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Te lo dije

Lo ves,
ellos poseen la puerta, los astros,
la mezcla de mente y corazón,
nosotros como insalvables observadores
y mendigos del amor
siempre inventando como poner
clavos en el camino
para ver pinchar ruedas.

Las seis y diez,
hora de entrar en trance,
un cubo,
una pala,
hoy toca tuneado
cambiar de color
y un nuevo lazo.

Cojo una servilleta de la cocina
y escribo:

¡Nos vemos detrás de la columna!

La doblo en cuatro,
la meto en el bolsillo izquierdo
rezando para que no esté agujereado,
como método preventivo
meteré los bajos de este
mugriento pantalón de trabajo
por dentro de los calcetines.

¡Que estampa!

Lo ves,
ellos dominan las leyes de la atracción
y nosotros siempre intentando burlar
a los guardianes del destino.

Fuimos abandonados
por no saber conjugar los planos
de futuro, pasado y presente,
por inyectarnos sin recapitular
el reino animal, vegetal y mineral.

¡Te lo dije sombra!

No podíamos bebernos
todo el estado líquido
y luego pretender estar todo el día
como una pelota de ping-pong desnortada
entre lo sólido y lo gaseoso.

Deberías haberte quedado
unos años más en el cajón de la cómoda,
desde que nos hemos vuelto asociar
no doy pie con bola.

Lo ves,
ellos son los lobos,
nosotros un par de caricaturas
queriendo ser su piel.

No me digas lo que piensas
que fijo que quieres venderla.
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Panteras en el puente

Panteras en el puente,
borboteo de huesos
al ver tu imagen desvanecerse
en un hálito transparente
de alquitrán y confusión.

El echar de menos tu boca
bella y astillada
continúa en presente continuo
que batalla con la suerte.

Buscar pureza
entre la impureza
no calma la fiebre
de los eslabones perdidos
en los caminos de la alacena prohibida
que construimos para equilibrar la temperatura.

Aquellas manos bajo la mesa,
aquel escueto escalofrío
abriéndose paso
hasta la eclosión final.

Detalles de vigorosa voz
relegados al silencio
de los relámpagos
que se remueven dentro
de la mochila de recuerdos.

Panteras en el puente
acogen la fase terminal
de mi noche ensimismada
para acallar el devaneo
de tu imagen incrustada
en los pasos del presente.

Avanza el licor,
se tapona la herida
con sudor de no palabras
y cascadas
de amnesia continua.

¡Vamos corta el cable!

Ya tengo traje
para abrigarme
del perpetuo invierno.
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Frecuencia sin modular

Saltar de frecuencia sin avisar
con doble tirabuzón de sorpresa,
irrumpir en un salón de baile
destinado para estrellas apagadas.

Tiendo redes
cosidas con el arte de enmudecer
en la solapa de la gabardina del mundo
mientras la traducción de un libro sereno
tira por la borda del barco "Ausencia"
manojos de rencor y cauces de peligro.

Después del ruido,
después de vidas cantadas,
después del infinito
de recompensas no buscadas,
después del infierno decorado al gusto
persigo cometas desde el sofá
regando el gaznate
y fumando hasta la saciedad.

Quiero ser lo que soy,
lo que quise solo un capricho de la edad,
hoy germinan perchas viejas con ropa nueva.

Grita la ciudad,
el sucio reloj dice que es la hora,
peino el cabello de la penumbra
por última vez
con una raya perfecta de adiós,
pongo sus maletas en la puerta
y tras salir
echo los novecientos cerrojos y candados
que tenía guardados
para sellar el universo
de mi frecuencia sin modular.


Hoy el cartero
ha traído un paquete
repleto de respuestas,
voy a mirar si encajan
con mi saco de preguntas,
si no es así, pues
a perseguir otra vez
cometas desde el sofá.
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Tatuajes rupestres

Si me llevas contigo
podré sobrevivir
a mis tatuajes rupestres
y calmar las opciones que me ofrece
este elenco de venenos.

Intenté adornar el mundo
con sorbetes perfectos
para la perdición,
ahora son inapetencia.

Sé que el viento ha acordonado
con un exhaustivo perímetro de seguridad
los cuatrocientos kilómetros que nos separan
para así dispersar los te quiero
a futuros divergentes.

Charlé con todas las cuadrículas
que no respeté,
les pedí perdón por haberme instalado
en las áridas explosiones
que minuciosamente controlan mis derrotas.

Si me llevas contigo recompondré
todos los escaparates que bombardeé
creyendo que nuestra historia
no debería haber sido vendida
a unos ojos lapidarios.

En esta mecedora diván
las piezas del puzle
toman temperatura y encaje
devolviendo la inclinación
a su estado natural.

No voy a saltar
el perímetro de seguridad,
esperaré a que tu voz indique
que es la hora de regresar,
y so no es así
continuaré aquí, inmóvil,
dando pespuntes a los sueños rotos.
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Ya no encaja nada

Ya no encaja nada
lo dice esa maldita voz en off:

"El procedimiento final
para el giro completo de su vida
ha resultado insatisfactorio".

Ni convirtiendo mis manos
en martillos neumáticos
he podido derribar los muros
que yo mismo he ido construyendo
a lo largo de los años.

El no poner riendas a tu vida
es lo que tiene,
cada dos por tres te caes,
algunas veces sobre algodón
y la gran mayoría
sobre las puntas agudas
de desastres que se veían venir.

Han sido tantas
que parezco un álbum completo
de cromos de cicatrices.

Creo que tengo lo que merezco,
la cesta de frutas
solo es un vago recuerdo.

Deambulo perfectamente desaliñado
por este limbo deshabitado,
contando nadas de derecha a izquierda
y haciendo pompas con saliva
para adornar un poco
el tiempo inexistente
hasta que la sed mortal
me deje dormido.

Ya no encaja nada
lo dice la maldita voz en off:

"K, ¡quieres bajarte de la nube
e irte a tu puta casa! ".

¿Vicente?
Tienes una voz cojonuda
deberías ser narrador,
bueno ya me bajo, nos vemos.

¿Pero dónde carajo estoy?
este no es mi barrio
y ahora que lo pienso
¿quién coño es Vicente?.

Va, da igual ya me ubicaré,
ahora voy a buscar algo de papeo.
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Ha llegado la escalera

He encargado una escalera
con latidos asonantes
y ritmos de compromisos no jurados.

Perfumado con gotas
de anillos rechazados
sorteo las punteras de botas
que se dirigen a mi mente gelatina.

Despido a los ángeles desnudos
de mi portal,
a sus bolsillos repletos de ácidos secos,
también.

Ya he agotado las luces
de últimas confesiones
a tumba revuelta
esta mañana esquiva y dispar.

Hoy quiero aburrirme,
lijar la vieja puerta
de preguntas infinitas,
abrir la boca solo para beber,
estimular mi ruin reinado
en la más absoluta
e íntima vida animal.

No espero una metamorfosis,
solo espero una vejez
con todos sus laberintos abiertos.

Ya ha llegado la escalera
con latidos asonantes,
no me convence,
creo que mejor voy a ponerme
de puntillas y aguantar la respiración
nada más por probar
como es un desmayo consonante.

Hoy quiero aburrirme,
como empeñe el sofá
y la televisión
lo único que me queda
es lijar esta maldita puerta.
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5comentarios 63 lecturas versolibre karma: 106

Tras sus manos

Sin levantar la cabeza
husmeo por el olvido
con el ánimo saltando
las botellas de champán
empolvadas con pesadillas
y fríos suelos.

Intento pescar algún pez
de los que viven en tronos desmedidos
danzando parapetados
por un círculo de fuego.

Vecino del horror
con el oficio de vagar
por el distinguido jardín
de un patio de butacas.

Mientras bebo una copa
de agua turbia con cortocircuito
una voz me susurra al oído,
me invita a escuchar las imágenes
que hay tras sus manos.

Fotografía:

Secuelas de una noche muda
acompañan al horizonte
paralelo del mar.

Imágenes galopan fijas,
movimientos corporales
son acompañados por luces,
a distancia posa para el sol,
a triples pasos se queda en el lugar.

Enfoque

Oscuro

Enfoque

Tambaleo

Curvas cerradas a los movimientos
salida en picado fuera del plano,
punto de mira a la fría boca,
sin palabras........

De vuelta a la secuencia real,
conocida o por conocer
las líneas coloridas del viento.

Enfoque,

Oscuro

Enfoque

Marfil entredentado
cuelga tesoros personales

Prohibido.....Privado

Movimientos corporales
vuelven a quedar fijos.
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La casa placebo (el péndulo)

Atraído por el péndulo con ilustraciones
salí de la casa placebo como un remolino
al que le acaba de tocar la lotería.

Ya debajo,
pude observar que eran las musas
en su hora de recreo.

Junto a ellas flotaban
pequeños fragmentos de pentagramas
y hojas amarillentas
liberando sangre hermética.

Comienza una llovizna
de voces soprano,
dejo que su armonía
me recorra el rostro
con la tinta de ángeles
robada a los juglares rotos.

No existen monedas
con las que se pueda pagar
esta sensación
de suaves briznas ajadas.

Me descalzo,
comienzo a bailar
haciendo caso omiso
a las consecuencias.

Todas las paredes de mi imaginario
se han quitado el disfraz
quedando resumidas a palabras
con puñales de libertad.

Alguien grita desde la casa placebo
invitándome a regresar,
ya no puedo,
he conocido las múltiples formas
de acariciar el viento.

Una a una
retiro las pestañas
de mi demacrado rostro,
subo las persianas de la vida
untando con saliva todos enigmas
que no me dejan avanzar,
los pego al cristal intacto
del no volver.

¡Adiós péndulo!
¡Adiós musas!

Gracias por el refresco
y la inyección de oxígeno
a mis pulmones oxidados,
me largo, voy limpio,
si no nos volvemos a ver
¡gracias otra vez!.
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La deriva sin sacudir

Un turno de oxígeno perdido,
un pacto de suspiros aletargados
merodea la punta de la flecha,
el equipaje apunta directo al entrecejo
así que no me acercaré demasiado.

Mañana el despertador
volverá a joderme los sueños
tres veces cada cinco minutos,
me devolverá a la cruda realidad
de los seres incompletos.

Después del mercancías
supuestamente sale mi tren
y aún no he podido
sacudirme la deriva
de las últimas setenta y seis horas.

Todo se desvanece,
busco apósitos en el fondo
de la taza de café
pero la voz amiga del camarero
me aconseja que hay heridas
que son mejor dejarlas al aire.

El mundo continúa girando
con sus tesoros y miserias,
con demasiada ropa para unos
y con otros congelándose
en su infierno particular.

Creo que ya es hora
de estrujar la bayeta,
tenderla al sol
y planchar sus arrugas.

No,
creo que olería mal,
lo correcto es adquirir otra.

Sigo a tientas
intentando dar caza a mis fantasmas
que continúan burlándose
en esta eterna oscuridad.

Por fin sale el tren,
mi último tren,
viajaré en el vagón
de los pobres diablos,
de los sin pena ni gloria,
de los insignificantes
graduados sin honor
en la atmósfera de los apestados.

Todo se desvanece,
cuando llegue a la estación
solo me esperará
la última bala en la recámara
guardada en la consigna.

Puede que me sirva
para un nuevo comenzar
o para un definitivo adiós.
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5comentarios 62 lecturas versolibre karma: 89

Corazones lentos, lenguas exprés (La Diligencia)

Pasea gentil tu rostro
por la palma de mis manos,
recorro el mapa de tu cuerpo
haciendo estación unos segundos
en cada palmo de piel.

Lento, suave,
suave, lento
para llegar casi intacto
al umbral de tu corazón.

¡Explosión!

La suavidad se hace añicos,
me arrancas la mandíbula
con tu boca fugitiva,
sube cinco tonos la respiración
y los poros comienzan a mandar
cítricas gotas a unas sábanas
que hace un rato yacían bien planchadas.

Las llaves saltan despavoridas
por la ventana de mil lágrimas,
saben que hoy su servicio no será preciso,
fijo que se van al bar,
ya regresarán mañana.

Dos mercenarios glotones
comiéndose hasta la deshidratación,
dos criaturas haciendo un homenaje
a los devotos del sonido del ocaso.

Lenguas exprés, indómitas
reaniman corazones
que casi entran en parada
por llevar una mochila cargada
de piedras y brújulas tortuga
que no saben en que dirección
se encuentra el futuro.

Dentro, fuera,
fuera, dentro,
viaje sin coraza en una diligencia
donde algunos se bajan
y otros regresan de vuelta
al llegar al punto indicado.

¡Quizás no!
mientras los cocheros
van a nutrirse de necesidades básicas
podemos robarla
e improvisar un camino sin destino.
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Alas secretas

Extiendo mis alas secretas
en puertas de cuevas
carentes de cálculos
asombros y fatigas.

La imaginación de cien geranios
perfora la tierra húmeda
del aburrimiento al notar
que el tabaco gastado tiene que convivir
junto a las pequeñas piedras
con destino programado.

Hay esculturas pidiendo socorro
al no sentirse vinculadas
con el escenario
donde las han depositado.

Hojas caducas aterradas,
hojas perennes atrapadas
en árboles a los que no pertenecen.

Veo que por aquí
todo es paisaje equivocado
y que la constante es renegar
con boca pequeña
por si llegan los esbirros
de los ladrones del ser
a recolocar sonrisas impostadas
para engordar el flambeado ego
de mira lo que he hecho.

Extiendo mis alas secretas,
dejo que un trozo de ira
asome por mis dientes,
orino en el centro del secuestro
pidiendo antes perdón
a todos los daños colaterales,
muerdo mis yemas de los dedos
y cuando comienzan a sangrar
escribo en la pared:

¡LIBERTAD!

Llamo a la policía
para denunciarme a mí mismo
por incivismo orgánico,
me corto las alas
por si hay tentativa de huir.



Me quedo aquí,
junto a las esculturas,
las pequeñas piedras,
las hojas de todo tipo....
junto a los seres
a los que les arrebataron
la palabra y todas sus armas.

"¡Procedan!

Sé como va este rollo,
ahí tienen mi DNI.

¿Junto las manos por delante
o por detrás?.
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Trapecio fijo

Tras asaltar
el altar de muecas desorientadas
me siento en mi trapecio
a tararear canciones
de corazones entrecortados.

Mastico flores amargas
por falta de exquisitez,
todos mis insectos
se han refugiado en el paladar
de una bella planta carnívora.

La frecuencia del fracaso aumenta
con el ácido de esta espiral,
adoré el pasado cuando fue presente
y detesto el futuro que está por llegar.

El sol antes de irse a dormir
me susurra al oído
si quiero un empujón
para que el balanceo de mi trapecio
tome un ritmo óptimo,
le doy las gracias, pero no,
mi trapecio es fijo
y carente de bisagras

Sigo a lo mío,
contando las grietas de los pies
y haciendo aviones sofisticados
con las doscientas setenta y cuatro
páginas del libro "Escritos de un Salvaje"
de Paul Gauguin que me regalaste,
quizás alguno llegue hasta ti.

Meriendo dos aguijones de avispa
que tenía guardado
para casos de emergencias
y salto hasta el empedrado
de la ciudad donde nací.

No guardo nada especial del día,
es como otro más,
así que tiro para mi corral
antes de que se apaguen las luces
que indican que es hora de descansar.
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6comentarios 71 lecturas versolibre karma: 106

Verbena

Tras la resaca
toca desparasitación mental
y reconstruir la patente velada
que campa desmembrada en el jardín
de los falsos sentimientos.

Hay edades en las que el cuestionar
tira la piedra y esconde el brazo
sin pararse a escuchar
a los que antes estuvieron allí.

Las cuatro paredes del ocaso
y el cielo matinal
bailan agarrados en la verbena
del continuar.

La indiferencia
se ha quedado postrada
en una barra de metal
que mañana ya no estará aquí,
se ha bebido todos los charcos
del que si sigues así
solo encontrarás espaldas.

Esta mañana veo
que mis ojos brillan,
lo que no sé
si es porque anduve
por la pista de baile
o porque estampé mi rostro
contra los charcos de la efímera barra.

"Lo que nos distingue
de los distintos
es que somos distintos"

me parece que esto
viene a ser lo mismo.

Es tarde, estoy cansado
y las dos opciones que se me plantean
creo que me sirven,
o me como un bocadillo de atún
y me voy para la piltra
o acepto la invitación
de ese destartalado coche gris
para continuar demacrado.

¡Ummm!

Venga va, me monto en el coche.
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4comentarios 79 lecturas versolibre karma: 109

La azotea

Ya no me quedan ventosas
para seguir ascendiendo
por tu rascacielos.

Un cortocircuito
que antaño pasó inadvertido
hoy se manifiesta
en todo su esplendor.

En definitiva,
aborto la misión,
contaré hasta tres
y me dejaré caer de espaldas
disfrutando del vacío.

Va ser que no,
ahora que me acuerdo
esta es la planta veinticuatro
y al final del pasillo
está la cafetería.

¿Y si rompo la vidriera, entro,
me disculpo con los habitantes
que allí residen y llego hasta ella?.

Va ser que no,
fijo que ellos se encargarían
de mostrarme de nuevo el vacío.

Queda más o menos minuto y medio
para que la última ventosa
a la que estoy aferrado
haga ¡ploff! y se convierta
en un trozo de goma más.

La putada es
que no puedo sacar de mis bolsillos
mi bolígrafo y pequeña libreta
para poder escribir unos versos,
porque si quito las manos, malo.

Va, al carajo,
me dejo caer
y por el camino escribo algo,
total.....


Aquí en el infierno me han dicho
que lo único que pude escribir
antes de la hostia mortal es:

¿Por qué has tenido
que irte a vivir a la azotea
de un rascacielos?.
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6comentarios 74 lecturas versolibre karma: 100

Bordillo de cristal

Tras el orden dispar del orgullo
mi alma se ha quedado sin recreo.

Un solo chasquido ha bastado
para que el Hotel caiga planta a planta.

Busco amparo a puertas del infierno,
tengo abono ilimitado,
esto está como siempre
lleno de "Nadies".

¿Para qué cambiar mi plato
de promesas incumplidas
si mi estandarte de volantazos
nunca cambia de dirección?.

Sentado sobre mis talones
espero el alud de riñas de fuego.

Sé que una vez recé
delante de un altar
de molinos necios
cuando la carencia de hogar
hizo mella en mis entrañas,
de nada sirvió
y creo que rememorarlo
no sea la solución.

Asumiré el castigo,
no moveré un solo dedo,
esperaré a que mis polvorientos huesos
se sacien de amianto
y la ambulancia escoba
me devuelva a mi
bordillo de cristal.
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Bolsillo trasero

Dispuesto a zanjar
un viejo asunto me dirijo
con los pies planos de la tarde
hasta la esquina
de miradas de sangre fría.

La inapetencia
de no continuar rumiando desidia
en esta jaula para hámters
me ha llevado a ello.

En la mano izquierda
una bolsa de defectos,
en la derecha otra
con los que ya no cabían
en la izquierda.

En los bolsillos
traseros del pantalón
porto unas hojas de cuadros
exageradamente dobladas
con todo lo que quiero decirte.

Junto a estas creo que merodean
algunas monedas
por si tengo que comprar
algunas latas de "Quinquiveza"
en el chino de guardia.

Como ya no fumo feldespato
creo que no me entretendré mucho.

Estoy a cien metros,
un frío elevado
a la infinita potencia
me desnuda y paraliza,
la cabeza me recrimina;

¡No te rajes ahora!

Ya he traspasado
la frontera de seguridad,
se inyectan los ojos fijamente
mientras sístoles
manda a callar a diástoles.

Me abrazas,
te abrazo,
el silencio
se encarga
de tirar al suelo
las soledades ordenadas
de nuestra estantería descuadrada.

Un susurro hace transbordo
en los labios
mientras la garganta desesperada
contiene a medio camino
el ahora qué.

Desaparecen las bolsas,
se desintegra el papel,
el silencio mediador
deja subtítulos de punto y final:

"Os amáis demasiado
pero el dolor ha podido más,
yo me encargo de llevarme el rencor
y vosotros de escribir
en vuestros respectivos anecdotarios
esta fracción de amor".

Un último beso
antes de caer
en una caricatura
de nosotros mismos.


SIEMPRE
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6comentarios 96 lecturas versolibre karma: 118

Déjalo estar

Hierba chamuscada
y ramas afiladas condonan
mi deuda con la arena
consumida por los ojos cansados.

Un vestido difícil de llevar
deja descubierta la matriz analógica
para que los colmillos digitales
confabulen a espaldas
del conjunto vacío.

Mi corazón deportista
no quiere bailar
con mi cabeza cadáver
en esta bella escalinata
decorada con restos de botellón.

Crisálida dando tumbos
por el arco iris perfecto,
todavía no es la hora,
ni el día, ni el año.

El Ogro del tiempo
continúa amenazando
la metamorfosis
de los demonios anclados
en el diafragma de la razón.

He recitado versos de sangre
con la cabeza metida en el váter,
he apuñalado azulejos
con nudillos repudiados
por los espejos.

He pensado un poco en ti
pero el laberinto se ha estrechado,
he arañado sus paredes sin uñas
pero el maullido de la soledad
tampoco quiere bailar
con la leve esperanza
que solo se ha asomado
para mirar.

Y ahora,

¿qué hago con este ejercito de escalones
que no quieren oír a nadie hablar?.
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7comentarios 126 lecturas versolibre karma: 106

Hormigón crónico

Bajo el tono de mi voz,
me dispongo a buscar
alguna connotación
que hable por sí misma del ahora
y no esté manchada
de viejos espejos difuminados
y frases hechas
que se pavonean como la reina inmortal
del cabaret.

Cómo no me di cuenta antes,
el subconsciente sin amoblar
tiende a ser inquilino
de la vida de otros
evitando el plus
de la literal piel rota.

El amarnos tanto nos separó
poniendo continentes de por medio
para que el dolor
se fuera desgastando
kilómetro a kilómetro
y el dónde estará
acabara desvaneciéndose
en los rápidos del tiempo.

Aprendí de los trajes del día
y de las escamas de la noche
a no morderme las alas,
a adelantarme al siempre
con un nunca blindado.

Cómo no me di cuenta antes
que no se pueden atravesar
vidas de hormigón crónico.

El amarnos tanto
apagó las estrellas
y encendió un perpetuo diván.
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h.t.a

Ya he entregado la cafetera
a una nueva casa de acogida
devuelta la sal al mar
y la destilería
tirada por el retrete.

¿Estamos?

¿Podéis devolverme
mis cuadernos y bolígrafos?.

Juro que mañana
me compro un chándal
y salgo a correr,
me apunto al club del brócoli
y lo más duro que me beba
será el agua de la plancha.

¿Ya?

¿Podéis devolverme
mis cuadernos y bolígrafos?

Me pondré camisa
por dentro del pantalón y todo,
utilizaré suavizante para el cabello,
me afeitaré esta mierda de barba.

Comeré a las horas estipuladas
y me apuntaré a un cursillo
para que me enseñen a dormir.

¿Vale con esto?

¿Podéis devolverme ya
mis putos cuadernos y bolígrafos?

Iré una vez por semana
a visitar a mi madre,
arreglaré el grifo de la cocina,
asistiré a todos los
cumpleaños, bodas, bautizos, entierros...
comuniones no que me dan grima.

Creo que con esto es suficiente
porque si no al final
no vamos a tener
que partir los piños
y si llego arrebataros
mis cuadernos y mis bolígrafos
retiro todo lo antes dicho.
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Apaga el flexo

Me he quedado dormido
sobre tus párpados.

Abrázame,
detén el momento.

Resucité
en la ladera del volcán
esperando la señal
de tu cuerpo al amanecer.

Apaga el flexo
que apunta directo
al adiós escrito en la pared
junto a los disparos
de la ciega noche.

Tatué tu nombre
en mi antebrazo
rodeando mi colección
de pasos anónimos.

Patadas de desesperación
a los tres por cuatro
de los cojones
que solo entienden
de cubos cómodos
almidonados con doradas
y predecibles estructuras.

Quiero salidas de tangente
borrones e imperfección,
no quiero tirantes
para mis caídas de pantalón.

Abrázame,
detén el momento,

soy como soy,
un callejón sin salida
que chapotea
en las fracturas de la calzada
pintando sobre sus pintadas,
un ser que baila al son
de sus propias goteras.

Resucité
en la ladera del volcán,
si no quieres apagar el flexo,
pues lo ya escrito en la pared.

¡Adiós!.
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8comentarios 75 lecturas versolibre karma: 118