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No es por los aplausos

No es por los aplausos.
Es por verte. Saber que sigues bien.
Es por mirarnos. Saludarnos. Entendernos.
No es por los aplausos.
Es por el tiempo y la soledad.

Es por que estamos juntas en esto.
Es porque lo que importa era esto.
Siempre ha sido esto.
Mirarnos. Vernos. Saber que sigues bien.

Es por verte abrir las ventanas.
Día tras día. Ahí estás. Aquí estoy.
No es por los aplausos.
Es porque,
aunque cansada y perdida,
sigues estando ahí.
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Un desorden de pasos, un secreto enterrado

Se inclinan las olas mientras susurran preguntas.

Escucha bien, es el insomnio de este vaivén.

Un secreto enterrado en inviernos,

un desorden de pasos sin besos, sin barca de coral.



Tras la puerta, un puzle se acerca despacio.

Tras los escombros, un baúl se abre en el incendio.

Escapan silencios y horas como cabellos de Pele.



¿De qué puerto desembarca este hábito de niebla?

¿Y si no fuera niebla, sino abrazo?



Aquí, escucha. Se inclinan los sueños, construyen ojos abiertos.

Escucha bien, son tus manos desatadas.

Dedos hambrientos que no saben dónde van.

Y siempre están izando vela, buscando el tesoro.



Domingos sedientos deslumbran mis costillas,

mientras desentierran caracolas de arrecife.

Ya ni sé si buscan la salida del laberinto.



Ya ni sé si se suben al árbol para atrapar tu nombre

durante el día sin sombra del año cero.
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Casi inciertos, tan inevitables

Hoy que no es domingo
intento calmar
el rugido de la tierra
que se abre bajo los pies
cuando falta poco
para ser ahora.

Ayer que no era lunes
quise dejar de ver
el vaho del espejo
cuando quiero leer
lo que quiero leer.

Planto miles de caricias
con abecedarios y fechas,
con testigos e intrusos,
con veletas y batallas.
Acero las excusas
porque me dijeron
que si no,
se atropellan solas.

Hoy que no es
el primer día
de la vida de nadie,
busco una rama
donde ponga
nuestros todavías.


Cerezos con sellos,
caducados.
Desayunos
casi inciertos,
tan inevitables,
como el imán
que son tus ojos,
tu boca, mi hogar.

Hoy, no somos
pero mañana, sacaré
las dudas del equipaje,
por si el domingo
sí es domingo
y los cerezos
estallan en cometas
llenas de besos.

*
Poema original de la canción 'Tus ojos, mi equipaje (de pennylanebcn) publicado por primera vez en 2011.
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Puritanas o guarras

La vida es eso que pasa
mientras averiguamos dónde van las comas y las tildes.
La vida es eso que pasa
mientras Villarejo amenaza con tirar de la manta.
La vida es eso que pasa
mientras Felipe González siente orfandad política.

La vida es eso que pasa
mientras Felipe habla de democracia en Cuba.
La vida es eso que pasa
mientras te ofende un Fuck Vox de Rosalía.
La vida es eso que pasa
mientras Losantos , Sostres y Herrera
intentan que alguien les haga casito.

La vida es eso que pasa,
mientras llamáis a las mujeres
puritanas o guarras.
La vida es eso que pasa
mientras sobrevives a los gilipollas.
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Podría salir mal

Ayer planté una semilla.
No sé qué saldrá.
No sé qué ocurrirá.
Igual no pasa nada. Y todo sigue igual.

Pero todo lo que hacemos
influye de una forma u otra en los demás.
Todo. Aunque no lo veamos.
Somos creadores y creaciones.

A veces, te lanzas sin pensarlo demasiado.
Lo piensas, un rato. pero algo aquí dentro,
algo, te dice que debes plantar la semilla.
Debes. Pero… Pero, nada. Hazlo. Ahora.

No lo pienses más.
¿Y si…? Y si, nada. No te busques excusas.
Podría salir mal. Claro.
Y también podría salir. Bien.
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Repite conmigo: no soy palabras. Ni comas

A mí, tú no me lees.
A mí, tú no me pasas de página.
A mí, tú no me relees una y otra vez.
No hay marcapáginas señalando por dónde.

Yo a ti no te inspiro.
Repite conmigo: tú no me has soñado.
A mí, tú no me has pintado, ni escrito.
Repite conmigo: no soy palabras. Ni comas.


Olvídate: no soy eso en lo que piensas
cuando te quedas mirando por la ventana.
No soy tu creación. No eres mi creador.
No soy algo, No soy tuya.
Tengo un nombre propio. Soy mía, solo mía.
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Un buzón espera

Un buzón espera a que llegue la canción con su nombre,
mientras este copo de nieve se mece con la brisa.
Hasta que alcanza tu pelo y sueña.

Un bote de remos espera a la carta que dirija su vuelo
hacia las vías del tren por donde te busca la vida.
Empujas el columpio y alguien se levanta de nuevo
hasta que llega la carta con su nombre.

Nos sentamos en escalones de piedra
y todo huele a nuevo, a semilla.
Miramos hacia arriba y jugamos a ver estrellas.

Nos sentamos a ver cómo nace esta canción.
Cómo se mece su latido con la brisa.
Cómo el copo de nieve alcanza tu pelo y sueña.
Mientras miramos hacia arriba y jugamos a ver cometas.
Mientras miramos hacia abajo y florece tu nombre.
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Con paraguas alemán y tono de Podestá

Verán, vivo en el tejado,
de un edificio, en el que el 10,
se instaló un inquilino,
con paraguas alemán
y tono de Podestá.

Cada tarde, nuestro varón, puntual,
a las cinco, interpreta
una aria distinta.
Y cada domingo, un tango de Eladia.

Y no sé su nombre
ni su profesión.
Ya se lo dije al gato
(cuando está enseñando a volar a la gaviota
y se pone nervioso, y me acribilla a preguntas).
Pero, chico, le dije,
deberías haber escuchado ayer
Nessum Dorma.
Con escalas de Rivero y nostalgias de Poveda.

Justo, le estuve escuchando,
naciendo,
en mi habitación,
justo entre la chimenea
y la parabólica de la TDT.

Anteayer, me pilló en la cocina,
la que comparto con Renée, la gaviota,
que curiosamente no para de leer
no sé qué historias de un erizo.

Acabábamos de saludar a la avioneta roja,
que siempre pasa
con cinco minutos de antelación,
para buscar
no sé qué planeta y agua y maíz.

Y siempre cinco minutos tarde,
vemos que encienden el faro,
que da luz, sí,
pero yo diría que parecen llamas.
Llamas que parecen huir del presente,
nunca del pasado.
Con las agujas algo desmagnetizadas.
Nunca encuentran,
porque no tienen ni puñetera idea
de qué están buscando.

La semana pasada
pasaron cerca caminos de olvido
y tierra en los ojos,
De vidas desplazadas, paralizadas.
Hambre, horror, cristales rotos.
Éxodos y minas que te obligan a pensar
"esto es un sueño que pasa".

Por suerte,
son las cinco.
Por suerte,
siempre hay un refugio.
Para nosotros.
Pero,
¿y para ellos?
¿y para ellos?

*

poema publicado en junio de 2010. Está incluido en el poemario Invítame a vivir, disponible en Ecwid.
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Cuéntame el sueño de ese mundo más allá de Júpiter

Cántame una canción.
Una que me haga llorar,
que rompa el cemento
de los corazones de todos los hombres.
Que me quite el miedo durante unos días.

Escríbeme unos versos.
Que no rimen, que no sean de amor.
Que deshagan el hielo de las calles.
Que rompan todos los cristales.
Una nana, eso es lo que quiero.

Una nana que me diga que todo va a ir bien.
Que mañana será otro día, que todo será diferente.
Que todos seremos diferentes. Que el sol se pondrá por el este.

Cuéntame que sueñas con pasos de baile en el salón.
Suéñame en colores y globos por toda la casa. Suéñame.
Regando las flores para que no se pudra la razón.
Flores y risas en el suelo, en puertas que abren presentes.

Cuéntame el sueño de ese mundo más allá de Júpiter
en el que gobiernan los niños y ya no tienen miedo.
Cántame un cuento de dragones,
una nana que eche a todos los monstruos al fuego
y me diga que mañana será otro día.
Miénteme, baila conmigo,
dime que el sol se pondrá por el este
y que mañana todo será diferente.

*
Canción del poema: 'Miénteme'.
Se puede escuchar en todas las tiendas digitales.
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Trocitos de mí. Al puzzle le falta una pieza

A

Hacen planes.

No entiendo nada.
¿No ven que llevo puesto tu pijama?

B

Gardel en taquilla.
¿Girondo de nuevo?
Sí. Una. Mientras no sepan volar. Una, por favor.

Hasta mañana. A la misma hora. En el mismo lugar, Gardelito.


C

No me protejas.
Hiéreme.
No me cubras.
Quémame.

No dejes nada para los demás.


D

Es agotador
no entender
lo que gritan los otros.

Pero más aún lo es
no descifrar las coordenadas que me das
por culpa de las interferencias
del maldito teléfono que usas.


E

Aquel día
corté mi pelo.
No tenía una montaña a mano
desde la que chillar.

Contigo, las tijeras,
las tiré al mar.
Y a la montaña, si acaso,
vamos
a quitarnos las espinas.

F

No soy mármol.
No soy folio demasiado blanco.
No soy pared recién pintada.

No soy un ángel.

No me mires desde el otro lado de la puerta.
Mírame, como me miran otros.
Pero a la vez diferente.

Dibújame.
Y acompáñame a buscar leña afuera.
Hoy hace invierno.

*
Poema publicado en Invítame a Vivir el 26 de mayo de 2009.
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Dimito. Estoy harta de que me mires

El barquito estaba en una botella de cristal. Llevaba años encerrado. La botella no estaba cerrada, eso es cierto. Pero no podía irse. Había una mujer, jardinera de enredaderas, que le miraba casi cada día, durante horas, con los ojos iluminados. El barquito pensó que ella imaginaba viajes y lugares por descubrir mientras le miraba. Muchas veces deseaba que lo sacara de allí para poder verla de cerca, sin ese maldito cristal. Pero ella prefería mirarlo desde lejos. Soñando, radiante y feliz, sin poder dejar de observar todos sus pequeños detalles y secretos encerrados en esas velas que habrían visto mares escondidos y amores que hacen que puedas ser tú.

El barquito quería llevarla a ver todos esos sitios, pero ella tenía miedo de que la vela se rasgara, de que el mástil cayera por una tormenta, una de esas que hace irreparable el futuro. Así que nunca se atrevió a tocarlo siquiera. No sabía qué sería de ella entonces. Se conformaba con mirarlo. De lejos.

En la casa de la calle de atrás, un pintor, colgaba en la pared su último óleo. Hipnotizado, como tantas otras veces, con la luz de aquella mujer. Se coló una noche en sus sueños y lo cierto es que, desde entonces, vivía obsesionado. Aunque lo había intentado, nunca era capaz de pintar nada que no fuera ella.
Paseando por la ciudad, alguna vez pasó por delante de un café y creyó verla sentada, escribiendo, en su mundo, ajena al resto del universo. Se paró unos instantes, pero se dijo: No. ¿Y si no es como la he soñado? ¿Y si todo cambia? Jamás. Se fue casi corriendo, no fuera que ella le reconociera y le dijera "Hola". Mejor sería seguir pintándola y mirarla de lejos a correr el riesgo de que le decepcionara.

Un día, la jardinera y el pintor llegaron, cada uno a su casa y, por primera vez en semanas, hacía frío. "Qué raro", pensaron. "Habré dejado la ventana abierta", concluyeron. "Aunque no recuerdo haberlo hecho". Dejaron las bolsas de la compra en la cocina y sintieron escalofríos ¿de dónde había salido tanto silencio? Es posible que los dos miraran a la lámpara del techo extrañados por la poca luz ¿se habría fundido una bombilla?

Pasaron por delante de la mesa del comedor pero iban tan concentrados a ver a sus musas que ni se dieron cuenta de la hoja blanca. Lo primero que vio la jardinera fueron trocitos de cristal en el suelo. Lo primero que vio el pintor, una silueta blanca recortada donde antes había la mujer a la que temía conocer. En cuanto al papel, sé que tardaron muchos días en tener el valor de leerlo.


Uno ponía:

"Dimito. Estoy harta de que me mires."

En el papel del barquito no había letras (es bien sabido que no tienen pulgares oponibles). Había color azul y todo olía a sal. Algo de luz y el eco de una canción. Y restos de lágrimas. (es bien sabido que los barquitos de las botellas también lloran con las despedidas). Y al lado de la nota, una brújula y coordenadas, junto a un caballito de cristal preguntando con todo su cuerpo.
Esperando.
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Desentierras mis huesos de escarcha

Un avión sobrevuela las sombras.
Clavan sus espinas en un rayo sobre el árbol herido.

Hay demasiados cristales en el suelo
como para no hacer ruido.
Hay demasiado ruido en este espejo
agrietado de niebla.

Desentierras mis huesos de escarcha.
Sujeta las cinchas,
que no se hundan en el barro.
Palabras que no tienen ningún sentido.
Relojes que atrasan un siglo.

Un ejército de sombras que infectan la herida
y cierran con llave cualquier solución.
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Deja que recoja mis pedazos. Algunos están debajo del sofá.

Deja que recoja mis pedazos.
Déjame caer. Deja que no me levante. Un rato, al menos.
Déjame ahogarme y volver a respirar.

Déjame sentir lástima de mí misma.
Un rato, al menos. Para ya de animarme.
No quiero estar bien. Aún no. ¿Por qué tanta prisa?

Quiero dejar de disimular.
Déjate de mierdas positivistas.
Cállate. Un rato, al menos. Y llévate tu taza de autoayuda.

Cállate. ¿Quieres ayudarme? Cállate y espera.
Siéntate a mi lado y cállate. Deja que entienda por qué todo.
Deja que encuentre mis pedazos.
Algunos se han colado debajo del sofá.
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Culpa de ser otra y no ser otra

Un hombre cansado arrastra el otoño en sus zapatos,
levanta la mirada lo justo para cruzar la calle.
Un remolino de hojas amarillas embota sus sentidos.
Sueños de niño, niño perdido, río de piedras.

Tiene todo el tiempo del mundo
y olvida cómo se construyen las cometas.
Olvida que antes tenía un nombre
y repite barrotes con mentiras de otros.

Una mujer cansada, ausente, impaciente.
Ya nadie pinta rayuelas, solo culpa.
Culpa de ser otra y no ser otra.
Sueños de niña, niña con piedras. río con barro.

Olvida que antes era manos libres
que antes era caminos.
Mira por la ventana astillada
y repite barrotes con frases de otras.

Te alejas de puntillas.
Por poco, sonríes. Por poco.
Maldita niebla, maldita culpa.
Huele a grava y metal. A cambio de agujas.
Y a lo lejos, relámpago. Por poco.
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Costillas rotas bajo el chaleco salvavidas

Probé mil formas de esquivar las balas.
Costillas rotas bajo el chaleco salvavidas.
Caí de rodillas. Esperé. Cerré los ojos a diario.
Prisionera muda de un disfraz de besos.

Mi cabeza borró la mitad.
La otra mitad aún produce monstruos.
No hubo golpes, ni ojos morados.
Solo locura y miedo a las palabras.

Aprendí que todo es nada.
Que el amor rehén pasa factura.
Fui marioneta de otoño. Nieve en agosto.
Aprendí que hay quien ahoga para poder respirar.

Fui copa rota de rascacielos. Y esperé.
No lo decidí yo, eso está claro. Excepto el final.
Años enteros. Años enteros borrados. Y esperé.
Hasta que resucité de entre los muertos.
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Sé hay algo más grave

Se sienta a escribir.
Les pregunta a los relámpagos.
Esperando a que el nombre de las cosas
aparezca entre los pinceles y el caballete.

Un vaso de plástico, hojas de papel y dos maletas.
Un parque donde patinar,
donde recordar todas aquellas cosas extrañas
que jamás ocurrieron.

Escucharle al conducir camino a casa.
Demasiado tiempo para pensar.
Enfermedad y medicina
Silencio que deshace maletas.
cuenta las fotos y sonríe: vuelta a empezar.

Sonríe cuando lee
hoy es domingo, pero hay algo mucho más grave y
quiero que lo sepas...
Le echa de menos. Se echa de menos.
Sabe que él también se preguntará.
Que también sonreirá cuando lea
hoy es domingo, pero hay algo mucho más grave y
quiero que lo sepas...

Que la odia de la misma forma.
Que desea dejar de preguntarse
si ella también se preguntará.

Sabe del cajón con su nombre.
Que quiere vaciar. Que no quiere cerrar.

Copos de nieve como un azar que traiciona.
Casualidades que llegan hasta el mar.
Sabe que siguen siendo ojos cerrados.
Sonríe cuando lee
versos como esta noche que nos devora.
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Cuentas, golpeas, arde

Encuentras la selva en sus manos.
Naces mil veces.
Mueres mil veces.

Desesperas en cada hueco de cada herida.
Retrocedes mañanas.
Recuerdas el ecuador del viento.
Cambias silencios por tormentas.
Despiertas soles extinguidos.

Llamas en la distancia.
Te precipitas sobre un poema.
Recorres diez años de peces en el desierto.

Guardas calles color acero e inviernos.
Empapelas la verdad.
Cuentas hombres mirando abismos.
Golpeas preguntas y respuestas.
Ardes sin idiomas.

Brillas más allá de los raíles vacíos.
Arrancas tus cadenas mil veces.
Mueres mil veces.
Vives mil veces.
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Adoquines y ventana

Se descolgaba de los puentes y paseaba por las paredes de los edificios.
Y al llegar arriba, recordaba. Ojos de adoquines y ventana.
Y al llegar arriba, primavera. Labios de otoño y sal.
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Empieza el viaje

La lluvia se viste de patio de colegio
El silencio se inclina
ante la noche con su tregua
Y ante las orillas
con viaje de vuelta.
Y mis latidos son un martes.
Empieza el viaje.

El principio del mundo descalza
todos los nudos.
Y el futuro son tus manos
que nacen,
que empujan madrugadas.
Con la calma del mundo
que guardas en tus besos.

La vida eres tú.
Que reparas todo lo que rompimos.
Días de tizas y carreras,
pintas círculos de dragones vencidos,
de cuentos y pitufos,
de vida y consuelo.

Estrellas para los ojos vendados.
Eres instantes que traen de vuelta
la voz de todos los vivos.

Puente y abrazo. Vida y consuelo. Pulso de luz y rocío.
Empieza el viaje.
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Búscame

Búscame.
Aunque ya no seamos los de antes.
Búscame.

Aunque perdieras las alas por el camino,
regresa a casa.
Aunque se agotara el polvo de mariposas
vuelve a donde todo empezó.
Descálzame o desnúdame.

Pero búscame.
Aunque no reconozcas en mi rostro
rastros de tu huella.
Está ahí.
El agua con que riegas estas flores.
Está ahí. Siempre ha estado ahí.

En silencio.
Dormida.
Esperando.
A que un día al mirarme,
por fin, me vieras
A que un día al mirarte,
por fin, yo despertara a tus labios.

Búscame.
Te espero aquí sentada
En el escalón
a mitad de camino,
en compañía de luciérnagas
mostrándote el camino de vuelta a casa.



*Poema publicado en 2008 en 'Se acabó el luto'
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