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Tu nombre

Atardece tu nombre en mis manos,
naranjas los pájaros te llaman,
mientras tú, nube hacia el horizonte
escapas de tu nombre.

Que después de tu nombre no hay nada,
que a mi lado no hay nadie después de nombrarte.



Nadie, nadie, nadie, que después de tu nombre no hay nadie,
belleza abierta de sueños e infancia,
Que de noche la luna se asusta del mundo
que la sombra es enorme si digo tu nombre.
Pájaro libre alrededor del campo,
nada, que después no hay nada.


Que no dejará tan fácil el mar de llamarte,
irá perdiendo cada una de tus letras,
y los pescadores cazarán abecedarios sin sentido entre los peces de colores,
se olvidarán los hombres que un día tuvieron una flor preciosa en la boca,
tus letras olvidadas se harán corales en el fondo de todas las palabras,
se volverá el mar verbo en tu nombre y manchará las noches en las que todo este limpio y perfecto.
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Tres imágenes y un juego

Detrás de la colina se ha arrugado el cielo,
se ha doblado el horizonte en las manos de dios
mudo el campo, testigo de simulacros coloridos.

La luna es solo un punto en el ojo de nadie,
imaginarios paréntesis, nadie somos, puntos en el ojo que es la luna.

El río que miro está hecho de memoria y agua,
recuerdo de una lluvia dulce,
al alba desciende uno
y al ocaso otro le ampara.

El río de las mil aguas,
mejilla partida por donde se escapasen todas las palabras de la tierra.

Detrás de la colina está dios arrugando el cielo,
las manos del horizonte son un silencio hecho de simulacros y colores rojizos,
y el río no deja de bajar mejilla abajo, entre las piedras de la memoria y los árboles del olvido.
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Y volverán los otoños

Y volverán los otoños, volverán como boca que marchite los nombres, jardín donde vayan a perderse las pequeñas cosas,


Volverá ese titan somnoliento a comer de las hojas rojas del olvido,
a santificar ríos con las manos, a desmigajar el tiempo con sus ojos, a hacer de la tarde espacio de lo caído, el otoño con una mano va midiendo la fiebre del campo y con otra va causándola.


Viene como un perro que no quisiese los huesos que quedan después de la guerra, tibio agua donde se ahogan los recuerdos,

Otoño de rojas manos, otoño de muerte cálida, pasajero como lluvia de verano pues después de nombrarlo solo queda un pequeño charco.


Va devorándose poco a poco como el tiempo, olvidándose de si mismo, haciéndose tormenta y polvo, viento hacia el horizonte.

Volverá el otoño como un niño triste, arrastrando los pies y con cara larga, jugará con el gris de la tarde, mas tarde, cansado en casa dirá que hasta el cielo a veces tiene la cara triste.

Sepulturero de juguete, ¿Que animal indefenso quieres tapar con tantas hojas?.

Viene el otoño como la memoria de un año olvidado.
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Chimenea

Hoy esa chimenea es una boca de hormigón, fuego extinguido hacia los ángeles. Hablan blanco, se caen los sueños, ciudad vacía, fronteriza la nada. Esa chimenea es una boca rígida,
Habemus tristitia.

Hoy mi boca es una chimenea, voz incapaz de nombrar algo que no se este quemando,las cenizas como la combustión del tiempo, palabras extinguidas hacia los ángeles. Y al lado de mis manos, cerca de las hierbas secas se ve como llega el otoño al cielo, lluvia extinguida, gravedad roja, desbocado caballo hacia el centro de la tierra.

La noche aparece a palmos de distancia, inocentes los conjuros de tus ojos contra la hermenéutica del viento. Que se apague!!, que se apegue el sol, y como flor aplastada por un gigante que se vaya ese coloso, que deje que la noche traiga el rocío y los cantos, la bebida y el humo, que se vaya ese coloso, ese colonizador que es el sol, sentado en su gran trono, que se apague ese rey, que deje que la noche haga del amor verbo y carne.

Estrellas muertas, distancia de mil lunas hasta el cementerio mas cercano, agalopados pasos fúnebres, rutilantes lejanías, distancia y parpado, universo callado, como mil manos que acogiesen el silencio, y yo aquí cenizas, yo aquí preguntas extinguidas hacia los ángeles.

Arena, arena de tiempo extinto, arena desértica, arena de horizonte, arena el tiempo en mis manos, mota de polvo el mundo, polvo la humanidad, polvo de palabras, arena cayendo entre los dedos del tiempo.
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Se van marchando

se van marchando las palabras de mi boca,
áspero el rocío del mundo moja las mejillas,
amarillos pájaros como dientes con los que cortar el viento.

Se marchan las palabras de mi boca.
Pequeños cometas que se abren después de nombrarlos,
no dejo de hacer puentes, pero ¿que hay al otro lado?.

¿habrá una boca enorme que se pueda tragar a estas errantes?,
Ay, las palabras son errantes, arrastradas por leyes físicas esos pequeños planetas en órbita, ¿no son las palabras capaces de aumentar su vida una vez las soltamos?
Pequeños planetas en órbita,
se van marchando de mi boca,
Ay, ¿no son las palabras capaces de crear gravedad?, capaces serían las palabras de llevarte al borde de un barranco, si pero también al otro lado del puente.

Ay, ¿quién nombra a quien?,
¿no serán las palabras las que nombren personas?
¿no seremos pequeños planetas en la órbita del lenguaje?
¿no serán las palabras piedras lanzadas a la gran garganta gris que es la nada?
lanzadas como las primera piedras que comprueban lo hondo que es el pozo.

La palabras son las piedras que comprueban lo profundo que son las personas, vamos nombrando la distancia, poco a poco se alejan esas piedras,
¿pero es que serán capaces de decir cuando han caído?
Pocas palabras reconocen haber tocado fondo.
¿serán las palabras el camino hacía el hombre?
La primera piedra con la que edificar al hombre.
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Oh voz antigua

Oh voz antigua, sol que arde en la palma de mi mano,
oh voz antigua, azotador de mis mares, rayo que despierta.

Oh voz antigua, epitafio en el viento.
No quiero esperar tus palabras como un cementerio espera muertos, quiero escuchar y decir: ¿no es maravilloso que existan las palabras?, que tú dijeses eso y yo pueda estar aquí para oírlo.

oh voz antigua hija del gran mediodía ,tú, que rumias las oscuras encinas de la noche, sofista de girasoles, mastín gris en el cementerio.
Fuiste un hombre y ahora un muerto,
yo también muero, a cada segundo mas lejano de mi mismo,
oh voz antigua, yo también seré un muerto.
La muerte es el precio a pagar por saber que hay después de morir.
Oh voz antigua, también un muerto es capaz de dar vida.
¿No es maravilloso que existan las palabras?,¿no es maravilloso este instante?.
Nunca se repetirá este momento, este ahora no volverá a ser ahora y se perderá como voz por los caminos del tiempo, hacía la gran biblioteca de la muerte.
El ahora es siempre un niño condenado a muerte, es mejor no decirle nada o romperá a llorar.
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tiempo y tierra

Hay una paloma muerta en mi balcón,
ha estado la muerte, la capucha negra y la mano que marchita los nombres.

Vienen de ningún sitio palomas a rendir culto, a agachar la cabeza ante la quietud, a ver las alas cerradísimas ya por siempre de su compañera muerta.

ha venido a parar a mi balcón la paloma muerta de la esperanza, ha caído como hoja de un otoño hecho de melancolía y tierra.

Tierra, está parada como tierra, tierra muerta al lado de nadas, pequeña isla en mi balcón cubierta por el tiempo.

Tiempo, como pequeño paréntesis, abriéndose y cerrándose como un abanico tiránico.

tiránico, como un peso súbito, tú que como un engranaje te vas oxidando poco a poco en mi pecho.
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detrás de la ciudad

detrás de la ciudad van a parar las tarde sin nombre,
detrás de la ciudad, donde se tumban los perros, donde la ciudad es solo un punto en el ojo de nadie, allí, ya gris, ya nombrada.

Aquí han venido a parar las tardes sin nombre,
al lado de las encinas y las rocas, al lado del musgo y las flores, ahí se han tumbado los perros, ahí se han echado las tardes,
y todos sin nombres y sin años se han quedado mirando la ciudad que ya era solo es un punto en el ojo de nadie.
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Rígidos, metálicos

Parece que todos saben donde van, como agujas cayendo sobre las doce y la una.

Lo tienen marcado en una brújula al lado de la muñeca, se revisan todos los dedos buscando las marcas, las huellas, olfatean un poco por si acaso se pierden y terminan en un sitio que no habían pensado, todos parece que saben donde van.

Rígidos, metálicos, como agujas cayendo sobre las doce y la una.

Avanzan con una pierna y retroceden con la otra, con un ojo miran y con otro se miran por si acaso se pierden a sí mismos.

Como ovejas a cargo de un mal pastor, siempre dispuestas a ir por el peor de los caminos.

Condenados como flores en invierno, siempre andan lento porque llevan el peso de dos muertos pues el que vive sin ganas muere dos veces.

Se dice, se hace, rígidos, metálicos, como agujas cayendo sobre las doce y la una del vacío y el miedo al todo.
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Míralos, ahí van

Se fueron haciendo metales los espacios que no ocupas,
Y por los derroteros de nuestra ausencia,
fueron cayendo hacia el paladar de la memoria,
perdiéndose como cometas en la noche.

Se ven, se ven, se dejan ver desde lo lejos,
se dejan ver desde lo lejos de un largo olvido,
amarillo distancia en el paladar de la memoria,
perdiéndose como cometas en la noche.

No aun no los dejes de mirar,
son nuestras ausencias, nuestros trozos de no ser,
no, no los dejes de mirar, ahí van, lejos de toda mano,
de toda palabra, pintando el negro cielo que es la memoria.

míralos, ahí van, ya ayer, ya recuerdo,
ya arena, nombre en la boca de un muerto.
Tibia flor sin pétalos,
en el negro de la noche el silencio de mil ojos parpadea sin cesar.
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Guerra inútil a la noche

Van tiritando las encinas, la noche cae como un cuchillo negro y frío, cortando y avanzando poco a poco por las calles, apenas una parte con luz es ya un objetivo,

Todo va tiritando y se forman resistencias ante el avance inminente de ese cuchillo atroz, en insignificantes sitios se abren luces elegidas, tiritantes luces que parecen hacer vivir la cosa señalada, tal vez una piedra, una alcantarilla, pero se van abriendo espacios, cuarteles guerrilleros van informando del avance inminente de la noche.

Las hormigas lo notan, y una ardilla toma la iniciativa de empezar el contraataque, de tomar todo el terreno posible a la noche, de empezar desde esos cuarteles e ir retrocediendo la noche, no solo los animales están planeando si no que parece que los árboles empujan, parece que inútilmente pero incansables, todo el rato de adelante atrás las copas de sus árboles, intentando hacer ceder a la noche, de hacerla comprender que es inútil seguir avanzando, que está sola.
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Como si hubiese llorado un elefante

Se escuchan los pasos lentos del horizonte alejándose.

Mientras callan los pájaros la calle se rodea de grises y los peces secos se dejan caer a la deriva.

Parece que se acercan las palabras como manadas coléricas para beber de los ríos secos de la memoria y se va formando barro al lado de las horas,

asoman las noches más negras por los bordes de las muñecas, se dejan caer las maldiciones adecuadas, parecen los huesos haberse quedado fríos y el calor se ha ido como globos perdidos por niños en las plazas céntricas de una ciudad cualquiera.

Como si pudiese caber tanto dolor en una lágrima y hubiese una alcantarilla detrás de cada sueño, como si hubiese llorado un elefante sobre cada flor y todo pareciese estar al lado de la tristeza y la memoria.
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...

Me vienen los días en los que vivo en lo que tacho, y entonces escribo borrándome, me digo la verdad mientras niego, voy tratando de despadazar, de hurgar en la herida y encontrar algo de provecho.
Me vienen líneas como sombras de porqués barrocos, apenas toco la palabra primavera y se marchitan las flores.
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Entre la muerte y Europa

Mira todas esa nubes, parecen pompas de jabón, las enormes bocanadas de humo que salen de una boca inexistente.
Mira todas esas nubes, yo aquí condenado a mirar el horizonte pensando en que allí estaríamos mejor,
mira todas esas nubes, esos trozos moldeados una y otra vez, esas esculturas que duran apenas segundos, y mira mira aquellas nubes.

Todos esos niños frágiles hechos de agua y frío, yo aquí me pienso, pero esas nubes se juntaron y solo hay un dragón, un pedazo hecho de mentira y novela, mira, mira esa nube como un ballena barada, mira que ahora ballena y luego barco, y yo aquí me pienso condenado.

Me miran las nubes, me miran como de reojo, me miran como esperando que llueva, como si ahora camarero y luego estudiante, y yo grito que solo hay uno, pero un día tanto y otro apenas, mira, dicen las nubes, mira todos esos hombres tristes como hormigas desorganizadas, enfadadas, pero si apenas se miran, mira todos esos hombres tristes, viven en un laberinto del que no quieren salir.

Mira todas esas nubes, habrá un día en el que llueva rojo, mira, mira bien, porque habrá un día en el que el azúl del mar se canse de camuflar la sangre, mira mira todas esas nubes porque un día llorarán rojo a los muertos que no lloramos.
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Castilla

cabalga el jinete por las tierras de castilla,
solo el jinete a lomos de su caballo,
a lo lejos las encinas donde duermen los leones,
mas cerca suenan las espuelas, arriba grises nubarrones.

cabalga el jinete las penumbras de castilla,
huyendo de su sombra pegada a las costillas.
Recordando Adajas a la orilla de los sueños,
cabalga el jinete la Castilla, Castilla de olvidados pueblos.

Arriba nubarrones negros abajo madrigueras celtas.
Mira como corre el jinete, cerca la tormenta,
corre el jinete, corre la callada meseta.

Y corre el jinete la callada castilla, huyendo de su sombra pegada a la costilla.
Desértica Castilla, Castilla de desiertos áridos,
cabalga el jinete, cabalga en busca de los pueblos olvidados.
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Con la esperanza a cuestas

Como palabras que el viento no quiere recoger,

como hojas exiliadas,

como apenas una gota triste se mueve la luna

por entre los pechos de los hombres hundiendo en plegarias los sueños mas oscuros.

Esperanza, esa palabra vieja, esa quietud dinámica,

soñadora, utópica,

como el río que confía en su caída.



Estoy viendo el arcoíris en tus lágrimas,

espantando mis ilusiones como hacen espantar los niños las palomas en las plazas de las grandes ciudades;

Solo para ver como se van.





Esperanza, esa catequesis que se imparten los refugiados a la hora de dormir, el apellido de los desterrados,

ha llegado la esperanza como una manta insuficiente, como una piedra mas que llevar a cuestas, otra piedra para sísifo.



La esperanza ha recogido toda la impotencia del mundo como un basurero triste.

Basurero matefísico de calles grises.



Esperanza, otro dios incapaz de parar la guerra, otra humanidad incapaz de crear un dios que pare la guerra.







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A mi perro

Mírate que tranquila, mirando la tarde tranquila viendo desde no sé qué perspectiva lo que vemos todos, como si puedieses entender lo que dice el viento contra los árboles.

Cuando te tumbas pareces un desierto cansado,

cuando te bañas un barco extrañisimo que se da vueltas y muerde el agua.

Y tú que sabes qué las palabras están llenas de ilusiones frustradas ladras tranquilamente a la tarde tranquila.

A veces pienso que los perros tienen un hombre dentro y otras que nos falta mucho de perro para ser humanos.
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Algunos dias

Se me van los latidos hacia los sitios perdidos en donde la gravedad es mas fuerte,
veo como se escapan los escarabajos rutinarios y se esconden en las corbatas y los maletines y las reuniones a las diez y lo productivo.

Se me pierde el estómago si pienso en que a saber que cosas tirstes le dijo el viento a los árboles para que los pájaros lloren,
me veo acongojado, como si se hubiesen caído los grados que separan la razón de los sentimientos, como si el viento trajese las horas al lado de la escarcha, y todo estuviese al lado del frío y ya no me acordase de en que cajón guardé las lunas llenas...

Parece que a veces la tormenta solo cae como un punto de exclamación sobre las espaldas de los hombres y el horizonte se cubre de porqués y no le vale a la noche para cubrir el gris que hay en todo,
en esos días el hombre solo es una palabra invetada por el hombre y se me caen del bolsillo los desiertos frágiles del ser y la nada,
y todo importa menos, y ya no es tan grande el hombre para matar a una hormiga.
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En la otra parte de la puerta

En la otra parte de la puerta, escuchando las canciones que salen de las gargantas rotas,

veo las cataratas como ojos llorones deshaciéndose en la palma de mi mano,

noto la brisa que sale del soplido de las amapolas,

apenas los rayos valen para asustar a los lirios, se despeñan por los barrancos las primaveras suicidas, gritan poco los pájaros y la tormenta y los remolinos conquistan la tarde como el ejército de nadie, baja el gris del cielo como sube del infierno.

Pero poco bastará cuando las palabras se mojen y todos pesemos mas, se abrirá un pedazo de mar cuando un hombre mate a otro hombre, seremos poco y la tarde irá pudiendo con nosotros hasta hacernos noche y después día, y así, atrapados en un círculo infinito de naranjas y negros, en el centrifugado del tiempo, día y noche, noche y día.

Seremos poco cuando se mojen las palabras y todas las olas hayan desnombrado lo que antes tenía nombre, dejaremos de saber donde están las lunas que guardamos en el cajón y todas las noches serán oscuras, serán pocas las palabras cuando se mojen los hombres, cuando la palabra se haya hecho carne y pese en la mano del que la sostiene como la piedra que es
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A veces vivo en la vuelta a casa

En fín que a veces vivo en la vuelta a casa, en los días que llueve y llevo música en los cascos, creo que los paraguas son como los condones de la felicidad.

Estamos en un mundo que quiere globalizarse e independizarse, también así vivimos, somos como el río que quiere salirse de si mismo y no sabe como decirlo, vivimos siempre en guerra porque estamos en guerra con nosotros mismos.

Estamos deseando tanto ver el arcoíris que somos capaces de hacer llorar en los días de sequía.

A veces me prgunto cuánto puedo quitar de mi y seguir siendo yo,
Somos la vacuna y la cura, pecador y pecado.

Me veo en el infierno buscando trozos caídos del cielo, espantando ilusiones como niños a las palomas de las grandes ciudades; solo para ver como se van.

Se me fueron las nubes con los porqués, desacariciaron las rosas mis manos, y la tarde fue desinventándome poco a poco a medida que caía la noche.

Dormir es otra forma de morir, y me vienen las sombras como los ecos de las luces que hoy no seré.

Eso, que a veces vivo en la vuelta a casa, en lo que pasa cuando se apaga la tele y es mejor follar que ver gran hermano.
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