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A besos

A besos trajo el viento estas nubes
que nos llueven,
sobre las empobrecidas bocas,
versos cincelados a besos.


© Yolanda Gracia de AUNQUE NUNCA ESTUVE, Ediciones Oblicuas, 2017.
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2comentarios 74 lecturas versolibre karma: 53

Nada

Como este cielo plomizo,
tu corazón
mi confianza deshizo:
queda el gris de tu función.

Ya no recuerdo la estación,
pero largo ha sido el viaje,
torpe peregrinaje
desde mi voz clara
hasta el más sereno silencio.
Y, ahora, rozando las murallas de tu altar,
mis ojos enfangados
por una rémora de versos interrogantes,
al fin, pueden enmudecer
pues ya no tienen nada que decir.
Ya no hechizas mi expresión,
ni tu imagen voltea mis líneas
y mi boca no te pronuncia
baldía en lo desconocido.
No sé qué espera de mí el reloj
que me habla en horas ateridas,
asolando una eternidad
ignorante y humillada;
convirtiéndome en una extraña
que se tienta las aristas.

© Yolanda Gracia
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1comentarios 65 lecturas versoclasico karma: 81

El sueño

Sobre el alba más incierta se cayó la luna rota,
estallando en mil pedazos desde el negro más profundo:
anda un alma recogiendo lo vivido de esos restos,
mientras teje en su memoria de retales una historia.

Un reloj que come tiempo va destruyendo las huellas;
los ojos escondidos de esta madrugada reniegan.
No habrá un sueño que guardar porque la luz lo destruyó.
Anda un alma perdida en un mar de sombras que, emergiendo
desde un caótico recuerdo, en fuga se desvanecen.

© Yolanda Gracia
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2comentarios 83 lecturas versoclasico karma: 54

Mírame

Mírame dentro, al alma,
sin cortesías ni disfraces
antes de que se apague
y tan solo queden, inmortales
y dormidas en los instantes infinitos,
las caricias que sobrevivieron,
a pesar de los ocasos,
destinadas a ser eternas.

© Yolanda Gracia
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4comentarios 115 lecturas versolibre karma: 106

Crujir de horas

Como una gota incesante que horada
la piedra inerte que guarda la historia,
en este lado del mundo mermada
me descubro mientras gira la noria.
Inmersa en esta espiral y abocada
al vaivén de esta comedia irrisoria,
siglos de agua en mi espalda, que tú ignoras,
adivinan ya el crujir de estas horas.

De "Aunque nunca estuve" (Ed. Oblicuas)
© Yolanda Gracia
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7comentarios 139 lecturas versoclasico karma: 113

En la orilla

Me retiro con urgencia
de un tiempo lleno de grietas
invisibles.
Medito esta exigua herencia
hecha de letras inquietas,
inaudibles.

Me contemplo unos instantes
en la orilla de este día
que me empuja:
mis versos no son los de antes
y mi papel su osadía desdibuja.

Mas serenos o acerados
nunca fingen un sentir
por gustar.
Loados o condenados,
son el rastro de un vivir,
de un soñar.

© Yolanda Gracia
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7comentarios 181 lecturas versoclasico karma: 108

Qué será

Qué será de cuanto guarda este mar
que en las noches más sordas en riadas
dejo para quien lo quiera tomar.

Dónde irá si, en lunas enajenadas
que arrastran las horas que envuelve el viento,
abandono mis sábanas tintadas.

Cuándo caerá mudo el pensamiento
para yacer en un lecho abisal
que diluya su ritmo en un lamento.

Por qué dormidas las manos en sal
olvidarán que pintaban caricias
cuando, al fin, un naufragio colosal
descubra que todas fueron ficticias.

¡Qué será de cuanto guarda este mar!
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Báilame

Ahora que todos duermen,
que -de puntillas-
la noche y su rostro asoman,
báilame,
desátate los límites,
ríeme con tu cuerpo
las tristezas del día caduco;
ofréceme el descanso del vencido.
Y deja que mi alma
acompañe tu pirueta para que,
juntas,
acallen en compases de silencio,
acariciando en un suspiro,
millones de historias sin rostro
que siguen clamando su existencia
ante tu cuerpo y mis ojos,
ante tu vuelo y mis manos sobre el papel.

© Yolanda Gracia
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Pensamiento nublado

Me gotea el pensamiento
nublado y hasta las manos.
Todos esfuerzos son vanos
para envolver con mi aliento
y con mi voz, lo que siento
bajo esta lluvia incapaz:
no hay en mis letras disfraz
pues visten con sobriedad
salvando de la humedad
tan solo un verso veraz.

© Yolanda Gracia
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Una lástima

En un bolsillo profundo
me recogí el pensamiento
por si lo llevaba el viento
de este clima tan rotundo.

Quedó hueca mi azotea
más el gesto circunspecto
y nada pensé al respecto
pues ni una idea vertía.

Quiso la suerte jugar
con mi celo y mi osadía:
por un roto se perdía,
cayendo a una alcantarilla,
mi seso de pacotilla.
Y aún lo veo navegar
flotando en la basurilla.
No valía ni un pimiento
mi maltrecho pensamiento,
mas lo tenía en estima
de tanto llevarlo encima.

© Yolanda Gracia
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3comentarios 103 lecturas versoclasico karma: 115

Versos y besos

Si me buscas los versos,
me vas a encontrar los besos;
los invictos,
aun cautivos por las bridas del silencio;
los que en sal aguardaron los siglos
que, ahora, diluyen su lentitud
en un reloj demencial;
los legítimos que subsistieron
en estas tierras apócrifas;
los de cristal,
que sobre las líneas
gotean en añicos su torpeza;
los ciegos que no encuentran la boca,
espoleados por la palabra,
bombeados desde el alma.
Si me buscas los versos,
me vas a encontrar los besos.

© Yolanda Gracia
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2comentarios 126 lecturas versolibre karma: 103

De volar sueños

De volar sueños ya vuelvo
pues mis pies de tierra son,
ya no busco una canción
y nada en mi voz resuelvo.

Batallando en imposibles
abandono mi armadura:
nunca perdí la cordura
en mis huellas más legibles.

No lamento la derrota,
sí me asusta la tristeza
de no saber con certeza
por qué el silencio me agota.

Tengo los bolsillos llenos
de titánicas paciencias
que guardaron mil ausencias
en mis versos más serenos.

Y en las palabras me quemo
y deseo esta ignorancia
que me deja en la distancia
ausente de cuanto temo.

De volar sueños ya vuelvo
y en mi camino cansado
(sin parar en lo sembrado)
de mis errores me absuelvo.

© Yolanda Gracia
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¡Pobre poeta!

Un beso violeta
descolgado desde un atardecer
le convirtió en poeta,
mas ciego en su quehacer
olvidó pintarle un amanecer.

© Yolanda Gracia
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Un mosquito

Un mosquito zumbón,
curioso, volandero y muy travieso
entró en mi habitación
y alrededor del flexo
hipnotizado bailó sin receso.

Ganada mi atención,
danzaba como un díptero poseso
y yo sin condición
observaba el proceso
temiendo por momentos su deceso.

Sin tomar precaución
y sabiéndose ligero de peso,
mostró con emoción
sus piruetas obseso
y sus dotes de aviador confeso.

Comencé esta canción
epatada y confiada en exceso
porque de su inyección
(aunque tenía acceso)
mi cuerpo entero resultaba ileso.

Mas sin haber razón,
en un descuido adentrose en mi seso
(reptando un pabellón)
pues lo noto algo espeso.
Ahora ando como loca por un beso

estampar con pasión
y, a ser posible, sin hincar en hueso,
con lasciva succión,
en torrente grueso,
quedando, así, mi amante patitieso.
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10comentarios 135 lecturas versoclasico karma: 112

Luna

Lloraba la luna
su tristeza sobre el mar.
Hundiendo mis manos
para su rostro consolar,
rota en mil pedazos
su imagen logré atrapar.
Lleva sus lágrimas
la ola desconsolada;
guardo en mi lamento
su melodía quebrada.

© Yolanda Gracia
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1comentarios 53 lecturas versoclasico karma: 95

El poeta

Murió de un ataque de lirismo, según reza el informe forense. Sufriendo desde su juventud una inclinación enfermiza por los versos de arte mayor, y tras una intensa noche debatiéndose en la locura de unos tercetos encadenados, rompió definitivamente con los endecasílabos para decantarse por los octosílabos asonantes en los pares del romance más tradicional, que siempre, generoso, liberó a los impares. Envuelto en las dudas, caía por momentos en la tentación de las décimas y sus redondillas aconsonantadas, ensayando febrilmente la musicalidad de la espinela con su pausa obligatoria.
Tal vez fue un exceso de belleza, o de tristeza, o de emoción, o de armonía, o de vacío, o de realidad o de agónica verdad hallada en un verso definitivo, absoluto y necesariamente mortal. Pudo ser un alejandrino fracturado en sus rotundos hemistiquios o, por qué no, un humilde heptasílabo fugado de alguna lira.
Sobre su lecho, yacía desversado el poeta: todos los poros de su piel rezumaban ocasos rotos, alguna estampa otoñal, soledades marmóreas, abrazos imposibles, encendidas pasiones, lágrimas sordas, mirlos blancos y hasta alguno de esos amores eternos que te arruinan la vida y te condenan las letras.
Al retirar el cuerpo, sobre la sábana vertidos, un sinfín de versos libres estamparon la más bella e inefable composición jamás imaginada.
Los empleados de la funeraria y los escasos testigos allí presentes fueron convenientemente aleccionados y advertidos del riesgo de contagio. Tomaron las debidas precauciones.
La sábana fue incinerada.

© Yolanda Gracia
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El beso

Le besé los párpados cerrados
con tanta intensidad
que me caí en su alma.
Y allí me quedé a vivir.

© Yolanda Gracia
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Como si existiera

Como si existiera,
a veces me enfado con Dios
y entonces él,
en una sencilla ecuación de primer grado,
despeja su única incógnita:
de existir, yo sería finita.
Mas tengo la certeza,
en tanto llega de esta reflexión
el punto final,
de mi existencia y,
aunque parca sin duda,
mi inmortal condición
da comienzo en el primer verso
y en el último termina.
El instante que le siga
dará y quitará razones,
claro que,
Razón y Dios
-vistos de la filosofía sus siglos-
agua y aceite y,
Servidora y Razón
-dada mi biografía y hasta aquí lo escrito-
aceite y agua.
Y sin pretender
burlar a Dios
(¡líbreme él mismo!)
ante la duda,
me acojo a un socorrido Da capo,
italiano vocablo que,
si no eterna,
en cíclica me convierta,
(APARTE: No papal. Mantengamos el elenco:
Dios y la Dudosa.
El Dudoso y la Recurrente)
cual enroscada pescadilla
o perfecta rosquilla.
Sea pues.
Da capo.

© Yolanda Gracia
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6comentarios 124 lecturas versolibre karma: 91