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Sísmico

Soy como una farola de gas que flamea en la oscuridad…

Uso bigotes de gato como tentáculos para captar las volutas que atentan a mi integridad.

Hago; Shhh…!!!!

Pero la espesura me engaña.

Hace siglos perdí mi arraigo

en algún extrarradio.

Sísmico: Soy un Ser sísmico.



Marisa Béjar, 09-08-2019

Imagen, Anka Zhuavleva
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3comentarios 63 lecturas versolibre karma: 104

Marsupial

Cuando era niña pensaba que al igual que la campanilla del apagavelas extinguía la llama de mis candelabros; algún día mi dolor se disiparía.


Aire estanco en mi alcoba.

Sobre el secreter

flamean volutas de humo

sofocadas de las velas.

Discurren desmigadas

y acharoladas al ventanal.


Dotes de mediumnidad,

cacofonías tras el cristal.


Soy el marsupial desparejado

que vaga por el sotobosque fangoso.

Ensamblo mi ruego al cielo,

hoy quiero catapultarme contigo.

Te veo, eres espíritu.


¿Amor disfuncional?

O un eslabón arcano en esta realidad.


Marisa Béjar, 21/06/2019.
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7comentarios 130 lecturas versolibre karma: 86

Tragaluz iridiscente

Hay un resuello que quiebra mi sueño…

Despierto en una alcoba empolvada,

cortinas burdeos de pana ventean alcanzando las ramas.

Aquí resido,

desde hace más de un siglo.


De sus labios brotó la esperanza,

las dríadas nos dieron su savia.

Vivimos en un celuloide verdeante

con vierteaguas para la distancia,

y centinelas que hiparan ante el peligro.

Desde la última estrella del cielo

nos vieron unidos con nuestro hatillo diamantino.

Me anclé un tragaluz iridiscente por sombrero

y te filtrabas cuando no estabas.

Pero ahora el tragaluz está enlosado;

te perdí vadeando el río.


El amor es subversivo, poroso, y usa anteojos sin vidrio.


Marisa Béjar 31/07/2019

Imagen Anka Zhuravleva
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6comentarios 80 lecturas versolibre karma: 88

Soledad

La soledad
es el viento
sin elemento.

Marisa Béjar


Imagen Anka Zhuravleva
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11comentarios 103 lecturas versolibre karma: 102

Amor de acuarela

Amor de acuarela,
lágrimas en lienzo legamoso
deslizando en hordas fantasmales.
En ausencia de dintel dorado,
se extiende el llanto de Níobe
en perenne cacofonía.

Te hallé en mi almena
garabateando mi vida en herbosas colinas.
Subimos la escalinata engarzada
de dádivas policromadas.
Serpenteamos la endémica huella de Perséfone
cauterizando el designio de Hades.
Vivimos arracimados entre flores de cerezo
obliterando el hielo.

Pero ahora estoy cubierta de líquenes malogrados,
¡asfixia del alma!
Ausencia de serafines lacayos.
¡Miscelanea de sátiros y faunos!

La esperanza es un ventrílocuo
con voz de estaño;
maleable y falso.

Marisa Béjar.

Imagen, Anka Zhuravleva.
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18comentarios 129 lecturas versolibre karma: 89

Denso océano

A veces en la oscuridad braceas en el denso océano
y al arribar a puerto el pavimento es punzante.
¡Los mercaderes arraciman
espectros vociferantes!
¿Qué fue del diamantino sueño del amante?


Marisa Béjar, 26/02/2019.

Imagen, Anka Zhuravleva.
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14comentarios 99 lecturas versolibre karma: 106

Funámbulo

Soy espíritu que yergue en el pasado.
Mis días son el hilo de esparto
que rodean el huso holográfico,
por eso mi mundo resta deshilachado…
Soy el funámbulo sobre cuerda de cristal,
endémica en plúmbea oscuridad,
si pudiera oírla crepitar…

Marisa Béjar 14, 02, 2019.
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17comentarios 148 lecturas versolibre karma: 100

La acróbata

¿Has visto cómo se desliza la niebla sobre el agua?
A veces armoniosa,
otras fantasmagórica y nudosa con rictus de sorna.
La niebla es la acróbata de la vida con vestido de lentejuelas rosa
que perdió el columpio
y ahora su cuerpo ventea en la sombra.

Marisa Béjar.
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23comentarios 185 lecturas versolibre karma: 113

La cruz cátara

De la aspereza nace el ocultismo.

La cruz cátara fondea en el valle del monocorde olvido.

Arramblaron sus cortijos,

¡quemaron a sus hijos!

La muerte: eterna amancebada

del poder hiriente

expolia Seres que se aferraron

al ventanuco de la fe.

Son espíritus encorvados

de rostros apergaminados

y ojos aguados.

Irredentos del sotobosque

con címbalos herrumbrosos

de vítreos sonidos

que tintinean en la beldad

de la indomable oscuridad.




Marisa Béjar, 18/11/2018
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16comentarios 207 lecturas versolibre karma: 121

El retrato

Mi alma habita en el zaguán de la imagen dorada;
baluarte de nenúfares purpúreos
¡sobrevivieron al Gran Diluvio!
Los códices de antaño
mentaron su retrato:
<<Ser con destellos diamantinos>>.
¡Llegaron asaltacaminos!

Rostro que oblitera hordas de infierno y rabia.
Belleza policromada
que aguarda mi estancia
en galanteos y siseos:
envites a los Campos Elíseos.

Oigo un chasquido agorero,
¡achico los ojos y no lo veo!
El aire está larvado de dolor.
Espesa calima virando
en roca caliza;
¡Arpía!
Hueles a curtiduría.

Plúmbea nostalgia
arrobada en su aura.


Marisa Béjar.
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18comentarios 192 lecturas versolibre karma: 121

Ente superior

Las personas necesitamos saber
que nuestros seres queridos nos quieren.
Porque a veces pasa
que dejamos de querernos,
y necesitamos conocer
que existe un ente superior
bajo nuestra jurisdicción.

Es la impronta
Ignota
del corazón idólatra.


A mi querida sobrina Estela en el día de su cumpleaños:
te quiero mucho, nunca lo olvides.


Marisa Béjar 11/10/ 2018.

Imgen: Katerna PlotnokovA.
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13comentarios 204 lecturas versolibre karma: 119

Agua

Soy el remero desparejado,
¡qué agravio!
Ahora al oír crujir los maderos
sé que puedo imbuirte
en las cacofonías de mi mundo incierto.

Me aguijona tu sonrisa, tu alma.
Por eso me retiro boqueando
a mi inmundo camastro,
trasegando los últimos días de dicha;
mi vida….

Los embistes de las olas
son envites para gozar de ti en la proa.
Subo circunspecto y sigiloso,
transito en pasadizos angostos…

Y sólo recuerdo el recodo de mi Ser en la barandilla,
y que a la bitácora suplicaba dónde te hallabas;
mi alma rimada.

Alma rimada.
Marisa Béjar, 11/10/2018.
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21comentarios 181 lecturas versolibre karma: 148

Diáspora de amor

Ahora sé que no
existe el jardín
que alumbró mi primer amanecer.
Es una derrota indómita;
como el llanto insano
del neonato
que se aferra a una célula
que Hera desea yerta.

Es una felonía
a la gloria que encandiló mis días.
Ese ser hollado en el tártaro
que oye el siseo de cántaros
por hadas moldeados…
Y acribillados
por abstrusos duendes
en paz hipados.

Y en ese intervalo
exangüe en aire
siento;
diáspora de amor.

Mi jardín
es el aerolito
que creí que salvaría
mi aura maldito.


Marisa Béjar, 23-12-2017
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El último round

Guau!!!
¿Qué es la vida sino caos?
Por eso estoy ahí, porque es mi último round.
He dejado más de una década en la lona;
táctica diurna y nocturna que culmina en virutas de insulsa espuma…
Puede que mi ego estuviera henchido de otro más solemne y laureado.
¡Qué es de nuestra vida sino del pasado!
Pero sé que nací guerrero… Forjado en el más desobediente sólido hallado, ¿diamante? No sé… guitarrista, escritor, jurista, deportista, animalista, filósofo, poeta y boxeador…
¿Alguien puede descifrar cuál es el más sondeable y certero rango en paz estanco?
¡Bravo! Yo jamás lo hallé en mi peregrinaje aciago.

La forlateza reside en el corazón, no en pos de lo que otorgan los sinrazón.
Pero estoy cansado y necesito navegar en mares despejados.

Acércate, te espero a mi lado.

Marisa Béjar, 27/11/2017.
La de la foto soy yo en uno de mis múltiples entrenos.
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Miríada de aullidos

Una miríada de aullidos
miméticos al Nilo
por tu vacío.
El pandemónium es donde habito,
entre seres con rictus de espino.


Marisa Béjar, 20 de septiembre de 2018

Ilustración: Anka Zhuravleva
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Camafeo de versos

Más allá de la lobotomía del silencio,
donde expira el quebranto
y se descoyunta la carne;
ingrávido aleteo
sin argolla de mármol.

El sofisma hexagonal
yace en la pira
de las verdades tubulares;
sin resquicios, sin finales…

Te esperaré en el cerúleo valle
de mis sueños.
Los topógrafos no hallaron el enclave,
debes escuchar el tintineo del ave
que custodia el camafeo de mis versos.


Marisa Béjar, 19/09/2018.
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Murciélago azul

Hoy tu ausencia me lleva a deambular por calles vacías. Sólo me acompaña una sombra titilante y alargada que se empeña en perseguirme. Me perturba su presencia porque posee vida independiente a la mía, se mueve de forma amenazante mientras se acerca a mostrándome sus fauces.
Observo el oscuro cielo desprovisto de estrellas, la contaminación las oculta y no me permite contemplarlas. Pero sé que en este mismo instante brillan para otras personas que respiran vida y no la mísera polución que me rodea.
Me siento en un banco y miro el edificio de enfrente. Hay algunas luces encendidas y lloro al pensar que podríamos estar viviendo juntos en cualquier habitáculo de aquellos. La luz que buscaba en el firmamento la vislumbro en la tierra porque es aquí donde te necesito y no en la vaguedad del espacio.
Pasa el tiempo y merman las luces del edificio. Puedo ver cómo a través de los ladrillos los moradores despiden el día y descorren las colchas para recibir el sueño que tanto anhelan. Unos duermen con sus hijos, otros con su pareja, algunos con sus mascotas y sólo hay uno que duerme solo: vive en el cuarto tercera. Y es exactamente en ese cubículo de luz donde a las dos de la madrugada se encuentra el alma desvelada.
Constato que escribe compulsivamente tecleando el ordenador, pero no sé si habla con otra persona o consigo mismo. Su mirada acusa una insondable melancolía. Asisto a un ininterrumpido goteo de agua que se filtra a través de aquella vivienda hasta la calle, son lágrimas capaces de atravesar un edificio.
Se ha formado un charco que serpentea errante entre las gélidas baldosas olvidadas por los transeúntes que duermen plácidamente.
Siento las extremidades entumecidas, el frio adquiere una virulencia impetuosa cuando se hiela el alma. Bajo los ojos y advierto que mi abrigo gris muta a un tono más oscuro en la parte del corazón. Mi abrigo se empapa, mi corazón se deshace en escarcha. Huye de mi cuerpo formando un sinuoso riachuelo sobre el pavimento. Me aterra su huida y presiono la mano para retenerlo, pero yerro en el intento porque ya no me pertenece.
Mi cuerpo languidece sobre las mismas tablas de madera que la tarde anterior dos adolescentes se prometieron amor eterno embriagados de felicidad. Quisiera contagiarme de aquella hilaridad que tronó hasta el cielo mientras dibujaban juntos sus vidas.
Declino en mi obstinación por aferrarme a mi corazón, la mano de desliza balanceando inerte sobre el reposabrazos del banco. Apenas puedo abrir los ojos, me voy acoplando al respaldo para no despertar jamás. Justo cuando creo desvanecerme eternamente, un murciélago azul se posa en el banco y emite un chillido sobrecogedor despertándome de mi letargo.
Al abrir los ojos veo que media un palmo entre los dos caminos de agua. Sin mediación de un plano, ni brújula se han encontrado. Miro hacia arriba y veo que el del cuarto tercera eres tú.
<<¿Pero qué haces ahí escondido? Si en realidad no estábamos tan lejos, pero te empeñaste en creerlo>>, pienso mientras lloro.
Mis últimas lágrimas obran un milagro: aumenta el caudal y se fusionan los dos caminos. En ese instante me ves y bajas a buscarme.


Marisa Béjar, 24/01/2018.
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El Cerezo

Soñé que atravesabas un campo de cerezos
cubiertos de blanca gala.
Paisaje albino,
óvalo divino
por mi amor guarnecido.
Hierba que arrulla mis piernas
con plumas de colibrí:
¡sí!, estás ahí.

Soy prisionera de tu tierra.
Fui engrilletada en roca y purpurina,
combinación que expolió mi vida,
pues los cuervos acudieron con sus llaves
de diamantes que ahora custodian en nidos de pegasos
cuyo hallazgo es un misterio:
como la muerte de la dulce Marilyn.

Con la suavidad que se desliza la pluma sobre el papel,
mis manos láudano en tu Ser.
Nuestros cuerpos fueron fieltro
en aquel cerezo.
Miríadas de hadas cacaraquean la gloria,
¡escribanos narran nuestra bella historia!
Tu mirada azul a través de níveas y algodonosas rosas…
El cerezo es el espejo de mi amor eterno: cenit de mi vida,
savia bendita que ansía mi alma proscrita.
Sólo necesito el espacio que abarcan tus manos,
viviremos dentro del cerezo
y él será nuestro Universo.

Sufro un desvaído
¡Despierto en el vacío!
¡Árbol impío!
¿Dónde estás amor mío?
Aquellas flores que creí aliadas
fueron pirañas
con dientes de guadaña.

Las Pleyades
yacen en simas fantasmales
huyendo de un cielo trastocado
que llora trasnochado.

El cerezo fue un infundio
y por ello vago perdida en un latifundio
de monstruos nauseabundos.
Sólo los juncos
me acarician hoy en este mundo.

Marisa Béjar, 11/01/2018.

El Cerezo, por siempre mi árbol favorito. 11/09/2018.
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Dolor insepulto

Es el dolor insepulto,
¡abrupto!
Escarnio al sabio
que postula teoremas
en frágil andamio.
El muérdago huyó a otra morada,
pues la hedionda almohada susurra: ¡Basta!
El aire es gomoso
y el camino angosto.
Sólo en el canto del mirlo
hallaré el acertijo.

Marisa Béjar. 10/03/2018.
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El desencuentro

Cuando era niña, creí en mi absoluta ignorancia que si luchaba y amaba una causa obtendría el resultado deseado.

Supongo que el ser humano necesita aferrarse a esta atávica farsa para poder sobrevivir.

Con el paso del tiempo se va diluyendo esa supremacía que creía congénita: sólo conseguimos aquello que está en nuestro camino. En la mayoría de ocasiones requiere lidiar contra los elementos, pero existen supuestos en los que simplemente aparece de repente. Sin esfuerzo: es como cuando a un chico adolescente le cambia el timbre de voz. Una noche se acuesta dando las “buenas noches” a su mamá en tono aflautado y a la mañana siguiente su voz resuena con un matiz más grave. Y ese devenir continua, hasta que se consolida la voz que le representará toda la vida… Es un proceso distendido, no hay conflicto, sólo el mero fluir del tiempo. Aunque siempre subyace una lucha: la madurez sobre la niñez, pero es una lucha consensuada.

El problema es que yo sé lo que se halla en mi corazón pero no dispongo de un oráculo que me muestre el destino. Y guerreo amando cada causa en la que creo. Pero mi espíritu reclama su ubicación en el mundo tangible.

Voy con una inmensa venda en los ojos, avanzando sin ver el horizonte, palpando la perniciosa y recalcitrante oscuridad.

No me propuse cotas faraónicas de imposible cumplimiento. Perdí mucho tiempo cultivando campos yermos… Ahora siento lástima porque asisto al peor de los desencuentros: mi propio desencuentro.





Marisa Béjar, 08/01/2018.
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