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Madre, quiero ir a casa

Quiero regresar a mi cama de infancia,
donde el despertar de tu mano cálida
llamaba a la mesa, al desayuno.
Quiero regresar al chocolate humeante
y las arepas calientes con mantequilla,
donde tu beso despertaba la vida.
Quiero volver a la salida
del colegio en donde me esperabas,
a esa tarde en donde me ayudabas a las tareas.
Quiero volver a esos monstruos debajo de la cama
y no a los de hoy,
al miedo del agua fría
y no al de la realidad fría,
a los juguetes en la caja de cartón.
Quiero volver a las noches
en donde dormía sin pensar,
sin tiempo, sin insomnios,
en donde la vida era vida.
Madre, quiero volver a casa.



Ilustración: Edwin Giraldo.
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Que no seas tú

¿Cómo llegar a ti
en esta tarde gris?
¿Cómo romper el silencio de las montañas?
Intento respirar en esta historia sin principio ni final,
con lo justo.
A todo pulmón,
se deprende el alma,
viaja, va, llega.
Sostengo tu mano,
siento tu aliento,
intento romper el aire,
la luz, la distancia,
miro con el sentir,
despacio me aferro a un algo,
a un todo…
y en este día raro,
el bolsillo vacío pesa,
y la mente no encuentra un lugar
que no seas tú.
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A veces muero de realidad

A veces me despierto
con la tormenta en mi mente,
con los pies cansados,
con dolor en las cicatrices.
A veces mis zapatos rotos
no quieren más camino.
A veces el dolor de muela
no quiere más caras largas,
las piernas desean estar en quietud,
las ojeras no desean más insomnio.
A veces muero de realidad,
mientras en las calles
los asesinos de la vida
agotan la esperanza del azul.
A veces no respiro,
solo continuo,
sin compañía, sin café,
sin hoy.
A veces uno solo quiere descansar,
dormir,
no salir, no hablar,
no escribir,
y escapar por la puerta
de la irrealidad
llena de pájaros libres,
de otros cielos,
otros azules,
de sueños diferentes.
A veces no somos nosotros
sino solo un suspiro
de la melancolía.



Ilustración: Edwin Giraldo
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Sé que usted no se ha dado cuenta

Voy al norte, al sur,
ahí está usted.
Camino calles mojadas,
parques solos,
y siempre usted en el pecho.
En páginas, sueños,
hasta en mi reloj.
Doblo la esquina,
cruzo el árbol,
me refugio en la oscuridad
y usted no me deja solo.
Observo una flor igual a usted,
escapo a su belleza,
pero esa lluvia más la hace florecer.
Mis ojos oculto,
su aroma de nuevo me hace mirarla.
Y ahora usted se va,
no puedo decirle nada,
sé que usted no se ha dado cuenta.



Ilustación: Edwin Giraldo. @_EdwinGiraldo_
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Melancolías

Me levanto en mi noche sediento de vida,
busco en los rincones de la habitación
y solo encuentro muros,
telarañas que envuelven hasta los suspiros.
Por las rendijas entra el aire que congela los huesos,
la piel y a veces hasta las palabras.
Se detienen el tiempo y el universo en la oscuridad,
un dolor cual daga en el costado acecha
mientras intento engañarlo,
pero al final el único engañado soy yo y mis huesos.
La realidad del tiempo cobra una a una mis maldiciones,
realidad que sin máscaras me lleva al abismo
y en el fondo me deja sin aliento y sin camino...
mientras a lo lejos esos espejismos surrealistas se caen en mi hoy
y en mi mañana,
derriten hasta el insomnio, me desfiguran.
Solo quedan pedazos de sonidos,
vestigios y una que otra muestra de lo que se era, de lo que se es...
no queda más espacio en esta habitación,
solo vacío,
solo ausencia de palpitar.
Melancolías que hacen fiesta en cuatro paredes de miseria,
melancolías sinceras esperando el final,
melancolías sin afán, sin licor y sin rumbo.



Ilustración: Edwin Giraldo.
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Hazme

"Hazme de todo, menos falta."
Danns Vega.


Hazme la noche, el hoy, la vida,
hazme el barco y el mar,
hazme la tormenta y la fortaleza,
hazme el cielo, el suelo y la nada,
hazme la oscuridad y la luz,
hazme tu escudo y lanza,
hazme tu noche y mi faro,
hazme tiempo, puente y ganas,
hazme debilidad y templanza,
hazme la noche más sincera,
el momento más leal,
hazme la ausencia de máscaras
y la ausencia de distancia,
hazme hoja, libro y letras,
hazme viaje, almohada y descanso,
hazme todo.
Hazme mucha falta para
llegar más rápido a ti,
hazme mano, beso, abrazo,
hazme tu lado oscuro,
tu lado diáfano,
solo hazme
tu ya.


Ilustración: Edwin Giraldo - @_EdwinGiraldo_
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Aquel barco

Aquel barco en su piel llevaba
las tormentas de muchas décadas,
los naufragios, las playas desoladas,
las compañías en altamar.
Llevaba noches oscuras sin brújula,
amaneceres con sed,
tardes con desesperación,
llevaba agujeros negros,
constelaciones claras,
llevaba vientos de abril,
lágrimas de octubre,
alegrías de julio.
Aquel barco tenía sueños,
hoy, secretos,
llevaba misterios y vida.
Tenía locura,
resacas, whisky, café,
orgias de sentidos,
caminos largos de soledad,
fogatas oportunas de compañías.
Aquel barco llevaba
la sangre leal de las luchas,
el puño de las victorias
y las manos abiertas de las derrotas,
llevaba todos los tiempos,
el ayer, el hoy y el mañana,
llevaba el principio, el final,
el todo y la nada.
Aquellas manos llevaban
el peso de la realidad
que descargó toda su ira,
que hizo temblar los pies,
que casi acaba con las velas.
Aquellos pies llevaban el peso
de los caminos recorridos…
Aquel barco llevaba
muchas vidas y muertes,
más nunca dejó de navegar.



#ÁcidoNeurótico

Artista- tatuador: @_EdwinGiraldo_
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El perro negro

Por las sombras de los bosques
de la tarde gris,
por las sendas de aquel fuego
de una tarde,
por los caminos del licor,
por lo absurdo de lo no normal…
siempre persiguiéndome,
respirándome, acechándome,
llevándome al limite
de la cordura y la locura,
quitándome el aire con cada paso,
con cada madrugada,
con cada café.
A veces ganándome,
a veces ganándole,
pero siempre juntos,
sin tregua,
y desde aquel primer día
que lo sentí,
camino con él a mí espalda.
Siempre me aúlla,
me acecha,
quiere mi alma,
mi muerte,
me lleva al abismo a cada segundo,
cada noche,
cada madrugada de insomnio,
me quiere llevar a una locura desesperante,
cansarme de la vida.
Pero así tenga noches oscuras
al lado de sus ojos negros,
siempre despierto
y sé no le tengo miedo,
nunca le tuve miedo;
desde ese día el perro negro
y yo nos jugamos la vida
a cara o cruz.

#ÁcidoNeurótico

Pintura: El Perro Negro
Por Edwin Giraldo - @_EdwinGiraldo_
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Oropel

Se sacudía la mente en aquella estación del sur,
las cicatrices eran solo la muestra de caminos sin rumbo,
batallas libradas en campos ajenos,
dolores que despertaron en la madrugada,
sed de tiempos de sangre
donde las dagas apretaban el costado más débil.
Las mentiras se pegaban a la piel como
garrapatas a la presa más débil,
en el corazón la verdad
buscaba su lugar en ese caos,
las máscaras como teatro romano
jugaban con mi esencia,
y yo iba tras de ellas
como actor de tragedia
sin saber de su fin.
La medianoche leal solo fue espejismo,
en la prendería quedaron los regalos dados,
en el ayer quedaron
los besos brindados con el alma,
la tinta de aquellos poemas se diluyó,
el precio de lo que no valía se supo.
En esa estación del sur
todos los trenes eran maquinas del ayer,
al mañana ninguno iba,
los destinos no valían ya la lucha,
la verdad era anunciada
a las doce en punto de la medianoche,
y la soledad en esos pasillos llegó,
las apariencias se marcharon en cada vagón,
los adornos, los engaños,
el oro no brilló más en la noche sincera.
El humo acompañaba el andar
como presagio de una madrugada tenebrosa,
ya no se oían pasos,
ya no se escuchaban voces,
al fondo un corazón
guiaba al destiempo.
Las mariposas del amanecer,
cansadas,
iniciaron su último vuelo,
atrás el oropel…
¿Todo sería en vano?
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Desdúdate

Acaba la pesadumbre de tus días grises,
camina por el bosque oscuro,
deja las cadenas en el ayer,
las cicatrices quémalas con el fuego de tu piel,
por la ventana del tren bota las palabras viejas,
no busques en las páginas del tiempo andado.
Lánzate al abismo, conócelo,
sal, sube, vuela otra vez,
deja que tu cabello sea viento de nuevo,
déjate encontrar, deja escuchar tus pasos,
sé brisa de mar,
pasos en la arena,
sé lluvia, agua de río,
sudor, sonrisas,
sé mañana nueva,
sé camino en el páramo,
luz en la calle nocturna,
sé instantes de vida.
Desaprende,
quítate los miedos, el vestido opaco,
desnúdate el alma,
saca los miedos,
píntate los labios.
No más suspiros a la nada,
no más cafés a la nostalgia.
Cierra los ojos y ve al hoy,
al ahora,
a ese libro,
a ese brillo en tus ojos,
a tus labios en busca del beso,
a tus manos en busca de la caricia,
a tu sentir en busca de la complicidad…
hoy déjalo todo,
sé tú, tiempo,
brilla más,
desdúdate.
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En tus ojos el camino al enigma

El misterio de sus lunas, la magia de sus soles, un solo universo, a ella.


En tus ojos el camino al enigma,
que lleva a los sentidos a la desesperación del no tiempo,
que lleva al instinto a la locura de tu luna oculta,
a los laberintos de tu cuerpo,
de tu alma,
a los caminos de la sensualidad,
a los sonidos desgarradores de la hoja en blanco.
Misterio de las dimensiones ocultas,
de los deseos de medianoche,
de los suspiros del universo,
ansias al extremo de lo desconocido,
del ingenio de lo no palpable…
y tus labios invitan un café,
un whisky, sonrisas,
y tu cabello invita viento,
y tus matices invitan
música lejana, diáfana,
sonidos en el abismo de lo real e irreal,
presencia oculta en lo alto
de la pirámide del hoy,
de la luz de lo absurdo.
Caigo en el abismo de tu figura de mujer,
confundo los colores en tu suavidad,
la elegancia de la flor,
la agonía de la espina en tu puerto lejano,
de lo sublime a la melancolía del deseo,
a lo que será en esta hoja más que letras,
al silencio del viento que lleva mi secreto,
que me consume en un instante
implosionando un minuto convirtiéndolo en eterno;
y le digo al universo de mi imposible
porque me susurra al oído galaxias,
me susurra tu nombre,
y me quita el sentir,
me deja en blanco,
en negro,
en pausa.
Llévame en tu piel un segundo en silencio,
sin que el mundo lo sepa,
encierra el anhelo en tus labios y déjalo volar,
déjalo que errante persiga la supernova
hasta ser el inicio de un poema negro y violeta,
deja mis líneas ser las líneas de tus medias,
mi respiración tu cuello.
Se soles y temblores,
lunas y olas,
noches y tsunami,
acá, en este café íntimo.
En mis manos con la pluma
las muestras de lo inalcanzable,
en mi mirada
el sentir de mí osadía,
y te miro de frente,
mujer lejana,
penetro en tu ojos
buscando las mujeres en ti,
sintiendo lo que no se siente con la voz,
ni con la vista…
tú, mujer, locura.
Y hoy salvaste mi momento,
y este sentir distante
te deja el deseo en la puerta ,
como aquella carta que se abre, se lee y se quema,
para ser fuego de un maldito poeta.
En tu libertad albergo un soplo de vida,
en tus alas libero la dicha de saber
que vas por el mundo
llenando de magia tus calles,
y en tu belleza dejo
las líneas de un suspiro
que se convirtió en vida.
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Te busco

Te busco en ese bolero
que trae la sonrisa de niño,
las calles de la infancia,
el primer beso, el primer vino;
te busco en una hoja en blanco
que desea ser libro,
desea ser vino,
desea ver en tus ojos,
en tu sonrisa.
Te busco como solo se busca un suspiro...
en el alma.
Te busco en mi primera caída,
en el juguete de navidad,
en el paseo de año nuevo,
en el día de mi cumpleaños.
Te busco en mi primer beso
con los ojos cerrados
y el corazón explotando,
en la primer cama de noche
no solitaria,
en el desayuno calmando la resaca.
Te busco en el camino
al campo,
a la montaña,
al pueblo de calles empedradas,
de casa viejas pero honestas,
en esa piscina de enero,
en ese río de junio,
en ese mar de diciembre.
Te busco en esta hora en silencio,
en donde llegan todos los sonidos
de mis días, de mis pasos,
de mis mañanas y tardes,
en la canción de mí destiempo.
Y allá, en el alma,
ese suspiro se hace canción
porque él sí sabe
con exactitud dónde buscarte…
en el paraíso.
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¿Cómo?

¿Cómo puede ocupar tanto lo qué no está?
A. C.


¿Cómo puede ocupar tanto lo qué no está?
Si lo que llenaba dejó abismos y cicatrices,
si dejó heridas que ni el whisky cura
¿Cómo saber si ese vacío es real u otra invención de la nostalgia?

El pasado me libera lentamente,
aún no me suelta las cadenas de los pasos,
el recuerdo que fue vida,
es solo la noción de otro tiempo,
de otras noches,
de sudor que quema a la madrugada,
de un insomnio negro…

Lento es el tiempo en la noche tratando de liberar y volver a llenar,
agonía en busca de algo en la oscuridad,
melancolía en busca de latidos más cálidos,
ausencias que llevan a buscar en la distancia,
en el otro lado del silencio.

¿Puede llenar algo qué aún no tenemos pero qué sentimos?
las ruinas de otros tiempo buscan su lugar,
mi respiración busca un nuevo amanecer,
el cielo con una melodía lejana
y en la mente el infierno queriendo ganar.

¿Cómo puede ocupar tanto lo qué no está?
¿Cómo puede lo qué no está retumbar tanto en la mente
cómo si fuera lo qué siempre buscábamos?
¿Cómo saber si esa pregunta no era la respuesta?

Quizás aprendimos a no refugiarnos,
a dejar lo que no es, allá, en lo oscuro,
pero aún así cada noche nos encontramos,
no con el ayer, no con lo pasado,
sino con lo leal de la madrugada,
con nuestros insomnios.
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He desafiado

He desafiado al destino,
he ido en contra corriente,
he cambiado el curso del río,
he desafiado a las aguas claras y oscuras,
he subido a la montaña,
he ido a la selva profunda,
siempre conquistando sueños,
y he vencido, he logrado lo inalcanzable.
Han sido mías las noches más claras con sus estrellas,
las pieles más suaves,
los ojos más claros, negros y de arco iris,
los labios más sensuales me han besado,
he dormido en pechos cálidos y
en caderas de fuego,
los rostros más hermosos me han desnudado.
Me han vencido y me han quitado también,
me han conquistado y poseído,
se han llevado mí alma y mí cuerpo.
He desafiado a la vida y a la muerte,
me he jugado el momento,
he sido ruleta rusa,
también he perdido,
y en las llamas del infierno
he desafiado uno a uno a mis demonios.
Hoy, ya no cambio el río de curso,
ya no busco puerto seguro,
viajo con la corriente,
no esquivo,
no me detengo,
no le temo al remolino ni al mar,
la tormenta no es desconocida,
no me detengo.
Me he desafiado,
me he perdido
y me he encontrado.
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Mi destino

Intento encontrar tu figura en el surrealismo de mí mente,
esferas dispersas me llevan a la batalla de la distancia,
las manos son solo instrumento,
el alma camino...
Intento hacerte mía como la lluvia al aire,
te busco en lo más profundo de lo leal,
allá me abrazo a tu sentir como un niño a su sonrisa,
escucho tu música oculta,
y esa música que llega desde tu mundo
la tomo como la salvación a mí desespero,
esas notas llegan a mí sangre,
y en mí hoy me convierto en esclavo del tiempo,
pero en tu hoy soy el vencedor de la distancia
e intento encontrar un sitio solo para los dos,
donde nuestras voces canten como nunca,
donde nuestro sentir sea uno solo,
en esa playa, en esa montaña,
en tu habitación y en la mía,
en mí alma y en tu mirada,
intento hacerte canción, vida,
intento hacerte viento,
nube, sol, lluvia.
En este camino largo, muy largo,
intento ser tu prohibido,
tu bolero,
y te tomo de la mano como nunca lo han hecho,
de la cintura,
de tus alas,
de tu sombra,
tus labios, ensoñación.
Es mí camino hoy el aire de la cercanía del mar,
es mí camino hoy ese piano que solo se escucha con los ojos cerrados,
es mí ahora esa canción donde me puedes buscar,
donde te espero y soy de ti,
y en donde yo te encuentro,
para mí.
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Mi Rayuela

Navego a muerte por corrientes oscuras
llenas de soledades hermosas que
me transportan instantáneamente a aquel
desierto inmenso de calles sonámbulas,
de putrefactas sensaciones de discordia.
Y camino, navego, vuelo,
regresando siempre a mí puerto nocturno,
a mí soledad amada.

Navego a muerte desafiando
todos los miedos de mis fantasmas existenciales,
acompañándolos al sepulcro de los segundos insatisfechos,
bordeando camas vacías y estrechas,
esperando una luz, una pequeña luz,
que instantáneamente apareció y
volvió a perderse en la inmensidad del mar
de donde me perdí, me pierdo.

Navego a muerte buscando, buscándonos y buscándome,
sin brújula, sin faro,
pero navego a muerte
y a la muerte
llegare navegando.
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El Buitre Negro

"En la orilla del miedo esconde la mirada"
Edwin Giraldo


Desde lo alto se postra en mi día gris,
acompaña un café con aire de locura,
lleva a mi corazón a la sensación de la sangre,
a mí mente a lo no entendible,
a mí pluma al laberinto de las miradas escrutadoras,
a la pregunta del hoy,
a la respuesta de la nada.
Busco dentro de mí
el aire de esas alas,
los matices de esa escena,
los colores de la toda una vida
en un solo instante.
La media mañana
prepara el azul del óleo,
el viaje a los ojos del tiempo,
a esos ojos que reúnen
las malas decisiones en un sorbo de humo,
a esa mirada que detiene hasta el ayer.
¿Qué encierra ese enigma?
Y el miedo de la medianoche
en la orilla de la mirada
me lleva al ruido del silencio,
a la danza de los demonios cobardes,
a la valentía de mi razón,
a la máscara más leal de mí hoy.
En esa mirada sentí un vacío,
una caída al abismo,
al submundo del no sentir,
y un plumaje de épocas
me envolvía en círculos de sin sentido,
desde su pico mi piel era desgarrada,
desde su falso cuello
era juzgada mi sombra,
todo buscando lo real,
la esencia de mí alma al amanecer,
buscando la razón del insomnio punzante,
dándome respuestas no formuladas,
quitándome aciertos y dudas,
llenando mis poros de música
de otro tiempo no habitable.
En su sombreo negro
se esconde la sabiduría del vivir,
la madurez de volver al inicio.
Erguido el buitre negro
me lleva de sus alas
al horizonte hasta perderse
y perderme en la nada,
o quizás llevándome
a perdernos en el universo
que tanto anduve buscando.


Pintura: El Buitre Negro
por Edwin Giraldo - @_EdwinGiraldo_
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He visto

"Y he visto a veces lo que el hombre creyó ver"
Rimbaud

He visto caer las noches más oscuras
en la desesperación del cuerpo,
en los laberintos del infierno,
en la duda y el no tiempo.
He visto caer todas las máscaras
dejando al ser hueso siniestro,
carne sin alma.
He visto las noches más oscuras,
mientras en las paredes las telarañas
acechan los miedos de la infancia.
He visto todos los fantasmas que siguen
la espalda en el camino largo.
He visto el barro levantarse
y ocultar los pasos.
He visto al amanecer
desgarrar la madrugada
con el puñal del insomnio.
He visto desprenderse el alma de los ojos
enceguecidos por el hambre del ayer.
He visto el hoy resbalar cual reloj de Dalí
llevándonos a la locura del tiempo.
He visto el dolor
en mis ojos en el espejo
y en ojos ajenos.
He visto el corazón no latir
y levantar el cuerpo a la camilla de cemento.
He visto el frío darme la mano.
He visto lo que el hombre no vio
por mirar con las vendas de la razón,
he visto el puñal herir el costado,
he visto el barco ebrio llevarme al fondo,
he visto el fin, una y otra vez,
he visto la más oscura tormenta
y vi la luz.
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Hoja sin tiempo

Las palabras fueron como horas
que recorrían mis pupilas,
los renglones, las tildes, los puntos,
los interrogantes, las afirmaciones,
los espacios en blanco,
lo que no se leía,
todo a veces como ceniza.
En esas hojas,
historias para muchos pero una sola realidad para mí,
a veces el frío de la noche
acompañaba la luz de la lámpara en aquel libro,
el café medio calentaba la noche
como si la madrugada esperara mi melancolía,
y la debilidad me llevaba a cada página
buscando reconocerme en alguna línea de más.
Y en aquella vuelta de página
apareció una hoja ya poco verde,
los años recorrían sus pliegues,
era como si de otra época
un viajero hubiera llegado a dejarla
para leer el tiempo en su figura…
El tiempo se detuvo aquella noche,
se confundieron la hoja del papel
y la hoja del árbol,
me llevaron a mis años de infancia
donde recogía del campo las hojas caídas,
me llevó al hoy donde intentaba ser hoja de Whitman,
ser líneas de un barco ebrio,
fue como si aquellas hojas
detuvieran el ayer, el hoy y el mañana
en una fracción de segundo,
en un momento de donde la mente
cruzó todas las dimensiones..
Y aquella noche
fuimos las hojas y yo
una sola hoja sin tiempo.
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Aún no soy hierba

Llegan esos sonidos al alma
y retumban en lo oscuro de la mente,
la sangre recorre el ínfinito
y el alma se eleva del cuerpo
para buscar esos sonidos,
mientras las letras acompañan la mente y la vista.
¿Cómo buscar hogar cuándo el universo es la casa?
Palpita el hoy,
ausencias en otro lugar tocan a la puerta sin estar,
el tiempo deambula entre vientos y quietud.
Para qué ir a lo oscuro del ayer si la hierba ya creció y la tierra ocultó el sentir...
Para qué ir al mañana si la luz aún está detrás de la luna...
Para qué ir al más allá si aún acá quedan batallas.
El alma corre libre en un cuerpo de otro tiempo,
la melancolía no atormenta como lo hace lo trémulo de la falsedad.
Hoy el ser reclama su momento al igual que el momento.
No dejes de latir corazón,
aún la hierba espera los pies descalzos de mi caminar,
aún la huella está por venir...
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