que decir
unas palabras salidas
de unos rieles callados,
que nos sentimos vivos
amando lo que nos mata,
pero no es lo que quiero pensar...
Este sentir y pensar
nada y lo contrario
no es grato.

Me ahoga una lluvia de preguntas
anunciando el abismo,
c
a
e
n
como las luces consumidas
por el color de la noche…

cómo se hace para escapar
de un naufragio,
para contarle a alguien
que el recuerdo
de tantas cosas presentes
no te deja vivir,
cómo se digiere
que todas las cosas tienen la forma
del olvido,
que algún día el amor se desprende
del costado,
cómo aprender que la razón
tiene razones que el corazón
no entiende.



©Alejandro P. Morales (2020).
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Los Buenos Tiempos

Los buenos tiempos
siempre estarán
en aquellos lugares
que hicimos nuestros.

De vez en cuando,
bailo un tango
con la nostalgia.
Quiero ver
si las canciones perdidas
todavía son capaces
de reparar corazones.

Al alejarnos
las cosas cambian,
dijo el silencio.
Lo vi
en tus ojos,
en tus manos,
en tus labios.

Recuerdo tu voz
en la almohada,
el olor a mar
en las avenidas,
la arquitectura
de las noches,
el color vivo
de la madrugada.

La felicidad
tenía tu nombre,
el hambre era
la tasca más cercana,
el tedio era
la última palabra
del diccionario,
tus besos eran
mi fondo de pantalla.

Todavía
alguna noche,
tras estas rejas
y sediento de alegría,
extraño indeciblemente
los lugares olvidados,
las simples cosas
que para nosotros siempre
fueron suficientes.



©Alejandro P. Morales (2020).
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