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Corazones lentos, lenguas exprés (La Diligencia)

Pasea gentil tu rostro
por la palma de mis manos,
recorro el mapa de tu cuerpo
haciendo estación unos segundos
en cada palmo de piel.

Lento, suave,
suave, lento
para llegar casi intacto
al umbral de tu corazón.

¡Explosión!

La suavidad se hace añicos,
me arrancas la mandíbula
con tu boca fugitiva,
sube cinco tonos la respiración
y los poros comienzan a mandar
cítricas gotas a unas sábanas
que hace un rato yacían bien planchadas.

Las llaves saltan despavoridas
por la ventana de mil lágrimas,
saben que hoy su servicio no será preciso,
fijo que se van al bar,
ya regresarán mañana.

Dos mercenarios glotones
comiéndose hasta la deshidratación,
dos criaturas haciendo un homenaje
a los devotos del sonido del ocaso.

Lenguas exprés, indómitas
reaniman corazones
que casi entran en parada
por llevar una mochila cargada
de piedras y brújulas tortuga
que no saben en que dirección
se encuentra el futuro.

Dentro, fuera,
fuera, dentro,
viaje sin coraza en una diligencia
donde algunos se bajan
y otros regresan de vuelta
al llegar al punto indicado.

¡Quizás no!
mientras los cocheros
van a nutrirse de necesidades básicas
podemos robarla
e improvisar un camino sin destino.
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Alas secretas

Extiendo mis alas secretas
en puertas de cuevas
carentes de cálculos
asombros y fatigas.

La imaginación de cien geranios
perfora la tierra húmeda
del aburrimiento al notar
que el tabaco gastado tiene que convivir
junto a las pequeñas piedras
con destino programado.

Hay esculturas pidiendo socorro
al no sentirse vinculadas
con el escenario
donde las han depositado.

Hojas caducas aterradas,
hojas perennes atrapadas
en árboles a los que no pertenecen.

Veo que por aquí
todo es paisaje equivocado
y que la constante es renegar
con boca pequeña
por si llegan los esbirros
de los ladrones del ser
a recolocar sonrisas impostadas
para engordar el flambeado ego
de mira lo que he hecho.

Extiendo mis alas secretas,
dejo que un trozo de ira
asome por mis dientes,
orino en el centro del secuestro
pidiendo antes perdón
a todos los daños colaterales,
muerdo mis yemas de los dedos
y cuando comienzan a sangrar
escribo en la pared:

¡LIBERTAD!

Llamo a la policía
para denunciarme a mí mismo
por incivismo orgánico,
me corto las alas
por si hay tentativa de huir.



Me quedo aquí,
junto a las esculturas,
las pequeñas piedras,
las hojas de todo tipo....
junto a los seres
a los que les arrebataron
la palabra y todas sus armas.

"¡Procedan!

Sé como va este rollo,
ahí tienen mi DNI.

¿Junto las manos por delante
o por detrás?.
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Trapecio fijo

Tras asaltar
el altar de muecas desorientadas
me siento en mi trapecio
a tararear canciones
de corazones entrecortados.

Mastico flores amargas
por falta de exquisitez,
todos mis insectos
se han refugiado en el paladar
de una bella planta carnívora.

La frecuencia del fracaso aumenta
con el ácido de esta espiral,
adoré el pasado cuando fue presente
y detesto el futuro que está por llegar.

El sol antes de irse a dormir
me susurra al oído
si quiero un empujón
para que el balanceo de mi trapecio
tome un ritmo óptimo,
le doy las gracias, pero no,
mi trapecio es fijo
y carente de bisagras

Sigo a lo mío,
contando las grietas de los pies
y haciendo aviones sofisticados
con las doscientas setenta y cuatro
páginas del libro "Escritos de un Salvaje"
de Paul Gauguin que me regalaste,
quizás alguno llegue hasta ti.

Meriendo dos aguijones de avispa
que tenía guardado
para casos de emergencias
y salto hasta el empedrado
de la ciudad donde nací.

No guardo nada especial del día,
es como otro más,
así que tiro para mi corral
antes de que se apaguen las luces
que indican que es hora de descansar.
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Verbena

Tras la resaca
toca desparasitación mental
y reconstruir la patente velada
que campa desmembrada en el jardín
de los falsos sentimientos.

Hay edades en las que el cuestionar
tira la piedra y esconde el brazo
sin pararse a escuchar
a los que antes estuvieron allí.

Las cuatro paredes del ocaso
y el cielo matinal
bailan agarrados en la verbena
del continuar.

La indiferencia
se ha quedado postrada
en una barra de metal
que mañana ya no estará aquí,
se ha bebido todos los charcos
del que si sigues así
solo encontrarás espaldas.

Esta mañana veo
que mis ojos brillan,
lo que no sé
si es porque anduve
por la pista de baile
o porque estampé mi rostro
contra los charcos de la efímera barra.

"Lo que nos distingue
de los distintos
es que somos distintos"

me parece que esto
viene a ser lo mismo.

Es tarde, estoy cansado
y las dos opciones que se me plantean
creo que me sirven,
o me como un bocadillo de atún
y me voy para la piltra
o acepto la invitación
de ese destartalado coche gris
para continuar demacrado.

¡Ummm!

Venga va, me monto en el coche.
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La azotea

Ya no me quedan ventosas
para seguir ascendiendo
por tu rascacielos.

Un cortocircuito
que antaño pasó inadvertido
hoy se manifiesta
en todo su esplendor.

En definitiva,
aborto la misión,
contaré hasta tres
y me dejaré caer de espaldas
disfrutando del vacío.

Va ser que no,
ahora que me acuerdo
esta es la planta veinticuatro
y al final del pasillo
está la cafetería.

¿Y si rompo la vidriera, entro,
me disculpo con los habitantes
que allí residen y llego hasta ella?.

Va ser que no,
fijo que ellos se encargarían
de mostrarme de nuevo el vacío.

Queda más o menos minuto y medio
para que la última ventosa
a la que estoy aferrado
haga ¡ploff! y se convierta
en un trozo de goma más.

La putada es
que no puedo sacar de mis bolsillos
mi bolígrafo y pequeña libreta
para poder escribir unos versos,
porque si quito las manos, malo.

Va, al carajo,
me dejo caer
y por el camino escribo algo,
total.....


Aquí en el infierno me han dicho
que lo único que pude escribir
antes de la hostia mortal es:

¿Por qué has tenido
que irte a vivir a la azotea
de un rascacielos?.
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Bordillo de cristal

Tras el orden dispar del orgullo
mi alma se ha quedado sin recreo.

Un solo chasquido ha bastado
para que el Hotel caiga planta a planta.

Busco amparo a puertas del infierno,
tengo abono ilimitado,
esto está como siempre
lleno de "Nadies".

¿Para qué cambiar mi plato
de promesas incumplidas
si mi estandarte de volantazos
nunca cambia de dirección?.

Sentado sobre mis talones
espero el alud de riñas de fuego.

Sé que una vez recé
delante de un altar
de molinos necios
cuando la carencia de hogar
hizo mella en mis entrañas,
de nada sirvió
y creo que rememorarlo
no sea la solución.

Asumiré el castigo,
no moveré un solo dedo,
esperaré a que mis polvorientos huesos
se sacien de amianto
y la ambulancia escoba
me devuelva a mi
bordillo de cristal.
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Bolsillo trasero

Dispuesto a zanjar
un viejo asunto me dirijo
con los pies planos de la tarde
hasta la esquina
de miradas de sangre fría.

La inapetencia
de no continuar rumiando desidia
en esta jaula para hámters
me ha llevado a ello.

En la mano izquierda
una bolsa de defectos,
en la derecha otra
con los que ya no cabían
en la izquierda.

En los bolsillos
traseros del pantalón
porto unas hojas de cuadros
exageradamente dobladas
con todo lo que quiero decirte.

Junto a estas creo que merodean
algunas monedas
por si tengo que comprar
algunas latas de "Quinquiveza"
en el chino de guardia.

Como ya no fumo feldespato
creo que no me entretendré mucho.

Estoy a cien metros,
un frío elevado
a la infinita potencia
me desnuda y paraliza,
la cabeza me recrimina;

¡No te rajes ahora!

Ya he traspasado
la frontera de seguridad,
se inyectan los ojos fijamente
mientras sístoles
manda a callar a diástoles.

Me abrazas,
te abrazo,
el silencio
se encarga
de tirar al suelo
las soledades ordenadas
de nuestra estantería descuadrada.

Un susurro hace transbordo
en los labios
mientras la garganta desesperada
contiene a medio camino
el ahora qué.

Desaparecen las bolsas,
se desintegra el papel,
el silencio mediador
deja subtítulos de punto y final:

"Os amáis demasiado
pero el dolor ha podido más,
yo me encargo de llevarme el rencor
y vosotros de escribir
en vuestros respectivos anecdotarios
esta fracción de amor".

Un último beso
antes de caer
en una caricatura
de nosotros mismos.


SIEMPRE
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Déjalo estar

Hierba chamuscada
y ramas afiladas condonan
mi deuda con la arena
consumida por los ojos cansados.

Un vestido difícil de llevar
deja descubierta la matriz analógica
para que los colmillos digitales
confabulen a espaldas
del conjunto vacío.

Mi corazón deportista
no quiere bailar
con mi cabeza cadáver
en esta bella escalinata
decorada con restos de botellón.

Crisálida dando tumbos
por el arco iris perfecto,
todavía no es la hora,
ni el día, ni el año.

El Ogro del tiempo
continúa amenazando
la metamorfosis
de los demonios anclados
en el diafragma de la razón.

He recitado versos de sangre
con la cabeza metida en el váter,
he apuñalado azulejos
con nudillos repudiados
por los espejos.

He pensado un poco en ti
pero el laberinto se ha estrechado,
he arañado sus paredes sin uñas
pero el maullido de la soledad
tampoco quiere bailar
con la leve esperanza
que solo se ha asomado
para mirar.

Y ahora,

¿qué hago con este ejercito de escalones
que no quieren oír a nadie hablar?.
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7comentarios 117 lecturas versolibre karma: 106

Hormigón crónico

Bajo el tono de mi voz,
me dispongo a buscar
alguna connotación
que hable por sí misma del ahora
y no esté manchada
de viejos espejos difuminados
y frases hechas
que se pavonean como la reina inmortal
del cabaret.

Cómo no me di cuenta antes,
el subconsciente sin amoblar
tiende a ser inquilino
de la vida de otros
evitando el plus
de la literal piel rota.

El amarnos tanto nos separó
poniendo continentes de por medio
para que el dolor
se fuera desgastando
kilómetro a kilómetro
y el dónde estará
acabara desvaneciéndose
en los rápidos del tiempo.

Aprendí de los trajes del día
y de las escamas de la noche
a no morderme las alas,
a adelantarme al siempre
con un nunca blindado.

Cómo no me di cuenta antes
que no se pueden atravesar
vidas de hormigón crónico.

El amarnos tanto
apagó las estrellas
y encendió un perpetuo diván.
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7comentarios 66 lecturas versolibre karma: 108

h.t.a

Ya he entregado la cafetera
a una nueva casa de acogida
devuelta la sal al mar
y la destilería
tirada por el retrete.

¿Estamos?

¿Podéis devolverme
mis cuadernos y bolígrafos?.

Juro que mañana
me compro un chándal
y salgo a correr,
me apunto al club del brócoli
y lo más duro que me beba
será el agua de la plancha.

¿Ya?

¿Podéis devolverme
mis cuadernos y bolígrafos?

Me pondré camisa
por dentro del pantalón y todo,
utilizaré suavizante para el cabello,
me afeitaré esta mierda de barba.

Comeré a las horas estipuladas
y me apuntaré a un cursillo
para que me enseñen a dormir.

¿Vale con esto?

¿Podéis devolverme ya
mis putos cuadernos y bolígrafos?

Iré una vez por semana
a visitar a mi madre,
arreglaré el grifo de la cocina,
asistiré a todos los
cumpleaños, bodas, bautizos, entierros...
comuniones no que me dan grima.

Creo que con esto es suficiente
porque si no al final
no vamos a tener
que partir los piños
y si llego arrebataros
mis cuadernos y mis bolígrafos
retiro todo lo antes dicho.
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Apaga el flexo

Me he quedado dormido
sobre tus párpados.

Abrázame,
detén el momento.

Resucité
en la ladera del volcán
esperando la señal
de tu cuerpo al amanecer.

Apaga el flexo
que apunta directo
al adiós escrito en la pared
junto a los disparos
de la ciega noche.

Tatué tu nombre
en mi antebrazo
rodeando mi colección
de pasos anónimos.

Patadas de desesperación
a los tres por cuatro
de los cojones
que solo entienden
de cubos cómodos
almidonados con doradas
y predecibles estructuras.

Quiero salidas de tangente
borrones e imperfección,
no quiero tirantes
para mis caídas de pantalón.

Abrázame,
detén el momento,

soy como soy,
un callejón sin salida
que chapotea
en las fracturas de la calzada
pintando sobre sus pintadas,
un ser que baila al son
de sus propias goteras.

Resucité
en la ladera del volcán,
si no quieres apagar el flexo,
pues lo ya escrito en la pared.

¡Adiós!.
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Juegos casi reunidos

¡Despierta!
vístete,
he rescatado al insomnio
que andaba emparedado
sobre el cabecero de la cama.

No te pongas los tacones al salir,
llévalos en la mano,
aunque el pasillo del hotel
esté enmoquetado
tomemos precauciones
para no despertar
a los adictos al amor.

Vamos directos a la mesa seis
el crupier es un Arcángel
con temblor en las manos,
apostaremos todo al doce negro,
el soplo del espasmo
es óptimo y fiable.

¡Mierda doce rojo!

Grito internamente,
el azar es azar
mientras observo
como la vida se descojona
sentada en la escalera
que lleva al salón superior.

Solo nos queda un par de pavos,
veo que hay partidas
sobre un pequeño tablero de cartón
y el mínimo para apostar
son cincuenta céntimos,
de perdidos al río.

Trabajo codo con codo
con mis despistes
hasta llegar a la casilla de la Oca,
sé que me toca volver a tirar
pero aquí hay un minibar
de lo más seductor.

-Unas rejas para esta casilla por favor-.

Creo que en vez
de faltarnos un tornillo
nos sobran varios
como cuando uno
se dispone a montar un mueble
y sus hojas de instrucciones
están escritas en un idioma
aún no inventado.
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Un saco de nubes...

Un saco de nubes
y el pico de un grajo
como únicas armas para la Vendetta.

Una frecuencia en reconstrucción
para despegar las legañas
de la estampida Do Re Sol.

En este pabellón invisible
cuento latas
de corazones en su tinta
y las escondo
en mi sombrero de copa
de triple fondo.

Se quebró el equilibrio
al espesar la distancia
con un ¡que te vaya bien!.

He clonado los vacíos
con marionetas
carentes de extremidades.

He decolorado todas las viñetas
con cobijo sustraído
de pecados y vicios
bronceando mi cabeza
con toneladas de agua fría.

Justo a dos metros
fuman en su descanso
los tramoyistas de pompas fúnebres.

Se llevaron
mi baraja de alfileres
y mi caja del amor.

Se llevaron
mi estado puro
y se lo asignaron
como asiento único
e intransferible.

Me han dejado
con lo puesto,
pero lo que no saben
es que todavía tengo
un saco de nubes
y un pico de grajo para...
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Ya es tarde

Cruzan palabras aún no escritas
por el paso de peatones
de la calle diez.

Si no he sabido
cuidar de las que ya lo están
¿para qué conocer a otras?.

Para qué si no he estado a la altura
despreocupado de ellas
antes de que aprendieran a caminar.

Ahora ya es tarde
para presentarme
como si nada hubiera ocurrido,
el perdón no tiene cabida.

Náufrago crónico,
emperador de la dejadez,
rey del incumplimiento,
un gilipollas total.

Tenía una misión en esta vida
pero la cambié
por diez pintas de cerveza
e infinitas escamas de reptil.

Las consecuencias,
bellas en papel,
frágiles y dolorosas
en lo terrenal.

La palabras aún no escritas
han doblado la esquina,
paso de resignación y tal,
me quedaré aquí, inmóvil,
delante de esta tienda de lámparas
que liquida por cierre
y que lluevan las hostias
por donde les de la gana,
me las comeré
y ya no pensaré más en palabras,
solo pensaré en imágenes
que se puedan borrar
solo con apretar un botón.
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Rezar en Playback

He dado un portazo al pasado
y me he pillado un dedo con la puerta,
he rodado por un millón de escalones
y me estampado contra tu madre
y le he tirado todas las bolsas de la compra.

Dos chicos rubios
con camisas blancas abotonadas
rozando la asfixia
me pararon en la esquina
y me han dado unos panfletos
para aprender a rezar en playback.

Todavía llevo las gafas
para madrugadas,
los pómulos hundidos
por tanto licor de telaraña,
vamos, toda la pinta
de una garrapata trasnochada.


Mi portal, mi portal,
al fin he llegado,
al quinto intento
he logrado meter
la llave en la cerradura.

-¡Buenos días Pepa!-.

Paso del ascensor
estoy frito por llegar
así que subo a patas,
a ver si esta vez acierto a la primera
metiendo la llave.

Se abre la puerta
de la vecina de enfrente
y emana una estridente y conocida voz:

"¡Por Dios K!
¿has visto como vienes
otra vez?.

Anda vente pa acá
que he hecho puchero,
te echas un rato en el sofá
y después te vas para tu casa".

¡Ole!
¡he triunfado!

-Vale señora Angustias,
muy amable por su parte-.


*En este loco mundo
manchado con tinta sombría
por lo seres que quieren
todo el pastel para cronificar
su ego y el de su esbirros
existen las personas, sí personas
que desinteresadamente velan por ti
aportándote la luz que necesitas.*
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Trota el murmullo

Salí tras el colibrí
que me robó de los bolsillos
todos mis horizontes tristes.

Unas vacaciones
que no saben a nada,
la inquietud de saber
que mi letargo
me espera despierto
con las ilusiones cargadas
me carcome.

Sé que ahora toca ascender
por perfumadas enredaderas
y descubrir los cristales
desempañados del amor.

Estalla la enormidad
en panoramas inciertos,
puede que vuelva a estamparme
contra las manchas grises
de la pared,
pero si no lo intento
jamás sabré lo que habría pasado.

Salí tras el colibrí
para que me devolviera mi deriva
dejando el lápiz a medio afilar
en un océano de papeles arrugados.

Se eriza la boca
tras preguntarme
si tus caricias regresarán
después de haber abandonado
el pueblo cementerio
que no supe valorar.

Trota el murmullo,
se disfraza el suspiro
en el flanco izquierdo
de los relojes de la luna.
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El rescoldo

Dura poco lo interior
de la ropa exterior
cuando las manos
no entienden de preámbulos.

Un tornado de cortinas frescas
deshacen mis labios
al recorrer el palmo
de tu clavícula perfecta.

Hay panteras entre las sábanas
macerando aullidos de colchón,
hay gaviotas velando en la terraza
por si tienen que llamar a urgencias
por falta de respiración.

Los sabores vuelan
tras cocinar llaves maestras
con el rescoldo
del fuego prendido ayer
con las cartas no enviadas.

Mantequilla y mariposas
sobornan al tiempo
para que haga la vista gorda
y no acuda a este día
de brisas y luces pequeñas.

Se anudan esperanzas
sobre un paraje
de tres mil gotas de sudor
y alivios agudos de soledad.

Ochenta melodías,
trastos baratos,
libros sin azucarar,
hoy todos los músculos
quieren ser corazón.
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Espectro Maniquí

Cierra los ojos,
saborea,
¿sabes qué es?,
son pequeños hilos
de clorofila de recuerdos.

Dame la mano,
¿puedes notarla?,
es la linterna imaginaria que robamos
de aquella destartalada casa flotante.

Abre los ojos,
mira,
los muñequitos de la estantería
nos observan.

Ven,
quitemos el polvo
a las fotografías
mientras esperamos
a que los zapatos regresen.

Ponte estos diez dedales de silencio
mi sombrero ha pedido algo en el bar,
creo que trae
una de manantiales de indecisión
y media de cuchillas oxidadas.


-¡K baja a comer!-

¡Voy!

¿Te importa hacer
la primera imaginaria?
el barracón está lleno
de literas vacías,
cosa fácil.



-¿Con quién hablas?-


¡Ya voy madre,
cierre la puerta
aún no he acabado
de acicalarme!.


Toma,
voy a comer,
si te aburres sería grato
que ordenaras cronológicamente
esta caja de lágrimas,
ahora vuelvo.

(Tic tac tic tac tic tac)


Hola,
ya estoy aquí,
¿por dónde andas?,
te he traído una calle del medio,
¿recuerdas?
es como aquella vez
que saqué tu busto desnudo
del sótano
de la tienda de los relojeros
y corrimos, corrimos
por la estrecha calzada
para que nadie nos viera.


¿Dónde estás?


Amanece,
el espectro maniquí se ha evaporado
sobre el lomo del frío alba,
se ha llevado mis alas nuevas
dejando una nota:

"Me llevo tus alas,
están defectuosas,
voy arreglarlas,
recógelas dentro de cinco años
en este mismo barracón,
las dejaré aquí,
sí aquí, en un nuevo reino,
el de tus hijos".
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Potasio

La sangre de los árboles
vive en dormitorios
dibujando signos precoces
y máscaras blancas.

El síndrome de piernas inquietas
y el exceso de rivales
disgregan el sentir
de romances carentes de potasio.

Progresa la enfermedad
de puñales y viento
cursando alteraciones
y dolores varios.

Rosas merodean un sol prisionero,
la más pura enajenación
eclipsa la luz de los sueños
que uno a uno caen en silencio.

Agujas romas en el tintero,
en el suelo pantanos y cielos ocres,
en la puerta vino malgastado
por el ansia de querer ser picaporte.

En esta carne,
en estos harapos
habitan violines y bronce.

Este no hombre
abandona su torre
mientras todos duermen.
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Acto reflejo

En un acto reflejo
tiré por la ventana
cajones repletos
de idílica nostalgia.

La intimidad entregada
a una montaña,
rosas amarillas
carentes de hospedaje
deambulan sin rumbo
por el laberinto de tu espalda azul.

Los años acordeón
inflan y desinflan
un apocalíptico muestrario de heridas.

El vacío,
puzzles añejos,
pieles marcadas en un imaginario
de símbolos inocuos
y cheques sin fondo.

La actitud derrumbada
al pulsar caprichos
instaurados como piedra de toque.

Caballeros honoríficos de la excentricidad
congelan vientos proféticos
por si mañana no hay virtudes frescas
y así poder tirar de las sobras
para salir del paso.

Conflicto,
aventura,
una frecuencia sin rebeliones
en la individualidad,
un norte exaltado y perdido
al no saber ordenar con atino
todas las partículas ofrecidas
por los que querían acercarse,
quererme, amarme, cuidarme....
y ese extraño proceder que tengo
los repelió condenándome
a la más estricta soledad.

Como siempre,
un idiota a babor.
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7comentarios 93 lecturas versolibre karma: 105