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El amor imperecedero

De tu amor al mío rayos de fuego
calcinan la distancia,
la noche marcha en lenta aflicción
se desliza por el balcón y abraza la soledad.
En la yerma oscuridad tu figura es espiga,
la brisa osa rozarla en la pared;
fluye el pertinaz silencio que se alza en mi boca,
brillan a lo lejos tus ojos.
El mundo parece no moverse,
los muertos desandan.
La orfandad de tu presencia me hace solemne.
Mi tristeza es un altar.
Se escucha el eco de mi hálito,
el palpitar de mis venas,
la ligera sensación de morir,
la tenue vida que titila en la sienes,
el hastió grisáceo de mi frenesí por ti.
La alcoba flamea junto a mis apetitos,
el canto, impertinente de los grillos
atormenta mis pensamientos.
Me aferro al recuerdo de tus labios vendidos.
La noche me execra de su manto.
Los caminos huelen a ti,
los muros, los puentes te extrañan;
nunca volverás, lo juraste frente al portal,
aquello me hizo barro.
El universo se convirtió
en una orquesta de llanto
mientras partías sin mirar las gardenias
marchitarse a tu espalda.
Mis ojos eran agua,
sentí la sangre romper mis arterias,
el corazón detenerse.
Tu dorso sereno fue tu adiós.
En mis manos quedó sembrada tu naturaleza,
tu piel de higo, tu vientre de largas jornadas,
en un instante mis codicias se hicieron sepulcro,
todo el amor fue una azotada furia mortífera.
Tu entrega fue efusiva como volcán,
lucias misteriosa tendida en la intemperie,
entonces tu boca surtía mi boca
de la miel de tus entrañas.
Con el tiempo, ausente en tu mirada,
me hacía manecilla en tu pestañeo.
Tejía coronas para tu frente, lavaba tus pies
con mi aliento y cazaba pájaros
que cantaban a tu alborada.
Quería un planeta florido para ti
con senderos bordados de destino,
un cielo libre de soledad, una tierra de riqueza,
un arco iris en tu sonrisa y sábanas de marfil
para cortejar tu tez.
Cada tarde el ruiseñor
entona el Ave María
cuando tu rostro la mantilla lo cubre
y sales a la calle
con una procesión de arcángeles.
Anhelaba llevar tu aroma
como mi estandarte,
tu ternura como un prendedor y tu amor
el diamante azul de un Marqués.
Hoy, que veo tu reverso como despedida
descubro que eras un ave de paso
y yo un quijote de quimeras.
La noche es inmensa
pero más inmenso es mi espacio
sin tu voz a mi costado,
ni la tibieza de tus suspiros,
todo es tiniebla, fango y olvido.
Qué fue de tu promesa
sobre la cruz de alabastro
cuando prometiste
que no volverías a ver el horizonte
sin mi compañía, que las horas en mi ausencia,
eran tormento.
Prometiste que haríamos nuestro el ocaso
y las hojas caídas de los años.
Nada nacerá y renacerá sin ti.
Sólo existe la eternidad de la nada.
Te llevaste mis ganas y mi fe en los dioses.
La noche está cesando en las montañas,
un pálido día me espera sin tu rictus,
siento que mi alma cada segundo fenece,
el olor a tumba es cercano.
Cuando marche no me lloren
felices los felices,
los muertos a su infinitud
que la vida no retorna.
Ufánate amor de ser dichosa en los brazos de
quien te ensalza y cuando sepas que a mi alma
le crecieron alas ora por mis cadenas.
Sé la reina de tu castillo, era todo cuanto
en verdad anhelabas pero esta humilde cultivadora
de utopías no podía ofrecértelo.
Mi grandeza no está en un castillo,
está en la devoción que mi sabia te brindaba
con la sencillez del amor beato.
Mi último deseo es que plantes
un roble en mi panteón
para cuando crezca le de sombra
a mis huesos y en mi lápida,
ha de rezar: “La carne muere, los huesos
limadura pero el amor, es imperecedero”

Yaneth Hernández
Venezuela
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Zumbido

Cuando aparece la luna
te miro, sí, te miro
recogiendo sus rayos
con tus manos de blanca cal.
Quedo pensativa con dos
órbitas de hambre como ojos
y termino sonriendo
al dejar pasar con suavidad,
algún recuerdo con ganas
de atornillarse en los lomos
de mi mente.
Prefiero quedarme con el zumbido
de tu distancia, allí, nada podrá
suceder nunca más.

Yaneth Hernández
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Tu boca maldita

Busco el tiempo  
donde la soledad no cabe,  
estarás dormida  
proscrita de amores. Demente.  
En tu valle nace la vida,  
en tus manos la lluvia. 
Versos escritos con sangre,  
evocan la danza de tu infidelidad,  
música de otra piel, 
vocales nocturnas en otra cama,  
ya que importa tu ausencia 
me he librado de tus yuntas.  
Un día te encontraré  
y moriré en el fuego intenso  
de cada mentira con la que tu boca maldita
me sedujo y prometió la eternidad más falsa. 

Yaneth Hernández
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Cuando retornes al Cairo

Te acercas sumando miradas en éxtasis
y a la vez me ignoras, callas.
Siento el rumor del viento que llega del Cairo,
son tiempos de confesiones secretas.
Cuanto lamento no servirte el último café
con la misma pasión que ayer.
A veces los temblores de la despedida me entumecen.
Suelo delirar, suponer, fantasear
cuando tu ausencia se hace tan palpable
y las noches son una inquisición.
Ya no temo a tu hartura,
hay que dejar que el tiempo haga su vía crucis.
Cada día sumo más malestares
más incongruencias.
Hago coloquios con tu perfil sobre mi cama,
después me ducho y creo que todo fastidio
emigró serenamente,
trato en lo posible de continuar el ritmo
pero es mentirme mientras miro las fotos cuando
pensábamos ser eternas en aquella playa de arena transparente
tanta seguridad nos desplomó.
Cuando retornes al Cairo, camina por los laberintos
que tú y yo desandamos para finalmente, encontrar
la salida que nos llevó al holocausto de la separación.

Yaneth Hernández
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Símbolo de mi amor

Aquella mujer de ojos centelleantes
vació mi alma y mis bolsillos,
dejó mi casa en desierto,
una estufa con agua hirviendo
y el gato en el tejado tocando violonchelo,
mientras mi amor aún la sigue queriendo.
Por las noches Vallejo con su pluma bohemia
deleita mis nervios,
tú tejes calzones para tu perro,
te miro de lejos
para no despertar tu veneno.

Compartir la cama es una batalla de eunucos,
tiras de la almohada con músculos de acero
y con la poca dentadura que poseo
busco clavarte un colmillo
en tus muslos hambrientos,
al final reíamos escondiendo
puñales detrás del cabecero
por si alguna se le antojaba
decir adiós dejando el reguero.

Nuestra historia es estrafalaria,
un día me gritas desde el balcón:
¡vete al infierno!
y al siguiente me consientes
con crema de caviar,
te amo más que cualquier enojo que me causes
pero que feliz fuese
si decides usar menos ese vestido de bolas
y a cambio llevas un camisón de ondas,
te aseguro vida mía que no existirá noche
que no intente meterte en el ataúd
que guardo en el sótano,
como símbolo de mi amor.

Yaneth Hernández
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Naciente amor

En las calles de tu vientre, pasión. Mis dedos desandan tu terciopelo,
inclinó los labios y encuentro el éxtasis de tus gajos.

Se abre la ventana noctámbula,
se restriega el deseo en las alfombras de tus pechos
surca el perfume tus latidos. Tu humedad me canoniza.

Tu piel se alimenta de mi saliva. Claudica mi lengua.
El Universo gira en las gemas de tus ojos
descanso en su brillo perpetuo.

La mariposa atrapa las redes de tus carnes,
escapó por las rendijas de su volar y me encuentro
con el naciente amor, que revela tus temblores.

Yaneth Hernández
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Antón Chéjov y Oscar Wilde

En algún café de Moscú.

Chéjov. -¡Buenas noches caballero!
Wilde. -¡Buenas noches!
Chéjov. -¿Vodka o café?
Wilde. -Café por favor. Gracias.
Chéjov.- ¿Cuándo llegó a la ciudad?
Wilde. - Hace un par de horas.
Chéjov.- En su carta me habló de un nuevo proyecto.
Wilde. - Si, recién lo terminé es una obra de teatro: “Marido Ideal”.
Chéjov.- (Pensativo). La idealización es la materia prima de todo escritor sólo tiene vida en unas cuantas páginas. (Sonríe).
Wilde. (Sonríe). - En Irlanda se habla de sus obras con gran interés de su carrera como dramaturgo, me alegra saber que compartimos la misma pasión por el teatro. Creo que si la importancia de usted es fundamental para el teatro contemporáneo no es menor la decisiva influencia que han ejercido sus cuentos.
Chéjov.- ¡Son exageraciones señor Wilde! (sonríe). - Lo que hago básicamente es plasmar la visión pesimista del hombre y de la sociedad con ciertos dejos de ironía y un sutil sentido del humor. El hombre, señor Wilde es pesimista por naturaleza una condición inalterable.
Wilde.- Insoslayable, diría. Observo que en la medida que logra su objetivo acrecienta su descontento consigo mismo y el mundo, es contradictorio.
Chéjov. -¡La eterna querella por la excelencia! (sonríe).
Wilde. - No es descabellado pero obviamos las cosas que a simple vista parecen superficiales son las que más importancia tienen, todo por buscar una perfección ilusoria.
Chéjov. - El teatro la hace realidad, en su caso, sus obras gozan de gran aceptación entre el público y la crítica por la elegancia de su estilo como por las reflexiones sobre el arte y la vida, principalmente por ese singular autenticismo de la que sus creaciones están impresas.
Wilde. - Honor que sus palabras me hacen (sonríe). Tengo entendido que siempre estuvo ligado al Teatro de Arte de Moscú un verdadero privilegio estar en un recinto donde no solo se han escenificado grandes joyas también la majestuosidad de sus instalaciones, considerado entre los mejores de Europa.
Chéjov. -Tuve la oportunidad de colaborar con el maestro Stanislavski. Allí se estrenaron mis principales piezas. Señor Wilde, ¿Cómo califica sus obras?
Wilde. - Ingeniosas y paradójicas (sonríe), con profunda crítica social, una inusitada ambientación burguesa y, algo que las caracteriza, su intricada trama.
Chéjov. - ¡Vaya! Teatro burgués (risas). En cambio en mi obra “El Jardín de los Cerezos” planteo el desplazamiento de la nobleza terrateniente por la nueva burguesía.
Wilde. - El teatro es visionario ¿no cree?
Chéjov. - Y excéntrico en otros casos, transmisores de caóticas experiencias humanas.
Wilde. - ¡Admiro su obra! su mayor peculiaridad es su minucioso estudio de la naturaleza humana a través del dialogo, y por la maravillosa creación de ambientes. De sus obras recuerdo en especial “La Gaviota”, la describo como una metáfora de la libertad individual cercenada tristemente por la presión social.
Chéjov._ Veo que está muy familiarizado con mis creaciones (sonríe). Con las suyas también lo estoy. Principalmente con “Salomé”, recrea de manera formidable un episodio bíblico muy conocido y controversial, gracias a mentes estrechas fue prohibida por considerarse obscena y escandalosa, como si el arte fuera algo de lo que debemos avergonzarnos por determinadas maneras de concebir una idea y exteriorizar una inquietud, tocando puntos que afectan la moral de quienes no poseen ningún sentido estético y artístico.
Wilde. - La moral señor Chéjov es un espejismo. Un tratado filosófico y no una condición sine qua non.
Chéjov. - (Sonríe). Es usted un caballero de amplio sentido, Irlanda debe sentir orgullo al saberse representada por lo más granado del intelecto de su tiempo. ¡Salute señor Wilde!
Wilde. - Y Rusia por la modernidad desplegada en sus obras que lo convierten en el dramaturgo de mejor talante y, lo sitúa entre los más grandes cultivadores del cuento moderno. ¡Salute maestro!

El invierno arreciaba en la ciudad.

Yaneth Hernández
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Encuentro con la libertad (mi homenaje a las mujeres africanas que sufren la esclavitud sexual aun casadas)

Tenían ansias sus ojos turbios
los labios desgarrados e incoloros
sus pies evaporando historias de muerte.
Los perros la perseguían como moscas
espantaba el miedo y la incertidumbre.
La observaba desde la orilla del Nilo
con los sabores amargos de Etiopía.
Solía cantar mientras extraía alguna raíz seca
para alimentar lo poco que quedaba de ella,
era un día normal en su catastrófica existencia.
Sus lágrimas regaban la tierra cuarteada
por la falta de generosidad de las nubes.
Sonreía y apenas lograba vérsele su encía blancuzca,
un par de escarabajos retaban su desnudes.
Su cuerpo de negro mate destilaba huellas inimaginables
su madre la condenó al abuso exasperado de niña-mujer,
el continuo abuso arrancó su candidez
desapareció toda su pureza, a golpe de tiranía.

Se escuchan los rumores ancestrales de Uganda,
el hambre decretada
la sed obligada
el silencio que oprime sobre las cabezas sumisas,
ella abriga en su alma la fe que llega de sus estrellas
teme no amanecer con algo de dignidad,
espera sobre el horizonte rancio de su extensa marginalidad
unas alas que la lleven al encuentro con la libertad.

Yaneth Hernández
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Un simple ensueño

Sentada en una banca en Madrid
cerca del Museo del Prado
una tarde de otoño te encontré
eras tímida en tu sonreír y plausible en tu mirar
en tus relucientes manos llevabas un violín.
Eras crepúsculo bajo la lluvia
fresas desnudas sobre la boca
tu voz serenaba las angustias del mundo.
Por momentos parecías desaparecer,
una simple alucinación de mi soledad
inclinabas tus labios y besabas todos mis milagros.
El viento descosía tu falda,
alborotaba tu orgullo.

Decidí seguir tus pasos en silencio metálico
me hice la señal de la cruz y deje volar el deseo,
mi hermano me susurraba al oído a través de Dios
temía seguir un simple ensueño
una necesidad emocional.
Tu belleza rozaba lo perfecto
el brillo creciente de tu alma
el azul imponente de tus pupilas.
Presentía estar en una pompa,
con las manos abnegadas de huecos
en una ciudad portátil.
La tarde pesaba en los árboles
se refrescaba en las fuentes.
Un sudor ácido recorrió mi frente,
un golpe seco en la cabeza me hizo reaccionar
desperté en el piso de mi alcoba, con el pelo enmarañado
luego de tomar una docena de tequilas
y llorar por la ausencia de alguien que había muerto.

Yaneth Hernández
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Alfonsina: Mujer de mar (última parte)

Nada puede decir tanto ni tan bien de la personalidad de un poeta, del carácter y cualidades de su mente creadora como el uso de la palabra, las tendencias y contrastes que evoca con sutilidad según el temperamento anímico del momento como la ebullición que lo circunde.
La poesía es la arquitectura conceptual, naturalista, lírica del quehacer ebúrneo de las bellas artes. Se distiende de la misma manera que en el arte de la pintura, la fotografía, la música, la serigrafía, aunque en su esencia va mucho más allá porque su fin es especifico, puede ser temperamental, existencialista, dadaísta, fantástica pero crea una placidez excitante o serena, transmite en algunos casos sentimientos afines o despierta singulares inquietudes que abstraen a un grado de honda reflexión y meditación. Puede ser utilizada deliberadamente. Alfonsina es esa magia que transforma, altera y lo embellece todo o que, cuando es mal utilizada, puede trastornar, desacomodar y hasta anular la bella cualidad de las expresiones más ricas. La poesía, como cualquier otra manifestación artística, está sometida a ciertas reglas que conociéndolas será posible dominar el arte de la armonía, conocer los medios útiles que sirven para evitar la monotonía en una combinación cromática, estimular la facultad del gusto visual y afirmar la sensibilidad llevándonos a un éxtasis nirvánico en el que Alfonsina fue virtuosamente diestra.
El nivel intelectual de Alfonsina, influye de manera determinante, decisiva en sus hermosas y exquisitas creaciones, asimismo la finalidad o propósito de su obra. Pero entre todos estos factores como la inspiración, la musa, la conexión nebulosa, quizás el más importante es el psicológico, ¿por qué nos alegra, inquieta, tranquiliza o deprime un determinado conjunto o combinación de palabras bellamente sincronizadas? Es inevitable pensar en la poesía como un largo viaje interior que también nos mantiene en una constante comunión con el mundo exterior el cual es una fuente inagotable a la hora de componer. Ese interior debe ser específicamente psicológico porque la poesía influye sobre el espíritu, el carácter y en especial el ánimo e incluso sobre las vivencias cotidianas; ya que los cambios afectan simultáneamente a nuestro temperamento y en consecuencia a nuestro comportamiento el cual se verá reflejado independientemente en alguna creación.
A través de sus obras Alfonsina nos abre sus puertas, nos invita cortésmente a explorar y conocer su mundo que por más está decir conflictivo, contradictorio y con un alto grado de insatisfacción sexual, de un apetito desmesurado e insaciable por el deseo y la sensualidad, esto la afectaría psíquica y emocionalmente, transformándola en una mujer abismalmente infeliz y con un draconiano descontento con ella misma. Su personalidad austera, frágil se impondría incisivamente en toda su obra. Atormentada por la fatalidad, la enfermedad, los miedos y el premonitorio final de su vida hacen de su existencia una amalgama de frustraciones y dolores casi perpetuos.
Cada individuo es único y diferente a los demás, podemos tener características en común, más nunca podremos ser idénticos uno del otro, lo que marca la diferencia son los rasgos particulares de cada persona que se forma por diferentes factores como el sexo, edad, cultura, etc, dando pie a la formación de un carácter, influyendo en este el temperamento que son las reacciones innatas que cada persona presenta ante las diferentes situaciones. Alfonsina Storni, fue diametralmente distinta, con una particular manera de ver el mundo, destacó por su postura respecto a los prejuicios sociales, que avivaba por su situación de madre soltera, por su vida literaria manifiesta en su poesía y en su amistad con lo más granado de la época Gabriela Mistral, Oliverio Girando, Horacio Quiroga y, sobre todo, por el mito que rodea a su muerte.
La poesía definitivamente forma parte de nuestro devenir cultural, social e histórico, la encontramos en la naturaleza humana, en el pensamiento, en las ideologías, en las revoluciones, en los contrastes, en la vida, en la muerte. En las cosas sencillas, incluso en las expresiones coloquiales. Es tal la importancia que tiene en nuestra vida que se han dedicado años de estudio a la explicación coherente y justificada del efecto que tiene sobre la evolución contemporánea. Alfonsina en sus comienzos fue intima, erótica, carnal, con el tiempo confluye en una madures intuitiva, sensorial, esplendida. Nos complace saber que hoy,es una leyenda de la Literatura Hispanoamericana.
Por otra parte y no menos importante es lo relacionado a la depresión de Alfonsina, que sí era real pero su motivo era el cáncer que tres años antes le había arrebatado un seno durante una operación quirúrgica. Y su muerte en el mar también fue real pero en lugar de caminar aguas adentro, Alfonsina se lanzó desde el espigón, un macizo saliente en la costa, de la playa La Perla, en Mar del Plata.
Como diría Urrero Peña: “Hay mucho secreto en el suicidio de un poeta. El lector busca ingredientes extraordinarios en ese hormigueo penoso que empuja al creador más allá del abismo. Por esta senda, triunfa el cliché romántico”.
Al final, poco importa las razones que llevaron a esta legendaria mujer a tan nefasta decisión que dejaría huérfana y a la deriva a la poesía de su tiempo. Solemos preferir los mitos porque en ellos podemos moldear nuestra imagen del mundo, arrancarle esa costra de roñosa realidad que lo reviste.
Partió sin un adiós, sin la conciencia de dejar atrás huellas que perdurarían inexorablemente en la memoria colectiva. Alfonsina, duerme entre corales y arrecifes que decoran su eternidad y la prestancia de una mujer de mar.

Yaneth Hernández
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Alfonsina: Mujer de mar (primera parte)

Es indudable que Alfonsina aparecería en las ricas fontanas de las bellas letras, dotada de una particular inspiración; de una relevante personalidad y que gracias a ella estableciera una relación magistral con el mundo exterior que le permitió ser y hacer. Su época junto a los convencionalismos sociales no dejó de avizorar una mujer revolucionaria, cercenadora de posturas hipócritas que hacían del pensamiento literario un simple espacio decorativo insustancial. Es difícil saber, cuales ideas distinguieron la delicia de una poesía desnuda, sin mascaras del ambiente hostil que la criticaba descarnadamente. Hasta el más racional se inclinaba discretamente a la crítica, quizás por convicciones estériles que eran un yugo silencioso. No se puede negar la gran influencia que Alfonsina destilo con sus escritos y esa manera desgarbada, sufrible y penosa que traslucía en sus poemas y en cada escrito que se le antojara. La poesía es belleza, armonía y retrospectiva de vida pero es sobre todo, conexión, libertad y un exquisito aroma de sensibilidad cósmica, en ella se imbuía Alfonsina desde los tormentos de su existencia. La mujer feminista, creadora, hacedora, modernista, quiebra los paradigmas y se engancha en una aventura frenética de ideas que acaloran los formalismos masculinos, creciendo como un vergel en los caminos intrincados de la poesía Latinoamericana. Esto no es más que un fenómeno natural de la mujer, de la Alfonsina emblemática, de Safo, Mistral, Sagan, Simone de Beauvoir, son esfinges que esgrimieron con inteligencia y rebeldía nuevas perspectivas audaces y por rato irreverente de la mujer inspirada y el respeto obtenido a puño y letra.
Argentina conoció sus pasiones, sus incansables desafueros amorosos, las largas tertulias con la soledad, los recuerdos perturbadores. También su infatigable lucha por la libertad femenina por exponer sus inquietudes por encontrar una tribuna que sin temores le diera la oportunidad de revelarse, de resarcir a la india, a la blanca, a la negra, cortar las amarras de la sumisión y abrir paso a la intelectualidad de la mujer, propulsora de grandes revoluciones y constructora de un pensamiento abierto e inviolable. La poesía tiene en Alfonsina un remanso de grandes posibilidades y oportunidades que conllevarían directamente a la evolución de la literatura y a la formación de una nueva generación de luchadoras que llevarían al futuro el nacimiento de ufanadas creaciones escritas con la conciencia y el alma. Alfonsina era una empedernida derrochadora de sentimientos, giraba en esa sexualidad implícita, vorágine, abstracta y melancólica de la mujer deslastrada de tabúes y moralismos arcaicos. Su misma naturaleza le portento de sabia y un ligero afán ninfomático elementos cruciales para su poesía y vida. Brindó la materia prima para que la literatura no fuera un pendón único de los hombres provocando con ello una revuelta que la arrastraría al paredón donde supo defenderse con gallardía y su imperdible elegancia. Alfonsina no era una rama fácil de partir.
La constante censura a la cual fue sometida la obligó abrigar reticencias y suspicacias a la hora de formular juicios. No cabe duda que la mujer ha descollado gracias a su templanza y esa inusitada perseverancia que raya delicadamente en la masculinidad sin pretender imitar aun cuando la miran con recelo y una escasa admiración. Utilizar la literatura no solo como un vehículo comunicacional, sino también como un medio eficaz, directo y polémico intelectualmente hablando, es una de las herramientas con la cual la mujer ha transgredido los límites de cualquier ideología, filosofía o conocimiento para fundar su propio estatus dentro de una sociedad pluralmente masculina y por ende, esclavizadora. Alfonsina se niega a esta fragilidad virginal que a pesar del tiempo y los logros que se han concretado todavía persiste el poder de Poseidón. Alfonsina es la brújula, la que conduce a la subversión de la mujer, a crear nuevos arquetipos que sean funcionales y no disfuncionales que en su hora le permitan plantarse sosegadamente e inmutable en el campo de la literatura. La poesía de Alfonsina nos sugiere envestirnos de una conciencia más humana y realista para enfrentar el mundo con una visión menos egocéntrica y egoísta, sin dejar de lado la mujer amante, la mujer de piel, la mujer. Cuando nos adentramos en ese mundo a blanco y negro de la poesía no dejamos de percibir lo que la semántica nos cuenta a groso modo los secretos que las palabras como símbolos nos develan, son incontables historias. Viajar por la poesía de Alfonsina es casi hipnótico, sublime y excitante. El tiempo en su obra es tridimensional.
A través de la magia poética podemos maquillar, embellecer todo cuanto fluye del mundo interior, de la mente concisa e irracional en circunstancias psicológicas y/o anímicas. Es una simple elección. La poesía está basada en factores que no son de ninguna manera estáticos, son psíquicos, culturales, sociales y especialmente con una musicalidad avasallante, producto del espíritu indomable del que compone como un Mozart en su clavicémbalo. Alfonsina compuso su propia sinfonía de palabras, expresiones haciendo alunizajes, catapultándose en la Literatura modernista. Dejando un legado que brillaría con letras de oro en los anaqueles del tiempo, en su Argentina amada y querida pero que en su momento no supieron el valor incalculable que en sus manos y alma encerraba. Amó al gaucho, la sierra, el morocho con su pelo engominado que cantaba aquellos tangos con sensualidad y donaire por todo Buenos Aires.
Hoy en día la figura de Alfonsina continúa despertando sensaciones y sentimientos, así como también estudios profundos sobre la importancia de su obra como bastión imperial de la Literatura Universal.
La poesía en las artes, es el conducto más valioso para que una obra transmita la misma sensibilidad que el artista, que se expresa a través de un lienzo o moldea una arcilla; usando la poesía con buen conocimiento de la naturaleza humana que a la vez cuantifica estados alegres o tristes, luminosos o sombríos, tranquilos o lo exaltados.

Yaneth Hernández
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Anoche cuando dormía (Antonio Machado & Yaneth Hernández) Ofrezco disculpas por la osadía

Antonio Machado

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Dí: ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
en donde nunca bebí?

Yaneth Hernández

Anoche cuando dormía
presentí las sombras del miedo
que un ave en rocío llegaba
con mi alma hecha fuego.
Temí despertar mis alegrías,
el gusto almibarado por la vid,
sentir en la frescura del mundo
el nacimiento de un gozo sin fin.

Antonio Machado

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

Yaneth Hernández

Anoche cuando dormía
presentí las sombras del miedo
que una ráfaga de misticismo
atravesaba el revoloteo de mi espíritu;
y al mirar ofuscada las piedras
brillantes del cielo,
una tardía tristeza se anidó en mi pecho
con tal vehemencia que mis ojos desaparecieron.

Antonio Machado

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Yaneth Hernández

Anoche cuando dormía
presentí las sombras del miedo
que un guerrero de ultramar
en angostura valentía al rescate venía.
Sabía en la soledad de mi cama
que nada era más poderoso que mi firmeza,
entendía que volar era un escape surrealista
y que mi libertad estaba en mis pensamientos.

Antonio Machado

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

Yaneth Hernández

Anoche cuando dormía
presentí las sombras del miedo
que era la luz violeta lo que se proyectaba
a través del cerrojo de mi serena existencia.

Yaneth Hernández
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Surrealismo a la medianoche

Siento en mi costillar florecer tu ciudad,
puedo escuchar la maraña de tus tendones
en el incasable vaivén de las rocas flotando en el mar,
de las bailarinas que se desnudan en la colmena nocturna.

Quiero llegar a ti, lenta pero tan segura como una estrella permanente,
construir filosofías de hambre en puertos que se marchan,
dejar la vida en un pozo de ofuscaciones y si existen dudas,
ir a Marte para descubrir las mentiras de los terrestres,
allí estarás tú, tomando un café con Truman Capote.

Todos los peces se suicidan en un mundo bipolar,
putrefacto de ideologías,
con la riqueza pura
de los llamados defensores del cargo vitalicio, allí te encuentro
lista para una sesión de promesas elásticas.

Escucho el silbido de las hojas muertas llamando a Whitman,
me lavo el rostro con sudores del mundo
y con la gratitud de los pavos reales,
hago una cartografía de tu piel enjabonada de suspiros vendidos.

Yaneth Hernández
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Soy admiradora de la escuela surrealista, sobre todo de André Breton de quien he aprendido mucho y sigo aprendiendo cuando navego por su Manifiesto Surrealista y comprendo la profunda lucidez que existe entre lo real-irreal que observamos en diferentes espacios, incluso lo percibimos en la pintura de la mano de Dalí o de Max Ernst entre otros, aunque para la psicología e incluso la psiquiatría tenga otro tinte. He trabajado el surrealismo tanto en la poesía como en la pintura, me identifico con esa dualidad que expresa tanto de nuestro subconsciente como de nuestro consciente y nos conecta con dimensiones a veces extremadamente sutiles.
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El milagro de tus ojos santos

En mi nocturno campo eres espiga libre,
amo el color y la forma de tu erguido cuerpo.
Eres dulce melodía que espanta todos mis miedos
y en el claustro más olvidado no cabe tu adiós.

Cada madrugada enciendes la fogata de mi cintura,
y el vino que derrama el sudor fértil de tu frente,
bautiza toda intranquilidad de mis manos
por intentar alcanzar el velo sacro de tu alma.

Eres brizna de Dios que calma mis aguas turbias,
serena luz que embriaga todos mis salmos.
Necesito encontrar la paz de mi sepulcro,
antes que la rocosa tormenta invada mi tierra.

Se escucha un arpa con tal suavidad, que las aves
quedan atrapadas en el sol recalcitrante.
Me voy a la orilla de una Mezquita, oro al sur y al este
para encontrar por vez última, el milagro de tus ojos santos.

Yaneth Hernández
Venezuela
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Sin tu algarabía

La tarde se viste de pájaros huérfanos.
El cielo destila bendiciones que alivian los dolores mundanos.
Los arboles dejan caer sus misterios ancestrales.
Tu mirada es un redondel de versos fermentados
en tus deseos más vertiginosos.
Escucho pasos extraños,
voces entrecortadas.
Me visto de gris plomo y me acoplo al invierno de mi soledad
con las mariposas que danzan en plegaria
y le roban un Amén al desconocido.
Se hacen polvo mis vértebras al verte colgada de la trivialidad
restando cada beso que se grabó en la bañera.
Un tilo relaja mis huesos y hasta mis deudas
pero no logro sosiego por la ausencia de tus pascuas muertas,
de tus vestidos a cuadro que combinaban con los domingos de perro.
Busco en un trozo de papel alguna ilusión,
me hacen ruidos los miedos,
me desfaso de mí y conecto
con el frío tácito de mi angustia,
cubro las raíces aun vivas de mis pensamientos
y me enfrento al dilema, de existir sin tu algarabía.

Yaneth Hernández
Venezuela
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15
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Quizá

Quizá no sepa como escucharte,
cómo entender tus devaneos,
no sé vivir con algo tan tóxico, como tu ausencia.

Terminaré deshaciendo mis tiempos,
derogando cada uno de tus recuerdos;
uniéndome con la oscuridad de tus ojos,
con tus manos carentes de destino;
la nostalgia cabalgando en perfecta desarmonía
con el miedo apostado a mi diestra;
hermoso cuando presumo tener tu voz respirando en mis mejillas,
las sandalias de tus huellas;
la venganza de tus pensamientos,
tus labios maldiciendo los surcos que hago en tu piel,
pero la realidad es que no es tu cariño,
es la tiranía de no comprender tu sentir;
sin la condición precisa de amar en entera libertad.

Quizá nunca comprenda tu universo
por qué no tienes la capacidad de amarte.
Tal vez fue un error, encontrarnos sin apetecernos.

Yaneth Hernández
Venezuela
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23
28comentarios 141 lecturas versolibre karma: 109

Amanece en la franja del horizonte

Un aleluya a tus ojos
que llueven mariposas;
una homilía a tus labios
que destilan fragancia;
y un sueño de Osiris
embalsama tu cuerpo
con la lozanía
de su perfecta belleza.
Amanece en la franja del horizonte;
claveles
bordan el sendero luminoso
con las huellas de tus pies de mármol,
entonces el mundo
en el sutil andamio de sus profecías
recrea la bohemia
de los ilustres
donde tu estela sideral
se plasma en oro y plata.
Tus bondades
y la plusvalía de tu nobleza angelical,
orbitan en el silencio infinito.
Allá, en la selvática danza
de los que nunca mueren
habita la razón de tu devenir;
la furia titánica de tu avasallante alma;
el enclave antiguo
donde nace la gloria de los poetas
y los cantares hebraicos.
Mañana
cuando despunte el alba
sobre los arrecifes
y las rodadas de las encíclicas
volverá la noria de tu sabiduría
al resplandecer sobre los cipreses
de tus ensueños.
No temas alcanzar
la brizna celeste que cuelga sobre el horizonte;
ve al encuentro con el destino
que al enfrentar las delicias
de tu jardín
un estallido de ánforas ofuscadas
iluminará todo cuanto emerja
del cáliz medieval de los años
que aún perduran, en tu piel estival.
En un vuelo pertinaz,
los faisanes derraman sus alas
sobre la rosa púrpura de los franceses
y tu nombre esculpido
a la diestra del campanario de Notre Dame,
se santifica con el aire
de todos los celajes
que abruman la tierra de tus antepasados.

Yaneth Hernández
Venezuela
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Sonámbula ironía

El valle, tu desnudez, la franqueza, la enredadera.
Se abrazan las sombras.
Ya sé que cuando caiga la nieve te detendrás,
será inútil buscar un beso de tus labios.
Volveré al llanto, y entonces comenzará de nuevo el ciclo
de soledades y martirios nocturnos.
La mentira, la cripta, el Ave María, la renunciación.
Aparece tu curvatura en una sonámbula ironía.

Yaneth Hernández
Venezuela
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16comentarios 127 lecturas versolibre karma: 99

Saberme viva

Soy rejas en una triste vida.
Siempre fui escoltada por la tragedia,
una fosa acuosa,
mi final inesperado, una poetisa suicida,
me siento junto al fuego a esperar el silencio.
Me rompo, me elevo, agonizo.
En el último suspiro te atraviesas en mi mente.

Hay un griterío de dolor en mi pecho,
lamento no poder despedirme de tus huellas.
¡Nada comprende mejor la pena que una copa rota!
Bendigo, este tiempo que me desprende de mis pies,
temo estar en una pesadilla
y al despertar, saberme viva.

Yaneth Hernández
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La mariposa que nació en tu vientre

Terminó la barca justo a tus pies; de la noche brilla la marina,
las estrellas rezan vestidas de candor.
Siento el estrépito, que viene con el poniente,
las luciérnagas, bailan en rosada nostalgia.
El verso que ora en Lorca la mariposa vespertina la enamora
y en su alma, ancestral una tristeza asfixia.
Quiero abrazar tu tibieza;
resumir los espacios de tus ojos,
agitar las barandillas de tu cintura
bajo los latidos de tu sangre.
Descalza los miedos,
cerca de las olas vierte tu piel
hazme marco de tus ilusiones y pierde tu sonrisa
en las alas de una golondrina,
ahora, estás sentada en la soledad de mi mente.
Sufro el destierro que nos palpita,
el éxtasis que soñaba cuando intentaba rozarte,
las mil veces que tus labios destilaban
los últimos versos que yo, en franca armonía
intentaba dejar en reposo, sobre tu boca celestial.
Lloro, lloro la perdida de tu barca, de Lorca
y de la mariposa que nació en tu vientre.

Yaneth Hernández
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