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Sin volver atrás

Agradezco, las tres dagas que por amor me enterraste,
las promesas de forastero y los besos colgados
en la puerta, ironías, cuando al abrazarnos
llorabas de deseos y recorrías mi alma
con tanta precisión que no dudé jamás morir junto a ti.

Te contemplaba sobre el lienzo nocturno,
versaba sobre la luna y algunos tormentos
y terminaba bajo tus hipnóticas caricias
refugiada en tus alas a plena madrugada.

Fue un estruendo fracaso, amarnos,
el cielo tan distante
las pieles inalcanzables,
cuánto duele no poder beber de tus ojos.

La sonata triste del olvido nos envuelve;
ahora, por estas horas que le robo al tiempo
te recuerdo y dejo perpetuar en mis manos
de piedra húmeda, todo aquello que alguna vez
pretendí donarle a tu vientre sin volver atrás.

Yaneth Hernández
Venezuela
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La verdad

¿Hasta donde el hombre debe practicar la verdad?
No aquella, oculta en panfletos que sólo atrapa,
ingenuos y luego los hace autómatas.

La verdad que nadie conoce diría el filósofo,
la verdad que hace libre, expresa la fe mancillada,
la verdad cotidiana que surfea en cualquier boca.

Se camina en su búsqueda con inocencia y a veces
con malicia, se trasnocha en la espera
de quien la rescate y la enarbole con la transparencia de la luz.

La verdad como objetivo irrefutable
de quien vive con sobrada pulcritud.

Me divierto escondiéndola en la drapeada de Aristófanes.

Yaneth Hernández
Venezuela
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Las vértebras de mi existencia

He llorado, marea nueva,
me tienes en santa agonía
sobre un violonchelo de eco y fuego,
con el alma hecha cerezo
y un animal acuestas
que no permite mi andar,
sinfonía diabólica
cuando escucho tus pasos
en la senda de los exánimes.

Quiero clavarte en el fondo,
en los vidrios de la noche,
pero termino destrozando mis avenidas
y un océano de sangre amarga
recorre mis telas desvanecidas,
éste profundo desconsuelo
mutila las vértebras de mi existencia.

Yaneth Hernández
Venezuela
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19comentarios 163 lecturas versolibre karma: 104

Entrega recóndita

Recuerdo cuando besé tu aura
tenía los labios cansados y enfebrecidos,
parecían estar de duelo, estaban teñidos.

Con tu aliento rime la noche.
Tuve a Garcilaso como espejo,
cante tres versos a la luna preñada
y volví a amarte, tallando tus esquinas.

Reventé los hilos del viento,
te esculpí un ala de mariposa sobre tu vientre
tomé dos claveles en ardor y los deposité
sobre tus pechos que comenzaban a revelarse.

Crecieron mis manos entre tus cimas blandas;
tu poder sacro se alzó en mi piel
y de todos los silencios que mi cuerpo guardaba
tus largos gemidos los despertó con frugalidad.

Fue entonces cuando las piedras brillantes
de la bóveda inmensa descubrieron
dos aves al desnudo
pretendiendo ser cuna de las tinieblas
y gozo perfecto para la entrega recóndita.

Yaneth Hernández
Venezuela
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13comentarios 114 lecturas versolibre karma: 96

Hermano mío (a tu memoria)

Tal vez la tarde éste triste,
tal vez el viento derrama soledad,
tal vez la vida es un vaivén de sin sabores
pero de algo, estoy segura, y es que nada
se torna de alegría mientras tus huesos
van camino al sepulcro y mis carnes
se desgarran por verte partir sin haber
escuchado por última vez los latidos
de tu sonrisa que abrían universos
en mis dolores profundos.

Ya sé hermano que la muerte es el inicio
de una vida sin ataduras,
sin prismas que se transforman grises
cuando viajamos a la eternidad
con recelos, pero hermano, me dejaste
con los brazos abiertos y un cántaro inmenso
de tristeza, cómo continuar sin tus palabras sedantes
en tiempos de desangre, cómo entender
que nunca más te veré en las luces del día a día.

Ay, hermano que vacío intolerante me queda
en las manos. Ya no volverán los barcos
en primavera, ya no volverán las acacias
refrescar con su aroma, ya no sazonarán las risas
los huertos de la algarabía ni volverá la paz
que tu presencia me brindaba.

Vuela sobre los confines celestiales hermano
mío, cumpliste tu misión con recta conciencia.
Te prometo que nos encontraremos
algún invierno en las candilejas de la eternidad.

Jamás renacerán las rosas que hoy deposito
sobre tu féretro con el llanto rompiendo
el velo de mi alma y con el amor que te he profesado.
Prometo honrar tu memoria hasta el fin de mi vida,
aunque existan tiempos de profunda oscuridad.

Adiós,hermano mío. Te amo.

Yaneth Hernández
Venezuela
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26comentarios 203 lecturas versolibre karma: 109

Quiero renacer

Quiero tu resurrección en mis rondas vacías,
un vuelo de pájaros cruzando tu barca
un joyero de besos que deslumbren mi boca
y una visa para alcanzar la luz de tus ojos.

Quiero una ovación de caricias al amanecer,
un candelabro encendido en la planicie de tu piel,
un templo que guié mis manos hasta tu vientre
y un sueño escrito en los pergaminos del mar muerto.

Quiero renacer en las parábolas de tus pechos
en la melancolía que destila una rosa
y en los confines de tu cuerpo cuando lo baña la aurora.

Yaneth Hernández
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32comentarios 190 lecturas versolibre karma: 97

El clarinetista

El clarinetista toca una lágrima.
Su música rompe muros,
un cigarrillo muerde sus labios.
Su alma se emborracha de sonidos
preñados de dolor
lame su soledad entre el murmullo
y el diáfano recuerdo de un amor de febrero.

El clarinetista susurra una mustia sonrisa,
descalza las ganas,
una exánime alegría lo retorna al bar
con bullicio de cuerpos extraños
que lo miran con inquietud.
El clarinetista, extiende sus dedos
busca el viento mientras su boca,
hace orgías entre notas y un afable,
estrepitar de pensamientos
que lo alejan de la sensualidad de su música.

Yaneth Hernández
Venezuela
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17comentarios 137 lecturas versolibre karma: 92

Bancarrota

Te marchas
y a tu espalda queda un planeta,
las mariposas tejiendo lágrimas,
lo afable que guardan las palabras
y los besos que se colaron por el júbilo,
parece que nada te hará volver a la noche
ni muriendo lo poco que permanece,
también me marcho al ritmo de las tempestades,
de los gritos callados de las estrellas
de la fuente perdurable del dolor
y de la maldita lucidez.
Las coincidencias son una utopía ridícula
para ser cierta en tus ojos,
ya que importa si nada de lo dicho
en las madrugadas ebrias de mentiras
terminaron por ser un escudo para proteger
lo que dejaste en bancarrota.
Espero el próximo pájaro para llamarte: olvido.

Yaneth Hernández
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31comentarios 153 lecturas versolibre karma: 105

De mi serie Cartas Imaginarias (3)

España, 1998.

Mí querido José Saramago:

El saberte acreedor del Premio Nobel de Literatura, embarga mi corazón de orgullo y alegría. Tú obra brillante y de profundo contenido social, las parábolas y alegorías de tus novelas, plantean diversos tópicos trascendentales sobre el ser humano y reflejan un mundo caracterizado por la deshumanización, la insolidaridad y la injusticia. Motivos para que tú prolifera obra haya sido galardonada. ¡Enhorabuena! Mi admirado Saramago.
Recuerdos a mi buena España.
Siempre tuya.

Madame Fontiu.
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2comentarios 82 lecturas prosapoetica karma: 83

Desorden emocional

Despójate del abrigo
y compartamos una copa.
Dices que me amas más que tus
cuerdas vocales que al pensar
en mis defectos se inflan tus ganas
que al levantar tus pestañas
sientes la necesidad de mi aburrimiento
pero al final del día terminas
enjugando la frustración y planeando
alguna estrategia que te persuada
de negarte una posibilidad pasional.

Encendamos los leños de la reflexión,
es posible que nos amemos
aun cargando con las deudas de las mentiras
con siete monedas falsas en los bolsillos
y el manoseado sueño de tenernos
aunque parezca una fábula retrograda.

Llenemos las copas de nuevo,
ahora fíjate en la línea tan delgada que existe
entre lo consiente que se puede ser
cuando el amor nos conecta
y lo inconveniente al pretender vivir
en el obcecado error de ignorarnos.

Ya sé que seguimos insistiendo
en cortejarnos desde las trincheras
de nuestros intereses,
tú, allá con tu exasperante rutina
y yo, aquí con el maldito capricho
de seguir descifrando acertijos.

¿Qué diagnostico haría Carl Jung de todo
este desorden emocional?

Yaneth Hernández
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Camino al sepulcro

En tus manos de blanca rima
claudica mi llanto.
El invierno, atrapado en las pupilas de la noche
sopla su melancolía,
hasta la caverna de la luna mecida
por el cintillo del infinito
y tú, apoltronada en la bóveda de mi mente,
inmutable como dioses incas
aguijoneas con tersa agonía mis sueños
en una soledad que no tiene visa a la libertad.
Sobre mi boca descansa
el cáliz del anhelado beso,
la frescura de los azahares que cultivan tu aliento,
la nocturna palidez de las palomas
y el encanto sobrenatural de percibirte
en las luces latinas del amanecer.
Extraño el crespo dorado que era errante en tu frente,
el talle elocuente de tu sonrisa,
la elegía primaveral del viento cortejando tus mejillas
y esa gracia tranquila que versaba como Lorca
cuando el rocío derramaba perlas
en tu rostro de divina armonía.
Un par de aves sombrías son el faro de mis tinieblas
mientras chilla mi dolor en alguna nube casta
y el fulgor de tus ojos como dos linternas
acompañan mi camino al sepulcro.

Yaneth Hernández
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Alevosía

La noche es una ramera que me fustiga,
su brutal obsesión por las tinieblas,
me inclina al deseo de arañar mis venas
e incinerar las penas que parten mi pecho.

No pretendo escapar de tus delirios,
tampoco claudicar ante tus malignos besos,
aspiro quedar quieta en tu abismo
y volver a retornar a tus ruinas nocturnas.

Continuaré avivando los dolores que dejaste
en cada vertebra de mi alma
y maldeciré cada vez que el sol se asome
por las rendijas de mis ojos.

Ya aburre extrañarte con tanta alevosía,
llorar es un arte propio de quien
te espera sobre una cama de púas.

Yaneth Hernández
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Perdimos el apetito

Se acabaron las francas noches
de pieles aterciopeladas.
Te miro en la lejanía de un beso
en el toque sinfónico de una pena
y en las gárgolas desnudas
de tu cuerpo ausente.
He llorado amargas tempestades
extrañándote en la súbita luna
que deambula en tus ojos
ya no ven toda la luz inventada por ti.
Tu espalda helada lastima mis ganas,
éste existencialismo golpea
mi anhelo de atraparte, entre mis rendijas
y no dejarte volar por toda una vida.
Créeme al decirte que duelen
aquellas horas que perdimos
en culparnos de los dardos
que clavábamos con las palabras,
de las mentiras que sellaban un pacto,
de mis inquietas manías,
de esperarte abrazada a una terrible avaricia.
Dejemos de subestimarnos,
ya no me amas
ya no me animas
el juego de la seducción concluyó
cuando le perdimos el apetito,
a intentar dejar la guerra colgada de la puerta.

Yaneth Hernández
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Sábanas sucias

En la noche más magra te amé,
supe, apagar los candelabros de tus pechos
embelesarme con las gotas de tu boca
y verter de mi enjambre toda seducción.

Dejé los zapatos en la entrada del oasis,
dejé algunos mechones de soberbia,
dejé la esclava sensación de tenerte
y al poseer esa joya afrodisíaca renací.

Con la música de fondo en tus ojos
y el vuelo, heroico de tus manos
comencé a vivir en las auras de tu saliva
y pensando en las amarguras de Cortázar,
te fui describiendo sobre sábanas sucias
en una enajenante luz, que bautizaba nuestras pieles.

Yaneth Hernández
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Retorno

Cada noche retorno
en las alas de los pájaros,
planeo en el silencio
y me escudo en las sábanas de tu piel.

Retorno con el desierto
en mi vientre,
con sed de tus adentros
y un persistente desafío.

En las alas de los pájaros
esculpo la ciudad de tus pechos,
moldeo las calles de tu cintura
y tomo una copa con tus labios.

Es el silencio cómplice
del movimiento sacro de mis manos
y al intentar pescar
alguna de tus caricias,
emerge el coral de tus ojos en fuego.

Yaneth Hernández
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15comentarios 88 lecturas versolibre karma: 91

Trifulcas de caricias

Tienes lluvia en los ojos,
un planeta en los dedos,
los deseos enterrados.
Otra vez insistes en amar.

Me acerco a ti poblada de alas
me abrazas y estallan las nubes.
Quedan cuatro besos en alquiler.
Te siento palpitar en las calles.

No hay calendario para tenerte,
deslizas las ganas
e inicia la orgía de pieles.

Tienes mi cintura en tus manos
y la humedad de mis muslos,
todo termina en trifulcas de caricias.

Yaneth Hernández
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Mentiras prefabricadas

Cuando todo termine mañana
nacerán las gardenias
en danza perpetua de belleza
y serás tan efímera en mis manos
que el recuerdo, arderá en el vacío.

Me arrancaré uno a uno los besos
prometidos, las caricias llenas de espinas
y las risas famélicas de entusiasmo,
sepultadas en el olvido.

Brindaré por tu partida bombardeando
la noche con tabaco,
dispuesta al reposo sin tu abecedario
donador de fantasías.

He mentido con franca conciencia
sabiendo las razones que te trajeron a mí,
imposible sincerarse con quien también
trae bajo el brazo una vida diseñada a la medida.

Serena he quedado, hasta la próxima historieta
con ilusiones de cartón y el deseo hecho barro liquido
cuando la luz penetra sus entrañas
y el ciclo se inicia de nuevo con mentiras prefabricadas.

Yaneth Hernández
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Sangre huérfana

Me pondré el gabán. Y la noche vestirá muerte.
Mis manos se harán sal bajo la niebla.

El camino de alas negras
destila sangre,
sangre huérfana
fluida de los marcos atules que duermen
en los abismos húmedos.
Se quedarán los muertos en el bullicio,
los alambres en las venas,
las pestañas fermentadas
y las campanas en falsa idolatría.
La música rozagante
de Verdi, acompaña el atroz silencio
de la sangre huérfana y las almas
crucificadas en campos de hambre.

Me pondré el gabán. Y partiré árida.
Mis pies helados,
mis azules del pasado
y el sonido mortífero de tu boca.
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Padre mío

Siempre miré tu rostro agrietado
con la piedad de mi inocencia.

El silencio era tu mayor olvido para mí;
nada, anhelaba más que tus abrazos ausentes.

Tu promesa de volver alguna vez quedó en el aire;
crecí esperándote bajo el candil.

A veces escuchaba tus pasos
pero sólo era mi imaginación, tú, caminabas otras sendas.

Amaba tu presencia aunque el tiempo te ganaba,
entonces soñaba navegar
con mis barquitos de papel junto a ti.

Los años han pasado padre mío
no sé si alguna vez me extrañaste.

Ahora que miro el horizonte en paz
déjame encontrarte,
entre las brumas de la eternidad.

Quizá me quisiste,
quizás en algún invierno te acordaste de mí.

Padre mío, los barquitos de papel todavía esperan por ti.

Yaneth Hernández
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Naufragar

Me visto de azul. Tomo un sorbo de anís
clavo el miedo en el suelo
rezo un padrenuestro
y escupo tres arrepentimientos.

¡Joder vida! Grita la puta de la quinta calle,
mi rostro se comprime al llegar
a tu lado y encontrarte irreal,
tomo otro anís y desgreño mi ánimo.

Al fondo de las sombras reposa la fantasía,
retorno a la medianoche con tu voz
de galería, fracaso en mi audacia.

Decido quedarme en cama con fiebre de encierro
rimo mis pensamientos y apareces tú
con dos boletos para naufragar en Portugal.

Yaneth Hernández
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4comentarios 65 lecturas versolibre karma: 91