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Dedicatoria - a tu sonrisa - (1/2)

...

He aceptado tu invitación a mirarte,
por entre los espejos y la carne;
a viajar en tu sonrisa
con las hebras del tiempo corriendo, corriendo.

Musitas en mi oído
las doce campanadas de la iglesia:
esa música sacra crece en los tallos de las flores.

Atravieso tu rostro de izquierda a derecha
zigzagueando entre tus lunares,
apenas descanso para inventar un escrito
o una fecha.
El día nos sabe estático, quieto, dormido.
¡Cantemos en azul!
Conversemos de la vida, de las mujeres, de nosotros
en este follaje de la carretera muerta.

Levantemos un campamento a la orilla
de un acantilado,
miremos la sombra de las aves pasar.
Me acerco a un estanque, tan vacío e inhóspito:
un nenúfar florece,
sus tristes días se parecen a los nuestros.

¡Qué grato es estar en tu compañía!
¡Cuántos días he soñado con esto!

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dedicado a las nuevas ilusiones y nuevos amores
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Dedicatoria - a tu sonrisa - (2/2)

...

Como amenazaba tu sonrisa
con destruir un grado de saciedad mío,
di la vuelta y miré a la ventana y al espejo.
Yo tiritaba de como una flor nacida.

Con tu mirada me atrevía solo
a danzar en silencio,
a mirar en el espejo
tu silueta,
te veía desnudo.
¡Qué días tan alegres
y rojos!.
Medité en silencio y volví a la danza.

Con que ojos te miraré
si ya me has descubierto.

Te miré. Me miraste.
Sonrisas pálidas cargadas de lluvia
en los campos desiertos. Eso éramos. Eso somos
Nos juramos sonreír eternos
cruzar miradas,
chocar manos,
desvariar en las noches.

Ahora gritamos y conversamos
despacio
para no despertar a los bailarines despiertos.
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Simulacro

...

¿Los espejos están buenos?
¿Nos miran?



Sonrisa de arcos y flechas, siempre regocijante,
la palabra se desnuda en tu paladar,
ahora tienes el sabor del limón y de todas las frutas.
Yo diría que voy a tu encuentro adornado del tiempo,
de lágrimas de aquel que ha llorado demasiado.
Pues las lágrimas forman sendas lagunas en la garganta de un escritor.

Tu voz nunca me traiciona, no conoce el mal,
vas escribiendo antologías con la pluma de un ave en pleno vuelo.
Conozco la razón de la amistad, ¿pero del amor?
Todas las razones son agonía, se parecen a la palabra tristeza
- palabra adornada de estanques y ropa sucia –
hazme llanto de un adolescente, respira, muere, pero nunca vive.

Ya viene la noche, amárrame a tus labios,
dame el suspiro de la agonía, ya viene el suicidio, decidamos ir o no.
Corta las manos de ese poeta y grítale “amor”
de seguro morirá o escribirá.
Hay un susurro agónico allá en la esquina, verle morir es mi pasión,
es un herido de hierro y aserrín. Qué soledad más alegre hasta la muerte.

¿Iremos a ayudarle?
Haremos el intento. No hay que prometer lo que no se va a cumplir,
ahora sigamos. Escribamos. ¡Escribamos!
Que se nos va la muerte por entre el muchacho.
Hay una batalla que jamás se gana y esa es la del amor, pues
allá vamos, pero de allá jamás regresamos. Ahora
en un segundo haremos el simulacro de ir en su ayuda.



Tres días después, la muerte le llegó al corazón.
Tenía las lágrimas llenas de violencia y vino.
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Agua sexual

...

Las horas vacías, inmensas
como tarros llenos de suspiros y jadeos.
Cerramos la ventana
y nuestro cuerpo lleno de mermelada y dientes,
lleno de respiraciones solas,
desveladas,
nutridas.
Nuestros cuerpos quebrándose
como las plantas,
como las gotas,
como las dudas,
como las colinas,
como un demoledor frío de ceniza,
como un saco lleno de orgías y maleza.
El agua salía de nosotros.
Cuerpos pegados, costuras de sal y vidrio.

El alma enaltecida gemía de placer
poblando todo lo oscuro, nombrando todas las cosas,
soñando con las uñas.
De tu boca un soplo cósmico como si fuera de vientre,
como si fuera de cristal,
como miles de tazas de amapola rompiéndose,
como miles de vírgenes amándose,
como tú y yo
gritando,
llenando las grietas del día, llenando los panales de abeja
de sexo y almíbar.

Espesa agua cae del centro de la tierra
a poblar el césped,
a poblar los dientes de león,
a domar los océanos,
a nacer desde los pozos, a morir contenta.

Veo a través de tus ojos. Mis ojos
nacen en todo el seno,
nacen en toda la gloria.
Nacen habitaciones sin nombre,
y ciudades sin espadas.
Cuerpos tejidos. Almas blandas
soñando con el corazón en los puños,
blandiendo cada pupila con la noche
y amando siendo sombra.

Veo a la pequeña muerte
rondando con sus cabezas bajo nuestros pies;
veo camisas de hombre,
llantos de cerveza y
un río de erizos muriendo de par en par.
Veo de reojo órganos saliendo;
hoteles disfrazados de dioses
y camas pálidas de leches espesas.

Estoy agitado,
estoy viendo nacer mis jadeos sigilosos.
Estoy en constantes alucinaciones de dolor.
A la fuerza,
tu cuerpo es sonido.
A la fuerza,
mi cuerpo es vientre de una guitarra.

En esta tarde hay espigas altísimas;
sobre tus piernas corolas descalzas y
arpas como carne viva desnuda.
Escucho ese sonido desde tu sexo y me apresto
a nacer.
El disparo de un jinete se une en mi boca y desde mi boca
un hueso de pájaro.

Estoy juntando los atardeceres y los astros.
Estoy con mis manos llenas de mullos rojos,
con la mitad del día nacido
y la mitad del día muriendo
y con esas mitades, el cuerpo del hombre.
No me permito el no mirar;
estoy amarrado a tu espalda,
estoy con el corazón en una aguja,
estoy anidando mi llanto, llanto de sufrimiento.
Veo correr una palabra descalza
por entre la calle de esperma.

Gotas de leche y sudor mezcladas.
Golpes duros y tibios.
Espejos ruborizados.
Tinas de baño y jabón alimentadas con jadeos.
Roces de cuerpo. Carne viva.
Tinas de baño redondas como un pato
con dos cuerpos muertos dentro.
Tinas de baño gritando desnudas.
Tinas de baño hechas de piel cerámica.

Nosotros llenos de licor y espuma
Agua sexual.
Noche fuerte.

Nosotros llenos de licor y espuma.
Agua sexual.
Día fuerte.

Nosotros llenos de licor y espuma
Agua sexual.
Infancia de rosas.

Nosotros llenos de licor y espuma
Andamos vestidos de muerte.
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El vino me llama

...


En el páramo Andino
sobre la naturaleza inhóspita de las emergencias
entre grietas de vino y mármol
estás tú
y estoy yo.
Un viento infinito, amplios campos ebrios al mediodía.
Hijos del viento, hijas de la lira.
¡Qué escalones me llevan al cielo!
¡Qué luto" es el sol que nos mira arrebolado
y una espiga me llama
con dulces sonidos de sirena, mientras
el agua continua su lento caminar por las rocas.

Sé que lo diré siempre, claras estrellas;
Un pedazo de tela blanca entre cejas, sol naciente.
Tu nombre, raíz del silencio de todas las cosas,
explotan en mí, los muchachos del dolor.

Los pequeños continentes, ríos de óvalos
abarcan mi sueño profundo y en las torres
enormes
- torres abandonadas al sol -
se encuentran todas mis esquinas y reflejos.
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Así te amo

...

Te amo, como cuando los astros cruzan el cielo
y mis manos, ¡oh mis manos! tan cerca de ellos.
Te amo como cuándo el viento cruza
por la mitad de un niño, y se parte, ¡oh se parte!

Te amo, porque así el éter me ha nombrado:
embajador de la tierra y de las almas negras.
Espiga dorada de pan y de almíbar
Un chorrito de néctar en tu lengua. Así te amo.

Te amo porque el aliento de la semilla
aún está en el suelo, aún no se hace sueño.
Te amo porque cualquier tribunal se despedaza
en su juicio contra un pájaro herido. Yo herido.

Te amo, porque en el centro del valle, en los pistilos
de todas las flores
yo puedo juzgar a todas las bocas, hacerme verdugo.
Te amo, porque a nadie hablé de lo que he llorado.

Te amo, porque aquello es de esa manera y no de otra.
Te amo, porque a ninguna mujer he visto y he visto todo.
Te amo, porque en el vientre de la guitarra sigo preso
Te amo, porque la cortesía así lo amerita. Te amo.

Te amo, porque esa palabra se hace flecha cuando la escribo.
y en mí, toda palabra me grita distancia.
Te amo, porque aún no he nacido
Te amo, porque estoy triste. ¡Te amo porque estoy¡
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Aullando así, a la vida

...

Se escucha en mí a las amapolas cortadas
para una fila hebra del volar ciego,
y en ti, todos los santos se suicidan.
Y en mí, las batallas arden con alas doradas.

Entre rimas y desesperación,
entre encuentros y esquinas,
entre los rumores blancos de noches abandonadas
y un sueño del mar despierto.
Así, forjando mis huesos, vacilo.

Mi condición es ver murmurar al cielo
y ver en su lastre, a sus barcos sucios
llorando y gimiendo por el frío
aullando como un perro muerto, así a la vida.

Estoy atado a las espinas y a los claveles,
soy religión de un día y de una noche.
Estoy atornillado al panal de los sauces,
y en mí, todos los santos repiten mi nombre.

Tengo olor a sangre fina y a estancia en un bosque,
al danzar de los alambres blancos con púas,
soy un desierto lleno de polvo y muertos
y un compás ardiente sin dientes de acero.

Se escucha en mí a las amapolas cortadas
Para una fila hebra del volar ciego,
Y en ti, todos los santos se suicidan.
Y en mí, las batallas arden con alas doradas.
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Así te recuerdo

...

Compañero mío,
lluvia efímera y un ligero
río por entre los pequeños continentes;
el suave andar de un caracol
luego de la tormenta
retornando a su roca,
descanso, descanso y lluvia.

Compañero mío,
madera de balsa en tus manos
y dos hojitas verdes en tus pies,
incesante, continuo,
pajarito de alambre
danzando en plié.

Compañero mío,
el ligero andar de
un cuerpo minúsculo por la pared,
la sonrisa cicatrizada
en el muro.
Mi corazón emanado hacia tu pecho.

Compañero mío,
de andanzas, de horizontes
del vuelo gigantesco del cóndor
del brevísimo latir de una abeja.
De aquí y de allá.
De los mares y ríos.
De lana y de corcel.

Compañero mío,
en ti todo es espejo y bruma.
Lunares hechos oro
y tu boca vasija de barro
en ella solo vino y aguardiente.

Compañero mío,
tu pelo enredado en la luna
y un mar de cal
posando suave
creando un nido
por el que habitan los astros.

Compañero mío,
el dulce cantar de una campana
en domingo.
La luz inerte colgada de tu pecho
y un devoto muerto en la acera.

Así te recuerdo.
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Serás, pues, amor mío

...

El amor ya está acá, en la puerta y en instantes
va a cruzar el río, sobre el puente.
Ve y corta sus alas o las alas del puente
y míralo morir.

No permitas que me lleve
bajo sus brazos o sus piernas. Dile que yo me quedaré
en esa inmensidad oscura,
en esta bóveda celeste,
en este inútil cuarto vacío contigo
contigo, amor, que es lo que me queda.

Dile al amor, que tú eres amor.

Serás, pues, amor mío
el vaivén del fuego, la roca que suave se desliza hasta el acantilado.

La mora dulce dulce que espera una garganta para verse morir.
Serás, pues, amor mío
el golpe seco de la leña y su duro cantar cuando es quemada.

La suave hoja de eucalipto pintada por el tiempo
y el dudoso caminar de una piel sin cobijo.

Serás, pues, amor mío.
la corteza desnuda del árbol de lima
y la pereza de la araña que sube hasta el último andar
de la última mirada; de la última caricia; de la ultima hora.
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La boca del viento

...

¡Qué tumulto de oraciones en silencio
y una par de huellas vacías en la arena, olas desplumándose!

Oscuro juego de luces y el mar atento,
estrellas tan lejanas como tus ojos mismo,
ave de paso, en ti todo el mar se agita.

En ti el cielo es crepúsculo y a tu lado todo se une
cambias la dirección del viento; donde tú quieras, donde tú lo muevas.

Agitas mi camino y observas mi raíz,
soltaré un puño de ramas alentadas por la tierra.

Siempre a tu encuentro estoy viviendo con mi escritura de lado,
tus miradas bastas arremeten a mis horas ya vacías,
y vuelves a ser tú, con tus olas y días grises.

El mar retrocede y se ancla y vuelve a la isla desierta.

¡Qué voz más silenciosa, cortada de tajo a un animal feroz!


La noche se dobla en la esquina y te ve, sentada te espera,
así eres, sueño en el campo y humo en el fuego,
soplas y
el llanto del día sale de la boca del viento.
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Y comienza a llover

...

Es mi hogar un gran estallido de martillos
nadie sabe a quién apuntar y dar en el clavo.
Solo la lluvia nos libra de ser madera infértil,
ahora solo hay un pedazo de leña y comienza a llover.

Tan hondo es el olvido que no hay espacio para descansar,
no hay un suelo firme, ni tierra sana para respirar.
Los días ya se han ido y nosotros, allá afuera
andamos por la calle descalzos y comienza a llover.

Luego de este día con pocas horas de luz
me invaden los pájaros suicidas, que tiernos.
Sobre y debajo del muro con ladrillos posan sus alas:
tantos metales blancos sueltos a las hondas del aire
y comienza a llover.

Aunque todo el mundo se desperdicie
yo intento no pisar esa rosa por entre la hiedra salvaje,
que blando es su corazón y coraje,
de humo y piedra son mis pasos y sus puños
y comienza a llover.

Del temporal se esconde un diente de león, el único,
quizá es la condición del cielo,
en su rostro miles de espantos y cristales,
es el aullido de la luna y es el viento de los mares
y comienza a llover.

Mi cuerpo está ceñido de cadenas y ventiscas,
no hay religión que esconda mis pecados.
Del parque veo que me sigue la niebla
me opaca y me esconde ¿de ti o es de mí?
y comienza a llover.

Estoy tirado al campo de batalla, sin soles
sin dientes y sin armas. Sin ti, ¡oh Sin ti!
Se me vienen gritando y derrumbando los espejos
y comienza a llover.

Después de la batalla, en mí se escuchan los muertos.
Tanto silencio. Tanto espanto
heridos, mistificados, cuerpos sin ceniza y desierto.
¡Oh gran poeta es la hora de salir¡
Y comienza a llover
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¿Es posible que yo sea en todas las cosas?

...

¿Es posible que yo sea en todas las cosas?
soy un jardín ajeno,
rodeado de tantas formas en el firmamento,
pues, eso digo,
que me levanto y encuentro
sangre y agua en mi cama.


¡Ruedo tan gigante por el mundo!


Vivir sin ti, no hay alma.
es lo que necesito, un acantilado
para de ahí flotar a la cima
pues, empiezo a quererte poco a poco
y empiezo a buscarme poco a poco.
Mi vida se cayó en tu falda y
como consecuencia de ello
soy el corazón del hombre;
de las vidas que llevo hacia delante ,
del aroma de todas las frutas,
del fuego por el contacto
y de la mirada cuándo te vistes.

Pues ahora te encuentro en todas las cosas
y de todas las cosas quiero tomar su forma;
Soy una isla con una hoja casi durmiente en la arena
y de ahí vengo a mirarte.
¡Oh amigo, oh amiga
cuánto pesa la lluvia, cuánto pesan las letras.!

Soy ahora explorador del miedo.
En solo una noche he querido mi vida.
Oh, mujer mía, acércate a mi boca
tomemos la forma de la vasija
y en su vientre de cárcel seamos.

Poco a poco acudamos a la vida.
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Quizá / vengo de lejos

...

Quizá vengo desde otro idioma / uno extranjero
porque soy tan errante / como el viento en el mar.
Quizá en mi está encerrada la luna, / mirlo negro
y ya un joven mármol se apresura a cantar / a cantarme.

Quizá vengo de lejos / de los inicios del tiempo.
Quizá en mí se encierren todos los ladridos
- perros y perras –
Quizá sea yo niño huérfano / con todos los colores del tiempo.

Quizá sea solo una pizca de sudor y / una palabra en marcha
y sea yo enredado y / descubierto por el viento.
Quizá no me ganen tus horas tan tristes.

¡Quizá sea tan inocente que cuando miré a tus ojos
no pude ver en ellos mi despedida tan triste¡

Todos los años mi tristeza fue fina hierba;
tenía derecho al silencio y a ella. / Tenía derecho;
incluso deseaba cambiar de orilla
llegar al lugar del bosque y morir o cantar. / ¡Si, morir¡

Porque a todo he sobrevivido / a tus ojos de lejos
a tu guerra limpia de todas las cosas,
/ a los cristales,
/ a mis andanzas que requiere años,
/ a tus estaciones, que poco o nada tienen de mí,
/ a tus manos, a veces hechas mías,
/ a tu lugar,
/ y a tu huida demasiado cerca.

Quizá ya está, / quizá tenía que pasar.
Quizá ya no hay huéspedes por mi pelo negro y
quizá, así fue siempre, / un muro que requiere años
y un día que no fue, / y una vida que pasó.

Quizá venga de la mano de un ser extraño.
Quizá sea solo que no puedo conciliar el sueño.
Quizá algún día me quede sin flores,
y quizá algún día no suceda de nuevo, quizá
no se me incruste de nuevo la palabra amor.
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¡Aquí estoy¡

...

Estoy despierto, sigo despierto
aquí estoy con cada lunar agitado
y una rabia en cada mano;
y un gesto completo
y viene la noche, y viene la noche.

Estoy despierto
a pesar de los días, de las miradas
de las acusaciones
de tus silbidos a media noche
y de mis inseguridades

Estoy despierto,
estoy al borde de acantilados, mutilando mi alma
y cortando mis pasos como a las flores;
estoy despierto y con todo lo que me miras escribo,
tengo las uñas y los dientes de hierro,
y con eso escribo

¡Hijos de puta¡
Los días no me matarán;
tu espacio y tu cintura no me matara;
jamás acabarán conmigo;
soy la sombra de la sombra acabada.
¡Hijos de puta¡
Los días no me matarán,
ni ustedes en sus corceles blancos,
ni tu figura que ya no es mía.

Tengo un mar bravío entre las piernas
y una espada afilada es mi sexo;
tengo un suicida esperando tras mis párpados.
Escribo de lo que soy,
de lo que pido
de lo que jamás podré ser,
pero ustedes, hijos de puta,
¡Malcriados¡
No me van a matar, no moriré en sus días
tengo mi sangre que hace adornos
en su puerta y
tengo mi cabeza que no ronca
con sus murmullos.
Aunque me salgan a buscar
y llenen los espejos con mi nombre, no sabrán de mí,
aunque en el día me venga a buscar
y la noche jamás me cobije
no moriré.
¡Hijos de puta!
Los días no me matarán

A mi cintura no la encontrarán esparcida
en las colmenas, mi boca sucia jamás pronunciará su nombre;
a mí no me llegan, ni me saludan,
no me alcanzan ni con espigas,
ni con el trigo de todo el mundo;
porque todo el mundo está conmigo,
las olas, los sinónimos, los insomnios;
tengo toda la saliva lista para escupir
y de un tajo volar un diente
Yo existo porque las flores existen;
camino con el viento y regurgito tierra
y en mis manos ya hay poemas.
Existo por necesidad:
de ser arma para un niño
y de ser útil en las cosas menos útiles.

Los días me vienen a matar,
con sus bajos instintos y falsos poetas.
Que histeria la que me acompaña
y que noches son las que vomito.
Sigan, caminen detrás de mí,
que no me matarán;
vinagre y espuma es lo que ustedes predican
y es pura mierda en la punta de su lápiz;
chalecos ajustados a la nariz
y basura amarrada a su cintura.
¡Malcriados¡
No me llamen con sus manos muertas,
ni con sus pies tontos,
de su vientre de sal
solo hay gritos y lamentos desprotegidos;
Yo soy porque soy,
más ustedes son porque yo los invento,
les hago tragar tierra que sale de mis pies.
La noche eterna cerrada para su muerte,
astros de aguja y un semen podrido
es el resultado de su viaje.
No vengan a mí
¡Hijos de puta¡
Los días no me matarán,
voy naciendo con sangre
y ustedes mueren en el pavimento.

Malcriados, malcriados
nacidos de una perra herida por una piedra
lanzada desde el espacio;
bocas sucias, cuerdas de metal
intestinos de ovillo y lana,
cicatrices de toda una vida maltratada
y corazones desangrados.

Si no están dispuestos a mirarme
salgan de mí, corran con sus patas desnudas
y sus manos de incienso.
Ustedes fabrican los desechos de lo que escriben
viven en tabernas y
comen del polvo.
Un disparo en mitad de la razón
y una herida honda, honda
es lo que necesitan y lo que yo predico.

Tremenda estancia vacía,
malcriados, hijos de perra
comedores de años y fabricantes de estiércol.
Un día, así como hoy, después de su partida
será el paraíso,
malditos hombres y malditos días
serán solo el ropero viejo
de un maldito hombre de su maldito día.

Malditos días suicidas
que quieren llevarme desnudo;
vayan y arreglen sus casas y toda su mierda,
recojan las flores podridas
porque hasta la tierra les lastima;
caminen despacito porque
ya los he encontré y escribiré hasta matarlos.
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10comentarios 71 lecturas versolibre karma: 103

¿Quién sino tú?

...

Las horas no las entiendo, son tú mismo
los gatos, la ciudad el mar y el olvido,
pues mi palabra crea el Dios perfecto
entre lo que soy y lo que me dices que soy.

Los anchos valles repletos de nubes y espantos,
siempre veo colgada mi locura de un sauce llorón.
Voy por adentro de la hierba,
y soy la poesía de “De la Rokha”

Brinca un Dios invertebrado en lo que escribo
y doce lunas me salen a regurgitar,
como madera tallada de un épico angular.

Un gran soplo el de un muladar ofendido.
Cuándo te busco es cuándo te pienso,
eres la voz de una mañana de sueño y vejez.

A nadie te pareces desde que te escribo,
déjame abreviarte entre mis huesos desnudos.
¿Quién sino yo escribe sobre tus lunares posados en la estrella enorme
de la constelación del sur?

Por ello, déjame escribirte como eras entonces;
cuando no existías y cuando yo escribía.

De pronto mis horas suenan y me llamas por entre la ventana semi abierta
el mar es una red de suspiros y mirlos en tu nombre,
a mi vienen todos los peces, todos
y la lluvia ya me hace camino.

Tú, tu pequeño, abanico volador de cuerpos
minúsculos que sobrevuelan la mesa. Respiro.

--------
a tu nombre y memoria
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Mis aves vespertinas

...

Mis vespertinas aves lloran por salir de mis manos
y llegar enormemente hasta tu encuentro,
están asesinando a todo aquel pájaro delator que no me mira y no te mira.

Inocentes vuelan y desperdician el pan de la alacena
vuelan sin cordones, ni estatuas pegadas al pecho.
Vuelan por la simple ilusión de hacerlo, de reclamar el llanto que no es tuyo.

En la espeta de verte perdido entre la eternidad
vuelan con sus alas desgastadas y su pico endemoniado
hasta la plaza donde el color ojo les está esperando.

Son las cuatro y todo está inmóvil y ellas aún no han salido.
Son las cinco y todo parece inmenso y ellas aún no han salido.
Son las cinco y un minuto y todo está al revés: ellas han adornado el vuelo.

Lloran agitadas por no encontrar una rosa en sus manos
y no ven en sus cielos los poemas a los que yo estoy acostumbrado.
Mis vespertinas palomas lloran por salir de mis manos.

Mis vespertinas palomas lloran por salir de mis manos.
y llegar enormemente a tu encuentro;
llegan y llegan vuelan y vuelan.

Salen inmundas sobre el tiempo a volar, a predicar su vuelo
como mendigos de un Dios que no existe, pero que sus predicadores
de puerta en puerta se empeñan en demostrarnos lo contrario.

Malditas aves que no vuelan, solo lloran tu partida
vuelan y lloran aman y aman;
la carne putrefacta no se hizo para sus delicados picos.

Vuelan y ríen lloran y lloran
van en busca de cualquier espalda y cualquier pared para saciar sus
Instintos.

No saben abandonarse a los brazos que una vez ya nos tuvieron,
a las manos en que una vez ya nacimos, sin el permiso del dueño de la casa.
Están sacrificando el vuelo por la estancia.

Nacen y vuelan lloran y lloran
ahora que las veo con mis ojos de aguja siento posar su vuelo por
donde hay una inmensa tela de donde coser.

Ahora que las veo por el cielo surcando con sus alas de tierra
y que van llevando un pedacito de muerto entre sus fauces,
ahora que las veo eternamente quietas saludando al cielo.

Cuántas caricias van dejando esas aves en los arboles de junio
y no saben a hablar de mí, dueño de esas caricias y dueño de todo.
Mis vespertinas palomas lloran por salir de mis manos.

¡como me veo reflejado en todas las cosas; como tú en todas las cosas!

Con el vuelo de esas aves se va el olvido y
el llanto convertido en nieve y polvo
que nadie, ningún trabajador, recoge ni barre del suelo.

Vuelas y vuelas vuelas y vuelas
y no saben acurrucar la voz desde mi boca cansada, tienen
un tumulto de voces arrancadas al olvido por mi temprana partida,
decididas a suicidarse.

Vuelan y cantan olvidan y olvidan matan y matan
y no se deciden en los charcos altivos del cielo a encontrarte,
te detienes silencioso por entre todos los rincones de las cosas y esperas.

¿Pues que quieres que te diga?
no pude encontrarte, ni salir por el sol
ni tomar un té en la casa de fantasmas.
A tiempo te decidiste esperar bajo un farol
cuando ya mi piel estaba arropada de vejez.
¿Pues qué quieres que te diga?
Los largos días de hierro atraviesan mi memoria y no me matan
y yo me olvido de todo pero ya todo me olvida.
Hablo y lloro escribo y escribo
tu lloras, caminas y cantas y cantas ríes y esperas esperas
y te vas adornado de flor sin refugio
sin las aves vespertinas de mis manos,
de mis aves vespertinas con su silueta de aire.
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Las exigencias del fuego

...

no conozco las exigencias del fuego
por verlo arder
pero si conozco las razones del porqué
lo hace:

hay una niña escondida
atrapada entre las brasas y
mientras más grita,
más se incendia.
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Desesperación

...

Oh flor somnolienta de jazmín y rencor, te quiero, pero amo a la vida
y cuando crezcas fuera del parque y me llame tu llanto, siempre dormida
haz crecer en mí el olor;
fuerte como los muros y el caminar en un beso.

Deja tu aliento en el humo del suelo, desperdiciado
que tu aliento se vuelva hielo entre los dientes de león;
eras tan buena, flor de jazmín, que te tendré que arrancar,
en precipitada carrera para no decirte adiós.

Me da sosiego tu descanso en solitario y con púas
hay un solo viajero que espera solo y
enterrado en los gritos de la plaza y del parque.

Que viaje más esplendido el que haces
desde tu tallo cortado con mis uñas
hasta el piadoso beso de perdón que te doy.

Alegre como todas las mañanas;
flor de jazmín,
deja que te arranque, como un niño
que llora por salir de las ventanas.
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Mujer: reivindicación e historia

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Porque no se sientan a esperar el viento
ni se desnudan ante él;
sino que van con él desde su nacimiento
agitando las corrientes y gritando en alta voz.

Porque no es una lucha fría, ni sola
es un grito empalmado entre las raíces;
de la tierra es su nombre y coraje
para reclamar lo que tantas veces se ha perdido.

Porque la historia continúa y el paraíso se amenaza;
las flores al borde del precipicio son el ejemplo
y de las tiernas ramas de un cerezo en la tarde
son el andar constante de un verbo y salida.

Porque su voz es aguda y está a contracorriente.
No hay lirios ni maleza por donde sus pasos ya pasaron.
Hay constantes incendios de una vida en rebeldía
y hay hogueras inmensas que brotan de sus ojos.

Porque la carga es sutilmente pesada, lo sé;
pero nunca hay dos manos; sino ocho, mil, tres mil
que se juntan en constantes aleteos de una crisálida
y hay voces para calmar su llanto. Nuestro llanto.

Porque no estamos, ni somos; ellas son, ellas serán
una cuna viviente de un mar profundo sin huellas
y esa llama permanente en nuestros sentidos.
La voz agitada de una persona que jamás duerme.

Porque siempre tomamos posesión de esa lucha inherente
y andamos en movimientos rojos para defendernos de lo azul.
Porque hay gemidos que cargan antorchas y se deslizan
y van por la montaña o el páramo a conquistar otro deseo.

Porque de las cuatro manos en constante peregrinación
dos acarician al Mundo y dos se animan a vencer.
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La niña del saco rojo

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Sentada sobre la blanca arena que bien supondría una silla en la cocina
besa el desayuno con su implacable carácter.
Es que ella tiene el poder de las flores, de las flores jamás cortadas.

Su piel es nido del calor y humedad y
en sus manos jamás se derrite el hielo.
Tiene infinitos puntos azules en su rostro que le hacen
frente a cualquier tajo de un dulce fruta naranja.

Su pantalón blanco le hace escala al Universo.

Yo no podría hacerle frente porque su voluntad siempre
siempre rompía mi ventana y su increíble naturaleza
iba en juego con las bondades del Mundo.

El día salía a buscarle y le despertaba con un beso en la mejilla
y de sus manos suaves pupilas y suaves rostros.
Siempre el café me recordaba su presencia
dulce y amarga y las olas de azúcar sobre su pelo negro.

Danzando por el calor que ella emanaba.

Su piel de sal y lluvia. A veces pienso que como juez
yo sería el mejor testigo dictando esta sentencia:

:una suave gota de vino blanco deslizándose por el día
y llega la tarde.


Siempre me deja en constantes alucinaciones
por venir a verle.

Siempre lleva huellas en sus ojos;
siempre acompaña al frío;
siempre lleva puesto su saco rojo.



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DEDICATORIA, A MI HERMANA
- LA NIÑA DEL SACO ROJO

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