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Hoy vi una rosa...

Hoy vi una rosa que estaba solitaria
en un jardín.
Tembló mi mano buscando con los dedos
aquellos pétalos.
Y los rocé. Sentí la suavidad
de aquella rosa.

Cerré los ojos sintiendo la caricia
que me llegaba.
Era un poema,
un verso abandonado en cualquier parte.

Sin darme cuenta, me vino la sonrisa
hasta los labios.
¡Cuánta ternura dejaba por mi cuerpo
aquel contacto!

Volví a la vida y Abrí los ojos,
el viento del nordeste me hablaba
en su silencio.
Decía borbotones de palabras
que ahogaban mis sentidos,
decía que buscara nuevamente,
que siguiera mi camino,
que te amara…

Rafael Sánchez Ortega ©
28/11/18
14
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Barcos que pasan...

Barcos que pasan desnudos
con sus velas en cubierta
y los marinos ajenos
a los vientos y galernas,
y es que la mar en bonanza
permite dar esta escena
de las chalupas del norte
que nos desgranan leyendas,
unas de tiempos lejanos
llenas de pesca y ballenas
con capitanes valientes
que arponeaban aquellas,
otras de andar por las playas
y de mirar las estrellas
mientras picaba el anzuelo
y se atrapaba la pieza...

Barcos que van renqueando
y que nos dejan su estela
en el paciente horizonte
donde la mar está quieta,
y su visión me subyuga
y hasta la vista se alegra
tras contemplar la figura
que la chalupa nos deja,
y es que la barca es un verso,
una extensión del poema
donde se engendra la vida
de mil sutiles maneras,
vidas que nacen y viven,
olas que laten con fuerza
para embriagar los sentidos
con su salitre y belleza...

"...Tanta hermosura sublime
llevan las barcas sin cuerdas,
y así se pasan los días
para dormir en la arena..."

Rafael Sánchez Ortega ©
17/01/19
11
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Alas rotas...

Alas rotas del invierno
que estremecen en las tardes
con el frío de las nieves
y la bruma en los cristales,
yo no sé si estáis despiertas,
mariposas y saudades,
que vagáis por mi cerebro
con nostalgias muy dispares,
es posible que los años
no distingan los instantes,
ni tampoco los amigos
de la infancia y de las calles,
puede ser que con el tiempo
se congele hasta la sangre
y que el frío de diciembre
sea seco y sin señales...

Alas rotas de los robles
y los bosques singulares,
que vagáis por las esquinas
de praderas y con hambre,
¿dónde están aquellos sueños,
tan hermosos y tan suaves,
con que el hombre despertaba
la mañana de su cárcel?,
¿dónde fueron tantos versos,
con las olas de los mares,
y en qué mares sucumbieron
las promesas de aquel ángel?
...Mas no quiero que contestes
y comprendo los combates
de los días y momentos
peleando en los marjales...

"...Alas rotas de los niños
en eternas mocedades,
que rompieron ilusiones
de un pasado inolvidable..."

Rafael Sánchez Ortega ©
16/01/19
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Se estremecieron los cielos...

Se estremecieron los cielos
y lloraron las estrellas
sin atender los suspiros
de los niños y poetas,
y es que gritaba la vida
malherida por las guerras
y la sangre derramada
entre hermanos de la aldea,
unas lágrimas furtivas
un dolor que escuece y quema,
un silencio por los campos
y el furor de la galerna,
quizás resumen los versos
el final de la tragedia
y hasta el título adivina
de este drama que comienza...

Se estremecieron los cielos
y lloraron las estrellas
sin atender los suspiros
de los niños y poetas,
y es que gritaba la vida
malherida por las guerras
y la sangre derramada
entre hermanos de la aldea,
unas lágrimas furtivas
un dolor que escuece y quema,
un silencio por los campos
y el furor de la galerna,
quizás resumen los versos
el final de la tragedia
y hasta el título adivina
de este drama que comienza...

Un niño avanzó en el campo,
y en los dedos un cometa,
quiso volar hacia el cielo
liberado de su cuerda,
porque el hilo estremecido
de otros ratos y de juergas,
hoy estaba entre las sombras,
invisible y sin respuesta,
no quería carantoñas,
medias tintas ni promesas
ni tampoco personajes
con princesas de novela,
aquel niño de que hablo
quiso un verso en la botella,
luego un baile con la luna
y a las doce ir a Venecia...

"...Fantasías imposibles
que se engendran en poemas,
con los sueños de los hombres
que desbordan sus cabezas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
14/01/19
10
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Allí estabas...

Allí estabas otra tarde
en silencio y pensativo,
la cachaba entre las manos
y mirando al infinito;
era un banco de aquel parque
y un lugar algo tranquilo,
indicado a las pestañas
y a la voz de los sentidos,
tú buscabas a lo lejos
esa infancia de los niños,
aquel tiempo, con los juegos
en que todo era distinto,
y en los labios, tu sonrisa,
se extendía con sigilo,
acercándose al pasado,
aunque fuera en un suspiro...

Y allí estabas con tus manos
protegiéndote del frío,
enseñando sus arrugas
del trabajo y sin un grito,
eran tiempos de descanso,
de paseos sin peligros,
estirando bien las horas
de la cena en el asilo,
y, de pronto, las pupilas
se cubrieron de rocío,
se rosaron y lloraron
sin lanzar ningún sonido,
y es que el tiempo no perdona
llega y cambia los destinos,
destrozando los proyectos
de princesas y castillos...

"...Allí estabas, en la tarde,
dulce anciano, entretenido,
con la vida y los recuerdos
de otros tiempos y testigos..."

Rafael Sánchez Ortega ©
10/01/19
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Unos dedos...

Unos dedos le arrancaron del silencio al sentir la caricia irreverente de las olas en la playa y también de las montañas blanquecinas y nevadas que llegaban con su abrigo y su bufanda intentando compartir unos momentos.

Y a los dedos se acercaron las aldeas y los campos con sus tierras anegadas por las aguas y revueltas, dependiendo de unos brazos y unas manos que cuidaran sus entrañas y plantaran la simiente, en primavera, que creciera y diera fruto y alimento a tantas bocas que precisan de las mismas.

Fue un instante prolongado y un suspiro, un segundo en el espacio que transcurre y se presencia. Sin embargo, la caricia proseguía, y se elevaba, con los dedos que buscaban los rincones invisibles del espacio, intentando recobrar el equilibrio de las almas en la vida…

“…Y llegaron las gaviotas recelosas que venían de los muelles y las playas,
y vinieron otras tantas de la costa mendigando aquellas sobras de pescado que en el día se tiraban a las aguas,
y salieron los suspiros retenidos de los pechos,
y los ojos se alegraron con la música incipiente que sonaba en los oídos,
y los labios temblorosos musitaron mil plegarias a los dioses invisibles,
y la piel se estremecía sin descanso con el soplo de la brisa
y la caricia, que llegaba de unos dedos,
y el maestro olvidadizo se dormía en su escritorio olvidando la canción de los piratas,
y los niños contemplaban la pizarra tan vacía,
y durmieron las palomas en el parque contemplando a los ancianos,
y salieron margaritas en macetas y en ventanas de las casas,
y cantaron las campanas de la iglesia,
y nacieron mariposas que volaban silenciosas por la acera,
y miré con unos ojos, regalados por mi madre,
y gusté del flan de pera y de manzana preparado con sus manos,
y sorbí con estos labios de la leche inmaculada de sus senos,
y cantaron los canarios enjaulados al sentir la mano amiga que quitaba sus cadenas,
y te vi en el reflejo del espejo al mirarme en la mañana,
y escuché la voz hermosa y cantarina que pedía una respuesta,
y te amé como se aman los amantes, con pasión y en primavera, aunque fuera en un otoño,
y sentí que el corazón se desarmaba en un deshielo prolongado,
y noté como la sangre galopaba por las venas tan ardientes y fogosas,
y, al final, me desperté con los ancianos en el parque...

Y sentí que la madera de mi cuerpo se cubría de nostalgia ante los dedos seductores que buscaban sus heridas, y en las mismas a mis gritos y suspiros, que vibraban con las cuerdas, que sufrían y reían; y con rabia se bañaban y rozaban como en busca de lujuria y de pasión mal contenidas, y me amaban y gritaban con un nombre que yo nunca conocí…”

Al final, entre sudores y suspiros, reinó el silencio nuevamente, y el piano solitario en el rincón, despertó de su delirio.

Rafael Sánchez Ortega ©
09/01/19
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Aleja la tristeza...

Aleja la tristeza
que corre por tu cara
y busca la alegría
muy cerca y sin palabras,
verás que hasta las flores
sonríen y proclaman
que el canto de la nieve
son lágrimas del arpa,
las gotas del rocío
pequeñas telarañas
y el beso de la lluvia
caricias de las hadas,
por eso nunca veas
tristeza en horas bajas,
ni sientas que te oprime
el miedo y la nostalgia...

Es hora de sonrisas
y días de esperanza,
y todo en el invierno
de sombras tan extrañas,
entiende que la vida
es tiempo de las almas
que viven el regalo
de un tiempo sin aduanas,
avanza sin tristeza,
aparta telarañas,
sortea matorrales
y luego encrucijadas,
es fácil que un buen día
encuentres la medalla,
la rosa de unos ojos
de luz, inmaculada...

"...Aleja los demonios
producto de batallas,
perdidas en su día,
sin risas y sin nada..."

Rafael Sánchez Ortega ©
09/01/19
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11comentarios 69 lecturas versoclasico karma: 101

Una bella sonrisa...

Una bella sonrisa
se desliza en los labios,
y hasta un beso furtivo
aparece temblando,
es el alba que llega
con el sol de la mano,
y la ofrenda dorada
de cariños y abrazos,
y así día tras día,
en invierno y verano,
este encanto madruga
y aparece volando,
porque ansía la vida
con las rosas y nardos,
del jardín y las almas
de este mundo prestado...

Van pasando las horas,
se producen los cambios,
y la tarde se acerca
y con ella el rosario,
aquel tiempo de infancia
de colegios y patios,
donde el juego y los libros
disputaban horarios.
¡qué bonitos recuerdos,
en los días de antaño,
se vivieron felices
en momentos tan mágicos!,
y llegaba la noche
con la bruma por manto,
y la negra sonrisa
de aquel pecho tan rancio...

"...Una bella sonrisa
en un rostro muy cándido,
un montón de recuerdos
quieren hoy su prefacio..."

Rafael Sánchez Ortega ©
26/11/18
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Renacer...

Renacer tras las fiestas
y salir del letargo,
en que estabas sumido
a pesar de los años,
tú querías silencios
para oír a los pájaros
que llegaban sin prisa
a la copa del árbol,
y también sugeriste
caminar por el campo
por trigales altivos
con su toque dorado,
descubriste la aldea
con su fiel camposanto,
y la iglesia de piedra
con escudo y con arco...

Renacer, sin palabras.
y encontrarte a su lado,
contemplando sus ojos
en la casa del lago,
y ya sé que son sueños
estos versos que trazo,
aunque busquen la magia
a través de sus rasgos,
y es que el hombre suspira
cuando siente tu paso,
y se altera y enerva
con la lengua de trapo,
así vive la vida
al salir del embargo
en que estaba sumido
este niño preciado...

"...Renacer día a día
y volver a los brazos
de la vida presente
y este tiempo prestado..."

Rafael Sánchez Ortega ©
07/01/19
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Pasan los días...

Pasan los días de otoño,
crecen las sombras sin freno,
y van menguando los días
mientras se acerca el invierno,
y en este tiempo variable
yo me pregunto, en silencio,
dónde quedaron los ratos
con los abrazos y besos,
cuándo murió aquella etapa
y se apagaron los versos
de aquel inmenso poema
que susurraban dos pechos,
dos corazones ansiosos
que, en juveniles repechos,
daban sabor a la vida
con sus promesas y sueños...

Pasan los días, me digo,
cuando recojo recuerdos,
esas migajas y risas,
en este mundo imperfecto,
donde los años que pasan
hacen llorar a los ciegos,
con ese llanto invisible
de unos ojitos sinceros,
ellos quedaron mirando
aquel reflejo del cielo
en que la voz de unos niños
daba pasión a los juegos,
y es que la vida se pasa
en un instante y momento,
entre el otoño tan corto
y en un invierno con miedos...

"...Pasan los días de otoño
ante el invierno viajero
que va llegando y abraza
los corazones sedientos..."

Rafael Sánchez Ortega ©
30/11/18
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La carta

Se acercaba la fecha y aún no había escrito la carta y eso estaba mal, pero no sabía por donde empezar ni qué decir. Sí, había leído que no hacía falta ser un gran escritor, que con decir lo que se quería y lo que se pensaba, era suficiente, que ellos ya sabrían interpretar esos deseos y seguro que los harían realidad, pero hacía falta ese escrito, esa carta y era la asignatura que seguía teniendo pendiente.

La vista se perdió tras la ventana y pudo ver el mar con aquel horizonte impresionante donde se divisaban las siluetas de algunos barcos que navegaban ajenos a la vida terrestre.

“Me gustaría tener salud, paz y felicidad y que también alcanzara a todas las personas que conozco y son queridas, incluso a las que son simplemente unas figuras que pasan errantes, a mi lado, y un número más en la vida que me rodea.

Me gustaría poder trabajar para ganar dinero y con él dar la entrega de ese piso que aspira María para formar nuestra familia.

Me gustaría saber que me perdonas, como yo te perdono, y que el comienzo de este año, con su tranquilidad y ternura, fuera una constante a lo largo de los trescientos sesenta y cinco días.

Me gustaría que me tocara la lotería o la quiniela para poder hacer realidad tantos sueños, ya que así podría viajar, tomarme vacaciones, pagar ese piso que antes pensaba y decirle a María que si quería casarse conmigo.

Me gustaría…”

Roberto dejó de escribir o mejor dicho dejó de pensar en qué escribir y plasmar en esa dichosa carta, ya que todo lo que venía a su cabeza le parecía incompleto, vacío y carente de vida.

- ¡Mamá, mamá… yo quiero un patinete! -Oyó la voz de Juanito en el piso vecino.

- Pues pídeselo a los Reyes. -Contestó Carmen, su madre.

Roberto se sobó los ojos intentando quitarse unas invisibles legañas, cerró el cuaderno, que quizás tenía abierto, y guardó la pluma. Este año no habría carta, si acaso un mensaje y unas palabras a Oriente:

“Que el año que viene pueda pediros la Paz, el Amor y la Felicidad que, hace años, alguien nos vino a dar y regalar, en estas fechas”.

Rafael Sánchez Ortega ©
04/01/19
11
4comentarios 62 lecturas prosapoetica karma: 94

Despertar a la vida...

Despertar a la vida
y sentir sus latidos,
sin pensar en mañanas
ni tampoco en caminos,
recordar sensaciones
y placeres prohibidos
que quedaron muy lejos
sin saber los motivos,
apartar las palabras
y los ojos benditos
que decían mi nombre
para luego escupirlo,
separar sentimientos
con furor contenidos
y guardar en el alma
los ardientes suspiros...

Despertar, nuevamente,
a la vida sin frío,
encontrado las llamas
y rescoldos del niño,
navegar por sus mares,
tan azules, bravíos,
y aspirar el salitre
de la infancia dormido,
recoger la cosecha
de cometas sin hilo,
y de magos y gnomos
por los bosques sencillos,
y saber que los pasos
por la vida son finos,
y que dejan mil huellas
infinitas con signos...

"...Despertar de las fiestas
y vencer laberintos,
consiguiendo que el tiempo
deje un verso en tu libro..."

Rafael Sánchez Ortega ©
06/01/19
16
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Dicen que llegan los Reyes...

Dicen que llegan los Reyes
en esta noche especial,
pero a los niños sin tierra
seguro que no vendrán,
y es una pena que siento,
una herida sin puñal,
pues los sueños no son esto
de separar e ignorar,
quizás los niños que cito
carecen de su ciudad,
sin un pueblo ni una casa
donde en ella dormitar,
puede que tengan deseos
de un pedacito de pan
y ahí se acaben sus sueño
sin juguetes ni piedad...

Dicen que llegan los Reyes,
pero los tuyos no están,
peregrino y caminante,
dulce niño sin hogar,
yo quisiera en esta noche
ser un faro y el umbral,
que te alumbre y que te guíe
de una manera leal,
porque esta noche es de todos,
niños ricos con disfraz
y de los pobres y tristes
también es noche fugaz
y me quedo con los niños
y sus ojitos de pan
tan azules y traviesos
con su dura realidad...

"...Dicen que llegan los Reyes
pero los míos se van,
con el tiempo y con los años
en mis sueños de cristal..."

Rafael Sánchez Ortega ©
05/01/19
2
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Palabras atrapadas...

Sin darme cuenta mis pasos se encaminaron hacia el viejo desván de la casa de Luis. Él me había hablado muchas veces de su tío Ignacio, de la afición que éste tenía a la lectura y que también había dedicado ratos y momentos a la escritura, pero que nadie sabía de ella y si se trataba de trabajos de historia, ensayos de pensamiento, relatos de la vida diaria o colaboraciones en revistas y periódicos.

Ignoro cómo pudo suceder, pero desde que oí hablar a Luis de su tío la figura de este cobró una dimensión en mi pensamiento, hasta entonces desconocida. Quise saber de él y le pregunté a mis padres, y también a los suyos, pero nada nuevo aportaron con sus respuestas. Parecía como si una nube de silencio cubriera a este personaje.

Una tarde que estaba con Luis, en su casa, subimos al desván para llevar unas cajas llenas de prendas inservibles que esperarían allí, hasta encontrar su destino. Cuando nos salíamos me fijé en una mesa escritorio y un armario de madera en un rincón del desván. Luis, al darse cuenta me dijo que aquellos muebles habían pertenecido a su tío y que los habían subido de su habitación cuando sufrió el accidente que le costó la vida.

Me hubiera gustado seguir y abrir aquellas puertas y cajones tan misteriosos y que tanto llamaban mi atención, pero teníamos que bajar ya que nos esperaban para merendar. Sin embargo, en mi fuero interno, me dije que tenía que volver, que debía mirar y buscar entre esos muebles intentando encontrar la huella de ese personaje casi desconocido de su tío.

Días más tarde volví a merendar, con Luis, a su casa. Solíamos intercambiarnos la ayuda en los deberes y compartíamos momentos como esos. En un descanso le dije que, si podía subir al desván, ya que algo había llamado mi atención el otro día y que me gustaría mirar aquel rincón misterioso donde se encontraban la mesa y el armario de su tío. Él me dijo que subiera que luego me acompañaría pero que seguramente me iba a llevar una desilusión y que lo más probable es que me llenaría de hollín.

Subí y me acerqué, en silencio, a ese rincón tan especial. La mesa escritorio tenía varias carpetas y también el armario. Abrí algunas y vi libretas y folios escritos con una letra firme y segura. Había escritos con cuentos, relatos, narraciones, incluso algunos poemas. Pero me llamó la atención otra carpeta diferente y más nueva, quizás por su color y el aspecto de sus gomas. Al abrirla me latía el corazón de una manera intensa, como si estuviera a punto de conocer algún secreto impensable. Dentro había una libreta escrita en su totalidad con un título en su primera página: “Palabras atrapadas”. Sus primeros versos decían así:

“Cuando el amor te atrapa/un rayo se detiene/un instante sin luz/que supera a la muerte”

Cerré los ojos y lancé un suspiro: “¡Palabras atrapadas…!”, ahora entendí que estaba ante los versos de un poeta.

Rafael Sánchez Ortega ©
03/01/19
8
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He escuchado tu voz...

He escuchado tu voz
que en el móvil vibraba
y dejaba caricias
en hermosas palabras,
y esa voz soñolienta
sin querer cautivaba
y llenaba de sueños
a mi pecho y mi alma,
y cerrando los ojos
vislumbré tu mirada
y los versos sinceros
que la misma dejaba,
eras tú, dulce niña,
una luna de plata,
el poema completo
que en la mía faltaba...

Detuvimos el tiempo
extendiendo la charla
y contando minucias
que aportaban la calma,
te sentía tan cerca
cual resaca en la playa.
que no supe decirte
todo aquello que ansiaba;
eras brisa marina
y sirena en tu barca,
vigilando la costa
y robando su magia
yo soñaba despierto
embriagado en tu aura,
y sintiendo en mi pecho
el ardor de las llamas...

"...He escuchado tu voz,
mariposa descalza,
y temblé, como un niño,
con la luz de tus alas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
16/12/18
11
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Te voy a contar un cuento...

Te voy a contar un cuento
de la luna y las estrellas
y una niña que buscaba
en la noche candilejas,
sucedió que con las sombras
nuestra niña tan pequeña,
tuvo miedo de las brumas
con su ropa oscura y negra,
y mirando hacia los cielos
una luz se fijó en ella,
que paciente destilaba
mil destellos a la tierra,
a la luna preguntó
esta niña con presteza,
si sabía traducirle
el mensaje y su respuesta,
y la luna complaciente,
con su cara soñolienta,
accedió a ser traductora
de la niña pizpireta,
"las estrellas te preguntan,
si eres niña, verdadera,
si tú sueñas que algún día
volarás en un cometa"
y la niña sonriente
contestó de esta manera
para en boca de la luna
trasladarlo a las estrellas:
"yo ya sueño por el día
por la noche y cuando sea,
y ya vuelo con mis alas
de pequeña vampiresa,
es por eso que yo quiero
acercarme si me dejan
al regazo de los cielos
y a dormir en su ribera."

"...Gran ternura en esta niña,
con el alma de poeta,
superando tanto miedo
de las sombras y tinieblas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
04/01/19
14
10comentarios 47 lecturas versoclasico karma: 98

Seamos como niños...

Seamos como niños,
veamos las estrellas,
recemos en la noche
y hagamos un poema.
y si esto no es posible
tomemos una vela,
raspemos la cerilla
que encienda bien su mecha,
así soportaremos
al sueño que nos venza,
también a los mosquitos
que pican y que vuelan,
fastidio de las noches
que pasan y que llegan
dejándonos legañas
com brumas y leyendas...

Quizás una sonrisa
disipe tanta niebla,
la mano cariñosa,
el roce de unas venas,
los dedos y batuta
que llevan a la orquesta,
por cielos inauditos
y tierras sin fronteras;
se rompen los silencios,
se cortan las mareas,
los vientos se estremecen
y cantan las sirenas;
así se forma un coro
de vida y de poetas
que vuelan, siendo libres,
buscando su albufera...

"...Seamos como niños,
y amemos sin cautela,
haciendo que los sueños
pervivan y no mueran...

Rafael Sánchez Ortega ©
28/11/18
13
7comentarios 42 lecturas versoclasico karma: 100

Cuenta la costa...

Cuenta la costa relatos
con leyendas y secretos
que han llegado hasta sus playas
como un caudal en el tiempo,
con las resacas precisas
surgen y vuelcan sucesos
que ellas guardaban celosas
como botín de sus pecios,
y así se escuchan suspiros
de algún patrón de velero
que tras surcar muchos mares
perdió razón y hasta el seso,
y todo fue por mirar
a una chiquilla en el puerto,
transformando sus instintos
y alterando sus deseos...

Por unos versos sin nombre
las olas dictan consejos
que ya extienden por la costa
las resacas y los vientos,
y así vendrán marejadas
con galernas en los puertos,
y los susurros guardados
serán suspiros del cielo,
habrá poetas y bardos
a recoger tantos besos,
de sentimientos perdidos
por unos ojos hoy ciegos,
y es que la costa tan dura
tiene también sentimientos,
y hay que saber rescatarlos
y liberarlos del miedo...

"...Dicta la costa desmanes
y el corazón está atento,
para cambiar los latidos
y hasta el yodo de su pecho..."

Rafael Sánchez Ortega ©
03/01/19
3
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Cuando el amor te atrapa...

Cuando el amor te atrapa
un rayo se detiene
un instante sin luz
que supera a la muerte,
es una flecha herida,
una rosa con fiebre,
una grieta en el alma
y es el fuego en la nieve,
no hay palabras precisas
del amor cuando hiere
cuando clava su daga
y la sangre se pierde,
porque el hombre que te ama
es aquel que te quiere
aunque tú no le quieras
y hasta ignores su frente...

Cuando el amor alcanza
las estrellas celestes,
se han perdido los sueños
de estaciones y trenes,
de subir a los barcos
y pescar muchos peces,
de bailar con la luna
aquel vals sugerente,
se cambiaron las risas
por miradas y suertes
que buscaban los ojos
y pupilas alegres,
recobraste tu pulso
tan febril e inocente
y los ojos del niño
se volvieron herejes...

"...Cuando el amor te atrapa
no resistas tu suerte,
busca el arco y la flecha
de ese niño que duerme..."

Rafael Sánchez Ortega ©
03/01/19</b>

2
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A una princesa...

A una princesa…

Hacía rato que Lucía se había acostado y la casa, en la tarde pletórica de vida, estaba ahora en silencio. La televisión apagada, dormía un sueño virtual y sin complejos, en su retiro del mueble bar. En la chimenea, unas brasas, tomaban el testigo de las llamas que habían estado jugando con los leños, en parte carbonizados y cubiertos de cenizas.

Un bostezo vino a tu boca y llevaste la mano a los labios como queriendo decirles que sí, que ahora te ibas a la cama para intentar encontrar el descanso que necesitabas.

Cerraste el libro que tenías abierto, y que estabas leyendo, colocando un marcapáginas en el mismo. Apagaste la luz del salón y caminaste por el pasillo hasta el cuarto de Lucía.

Despacio, y procurando no romper el silencio, entornaste la puerta para ver si dormía. La luz de la mesita te permitió ver su carita de ángel posada en la almohada con una sonrisa escapando de sus labios. Te quedaste mirándola unos segundos como intentando penetrar en el mundo de sus sueños.

¡Cuánto habrías dado por soñar con ella en ese mundo de la infancia!, por seguirla en sus viajes y proyectos, en caminar tras sus pasos infantiles por el bosque encantado de las hadas y la magia, algo a lo que todavía ella, como niña, no había renunciado y menos tú, su ángel de la guarda.

Sonreíste ante lo absurdo de tus pensamientos, pero había tanta ternura en esta escena que contemplabas con tus ojos...

Te inclinaste y posaste tus labios en su frente antes de apagar la luz de la mesita. Te hubiera gustado decirle tantas cosas, incluso velar su sueño y leerle un cuento, sin principio ni final, como aquellos que tú, algún día y hace tiempo, escribías y soñabas para una princesa inalcanzable.

Ahora estaba allí, en ese lecho de cristal, pasando unos días contigo y no era un sueño. La princesa añorada tenía cuerpo y forma, tenía voz y nombre, tenía luz en sus ojos infantiles y por ellos sus pupilas encendidas transmitían la fiebre contagiosa de la vida y de la poesía.

Saliste de la habitación y te enjuagaste una lágrima traidora que rodó de tus mejillas.

¡Qué hermoso regalo el del invierno, en esta Navidad, para un abuelo!

Rafael Sánchez Ortega ©
02/01/19
9
8comentarios 91 lecturas relato karma: 90