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Livor mortis

Desalados mis mares; desenrollados tus cielos en la quietud desesperada. Dos abismos al alcance de un paso extendido hasta el último polvo del Cosmos. Besas y temo. Gritas, y muero. Tu caricia es tela de ira. ... Fino el corte de tu pacífico llanto. Acerquémonos para apagar las luces. Surquemos en calandria los lagos del deseo o de la rabia, presos y dolidos los huesos. Removamos nuestros restos enredados tras el Livor Mortis. No habrá centinela interruptor ni serafín que reproche. Demos sitio a la ausencia de espacio en la colisión de las elipses... Cien millones de veces, crecidos y luminosos. Vuelves a enrollar tus cielos. Vuelvo a salar mis mares. Polvo colapsado en sus remanentes. Mil respiraciones. Se escucha la Luz... la Noche........... Nada.



Yamel Murillo


Mutual instauración©
D.R. 2017
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7
2comentarios 123 lecturas prosapoetica karma: 90

Bienvenid@

Los días de tus menos dos palabras estrangulan los métodos, en tanto las más dos mías hacen requisición del recuento de los daños.

Son incoloros por inherentes al por qué de mis respuestas, malditas pordioseras de tus preguntas.

Bajito escuchó tu oído al trueno sonar de esta campanilla, seca ya de tu isotónica palabra.

No hilaré ni una sílaba...

Bajito será el paso de mi cansado pespunte.

Te deberé el portazo. Prometo ponerme a cuenta cuando notes tu triste sorpresa flotando sobre ese charquito de estrellas... el de un adiós sin interlocutor, que será tapete de bienvenida en el huérfano recibidor de la nunca despedida.


Amén.



Yamel Murillo



Cloroformo, papel y pluma©
D.R. 2010
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9comentarios 83 lecturas prosapoetica karma: 118

Mi sustento

Escucho tu voz, firme, experimentada, versando un discurso sobre todo tema, sobre toda argucia de la cruenta vida. Me suena, nos suena tan cerca, a mí, al deseo, compañero de todas las noches, buscándote de la mano de la impaciencia en medio de ellas.

Puedo oírte, complaciente como un río, fuerte como un torbellino, y dices tanto que intento capturar tu timbre pausado en el trayecto de mi vasta imaginación, asaltando una idea viajera que vuela tras tus letras cariñosas y las recrea a partir de ti.

Te percibo así, como eres, inquieto ante las malas circunstancias... ese quebranto oculto en las líneas obligadas por el reflejo de la injusticia.
Y es ella, tu misma voz, que cuenta historias lejanas para ver desde mi ventana... para caminar tus recorridos; la culpable de mi paz y mi cautividad, vestida algunas horas de las ansias que te implantan en mis sueños, límpidos, opulentos de esperanzas veleidosas con mi voluntad de hierro intentando capturarlos y aguardando el amanecer, encallada dulcemente en tu rostro.

Cantas tu canción y me cobijo en su calor, mientras mi tinta sigue tejiendo esa alfombra en la biografía de mi sendero, argumento receloso de algunos, a causa de ser formada contigo, de la que penden mis más ardientes anhelos.

La noche se apaga lenta, sí, pero tu luz la hace pasar inadvertida.
No permitiremos a la duda colarse bajo las puertas, no ahora, no hoy, no en ti, no en mí...

Sigue cantándome las notas de aquel amor que me enseñaste, mi ostia y mi sangre, mi aire y mi vino... por quien vivo y respiro...
Yo seguiré haciendo de tu voz, a diario, mi alimento, y en mi vida menesterosa, haciendo de ti, lo que tanto pedí al cielo:

ya no sólo, mi medio pan...
el todo, mi sustento y mi libro.



Yamel Murillo



Confesionario I©
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2017
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10comentarios 139 lecturas prosapoetica karma: 91

Al soplo de tu voz

Te amo, hombre,
sobre todo lo viviente
y lo espiritual...
Te amo, cierto,
sobre cada idea
o vacilación del origen del amor...
Te amo, llama,
a cada minuto
del latido
en el fuego de mi inconsciente
para que sientas
cómo tu sangre, incansable,
grita mi nombre...

Te amo, total,
en las dimensiones
donde la nada,
hace eco
desde nuestros cuerpos
durante todos los segundos
que penetras la razón
y compenetras con la mía.

Te amo, íntegro,
hasta el cansancio
que no agota el remanso
con el que cobijas
la nostalgia de mi frío
cubriéndolo
del tenso lino
de tus dedos
y el licor canela
de tus labios.

Te amo, absorta,
poro a poro.

Te ama
toda la desnudez de mi alma;
el universo que te clama;
ese en el que ardes intransigente
y humedeces
sin lágrimas
permaneciendo
a la guarda
de sus viandas claras.
Te ama fresca,
la aún sequedad
de aquellos besos
que me dormitan
en la dulzura de tu apetito.

Te amo, aquí;
mujer tuya,
ansia líquida.
Te amo, yo,
apasionada
rosa de los vientos
que habita,
que siente
y perfuma mi vientre...

a todo soplo de tu voz.



Yamel Murillo



Amantísimos.
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2018
11
2comentarios 101 lecturas versolibre karma: 105

Bastardo

Fueron todo negro o todo blanco.

Llama ardiente en su isla de hielo...

Rígidos en la cúspide y cauces fluyendo; iracundos líquidos en celo, recorriendo las faldas de sus cumbres en medio del placer derroche.

Sólo una ternura yuxtapuesta en la antesala de las fallidas deducciones.

No eran sal del agua, sino el agua espesa a causa de ella.
Nada que entender sobre un espectro habitando la incomprensión de facto.

Si la carne, por implícita, debe retenerse y la palabra, por divagante, es desvanecido resplandor, el amor, luego entonces, es un cruel y llano resquemor, vulgar vástago sin nombre, de un espejismo...




Yamel Murillo


Incisiones.
El Diario de Paloma
D.R. 2017
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sin comentarios 140 lecturas versolibre karma: 73

Fuego Fatuo

Asida va de la gracia, la desgracia; la ruleta que impulsa los dedos del destino desmentido en la ilusión de su carnaval...
Una máscara dispuesta en la faz ajena. La canción repetida de las malditas faenas.

Un beso que hace un lustro, abrazaba, y hoy, sólo besa a mis espaldas. Un abrazo comprometido con el sueño del nunca despertar; del silencio que llora mientras su alarido se ríe en la gota desdibujada del desencanto ancestral.

No predice siquiera la noche, pues imposible es tejer presente y girar rueca en reversa, ni desnuda al día su profecía cuando no desea el discurrir de las cortinas... La pólvora aún tibia, impregna de injusticia a la convocación de un joven relicario. Húmeda le va la causa a causa de sus tristezas; tristezas antiguas bajo esa nueva cera... que no menguan; que derriten la verdad breve al calor de la lupa convexa...

Es el daño, el ignorado. Su recriminar es la posesión de lo despreciado. Es la lluvia que no era nube y la melodía ayuna de nota. Es arrancar a golpe puro, el afiche numerado del almanaque y suscribir con tinta, las piezas sueltas a los hechos de la compartición viril con aquellas Dulcineas de sus horas solas...

Es añorar, el tornarse en coraje para acallar sus ojos entrecortados de nostalgia. Invocar en la melancolía todos y cada uno de los nombres; de los rostros del alguna vez, su delirio cercano. Apagar la prohibición y prender incienso en lo profundo del lecho obscuro... concentrar su combustible y consumirse en la única almohada rota a mordidas de promesas; de recuerdos. Recuerdos de desencuentros leales y encuentros fallidos. Recuerdos que arañan, rogando a cada ser sublime de su tiempo, ser por no ser ni haber sido... Implorar perdón por no llamar al pan pan y al vino vino... a lo todo comido; a lo todo bebido; a la mascarada que habita dentro de su propio Dèja Vú y desde sus adentros hacia el todo, su todo vivido.

La vigía se estrena. Pretender desapercibirlos arrepiente íntegra la devoción.

Latires...


Alma a pecho tierra
ardiendo en leña verde...
todas las estaciones,
en llamas de su propio
fuego fatuo.





Yamel Murillo



Incisiones.
La mirada sorda©

El Diario de Paloma©
D.R. 2017
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9comentarios 119 lecturas prosapoetica karma: 95

Desposada

Llegas
próximo a la mañana...
De tu piel,
inmenso ámbar de luz,
se inviste tu imponente sensatez...
respiro de ella
el remanso
que le prodigué
la leve brisa nocturna.

Una vida transcurrió
bajo el estrépito
de las lluvias tormentosas
y la siega
por parajes dorados,
alcanzándonos
la dimensión,
las almas
al pulsar
de las manos extendidas…

Mas basto
fue el instante
a los lustros de voces ajenas
reconociendo entre ellas
tu solo llamado
en la más fiel de mis horas.

La incondición de un juramento
significó el deseo
colocado en mi sien
como guirnalda del vívido sueño…
dejaste sobre mi blanco velo
rosas de esperanza.

Eres bondad que adopto;
el sí por siempre;
la palabra, la cimiente…
el credo mutuo.
Eres todo amor.
Lazo inquebrantable.
Eres el amor mismo:
el Infinito mío.

Sonrío a través tuyo
el vivir de la alegría plena
de quien puede ver el Sol
sin cegarse siquiera
y admirarle devota
entretanto le ama.

Desposada
con la verdad de tu aurora
me veré ataviada
en el éxtasis de tus rayos,
cuando fundido sobre mi mar
te ocultes lento...
Tu calor, tara de mil valías
y tú, mi Océano Esposo,
permaneceran conmigo...

Para entonces,
vestirás de Luna
en el lecho nupcial.

Unida te iré
con sortija de fuego
en el abrumado
sigilo del alma.

Tras aquella,
nuestra primera noche
seré
la perpetuada en ti
en eterno ciclo.
Al final
de toda noche que cae;
al filo de todo amanecer,
podré así, amor…
contemplarte de nuevo.


Yamel Murillo


Amantísimos©
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2017
11
9comentarios 107 lecturas versolibre karma: 96

ᑭEᖇᖴEᑕTO

Tienes el nombre perfecto. Eres perfecto. Tus manos poseen fuerza, fuerza que invita al deseo de ser tocada por ellas. Firmes, tensas a puños cerrados entre brazos cruzados; arduas, vitales; dominantes de la debilidad de los míos...

Mis rodillas flaquean ante tu postura lejana y maldigo mi subordinada cobardía. Te escribo líneas blancas entre muslos, sin dedicatorias expresas; con tu nombre cerrado al calce, sobrio e inquietante pero abiertos al temor de descubrirte por entero a mi merced dentro de mis besos.
Al llegar el turno de tomar el trono, lanzas a mí tu pan como a espectadora de la Roma de tu circo. Apenas esconde la túnica de mi hambre el pezón erguido despierto en mi suspiro.

En el comedimento,
a la zafiedad
le apetece la extrañeza
de dos pieles que se inhalan,
con premura y sin olvido...




Yamel Murillo


Confesionario II
Caleidoscopio©
D.R. 2015
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5comentarios 93 lecturas prosapoetica karma: 106

ҽԹIԵɑƒíօ

Era el humo de una balada nocturna
y el tedio de su soledad azul.

Era la boca del laurear tímido y los nudillos hechos polvo, queriendo derrumbar los muros del silencio asesino.

Era la herida del labio. El dominio de su virgen de sueños infames y pasados de coitos rotos.

Era el bouquet a madera y a llanto;
a bríos y orgullo traspapelado.

Era la tez pura... la fotografía de mis constelaciones revelada en el cuarto oscuro de mi cielo personal.

Era él, compás quedo en sus cabizbajos ojos; cuerda gutural detonante de una perla líquida al insinuar de un amor desesperado.

Era el estoque al corazón que defendía.

Cierta noche, apretó los dientes, los puños y una sutil injusticia...

Su par, dentro de ellos, sintió un despedazarse
lento, como su llegada
y el precipitarse al vacío,
del último sueño.




Yamel Murillo




Incisiones
El Diario de Paloma©
D.R. 2018
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7comentarios 64 lecturas prosapoetica karma: 112

Piel dormida

Profeta y mago
que predices el dominio
de tu encanto
sobre esta piel dormida...

Con tu beso
asaltas la noche
y del relámpago de tu boca
se quiebran la sombras;
penetras ahora
la trémula estrella
víctima de tu sigiloso paso;
la que sabes tuya
y le reclamas pertenencia.

En el insomne palpitar
al fin obtiene recompensa
el desfallecer de tus anhelos.
Somos como aquellos desesperados
que se llamaban en silencio;
que se encuentran hoy
en el laberinto de sus cuerpos;
que se dicen todas las palabras
que por deuda se arraigaron...
Aquellos palpos serenos
a los que en sus sueños de fuego
y su lecho de rosas,
el deseo en descaro
presto les aflora
y en los secretos tácitos
de Lunas pasadas
encuentran tiernas sus razones perdidas...
y se pierden en las caricias
que desde siglos
les aguardaban.

Arribas y descubres
que el letargo de la tímida zarza
se devora
al sonido de tu voz...
que las cuerdas del arpa
se tensan
para interpretar
infinitas melodías de tus manos.

Ves que el paso
de mis columnas
pretende ser, solo por ti andado...
Que la hiedra del olvido
es en realidad
dulce miel
destilada de mí
al libar de tus labios.

Serás siempre
permisiva y voraz ansia
que consuma mis remansos,
cada vez que al ocaso
te disfraces de alba
y asaltes de nuevo
la nocturna alcoba
de esta, tu trémula estrella
que por ti solloza;
que por ti espera,
al palidecer del día;
al palpitar de tus dedos,
al roce de tu abrazo...




Yamel Murillo



La muerte perdida en el laberinto©
Caleidoscopio©
D.R. 2013
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8comentarios 105 lecturas versolibre karma: 117

ᏢᏒᎬᏞuᎠᎥᎾ

Esta noche,
es la misma
en el espacio de dos ciudades:
la tuya y la mía.

La primera la recorro
sin tiempo ni medida...
Viajas discordante
y al arrimarse
tu temblor inminente,
te dejo pacer
como presa
en mis mejillas,
y como miel
descender
para acercarte a mi boca,
dulce cazadora
sin coartada perfecta
ante el suave muro húmedo
de tu respirar...

Eres el hombre-niño
que curioso de lo que supone,
abre para sí
dedicado y salvaje,
estas dos incógnitas
donde le aguarda
una respuesta llorada
y quieta
a punto de ser desvelada...
Chiquillo travieso
que se goza del juego
de la madurez
mirando mi gozo
sobre el brillo
de sus ojos
en esa convergencia
de su día,
y mi noche.

Y me fluyes
como el mar bravío
en el que me has convertido,
a riesgo de contener
todas tus mañanas
y mis movimientos
sobre tu tierra lúdica y sonámbula;
para que me habites
soborno a la encrucijada
de los picos enaltecidos
por las rutas lluviosas,
para que vengas
y tejas sobre mi cuerpo
los colores del tuyo;
para que me seas el rojo abrigo
de los besos perdidos
por el lino de tu piel...

Y al mirarte desnudo
vuelve a mí
el aliento y tu descanso;
mi compañía callada...
mi amante de escritura;
autor de mis notas altas
garabateando mis paredes
con el acorde de tus manos...

Silencio sonoro
que te deleitas
en el doblez de mi carne;
en la rigidez del fuego
y el rigor de su golpe,
que me jura
adolescerse de mí...

Una canción que se toca sola
en nuestra habitación
cuando tu visita se extiende
y este deseo que muerde,
te la arrebata
para hacerme pasión
todas las horas contigo;
solo mías,
diluidas en el café...




Yamel Murillo




Hasta el último baile®
ᏞᎪs ᏒᎾᏟᎪs ᎠᎬᏞ ᏟᎪsᏆᎥᏞᏞᎾ©
D.R. 2017
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16comentarios 146 lecturas versolibre karma: 107

ʍí ղօʍҍɾҽ

Nunca tan plena
como si ningún eclipse;
nunca tan colmada
como si ninguna tormenta;
como ahora
vestida de ti
y del jade de tu cuerpo;
de tu fosforescencia nocturna
y purpurina.
Es el retorno
de tu boca tibia,
tu torso gallardo
y tu esmerado resplandor
lo que me devuelve la vida...

Va en pos de ti
mi joven canto nocturno;
el agua clara
y la orquídea
que me florece
en tu lecho
cubierto de oscura obsidiana...

Vuelvo a tus olas...
a la esencia de tus corrientes
uniendo lo que me descubres
y lo que eres,
para sernos uno sólo
cuando asciendes y me besas.

En ti;
por ti;
para ti,
sea menguante;
creciente;
nueva;
de ti,
tan llena...



Tú, me has puesto nombre.



Yamel Murillo


Confesionario®
El Diario de Paloma©
D.R. 2017
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14comentarios 124 lecturas versolibre karma: 96

HΨPᎾҜRISIS

Calles cerradas
de caridades vacías
por penitencias que asfixian
tus turbias realidades veladas.

No eres el llanto del atrio
ni la letanía en las cúpulas.
No llevas a cuestas
sino tus propias injurias.

Cierras los ojos
y abres tu juicio.
Muestras autocondena a voces
flagelando otras espaldas, mustio.

Guardas la fiesta
y violas el pesar.

Cargas cruces de materia
y en ellas,
crucificas indolente
cada par de huellas
que padece contigo en el camino.

Ahí vas, caminando junto al crío
que desarropado de amor
y frío de trigo
miras siempre sin afán
y abstienes tu vientre de pan
pero le dejas a él
hacer eterno el sacrificio.

Lamentas aquella omisión,
ese crimen, ¡tal olvido!
pero tus ancianos
perecen lejos del fuego
de tu chimenea
y la sinceridad de tu abrigo.

Visitas hasta el séptimo templo
rasgándote las vestiduras
con las mismas manos
que golpean, vejan
y dolor inquieren a las almas puras.

Desprecias las carnes de bestias
y te haces una
cuando de tu hermano te aborazas
y vendes al mejor postor
que tu oscura entraña lavas.

Dos caras de la misma moneda.
Una moneda que no vale nada.
Un valor que pierdes
cuando usas ambas
¡pretendiendo ser humano!
ser humano un día
y el verdugo de todos,
todos los demás segundos
de tus todos pobres años.



Yamel Murillo


Hypocrisis®
Caleidoscopio©
D.R. 2017
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17comentarios 140 lecturas versolibre karma: 90

ᖴᒪᗩᑕO

Creía tener un flaco adherido a la costilla de la que yo misma provenía, formando parte de su propio cuerpo...
Me figuraba siendo la gota de saliva resbalando de su boca, descendiendo de la mía hacia mi cuello, las todas y ninguna de las veces que nos besamos...
Supuse ser el punzar de un pensamiento retumbando desde su intención hasta su vientre, cuando sus celos desbordaban el dique y era inútil contener la represa de los que él me despertaba...
Parecía ser insuficiente su voz y su respiración agitada para arañar su espalda al otro lado de la línea cuando el ansia nos exaltaba...
Creía tener un flaco en la costilla; fiel al dogma de ser yo; fiel costilla de las suyas...
Lo sentí, tibieza de mi lengua; el soplo dulce en mi oído, cuando su cuerpo se fusionaba tras el mío y galopábamos juntos al calor de los sueños...
Creía tener un flaco adherido al alma; tanto que adivinase de la mueca de mi boca, emulándole; tanto como para sacar la espina de alguna sospecha que se clavara en mi mente, temerosa de perderle...
Creía tener un flaco estepario; pasional; increpante e irracional a la hora de romperme la soledad a golpe del pudor desprendido de sus manos recurrentes, pero al tiempo, total equilibrio cuando despertaba mi corazón a su consciencia con la ternura estrecha de sus brazos...
Creía tener un flaco que contaba sus historias con mi imagen pequeña mientras con sus dedos me destejía confusa para tejerme de nuevo,
en la madeja de su caricia
más profunda...

Creía tener un flaco que me pedía no marchar.

Creí...

El pulsar de mi labio entre sus dientes
y ese denso sabor rojo sal
me despertaron de pronto
a la realidad...

Creía tenerte mi flaco. Creí...

es que,
aquí estás.



Yamel Murillo



Des-cértidumbres.
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2017
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ᎪNᏩᎬᏞ ᎠᎬᏞᎪᎢᏫᎡ

Un silencio sega... El tuyo, por propio derecho. Secciona. Me recorre leve y discreto; diáfano en su aroma pero profundo y ardiente como aguardan los adentros de mi líquido anhelo.

Extenuada de ayeres, no he traído a ti las estrellas besadas con las que te recibo en mi portal; ni el azul, apenas celeste reflejo del marco en tu boca de luna.

Se agotaron las margaritas deshojadas por mis manos donde sonaba un 'me ama'... el ave calló y mi voz se quebró en el estremecer de la noche continua... en esa deliciosa fricción queda y ocurrente de dos locuras rompiendo el minuto de la nada...
Quedaron los labios henchidos latiendo el pundonor extraviado en el último desafío.

Te recibo tibia... expectante. Presurosa atravieso el pulso que agitas con mi nombre entrecortado al roce de tu boca.

En esta hora acudí a ti, así, circunspecta... sin estrellas; ni azul celeste; ni margaritas en las manos...
Fui por un instante, un alma en desnudez. Piel buscando en lo eterno de la tuya el abrigo ante la ignorancia de sus magnitudes.
No está mi flor dispuesta a sacrificar por retraerse,
la saeta amada que le perturba la razón...

Desciendes Ángel a desenvainar tu espada en el monte de tu templo... Moras en su Edén...Tú, su dios, su amo...

Ángel que sublimas. Venerado mago de palabras... poderoso ingenuo; expones mis coordenadas replicando y arribando a dominar los renglones de una partitura que sólo reconoce tus dedos...

Vengo a ti al tiempo de tu venida. Me miro ya, rodeada del centelleo de estrellas nuevas; de claves de Sol, azules cielos y blancos pétalos; todo reflejo de mí,
inmaculada de perlas,
en el espejo de tu cuerpo...




Yamel Murillo



Intimísimos
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2017
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мιѕιvaѕ perғυмadaѕ

Alzo la copa por aquellos forasteros asidos al mango del abrecartas, que alaban con dulzura la pureza del amor, mientras te van atravesando el alma.




Yamel Murillo



Incisiones
El Diario de Paloma©
D.R. 2014
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9comentarios 127 lecturas prosapoetica karma: 115

ɑժɑղ վ Տմ օԵɾօ ϲɑղԵօ

Como rompe el cielo de súbito
la hoja de plata de una noche,
así de certera cae la lágrima
detenida en el mentón de una alborada.




Yamel Murillo



Crónica Verónica®
Postdatas sin remitente©
Caleidoscopio©
D.R. 2014
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Amor Real

Muy a pesar de que el reloj nos juegue un poco en contra ahora que vamos ganándole partido; incómodo tal vez por verme quitarte la chaqueta y recibirte con un beso cada noche para hablar del siguiente paso, no doy tregua...
Le he burlado tanto que él mismo se ha confundido de las horas por marcar.
Quiere oscurecernos el cielo mientras tú me amaneces, y su celo es tal, que te envuelve de mentira, la insinuación de que se apaga para ti; aun cuando sabe que rompimos sus manecillas desde el primer minuto que vislumbramos su condena a la eternidad, pretendió abrazarme cuando se agotaba la arena en caída libre, pero tus brazos le arrancaron de mi sombra y me crearon brasa ardiente destellando brillos de lavanda y sal sobre tu cuerpo...

No podrá más, evitar a mis yemas deslizarse tenues a lo largo de tus recuerdos y despertar en tu piel la contundencia de mi roce.
No impedirá el impetuoso clamor de dos almas que cabalgan rumbo a sus aromas y lubricados sueños, rendidos ya, ante el toque de sus propios versos.

¿Ves que el reloj fue vano
y en vano su mal deseo?


Entras ahora en mi alcoba... penetra el vapor de tu esencia de caoba; vuelan tus besos de lima y estallan dentelladas de cedro...

Burlamos otra alborada al tiempo.

Huelo a ciruela y campo abierto, abierto a ti; al sabor del mutuo desasosiego.

Huelo a ti: a verdad;
a menta; la suerte de una diosa...

Huelo a ti
otra alba;
otra noche.


A ti, real.


Amor real, de amor eterno.




Yamel Murillo



Alegorías de un marzo decimotercero®
Amantísimos.
Las Rocas del Castillo©
D.R.2017
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11comentarios 155 lecturas prosapoetica karma: 105

C͟͞A͟͞T͟͞A͟͞R͟͞S͟͞I͟͞S͟͞

Llueve esta noche.
No hay azoro... le amo aunque me quema.
Soy una tonta al convocarle;
llega sólo si le place.
Ella conoció de mis altos secretos
y el sabor de todas las bocas
que le precedieron.
Me humedece los ojos
pero ¡qué más da!
no puedo aborrecerle.

Sin su sal que me escoza,
sin su frío que pretende amedrentarme;
aunque bien sé de su frío imposible,
muero de sed en medio del fuego
de su azaroso beso que me abrasa.

Lluvia, eres mía. No puedes cambiar eso.
No puedes evadir el hacerme tuya
cuando me he secado
sobre tu cuerpo...
Resbalo de tus alicaídas gotas.
El cielo de tus nubes apóstatas de grises,
amenaza aquel 'amor a voces'
que me niegan tus andanzas.

Sigues cayendo
intermitente;
interminable, dudosa.
Cargas el miedo
en los algodones suaves
y mullidos de tus paradigmas.

Tú eres quien odia.
Eres el hielo del encono
y me colocas en la pira
inmovilizando el tiempo marcado
por tu necia manera de quererme.

Rivales.
Amantes.
Locos,
porque no cuerdos...
de una historia corta de palabras largas.

Te guardo en un frasquito...

¡Te evaporarás, no mientas!
y en tu agua
ascenderás 'gran amor', al sol,
empapándome alguna vez.

Descenderás opuesto.

Te evaporarás tú...
Yo,
en ti,
hasta mi catarsis
o la consumación del mar de los silencios.



Yamel Murillo



Postdatas sin remitente©
Caleidoscopio©
D. R. 2016
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14comentarios 233 lecturas versolibre karma: 99

AྂMྂAྂNྂTྂEྂ AྂRྂTྂEྂ

No he visto amanecer, en el que tú, Vida mía, no asistas a pincelar un universo para mí...
Eres el Clásico cuadro del día; lo pintas de óleos, sin prisas, con riguroso detalle de elegancia semejante a poesía de Goya. Entretanto buscas llegar al tono de tu agrado, me das la bienvenida con el Sésamo del Sol; pincel de marta usas para retocar tu obra en mí de Ámbar en la sonrisa de un Alla Prima de Brugada. Tu Romanticismo me lo obsequias de rosas albaricoque sobre Ágata y Mármol, en delicadas caricias. Subes de intensidad al Magenta de tu ímpetu y cuando menos lo espero, imprimes tu toque de Esmeralda y Pan de Oro a la sensual forma de árboles que tiran frutos de amor y duraznos en un extenso jardín de Beruete y Moret. Yo sólo me dejo llevar por los colores de tu hermosura.
Asumes mi atención y con tus artes mágicas me creas a partir de un Sumado, y tu deseo en coral; impones y acentuas paisajes curvados de malva; de satín, seda y velo como a mujer de Barrau; majestuoso remarcas de naranjas que me abruman y seducen... logras entonces mi Renacimiento. Suenan notas de artista experimentado en la paleta sobre tabla de Borgoña y transformas una pequeña gota de Cardenillo de Bondad y Aloe en un sutil pero embriagador paisaje de Sorolla, en Lapislázuli, Turquesa y Aguamarina, abriendo el panorama al infinito océano de posibilidades, ahí donde resplandece el Jade y el Xanadú. En el aire, se respira trementina mezclada con tu inquietante aroma a cedro y lavanda.

En exquisito boceto aún inconcluso, me acompañas y la música despliega la imaginación ante tanta belleza...

Te aliento a esa hora en que las aves de la tarde ocultan la frescura de tu trazo, a curar el Paño con Blanco de plomo, Arcilla y Aceite de lino; te hago convocatoria a permanecer a mi lado... tu respuesta: me conminas a pintarte con tu propia técnica, la de tus ancestros. Tus brazos se me delinean cual tela de algodón, curada con Fe de Cretta; le agrego mi toque personal con gotas de Gesso del Empeño. El mejor consejo del artesano es que, de tal suerte, la obra final será más duradera.

Apenas percibo que ha caído la noche porque de soslayo nos oscurece el Índigo hasta un tenue Zafiro, Azafrán y Plata del ocaso firmados con tu Luz de Luna. Barnizas de Azur y veladuras de Nácar la despedida y somos almas heterogéneas de única textura, en un perfecto Nocturno de Dols.

Conoces la agonía de este momento... Las despedidas ensombrecen los horizontes más luminosos. Deberás venir a consolar tu ausencia con esa pasión tuya Escarlata, el impasto de Marfil de tus besos y una nube, que sé, has retocado con la intención de visitarme al sognare... una imagen sin intermediarios ni espectadores.

Eres siempre, Azul Celeste, profundo enigma de mis nocturnos desafíos. Ocre y claridad de mis almas. Me concibes tal y como soy; como vuelo; como me retratan tus delirios:
la carnación de la vivamente enamorada.

Sigue creando, te pido, mundos maravillosos para mi deleite. Dibuja concéntrico, las historias que el ideal te inspire, trazándome encáustica los labios de tu luminosidad.

Yo te besaré a cambio
con suspiros que te llevará el viento
y te diré que también se extraña
lo que jamás se ha tocado...

Serás mi ser
y al romper del crepúsculo,
volcada me haré lienzo;
mis manos el marco
al libre movimiento de tu pincel.

Montea de tu realidad y obra pura del amor...
de tu perfecto arte.



Yamel Murillo




Intimísimos.
Caleidoscopio©
D. R. 2017



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