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Sobre el envés
de una hoja de roble
resbala el alma.
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sin comentarios 17 lecturas japonesa karma: 87

Tu vuelo

Antaño fuiste
la que quiso doblegar el cielo
con su vuelo a ras de olas,
la guardiana agridulce
de todos los mensajes lóbregos.

Ahora eres lechuza pródiga y albina
digna sobre esta tierra verde,
a la procura de un hogar
donde descansar en el invierno,
eres lechuza,
a veces de voz cálida
como un reguero atrevido de pólvora,
otras acento tímido
como un rítmico balbuceo infantil,
ave rectora
de las noches de puntos cardinales
y de los sueños
dispersos entre jornadas nebulosas,
ateridas de frío entre el granito.
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7comentarios 86 lecturas versolibre karma: 91

Despedidas

Olvidadas quedaron las aventuras
con una multitud de canciones,
extenuadas
y apiladas sin orden alguno
ante los aledaños de nuestra juventud.

Atrás quedaron las estiradas noches
sobre las calles sin dirección,
rellenas con blasfemias
y con el contenido indescifrable
y sostenido
en el confín de nuestras copas.

Y es allí donde se nos quedó el desdén,
revuelto entre innumerables gestos
de circunstancias,
ante tantos otros noes por respuesta,
con los pies de plomo y dudas
flotando ante el vapor
del amanecer de cualquier sábado,
con la vergüenza
perdida entre nuestras llaves dibutativas
y en la oscuridad balbuceante
de una mirada
ante el quicio de la puerta,
ante la irreverencia de un cerrojo.

Sobre los tejados
permanecerá adherida,
para siempre,
la memoria gris de las noches de lluvia
y el recuerdo blanco de las heladas,
la luz bobalicona
de los amaneceres ebrios de cobardía.
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Solo (en silencio)

Una mano nunca antes vista
le reveló su vocación,
lo sentó en el centro de la plaza
para recitar su nombre;
entonces nos confesó quién es,
accesible ante la pulcritud
de nuestras ventanas clausuradas,
con emoción en los ojos
y con piel de gallina en los brazos.

Cuanto menos habla más pronuncia,
cuanto menos se cuestiona
mejor se orienta en nuestras calles.

Si queremos saber de él
no le hemos de hacer preguntas,
limitémonos a observar sus letras,
ésos sus escasos garabatos
sobre la cal mal extendida.

Visitémoslos de vez en cuando;
entre ellos adivinaremos,
entre ese nido
que son las filas de sus frases,
el yeso de muro viejo
sobre el que canturrea nuestra estirpe.
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2comentarios 70 lecturas versolibre karma: 97

Padre

Con el exiguo capital del que dispongo
nunca podré
regalarte por San Valentín
el viento
que tantas veces me has pedido.

Tampoco quiero
que me entregues por febrero
la luz oculta
que reconozco tras la sombra de tu cielo,
el fulgor
que tantas veces me has descrito.

Dentro del mar que te exigí
durante la anarquía de otros tiempos
tienes,
como entraña,
un pentagrama de acordes dormidos,
la esperanza de ser lira
entre las redes de un pesquero,
y un soneto
sorprendiendo con otoños las mañanas,
las madrugadas doradas de un sol
dormilón
y salpicado de cierzo.

Bajo la tierra
dejas canciones como estampas,
a la espera
de que unas manos las remuevan
con el agitar febril,
entre los dedos,
de un vals sin tregua,
dentro del vendaval
con el que solfeabas en lo inmenso,
director
con la batuta del destino.
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11comentarios 139 lecturas versolibre karma: 83

Recuerda

¿Recuerdas?.
Pisábamos mil baldosas
en las horas en las que comenzaba
a oscurecer,
los árboles de la Alameda
eran nuestro castillo,
y jugando al escondite,
casi sin ser siquiera roce,
me hurtabas de refilón un beso.

Me hacía entonces torrente tumultuoso,
me mutaba en arroyo
sobre el valle de tus ojos negros,
y salíamos a la carrera
hacia nuestro escondrijo descalzo.
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7comentarios 69 lecturas versolibre karma: 94

Canción y redes

El mar
tiene en las entrañas
multitud de canciones,
dormidas en sus fondos
y a la espera
de que unos aparejos
las despierten.
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2comentarios 67 lecturas versolibre karma: 83

Ocho estrellas

Afilemos viejos lápices,
esgrimamos tizas blancas,
unámoslos en barrera de armonías,
detengamos con su fuerza
la agonía de cañones
del hambre de los hombres,
escribamos las palabras
con las que remendar auroras
en ofrenda de las selvas.

Que nos inunde la paz,
volteada como diábolo
en su cuerda,
disparada como flecha
hacia la diana
de los sentimientos libres,
que estalle repentina
la esperanza contundente y absoluta
cuando cese la epopeya
de los duelos,
el combate por el pan
de cada día.

Soñemos
ocho estrellas blancas,
soñemos limpia la bandera
hoy ultrajada por manos negras,
soñemos en la paz,
en la esperanza,
volvernos sobre el mar
como una lanza
cargada de justicia y de prudencia.

Roguemos
por el tiempo en que será
la libertad
con la que abrazar la tierra,
con la que respirar presencias,
en la que dibujar
sin sombras
ni silencios ni cadenas.

De pronto se hará el mañana,
y este tiempo,
inflado de paciencia,
verá crecer los hongos y los setos,
y hasta el río,
guardián de los secretos,
hará remansos,
deteniendo el curso de su llanto.

Asaltados nuestros diques
reventará la paz en mil burbujas,
con cada espina,
en cada esquina,
en tus ventanas,
bajo mis puertas.
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Descalzo (en el Camino)

Me respiro en cada instante.
me conozco,
me descubro,
en canciones que el silencio me interpreta
como nanas de mis noches de vigilia.

Y estos dedos,
heridos de palabras,
revierten el dolor en esperanza,
con tintas indelebles se conmueven,
y estos pies,
descalzos en la tierra,
en arado fuerte se transforman,
remueven nuevos surcos de presente.

Con los ojos enfocados
cara al frente
continúo caminando sosegado,
enfrentando las verdades de mis años,
disfrutando de la vida que me alcanza.

Pues mañana me espera la distancia,
la lejanía,
el frío en la mañana,
el calor del mediodía,
el pasado que se queda a mis espaldas.

Mañana será otro día
de dolor y de placer en mis sandalias.

Un infinito de pasos nuevos
sobre calzadas,
entre viñedos,
sobre el asfalto o la piedra ennegrecida
por los pies que la han surcado.

Mañana será madrugada iluminada
entre pinos y castaños,
oficio de luces y de lluvias
bordeando con la aurora los peñascos.

Mañana,
entre mis brazos,
acogeré al Sol y a su silencio,
cantaré en sus huellas la esperanza,
abriré entre prados
nuevas nieves y senderos,
en el vértigo de saberme renaciendo
tras romper con los círculos pasados.
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14comentarios 149 lecturas versolibre karma: 82

Sin dudas

Hablémonos con valentía,
bebiendo en cada estrella
la chispa y el escorzo del deseo,
seamos los narradores
de lo más callado de nuestro aire
y de la cancelación de su clausura
sobrevolando nuestros planetas,
atrapándonos en el anuncio
de los jazmines nacidos desde el tacto,
poblándonos con el sabor
de la sal poseída en cada poro.

Alerta sea nuestra piel sobre el trébol,
rondando en la hierba
la huella de la selva descalza
y de los campos insondables,
sea a tu lado lento reposo cristalino
de mi entraña de guerrero nostálgico,
sosegado contemplar de tus cejas
y del resbalar sobrio de tu cabello
entrelazado con aromas de amor en rizos.

Impresos nuestros dedos imprecisos,
perseguidos a tientas
por todas las señales mudas,
arropémonos ante el horizonte
que nos arranque de esta llovizna pertinaz,
con los sueños siendo almohada
de dos piratas sin bandera ni encomienda,
peregrinos en la risa de los vientos,
oscilando entre las sombras
asombradas por nuestra desnudez
de cuerpos navegados,
y con la agitación de corazones
en el laberinto triunfador de nuestra espera.

Es por ello que deseo ser en tus raíces,
asir en tus manos el golpear
del tiempo de la utopía realizable,
que seamos dos en una fantasía
con el ritmo sin premura del bosque,
dos fuerzas únicas
en el encuentro ante las murallas,
que seamos el soneto de las hojas descalzas,
y que allí donde la mar se convierta
en pórtico abierto a la bravura,
allí donde el viento enfurecido
restriegue nuestras frentes
con todas sus toneladas de estepa,
que sea en ese lugar
donde nazcan las nuevas flores
con las que elaborar en el futuro
la metamorfosis de nuestros labios.

No tengamos prisa,
cualquier día y en cualquier hora
la meta se extenderá ante mis ojos
y en los tuyos se encenderá la Luna.
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Final de etapa

He vivido y voy viviendo
siendo el cofrade humilde
de la vieja hermandad de los viejos peregrinos,
abriendo rutas silenciosas en esta esfera de agua y tierra
que gira inclinada en su eje de perfección desbaratada.

Me he ido en muchos viajes,
he regresado en tantos otros
entregándole a mis ojos la mirada entre las dunas,
el salvaje furor de los ríos de locura,
he habitado en las cuevas y en las nieves.

Y un día de Diciembre me concedió el destino
renacer en un lugar de estrellas y de piedra,
un rincón inundado por las lluvias
y por un Sol de Otoño inflado de paz y de oraciones.

Solicité en el retorno que mis venas
se anegasen de un compás de seis por ocho,
pedí balbucear la niñez con el acento que es poema
de la mar en su amor para los bosques,
imploré la tristeza y la alegría de alojarme
en este lugar que roza el fin del Mundo.

Y en este pequeño país de azul y verde
descorro los edemas surgidos por los golpes
y las miasmas que sentí
en el rondo de mis templos decaídos,
dejo irse los placebos sugeridos en la grandeza enana
de los sentimientos remendados,
sostengo el equilibrio de bípedo ignorante,
observador del tiempo y alquimista de vivir.

Y en esta tierra verde tengo el temple
de saber describir con el silencio
el ágape de las aves sobre el limo ,
la carencia como sustento de abundancia,
la caverna del invierno hecha espíritu de luz,
la inocencia por linterna entre hogueras por San Juan,
este cielo alternativo de nubes,
de grises y de brillos,
es el germen aceptado de valores y de miedos
entregados en mis manos al nacer,
esta tierra de milenios
es semilla fecundada por la historia
bajo mi pellejo de roble de rebelión callada.

Ahora soy el que se busca agradecido
en las esquinas de estas olas y estos árboles,
con la consciencia de sentir las bendiciones
del regalo de escuchar cada sonido antiguo
como canción nueva que amanece,
ahora sé que éste es regazo final de mis etapas.

Y aquí me quedo,
vestido de algodón, lino y helechos,
lavando los recuerdos con sonidos ancestrales,
convertido por azares del destino
en beduino extendido sobre alfombras verdes
hasta hacerse mi aposento de fortunas.

Y ato en el embarcadero de mil instantes serenos
la luz de las tardes blancas,
echo cuentas con mis uñas recias,
y por veces me desnudo y me descalzo
o remuevo con mis viejos zuecos
la soñada tierra arada de mi juventud,
escurrida entre los dedos cuando embadurnó con su saber
mis plantas de nómada aturdido.

Búscame si así lo quieres aquí,
donde me quedo,
en esta mi morada de parsimonia sustancial,
aceptadas las rutinas de los días nublados o brillantes,
aquí donde son miles los ríos,
millares las montañas,
millones los árboles,
donde las estrellas quieren reflejarse en la mar,
aquí donde he olvidado
la añoranza primitiva del desierto.
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En torno al campanario

Brilla mi nostalgia
sonámbula de nuevas noches,
merma la disculpa de nuestros besos
y la metamorfosis
de treinta segundos de tu sonrisa.

Me abraso en la ausencia,
en tu cautela,
en el orgullo de los paraguas viandantes
y de los ángeles custodios
encendiendo estrellas en las aguas.

Son tus pasos minutos,
tiempo con sus agujas afinadas,
oración mística de tus labios en mi oído
y ocaso de tardes disueltas por vencejos,
son bandadas relucientes
diluidas en volandas
sobre la rutina del campanario derruido
por los combates tristes
del amargor de nuestros padres,
y es tu aliento calor para enseñarme
el sabor salobre del deseo,
con ardor de dichos de vidrio adolescente
ocultos en los párpados,
entrecerrados,
restaurando entre las telas nuestro instinto.

Nunca faltará una melodía
con la que aguardar por tus vestigios,
con la que dibujar con alegría tus arcadias,
nunca me abandonarás del todo,
clara sombra de canción secreta,
espíritu de eternidades,
mi humilde y tu constante huracán perpetuo.
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8comentarios 116 lecturas versolibre karma: 98

Nada tengo

Con el exiguo capital del que dispongo
nunca podré
regalarte por San Valentín
el viento
que tantas veces me has pedido.

Tampoco quiero
que me entregues por febrero
la luz oculta
que reconozco tras la sombra
de tu cielo,
el fulgor
que tantas veces me has descrito.
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12comentarios 137 lecturas versolibre karma: 111

Argamasa

Piedra a piedra se construye la libertad,
pero también las prisiones .

No son las rocas las que deciden
lo que serán,
son las ideas y manos de los hombres
las que eligen la argamasa
con las que que unirlas.
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Noctámbulos

Hoy me he reencontrado con este poema, escrito hace exactamente 4 años. He cambiado como persona, ella, la que recibió estos versos, no está en mi vida. Pero al releerlo he vuelto a sentir el hormigueo de viejas emociones. Por ella me hice poeta...

Son nuestras noches
arcabuces sonámbulos,
quietud de las mareas,
olas de palabras,
incendio de lunas orgullosas.

Son noches de heladas,
paraguas que caminan,
pies fríos sobre la hierba,
canción entonada
tras muros de piedra y hiedra
cuando me alcanzas en el ocaso
como el vuelo de un vencejo,
y te reclinas,
y descansan tus labios en mi rostro,
y me rodeas agotada,
asaltas mis respuestas,
y alcanzas mi deseo
cuando con tus palabras
siento el calor de cien historias,
y amas el ardor de lo que digo.

Escurriéndose
se disuelven nuestras noches
como sal,
o como lluvia,
o como arena de reloj sin tiempo
o del tiempo sin agujas,
de lienzo de pasiones
tras el horizonte plano,
oculto tras el cristal
de tus ojos entreabiertos.
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Un poema en la calle

Hoy redacto este mensaje
camuflado con la horma de unos versos
para contarte de toda la tortura
que en días grises amontoné en mis fauces,
de mis disculpas y culpas
trasladados en vida al refugio sombrío
de una choza de secas cañas.

Hoy desde la libertad te hablo
de aquellas veces que quemé las lanchas
con las que abordé islas negras
envuelto en el misterio de aprender,
convencido de que en la soberbia
se escondía la verdad,
de la travesía y escozor perdidos
en la existencia salvaje
que por instantes pensé sentir
sobre mis lagos angustiosos.

Ahora sé que he de informarte
de la escuela que es mi habitación,
del saber de sentirme un ermitaño,
de ese momento en que sorbo frases
y remuevo mi árbol fértil
para ver que sus frutos se desprenden,
tras dejar en el correr del tiempo
todos los murmullos esclavos
que fueron mi difusa propiedad.

Termino esta misiva
confirmado en el saber que nada tengo,
que no le exijo a los demás su coherencia,
y que todos poseemos un archivo
donde ocultar contradicciones,
tal y como disperso de mi despensa
la memoria de la asfixia y del veneno
perdidos en el siroco desplazado
a la frontera y abandono de la nada,
exhalada en las ascuas del pasado,
respirada en el rocío del presente.
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Nuestra borrasca

Gracias por conquistar mi tiempo
para conseguir que nuestros pasos
se detuviesen sobre las piedras
de las calles mojadas de tu ciudad,
gracias por empapar mis hombros
con el amor de tu borrasca.
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Para Lucía

Nunca te hagan callar,
nunca te humillen,
clama siempre con voz clara por tu origen,
por tu vida y tu destino,
hazte fuerte entre los vientos,
presente ante tu Sol
y ante las mareas y en los llanos,
sé unión y fuente de orillas diferentes
en este Océano en azul
que enlaza tus canciones precursoras.

Hija serás de los lirios y camelias,
navegante de rías y Caribe
crecerá el orgullo de tu acento de mestiza,
medrarás hecha raíz
donde desees que arraigue tu simiente,
tendrá tu tronco la fuerza de los robles,
te harás samán de densa sombra
que acogerá algún día a buen cubierto
a la labriega que te arrulla
con sus nanas de olas y de tierras.

Recuerda,
nunca te rindas;
con la frente alta y la mirada al frente
ve siempre hacia adelante,
con pasos firmes,
ve siempre valiente.
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Al final

Sentada sobre la rosa de los vientos
le habla de sus corrientes
con el silbido y con la traslación
de la brevedad de la arena.

Arde el agua.

Bajo la terca calma chicha
se incinera una estela
enrojecida en la torpeza de sus pies.

Se inicia hoy
en el navegar hacia la ciudad inundada,
hacia la villa impresa en negativo
negada por el mar y por el llanto.
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Índice de espacios

Quien primero se atreva a interpretar
los renglones curvos de las nuevas lluvias
que humilde alce su dedo índice,
y le indique a los demás
el recorrido de las nubes plañideras,
pues en la superficie de las olas
no se advierten las lágrimas profundas
que se aferran a nuestros arrecifes
como fruto cautivo de todos los naufragios.

Como barcos pequeños,
anclados en su espera en la ribera,
hemos de volver al viejo mar,
señor herido por la zozobra de sus duelos,
a dibujar estelas de consuelo
y cautelas que seres nuevos guardarán
enredadas para el futuro en sus pestañas.

En nuestro pecho habremos de acoger
el viento salado que escala viejos sueños
con el afán de remendar,
bajo la penumbra que se angosta,
las redes olvidadas en los puertos
de estos años de fuego y abandono.

Cantará el aire el rumor de antepasados.

Será señal para izarnos sobre el vértigo
y navegar para acoger entre las manos
las manos hermanas de las mareas blancas,
para olvidar esquirlas de la fría muerte
y orar callados ante la visión de orillas,
perdido entre las llamas de Poniente
el agotador faro del rencor.

Hablarán los astros,
hablará la Historia,
con su lenguaje antiguo y sabio,
antaño convertido por armas de venganza
en silencio oscurecido,
hablará en azul la aurora roja
de relatos que el tiempo hará brotar
naciendo en nuestros labios,
para bordar en las sonrisas de los niños
el futuro de renglones adheridos
a los signos de las nubes.
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