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Si te acuerdas de mí, no vuelvas

Porque han regresado mis ojos
a los poemas escritos con la emoción
de otro tiempo,
y me siento entre sus verbos una extraña,
declamando con denuedo,
con tristeza implorando que regrese
lo que había antes de irte,
me sorprendo.

Una sombra, un reflejo, lo que fuera
si eras tú, de algún modo.
Que volvieras, quería eso.
Daba igual si traías los bolsillos
hartos de queja,
si dejabas la miel en los labios
o escupías un discurso donde
víctima eras tú y el verdugo
—tan parecido a mí—
una alfombra a la planta de tus pies.
No importaba.

Cualquier cosa prefería al silencio:
la costumbre sistemática,
huir de la soledad,
dejar de ser yo la mala,
equivocarme otra vez...

Sin embargo, he comprobado,
que sin ti la vida sigue
y consigo respirar.
Es curioso, en los versos de Salinas
ya no encuentro el verdor
ni me hace falta olvido para olvidarme
de ti.
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No recuerdo un octubre tan invierno como este

Me mata el frío.
Corre mi valentía —también llamada
imprudencia— hacia la ventana.
La abre de par en par, se asoma y mira:
todo es hielo, quema, duele.
No comprendo lo que no quiero
entender.

¿Por qué no seré gazania abrazada
a sí misma en la noche,
a la espera de luz siempre nueva
cuando amanece otro día?

No recuerdo un octubre tan invierno
como este y, sin embargo,
arden brasas en mi pecho, todavía,
porque es cierto que no llego a acostumbrarme
a lo gélido de ahora, pero llevo la memoria
apretada entre los muslos
y recuerdo, claramente, lo que nunca
ha ocurrido, pero siempre he deseado.
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Enfado a las ocho menos cuarto en Zocodover

Para que yo me enfadara contigo hicieron falta diez años,
cana arriba, cana abajo. No soy buena con las fechas
y si sobrepasa el lustro, tiene poco
de recuerdo, créeme.
La memoria inventa verdades que no escuezan
—que no escuezan tanto—.
Me enfadé contigo hoy mismo.
No antes, cuando dijiste que dudabas,
cuando tuviste el valor de confesarlo en una cocina
donde solo estábamos tú y mis ojos;
porque eso era yo, unos ojos que buscaban
la cámara oculta, la gracia, la broma.
Claro, no la encontré.

Me enfadé contigo hoy mismo.
No entonces, cuando el salón acabó llorando
con nosotras.
Tú te sentías culpable. Yo me sentía imbécil.
Pero no podía enfadarme contigo,
porque siempre eludías empalagos, escapabas
de ideales, rehuías las promesas y me cuesta
recordarte agarrada de mi mano.

¿Cómo iba a enfadarme si me estabas
avisando del tropiezo que vendría de seguir
sumando tiempos —juntas—?

Me enfado ahora, a las ocho menos cuarto
que anochece en la plaza, tan azul oscuro el techo,
con Cervantes aguantando el semblante
para no reírse de mí.
Me enseñaste a percibir las despedidas
desde lejos,
pero nunca me explicaste
por dónde debía caminar si quería evitarlas.
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Casi perfecto

Cuando digo que algo es «casi perfecto», no desairo la intensidad con que palpita, ni resto las veces que logra sacudir las mareas de un cuerpo derrengado. Si digo que es «casi perfecto», cualquiera puede advertir sus bondades, saber que está cerca a lo sublime, pensar que es un puente y que, debajo, se encuentra a menudo la carencia, el humo, la sombra vacía del hueco que nada ocupa. Digo que es «casi perfecto» y el casi apenas se oye. Es un matiz anodino, como la pequeña raja que no sangra en la mano ni ofende, más allá del escozor que nos recordará su presencia, solo un par de días.

A mí me gusta «casi perfecto» mucho más que «perfecto» a secas porque carece de tal excelencia. No es más que el falso espejismo de unos ojos subjetivos que procuran el engaño. La terca porfía que causa el contagio de empeño en una quimera que puede agradarnos, hasta el punto de sobrepasar todo el saldo de tiempo y aliento de que disponemos, pero... no es real, ni verdadera. Cosa que suele olvidarse y, por eso, me decanto por el «casi», me abrazo a sus defectos en lugar de bruñir lo irreal, engalanando miserias, aireando esperpentos. Amo el «casi». Parece el emblema de todo cuanto respiro. Voy rozando la fortuna y nunca llego. ¡Esa es otra! Cómo irrita el «nunca»...
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Desnuda

A (minha) vida é como se me batessem com ela.
Fernando Pessoa.



Este poema se parece a desangrarse.
Se me clavan sus letras
como garfios aguzados en cada costilla.
Tengo muescas y arañazos por el cuello,
por los hombros...
Una letra,
otra letra
hincada en cada seno,
son las erres las pirañas que devoran
mi cintura, van las enes engarzadas
envolviéndome los muslos.
No me duele...
—¿quién lo dice?—.
Porque ignoran una ce que se incrusta
en las caderas, ceñida a los glúteos;
y las veinte íes que llevo encendidas
en los dedos, derritiéndose el deseo o la rabia
—¿ahora quién lo celebra?—.
Una letra,
otra letra
en la punta de la lengua, una uve desvaída
y la tilde en la frente y la ese en mi nombre
y la te como cubierta donde no quedan paredes
y las aes ya no las quiero.
¿Soy yo esa? Voy desnuda.
Una letra,
otra letra
se derrama en hilo rojo, penetrando
mi entrepierna hasta matarme
de tristeza, de alegría, de tristeza.
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11comentarios 120 lecturas versolibre karma: 150

Miradouro de los versos con sabor a no sé qué

Como no sabía lo que buscaba, tampoco sé si lo he encontrado.

Es así. Me he pasado toda la vida —para qué voy a decir media, como quien acicala un deseo intentando que parezca realidad— procurando localizar esa cosa que me tiene hambrienta, carente, vacía, huérfana de ella. Fuera lo que fuese, lo necesitaba. Era valioso, era fantástico, era único, era... Ya ves, cómo de beneficioso no sería para insistir tantas veces y tantos días y tantos años. Toda la vida esperando de manos pegadas a la baranda de este miradouro, observando el contorno del abismo que era la vida misma, traspasada la línea de la tristeza, más allá, más allá, siempre y mucho más allá.

Del codazo del tiempo, mi postura. Inclinada como el árbol delgaducho que mueve las ramas al vaivén de la brisa o de un huracán furioso. Lo mismo me da. Porque he llegado a sonreírme en el espejo igual que a otros, ensayando la media luna apropiada que no preocupe, barbilla alta, conforme a las expectativas que tenían de mí misma y a mí no logro engañarme. ¡Ya está bien de simulacros! Cuando da la impresión de que respiro, no respiro; pero piensan que respiro porque es lo que parece y mi ahogo incomprensible desconcierta.

Es así. Vivirán mis amapolas siendo más que poesía. Ya estoy harta de los versos con sabor a no sé qué, que me falte no sé qué, que me pongan por delante la belleza de lo simple que lo es todo y yo, mientras, embargada de saudade, esperando no sé qué...

Solo hay algo bien seguro, por ahora: tengo en mí la totalidad de lo que tengo.
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De mi ausencia en lo que escribo

Sou o intervalo entre o meu desejo e aquilo que os desejos dos outros fizeram de mim.
Álvaro de Campos



Quiero creer que hay algo de las aspiraciones que tuve en lo que me conforma ahora. Mientras derramo nostalgia en voz de tecla y pantalla, en esta mañana que a verano perdido huele, recuerdo a la inquieta de piel suave, sonrisa tímida, inocencia oblicua y profusas ganas de volar. La recuerdo sin que haya en ella un atisbo del presente que me apunta con el dedo. ¿Dónde se encuentra, en qué momento la perdí de vista? Si yo estaba siempre atenta, la llevaba de la mano todo el día... A lo mejor, siguió el camino trazado —ella sí— y está por ahí, cumpliendo mis sueños. Quién sabe.

Porque ella es yo dentro de mí, pero fuera de mí, poco hay de ella. La tengo como se tiene esa prenda que tanto te gusta y debe andar por el armario, en las baldas, cajones, perchas... sí, porque es tuya y ahí estará, pero nunca te la pones porque no la encuentras e, incluso, después de varios fallidos intentos, has dejado de buscarla. De pensarla, también, menos cuando viene a tu memoria y hablas de ella, como si aún pudieras rescatarla de entre toda la ropa que duerme en tu armario.

¿Y esa otra diferente? Me refiero a la engreída, la valiente que lleva en la boca una suma de dientes, que son uñas que arañan cuando quiere ser la fiera. Esa misma pintaban con pilares como hombros, soluciones para todo y un oído muy paciente. ¿Qué fue de esa? Ya quisiera haber servido de refugio a su silueta, por lo menos. Parecía tan completa en su conjunto...

Lo que queda en medio de ellas, lo que no es ni una ni otra, ni tampoco será el resto de alusiones que de mí puedan hacer, esa debo ser ahora. Una sombra que rehuye la luz del faro.
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Sin morir en el intento

[...] Matar un dragón es cosa de un instante.
Resolver un acertijo es un relámpago
de inspiración. Son actos determinantes
pero escindidos del acontecer. Sin embargo,
los peligros de la realidad no los resuelve
un lance. Desentrañar la vida no significa
vencerla. Sortear un escollo no libra del
siguiente...

Érase una vez - Ana Rossetti


Del vientre del tiempo nacieron tantas
púas más que flores,
guerreras de mandil y descosidos,
las sombras de las sombras que obtuvieron
el triunfo, que no era para ellos.

De olvidos se llenan los libros
que hablan del miedo al instinto, a lo frágil.
Yace la capacidad en los brazos
de la ignorancia
—¿o será de la conveniencia?—.

Soy emoción, ingenio, deseo, razón;
debajo de mi pecho,
en mi cabeza,
entre mis caderas, dentro.

Desde siempre, me he asomado a la imagen
que quería de mí, completa,
sin mitades que encontrar para ser yo.
Y sé que la muerte me espera
para dejarme caer en la misma oquedad
que al resto.

¿Tanto pido?
Solo quiero ser paisaje de ambiciones
para mí, hombro, oído, mano, risa.
Ser la pieza que me falte.
Serme toda...
sin morir en el intento.
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12comentarios 123 lecturas versolibre karma: 132

Todo cobra sentido

La vida es ciervo herido
que las flechas le dan alas.

Góngora

Todo cobra sentido cuando dejas de buscar
en los recodos de las cosas a las cosas.
Siempre pasa. A veces, tarde.
Cada instante se convierte en pérdida
y duele,
como un dedo amputado del tiempo
que creíamos nuestro.

Solo es mío lo vivido. O ni eso.
Los recuerdos van cogiendo el amarillo
anaranjado del adiós
y en las prisas soy la presa de un mañana
indefinido, moribunda ya la niña
que llamaban como a mí,
mortecino el porvenir que deseaba.

Atrás quede la inquietud.
He llegado a ese punto del paseo
donde vacilan las piedras,
tan perfecta su belleza sobre el río.
Allí me encuentro,
entre lo que anhelo que ocurra
y lo que estoy dispuesta a dar
para que suceda.
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10comentarios 97 lecturas versolibre karma: 134

No eres mía

Hay días en los que la certidumbre se cuela por una ventana mal cerrada, como el frío del invierno. «No eres mía» sonó a eso, a silbido congelado, a sobresalto en tierra antártica. Las vigas de la mente aguantan, no para siempre. Las mías cedieron al derrumbe ya esperado en los versos. «No eres mía» penetraba en mis adentros y cortaba de un tajo los hilos de la esperanza, como el filo de un trozo de papel perverso. Duele... pero, ¿qué otra cosa puede hacer sino doler?

«No eres mía», otra vez... ¡Otra vez! Ni un álbum con instantes de nuestras sonrisas de viaje, ni armarios con tu ropa y la mía, ni anillos de letras vinculando el riesgo de perdernos las ganas de soportarnos otro día más. Nada que consiga salvarnos de la orilla del olvido porque, lo que no se dice, no existe ni a nadie le importa. «No eres mía» es la culpa del pasado y del vicio y del miedo y del ego... de lo poco que he aprendido, de lo mal que he aprendido. Eso es lo que nos queda en la noria de locura cuya suma va restando tiempo al tiempo. Repetirnos en fracasos de promesas, solo eso.

«No eres mía» y ya van doscientas veces que lo dices, que lo digo para ver si me lo creo, porque cierto es que miro al fondo de lo oscuro y lo único que quiero es que vuelvas, que vuelvas, que vuelvas, que vuelvas, que...
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6comentarios 126 lecturas prosapoetica karma: 129

A ciento y un minuto de vernos

Luego, estaré nerviosa
porque creo que estaré nerviosa.
Ahora, sin embargo,
tengo una balsa de aceite
por sangre, llenando las venas.
A ciento y un minuto de vernos,
escucho la saliva, el chasquido
en los labios, con la lengua, de los besos
que imagino que regalas
a mi boca.

Hay un cántaro de barro entre mis piernas.
¿No se aprecia? Porque quiero derramarlo,
todo entero sobre ti,
olvidando tantas cosas por decirte
que parece que tenía.
Por ejemplo: las preguntas, las respuestas,
las heridas que conlleva el papel que desempeño,
la paciencia que no existe
o esas nubes que me nublan la conciencia
de estar viva, si no dejas que te canten
al oído mis jadeos.

Las costuras de tus ojos te delatan:
eres aire y no respiras.
Yo tampoco, si te sirve de consuelo,
aunque sea otro ahogo diferente
el que oprime.
Cae la noche todo el día
como bruma afilada en mi cuello.
Ojalá fueran tus dientes.
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15comentarios 110 lecturas versolibre karma: 119

Lo contrario a la memoria

Las letras no se parecen a ti.
No eres musa de mis desvaríos.
La nostalgia, el recuerdo,
la pena, el reproche,
la rabia... ironía, indignación.
No te preguntan mis dudas.
Tuerces el gesto,
pero es algo maravilloso.
Sin embargo,
debo entender la arruga furibunda
de tu entrecejo
o la rabia contenida en el temblor
de unos labios que se sirven
del silencio
para hablar mejor.

A lo mejor no te vale,
pero en los mares sin arruga,
encontré el respiro sentado
en cordura de mimbre,
la brisa adecuada,
una barca sin naufragio,
el miedo escondido de mí.

A lo mejor no me vale,
pero eso es solo terquedad
o ignorancia.
Nunca entendí mucho de nada.
Hay domingos soleados
que no necesitan más que a ti.
Se me olvida.
Lo contrario a la memoria
siempre quiero que seas tú.
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Abulia

Put your ear down close to the soul and listen hard.
Anne Sexton.


Fui hacia ti con mis brazos de acebuche,
llevaba sol en el pecho y avidez de arrancar
el invierno
a la bahía de tu abulia, allí
donde fondean rutina y compromiso.
Tenías mi misma sed.
Querías alzarte por encima de preceptos,
más allá de horizontes,
los confines que pusieron otros, tú no.
Tú...no.

Te has dejado media vida colgada
en vallas de alambre.
¿No te pesan las cadenas ya oxidadas?
¿Tan hendida está el ancla
en tu vientre de coral?
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La mujer azul

Cuando veo a la mujer azul escorada,
llanos quedan los versos, solo limo y espuma de sal.
Su orilla huele a nostalgia, a herida abierta
que me escuece a mí, también.
Se abruma la tarde, tirita hasta el faro.

Si alguien pregunta qué pienso diré,
—a riesgo de arañazos—,
que no me creo el estío del todo.
El ritmo sin rima me dice que la memoria respira
casi tanto como late el corazón.
Será pesadumbre… o será desencanto
al comprobar que la salida de emergencia
solo era una puerta dibujada.
¿Cuántos golpes dados contra la pared?

Me duele el dolor de la frente raída
y no puedo evitar la pregunta:
¿Soy yo el hueco de una ventana ficticia?
¿Dejo al menos que entre luz?
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Ser argayo

Ver claro es detenerse. Analizar es ser extranjero. Todo el mundo
pasa sin rozarme. No tengo más que aire a mi alrededor.
Me siento tan solo que siento la distancia entre mí y mi traje.

Bernardo Soares (F. Pessoa)

... bebo absolutamente solo
mientras nadie me llama y busco
a quien me llama: viene
en sentido contrario al de la espera.

J.M. Caballero Bonald


¿Alguien más ve las nubes que galopan como dóciles corceles que olvidaron su bonanza? Se va yendo el cerúleo. Llega la fiera, viene hacia mí... yo que siempre fui de calma —menos cuando la tenía—. Más parece que reclamo el malestar como alza o trampolín que da impulso, destiñendo lo vivido. Piso charcos donde hay tinta que debió formar palabras, un aviso o cualquier cosa importante que pasó a ser trivial. Cuatro letras estancadas solo quedan. Y no deja de llover.

Hay caídas que pudieron evitarse antes del derrumbamiento. Hay errores con herida encarnizada que producen regocijo. Creo que hay días que consigo superarme: casi alcanzo ya la cima del fracaso. Desde aquí se ven muy bien las palmaditas que me he dado en la espalda a lo largo de los años. El consuelo de más tarde, de paciencia, de ya mismo, de tan pronto como nunca...

De otros días no me acuerdo. Ni sé qué quiero.

Voy a tener que dar la razón a la amiga de los miércoles, parca en palabras... o no, según el día. Debería haber dejado de pensar —mi deporte favorito—, empleando ese esfuerzo en saltar por la ventana. Buscar el soplo de aire de sur que zanjara mi alergia. Matar de risa al entrecejo. Usar la lengua, no para hablar. En eso estamos de acuerdo. Queda feo que yo lo diga, pero mira que aumenta mi belleza cuando estoy callada...

Hay tanto deber no cumplido dentro de la vorágine de actividad diaria, colmada la agenda de sorbos de clavos que trago, rebasando la energía que me invento para complacer a todos, menos a la que sostiene mi sombra que, a veces —¡qué coño, que siempre!—, tengo la impresión de mucho hacer, para acabar haciendo nada. Y falta poco, dice el eco repetido que empezó siendo susurro y ahora chilla en mi oído sin lograr que me conmueva. ¿Será que estoy habituada a su alarido? Decidme, ¿qué hay peor que la costumbre en estos casos?

No hay seguro que mantenga la armonía, todo quiero en el trapecio. Ver mesura en el desorden. Ser argayo.
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2comentarios 95 lecturas prosapoetica karma: 80

Mi esperanza es una bandada de pájaros

Mi esperanza es una bandada de pájaros que migra hacia el lugar que haga probable lo imposible. Nada de jaulas. Qué hermosa la palabra libertad, cómo se unen sus letras para terminar en aguda, como un golpe contundente, sobre la mesa. Si no fuera por el vértigo que produce la ausencia de cadenas, de reglas que miden y ordenan cada paso que damos... Qué curioso, es motivo de protesta y, a la vez, mejor excusa para obrar de esa manera que no gusta; pero tampoco obliga —a cavilar, a probar, a resolver—. Quién se atreve... Mantenerse en la cueva acaricia con oscuridad los párpados en un continuo vaivén dubitativo, que espera ser espejo de lo que no ve.

Son pocas veces, aunque son. Mi razón indecisa, enterrada bajo tierra con la raíz hacia fuera, salta de júbilo. Ella se acerca y me convierte en renuevo del árbol que fui o quise ser. Trae una lengua de seda que pincha cuando habla en silencio. Entonces, me revuelvo en lo dañino y malgasto los abriles comprando incógnitas. Que no sé ni lo que quiero ni lo que pienso y, mucho menos, lo que debería querer, pensar, hacer, decir... Soy desorden y podría representarme en una gráfica con subida constante. Me pregunto cuándo empezará la caída, el derrumbe... mi derrumbe. Se resbala el oxímoron por la ventana y no hay cristal. Soy la espera desesperada que no sabe, ni siquiera, lo que está esperando. Cambio. ¿De qué, a dónde, cómo y... para qué?

Amarro las preguntas al mástil de una prosa que delira. Naufrago siempre. Ojalá pudiera seguir la ruta de una golondrina de mar, ponerle alas a sus alas, dejármelas crecer yo.
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12comentarios 117 lecturas prosapoetica karma: 96

Nunca iba a darte vida un poema

Siempre que digo <<nunca>>
acaba ocurriendo.
La certeza improbable tiene la esperanza
colgada de un hilo que no acaba
de romperse.

Mis versos nunca iban a hablar de ti,
porque dueles en cada letra como si hubiera
forjado el acero para conformarla
y, luego, leerla fuera tragarla
a golpe seco.

Además, todavía, no llego a poeta,
mamá.

¿Qué podría decir de ti sin que el día
tornara a tarde de tormenta en las mejillas?
No es tu culpa, no lo es.
De mi talega de errores horneados
a diario solo eres responsable
de la nada.
Aguerrida, incansable, soñadora silueta
dibujaste de una niña que alcanzara
cada una de las metas que tus dedos
no rozaron.

Nunca iba a darte vida un poema
y, sin embargo, eres tú quien insufla
el aire de todos los míos, quien pone la risa,
mis ojos redondos igual que los tuyos
o la artrosis de inicio
en manos con dedos que machacan teclas.

Es verdad, mamá, todavía no llego a poeta
y no creo que sea indispensable
para que estas cuatro palabras
deshilachadas
hablen de la nostalgia que mide los días
que llevo sin verte.
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9comentarios 133 lecturas versolibre karma: 103

Como en un sueño ligero (poema a la manera de @Verín).

Como en un sueño ligero, perturbable
es la calma que agoniza en los brazos
de una hiedra, agarrada a la vida
que no siempre satisface.

De un amarillo ajado viste su esperanza,
no por haberla perdido, sí por la noche
que acucia toda ilusión, sin una vela
que arda. Solo hay sombras.

¿Es a mí a quien pregunta el color
de la lantana que florece en su pecho?
Sabrá el otoño…
Yo le veo quebrada la inocencia,
siendo más su hogar lo que hay
fuera de él.

Lleva siglos dando asilo a un remanente
que se adhiere a sus alas,
desgastando las escamas que avivan
el vuelo.
Como si no tuviera bastante con el peso
del pasado, lo frustrante de los sueños
que quedaron en sueños,
latidos en balde que no lo fueron,
porque de todo se aprende... no sé el qué.

Aún susurra la escultura pétrea:
Que corra el tiempo.
Yo le pregunto:
¿Hacia dónde?
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10comentarios 106 lecturas versolibre karma: 105

La chica que volverías a ser

Todavía lo recuerdo.
No hace tanto que el murmullo
de un anhelo palpitante
te hacía decir que volverías al sur,
porque tu corazón no se había movido
de allí.

Te sentaba bien la trenza de certeza
inventada, la ilusión bajo las cejas
y el rimero de las ganas
que vertías en los días para ser feliz.
Todavía lo recuerdo.

Volverías a ser aquella chica
de sonrisa abundante, con la piel atezada
y el ceño dibujado por un sol
que, pocas veces, se oculta.
No habrá más techo que el azul
para mi esperanza
, decías.
Todavía lo recuerdo,
aunque llega a mi memoria
como un paisaje bañado por el vaho
de la ventana o la rapidez de los árboles
al viajar en tren.

¿Qué fue de aquella chica?

Los años consumieron la avidez,
al mismo tiempo que la juventud.
Perdida la brújula, ganado el recelo,
cada vez está más lejos el trozo de tierra
que ocupa su lar.

¿Dónde quedó soñar con la realidad
del sueño?
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8comentarios 182 lecturas versolibre karma: 86

En el alféizar ya no hay luz (@Verín & @_Sejmet_).

En el alféizar ya no hay luz
sin su sombra ya no hay luz.
De la ausencia fuiste preso,
no salió el gorjeo ileso.
Te marchaste sin regreso.
Te recuerdo a contraluz.

En el alféizar ya no hay luz
sin su sombra ya no hay luz.
¿Qué será de los balcones
sin presencia de gorriones?
Ven aquí, no me abandones,
de mi mañana eres cauz.

En el alféizar ya no hay luz.
Sin su sombra ya no hay luz.
La penuria asola el nido,
rama y pórtico al olvido,
hoy tus alas se han rendido
derrotadas al trasluz.

¡Vuelve ya, gorrión!
Llevo la migaja y el nidal
en mi mano abierta de algodón.

¿Volverás, gorrión?
Haz en el cielo una señal,
vuela tu recuerdo en mi balcón.
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31comentarios 251 lecturas colaboracion karma: 109