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He visto

"Y he visto a veces lo que el hombre creyó ver"
Rimbaud

He visto caer las noches más oscuras
en la desesperación del cuerpo,
en los laberintos del infierno,
en la duda y el no tiempo.
He visto caer todas las máscaras
dejando al ser hueso siniestro,
carne sin alma.
He visto las noches más oscuras,
mientras en las paredes las telarañas
acechan los miedos de la infancia.
He visto todos los fantasmas que siguen
la espalda en el camino largo.
He visto el barro levantarse
y ocultar los pasos.
He visto al amanecer
desgarrar la madrugada
con el puñal del insomnio.
He visto desprenderse el alma de los ojos
enceguecidos por el hambre del ayer.
He visto el hoy resbalar cual reloj de Dalí
llevándonos a la locura del tiempo.
He visto el dolor
en mis ojos en el espejo
y en ojos ajenos.
He visto el corazón no latir
y levantar el cuerpo a la camilla de cemento.
He visto el frío darme la mano.
He visto lo que el hombre no vio
por mirar con las vendas de la razón,
he visto el puñal herir el costado,
he visto el barco ebrio llevarme al fondo,
he visto el fin, una y otra vez,
he visto la más oscura tormenta
y vi la luz.
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Hoja sin tiempo

Las palabras fueron como horas
que recorrían mis pupilas,
los renglones, las tildes, los puntos,
los interrogantes, las afirmaciones,
los espacios en blanco,
lo que no se leía,
todo a veces como ceniza.
En esas hojas,
historias para muchos pero una sola realidad para mí,
a veces el frío de la noche
acompañaba la luz de la lámpara en aquel libro,
el café medio calentaba la noche
como si la madrugada esperara mi melancolía,
y la debilidad me llevaba a cada página
buscando reconocerme en alguna línea de más.
Y en aquella vuelta de página
apareció una hoja ya poco verde,
los años recorrían sus pliegues,
era como si de otra época
un viajero hubiera llegado a dejarla
para leer el tiempo en su figura…
El tiempo se detuvo aquella noche,
se confundieron la hoja del papel
y la hoja del árbol,
me llevaron a mis años de infancia
donde recogía del campo las hojas caídas,
me llevó al hoy donde intentaba ser hoja de Whitman,
ser líneas de un barco ebrio,
fue como si aquellas hojas
detuvieran el ayer, el hoy y el mañana
en una fracción de segundo,
en un momento de donde la mente
cruzó todas las dimensiones..
Y aquella noche
fuimos las hojas y yo
una sola hoja sin tiempo.
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7comentarios 72 lecturas versolibre karma: 79

Aún no soy hierba

Llegan esos sonidos al alma
y retumban en lo oscuro de la mente,
la sangre recorre el ínfinito
y el alma se eleva del cuerpo
para buscar esos sonidos,
mientras las letras acompañan la mente y la vista.
¿Cómo buscar hogar cuándo el universo es la casa?
Palpita el hoy,
ausencias en otro lugar tocan a la puerta sin estar,
el tiempo deambula entre vientos y quietud.
Para qué ir a lo oscuro del ayer si la hierba ya creció y la tierra ocultó el sentir...
Para qué ir al mañana si la luz aún está detrás de la luna...
Para qué ir al más allá si aún acá quedan batallas.
El alma corre libre en un cuerpo de otro tiempo,
la melancolía no atormenta como lo hace lo trémulo de la falsedad.
Hoy el ser reclama su momento al igual que el momento.
No dejes de latir corazón,
aún la hierba espera los pies descalzos de mi caminar,
aún la huella está por venir...
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Quédate

Quédate en mí,
en mi pecho desnudo,
quítame las cargas,
el dolor, el insomnio,
las noches largas,
las lágrimas, las cicatrices,
quédate,
hoy, ya, ahora,
universo, vida,
deja los pasos cansados,
los sueños no cumplidos,
deja el cansancio,
quédate en mí,
descansa,
aliméntate de mí,
sueña,
comienza,
crece,
hecha raíces,
vuela,
toma mi mano,
entrelaza los dedos,
cierra los ojos,
quédate,
quedémonos.
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Mi destino

Intento encontrar tu figura en el surrealismo de mí mente,
esferas dispersas me llevan a la batalla de la distancia,
las manos son solo instrumento,
el alma camino...
Intento hacerte mía como la lluvia al aire,
te busco en lo más profundo de lo leal,
allá me abrazo a tu sentir como un niño a su sonrisa,
escucho tu música oculta,
y esa música que llega desde tu mundo
la tomo como la salvación a mí desespero,
esas notas llegan a mí sangre,
y en mí hoy me convierto en esclavo del tiempo,
pero en tu hoy soy el vencedor de la distancia
e intento encontrar un sitio solo para los dos,
donde nuestras voces canten como nunca,
donde nuestro sentir sea uno solo,
en esa playa, en esa montaña,
en tu habitación y en la mía,
en mí alma y en tu mirada,
intento hacerte canción, vida,
intento hacerte viento,
nube, sol, lluvia.
En este camino largo, muy largo,
intento ser tu prohibido,
tu bolero,
y te tomo de la mano como nunca lo han hecho,
de la cintura,
de tus alas,
de tu sombra,
tus labios, ensoñación.
Es mí camino hoy el aire de la cercanía del mar,
es mí camino hoy ese piano que solo se escucha con los ojos cerrados,
es mí ahora esa canción donde me puedes buscar,
donde te espero y soy de ti,
y en donde yo te encuentro,
para mí.
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Intimidante

A ti, mujer bolero, intimidación.

Las fronteras de mí habitación
se extienden en las dimensiones de tu hoy,
con los ojos cerrados
viajo a tu tiempo como extranjero
buscando tu presencia sin distancia,
viajo con las notas de un bolero
mientras imagino que bailas
con un vestido negro
abrazada a mí.
Busco tu aroma,
tu esencia,
tus delirios, abismos y certezas,
busco en todas tus facetas
la más íntima,
y te imagino suave,
embriagante,
intimidante.
Siento en la noche y madrugada
un suspiro cómplice que tiene tu nombre,
que llega sin prisa
a contemplarte,
y quisiera ser ese suspiro para tomarte de la mano,
para verme en tu mirada y no ser el mismo
después de ti.
Un café con sabor a whisky
me acompaña en ésta noche de música,
y allá, en un rincón de mí alma,
eres la pareja perfecta
para el bolero de mi sentir.
¿Cómo ser tu bolero también?
A veces siento que te extraño aún sin verte,
te veo elegante sin saber tu color preferido,
a veces te siento cercana aún tan lejos…
y con los ojos cerrados,
te visito en mi mente,
mujer, aroma, vida,
bolero, hoy, noche, magia,
tú.
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Usted me gusta

A usted, a su alma, a su belleza, belleza que da vida.


Usted me gusta como le gusta la lluvia a la sequía,
como el olor del páramo,
como los caminos verdes de los bosques,
como la noche clara,
como esas estrellas que hacen imaginar universos.
Usted me gusta y aun sin conocer su piel,
la veo como río,
como playa,
como fuego en la noche de frío.
Usted me gusta como le gusta el amanecer a la madrugada,
como el placer del cuerpo,
como el éxtasis de la mente,
como las letras a la hoja en blanco.
Usted me gusta porque lleva a mí mente a lo desconocido,
a ningún ayer ni a ningún sitio o lugar andado,
usted me gusta porque me hace imaginar…
y aunque no conozca su cuerpo, ni su mirada,
es su alma la que me hace sentir su destino como norte, brújula y puerto.
Usted me gusta para siempre,
y aunque no esté en su mano,
en su mente hábito,
y allá nos hacemos,
allá somos más que palabras.
Usted me gusta más de lo que cree
y más de lo que pueda sentir.
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Cerré mis ojos y escuché al silencio

Cerré mis ojos y escuché al silencio...
me llevó al universo,
a las estrellas,
al sonido de una guitarra, de un piano,
de un violín,
me llevó a escuchar mi corazón,
mi respiración,
me llevó a ver lo que no se ve,
a buscar la luz en esa mirada oculta,
a sentir el alma,
la que no se ve,
a sentir la mano
no a verla.
Cerré mis ojos y escuché al silencio...
en ese silencio estaba con lo real,
escuché mi lágrima hacerse letra,
y en ese silencio me quedé sin tiempo,
sin ayer, sin mañana,
en ese silencio me arreglé el alma,
quizás no para nadie,
quizás si para el alma que en una mirada sepa lo que es ver sin los ojos.
Cerré mis ojos y escuché al silencio.
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Ángel de madrugada

Trompetas apocalípticas,
caminos de fuego,
mentes rojas,
sables de carne,
caras derritiéndose,
volcanes en erupción,
remolinos de piedras.
El ángel en llamas extendió su manto dorado,
me tomó de las venas,
me llevó a su mundo.
En mí sangre el fuego,
en mí pecho la lava de su sexo…
Y extendió sus alas negras,
me envolvió en sus llamas,
devoró mi cuerpo y mente,
se metió en mi sangre,
agotó mi sexo...
Desperté,
siento una cicatriz en el pecho,
veo en blanco y negro,
y quiero volver a dormir;
sentir, sentirla, sentirte.
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A las cuatro en punto

A las cuatro en punto
ella llego a mí mente,
a mi café,
a mis letras y a mí pluma.
Y desde mí alma un suspiro sale
con cuatro letras,
como la hora en que la pienso,
como las cuatro letras del café,
las del amor, las de la hoja.
A las cuatro en punto
sus palabras también llegan,
las leo con su voz,
es cuando mi vida se detiene,
y cierro los ojos,
me voy con ella,
a su tarde de afán,
a sus manos, a su sonrisa.
Lo que ella no sabe
es que para mí
las cuatro en punto son siempre,
porque a toda hora esta en mí mente,
en mí tiempo,
ella, que es mucho más que todas las palabras
sin importar la cantidad de letras,
y mucho más que todas las horas.
Pero simplemente hoy
nos hicimos saber que estábamos juntos
a las cuatro en punto.
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Un suspiro y un café

Intento ver lo que nadie ve,
la esencia,
sentir lo que quizás nadie siente,
las paradojas del tiempo…
y viajo, viajé…
y desde esa madrugada
viajé en mi sentir a ella,
reté a la distancia,
a lo normal,
solo sentí en mi mente el deseo de ir…
la visité cuando dormía,
le acaricié el cabello,
le di un beso en la frente con mi alma,
vi su figura de ángel,
con mis anhelos le besé los labios,
y desde aquella madrugada
siento que no regresé,
que allá quedo una parte de mis sueños,
un anhelo hecho piel,
un momento hecho belleza,
un universo hecho nombre y presencia de mujer.
Hoy suelo visitarla como la primera vez,
desde mi distancia,
sin que ella lo sepa o quizás si,
desde mi rincón del alma,
de ese rincón que ahora es de solo de ella,
y quizás éste suspiro se convierta en un café,
y ese café en su compañía,
y quizás su compañía sienta la mía,
sin máscaras,
y porque no,
un suspiro se haga café.
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Dama con sombrero

Mirada de constelaciones,
incógnita del tiempo
a este lado de la encantación
y contemplación.
Allá recorro tu imagen
como quien lee un libro,
en cada página ensueños,
labios de vida,
brisa de primavera en tu cabello,
en tu mano destino.
Mirada de laberintos,
que invita lo que no se ve,
sentir;
dama con sombrero
en la tarde y noche diferente,
pero siempre termino en esa mirada,
y no sé si es enigma, otra dimensión,
realidad o irrealidad.
La canción para el momento
no la encuentro,
intento llegar a esa melodía oculta,
desde este lado de tu hermosura,
pero solo se me ocurre tu mirada y
un café que me acompañe…
¿Qué escribir cuándo esa mirada es un llamado al universo?
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Perturba

Perturba el sonido del segundero del reloj
en el más profundo silencio de la noche,
en donde todos los tiempos confluyen,
en donde te rasgan la piel y la mente,
buscando, escrutando cada rincón del yo más oscuro.
Perturba ese portal llamado madrugada
en donde ya no le pregunto a la vida;
me tomo un café a las 3am
mientras intento sentir con la música oportuna
en mi esquina preferida de la habitación,
donde un libro me extiende sus hojas
y donde a veces una hoja en blanco me invita a soñar e irme...
quizás era necesario perderlo casi todo
para saber el valor de lo real,
que el amor no es lo que quieres
sino lo que estés dispuesto a dejar en la vida
porque en la muerte de nada servirá,
quizás era lo que tenía que suceder,
a eso me lleva la madrugada…
¿A quién no le gustan los enigmas de la madrugada?
Perturban los laberintos que esconden la locura de cuerpos y almas indescifrables,
que buscan y esperan encontrarse.
Y mientras duermo,
allá en ese otro mundo de los sueños,
las moscas deambulan en la oscuridad,
son indicios de un pasado negro,
de vestigios,
el sueño se derrite,
la sangre emerge
y el tiempo solo es una figura de mujer,
que tiene en su piel, mente, piernas y cintura
las llaves del no-despertar,
la locura toda en ese laberinto sin formas…
dancemos antes de despertar.
Perturba el despertar que te deja la mente cansada,
te deja el cuerpo asfixiado,
perturba el recuerdo de la noche,
perturba no descifrar esa figura de mujer en ese surrealismo,
perturba el día que sabe será noche
y en esa noche busca esa figura de mujer.
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