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Retornar sin haber partido

Me acomodé lo máximo posible, dada la situación, el metal del cargadero en el cuál intentaba aposentar mi trasero me complicaba bastante las cosas. Jass estaba dándole fuego a un renacido porro, los efectos qué en tantas ocasiones había vislumbrado en su cara se hicieron instantáneamente notables: Se le achinaban los ojos y su expresión se abandonaba a una paz frágil, entonces veía de nuevo, cómo sí se pudiese quitar la cortina a este mundo.

El cargadero estaba situado a unos 20 metros sobre el mar, el suave oleaje retornaba siempre a las húmedas piedras, mi cabeza se dejó mecer por ese movimiento hipnótico a la espera de recibir algo de bruma que meter a los pulmones.

Jass comenzó a hablar.

- Hacia mucho que no veníamos a este lugar, en la última ocasión, juraría haber visto la marca de nuestros culos en el jodido metal, no lo recordaba tan gélido, puta mierda.

Río desde bien adentro, a la vez qué compartía conmigo el canuto y se abría una cerveza, Jass siempre había tenido esa risa contagiosa, pero no la que consigue que te rías como idiota sin control no, esa risa que consigue depositar una sonrisa en tu boca de manera sutil y te ves sonriendo como un idiota.

Una de las sirenas del puerto me sacó del ensimismamiento en el cuál me encontraba...

-¿Te acuerdas? -comencé a decir- la infinidad de barcos que veíamos salir desde el puerto, tu siempre presumias de acertar hipotéticamente su destino.

-Ajá, pero me carcomía no saber si regresarían.

Nos quedamos largo rato observando a varios marineros, andar de un lado a otro sobre cubierta, cada uno de ellos, con absoluta concentración en su deber. Los focos del barco nos facilitaban bastante el poder observar que labores estaban desempeñando.

Corría una agradable viento que se divirtió un rato con los rizos de Jass.

- El mes pasado en la inauguración de la taberna de Neil lo pasamos de la ostia, todos juntos bebiendo, riendo en una tarde que rechazó acabarse antes de que saliera el sol. Estuvimos todos tan contentos... Mike acabó las existencias de Ron en tan sólo dos horas y el cabrón curraba al día siguiente, va a ser padre ya sabes.

- Ha pasado bien rápido tío, aún nos oigo riendo en el local, las putadas, cenar unas 4 veces -contuvo una carcajada- y la vez que que corrimos dos kilómetros de aquel madero. Pero ahí están, es como un recuerdo que vuelve, que ni siquiera recuerdas haber olvidado.

Siempre había tenido una facilidad asombrosa para ponerse filosófico, más de una vez le habíamos castigado grupalmente por plasta, pero a decir verdad, todos envidiabamos de forma sana esa habilidad.

- Puede que esto no te haga gracia, pero tú madre me enseñó tus bocetos, los adora con absoluta devoción, en clase te pasabas horas dibujando, el retrato que hiciste del de soci fue algo increíble, lástima que lo encontrase - rompimos a reír y el cargadero se acordó de nuestras carcajadas pasadas, cuando me hube tranquilizado un poco proseguí - no vi a tu viejo, tu ama me confirmó que había vuelto al taller, ese vejestorio sí que ama su trabajo macho.

Jass asentía mientras observaba el mar, el horizonte en calma, el negro cielo se diluía con el oscuro reflejo del mar en perfecta simbiosis. Alguna tímida nube recorría el cielo ocultando alguna tímida estrella, otra sirena, giramos la cabeza para ver a un barco que abandonaba el puerto, se desplazaba tan lentamente que parecía algo muy frágil, cómo sí hasta el más mínimo cambio en el mundo pudiera romper ese instante.

- Los hijos de un pueblo pesquero... Dibujé este puerto un par de veces, en el invierno en el que conociste a Lira. El viaje a Ámsterdam que hicimos los seis, te enamoraste por partida doble en esa ciudad - sonreía.

- No seas cerdo, qué yo pienso lo mismo de ti y de ese dichoso viaje, Jass - le dije riendo.

- Siempre dijiste que terminarías escapando para allá y yo muriéndome del asco sin saber si regresarías, al igual que con los barcos.

Pegué un largo trago a la birra y procedí a hacerme un porro, semejante a moldear, igual de inspirador y con ansías de aspirar a ver el resultado.

- Tengo mucha suerte con Lira, lo ha estado pasando realmente mal por su hermano, la verdad que tuvimos fortuna también con eso, cuantos de nosotros podríamos habernos quedado ahí. Ahora ella está mejor, a final de mes empieza a trabajar en la consulta, estoy jodidamente orgulloso, y me quiere tío... Me quiere y la verdad que no entiendo por qué, algo bueno ve.

Jass jugueteaba con el cigarro mientras me escuchaba, proseguí.

- Hace unos meses lo vi bastante negro, el mundo estuvo clavando su mierda en mi nervio malo, Lira estuvo ahí, todos los días, incluso cuándo... las pastillas.

- Te lo dije en su día y te lo repito ahora: "No puedes tratar de explicar el amor, ni siquiera alcanzar a comprender por qué impulsa a la gente a hacer lo que hace, o describir la motivación que llevo a los y las primeras artistas a crear, esculpir... El amor no necesita ser comprendido, necesita ser sentido".

Puto Jass, parecía algún poeta de esos que idolatraba, pero siempre había sido más avispado.

- Y ya que has mencionado Ámsterdam, salgo en unas horas...

- Cogerás un barco?

- Sí. Voy a realizar las prácticas del máster y después a buscar curro, pero...

- Siempre con el síndrome Peter Pan eh, con la vista echada atrás y pánico a dirigirla hacia delante, Sam... Esos críos ya no volverán, ni las tardes, las noches y todas las veces que creímos que podíamos cambiar el mundo, pero que no retornen no significa que no hayan existido. ¿Qué harás con Lira?

- Bueno, será duro, pero ella es fuerte y yo... Lloraré todos los días hasta que vuelva - esbocé una media sonrisa - sí que cambiamos el mundo Jass, al menos nuestro mundo y eso sí que vale la pena. Tú y tu sentido de la libertad, la palabra adecuada y la acción precisa para cada momento; y esa libertad la llevaste hasta el final, cómo tu única bandera.

Los graznidos de las gaviotas sonaban en la distancia, contemplábamos a unos marineros que se habían tomado la libertad de echarse unos cigarros en grupo, mientras charlaban enérgicamente.

- Iluminaras Ámsterdam, ¿lo sabes no?

- ¿Como uno de esos focos del barco? Son bien "lúcidos".

Nos empezamos a partir el culo como posesos, las carcajadas y las lágrimas duraron unos minutos, cuándo nos hubimos tranquilizado ambos, agarramos nuestras birras.

- Jass... Shelia hace tiempo que dejó de llorar, empezó a sonreir de nuevo, poco a poco el fuego la dió calor. Charlé con ella en la plaza... Estaba guapísima, animada, feliz. Casi había desaparecido la pena por completo en sus ojos, quise ver que la había guardado en algún lugar profundo. Anda saliendo con un chico de la parte alta del pueblo, es un buen tío ¿sabes? La cuida y la hace reír, me figuré que te alegraría saber que ha vuelto a sonreír.

Jass tenía esa sonrisa en su cara, pero aquella paz que en tantas ocasiones había reflejado su rostro, ahora era de una paz absoluta, en sus ojos habitaba el mar.

- Como retornar sin haber partido eh.

- Como retornar sin haber partido -repetí.

La noche se moría, el cielo se encargaba de recordárnoslo con su color, por momentos más claro.

- No es responsabilidad nuestra la forma en la que el mundo nos trata, pero sí es nuestro papel decidir cómo responder a esa maldad, yo no pude iluminar, tú siempre lo hiciste por los dos.

- Jass yo - casi no pude terminar la frase -no ha habido un puto día en el que no haya echado de menos.

- Todo.

Mis lágrimas se terminaron a la vez que la cerveza.

El sol se asomaba tímidamente, como el recordatorio de que algo está terminando.

- Tengo que irme Jass, en unas horas zarpa el barco.

- Bueno, siempre puedes quedarte un poco más, lo que te hace feliz debería durar eternamente - y me dirigió su expresión más dulce y pícara, la de tantas juergas y correrías.

La mañana se abrió paso sin preguntarle a la noche, ya no se oían sirenas en el puerto.

El silencio se puso cómodo junto nosotros, un viejo conocido que no recordaba haber olvidado.

Permanecí inmóvil en el cargadero.

Existen siilencios que son eternos y partidas sin regreso.
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Ensayo

La literatura
son las alas
de los que ansían volar
y,
las sogas,
de los que sueñan con colgarse.
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La marcha de Boriath

Boriath completó lo últimos preparativos,
subió a la barca, la pena que arrastraba en su corazón montó con él, "La partida" de los elfos llenó de lágrimas sus ojos.

Boriath el elfo, bendecido por el don de Launrehl, dicen que cuándo nació, el dios bendijo al elfo con su arte para la música, su voz encandilaba a los animales y aves de toda la tierra, su dedos tejían la vida y la muerte en notas musicales.

Boriath sujetó el remo, la barca se deslizó a través del río Brumoso, siguiendo su curso hacia el mar, hacia abajo, hacia él no retorno.

Sus cuerdas vocales entonaron las primeras notas de "La ambigua balada del sol y la luna" una de sus propias obras, mientras lloraba, mientras el río lloraba también.

- Oh, Boriath el elfo, hijo de Digeör, tocado por Launrehl, ¿Que apesadumbra tu alma?

La dama del río se había sentado en su bote, de espaldas a él, su mano acariciaba la superficie del agua, con la misma suavidad con la que la bruma camina por el horizonte del mar.

- Mi dama, mi lozana dama, guardiana del río, durmiente en sus corrientes. Debo abandonar esta tierra, nuestra edad aquí termina, sólo nos queda fuego y muerte.

- No llores, no pierdas el calor de tu voz, oh mi elfo, tus ojos se dirigirán hacia la región inmortal, no te vuelvas para contemplar lo abandonas.

-Mi señora, que tú sangre nace a brotar en los riscos helados, partes la greda y alimentas al bosque dormido, acompáñame, olvida esta tierra y huye de sus últimas bocanadas, no queda esperanza.

Los peces más valientes se arremolinaban alrededor del bote.

-Joven Boriath, no puedo satisfacer el deseo que anhelas, yo soy hija de este lugar, mi días verán los último rayos de sol y los últimos besos de la luna en esta tierra, uniré mí sino al suyo y al de los hombres. No puedo darte lo que añoras, no puedo darte esperanza.

Agua dulce resbalaba entre las translúcidas mejillas de la dama del río.

- ¿Que esperanza puedo encontrar más allá del mar? Tan lejos de vos, de vuestro húmedo abrazo, no sanaré las heridas que dejo atrás. Deme pues, un último beso, déjame beber de su aliento.

El bote navegó lentamente hasta donde convergen todos los caminos.

Cuentan los que vivieron aquellos días, durante "La partida", que el río cantó hermosas sinfonías en los últimos días de los hombres, más nunca se volvió a escuchar el don de Launrehl entre los elfos.
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Muchos poetas

La música del bar era bastante agradable,
jodidamente bajita, si no los chillidos
de aquel hijodeputa se habrían hecho insoportables.

La mesa era perfecta, hacedme caso, inmaculada, perfectamente robusta, como si una jodida extremidad del planeta tierra
estuviese sujetando nuestras copas,
en casos con los tipos como yo, las copas cargan peso de más.

Había mujeres compartiendo cenicero junto a nosotros, más hermosas que los polvos de domingo resacosos, los otros tres niñatos soñaban con ser escritores,
hablar se les daba bien, se reconocer el talento; escribir, parecía una violación.

Abroché el carharrt helado,
los tres pseudo-poetas se fueron,
no mal acompañados,
yo vuelvo tropezando a casa,
a vomitar versos de Ibarra.

Dolor de huevos y soledad

por aquel entonces,
los dioses no estaban de mi parte
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Tan sólo no

Se va a atravesar
con la pluma
el escritor,
por sentirse preso.

Rodea tierra
mi cuerpo,
suelo
abrazan las lombrices
que persiguen besos.

En una laguna de tinta
En lo más hondo de la fosa
Morder todas las baldosas
y de sus botas lamer cristal

En esos días,
dónde todo el mundo
busca a alguien
y a mí.
No me busca nadie.
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Dudas de más

Ver mudar tu piel,
ya no es amor
lo que murmuras.

Ya no recuerdo
el color,
el olor,
de tus bermudas,

No quiero,
a tus
palabras
ver mudas.

Siento
el lento
balanceo,
mar de dudas.

Me
juras,
Judas.

Náufrago en el triángulo,
de las(tus) Bermudas.
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Quieres

Quiero ser nicotina en tu sangre,
quieres ser la ceniza de mi incendio,
quiero ser los gemidos de tu paredes,
quieres ser viandante de mis ruinas.

Quiero morder tu culo,
por mí pasillo.

Quieres ser el lunar de mi sonrisa,
quiero ser todas tus resacas.

Quiere ser musa. Yo no quiero ser poeta.
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Una vez, ví un río

Hacía eones que no me dejaba llevar,
por el humo, que me arrastra
me arrastra humo,
me arrastran almas.

Caronte me exige monedas
ni muerto, ni vivo
pero tengo que pagar,
cómo se nace pagando
en esta vida .

Enfrente un perro callejero,
Canserbero*
una, ciega
segunda, muda
tercera, sorda.

Pienso, hasta los muertos
tienen fieles mascotas..

Debo tratar con mefistoteles,
en ti veo algo malo,
traigo algo del pasado.

Jodido despertardor,
me asomo a la ventana,
veo almas, se arrastran,
trabajo,
infidelidad,
enfermo,
loca,
loco,
solo.

Ya me he encendido el cigarrillo,

Recuerdo un río.
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Mi sed no mata

Dirijo mi atención a los rostros,
muy diferentes al mío, pero que comparten la
misma habitación en la cuál me encuentro.

Han sido moldeados por el dolor, les han arrebatado a la fuerza, parte de ellos.
Muy diferentes al mío, dolor al fin de al cabo.

Rostros tristes, dónde ardieron ojos, cavidades que antaño perdieron su luz, más creo alcanzar a ver, algún que otro brillo de esperanza, supongo que por eso están aquí.

No conozco a ninguno, ni ellos me conocerán a mí, podría mirar a través del cristal de la pantalla que me ofrecería sus vidas a modo de diapositivas, cualquiera de sus relatos, sería un triste relato, de infausto desarrollo y desastroso desenlace.

Acude a mí cabeza, reptando por mí garganta, lo mucho que me apetece un whisky, debería salir de aquí para caer al bar escondido calle abajo.

No sé muy bien que hago aquí.

Yo, qué en tantas otras ocasiones abogue por el abandonarse a las adicciones, pues fumar y beber con el diablo, fue la mejor forma de perder mi tiempo; asgo el clavo ardiendo de la idea dibujada en mi mente, por otro artista, que dice que es por mí bien.

Por mi futuro
¿Qué futuro?
Si soy nadie, esperando nada.

Rechazo fervientemente ser otro rostro inmaculado, reniego ser cincelado, vaciado y despojado de mi piedra, de mis pasiones, de mis vicios y adicciones, son parte de mí.

Idos al carajo, voy a ver si tengo suelto.
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Insomnio

Tras comer mucho techo,
he llegado a contar,
con preocupante exactitud
unas veinte mil veces
el gotelé de mi techo.

Tras varios intentos
fallidos, por supuesto,
de varios,
poemas,
de amor.

[Dios sabe que odio,
referirme a mí basura,
como poesía]

He descubierto,
con poco asombro
que sólo soy capaz
de escribir borracho.

Pequeños, escribid
si os arde,
si os quema,
si vivís.

Si bebéis.

Brindo a la luna,
a ella también
la escribo,
¿Cuántos besos
me debe la
hijadeputa?
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Abrígate si sales fuera

Maravilloso lugar me ha parecido siempre,
la entrada a cualquier local,
la antesala a todo lo que deshonraria
y emponzoñaria el sinsentido humano.

En lo que las habituadas y hábiles manos
de mis amigos,
deshojan el mundo de los sueños
en sus palmas.

Mientras apuro la muerte de mi cigarro,
jugueteo con la idea de plantarme
en la vereda, del pedregoso y cuesta arriba
camino, que encuentra su destino en algún nicho.

Quedarme por los restos,
a tocar las palmas con los mancos,
a bailar con los cojos,
a fumar con mis demonios,
a cantar con otros grillos fracasados.

Negarme a caminar, observar
ir y venir, llegar, marchar,
morir.

Más colocaré un pie en el sendero,
siendo conocedor de un camino roto.

Me arranca de mis pensamientos,
la carcajada alada de un compadre.
Abandono mi cigarro, por el momento;
hace un frío de narices fuera y se está
muy calentito
dentro.
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No puedo

A riesgo de sufrir la gangrena
y la putrefacción,
en mi mano,
por falta de uso.

Precipitados mis intentos,
de poner un mar,
de por medio,
entre esta basura
y yo.

Compeliendo a mi cabeza
a reconocer,
que seguiré escribiendo,
mientras me ardan
las entrañas.
Cómo
Puta
Bilis.

Para dicha vuestra
[Que no la mía]
el infierno que habita
en mi vientre,
nunca
será,
Cielo.

-Vain
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Llamas en la ciudad

Tome asiento,
junto a mí,
en la cornisa;
humo,
se da la mano
con la brisa,
ahora,
contempla
las llamas
de la ciudad.

Si no es tarde,
ni menester,
ayúdeme a prender,
otro cigarro.

Chupo,
para engañar
a las ganas
de comer;
humo,
siempre me ha
embelesado.

Ojalá,
yo
pudiese,
escapar así.
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No lo hago por vosotros

-¿Acaso podrías,
si no es mucho pedir,
escribir poesía
alegre?
Leerte, resulta,
deprimente y
agotador.

-Has cometido
dos errores,
yo,
no
escribo
poesía.
Y de gustarte,
es más mérito,
tuyo qué mío.

Me basta con ser
el plumón
en el que reposaís
en una penumbrosa
habitación.

Cuándo os salga
de
los
cojones,
hace un maravilloso
y soleado
día
fuera.
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Persiguiendo al viento

Corriendo a protegerse,
resguardados,
en sus abrigos,
huyendo
del aguacero.

Ajados, derrumbados,
compungidos, derrotados,
por la tormenta,
no alzan la mirada
ni para verme
reírme,
a carcajadas,
mientras persigo
mi sombrero.
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Espuela

A la izquierda hacia la esquina,
Lejos de miradas resentidas
Se cimienta un viejo bar,
Una entrada concurrida,
Con un armazón de tejo,
Que solo se abre para entrar.

La regenta un viejo sabio
Que al mirar el fondo de los vasos
Ha descubierto una verdad,
En un mundo de payasos
El más loco y mas extraño
Siempre ríe en soledad

Dónde dos hombres comparten
En un mismo cenicero
Secretos que se deben olvidar
Uno cuerpo del estado
El otro más rata que gato
O ladrón de guante blanco
Al que le gusta afanar

Hay hadas que reparten
Azufre sin destilar
Para fundir el gaznate
Y patear al paladar

Vislumbro barra u horizonte
Más la usaría de soporte
Si de noche vuelvo a naufragar

Por bailar hasta las tantas
Por cantar entre las ratas
Por perderme al caminar

Tabernero, mantén la puerta cerrada
Fuera graban nombres en las balas
Se oyen mujeres llorar,
Ponme la mano en mi espalda
Ahí afuera no importa nada
Ya no volveré a mirar.
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Tú tan loca, yo tan cuerdo. ¿O era al revés?

Volvíamos,
por la calle Damrak,
no he vuelto a ver,
belleza como esa,
belleza en la niebla,
belleza en ti,
pobredumbre en mi.

-Acaso te crees todas las
"verdades" que dices?
-Preciosa,
no es cuestión de fe,
dónde tú ves colores,
yo veo una escala de grises.

Falta de amor propio,
supongo,
ella se fue,
yo volví,
a mí máquina
de escribir.

Nada cambia,
yo no cambio.

Y, ahora,
cuéntame,
¿que dice tu vida,
sobre, ti,
que dice mi herida,
sobre mí?
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¿Vives?

Tengo la absoluta certeza de estar vivo,
pues la certeza de mi sufrimiento
es,
absoluta.

-Vain
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3comentarios 81 lecturas versolibre karma: 114

A ti, que preguntaste

Antes de ser ceniza
Seré las llamas
Y cuándo el viento,
llegue
a recogerme,
me alejará de las montañas
Para verterme al mar.

Ahí volveré a nacer
Pues no yaceré
en la tierra
de
los
olvidados.
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Prisión eterna

En ese minúsculo espacio
entre los barrotes,
ahí,
es dónde podemos aspirar a ser libres.
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