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Gotas traslúcidas

En este día vigésimo primero llueve mucho –tanto–diría el alma.
Constante líquido evocando morriñas. Liquidez del desamor en demasía.
Se manifiesta la lluvia y la gente corre a la cabina.

Los dos, ante el mismo diluvio, esperando a que escampe,
bajo diferentes toldos de un cafetín o taberna,
observando las gotas brillantinas retenidas en el garoé
y los granizos de swarovski entre las ramas.
Uno, sosteniendo el estuche del instrumento
y el otro, su ejecutivo maletín de piel añejo.

¡Llueve mucho! “y lo que falta por garuar” unirá aún más.
Ofrenda acuosa que por las noches se rompe.
Homenaje al ser que al amanecer se espanta
y no se entiende el porqué del paralelismo del habla.
No puede resumirse en llovizna.
Se extrañan las aguas y no se quieren mojar.

Las estrellas estarían cromándose,
extendidas sobre la arena; dorándose u oxidándose.
¡Dionisíaco raudal, apolínea glosa!
¡Llueve! y se pierde el conteo de las gotas traslúcidas.
Hacen mimos los recuerdos y nunca termina la magia.

Llueve y se oyen los te amos del trasnocho.
Ameritaba salir a verla, sacar la mano
y permitir las lameduras en el rostro.
Llovía... y mañana llegará tarde el encuentro.
Es noche afuera y los grillos concertinos
irrumpen el sueño de los arcángeles y el demontre.
Llueve y el asqueroso embalse se atiborra de poesías púdicas.
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Arco iris

Arco iris, avenida de la distancia.
Sus extremos, sin final y sin comienzo.
Si fuera invertido,
vería sus labios pigmentados
emulando a una sonrisa.
Me acordaría del juramento nuestro
y jamás se encharcarían mis orquídeas aéreas.

Mi alma gemela pinta la tonalidad de su voz en el cielo
y de tanto cargar colores entre el sol y la llovizna,
arqueada su columna ha quedado.
La primera vocal de la lluvia rotada y estirada.
Las cejas de este amor pintoresco.

A veces, veo dobles circunferencias
que se dicen cosas hermosas desde el cielo.
Tengo la coloración octava que le falta
Tiene la franja del camino que se arranca.

Es el espectro de su espíritu,
la silueta de mi paraguas agrietado y
la herradura de mi suerte truncada.
El pitillo flexible que se dobla.
La lontananza de sus ojos en el túnel
Su cuerpo prismático sobre el puente
a punto del colapso.



6 de septiembre de 2019
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Quisimos

Quiso verme con sus ojos amarillos antiniebla.
Quise verlo con los cinco sentidos disentidos.
El camino de ladrillos y otoños.
El mar sacudía los barcos de su espalda.
El cielo esculpía sus nubes.
Se apagaban las estrellas automáticas.

Quiso verme, mucho más que otrora,
cuando los caballeros cedían el asiento a las damas
-aunque se tratara de un juego de mesa-
Quise verle respirando fuerte;
que hasta las bragas volaban del tendedero.
Quisimos ver un campo de cebada ondeándose al viento.
Quise ver cómo comía exacerbado.
Había espacio entre sus dientes.
Quiso abrigarme con las cortinas satinadas.

Quiso colorear las sombras de verde esmeralda.
Quise bautizar mis poemas con agua del rosal de su madre.
Quiso verme desesperada, moviendo la cola del cabello
y odiando el tráfico de octubre en la ciudad.
Quisimos llegar a tiempo y el tren no se estiró.
Quisimos vernos en la panadería de la esquina.
Vernos en la pescadería podrida.

Quisimos revolver el azúcar que bajo el lago reposa.
Quisimos bailar sobre las cataratas del Niágara congeladas.
¡Quisimos! ¡Estúpidamente, quisimos!
Quiso escribirme, cantarme, secuestrarme ...
Desde nuestros fueros quisimos,
que hasta nuestras almas
reclamaban cartas pueblas.


27/07/19
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Los recuerdos

Los recuerdos asumen un rol en las canciones
y no recaen al depósito del olvido.
Entonces, aparecen fonambulistas
practicando sobre las púas del horizonte y
se adhieren papelillos carnavalescos
en las huellas de nuestra playa nudista
y las algas parecen cáscaras de manzanas verdes
y los viejos se comportan como niños hiperquinéticos.

Ellos, navegan sobre las flores de lotos,
y avistan sirenas de bikinis escarchados
seduciendo a los peces sin agallas.
Ellos, adoptan tus gestos, tu risa, tu respirar
y tu voz maldita: la que modula como el viento,
y la llama del alborada se enciende con tus gritos.
Tu garganta es la tapa del fondo oceánico abierta,
por donde se fugan las estrellas marinas
y aquellas palabras inexistentes que faltaron execrar.

Los recuerdos se camuflan,
como nuestras hortensias camaleónicas que atraen
miradas de los visitantes al Junquito.
Se destapan y los corchos se disparan al cielo
y el vino de moras mancha a las estrellas.
Ellos muerden, pellizcan
y producen escalofríos en la piel del durazno.
Ellos huyen en la alfombra mágica,
que estuvo tendida al pie de la bañera,
y usted...usted es tan solo un prostituto
muñeco en la torta de bodas.

Por lo menos, tu voz es tan común
que se oye por todos lados evocando
te quieros y profiriendo te odios.
Los recuerdos llueven con sol.
Ellos, son flores marchitas que nunca mueren.
Allí están, como perros fieles,
nuestro popurrís de canciones.

12 de julio de 2016
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Necesidad

Espérame, aún puedo volar caminando.
Me deslizo desde el trampolín sin hacer tramposerías
y allí estás, aguardándome
para que no roce el cielo empedrado.
Eres tan mío, que haces juego con mi alma.
Soy tan tuya, que combino con lo hurtado.

Me verás un poco más delgada;
te sentiré siempre loco, hablando peste.
Quiero encontrar la botella de los versos
que escupirá el mar y beber lo que resta en su fondo.
Anoche pasé por tu calle y me sonreían los balcones
y los fantasmas del ayer regaban los helechos.

Los años se hacen añicos
y el tiempo perdona, porque es un cura
que procura la paz y medio cura las heridas.
Espérame en el bar de la esquina,
sentado de espaldas en la barra;
quiero darte la peor sorpresa de la vida.
Quiero apuñalarte con mi retorno.

Esta noche necesito contar ovejas
rasuradas para no dormirme.
Esta noche, no calentaré el hielo.
Necesito amarrar tu voz a la pata de mis labios.
Necesito comerte a versos y como postre, tu canción.

Quisiera sustituir este menester,
por una menestra de carne.
Quisiera contar con un espacio en la noche
para colgar tus ojos.
Quisiera apretar tu mano
junto a mi techo.

10 de julio de 2019

.
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Recopilaciones de un mismo autor

Hay canciones sin letras; deletreadas.
porque se derriten al exponerse
bajo la clave de sol sin el plástico.
Hay versos repetidos en un poema, que no definen lo mismo.
Hay estribillos que tuvieron trillizos oyendo a Billos.
Hay estaciones del año aparcadas en el estacionamiento.
y melodías sonando durante inviernos
y hay hojas dando vueltas en una esquina como locas.
Hay primaveras en la calvicie de los cantantes viejos.
Hay correos que llegan al aflojarse las correas de los tiempos.

Atraen tus ojos ambarinos o chocolates,
como la misma piedra preciosa sin pulir.
Hay miel ficticia en tus besos:
nunca fue pura, nunca se extrajo del panal.
Siempre habrá flores raras en el destino
y sembradas en un vestido.
Hay taconeos detrás de la luna
y colchones suaves en las estrellas
y cafetines discretos donde acariciar piernas
y autos accidentados de forma intencional en el bosque
y cabañas para pernoctar, hasta que
pase la alcahueta tormenta intempestiva.

Hay filtraciones de sueños en el techo,
atrapados entre la noche y el amanecer.
Existen marcas que se borran con saliva:
menos las del reloj.
Hay músicos salados sobre la tarima del mar.
Hay talento para amarnos más.
Siempre habrá algo antiguo que desear
y pretextos para bajar a comprar pan.
Hay miradas dirigidas a la nada.
Hay paraguas que sostienen personas
amargadas bajo la dulzura de una tarde lluviosa.
Hay distancias que se miden por litros
y kilómetros a cucharadas.
Hay permiso para la espera
hasta que la aniquile el olvido.
Hay reelecciones indefinidas
y recopilaciones que generan
nuevas producciones.
Hay facsímiles de nuestro amor.

8 de julio de 2017
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Cuando vuelvas

Cuando vuelvas, tráeme pan con ajo,
me queda "hummus" de garbanzo:
mermelada de membrillo me repugna.
Cuando vuelvas, trae sonrisas mentoladas
para revestir mis labios
y semillas de peonías
para ensartarlos a mis sauces.

Cuando vuelvas, trae poemas en hebreo
para leerlos en las noches ebrias.
Trae canciones que escuchabas tras mi ausencia.
Tráeme tu ropa sucia: no manchada.
Trae la urna de las cenizas del silencio.
Tráeme el esqueleto de la distancia.
Trae la armonía al ring del boxer.
Trae fados y no enfados.
Trae pastillas de tus jabones para no dormir.
Trae amores tallas grandes;
para no perder las prendas tan rápido.
Trae gas para recargar las luciérnagas.

Espero lo que prometiste:
piedras coloridas, enaguas,
aparatos vibratorios y
residuos de la nostalgia,
Espero el frasco del antídoto.
Quiero fotos de las auroras boreales.
Quiero fotografías de tulipanes coloridos.
Espero tazas para nuestro café.
No quiero llaveros de adornos;
pero por excepción, uno con nuestros nombres.
No quiero imanes decorativos para nevera.
No quiero postales ni caramelos masticables.
Abandona por esos lares el orgullo,
la desconfianza y la indiferencia.

Cuando vuelvas, quiero la continuidad
del último abrazo en la escalera,
la repetición de los suspiros,
las fuerzas esotéricas
y tus demonios doblados en la maleta.
Quiero oler el petricor de otros pueblos,
aunado al extracto de tu extravagante perfume.
Quiero vaciar este desespero sobre tu regreso.
Quiero ver las estrellas excitadas y
palpar con guantes de seda
tu querencia tan de cerca.
Te aguardo, desde el aeropuerto para ovnis.
Vendrás capitán de la nave nodriza.
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El sábado se escribe

El birome se coge temprano los sábados
y la reminiscencia reaparece
tras el primer sorbo de café.
Amanece lo incompatible,
pero pueden sobrevivir entrelazados.

Los sábados se hicieron para transcribir cosas,
justo antes del sonido inoportuno del despertador,
cuyo timbre de tu voz tiene asignado
y se me pegan las sábanas floridas;
también tu piel de damasco
y tu abrazo de hiedra inhibidores de la circulación.
Traes el desayuno al tálamo
y a mí, versos clandestinos y forasteros.
Luego se retira la inmundicia que reina en la soledad.

Verte los sábados es imposible,
porque los consagro a la escritura,
sobre el papel verjurado;
pues el de cebolla induce al llanto.
Sé que no te embelesa la poesía;
pero no puedes dejar de quererte, ¿entiendes?
"A nadie se le puede obligar a escribir
y mucho menor a leer".

Formas parte de mis compendios;
eres la obsesión de las musas feas y bellas,
la desvirtualización de las
premisas menores,
la exageración de las acepciones,
el gemido de la lluvia,
el ajuste de los precios
y el incremento de la fiebre en las metáforas.

Los sábados, riego las flores que no toleran el agua
y sin querer anego a mis blancas coquetas.
Los sábados, limpio las bisuterías oxidadas,
tras tanta humedad en el desierto
y consigno epístolas
en el afligido buzón con la boca abierta.

Los sábados, suelo extenderte en poesía sobre el herbaje.
No quiero que palidezca el arte del hanami:
necesito traducir el lenguaje de los cerezos.
Las flores y su sonrisa son las cáscaras de mi felicidad.



24 de junio de 2019
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Lluvia enumerada

Poco me cautivaba la lluvia,
hasta el momento que le endosó su voz
y la formalizó oralmente ante un notario.
Ahora, conforman un dúo
y hacen coros sobre los puentes.
Mis células están compuestas
del 70 % de agua de lluvia:
el alma del 21%
y el cuerpo de 59%.

No me interesaba la lluvia
de los 22 de septiembre
y mucho menos de junio:
día de las almas gemelas.
En otrora era menos simple;
pasaba inadvertida,
como un gesto desapercibido,
como la belleza de una amapola
que baila mojada y sola.

No me emocionaba la lluvia,
hasta que la introdujo en canciones
e inundó mi cajita musical
y baño a la bailarina erótica.
Ahora, llueve de verdad sobre los escenarios
y restaura las partituras sepias.
Ahora, ingiero más
de cuatro tazas de café al día y
se duplican en otoño
con lluvia de chocolate.

La lluvia...esa lluvia que reclama
con sus argumentos de viento,
la que arranca las hojas más débiles,
la que arrastra amores hasta otros brazos.
Lluvia, perturbadora de mis ventanas.
La que altera el sabor marino.
Lluvia de ayer, de mañana
y la que falta por caer.
Lluvia que pervierte mis vestidos.

No me pertenecen esas gotas que infieren te amos
Tampoco los anegados en los charcos más profundos.
No es para mí su lluvia,
que traslucen pezones en las franelas empapadas.
ni sus cabellos húmedos
ni su paraguas roto abandonado en Aragua,
cuyos alambres nunca puyaron mis ojos;
solo me punzó el corazón.

Afuera llovía tanto y
adentro nacían símiles de ella sin razón.
Ahora, miro la lluvia con beneplácito.
Lluvia que interpreta silencios
y la gente ignora que al llover
se intensifica la nostalgia y el amor.



22 de junio de 2019
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Sálvame

Vimos ojos de todos colores en las estrellas.
Saboreamos la primavera y supo a lavanda.
Sentimos frío al tocar el metal del ventanal.
Viene la lluvia en el avión
y regalías de te quieros en francés.
Viene la piel primero y el hueso del beso.

Mis pensamientos dan vueltas sobre tu alma.
Tu ausencia vive al lado de mi presencia.
A veces, la luna se estira tanto para verte y desaparece.
Te estoy deseando...deseando buena suerte hoy...
hoy que la necesitas para fortalecerte.

Vimos colibríes y búhos haciendo nido
y flores coqueteándole al viento.
¡Te extraño tanto en los días feriados!
y te busco con mi telescopio de noche,
con mis binoculares de día
y me salen moretones en las pantorrillas.
¡Te extraño cuando llueve durísimo¡
y no se rompe el silencio.
¡Canta esta noche por favor!
necesito dormir al lado de tu voz,
"ya puedo oír tus desafinadas de amor".

Sálvame de la tormenta que deviene en ciclón.
Sálvame de tus canciones disgustadas.
Sálvame de las noches con las estrellas serenas.
Sálvame del licor amargo de moras demoradas.
Quítame las pelusas de la piel con tus cerdas.
Seca las gotas de mis sauces festivos.
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Devolución

Aún bailan las jacarandas lavandas,
al ritmo de las notas de lluvia y
rehacen nuestra canción gótica atribulada.
Se recubrieron las carreteras
de vegetación verdosa y de miedos.

Se fue la primavera;
despetalada de usted,
desperfumada de usted
y con un puñado de polen
de manzanilla entre sus uñas,
que serán esparcidos sobre las
espaldas de algunas almas frías.

La luna ha desaparecido del cuadro nocturno.
No era mentira que se tambaleaba
la noche y se movían los adornos
del cielo cuando usted me amaba.
Se han desprendido las estrellas
de mi bata de dormir.

Se desconfiguró el sabor del mar,
desde que usted cantaba para mí
con su voz dulce de flor.
A su vez , se iba salando el silencio.
La ausencia adolece aún de sed por las tardes.
Cerraron las entradas del túnel para unos,
se abrieron las salidas de los laberintos para otros.

Se fue la ansiedad y el acoso del ocaso.
Se fueron las respiraciones aceleradas
que generaban taquicardias.
Se llevaron algunos versos sucios a la lavandería.
Volvieron sus besos babosos a la casa del caracol.
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El mar

El mar escribe en el fondo
y deja mensajes en tus pies
y al salir del agua
transportas en las huellas
sus versos hasta la ciudad.

El mar apoya al amor.
El mar sí sabe amarte.
El mar recoge tu deseos
y los del otro
y lo fusiona en uno solo.

Y cuando te sientes triste
recoge tus lágrimas
y las tritura y se hacen piedras
para que más nunca
ingrese arena a tus ojos cafeinados.

El mar es una cama de amor
que se hace por la tarde.
El mar limpia la conciencia.
El mar enloquece
cuando te vistes de algas
para él, sin ropa interior.

23 de abril de 2019
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Ganas

Las ganas de escribirte
van a la papelera de reciclaje.
Las ganas de llamarte
terminan en el buzón de voz.

Las ganas de cantarte desafinan.
Las ganas de abrazarte se mutilan.
Pasa la lluvia y mis jazmines florecen
todos los noviembres.

Queda música para tomarse con
hielo, para pasarlo por la herida seca.
Los bambúes no estaban tan quebrados.
No prevalecen ganas de ganar.

El amor pide mucho líquido después
de amar y hoy, mi ángel ha caído
entre mis dientes de leones
y no tengo remedio
para subsanar los errores
ni para curar estas ganas
que ya están gordas
y ya no pueden competir.

Me estremece cuando me lees
sin la necesidad de
escribirte ni una sola palabra.
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Lugares

Lugares a los cuales nunca más vuelves:
los cerrados por cambio de ramo
o aquellos desaparecidos por causa
de algún caso fortuito, fuerza mayor
por el hecho de terceros,
o por quiebra.

Recintos que nunca más inspiran frecuentar:
cafetines ya sin toldos para el sol,
donde ya no sirven galletas
ni se leen los periódicos;
aquellos que han perdido los azulejos del baño.
Estaciones donde siempre suena
la mismas canciones desde el hilo musical.

Lugares y lunares que ya no están;
aunque estén los muebles intactos
y los mismos patrones y los mismos empleados.
La misma patente comercial.
Los mismos músicos, un poco más viejos.
Espacios donde se deja todo en su sitio;
pero ya no está la piel.

Lugares que han perdido la pintura,
hasta la sonrisa y el eco.
Parajes quemados, manoseados,
ajados; reparados con vitrales
de botellas rotas y versos.
Donde el silencio se mantiene erecto
y le entra, a veces,
un rayito de luz de luna
en septiembre fluvial;
desde ese mes llueve mucho
sobre los andurriales.

20 de abril de 2018.
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Cambiándole el agua a una canción

Country suena desde lejos
y se empapan los sauces llorones.
Se atiborra el estero.
Las palmeras se vuelven resortes de vez en cuando
y el colibrí de alas rizadas,
se impulsa hasta libar el vino dorado,
servido en una estrella de puntas roma,
proveniente de las heridas del alba.

Ya nadie admira las piedras que trae el río
cuando no resuenan, y yo, conozco su porqué.
Pocos miran las huellas grises que
desde el suelo anuncian que va a llover
y deben abrirse los esqueléticos paraguas.
Nadie con cordura, va secado las ventanas
con la camisa de fuerza.
Sobran los descalzos; porque ya no existen
los locos de atar trenzas sueltas de los zapatos
de los maniquíes, que no pueden inclinarse.
Casi nadie sabe cuando está lloviendo por dentro de los ojos

Las puertas envejecen sin ser retocadas por la primavera;
mucho menos aplican colirio a su ojo mágico cíclope.
La nube negra pasó cantando,
sobre la imitación de la hierba,
que van regando aunque no crezca,
como una tribulación interminable que adolece el cancionero.
El ritmo de aquella balada representa un asunto baladí.
Ella cantaba alto; pero su tesitura no rompía el cristal de sábila
ni las copas de los árboles ni las lámparas tornasoles de las luciérnagas.

Las orejas de las elfas no se equivocaban al afinar el arco iris.
La autonomía de la naturaleza
y de la ciencia interviene en su llanto.
Luego, luego habrá que barrer todas las plumas sintéticas de los cisnes;
soplarlas, hasta colmar tantos cojines hambrientos
y dormir con la conciencia de una intranquila danzarina.

Mientras tanto, suena el country,
y vamos cambiando el agua putrefacta
de las letras que inspiran a escribirle flores.
Las cortinas reservadas se han mohecido todas y
no conviene exponerlas en las ventanas nasales al llover.

Saldrá el sol y se marearán a los girasoles otra vez.
El sonido del silencio se romperá tras el ruido de los autos
que transitan sin tubo de escape por las arterias viales.
¡Maldita costumbre de oír al agua miles de veces,
y de cambiar las letras de los jarrones, mientras mueren las flores
y nacen otras versiones de nuestras canciones!

25 de abril de 2017
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Por la insensibilidad (Contestas)

Por la insensibilidad
se van muriendo,
entre el espacio y el tiempo.
No pueden imaginarse
que su amor no puede terminar.

Meditar es procedente;
regresar es optativo.
Volver a confiar en las palabras
no es tan difícil; es imperativo.
Sin reservas y sin tapujos.

Se sienten bien unidos,
hasta se borra el llanto tibio.
Aunque se desplome el cielo gris y
y sientan morir de olvido.
Han aprendido que pueden convivir,
porque priva la sensibilidad
en el devenir.

El tiempo ha demostrado
que sin ellos puede transcurrir.
Que hay tantas cosas que los atan,
que si quisieran, la felicidad
podrían reanudar.

Por qué preguntan
y por qué cambian
y por qué insinúan.

Porque la insensibilidad
no valora el arte ni la música
y ellos pueden captar
y palpar tanta belleza.
A pesar de la monstruosidad
priva un halo de generosidad,
de humildad y fraternidad.

Porque hay escritos
que se guardan toda la vida
y luego tienes el privilegio
de leerlo frente a esa persona
que en otrora le otorgó
el corazón y se hizo canción.


13 de abril de 2019.
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La poesía es...

La poesía es un alma desvestida.
La poesía es un cuerpo revestido de incienso.
La poesía es consecuencia de un trazo rápido.
La poesía es la máscara más económica.
La poesía es un viaje frustrado.
La poesía es un tubo de ensayo filosófico.
La poesía es el pañuelo de lágrimas del invierno.
La poesía es el resultado de las lenguas trabadas.
La poesía es la parada del verso.
La poesía es el collar de un ahorcado
La poesía es el agua oxigenada en las nubes.
La poesía es una música congelada.
La poesía es una piedra rellena de amor.
La poesía es el poro abierto de la sombra.
La poesía es tu nombre en otro idioma moderno.
La poesía es el chantaje de la realidad.
La poesía es el llanto de un bebé prematuro.
La poesía es un enciclopedia de los ciclos.
La poesía es un retazo de tela sobrante.
La poesía es una estrella indeseable.
La poesía es una cueva amoblada.
La poesía es un jarrón con flores carnívoras.
La poesía es un accidente en la autoestima.
La poesía es un defecto en el ADN.
La poesía es la hija de la esquina.
La poesía es el borrador del bolígrafo.
La poesía es la poceta de las letras.
La poesía es la manera de enumerar las cosas por su nombre.
La poesía es no querer leer lo que se esconde.
La poesía es una merengada de amor y odio.
La poesía es un costurero raro.
La poesía es una casa tapizada de letras.
La poesía es el cementerio de los poetas.
La poesía es la melodia de las musas.
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El instrumento y tu voz

Una obra instrumental es una canción medio silenciosa;
un suspiro escondido entre una flor, cuya voz alguna vez tuvo.
Un preludio que hace vibrar las hojas en otoño.
Corcheas negras de los cerezos,
esparcidas por la partitura de rayas torcidas,
donde vuelven a retoñar en ese escenario sin terreno.

Es un soneto que ostenta de notas
dormidas bajo la clave de fa:
sin contraseñas, pero libre, como fonema en mi mente
y su tonalidad va sonando "sol... la..." por el mar sin letras.
El instrumento puede afinarse con el sonido de la noche;
pero ensaya bajo el solfeo y toca en tiempos de silencios.

Una canción adopta más de una voz; pero nunca suena igual
y la melodía corre tras la original,
con el ritmo acelerado de un marca pasos
y el metrónomo late a destiempo
y los instrumentos de viento promueven la búsqueda de lo llevado
y los grillos en coro atormentan desentonando.

Los bambúes como flautistas erectos frente al río, le llaman.
Se oye desde el precipicio el eco de un tambor objeto de un suicidio.
Al arpa le delegan la voz y la contrapuntea en la ausencia.
Suena extraño ese solo de jazz improvisado.
¿Acaso no oye el arpegio de las coralinas?
Creo que sus instrumentos sienten hambre
y los trombonistas padecen de herpes en los labios
y el baterista peludo, golpea fuerte por causa del arrepentimiento.

Una melodía que alguna vez fue cantada
y contaba con versos fijos; pero sin derecho de autor.
Quizá nunca la tuvo entre sus brazos,
como aquella guitarra cerca de su cremallera;
o al borde de su cuello, como un violín "extra de varios",
que marca la chupada de un cantor vampirezco.


¡Es que no quedó ni la letra!
Se llevó todos los muebles del sonido.
¡Esa voz se lo llevó todo!
Dejó los cables enredados;
pero siguen conectados en ti,
porque la melodía nació de la voz
y de los instrumentos belicosos que la ejecutaron
y desde un paredón la acallaron.


Sólo figuran callos dolientes entre sus dedos de relieve y tiempo
y la sombra de un bajo que cayó muy bajo.
Una voz grave a tenor del cuarto piso de un paral insostenible.
Porque la voz grita más fuerte que el instrumento
y duelen las cuerdas de la garganta
y duelen la manos del que la toca,
para que nadie la escuche.

Porque la canción perdió el habla
y en el corazón late melodías prescritas,
para aquellas taquicardias pervertidas descritas,
Aquellas canciones malditas,
que alguna vez tuvieron una voz adicta.
Y así, cada vez que suene aquella sinfonía,
el olvido se recuperará del sueño podrido
y los recuerdos adquirirán las voces del ensueño.

El diafragma imprimirá letras y versos
y vomitará flores el micrófono negro
y fecundará la misma canción transcrita;
con la misma voz de aquel fantasma no asusta.

Mientras tanto, duermen el instrumento y la voz
en el mismo estuche de lo eterno
y la voz del alma canta con la pista helada durante inviernos.
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A más nadie

Es verdad:
a más nadie he podido
decir te amo...ni en sueños.
Es verdad,
usted se lleva todo el mérito;
porque prevalece la lealtad,
lo inmutable, lo intransferible,
la firmeza y no miento.

Créeme:
todos consideran que soy invierno,
árboles de frutos secos.
Ignoran que con usted
soy un sinónimo de te quieros
y que las hiedras protegen sus
grafitis a toda hora.

Es cierto:
usted se apropió de mis palabras bonitas
y se llevó todos mis cursis pronunciamientos,
y para otros oídos se tornan ruido
Mis te amos solo hacen la redacción
y la modulación contigo,
de forma oral o escrita.

Es verdad:
expresarlo a alguien más...ni forzándose;
porque me azota tu recuerdo.
Porque mis te amos constan de un sueño,
cuyo significado se intensificó tras el tiempo
y frente a otro deviene en mutismo.
Mis te amos solo hacen el amor contigo.

Ellos brotan de una fuente auténtica y natural.
Carecen de nombres y apellidos,
pero al soltarlos diseñan tu rostro.
Ellos, son tuyos, porque aún
no he podido cancelar
el precio de un primer
y último amor sincero
que se apropió de mis versos
preferidos en febrero.

13 de marzo de 2019.
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Ahora

Ahora, cuando llueve y
no retiran los mensajes secos
de las seis cuerdas de nailon
que pertenecieron a la vieja guitarra acústica.
Ahora, cuando la radio no anuncia tormentas eléctricas,
porque pierde la señal y sintoniza
la emisora 9:22 FM en muerto.

Ahora, cuando los arpegios en sol
traslucen las gotas del rocío desesperado
y brillan demasiado y bailan sobre las cuatro
hojas de los tréboles platinados de la suerte.
Ahora, cuando los duendes vigilan
los bosques desencantados
y los honguitos son alucinógenos.

Ahora, cuando los pinos canadienses
se cierran como paraguas
y reposan como venablos
para ser lanzados sin fuerzas al escudo agujereado.
Ahora, cuando la música objeto de plagio
suena tan lejana desde cualquier navío pirateado.

Ahora que los trovadores
hacen gargarismos con jengibre y miel(dada)
y no exponen sus obras en las cortes señoriales;
sino en las rejuntadas.
Ahora que los suspiros son encapsulados en plástico
para la motivación del último respiro.

Ahora, cuando la memoria
se volvió un licuado de nuez y recuerdos olvidados.
Ahora que un conjunto de grillos ilustrados,
ofrecen serenatas al pie de los balcones sordos
del ayuntamiento cerrado.
Ahora, cuando nadie pregunta por el piano.

Ahora, ante el arrebato del cartel de los versos ventilados.
Ahora, cuando la aurora no representa a una diosa marrana.
Ahora que están quemando otoños por dentro
y se activa la campana extractora,
descontaminado primaveras acumuladas.
Ahora, que no piensan en escribir temprano.
Ahora, cuando un te amo pierde el alma
y para algunos representa un concepto vago.
Ya...porque en este momento llueve como si nada.


18 de octubre de 2014
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