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El clarinetista

El clarinetista toca una lágrima.
Su música rompe muros,
un cigarrillo muerde sus labios.
Su alma se emborracha de sonidos
preñados de dolor
lame su soledad entre el murmullo
y el diáfano recuerdo de un amor de febrero.

El clarinetista susurra una mustia sonrisa,
descalza las ganas,
una exánime alegría lo retorna al bar
con bullicio de cuerpos extraños
que lo miran con inquietud.
El clarinetista, extiende sus dedos
busca el viento mientras su boca,
hace orgías entre notas y un afable,
estrepitar de pensamientos
que lo alejan de la sensualidad de su música.

Yaneth Hernández
Venezuela
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3
sin comentarios 23 lecturas versolibre karma: 31

Desorden emocional

Despójate del abrigo
y compartamos una copa.
Dices que me amas más que tus
cuerdas vocales que al pensar
en mis defectos se inflan tus ganas
que al levantar tus pestañas
sientes la necesidad de mi aburrimiento
pero al final del día terminas
enjugando la frustración y planeando
alguna estrategia que te persuada
de negarte una posibilidad pasional.

Encendamos los leños de la reflexión,
es posible que nos amemos
aun cargando con las deudas de las mentiras
con siete monedas falsas en los bolsillos
y el manoseado sueño de tenernos
aunque parezca una fábula retrograda.

Llenemos las copas de nuevo,
ahora fíjate en la línea tan delgada que existe
entre lo consiente que se puede ser
cuando el amor nos conecta
y lo inconveniente al pretender vivir
en el obcecado error de ignorarnos.

Ya sé que seguimos insistiendo
en cortejarnos desde las trincheras
de nuestros intereses,
tú, allá con tu exasperante rutina
y yo, aquí con el maldito capricho
de seguir descifrando acertijos.

¿Qué diagnostico haría Carl Jung de todo
este desorden emocional?

Yaneth Hernández
Venezuela
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2comentarios 57 lecturas versolibre karma: 83

Camino al sepulcro

En tus manos de blanca rima
claudica mi llanto.
El invierno, atrapado en las pupilas de la noche
sopla su melancolía,
hasta la caverna de la luna mecida
por el cintillo del infinito
y tú, apoltronada en la bóveda de mi mente,
inmutable como dioses incas
aguijoneas con tersa agonía mis sueños
en una soledad que no tiene visa a la libertad.
Sobre mi boca descansa
el cáliz del anhelado beso,
la frescura de los azahares que cultivan tu aliento,
la nocturna palidez de las palomas
y el encanto sobrenatural de percibirte
en las luces latinas del amanecer.
Extraño el crespo dorado que era errante en tu frente,
el talle elocuente de tu sonrisa,
la elegía primaveral del viento cortejando tus mejillas
y esa gracia tranquila que versaba como Lorca
cuando el rocío derramaba perlas
en tu rostro de divina armonía.
Un par de aves sombrías son el faro de mis tinieblas
mientras chilla mi dolor en alguna nube casta
y el fulgor de tus ojos como dos linternas
acompañan mi camino al sepulcro.

Yaneth Hernández
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8comentarios 64 lecturas versolibre karma: 98

Alevosía

La noche es una ramera que me fustiga,
su brutal obsesión por las tinieblas,
me inclina al deseo de arañar mis venas
e incinerar las penas que parten mi pecho.

No pretendo escapar de tus delirios,
tampoco claudicar ante tus malignos besos,
aspiro quedar quieta en tu abismo
y volver a retornar a tus ruinas nocturnas.

Continuaré avivando los dolores que dejaste
en cada vertebra de mi alma
y maldeciré cada vez que el sol se asome
por las rendijas de mis ojos.

Ya aburre extrañarte con tanta alevosía,
llorar es un arte propio de quien
te espera sobre una cama de púas.

Yaneth Hernández
Venezuela
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13comentarios 87 lecturas versolibre karma: 93

Perdimos el apetito

Se acabaron las francas noches
de pieles aterciopeladas.
Te miro en la lejanía de un beso
en el toque sinfónico de una pena
y en las gárgolas desnudas
de tu cuerpo ausente.
He llorado amargas tempestades
extrañándote en la súbita luna
que deambula en tus ojos
ya no ven toda la luz inventada por ti.
Tu espalda helada lastima mis ganas,
éste existencialismo golpea
mi anhelo de atraparte, entre mis rendijas
y no dejarte volar por toda una vida.
Créeme al decirte que duelen
aquellas horas que perdimos
en culparnos de los dardos
que clavábamos con las palabras,
de las mentiras que sellaban un pacto,
de mis inquietas manías,
de esperarte abrazada a una terrible avaricia.
Dejemos de subestimarnos,
ya no me amas
ya no me animas
el juego de la seducción concluyó
cuando le perdimos el apetito,
a intentar dejar la guerra colgada de la puerta.

Yaneth Hernández
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8comentarios 76 lecturas versolibre karma: 91

Sábanas sucias

En la noche más magra te amé,
supe, apagar los candelabros de tus pechos
embelesarme con las gotas de tu boca
y verter de mi enjambre toda seducción.

Dejé los zapatos en la entrada del oasis,
dejé algunos mechones de soberbia,
dejé la esclava sensación de tenerte
y al poseer esa joya afrodisíaca renací.

Con la música de fondo en tus ojos
y el vuelo, heroico de tus manos
comencé a vivir en las auras de tu saliva
y pensando en las amarguras de Cortázar,
te fui describiendo sobre sábanas sucias
en una enajenante luz, que bautizaba nuestras pieles.

Yaneth Hernández
Venezuela
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8comentarios 47 lecturas versolibre karma: 77

Retorno

Cada noche retorno
en las alas de los pájaros,
planeo en el silencio
y me escudo en las sábanas de tu piel.

Retorno con el desierto
en mi vientre,
con sed de tus adentros
y un persistente desafío.

En las alas de los pájaros
esculpo la ciudad de tus pechos,
moldeo las calles de tu cintura
y tomo una copa con tus labios.

Es el silencio cómplice
del movimiento sacro de mis manos
y al intentar pescar
alguna de tus caricias,
emerge el coral de tus ojos en fuego.

Yaneth Hernández
Venezuela
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15comentarios 80 lecturas versolibre karma: 91

Trifulcas de caricias

Tienes lluvia en los ojos,
un planeta en los dedos,
los deseos enterrados.
Otra vez insistes en amar.

Me acerco a ti poblada de alas
me abrazas y estallan las nubes.
Quedan cuatro besos en alquiler.
Te siento palpitar en las calles.

No hay calendario para tenerte,
deslizas las ganas
e inicia la orgía de pieles.

Tienes mi cintura en tus manos
y la humedad de mis muslos,
todo termina en trifulcas de caricias.

Yaneth Hernández
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8comentarios 61 lecturas versolibre karma: 90

Mentiras prefabricadas

Cuando todo termine mañana
nacerán las gardenias
en danza perpetua de belleza
y serás tan efímera en mis manos
que el recuerdo, arderá en el vacío.

Me arrancaré uno a uno los besos
prometidos, las caricias llenas de espinas
y las risas famélicas de entusiasmo,
sepultadas en el olvido.

Brindaré por tu partida bombardeando
la noche con tabaco,
dispuesta al reposo sin tu abecedario
donador de fantasías.

He mentido con franca conciencia
sabiendo las razones que te trajeron a mí,
imposible sincerarse con quien también
trae bajo el brazo una vida diseñada a la medida.

Serena he quedado, hasta la próxima historieta
con ilusiones de cartón y el deseo hecho barro liquido
cuando la luz penetra sus entrañas
y el ciclo se inicia de nuevo con mentiras prefabricadas.

Yaneth Hernández
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19comentarios 93 lecturas versolibre karma: 90

Sangre huérfana

Me pondré el gabán. Y la noche vestirá muerte.
Mis manos se harán sal bajo la niebla.

El camino de alas negras
destila sangre,
sangre huérfana
fluida de los marcos atules que duermen
en los abismos húmedos.
Se quedarán los muertos en el bullicio,
los alambres en las venas,
las pestañas fermentadas
y las campanas en falsa idolatría.
La música rozagante
de Verdi, acompaña el atroz silencio
de la sangre huérfana y las almas
crucificadas en campos de hambre.

Me pondré el gabán. Y partiré árida.
Mis pies helados,
mis azules del pasado
y el sonido mortífero de tu boca.
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14comentarios 70 lecturas versolibre karma: 89

Padre mío

Siempre miré tu rostro agrietado
con la piedad de mi inocencia.

El silencio era tu mayor olvido para mí;
nada, anhelaba más que tus abrazos ausentes.

Tu promesa de volver alguna vez quedó en el aire;
crecí esperándote bajo el candil.

A veces escuchaba tus pasos
pero sólo era mi imaginación, tú, caminabas otras sendas.

Amaba tu presencia aunque el tiempo te ganaba,
entonces soñaba navegar
con mis barquitos de papel junto a ti.

Los años han pasado padre mío
no sé si alguna vez me extrañaste.

Ahora que miro el horizonte en paz
déjame encontrarte,
entre las brumas de la eternidad.

Quizá me quisiste,
quizás en algún invierno te acordaste de mí.

Padre mío, los barquitos de papel todavía esperan por ti.

Yaneth Hernández
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8comentarios 56 lecturas versolibre karma: 91

Naufragar

Me visto de azul. Tomo un sorbo de anís
clavo el miedo en el suelo
rezo un padrenuestro
y escupo tres arrepentimientos.

¡Joder vida! Grita la puta de la quinta calle,
mi rostro se comprime al llegar
a tu lado y encontrarte irreal,
tomo otro anís y desgreño mi ánimo.

Al fondo de las sombras reposa la fantasía,
retorno a la medianoche con tu voz
de galería, fracaso en mi audacia.

Decido quedarme en cama con fiebre de encierro
rimo mis pensamientos y apareces tú
con dos boletos para naufragar en Portugal.

Yaneth Hernández
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Esa sonrisa

Esa sonrisa que llevas como broche
me observa con zalamería
me engancha con suspicacia/
Esconde, esa sonrisa enigmática
que obsesiona mis tardes
me dan fiebre con delirio por las madrugadas
en una habitación poblada de fantasmas/
al final vencerá esa sonrisa/
me arrastra con su veneno lento.

Yaneth Hernández
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11comentarios 83 lecturas versolibre karma: 111

Ingeniero de sus emociones

El poeta, errante de los sueños
medita en la contemplación
del tiempo, en las historias
decadentes y encuentra sutilezas
en sábanas de espinas.
El poeta camina a deshoras,
comulga con la hidalguía de sus pesares,
tiene temple
tiene soltura
vaticina los dolores que abruman la orilla.
Es algo de Marquina,
romance de Lorca,
demócrata trasnochado,
bebedor de pieles bohemias.
Sabe descifrar los complejos de la existencia,
entiende lo certero de lo infame
y tilda de inexorable
la valentía del andante.
El poeta recorre pampas, charcos
y abismos, se encuentra con lo oculto,
simplifica lo aprendido,
entra en batalla verbal con la noche
y finaliza junto a la aurora
con veinte versos abatidos.
El poeta es anacrónico en su pureza léxica,
aprende el crucigrama de lo intangible
y regresa al origen de las pasiones
que arrastra desde el nacimiento de su pluma.
El poeta es ingeniero de sus emociones.

Yaneth Hernández
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18comentarios 109 lecturas versolibre karma: 98

El sultán amante

Y su piel de ambarina sedosa
embriaga las tinieblas,
sus gráciles gestos danzan
sobre la piel del sultán,
ostenta una corona
de sudores perfumados
en su frente de fuego.
Su cuello flexible
favorece su encanto,
pierde sus labios
en la natura del sultán.
Sofoca la leña ardiente en sus manos,
los movimientos de su cabeza
son los de una flor en su tallo,
su lengua vaporosa
pasea los pliegues
de aquel nardo que mantiene
su corola abierta al aire.
Las esferas prodigan la carne rosada
edificadas por las caricias
de la mano del sultán
frutos dulces y firmes del talle,
la redondez de sus caderas,
el contraste de la piel morena
y los ojos noche del sultán amante
es una obra del Kamasutra,
El éxtasis templa
los cuerpos en humedad,
en gemidos, en latidos,
se acelera el fogueo,
el sultán se aferra al panteón
jinetea con furia,
la amante se crispa,
araña y en un largo baladro
la lluvia se derrama
en los vientres exhaustos,
caen en un sopor
el sultán amante
y su lasciva damisela.

Yaneth Hernández
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El fruto de tu aliento

Diviso, entre los hilos de la luz
la cenefa ardiente
de tu vientre en gajos,
con ese perfume que obstina
al querer alcanzar el rocío de tus labios.
Mi piel en impetuoso espasmo
se hace, yedra en tus carnes de océano adentro.

Tus pechos miran al cielo,
retozan con las puntas de mis dedos
y mi lengua se columpia
besa el fruto de tu aliento.
Jugosa ofrenda brindan tus suspiros
cuando mis manos elevan
los poros de tu voluptuosidad
y la copa se derrama
con mariposas de gemidos.
Te abrazo con mi boca,
mientras dibujo lunas en el paisaje de tu cintura.

Yaneth Hernández
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Madrugadas de noviembre

Lúcida, pletórica, la cima de todos los cielos.

La oración liberada en el silencio,
la plausible muerte serena,
el Arco del Triunfo en una batalla de besos.

Llegar a tu regazo fue el fin de un camino,
la libertad de mis alas,
el descanso bajo la higuera santa.

Tenerte es comenzar un verso
en tus labios cada día, renacer
en el numen de tu mirada,
descifrar el movimiento de las mareas
y untar mi piel con la miel de tu elixir,
disfrutarte en las veladas de la luna
y desnudar tus dones
en las madrugadas de noviembre.

Te amo con la fuerza de un mástil
que se mantiene bajo la tormenta,
nada me hará renunciar a sus bríos.

Es dulce sentir el costado de mi alma,
sacudirse por tus aires.

Yaneth Hernández
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De mi serie Cartas Imaginarias (3)

España, 1998.

Mí querido José Saramago:

El saberte acreedor del Premio Nobel de Literatura, embarga mi corazón de orgullo y alegría. Tú obra brillante y de profundo contenido social, las parábolas y alegorías de tus novelas, plantean diversos tópicos trascendentales sobre el ser humano y reflejan un mundo caracterizado por la deshumanización, la insolidaridad y la injusticia. Motivos para que tú prolifera obra haya sido galardonada. ¡Enhorabuena! Mi admirado Saramago.
Recuerdos a mi buena España.
Siempre tuya.

Madame Fontiu.
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El último beso

Una noche de 1980 te encontré
desnuda y con la piel oxidada,
intenté auxiliar los dolores de tu alma
y terminé atada a tus tiempos.

Eras entonces un ave que cruzaba
tantas tempestades que tus alas eran líquidas
y sin embargo te sentías libre
en todas las jaulas que habitabas.

Y así me enamore de las melodías
que ocultaban tus ojos
y la magia irracional que bordeaba
tu cuerpo cuando el viento lo rozaba

Hoy compartimos un café con los
labios sellados por el último beso
que la vida nos permitió deferir.

Yaneth Hernández
Venezuela
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Bajo el signo del Yin y el Yang

Una legión de luciérnagas
empapa tus labios
resplandecen
en cristal rubí;
en tus ojos un héroe
y un mito solar nacen
del agua emanada de tu alma.
En la rueda del renacimiento
tu belleza se renueva,
esculpida en escarabajo egipcio
que brilla sobre el desierto.
Tu sombra primitiva
rompe mi abismo cósmico
en la tierra de los muertos
que es eterno vacío.
La luz, en pagana melodía
danza sobre tus cabellos
enmarcados en un lienzo de Dalí
con visión que sosiega tu calma
como las cuatro estaciones.
Eres mi único vuelo de golondrinas
destajando el cielo
con sus alas de vidrio
en noche patriarcal de luceros
y cuerpos embalsamados
bajo el signo del yin y el yang.

Yaneth Hernández
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10comentarios 69 lecturas versolibre karma: 85